pdf Enemigos del teatro en el Siglo de Oro : el padre Juan de

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ENEMIGOS DEL TEATRO EN EL SIGLO
DE ORO: EL PADRE JUAN DE MARIANA
JOSÉ Luis SUÁREZ GARCÍA
The University ofTexas at El Paso
En dos ocasiones el padre Juan de Mariana,1 uno de los pensadores e
historiadores más importantes de los siglos XVI y XVII en España, escribe
detenidamente sobre la licitud del teatro. La primera se encuentra en el capítulo
XVI "De spectaculis" del libro III de De Rege et Regis Institutione,1 publicado
en 1599; la segunda aparece en De Spectaculis (1609), traducido por el propio
Mariana bajo Tratado contra los juegos públicos? García Berrio considera
este texto de Mariana "quizás el más feroz y directo ataque que conociera la
1
Muchos son los estudios sobre Juan de Mariana (153 6-1624). Para su vida y obra remitimos,
en este momento, alos conocidos trabajos de Georges Cirot, Études surl'historiogrnphie espagnole.
Mariana historien. Feret & Fils, Éditeurs, Bordeaux, 1905; Sommervogel: Augusta et Alois de
Backer, S. J. Bibliothéque de la Compagnie deJésus, l^partie: Bibliographie. 2épartie: Hisfoire
par lepéreAuguste Carayon. Nouvelle éditionpar Carlos Sommervogel. Osear Schepens, BruxeHes;
Alphonse Picard, Paris, 1890-1932 (11 vols.); José Simón Diaz, Jesuítas de los siglos XVIyXVII:
Escritos localizados. Fundación Universitaria Española/Universidad Pontificia de Salamanca,
Madrid, 1975; F. Pi y Margall, Breves apuntes sobre su vida y sus escritos. Madrid, 1888; M.
Ballesteros Gaibrois, El Padre Juan de Mariana. La vida de un sabio. Amaltea, Barcelona, 1944;
y J. Laurés, The Political Economy of Mariana. New York, 1928. Finalmente hay que señalar la
importante obra del padre Antonio Astrain, Historia de la Compañía de Jesús. Razóny Fe, Madrid,
1912-1925 (7 vols.). Para Mariana vid. el vol. IV, 1913, pp. 95-104.
2
Las referencias al capítulo XVI "De spectaculis" (De los espectáculos) de De Rege et
Regís Institutione (La dignidadrealy la educación del rey) proceden de la edición de Luis Sánchez
Agesta. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1981, y es la que indicamos en nuestras
citas. Para el texto latino seguimos la edición de Maguncia, 1605 (IOANNIS / MARIANAE /
HISPANI, E SOCI- / ETATEIESV, / DE REGE / ET REGÍS INSTITVTIONE / LIBRI1II. I Ad
Philippum III. Hispaniae Regem / Catholicum. / Eiusdem de ponderibus & Mensuris Líber. I
Armo 1605. / Con Priuilegio Sac. Caes. Mai. / Etpermissu Superiorum. / MOGVNTLAE, / Typis
Balthasaris Lippiee, Impensis Here- / dum Andreae Wechell), ejemplar de la Biblioteca de la
Universidad de Illinois, Champaign-Urbana (existe otro de 1611) mencionado por Joseph L.
Laurenti, "Presencia del Padre Juan de Mariana (1536-1624) en la Biblioteca de la Universidad de
Illinois: Fondos raros de los siglos XVI y XVII", en Renaissance and Golden Age Essays In
Honor ofD. W. McPheeters. Scripta Humanística, Potomac, 1986, pp. 148-166.
3
Citamos del tomo segundo de Obras del Padre Juan de Mariana. BAE, Madrid, 1950, pp.
413-462. Nuestras referencias al Tratado contra los juegos públicos proceden de esta edición.
[119]
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literatura del Siglo de Oro contra el deleite como producto estético".4
Una vez muerto Felipe II, las ideas de Mariana sobre el teatro aparecen
publicadas en De Rege, aunque no sería extraño que ya tuviera gestados sus
pensamientos básicamente negativos o, en última instancia, reformistas sobre
el arte dramático en los últimos años del reinado de Felipe II, y que, por tanto,
tuviera en mente un rey mucho más austero y conservador que Felipe III a
quien va dirigido el libro.5 Además, ya otros miembros importantes de la
Compañía (Ribera, Rivadeneira) se habían pronunciado en tono crítico sobre
la licitud moral del teatro, si bien es verdad que el padre Francisco de Ribera
posiblemente se referiría más bien a las imitaciones de La Celestina y las
comedias italianas del siglo XVI, que al teatro triunfante de Lope. Y hay que
añadir el hecho de que la licitud del teatro aparece a veces insertada en tratados
sobre las obligaciones del príncipe, como ocurre en el examen de otro jesuíta,
el P. Fonseca.6 Rivadeneira también tocó el tema, lo cual nos lleva a pensar
que, aunque se siga el modelo de los clásicos libros de príncipes, se le añade
la muchas veces común formación educativa jesuítica de autores o formas de
proceder que se reflejaba en los escritos de los miembros de la Compañía. En
este sentido conviene recordar que "el movimiento pedagógico que arranca
de la Compañía de Jesús, [estaba] basado en el ideal de la virtus litterata,
donde el saber se subordina a la moral y se entendía la educación en las letras
4
Antonio García Berrio, Intolerancia de poder y protesta popular en el Siglo de Oro: Los
debates sobre la licitud moral del teatro. Universidad de Málaga, Málaga, 1978, p. 34. Sobre la
licitud del teatro, vid. además, por su extensión y profundidad, Marc Vitse, Éléments pour une
théorie du théátre espagnol de XVIP siécle. PUM/France-Ibérie Recherche, Toulouse, 2 a ed.,
1990; y la clásica fuente documental de textos sobre el tema que nos ocupa de Emilio Cotarelo y
Mori, Bibliografia de las controversias sobre la licitud del teatro en España. RABM, Madrid,
1904. Cotarelo dedica algún espacio, muy salteado, a Mariana, cf. pp. 429-437. De reciente
aparición vid. José Luis Suárez, "Un nuevo texto de la controversia sobre la licitud del teatro en el
Siglo de Oro. Edición del discurso segundo de Noticia de los juegos antiguos, comedias y fiestas
de toros de nuestros tiempos (Granada, 1642) del licenciado Juan Herreros deAlmansa". Criticón,
59 (1993), pp. 127-159.
5
La obra fue escrita por encargo de García de Loaysa para la educación de Felipe III. Se
publicaría en 1599, como decimos, muerto ya Felipe II y el propio García de Loaysa, preceptor
del príncipe. Marc Vitse al referirse a De Rege en Éléments pour une théorie, ed. cit, p. 85,
prefiere citarlo en 1598. Según Guenter Lewy: "fhis essay must have been written well before
1599, for Mariana in one chapter of his De Rege summarizes the contení ofthis essay, mentioning
that he has dealt with the subject already in a sepárate tract". Constitutionalism and Statecraft
during the GoldenAge Spain:A Study ofthe Political Philosophy ofJuan de Mariana. Librarie E.
Droz, Genéve, 1960, p. 29.
' Vid. Agustín de la Granja, "Un documento inédito contra las comedias en el siglo XVI:
Los 'Fundamentos', del P. Pedro de Fonseca". Homenaje a Camoens. Universidad de Granada,
Granada, 1981, pp. 173-194.
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humanas como un mero complemento de la formación religiosa".7
Mariana, tanto en el capítulo XVI de De Rege como unos años más tarde
cuando vuelve al tema en Tratado contra los juegos públicos, coincide en
esencia con su predecesor, el padre Pedro de Rivadeneira, quien había atacado
duramente al espectáculo teatral en su Tratado de la tribulación (1589). En
los dos momentos históricos anteriormente referidos en los cuales analiza el
tema del teatro, escribe bajo la visión de una España que camina en agigantados
pasos de una crisis a otra. Es interesante destacar, en este sentido, por ejemplo,
cómo Rivadeneira había afirmado en 1588 que la protección del cielo estaba
totalmente asegurada en la lucha contra Isabel. Así lo manifestaba en su
"Exhortación para los soldados y Capitanes que van a esta jornada de
Inglaterra..." con frases como: "En nuestra compañía van la fe, la justicia, la
verdad, la bendición del Papa que tiene lugar de Dios en la tierra, los deseos
de todos los buenos [...] ánimo, esfuerzo y valor español, que con esto no
tenemos que temer, y nuestra es la victoria".8 No fueron muy acertadas las
predicciones de Rivadeneira, y en 1588, como se sabe, la Gran Armada, o
Armada de Inglaterra, fracasó. Mariana explicaría la derrota en De Rege como
castigo por los males existentes en el ánimo de España en esos momentos.9 La
muerte de doña Catalina en 1597 sería el acicate para el cierre de teatros en
señal de duelo. En definitiva, la situación que vería una mente conservadora
como la de Mariana en los últimos años del siglo XVI no sería muy propicia
para defender la diversión popular a ultranza, a costa de desatender otras
obligaciones como el trabajo y la defensa de la patria. Cuando vuelve a
arremeter en 1609 con la ampliación del capítulo de 1599 tiene el precedente
de un gobierno que, tras unos años de inicio esperanzador del reinado de
Felipe III, y debido, sobre todo, al despilfarro cortesano, nuevamente quiebra10
' Luis Gil Fernández, Panorama social del humanismo español (1500-1800). Alhambra,
Madrid, 1981, p. 273. Vid. también del mismo libro el cap. "Los jesuítas y la selección de autores",
pp. 536-545. Para un panorama general, ademas de los autores citados al referirnos a Mariana,
vid. James Brodrick, The Origin ofthe Jesuits. Greenwood Press, Westport, Connecticut, ri. 1971;
y The Economic Moráis ofthe Jesuits. Amo Press, New York, 1972; Aldo Scaglione, The Liberal
Arts and the Jesuit College System. Benjamins, Amsterdam, 1986.
8
Pedro de Rivadeneira, Historia de la Contrarreforma, en Fernando Díaz-Plaja, Historia
de España en sus documentos. Siglo XVI. Cátedra, Madrid, 1988, p. 555.
' También en Tratado contra los juegos públicos sefiala: "Para vengar esta injuria por no ser
justo sufrirla, tomadas al fín las armas, nuestra armada, queriendo acometer a Inglaterra, sin
ningún provecho se anegó o pereció en gran parte por poco saber de los nuestros o por industria
de los enemigos, o lo que más creo, por haber Dios querido por tal manera castigar nuestros
pecados". Cap. XXVI, p. 460.
10
Escribe Domínguez Ortiz: "Más que quiebra en sentido estricto fue un arreglo con los
banqueros genoveses para que las deudas a corto plazo se transformaran en otra amortizable en
122
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en 1607.
Comenzando con el capítulo XVI de De Rege, conviene destacar que se
trata de ideas generales ya expuestas con anterioridad por otros miembros de
la Compañía. Se ataca desde el comienzo al teatro: "insania de esos juegos
públicos que llaman espectáculos", "[que] no sea otra cosa que oficina de
liviandades". Se refiere ala representación como forma de juego (como hicieron
Aristóteles y Santo Tomás de quien tanto ha recibido Mariana; recordemos
que enseñó su doctrina). Los términos que utiliza no son originales: "se
depravan [en las representaciones] las gentes de toda condición, edad y sexo",
"lujuria que entra por los ojos y los oídos", "daño tan grave para ellas como
para la república cristiana". De singular importancia es su oposición al
"deleite", el cual se convertirá en una constante de su exposición. Y enfatiza
su perjuicio más aún cuando se trata de la iniciación en los jóvenes. Su
nocividad es individual y colectiva: "niñas y muchachas que aprenden a conocer
a una edad inadecuada los deleites que debieron ignorar, con daño tan grave
para ellas como para la república cristiana".11 También se vale de interrogaciones retóricas, como hizo en más de una ocasión, Rivadeneira:
Los gestos y movimientos impúdicos de los histriones, la voz quebrada y
afeminada con que imitan a las mujeres sin pudor, ¿qué otra cosa hacen que
incitar a la lujuria a los espectadores, ya de suyo inclinados a los vicios? ¿Puede
darse mayor corrupción de costumbres?12
Sigue Mariana con consideraciones que podían haber sido más sólidas
con anterioridad a 1599, cuando los moralistas insistían en poner restricciones
(efectivas en los Reglamentos, sobre todo a partir del siglo XVTf) al teatro. Y
en el desarrollo de su exposición intercala sutilmente reflexiones con sabor
histórico ("siendo tan fácil el tránsito de los juegos a las veras") que recuerda
la anécdota aludida por Cotarelo de "Solón con Tespis, cuando, reprendido
sobre lo inmoral y detestable de algunos casos que representaba, le contestó
que se fijase en que todo aquello eran burlas, el legislador, golpeando
diecinueve años". El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias. Alianza Editorial,
Madrid, 1988, p. 301.
11
De Rege, cap. XVI, p. 426. El texto latino dice: "puellae praesertím, & iouenes, quos
intempestiuis voluptatib. infici graue est, atq; reip. Christianae exitiale malum" (p. 341).
12
Ibid., p. 427. El texto latino es como sigue: "Histrionum impudici motas de gestas,
fractae que in fbeminarum modum voces, quibus impúdicas mulleres imitante, quid aliud nisi ad
libidinem inílammant intuentes, per se ad vitia satis procliues? An maior vlla corruptela morum
excogitan possit?, pp. 341-342. Rivadeneira escribe en Tratado de la tribulación (Pedro Madrigal, Madrid, 1589): "Los gestos y los meneos de los representantes, que otra cosa enseñan sino
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fuertemente con su cayado en el suelo le replicó: 'Pero si tal cosa se tolerase,
muchas de las burlas pasarán a las veras'".13 Sigue con una observación a la
licencia del teatro (la licencia de representar mujeres14 se concede en 1587 y
se prohibe en 1596) y propone que el monarca no asista alas representaciones.
Estas ideas deberían haber sido barajadas por Mariana en tiempos de Felipe
II. Leemos en De Rege:
Juzgo, pues, que la licencia del teatro es verdadera calamidad de las costumbres
cristianas y una verdadera ignominia de este nombre. Entiendo también que el
príncipe ha de procurar con todo cuidado no dar con su ejemplo autoridad ninguna
a tan inútil arte, guardándose de frecuentar estos espectáculos y aun más las
farsas que representan los comediantes de alquiler, y si fuese posible destierre
de sus dominios esta bellaquería para que no se perviertan con tal ejemplo las
costumbres de sus subditos.15
Mariana seguirá analizando elementos negativos del espectáculo teatral,
siempre insertando una sutil retórica discursiva: "Es amargo no poder negar lo
que da vergüenza confesar" para, en momentos clave, volver a exponer
mediante su contundente y directo estilo las ideas que le preocupan:
Yo creo, por el contrario, que todos esos juegos deberían desterrarse de los
templos, como miseria y escarnio de nuestra religión, y antes, y sobre todo, se
debería de expulsar a los comediantes, que como son de mala vida, parece que
mancillan con su propia infamia la religión.16
torpezas?". Edición castellana (SEGUNDA PARTE / DE LAS OBRAS DEL / P. PEDRO DE
RIBADENEYRA... [Madrid, 1604]) de la Biblioteca de la Universidad de Illinois (UrbanaChampaign). La cita se encuentra en el Lib. I, cap. XI, p. 287.
13
Cotarelo, ed. cit, p. 8.
14
No olvidemos, además, que el tema de la mujer vestida de hombre, de indudable atractivo
erótico, será una constante de los teóricos; se considerará pecaminoso e inmoral y se prohibirá
frecuentemente en los Reglamentos de Teatros. Ibid.,pp. 341-342.
15
Cap. XVI, p. 427. El texto latino es el siguiente: "Censeo ergo, moribus Christianis
certissimam pestem afferre theatri licentiam, nomini Christiano grauissimam ignominiam. Censeo
Principe eam rem vel máxime cure fore, ne aut ipse suo exemplo auctoritatem concilier arti
vanissimae, si frequenter intersit spectaculis, audiatque libenter fábulas, praesertim quae ab
histrionibus venalibus exhibentur: & quo adfieripoterit, detotaprouincia exturbet eam prauitates
ñeque concedat mores suorum ea turpitudine deprauari", p. 342.
16
De Rege, cap. XVI, pp. 429-430. En el ejemplar urbanense del que venimos citando (vid.
n. 2) leemos: "Ego crediderim potíus quasi sordes & religionis ludibria, hos omnes ludos á
sanctissimis templis esse exterminandos. ac imprimis públicos histriones, qui cum turpi vita sint,
religioni foedare potíus sua ipsorum ignominia videntuí", p. 344.
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JOSÉ LUIS SUÁRBZ GARCÍA
Para justificar su postura acudirá a autoridades: "pero es fácil refutarlos
[a los teólogos defensores] con el testimonio y autoridad de los antiguos
teólogos, acordes en este punto, y de los que no creemos quieran separarse los
teólogos de nuestra edad". Mariana toma ejemplos salteados en una serie rápida
y poco detallada con reflexiones generales de las autoridades que le interesan.
Entre ellas destacan San Agustín, Tertuliano y San Crisóstomo. Del primero
recoge el recuerdo de la infamia, que ya había sido criticada en las Partidas de
Alfonso X (L. 34, tít. 6o, Partida 1) aludiendo arepresentaciones en días festivos
y por el intercambio de las celebraciones religiosas por fiestas con comedias
profanas. Más adelante Mariana ejemplificará este asunto: "¿se ha de permitir
que la mujer impúdica o el hombre licencioso representen a la Virgen María o
Santa Catalina o a San Antonio o a San Agustín?"17 Con esta alusión además
de criticar que ciertos comediantes o comediantas representen papeles de santos,
se refiere al hecho mismo de la sustitución de obras hagiográf icas por comedias
de diversa índole. El tema está, con frecuencia, en otros moralistas radicales.
Por ejemplo, en un texto temprano, Agricultura cristiana (1581), el franciscano
Juan de Pineda había escrito:
...¡Oh eclesiásticos descuidados de Dios! ¡que no se os cubra la cara de vergüenza
de que os vean autorizando y gozando de los cuentos de Medea y de Jasón, y de
París y Elena, y Eneas y Dido, y de Píramo y Tisbe; y que no se os acuerde de los
de Santa Catalina, ni de Santa Inés, ni de Santa Águeda, ni de Santa Lucía!18
Al entrar en materia de comediantes emerge el tema de la mujer; ésta,
como era de esperar, es atacada, por su posibilidad de tentación y corrupción
de los hombres. Utiliza el ejemplo de San Basilio comentando la creación de
hombre y mujer como seres distintos que se atraen "a la manera que el imán
atrae al hieno, aunque éste no se mueva". Finalmente, una vez que ha expuesto
sus premisas concluye: "Quien no juzgue estos vicios y otros semejantes como
materia merecedora de repulsión, es que carece de sentido común y aun de la
razón humana" (cap. XVI, p. 433).
Una vez que ha criticado laacción de representar y sus intérpretes, entrará
Mariana en temas marginales relacionados con consideraciones objetivas que
se habían presentado como justificación de la comedia. Entre ellas que los
teatros suplieran parte de la ayuda a los hospitales: "con esta especie de caridad
quieren algunos hacer valer sus razones a favor".19 Se opone a que haya
17
iZ>i¿,p.430.
Cotarelo, ed. cit, p. 505.
" Anteriormente Mariana había referido que ciertas autoridades expresaban: "o deben aboHrse
del todo las comedias, o que necesariamente se han de admitir mujeres en la escena, pues podría
18
ENEMIGOS DEL TEATRO EN EL SIGLO DE ORO
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representaciones en lugares fijos, que podría implicar una representación diaria,
o incluso "una en el día y otra en la noche" por haber pagado el director un
alto precio por representar. Las últimas consideraciones, antes de entrar en un
resumen, se refieren al olvido de los trabajos y obligaciones:
Lejos de eso, labradores y artesanos dejarían sus quehaceres para concurrir al
teatro; los criados abandonarían a sus amos y las mujeres olvidarían a sus maridos
e hijos para asistir a los espectáculos, como sucede al presente. [...] En tales
espectáculos aprenderán ciertamente a amar; pero no a llevar el peso de las
armas ni otras fatigas varoniles. En lugar de perder el tiempo en el teatro, deben
aprender a montar y gobernar los caballos, a ejercitar por otros medios las fuerzas
corporales y a formarse en las artes de la paz.20
Seguirá Mariana identificando las representaciones de la Antigüedad con
las de su tiempo: "Así lo enseña Tácito, en el libro XIV, donde refiere todos
los argumentos a favor y en contra de los teatros. Y si en aquel tiempo y en
medio de aquella depravación de costumbres fue discutible este género de
espectáculos, debe ser para nosotros digno de reprobación".21 Insistirá de nuevo:
"El arroyuelo conserva la naturaleza de la fuente de que mana y el renuevo de
árbol el jugo del tronco de que se ha cortado".22
Finalmente Juan de Mariana advierte de la necesidad de controlar las
representaciones:
Si no conseguimos que desaparezcan los juegos escénicos y se cree que conviene
dar al pueblo este género de espectáculo, quisiéramos que como lo dictan de
consumo la sana razón y la justicia, que no se otorgue a los cómicos licencia
haber mayor peligro en sustituirlas con niños vestidos y adornados con ropas femeninas". De
Rege, cap. XVI, pp. 432-433. Una de las condiciones presentadas por los teólogos consultadas
por Felipe III para que se autorizasen las representaciones era que se suprimiesen las mujeres. El
Consejo de Castilla no aprobó esto, pues habría supuesto mayor inconveniente el sustituirlas por
jóvenes.
20
Ibid., pp. 434-435. El texto latino es: "opifices & agrestes relicto opere quotidiano concurrent famuli heros contemnent foeminae viros & familiam prae cupiditate spectandi: quod
scimus hoc etiá tempore ex parte contingere. [...] Discent illi quidemeaintectione amare: annorum
pondus, alias molestias sustinere non poterunt: cum totos dies residere in theatris consueuerint:
quo tempore aut equos calcaribus incitare & flectere potuissent, aut alia ratione vires corporis
exercere, aut certe pacis artes commentari", pp. 348-349.
21
Ibid., p. 435. El texto latino dice: "Sic docetTacitus libro quartodecimo, productis etiam
in vtramque parten probadi & improbandi theatra argumentis, vt quod in ea temporum faece &
morum labe dubitatum est, nobis pro certa lege esse debeat, nequáquam populi Christiani moribus
& sanctitati conuenire, vtper vrbes & oppida, certa perpetuaque sedes histrionibus detur", p. 349.
22
La cita latina se encuentra en la p. 350 del citado ejemplar urbanense.
126
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para que hagan lo que quieran, sino que se establezca por ley claramente lo que
es lícito, con límites que nadie pueda transgredir impunemente.23
Propone (en esto sigue a Platón) que varones de no menos de cincuenta
años examinen los versos y los argumentos, prohibir a las mujeres salir en los
intermedios, que no se destine jamás lugar para teatro público, que no haya
teatro en días festivos, témporas, días consagrados al ayuno cristiano; evitar
acciones y gestos que inciten al mal ("imágenes torpes"), que no haya niños
ni ninas menores para que no se corrompan y que inspectores vigilen y castiguen
a quienes faltasen al público decoro. Los Reglamentos de Teatros regularon el
lugar fijo de representación (a pesar del difícil control de las compañías
ambulantes), la asistencia de menores a las representaciones, y de inspectores
que presenciasen las acciones de las comedias. Concluye Mariana el capítulo
XVI de De Rege:
Entienda bien el pueblo, finalmente, que la autoridad no aprueba comedias ni
comediantes, sino que cede en este punto a los importunos ruegos del pueblo
mismo, ya que cuando no se puede lograr lo mejor, hay que tolerar a veces males
y conceder algo a la volubilidad del pueblo.24
Juan de Mariana volverá al ataque en 1609, esta vez, además, traduciendo
y ampliando los comentarios de 1599. Hay que notar, sin embargo, que el
texto primitivo incluido en De Rege es severo dialécticamente, con ataques y
subida de tono esporádicos, pero en última instancia parece que modera su
actitud crítica de la representación como acabamos de ver. La actitud crítica,
objetiva, sincera de Mariana le traería, como es bien sabido, inevitables
consecuencias. No obstante, Mariana en alguna ocasión, inteligentemente, se
coloca a la retaguardia y se protege, sobre todo en cuestiones políticas,25
consciente de la peligrosidad de luchar contra planteamientos establecidos.
Américo Castro señala:
23
Cita latina en la p. 351.
De Rege, cap. XVI.p. 438. El original es como sigue: "Deniquepopulus intelligat histriones
non probari á república, sed populi oblestatione atque importunas precibus dari: quae cum non
potest quae sunt meliora obtinere, solet aliquando minora mala tolerare, & populi leuitam aliquid
concederé", p. 352.
25
El propio Mariana en el cap. VIII del libro XXI de Historia de España había afirmado:
"No menos esfuerzo algunas veces es menester para retirarse que para acometer los peligros,
porque, aunque es de mayor ánimo y gloria vencer al enemigo, de más prudencia y seso suele ser
conservarse a sí y a los suyos para sazón más a propósito". Obras del Padre Juan de Mariana, ed.
cit.p. 103.
24
ENEMIGOS DEL TEATRO EN EL SIGLO DE ORO
127
Es característico de Mariana dar un paso atrás, siempre que temía haber ido
demasiado adelante en su desafío de la presión social, inquisitorial. Por eso
escribe de un modo en latín y de otro en romance [...] Quienes desconocen y no
sienten ya la intimidad de la vida española del siglo XVI encuentran mal que
llamemos hipocresía a tal actitud. Pero ni Mariana, ni Cervantes, ni Quevedo, ni
otros como ellos, eran insinceros en cuanto a su religión; tomaban simplemente
precauciones contra el poder arrollador de lo que juzgaban necedad engreída y
dañina, y a veces velaban su desaprobación con cautelas, o con ironía y humorismo, si poseían tal arte como en el caso extremo de Cervantes.26
En 1609 la situación para Mariana es diferente. Lapublicación de Tractatus
Septem21 supuso su arresto por la Inquisición. Había, además, traducido dos
de sus libros: De Spectaculis y De Mutatione Monetae. Con el precedente de
1599 (De Rege) en que se censuraba el absolutismo, y unos años más tarde, el
ataque ala moneda existente, y el incremento de su tono critico e inconformista,
tenía Mariana suficientes razones para ser atacado, no sólo por el poder político,
sino que los miembros de la misma Compañía le darían la espalda. Y la razón
había de estar en la necesidad que la Compañía tenía de relacionarse más con
el poder civil que con consideraciones extremas, aunque religiosas, y que
podían dirimir la unión de intereses de ambas partes. Lo resume Domínguez
Ortiz:
Tales críticas sólo eran reprimidas si se pasaba de ciertos límites: es lo que le
ocurrió al P. Mariana, jesuíta. Los jesuítas alcanzaron un auge extraordinario en
este reinado; la reina Margarita les costeó el soberbio colegio de Salamanca;
altos dignatarios eligieron confesores jesuítas; también se les encargó la dirección
de los colegios de ingleses y holandeses creados en España y Flandes con fines
político-religiosos. A cambio de tantos favores, la Compañía se tornó cada vez
mas áulica y predicó la necesidad de apoyar a un gobierno que era el brazo
armado de la Iglesia. Por eso, cuando el P. Mariana censuró en su tratado De
Rege los excesos del absolutismo, y en De Mutatione Monetae las manipulaciones
de la moneda de vellón no sólo atrajo la persecución del Estado, sino la de su
propia Orden.28
Respecto al Tratado contra los juegos públicos de 1609 hay que destacar
26
Américo Castro, España en su historia. Cristianos, moros y judíos. Crítica, Barcelona,
1983, p. 599.
27
Colonia, 1609. Contiene: I) De adventu B. JacobiApostoli in Hispaniam, II) Pro editione
vulgata, III) De spectaculis, IV) De mutatione monetae, V) De die mortis Christi, VI) De annis
arabum, VII) De morte et immortalitate.
28
Ed.cit,p.301.
128
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que se trata, en primer lugar, como ya anticipamos, de una ampliación de lo
expuesto en el capítulo XVI "De spectaculis" del libro De Rege (1599). Representa una vuelta al tema, analizando con detalle los puntos ya expuestos.
Constituye este nuevo examen una reflexión mucho más razonada que sus
consideraciones generales de 1599, destacando ahora su faceta de notable
historiador mediante la acumulación de datos en apoyo de los temas que
desarrolla. Además, ahora el tema no es exclusivamente la diversión teatral,
sino cualquier forma de espectáculo, definido según Mariana como "un juego
instituido públicamente para deleitar al pueblo" (p. 414). De ahí su insistencia,
como referimos al comienzo de este estudio, y su preocupación por el deleite.
Dedicará, pues, diferentes capítulos al teatro, la música, el baile, los toros, el
circo, etcétera. No obstante, la esencia del tratado es la representación teatral.
El Tratado contra losjuegos públicos está dividido en veintiséis capítulos.
Una justificación del tema y unas reflexiones históricas ocupan los cuatro
primeros capítulos. Aunque ya Mariana ha venido presentando su posición
conservadora en materia de espectáculos hay que esperar, sobre todo, hasta el
capítulo cinco para entrar en detalles, pues en éste analiza la razón del deleite
de las representaciones. Una vez que ha considerado las formas de deleite y,
desde el punto de vista filosófico, reflexionado sobre el deleite de los sentidos,
le conviene concretizar, siempre presentando antes la premisa como aparentemente válida para, luego, rebatirla con más fuerza:
...que si con la simple narración de cosas ordinarias muchas veces nos entretenemos, y la historia, de cualquier manera que esté escripia, nos deleita, por ser
como somos naturalmente curiosos. Aun las consejas y fábulas de las viejas dan
gusto, ¿qué será cuando se juntase a esto la hermosura de las palabras y elocuencia? ¿Cuánta gracia se acrecentará a la narración, que es la segunda causa porque
se deleitan tanto las representaciones, principalmente cuando de palabras
escogidas y graves sentencias está sembrado lo que se dice, como el prado de
flores y el oro esmaltado de pedrería? Allende desto, los versos numerosos y
elegantes hieren los ánimos y los mueven a lo que quieren, y con su hermosura
persuaden con mayor fuerza a los oyentes y se pegan más a la memoria (pp. 419420).
Ha mencionado Mariana elementos formales del teatro, como es el caso
del verso. No olvidemos, en este sentido, que estaba también en debate la
misma poesía y serían muchos los teóricos que por estas fechas andaban
escribiendo sobre su utilidad y necesidad.29 Mencionemos por ejemplo el caso
25
Los textos teóricos más importantes hasta 1610 pueden verse en el libro de Alberto
Porqueras Mayo, La teoríapoética en el Renacimiento y Manierismo españoles. Puvill, Barcelona,
1986.
ENEMIGOS DEL TEATRO EN EL SIGLO DE ORO
129
de Carvallo quien en Cisne de Apolo, parágrafo IIII del "Diálogo tercero",
examina el tema del artificio y la traza de las comedias.30 Comentan Sánchez
Escribano y Porqueras Mayo:
Desde el punto de vista teórico es muy importante (aunque todavía no se expresa
claramente) la consideración de la comedia como un género englobadory ecléctico
que se nutre "de todos los géneros de flores" de la poesía. Por tanto, se evita,
diplomáticamente, el conflicto de dar prioridad a un género determinado, puesto
que la comedia los tiene todos.31
Con posterioridad a Carvallo otros preceptistas expondrán principios
asimiladores de la relación entre ambos géneros. Entre ellos y por las fechas
que en este momento analizamos, tenemos el caso de Luis Carrillo y Sotomayor
en su Libro de la erudición poética (Madrid, 1611). Allí leemos: "La poesía
deleitó también a los principios, no atreviéndose su osadía más que a los teatros,
mejor imitadora (en aquella niñez suya) de la tosca suerte de aquellos tiempos,
que de la sutileza de los nuestros".32 También, años antes, el Pinciano en su
Filosofía antigua poética (1596) había notado la mezcla temática que se
producía en el teatro.33
Mariana seguirá seleccionando elementos inmanentes que configuran el
teatro (ya ha mencionado los versos), como la música, vestuario, movimiento
de actores, concluyendo su discurso:
Represéntanse costumbres de hombres de todas edades, calidad y grado con
30
El texto es el siguiente: "Si comprehender quisiésemos todo lo que a la comedia pertenece,
a su traza y orden, mucho habría que decir y sería nunca acabar el querer decir los subtíles
artificios y admirables trazas de las comedias que en nuestra lengua se usan, especialmente las
que en nuestro tiempo se hacen con tan divina traza, enriqueciéndolas de todos los géneros de
flores que en la poesía se puede imaginar". Cisne de Apolo II (ed. Alberto Porqueras Mayo).
CSIC, Madrid, 1958, p. 18, reproducido en "Edición crítica del Diálogo Tercero, Parágrafos 1-6
[Doctrina teatral] del Cisne de Apolo (1602) de L. A. de Carvallo", p. 520, y en Federico Sánchez
Escribano y Alberto Porqueras Mayo, Preceptiva dramática española del Renacimiento y el
Barroco. Gredos, Madrid, 2 a ed., 1972, p. 25.
31
Preceptiva dramática, ed. cit, pp. 25-26.
32
A. Porqueras Mayo, La teoría poética, ed. cit, p. 340.
33
Leemos en la Epístola tercera (De la esencia y causas de la poesía): "que el sujeto de la
Poética es cuando cabe debajo de lengua y pluma, porque todo cuanto hay, se puede imitar, sino
es Dios, que es inimitable, y aun se atreven los poetas muchas veces a imitarle. ¡Por vida mía dijo
el Pinciano, que yo lo he visto muchas veces eso que decís en los teatros! Y yo, dijo Fadrique, mas
no me parece bien; y querría que los poetas, especialmente los dramáticos que hacen para
representar, dejasen estas imitaciones de las tejas arriba, y ya que se atreviesen, a un ángel, no a
Dios y a Santa María, que no se pueden imitar". La teoría poética, ed. cit, p. 175; ed. Carballo
Picazo, CSIC, Madrid, 1953,1, pp. 215-216.
130
JOSÉ LUIS SUÁREZ GARCÍA
palabras, meneos y vestidos al propósito, remedando el rufián, la ramera, el
truhán, mozos y viejas, en lo cual hay muchas cosas dignas de notar y muy
graciosas, poique, no sólo se refieren con palabras, sino que se ponen delante
los mesmos ojos, y lo que tiene muy mayores fuerzas, afiádense burlas y dichos
graciosos para mover a la gente a la risa, cosa que por sí sola deleita mucho,
principalmente si se tocan y muerden las costumbres ajenas y la vida. Y en
conclusión, lo que es mayor cebo, muchachos muy hermosos, o lo que es peor y
de mayor perjuicio, mujeres mozas y de excelente hermosura salen al teatro y se
muestran, las cuales bastan para detener los ojos, no sólo de la muchedumbre
deshonesta, sino de los hombres prudentes y modestos (p. 420).
En el capítulo VI hablará de las comedias de la Antigüedad (antiguas y
nuevas). El séptimo lo dedica alas comedias de santos. Aunque partidario en
honrar a Dios mediante los sentidos con muestras de alegría, regalos, votos,
canciones, sacrificios, etcétera, el teatro no se incluye entre dichas formas:
"Pretendo empero que los faranduleros se deben de todo punto desterrar de
las fiestas del pueblo cristiano y de los templos" (p. 422). Entra en materia de
controversia teatral puramente dicha a partir del capítulo VIII, el cual está
dedicado a la mujer que no debe salir a representar en la comedia. Utiliza los
mismos apuntes de otros detractores (sobre todo jesuítas) y sigue básicamente
lo expuesto en De Rege. No obstante, se vale ahora más detalladamente de
autoridades. El noveno capítulo trata de la creación de un lugar fijo para la
representación. Abundan aquí consideraciones históricas y anécdotas de teatros.
En el capítulo X Mariana se muestra receloso de que los comediantes
reciban los sacramentos. Tras una larga exposición sobre la infamia asegurando
que "los farsantes que salen a representar deben ser contados entre las personas infames" (p. 429), Mariana se encuentra con las consideraciones de Santo
Tomás quien consideraba que el "juego es provechoso para la comunicación y
tratos de los hombres entre sí, y por el consiguiente el arte que a esto se
endereza es lícita y que no pecan los farsantes si no pasan de los términos que
hemos señalado de la honestidad" (p. 430), mas para neutralizarle añade: "pero
si alguno, usando de excepción, probare con testigos fidedignos haber en todas
sus representaciones tenido cuenta con la honestidad, el tal por cierto no caerá
en afrenta ni infamia" (idem). Sin embargo, puesto que la condición de
honestidad, según Mariana, en las representaciones no se cumple (y por eso
los jueces tienen por infames a los representantes), los actores no han de
participar de los sacramentos. En esto sigue un texto comúnmente frecuentado
por los moralistas para negar la comunión a los representantes. Se trata del
canon Pro dilectione, número 95 de la Distinctio segunda de la Pars tertia
(De consecratione) del Decretum Granará. Es interesante destacar que Mariana
ENEMIGOS DEL TEATRO EN EL SIGLO DE ORO
131
en este capítulo no menciona, ni siquiera para discutir su desacuerdo, a fray
Manuel Rodríguez (frecuentemente citado en el siglo XVII cuando emerge el
tema de administrar la comunión a los representantes), quien en Obras morales en romance (1590) negaba la comunión a los actores, aunque no incluía
allí a los que representan farsas y comedias por no ser públicos pecadores. Al
final del capítulo afirma sin reparo: "juzgo [los representantes] deben ser
echados de la Iglesia y apartados de la sanctidad de los sacramentos" (p. 431).
El capítulo XI está dedicado a la música teatral que sirve para corromper las
costumbres del pueblo. Y una vez que ha entrado en el tema de la música
seguirá con el capítulo XII, dedicado por entero a la famosa zarabanda, sobre
la que concluye "me han certificado que cuando esta maldita gente hace este
baile delante quien les pueda ir a la mano con el mismo son, mudan las palabras
que suelen cantar, y templan los meneos y su deshonestidad; tan astutos y
prudentes son estos hijos del demonio y de las tinieblas" (p. 434).
Cambiando la tónica general de los discursos sobre la licitud del teatro
que normalmente comenzaban con las ideas de los Santos Padres, Mariana
dedicará, una vez avanzado el Tratado, el capítulo XIII exclusivamente a las
autoridades eclesiásticas de la Antigüedad. Ya ha presentado muchas de sus
opiniones en otros capítulos, para justificar su postura. Sin embargo, ahora les
dedica un largo apartado. Continúa en materia de consideraciones teóricas
clásicas en los capítulos XIV y XV este último dedicado a los filósofos, es un
largo capítulo. Singular, sin duda, es el XVII, "Si conviene que haya rameras",
tema, en efecto, tratado por pocos.34 Y amplía el tema en los dos siguientes, el
XVTII, "No se puede llevar algún tributo de las cosas públicas", y XIX, "Si es
lícito alquilar casas a las rameras".
Dedicará cuatro capítulos breves a un nuevo e importante tema, el de los
toros. La relación inmediata de este espectáculo con el teatro es sustancial, en
tanto representan las dos formas más importantes de diversión en el Siglo de
Oro,35 a pesar de no ser muy atendido en los tratados sobre la licitud del
teatro.
34
Concluye Mariana: "Quiero dar fin a este capítulo con decir que en los bodegonea y
mesones públicos no se deben tener rameras para efecto de atraer mas gente con aquel cebo a la
posada, porque ni se permite esto por las leyes y es participar en el pecado. Lo mesmo digo de las
cantoneras que andan de noche por las calles y plazas poniendo en venta su cuerpo, y de las
demás que viviendo en casas particulares ejercitan la misma torpeza, que deben ser castigadas,
porque como yo entiendo, a lo menos en las más ciudades y pueblos de España está recibido que
las rameras solamente que viven en casas públicas se permitan y toleren". Tratado contra los
Juegos públicos, ed. cit, p. 447.
35
Vid. José María de Cossío, "Polémica" «^bre la licitud y conveniencia de la fiesta", en Las
toros. Tratado técnico e histórico. Espasa-Calpe, Madrid, 1958, vol. II, pp. 85-201. Además de
132
JOSÉ LUIS SUÁREZ GARCÍA
Concluirá Juan de Mariana su Tratado contra los juegos públicos con el
capítulo XXV, que es un resumen y conclusión del asunto referido, y el XXVI
en el que se ocupa de "El estado de las cosas en España", donde no aporta
nuevos datos relevantes al tema de la licitud del teatro. El tratado, en cuanto a
contenido analítico sobre espectáculos, se cierra en las advertencias finales
de Mariana, que, como él mismo confesaba, nunca había asistido a una
representación teatral.36 En el penúltimo capítulo, el XXV "Conclusión de la
obra", escribe:
Reprobamos pues todo el aparato del teatro, las artes de los faranduleros y su
torpeza; afirmamos ser ilícito correr toros, feo y cruel espectáculo; juzgamos
que las rameras se deben desterrar como peste de la tierna edad. Este es nuestro
juicio y parecer, y este será para siempre; así que, con tan altas voces como
puedo, digo y pronuncio: Afuera torpezas y afrentas, corrupciones de las costumbres se aparten, no tengamos que ver con el teatro, no con el circo, no con la
fealdad del burdel, gente engendrada para santidad con tantas ayudas enderezada y encaminada a toda la virtud; revienten cuanto quisieren todos los que
pretendiendo agradar al pueblo quieren que se concedan estos y semejantes
deleites (p. 457).
Finalmente Juan de Mariana lanza un largo sermón sobre el estado de las
cosas en España. Este último capítulo de Tratado contra losjuegos públicos es
la añoranza de la Antigüedad y una visión apagada, triste de una España que
ya no es la "de nuestros reyes don Fernando, don Carlos, don Felipe". Poco
hay en él sobre teatro. Aquella crítica que hizo de los espectáculos en De Rege
donde tras censurar las representaciones cedía "a los importunos del pueblo
mismo", incluso aceptando que "si hubiese de escoger entre uno y otro extremo,
preferiría que los cómicos representasen sólo comedias profanas" (cap. XVI,
p. 431), ha pasado a la historia. En 1609 Mariana se muestra totalmente
intransigente ante el deleite que proporcione cualquier forma de espectáculo,
los datos recogidos por Deleito y Piñuela (en especial en También se divierte el pueblo), JeanPierre Étienvre presenta alguna bibliografía en su edición de Rodrigo Caro, Días geniales o
lúdicros. Espasa-Calpe, Madrid, 1978; del diálogo primero sobre todo las notas al parágrafo III
"Prosigue la materia del correr y de los toros y juegos de cañas, y su origen", pp. 57-81. Vid.
también José Luis Suárez, "Toros y teatro en el Siglo de Oro: Juan Herreros de Almansa y la
licitud de lafiesta".Actas del Congreso Internacional sobre Mira deAmescua y el Teatro Español
del Siglo XVII. Granada, 27-30 de octubre, 1994 [en prensa].
36
"Nunca me he hallado en semejantes juegos ni farsas, ni tengo por decente que los
sacerdotes y frailes por oír estas fábulas, infamen el orden eclesiástico; pero oído he representarse
y cantarse tales cosas, que ni yo sin vergüenza las podría escribir, ni los otros oír sin enfado y
pesadumbre". Tratado contra los Juegos públicos, ed. cit, cap. X, p. 431.
ENEMIGOS DEL TEATRO EN EL SIGLO DE ORO
133
identificando prácticamente, en este sentido, el deleite de una corrida de toros,
de una representación teatral y de un burdel. Mariana ve en estos momenos
una España herida, una juventud sin valores, sin deseos de ejercitarse en las
artes militares, que sólo busca el ocio y el deleite de donde "nacen todos los
vicios". Este ataque a los espectáculos no es simplemente la observación de
los vectores que apuntan a la victoria de las representaciones como forma
necesaria de entretenimiento del pueblo, sino que va mucho más profundo; es,
en definitiva, una crítica a la España y al sistema imperante que Mariana
contempla, siendo consciente, a la vez, de que: "Peligrosa cosa es tocar con la
pluma y punzar todas las llagas de la república; pero en enfermedad vieja
cualquier remedio se ha de intentar",37 y "aunque hablamos de esta manera,
no tenemos del todo perdida la esperanza".38
37
7W¿,p.461.
Ibid.,p. 462.
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