Se busca Ia identidad y Ia reputaci6n: intelectuales liberales

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SECOENClfi
Secuencia (1995), 31, enero-abril, 113-126
ISSN: 0186-0348, ISSN electrónico: 2395-8464
DOI: http://dx.doi.org/10.18234/secuencia.v0i31.493
Revistadehistorjaycienciassociales
Se busca Ia identidady Ia reputaci6n:
intelectuales liberales anticomunistas
en los EU durantelos afios cincuenta*
Avital H. Bloch
CENTRO DE INVESTIGACrONES SocrALES
UNIVERSIDAD DE COLIMA
A traves de la organizacion denominada
American Committee for Cultual Freedom
(Comite Norteamericano para la Libertad Cultural),
en este articulo se estudia el liberalismo intelectual
de Estados Unidos y su estructuraci6n alrededor
del renovado anticomunismo de los afios cincuenta.
A
finales de los afios treinta, en
Estados Unidos surgi6 una co­
rriente de pensamiento liberal
que se opuso a la mentalidad del Fren­
re Popular Antifascista, tendiente al
comunismo sovietico, Mientras que la
mayoria 'de los liberates y partidarios
de la izquierda simpatizaban con el
comunisrno en ese momento y lo
veian como una fuerza en contra del
fascismo, algunos intelecturales trost­
kistas antiestalinistas y marxistas des­
• Traducci6n de Servando Ortoll con la cola·
boraci6n de Ruben Carrillo Ruiz.
radicalizados, articulaban una nueva
idea que contradecia esa tendencia.
Ellospensaban que el comunismo y el
fascismo no diferian sino que, por el
conrrario, se hermanaban en el "tota­
litarismo", y que, como sistemas poli­
ticos, tanto el comunismo como el
fascismo se erguian contra la demo­
cracia, la libre cultura y las libertades
individuates.
Mas particularmente, el regimen
totalitario ejemplificado por el estali­
nismo en la Union Sovietica comunis­
ta, fue el peor simbolo de los males
politicos para estos individuos y lo
colocaron en el centro de su critica,
113
Secuencia, nueva epoca
num. 31, enero­abril de 1995
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
La organizacion que fundaron en
1939 para romper la influencia del
Frente en la comunidad intelectual,
fue el Committee of Cultural Freedom
(Comite de Libertad Cultural: CCF).
Antiestalinlsta, antitotalitario y antico­
munista, el grupo continua su activis­
mo vigoroso aun despues del colapso
del Frente como resultado de la segun­
da guerra mundial. Los lideres del Co­
mite creian que los comunistas debian
ser desenmascarados para ser derrota­
dos, porque su amenaza persistia.1
. Los afios de posguerra, sin embar­
go, caracterizados por la guerra fria y
la division del mundo entre dernocra­
cia y totalitarismo comunsita, origina­
ron una nueva era de anticomunismo
y liberalismo norteamericanos. Una
nueva organizacion se fund6 en norn­
bre del liberalismo anticomunista pa­
ra suceder al CCF y combatir el
totalitarismo; la nueva asociaci6n se
convirti6 en el grupo central de los
liberales anticomunistas en Estados
Unidos durante la primera mitad de
los afios cincuenta. A traves de este
grupo se puede entender rnejor el li­
beralismo intelectual anticornunista
de este periodo.
El American Committee for Cultu­
ral Freedom (Comite Norteamerica­
no para la Libertad Cultural: ACCF) se
estructuro en 1951 como miembro
principal del Congress for Cultural
Freedom (Congreso para la Libertad
Cultural: CCf) ­una organizacion con­
federada, activa en Europa y fundada
un afio atcis­ y como su punta de
lanza de la lucha anticomunista en el
l
114
Kutulas, "Committee",
1953.
pais, 2 Ambas organizaciones se funda­
ron bajo el concepto de "libertad cul­
tural", que SUS lideres Solian describir
como la libertad para involucrarse en
actividades intelecturales sin contem­
plar la amenaza totalitaria. De acuerdo
con la atm6sfera anticomunista de la
guerra fria ­prevaleciente entre estos
intelectuales liberates estadunidenses
y transferida a sus correspondientes
europeos­, ellos pensaban que Ios
elementos totalitarios buscaban con­
trolar a los intelectuales independien­
tes y sus actividades, asi como re­
clutarlos en el engranaje propagandis­
tico comunista.
Dominado por estos intelectuales
liberates "antitotalitarios" norteameri­
canos, el CCF reflejaba la creencia de
que debia asumir la enorme responsa­
bilidad de preservar la democracia en
el rnundo. La rnision del ACCF ­como
lo habia sido del CCF, principalmente
en lo referente a Europa­ era politizar
a los intelectuales norteamericanos
que consideraba apaticos, persuadir­
los de los peligros que el comunismo
y adeptos significaban para Estados
Unidos y el "mundo libre", y de la
lucha en contra del cornunismo como
causa de gran importancia.3 Asi, el
Comite, si no una organizaclon pura
de propaganda, era de indole politica,
y sus intelectuales aspiraban a con­
2 Sobre cl CCF y SUS comienzos veanse Cole­
man, Liberal, 1989; Dittberner, End, 1979;
Wald, New York, 1987; Hook, Out of, 1987;.
Kristol, "Memories", 1983.
3 Kristel, "Memories", 1983, Howe, Mar­
gin, 1982, pp. 205­206; Phillips, Partisan,
1983, pp. no, 158­159; Podhoretz, Making,
1967, pp. 277­280; Pens, Liberal, 1985, pp.
98­100.
AVITAL
H.
BLOCH
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
vertirse en hacedores de la opinion
publica anticomunista predominante
en Estados Unidos.
Practicamente, toda la vieja guardia
antiestalinista de los afios treinta, uni­
da a una generacion mas joven de
anticomunistas liberales, particip6 en
el ACCF. Para mencionar solo a los
mejor conocidos, se encontraban alli
los veteranos Sidney Hook, fil6sofo,
Iider del anterior Committee for Cul­
tural Freedom y fundador del antitota­
Iitarismo norteamericano, mismo que
se convirti6 en miembro central del
comlte ejecutivo del ACCF; el novelista
James Farrell tambien del cornite eje­
cutivo; el critico Dwight Macdonald;
el lider del Partido Socialista, Norman
Thomas; los editores del Partisan Re­
view, Philip Rahv y William Phillips,
Sol Levitas, editor del New Leader y
Elliot Cohen director del Commen­
tary, revistas difusoras de la ideologia
y programa del CCF;4 Ios criticos lite­
rarios Diana Trilling, directora ejecu­
tiva del Cornite, su marido Lionel
Trilling y Jacques Barzun. Tambien
habia discipulos jovenes, como los
soci6logos Daniel Bell ­uno de los
activistas centrales en el cornlte ejecu­
tivo de la organizaci6n­, Nathan Gla­
zer, David Riesrnan y Seymour Martin
Lipset; los historiadores Arthur Schle­
singer Jr., Richard Hofstadter y Oscar
Handlin; los periodistas Richard Rove­
re e Irving Kristol ­quien tambien fue
director ejecutivo del ACCF antes de
ser editor de Encounter, 6rgano del
Congreso en lnglaterra; los editores
de importantes peri6dicos nacionales
como James Wechsler, Norman Cou­
sins y Max Ascoli: el economlsta Iohn
Kenneth Galbraith, los criticos litera­
rios Norman Podhoretz, mas tarde
postulado para la Junta de Directores
de la misma organizacion y Jason Eps­
tein; el decano de la Universidad de
Harvard, McGeorge Bundy, y el lider
de la organizaci6n central en defensa
de las libertades civiles, Roger Bald­
win. Estaban tambien intelectuales ex
comunistas, hasta entonces ultraorto­
doxos, tales como James Burnham,
Whittaker Chambers y Max Eastman,
tambien miernbros del Comite.t
Puesto que los patrocinadores pro­
venian de otras asociaciones liberates
centrales ­principalmente de Ameri­
cans for a Democratic Action (Nortea­
mericanos para una Accion Demo­
cratica: ADA), la League for Industrial
Democracy (Liga para la Democracia
Industrial: LID), y la American Civil
Liberties Union (Union Norteamerica­
na de las Libertades Civiles: ACW)­ la
importancia del ACCF fue tal que se
instituy6 corno un amplia coalicion de
liberales anticomunistas. Mas aun, la
membresia del Cornite representaba
un amplio espectro de la elite intelec­
tual norteamericana ciertamente con­
vertida, para los afios cincuenta, al
anticomunismo.6 Creian que su pa­
pel, a traves <lei ACCF, era convencer
4 Accrca dcl papel desernpefiado por las
revistas en cstas cucstioncs veanse Dell, "Dis­
sent", 1962, p. 311; Hook, Out of, 1987, pp.
420­421; Conway, "Intellectuals", 1974, pp.
376­377.
5 Respecto a la transformaci6n de estos con­
servadores, vease Diggins, Upfrom, 1975.
6 Sohre las similitudes entre algunas de cstas
organizaciones y el ACCF, por lo quc toca al
anticomunismo, vease Gillon, Politics, 1987,
SE BUSCA LA IDENTIDAD Y LA REPUTACION
115
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
a la comunidad cultural norteamerica­ benefactor, ciertamente subray6 el
na para que participara en una "lucha dominio del anticomunismo vehe­
responsable, seria y persistente en mente dentro del Comite y la desaten­
contra del totalitarismo y sus varian­ ci6n otorgada a otros asuntos.7
tes, especialmente el comunismo ­la
Politicarnentc, el ACCF pretendia
amenaza actual mas grande para las unir y fortalecer la campafia oficial
comunidades dernocraticas". La inter­ anticomunista, iniciada en 1947 por la
venci6n conservadora de los derechis­ administracton del presidente Harry
tas, opositores de antafio a la politica Truman ­esfuerzos que el Cornite
social y economica del presidente considero "alarmantemente descuida­
Franklin D. Roosevelt, al New Deal de dos" e "inadecuados" y que culmina­
los afios treinta, y enemigos de aque­ ron con el fortalecimiento de la
llos liberales que idealizaban el Estado funesta influencia politica del senador
pp. 72­82, 109­111; McAuliffc, Crisis, s.a., pp.
85­91, 116­121; Navasky, Naming, 1981, pp.
48­Sl; New York Public Library, Norman Tho­
mas Papers (en aedelante NTP), caja 120, leg.
ACLU, 1954, Thomas a Baldwin, 30 de diciembre
de 1954.
116
7 Nash, Conservative, 1979, pp. 84­123.
Para una amplia correspondencia entre libera­
tes conservadores veasc New York University,
Tamirncnt Library, American Committee for
Cultural Freedom Papers (en adclantc ACCFP),
caja 5, leg. 5.
AVITAL
H.
BLOCH
Ilustraciones de Ana Bonilla. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial
de las imágenes publicadas en este número de la revista Secuencia, 31.
Las imágenes fueron contratadas y/o donadas de forma exclusiva para esta publicación.
SECOENClfi
Revistadehistoriaycienciassociales
Joseph McCarthy en 1950, hasta su
caida en 1954.8
Al funcionar al unisono con la cam­
pafia macartista en contra del comu­
nismo en casa, el ACCF debia ajustar
sus conceptos y programas de acuerdo
con sus simpatizantes y adversarios. El
Cornite, por tanto, se involucro en la
feroz controversia que McCarthy y su
caza de brujas generaron en los circu­
los intelectuales, controversia en la
que este grupo tuvo una participaci6n
central. Asi, las respuestas del ACCF al
macartismo, durante la crisis de los
cincuenta, incrementaron el desarro­
llo de sus ideas anticomunistas. Y en
el curso de intensos debates ideologi­
cos y a traves de las polemicas en
tomo a la cuesti6n de la cruzada ma­
cartista, la ideologia anticomunista de
estos liberales =desarrollada casl vein­
te afios atras­­, se defini6 con transpa­
rencia y esculpi6 claramente
la
identidad particular de su comunidad
politlco­Intelectual.
El ACCF y sus activistas se vanaglo­
riaban de haber anticipado, como "vo­
ces en el yermo", la lucha anticomu­
nista desde finales de los treinta: mu­
cho antes que McCarthy. Al florecer
su influencia politica, los miembros
del ACCF afirmaron que, al intensificar
la lucha anticornunista,
McCarthy
"realizaba un servicio publico", com­
pletando un papel que ellos mismos,
como minoria y grupo fuera del go­
8 Cante, Great, 1978; Kurter, American,
1983; Wills int. Hellman, Scoundrel, 1976, pp.
10­11; Rorty y Deeter, McCarthy, 1954, pp.
vu­vm, El trabajo de Rorty y Deeter fue un estu­
dio sobre el maeartismo patroeinado por el ACCF
y que reafirmaba las posturas oflclales de la
organizacion.
SE BUSCA LA IDENTIDADY LA REPUTACION
bierno, no habian podido desernpe­
fiar con eficiencia. Durante el periodo
macartista, el Comite estuvo de acuer­
do con los postulados de McCarthy
respecto a la realidad de la conspira­
ci6n comunista ya la necesidad guber­
namental de localizar e investigar a los
comunistas ya sus colaboradores. Co­
mo el senador, los miembros del Co­
mite creian que el
enemigo es el comunismo [ ... ]Sus Illas
incluyen a cornunistas, procomunistas,
fllorrojos 6 fellow­travellers [cornpa­
fieros de viaje] entre los que incluian a
simpatizantes del Frente Popular de los
afios treinta que simpatizaban con la
causa comunista sin ser miemhros del
Partido Comunista, espias y agentes co­
munistas,
involucrados en la subversion y el es­
pionaje. El ACCF se adhiri6 a McCarthy
en la finalidad ultima de atacar a ese
enemigo hasta "expulsarlo't.?
Pese a todo, la relaci6n del ACCF
con el macartismo rebasaba las sim­
ples cuestiones de apoyo del segundo
al primero. Existian varios factores
que afectaban la postura del Comite.
Primero, estos liberates ternian la cri­
tica de los macartistas respecto a ser
insuficientemente anticomunistas al
apoyar SU Campana O, peor aun, a Ser
acusados de comunistas o filorrojos.
Segundo, puesto que la ideologia de
los liberates se habia desradicalizado
desde afios anteriores, tambien te­
mian ser identificados con la izquier­
da. Estas fuerzas los persuadieron para
9 Rorty y Deeter, McCarthy, 1954, pp. 3­4,
13, 17, 18.
117
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
presentarse como antirradicales de Iz­
quierda y anticomunistas legitimos.ro
Pero los liberales confrontaron pro­
blemas cuya raiz fue Ja; historia de los
lideres del ACCF, de ellos mismos co­
mo ex radicales de izquierda. Les alar­
maba que los macartistas ­quienes
etiquetaban a todos los liberates como
comunistas­ los confundieran con es­
tos (dtimos al no distinguir entre las
varias ideologias y particularmente al
ignorar su desradicalizaci6n previa,
del paso de los antiestalinistas desde
el socialismo hasta el llberallsmo anti·
rradical y anticomunista. Para no
arriesgarse, el grupo busc6 demostrar
a McCarthy su fuerte compromiso an­
ticomunista y su dlstancia, al misrno
tiempo, de los comunistas y de los
fllorrojos liberates, que no eran anti·
comunistas y radicales de izquierda.
Insistieron en las diferencias cruciales
entre su propia ideologia y las de esas
tendencias politicas. Con frecuencia
encubrieron su propia fase radical en
el pasado, eliminando todo contenido
soclalista de su liberalismo, e incluso
distanciandose de antiguos aliados
que seguian profesando inclinaciones
socialistas.11 Un concepto slgniflcati­
vo que Jos liberales anticomunistas
crearon para manifestar su lealtad ca­
bal a la lucha anticornunista y colocar­
se, como lo deseaban, en el mapa
10 ACCFPcaja 7, leg. 4, Executive Committee
Minutes (en adelante F.CM), 1 de marzo de 1952;
McAu)iffe, Crisis, s.a., pp. 49­51; O'Neill, Bet­
ter, 1982, pp. 298­312.
11 Navasky, Naming, 1981, pp. 58­06; Pelis,
Liberal, 1985, pp. 319­321; Rorty y Deeter,
McCarthy, 1954, pp. 17, 34, 35; Hook, Out of,
1987, p. 333; WaJd, Neur York, 1987, pp. 270,
272, 277; Caute, Great, 1978, pp. 170­249.
118
politico del momento, fue la categoria
de "anti­anticomunistas". Incluia esta
categoria a aquellos quc describian
como "tibios en el comunismo"; no
solamente a los filorrojos, sino tam­
bien a todos los que no estaban sufi­
cientemente a favor de la campaiia
anticomunista o, peor aun, que la cri­
ticaban o actuaban en su contra debi­
Iltandola. En suma, la lista de "anti­
anticomunistas" se componia de todos
los criticos del comunismo desde la
izquierda.
Cuando la cuestion de las liberta­
des civiles de los comunistas y sus
seguidores en relacion al macartismo
lleg6 a su punto crucial en 1952, los
ataques reciprocos mas intensos se
produjeron entre los anticomunistas
del ACCF y los liberales "anti­anticomu­
nistas", dirigidos por el Emergency
Civil Liberties Committee (Comite de
Emergencia de las Libertades Civiles:
ECLC): el grupo discrepante de ACLU
por creer que la Union no aceptaba
que los macartistas violaran las Iiber­
tades civiles.12 Mientras esos criticos
afirmaban que McCarthy eliminaba
derechos constitucionales relaciona­
dos con la libertad de expresi6n al
investigar a individuos bajo sospecha
de ser comunistas o filorrojos, el ACCF
rechazaba tales acusaciones. Sus
miembros negaban que la libertad
constitucional de adherirse a cual­
quier ideologia politica hubiera sido
vlolada, La posici6n del Comite era
12 En lo que toca al ECLC y las vlsioncs
anti­anticomunistas, veanse McAuliffe, Crisis,
s.a., pp. 116­121; Navasky, Naming, 1981, pp.
50­56; Steele, Freedom, J.954; Harth, Govern­
ment, 1955.
AVITAL
H.
BLOCH
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
que solamente los comunistas cran
qulenes abusaban de las libertades cl­
viles para fomentar su conspiraci6n
totalitaria. El comunismo era "un mo­
vimiento guiado por la conspiracion y
dirigida al totalitarismo, mas que a
otra forma de 'disidencia' o 'inconfor­
midad"'. Asi, a diferencia de partidarios
de credos "legitimos", ellos no mere­
cian tales derechos. De acuerdo con
esta vision pragmatlco­populista, la
mayoria de los norteamericanos po­
seia el derecho a decidir que el ideal
comunista se oponia a Ios mejores
intereses de su pais y, por lo tanto,
podia limitar las libertades de los co­
munistas. Respecto a los que argu­
mentaban a favor de los derechos de
los comunlstas, los liberales del ACCF
pensaban que McCarthy merecia mas
reconocimiento que esos criticos
pues al menos el era un anticomunista
genuino y categorico. Tambien que
sus oponentes, por el contrario, de­
mostraban una negligencia Irrespon­
sable al defender los derechos de los
comunistas, cuya expresi6n ideo16gica
contribuia a promover la conspiraci6n.
En otras palabras, su idea era que la
libertad estaba en mayorpeligro con los
anti­anticomunistas por su ataque a
McCarthy, que con McCarthy mismo. I3
Mediante el ataque a sus cncmigos
liberates antimacartistas, los activistas
del ACCF demostraron su propio com­
promise anticomunista. Pero en sus
critlcas tamblen deseaban implicar
que ellos, los liberales antlcornunls­
tas, eran liberales genuinos y distintos
de los liberales anti­anticomunistas.
Los intelectuales del ACCF promovie­
ron la idea de que habia dos tipos de
Iiberalismo: el falsamente honrado y
cobarde de los liberates anti­antico­
munistas o "tibios con el comunls­
mo", y el suyo, un tipo superior de
liberalismo inflexible y realista, guia­
do por una vision moral e inspirado
por un compromiso extrema con Ia
libertad. Asi, la necesidad de una re­
putaci6n liberal con enfasis anticomu­
nista, que motiv6 al ACCF a adaptar una
retorica promacartista, tamblen lo in­
cit6 a crear una postura politica liberal
que se consideraba totalmente separa­
da de cualquier version de liberalismo
que no fuera anticomunista.
Pero lo que complic6 su politica
anticomunista y su actitud hacia el
macartismo fue tambien su necesidad
de ser definidos siempre como libera­
tes y de estar relacionados con los
atributos tradicionalmente asociados
a los intelectuales liberates: su asequi­
bilidad a razonamientos, mayor edu­
13 Kristo! "Civil", 1952, pp. 228­236; Kristel,
caci6n y pensamiento critlco inde­
"Liberty", 1952, pp. 493­496. La postura de
pendlente. Ellos temian Ia etiqueta de
Kristo! fue la mas publicitada por scr la mas
conservadores que podia imponerles
provocativa, pero rnuchas opiniones similares
la izquierda si apoyaban mercadamen­
fucron expresadas en privado dentro del Acer:
te la cruzada macartista. Para evitar
ACCFPcaja7, leg. 4, ECM I marzoy 16abril, 1952;
y ACCFP caja 7, leg 4, ACCF Resolution, 29 marzo,
esto, desarrollaron un tipo singular de
1952; Cohen a Hook, 30 abril 1952. Vcase
critica a esta campafia: el juicio en el
tambien Glazer, "Methods", 1953, pp. 244­252;
nivel tecnico, que al mismo ticmpo
Bell, "Hard", 1954, pp. 23­25; Phillips, Parti­
que mantenia su apoyo baslco, tam­
san, 1983, pp. 150­151, 174­176; Podhoretz,
bien satisfacia una deseada autolma­
Making, 1967, pp. 288­291.
SE BUSCA LA IDENTIDAD Y LA REPUTACION
119
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
gen liberal. En suma, una postura que
los colocara entre los macarttstas en la
derecha y los anti­anticomunistas en
la Izquierda. Tratando de manipular asi
su propia identificaci6n politlca y su
superioridad moral, pensaron que recu­
perarian el liderazgo no solo de las co­
munidades liberal e intelectual, sino de
toda la campafia anticomunista.
Los activistas del ACCF presentaron
a McCarthy como un anticornunista
legitirno, describiendolo sin embargo,
como un "dernagogo vulgar", confor­
mista, reaccionario, ortodoxo, ham­
briento de poder e irracional. Y sus
rnetodos, que debilitaban a la campa­
fia anticomunista efectiva, fueron ca­
lifi cados como incompetentes
y
dirigidos por una "estupidez burocra­
tizada", totalitarios, tecnicamente ina­
decuados e irresponsables.
Por
encima de todo, afirmaron que mu­
chas de las tacticas estupidas e ineficien­
tes de los macartistas y las acusaciones
ilegitimas que hacian eran el resultado
de ignorar la esencia de las ideologias
politicas y de una incomprensi6n aguda
del tema principal, que ellos supues­
tamente dominaban: el comunismo.
Su mensaje era que ellos ­los liberates
anticomunistas que poseian conoci­
miento secreto del comunismo y sus
peligros, basado en la experiencia de
las luchas antiestalinistas de los afios
treinta­ sabian "c6mo combatir el co­
munismo responsablemente"; esto
es, con inteligencia y pragmatismo
­recordando la relacion entre medios
y fines­ de manera democratica y eti­
ca, mediante la preservacion de los
genuinos valores llberales.!" Sin em­
14 ACCFP;
120
caja 7, leg. 4,
ECM,
t marzo 1952.
bargo, estos liberates no eran capaces
de atacar a McCarthy directamente.
Cuando las supuestas estrategias equl­
vocadas del macartismo eran critica­
das en declaraciones publicadas por
el ACCF, ni el nombre del senador ni el
termino macartismo eran siquiera
mencionados. En el momenta cumbre
del macartismo, en respuesta al temor
de que "si atacamos a McCarthy pode­
mos ser atacados", una declaracion
publica suya se refiri6 a "ciertos hom­
bres y grupos representados como
oponentes militantes del comunis­
mo" .15
Como consecuencia de las criticas
causticas a los liberates anticomunis­
tas de sus detractores en la comuni­
dad intelectual, los miembros del ACCF
esperaban que, al crear una impresi6n
de desacuerdo con McCarthy, presen­
tarian ante los circulos intelectuales
una imagen admirable, no conformis­
ta y critica, Deseaban probar que su
estilo dependia de la verdad y de la
sabiduria sin dafiar su sinceridad y
devoci6n a la causa. Intentaban ser
considerados como defensores de
McCarthy, pero lo ridiculizaban para
distanciarse de la extrema derecha y
de las masas promacartistas.
Rorty y Deeter, McCarthy, 1954, pp. H­14,
21­56, 86­103, 128­129; Glazer, "Methods",
1953, pp. 244­252; Phillips, Partisan, 1983, pp.
179­180; Bell, "Interpretation", 1964, pp. S7­58,
64­66; Glazer, "New York", 1984, p. 35.
15 ACCFP, caja 7, leg. 4 ACCF Resolution, 29
marzo 1952. ACCFP, caja 7, ACCF, ECM, 16 ahril
1952. La tactica de no seiialar publtcamente los
metodos equivocados de McCarthy, cambi6 en
1954 cuando Rorty y Deeter editaron su cstudio
quc dcscnmascar6 sus Hmitacioncs en este sen­
tido.
AVITAL
H.
BLOCH
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
La urgencia por alejarse de la dere­
cha produjo algunos conflictos en el
seno del ACCF entre los liberales y la
minoria de activistas conservadores,
quienes no veian problema alguno en
los metodos de McCarthy. Expuestos
a una critica creciente de la Izquierda,
los activistas del Cornite llegaron a un
punto donde temian que hasta los de­
rechistas mellaran sus objetivos y su
reputaci6n en la comunidad liberal.
Ast, los lideres del Comite optaron
por marginar a los conservadores. Sin
embargo, respondiendo a su inquie­
tud de que si los liberates atacaban a
la derecha ellos mismos podian ser
atacados, estos debates no se hicieron
publicos y los conservadores perma­
necieron en la organizaci6n. t6
La estrategia politica singular que el
ACCF desarrollo, como medio para en­
frentar las presiones sirnultaneas re­
sultantes de sus intentos por disculpar
a McCarthy y criticarlo, forz6 a la or­
ganizaci6n a mantener un balance de­
Iicado en su postura. Esta necesidad
de enjuiciar satisfactoriamente a las
fuerzas opositoras sin contradiccio­
nes obvias, produjo desavenencias
entre los miembros de la organiza­
ci6n; sin embargo, fueron sobre suti­
lezas y detalles que con frecuencia
eran opuestos, confusos y falsos. Las
polemicas eran superficiales y condu­
cidas en un marco de convicci6n de
que, fundamentalmente, la cruzada
anticomunista de McCarthy era legiti­
16 Bell "lntcpretation", 1964, pp. 64­65; Dig·
gins, Up from, 1975, pp. 215­222 .. Sohre cl
debate alrcdcdor de McCarthy entre los censer­
vadores, veasc Nash, Conservative, 1979, pp.
109­123.
SE BUSCA LA IDENTIDAD Y LA REPUTACION
ma. Por lo tanto, los conflictos internos
no generaron ni cismas ni renuncias.
Una gama de opinion anticomunista
podria residir en el Comlte. La critica
ideol6gica o moral, sin embargo, po­
dia ser dirigida solo hacia los adversa­
rios de izquierda, pero sin discrepar
de los fines ultimos del anticomunis­
mo y del macartismo.
La muerte del macartismo en 1954,
combinada con las agudas polemicas
adyacentes, el fin de la guerra en Co­
rea y el surgimiento de lo que parecia
"un clima Internacional mas calido"
hacia mediados de los afios cincuenta,
sefialo el germen de una nueva fase
para los liberates anticomunistas. Esta­
ba caracterizada por el enfriamiento
del entusiasmo anticomunista, ya que
el comunismo, tanto domestica como
Internacionalrnente, dejo de ser con­
siderado peligro inmediato. Siguien­
do una nueva tendencia, algunos
miembros del ACCF repensaron el an­
ticomunismo fanatico. En especial,
los miembros de la ADA ­John Ken­
neth Galbraith, Arthur Schlesinger,
Jr., Richard Rovere­, hist6ricamente
menos comprometidos con la filoso­
fia antitotalitaria, redefinieron facil­
mente sus politicas para crear asi un
nuevo consenso liberal. Al no identifi­
carse con aquellos vengativos activis­
tas anticomunistas
que estaban
"volviendo a luchar, en los afios cin­
cuenta, en las viejas y muertas batallas
de los treinta y cuarenta", renuncia­
ron al ACCF en 1955.17
Los lideres centrales del Comite re­
chazaron el escepticismo de lo~ disi­
17 ACCFP, caja 7, leg 4., Schlesinger a Farrell,
16 marzo 1955.
121
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
dentes. Permanecieron hostiles al co­
munismo y hablaron acerca de la ur­
gencia inalterable de "desenmascarar
ilusiones acerca del comunismo e
identificar las actividades comunistas
en Estados Unidos". Una vez mas, al
cambiar Ia atmosfera politica, los libc­
rales dlmltentes forzaron al ACCF a exa­
minar su politica de linea dura,
mientras que sus conservadores ex­
tremistas querian que el grupo se ad­
hiriera a las posturas anteriores. Teas
serias discusiones, derechistas como
James Burnham salieron de la organi­
zacion. Sin embargo, los activistas re­
manentes del ACCF, dirigidos ahora
por los anticomunistas liberates ­tales
como Sidney Hook, Norman Podho­
retz, Diana Trilling y Sol Levitas­, en
su anticomunismo fanatico, reafirma­
ron la postura extremlsta original, que
continuaron apoyando dentro del Co­
mite, coma cuerpo activo, hasta
1957. En tanto, quienes habian roto
con el ACCF representaban a la nueva
corriente liberal, para la cual el comu­
nismo ya no era el problema principal
en la politica norteamericana; los que
permanecieron feales ·a la organiza­
cion, se convirtieron en el simbolo de
la ortodoxia anticornunista liberal por
el resto de la decada de los cincuenta.P'
Sin embargo, la busqueda de Iden­
tidad y reputaci6n de Ios liberates afi­
18 Desde 1959, la (mica justitkaci6n para la
existencia del ACCF, era que fongia como p£o­
pietario legal del Partisan Review. En 1967 la
revista se scpar6 del Comlte, el cual se disolvi6
como consecuencia. Se concluy6 que el gmpo
habia "durado mas de lo que era tttil". Vease
ACCFP, caja 6, leg. 4., ACCF, Board of Director
Minutes, 30 ahril 1967; Phil1ips, Partisan, 1983,
pp. 162, 165­168.
122
liados al ACCF no termin6 en la era
posmacartlsta. A Ia par de ajustarse
basicamcnre al viejo idealismo antico­
munista que los distinguia de los nue­
vos Iiberales de la corriente domi­
nante; tambien trataban de adaptarse
al nuevo espiritu del campo liberal
mas amplio. Toda con la intenci6n de
recuperar su imagen como liberates y
ser reaceptados por la mayoria liberal.
Se percataron de que para fundirse
con el nuevo liberalismo requerian
algunos cambios en su vision, y una
de las primeras cuestiones reconslde­
radas fue el propio macartismo. Dado
que la atm6sfera general entre los li­
berates era de un incrementado recha­
zo del macartismo de principios de los
cincuenta y de un distanciamiento
mayor de la caza de brujas, para los
veteranos del ACCF esto significaba
una mayor critica a McCarthy. Tenian
deseos de reconocer los peligros plan­
teados por las tacticas de McCarthy en
contra de la democracia y encontra­
ron mas fallas en SU estilo. Liberados
de la necesidad de estar involucrados
en un debate politico inmediato, hasta
mediados de los sesenta, su forma
principal de critica ­o, como algunos
liberates la llamaron, "reevaluaci6n"­
era el estudio profundo del fen6meno
macartista, Como cientificos sociales e
historiadores que eran muchos de
ellos, lo escrudrifiaron en el nivel aca­
demico .19
Prominentes sociologos liberales
anticornunistas
­tales como Daniel
Bell, Nathan Glazer, David Riesman,
Martin S. Lipset­ y el historiador Ri­
19 Veanse los articulos aparecldos en Bell,
New, 1955.
AVITAL
H.
BLOCH
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
chard Hofstadter, de manera consen­
sual, etiquetaron el macartismo como
parte del fen6meno politico sociolo­
gico de la derecha estadunidense y del
anticomunismo reaccionario, que
asociaron con las masas descontentas,
frustradas, irracionales y antiintelec­
tuales. Segun su teoria, las masas pro­
macartistas heredaron las tradiciones
populistas de los pobremente educa­
dos y desplazados agricultores del me­
dio occidente norteamericano y las
recien colonizadas areas del pais du­
rante las ultimas decadas def siglo XlX.
Ese estrato social, el "criadero de de­
magogos", habia sido el origen del
desenfreno y la sin raz6n. Los liberales
anticomunistas dirigieron su critica a
estos sectores para evitar lo que ellos
pensaron que podia ser la reernergen­
SE BUSCA LA IDENTIDAD Y LA REPUTACION
cia del anticomunismo reaccionario.
Pero, mas significativamente, al inter­
pretar al macartismo en terminos psi­
cologicos, a traves del concepto de
"afan de status", los intelectuales con­
cluyeron que la caza de brujas no ha­
bia resultado de una Ideologia politlca
ni habia procedido de un liberalismo
educado y razonado. 20 En vez de eso,
el macartismo tenia que provenir de
personas inferiores y peligrosas. Esta
condena al movimiento, no era, por
20RortyyDecter,McCarthy, 1954, pp. 104,
110; Bell, "Mood", s.a., p. 311; Bell, "Status",
s.a., p. 123; Hofstadter, Age, 1955; Hofstadter,
Anti­intellectualism, 1962; Howe, "McCar­
thysm", 1954, pp. 2H­215; Rogln, Intetlec­
tuals, 1967, pp. 9­30, 261­268; McAuliffe,
Crisis, s.a., pp. 70­71; Pelis, Liberal, 1985, pp.
151­155, 335­338.
123
SECOENClfi
Revistadehistorjaycienciassociales
lo tanto, una autocritica ni un arrepen­ rriente dorninante liberal era conflic­
timiento de los liberates anticomunis­ tivo. Aun en la retorica alterada, los
antiguos temores no podian ser supri­
tas de afios anteriores.
Los liberates anticomunistas no sa­ midos. Declararon que sus ideas mo­
crificaron mucho de su postura funda­ dificadas por ningun concepto iban a
mental de antipatia hacia el bloque caer "en la tramp a de prestar ayuda y
soviettco, ni siquiera cuando, a fines beneficio a los comunistas" y que "no
de los cincuenta, distanciados de Ios tenian ilusiones acerca de la Union
apasionados primeros afios de la deca­ Sovienca". Ciertamente, este grupo si­
da, estaban mas deseosos de rnodificar gui6 mostrando dudas y reservas acer­
sus conceptualizaciones sobre la natu­ ca de las posibilidades de un rela­
raleza del comunismo contempora­ jamiento substancial en la guerra fria
neo. La "desestalinizacion" y el nuevo y en el comunismo sovietico, al perci­
regimen en la Union Sovietica, asi como bir, despues de todo, el nuevo espiritu
un bloque comunista que parecia me­ de finales de los afios cincuenta entre
nos monolitico que antes, los atrajo la mayoria de los liberates, como "Ilu­
hacia Ios nuevos liberales de la co­ siones peligrosas".22
rriente dominante, quienes recono­
Para concluir, las convicciones an­
cian al comunismo como un peligro ticomunistas de los liberates previa­
decreciente. Algunos de los liberales men te afiliados con el ACCF y su
anticomunistas estaban entonces dis­ autoidentidad colectiva como intelec­
puestos a cuestionar Io que ellos defi­ tuales dedicados' a la "libertad cultu­
nian como una rigida "preocupaci6n ral", estaban muy enraizadas para
ingenua" sobre el comunismo e hlcie­ permitirles rechazar su propio antlco­
ron un llamado a Ia racionalizaci6n munismo. No solo SU compromiso
politica. En una suave, renovada y mas con el anticomunismo no se erosiono
autentica retorica, hablaron a veces sustancia]mente; los discursos posma­
de la necesidad de un "ciclo ascenden­
cartistas de finales de los cincuenta
te de flexibilidad, percepcion verda­ revelaron un enfoque anticomunista,
dera, razon y conflanza, que lleve a la constante en su ideologia, misma que
paz".21
reforzo el caracter distintivo de la po­
Sin embargo, sus visiones antico­ litica de los intelectuales que habian
munistas ortodoxas fueron revisadas estado conectados con el Cornite. Los
solamente hasta cierto punto y quiza consolid6 como un grupo Identiflca­
de manera superficial. Los liberates ble, ya avanzados los sesenta, mucho
anticomunistas otra vez revelaron que despues de que el ACCF dejara de ser
su deseo de fundirse dentro de la co­ su agente unificador organizacional.
Vale sefialar=­yesto debera ser motivo
21 Podhoretz, Making, 1967, pp. 292/293;
Glazer, "Cuba", 1962, pp. 514, 516; Howe,
"Communism", 1956, pp. 524­529; Howe, "Re­
vival", 1963, p. 110; Kristel, "Matter", 1960, p.
55; Conway, "Intellectuals", 1974, pp. 107­109,
112­116; Pelis, liberal, 1985, pp. 347­367.
124
22 Podhorctz, Breaking. 1979, pp. 47, 57·
63, 66, 172­175; Podhoretz, "Cold", 1962, pp.
56­58. ACCFP, caja 12, leg. 2; ACCF, Newsletter,
octubrc 1956, pp. (>­7.
AVITAL
H.
BLOCH
para un estudio adicional­ que, como
los aiios sesenta se solvieron un perio­
do tumultuoso,
caracterizado
por
controversias apasionadas entre estos
intelectuales liberates y sus nuevos
criticos de la "nueva izquierda", el
anticomunismo y su historia reciente
se convertiria, una vez mas, en eje
central para la reputaci6n de estos
liberales, y formativo para su identi­ ·
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