ventana abierta Píramo y Tisbe (mito) Ovidio Biografía Ovidio. Nace en Roma el año 43 a. de C. y muere deportado en Rumania (sin que nunca se haya aclarado la razón de su castigo) el año 17 d. de C. Considerado como el más ingenioso de los poetas romanos, en sus obras combinó la espontaneidad y la sencillez, con un estilo cuidado. Su obra puede dividirse en tres categorías: eróticas, mitológicas o de la madurez, y poemas del exilio. A continuación, te invitamos a leer una antigua historia de amor de dos jóvenes que dieron su vida por estar juntos. Este relato, con el paso del tiempo, ha servido de fuente de inspiración para escritores y cineastas quienes lo han interpretado de diversas maneras. Píramo era el muchacho más apuesto de Oriente, y Tisbe la joven más hermosa. Vivían en una ciudad a la que Semíramis, reina de Babilonia, había rodeado con muralla para protegerla. Como eran vecinos, pronto se conocieron, y empezaron a amarse con pasión. Deseaban casarse, pero las familias de ambos jóvenes se opusieron a la boda desde el principio. A Píramo y Tisbe sólo les quedó la opción de hablarse a distancia, mediante gestos, pues también sus familias les habían prohibido estar cerca. No obstante, como vivían en casa contiguas, hallaron una pared que compartían las dos casas, y en ella una hendidura, a través de la cual podían contemplarse y charlar amorosamente. Así pasaban las noches, proyectando planes y buscando soluciones a su desesperado estado. Pasaron muchos meses y, como no podían soportar más aquella separación impuesta, decidieron huir de sus casas: quedaron en encontrarse al pie de una morera que crecía junto a un cristalino remanso de agua, al lado del sepulcro de un famoso rey. Primero llegó Tisbe al lugar del encuentro. Se sentó tranquilamente y apoyó su espalda en la morera… De pronto apareció una feroz leona que allí iba a calmar su sed. Al verla, Tisbe se asustó grandemente, y, tras dudar unos instantes, decidió huir. Mas, en su loca y aterrada carrera, cayó al suelo y se hirió en la frente. En aquel preciso momento llegó Píramo, el cual, tras poner en fuga la leona, se acercó a su amada y, viéndola tendida y ensangrentada, pensó lo peor. Loco de tristeza lanzó este lamento: “¡Oh, mi amada Tisbe! ¡Solamente soy yo el culpable de tu muerte!, ¡y como soy el culpable por haberte dejado sola, es justo que también yo tenga el mismo fin!”. Tras pronunciar estas palabras, apoyó la empuñadura de su puñal contra el tronco de la morera y se lo clavó en el pecho. La sangre que se derramó de su herida empapó las raíces del árbol, que había sido testigo de la tragedia. Y he aquí que la joven regresó, si bien asustada aún, pues no quería defraudar a su amado. Lo buscó con los ojos y con el corazón, ansiosa por contarle de qué peligros acababa de escapar. Aunque reconoció el lugar y la forma del árbol, el color de los frutos la hacía dudar: ¿era aquella la misma planta? Mientras vacilaba, vio un cuerpo agitarse moribundo sobre el suelo cubierto de sangre. Dio un paso atrás y, con el rostro más pálido que la madera de boj, se estremeció como se estremece el agua del mar cuando una brisa leve roza su superficie. Pero al reconocer tras un momento a su amado, se golpeó con sonoras palmadas los brazos, que no merecían tales golpes, y arrancándose los cabellos abrazó el cuerpo de Píramo: “¿Qué desgracia es la que te arranca de mi lado? ¡Píramo, responde! ¡Es tu amadísima Tisbe quien te llama! 136 ¡Escúchame, levanta tu rostro inerte!”. Al oír el nombre de Tisbe, Píramo entreabrió los ojos, sobre los que ya se posaba la muerte, y luego de mirarla los volvió a cerrar. Cuando Tisbe reconoció su velo y vio que la espada no estaba en la vaina de marfil, exclamó: “¡Tu propia mano y tu amor han acabado contigo, infeliz! Pero también yo tengo una mano firme, por lo menos para esto, y el amor que te tengo me dará fuerzas para herirme. Te seguiré en la muerte, y de mí, desdichada, dirán que fui causa y compañera de tu fin. Y tú, que solo habrías podido ser arrancado de mi lado con la muerte, tampoco en la muerte te separarás de mí. Pero quiero que vosotros, infelices padres míos y de Píramo, escuchéis este ruego que ambos os hacemos: no neguéis a quienes estuvieron unidos en un amor verdadero y en los últimos instantes de la vida el derecho a reposar en el mismo sepulcro. ¡Y tú, árbol que ahora recubres el infortunado cuerpo de uno, y que pronto recubrirás los cuerpos de ambos, conserva un testimonio de nuestra desgracia y ten siempre frutos oscuros, del negro color del luto, en recuerdo de la sangre que vertimos los dos!”. Así dijo, y colocando la espada bajo su pecho se dejó caer sobre el filo, que aún estaba caliente con la sangre del joven. Sus ruegos, sin embargo, conmovieron a los dioses y a sus padres: en efecto, el color de los frutos, cuando madura, sigue siendo negro, las cenizas de la pira en que los enamorados ardieron juntos reposa para siempre en una sola urna. Dato clave Un diagrama es un dibujo en el que se muestran las relaciones entre las diferentes partes de un conjunto o sistema. Disfruto la lectura Píramo y Tisbe, Jacopo Tintoretto (Venecia 1518 - 1594). • ¿Qué emociones te produjo este relato? • ¿Por qué crees que los padres se oponen al amor de los jóvenes? • Elabora en tu cuaderno un diagrama de la historia leída donde presentes: – Los personajes principales. – El lugar donde ocurre el relato. – El acontecimiento central de la historia. – El desenlace de esta. • ¿Qué significado tiene la palabra “tragedia” en este texto? 137