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CENSOR GENERAL
MARTES 2 8
DE ENERO DE 1 8 I 2 .
CARTA, r POSDATA
DE D. SEVERO DEL PINO Y CORBACHO,
COMUNICADA
A LOS EDICTORES DEL CENSOR GENERAL
Señor
Censor.
Nuestro D. Pedro de Arbues se ha dexado mit
cosíiS en el tintero, y yo ( habiendo llegado ,i mis
man s el papel inrinilado. El Tribunal de la Santa'
Giinerñl Inqtiisicitm &c. por I J A. J M. / . ) quiero suplirlo si V. me concede la palabra. El Sr. preopinants es rmiy sóíiJo y piadosoi pero dé una moderación muy laudable en orra ocasión, y con otras
pers >na3; pero no con un Q n o t a n a , así que en
lugar de la protesta con cjne conclave su escrito^ yo
empezaré con otra contraria; á saber, que quanto
diga en este artículo no lleva orro objeto que desacreditar al que pretende ser órgano, ü oiganista
de la opini>n pública, para que todos huyan de ral
música. j-Que bueno sería, que queriendo yo impugnar a Voltaire, ó á Ruseau, protestase con escníí'ulo de beata, qtie mi acalorado zelo se dirigía
s d o 3 la doctrina , sin tendencia en ofinder en ¡o
mas rnínimo ¡apersona y buena opinión de tales A. A . !
Yo no leo los Semanariüs, y si pudiese sopor*
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larlosj y concurrir con mí dinerillo 4 enriqnerer a
su ^perverso A, sería muy útil hacer una caiificacJon de toda la docrrina ¡ífeligit^sa , que esca ea
ellos esparcida^ asi que m^ contentare con solo el
tfcXio„, que copia el impugnadorj para añadir otras
.teiií-jciutttís,.
Nunca Quintana se mostró religioso, sino quanáo piecende dar un golpe mortal á la religión. T o dos observan la afectación y cuidado , que pone en todas sus obras, para ocultar s« creencia, y
principalmente en las ()foclamas diri¿;idas á Miia nacitm religiosa, en quien la religión fue el primer
niovjl, y debe ser^ el principal recurso y consuelo.
JDarnos' por sabido dd menos versado en la doctrina cristiana (dice el texto semanario) 'que N D.
Redentor fun.ló la reli¿ion,y nofuadó los itiquisídsres
para sostettfrla, y quj la Iglesia ha perman-xido, y
permanecerá basta la consumación de los siglos sin éste , ni otros semejantes apoyos de la invención butnana &c. ¿Con que risilla sardónica leería este periodo á sus clientes! el modo de alucinar á estos
fanáticos, les diría, quando ataquemos á su Papa con
sus decisiones dogmiticas, su jurisdicción, sus fraiJes, sus diezmos, sus cabildos, su inquisición &c.
es decirles, que no teman por eso, que se pierda su favorita religionisupuesro, que tienen por dogína, que no prevalecerán contra ella todas las potestades infernales^ quce/o_yji/o vsrémos, como decía l'^olraire á aquel magistrado de París,
Seria también un error histórico, [prosigue) porque la Iglesia subsistió- sin este Tribunal en los paisc'"^ que hoy lí tienen, lo^ TJ primeros siglos, subáisí ' en donde ha sido abolido^ y subsiste; y subsistirá
donde no lo hay, ni lo buvo ja/nas. ¿ Y p(.;rque ei-
7S
te exactísimo Histoflacíor de tan buena fe no especiHca estos países? ¿conque la Igksia subsiste, y
suoMSfifá en los de Asia, África, y en los mas de
Eiiiopa, en donde floreció otros tiempos? ¿Y quien
le inspiró, que subsistirá en España, si se extingue
la Inquisición, se disminuye, desautoriza, y vilipendia á los ministros de la religión, y en lugar
de sus doctrinas se extienden > y protegen las de
estos A.A. patrióticos? Está í-epetido que siempre
hubo li.quisicion en é s t a , ó la otra furnia, cotí
una ú otra denominación, y no solo en Roma cris-«
tíana, v en Terusalen; sino en la Gentil, en, Atheñas, y demás pueblos paganos, en Consiantinopia,
ea P c k i n , y en los paises de todas las creencias,
mas ó menos vigilante, según su mayor ¿ menof
fervor y zelo, y la'píueza ¡ie sus costumbres , de
Jas que la religión se miró siempre como el fun*daniento. Moisés fue inquisidor General, que por
esto los filósofos niegan que haya sido el mas manso de los liombres, como le llama la escritura. J. C .
fue nuestro, inquisidor, y siendo la misma mansef
dumbre y misetjcordj^, publicó edictos y excomuniones las mas terribles ( Marh. XXÍII) y esgrimió el mismo látigo material contra los irreligios is.
2 Esos mismos filósofos filántropos, tolerantes,
y cosmopolitas mirarán con indiferencia este raí
-aitíciílo? ¿No lo execrarán, no harán ¡nquisiciotí
de su A. no se conjurarán contra él? ^Y no lo
delatarán como hicieron con otros, aijnqae se acogieron á su sagrada inmunidad de la imprenta?
Hahia dicho antes que el catolicismo bfen arrai-.
gado en la Nación bacía poc» necesario su establecimiento. 2Y porque está bien arraigado? esto quiete decir que los luquisidotes eran ya en estos ií[-
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timos tiempos unos simplistas ncío^ns, que no t e niendo nada en que entender, SJI-. se juntaban 4
contar cuentos, ó á jugar un revesino. ^Y luego
á qae tan rabiosa ojeriza? ¿N» es esto burlarse
descaradamente como quien habla con niños ó coa
mentecatos? ¿Me excedo yo en suponei ia risa sardónica de Quintana, que sabe muy bien, que él y los
amigotes ae su tertulia matricense, que se ha. riaa
iniciado en otras de la Corte, y de las Provin»
cincias, y países exrrangeii>s sobraban paia dar bien,
que hacer á los-inquisidores ? Y aunque estos no
tubieran ya en que ocuparse, ¿sería bueno denio.1er los castillos, y fortificaciones, y quitar los cenlinetas ; porque estubiesemos en paz con rodo el
mundo'2
Pero ¿está por ventura así tan arraigado el catolicismo desde que el buen Cirios III cortó algunas raices, y sufocó otras, sembrando semillas ,
que fructificaron para el IV, por medio de unos
tan buenos patriotas como Quintana? ¿Y está así
tan arraigado, quatado corren impunemente escritos en donde se traducen las mismas doctrinas, e'
idénticas expresiones de los gefes de los incrédulos?
Lejos de forjar cadenas, y abrir calabozos ( prosigue ) sabemos los cristianos, que J. C solo dr-xó á
su Esposa armas ssprituaks
para triunfar de todo el poder del infi¿r&o, y qu3 la persuacíort es el
único medio , y única arma de ataque y defensa en
las guetras
espirituales.
¿ste hipócrita jansenismo está ya victoriosaHiente refutado de mil maneras-, ¿pero quien le
dixo á Quintana, y coinoañía que se trata de tiersu¿íd¡rlo>, y convencerlos? N» crea; noramala-, pet o no perviertan, no saduzcan, no escandalicen
7f,
a los párvulos. Una Éuena Madre debe arrojar á
h:i<¿.z<)s al extraño, que viene á enseñar malas mañ s .1 «US niños, 6 azotar al que entre ellos descii'M3 alguna. El tal principio, que no es de Quintana j porque Quintana no es el inventor de la
pólvora, sino un mal copista ó plagiario ^ es muy
agradable para todos aquellos á quienes las pasiones, la obstinación y la mala fe han de mantener en sus errores, y se han de burlar de la excomunionj porque no quebranta huesos, ni saca los
Colores á la catai al contrario machos la miran c o mo una declaración honrrifica. Pero esre principio no solo atacaría la religión, sino las mismas
leyes civiles. Eí^tas deben ser fundadas en la ranzón, para no ser tiránicas, con que si los filósofos descubren por su raz'»n, que la desnudez , y
los actos mas vergonzosos son preocupaciones de
la educación y costumbtesi si á este se Je antoja
que los bienes son comunes, y que por tanto es
licito el robo, si el otro halla razón para el regicidio (aunque sea de nn ¡nocente por salvar a la
Patria) 6 del ateísmo, del suicidio, de la sodomia,
y de todas aquellas conclusiones, que se defendían
en la cátedra de Quintana, sería preciso convencerlos con argumentos á ratione, sopeña de cometer una tiranía contra los derechos imprescriptibles
del hombre, que todos tienen derecho para recobrar 1 viva fueiza según los filósofos.
Ta que tenemos la dicha (prosigue ) de que ert
España no se profdse boy >nas qut: la religión católita, creamos, qti¿ serta muy antipolítico tolerar el
eulto público (b qualquit^ra- s^cea, p¿ro para ello no
es indispensable la Inquisición,
¿Con que ia intüietancia eon. los que ofende»
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3 Dios con un culto abotnínabie , y el esc.índaí»
eon que esras gences puedea pe-vecir ai pueblo de
Dios, es un efecto solo de Ja p dírica 2 ¿Con qua
si mañana dict.^re ésta, que pata estrecharnfs coa
los moros es conveniente pee muirles Mezquitas ó
Basílicas á los Rusos^ Sinagogas á los Judíos, a los
Anglo-Américanos será compotible con ia única reiigion que profesamos? Y> creo que. este moJo de
producirse laoibien es poUciCo en Quintana.
Se continuará.
Redactor General dct ZQ áe Enero.
No el imperio de la Justicia duseansa sobrt
los ctrazones, sino los corazcnies de los hombres
descansan en el imperio de la justicia. Este es el
cimiento de la humana sociedal; ios preceptos primeros de equidad son las leyes cuiiunes á todos
los hombres, que las coíisrirüve:!, baxo qualquiera
forma de gobierno que sea, >' las consecuencias que
conforme á sus circunstancias, gi«¿iio, pais, y carácter particular se infieran sin violencia de estos
principios por la raz ui , serán las leyes constitucionales de cada diverso pais, por las quales la justicia asegurando el bien común, da a cada qual la
parre que del deba recibir su interés SÍQ perjudicar al ageno.
II. No hay hombre alguno, que prefiera el estado de esclavitud al de la libertad, ni el imperio de un déspota, sobre el dulce gobierno de las
virtudes. Hay cosas que por repugnar en un roda
á la naturaleza del hombre, solo pueden enconixarse en ella por vicio de ia imaginación. Que
hubiese hombres, que entre los Romanos se ven4iesen por esclavos para participar su mismo pre*
I.
7Í>
d o no es extraño, dice un célebre pnbllcisra, por<^ue ao lo es que alguna vez se encuentre tai qaal
fíenctico, que ya habiendo perdido el uso dte la
razón, crea enconcrar su felicidad dándose muerte. Claro es pues que el Redaot )r General de este d¡3 en su nura final, iiabla solo con los locos, quaado les reprehende sti amor á los déspotas, y la barbara opinión con qii'^ quieren cansolidar ¡a obediencia dti los subditos á la autoridad en el terror , y
e» ¡a fuerza.
III. Es cambien mu/ claro, y resulta de las an-s
teriores ideas, que aquellas leyes á quienes dé sanción la violencia, y la fuerza del poder, no scráa
leyes, sino atencaJos contra la justicia á que debieran conformarse. Pero liaolando de leyes justas,
es preciso aclarar las ex:)fesiones obscuras de dicha nota. PfonuuciaJa ¡a ley, ella sera un sonido
ocioso, si el po ler de la fuerza no la defiende, jr^
Ja lleva al complemento de su exícuciorv superando quantos ol>stácuJos la quisieran retardar, j Qüiea
no sabe, que las leyes hegan a anriqüarse , y á
pasar de la clase de liiiles, y necesarias á la de
inúnles, y aun de esta tal vez acaso al de nocivas? Ui» célebre legislador convencido de esta verdad qucíía que sus mismas leyes no durasen mas
de cien años. Pues ahora biea : ¿qual es la causa
que produce en su bondad tal trastotno? 2 Por ventura el que las costumores comenzaron á e n u a r
en contradicción con ellas? ¿el que carecen de
aplicación, ó ya no tiecien aquella, que debia corresponder á sus fines? Esto rio es dar la causa
primera, sino mejor señalar los efectos inmediatos.
que produxo el abandono y apatía de los que d e bieron hacerlas executar, Ix¿s fuerzas humanas se
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debilitan y acaban , y m> pueden conservar pof
mas largo tiempo 'a eoergía necesaria para hacer
tespetabie la ley. E<uóaces ella dexa de ser !o
que fue , porque las leyes s «n nulas, quando no
tienen execucion. ¿Y c o m í executa-se sin auxí'io
de la fuerza? Hiblamus de «na fucza pruiente,
que respete y haga res¡)etat)le á la jusncia, ¿ que
sería de ellas si el po.ier a& defendiese su segulidad? Si al cabo de lltrgo t i e m p o , el vieio que
combate contra lo justo, consume parre de la energía con que debe hacerse respetar, y entonces Falta la bonddJ respectiva, de ios preceptos; es biea
claro, que si esta falca desde los principios , desde ellos serán las mejores leyes, sonidos vanos,
ó estériles reorías, queden solo ocasión paia multiplicarse los desórdenes entre ios hombres.
Sirvan estas reflexiones, no de impugnación,
sino mas bien de comenrario, que explique el sentido de la n ua del Redactor, que censuram »s.
Conciso núm. 31. El artículo qae copia este
núm. debiera imprimiise en oro y fixarse diariamente en todas las esquinas de Cádiz Sin dnia
que en todas partes estará difundijo el espionage
tiapoleónicoi pero en esta Ciudad presa que tanto ambiciona el Tirano, y en que esc.í reunido el
Gobierno necesariamente hahri mas. Bien dice el
Cunciso, ojo alerta , ojo alerta ñjo alerta repetií«os, que no hay intriga ni apariencia de bien de
que no se valga la traidora perfidia para perder«os.
CÁDIZ:
•EN LA IMPRENTA DE D. JOSf? MARÍA GUERRERO,
Año DE 1 8 1 2 .
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