LA CONDENACION DE FAUSTO

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LA CONDENACION DE FAUSTO
HECTOR BERLIOZ (Francia, 1803 – 1869)
La Condenación De Fausto, leyenda dramática en cuatro actos y 10 cuadros de Héctor
Berlioz, compositor francés que vivió entre los años 1803 y 1869, sobre libreto propio y
de G. Almire Gandonnière.
La obra está basada en el Fausto de Goethe en la traducción francesa de Gèrald de
Nerval.
La primera representación de la obra – en forma de concierto – tuvo lugar en París, en la
Opera Cómica, en diciembre de 1846.
Antecedentes
La primera idea de Berlioz, de componer una obra musical sobre el Fausto de Goethe,
data de 1828, época de su pasión por la actriz shakespeariana Harriet Smithson, quien
luego se convertiría en su esposa. A la composición llegaría en 1845; un año después la
hizo representar con el título La Damnation De Faust. La respuesta del público ante el
estreno fue negativa; hubo una segunda representación con peores resultados que la
primera y Beriloz se encontró con una deuda de cerca de 10 mil francos. Aquel fracaso
llevó al compositor al borde de una gravísima crisis.
Algunos decenios más tarde, la obra tuvo un éxito increíble. La Damnation De Faust
nació como una sucesión de trozos sinfónico-vocales, y su primera ejecución se hizo en
forma de concierto.
Raoul Gunsbourg la adaptó al teatro en los años 80, con la eliminación de algunas
partes no fácilmente realizables en el escenario y mediante algunas alteraciones en el
orden de las escenas que posibilitaran la mejor comprensión del público. Así reformada,
después del estreno en Montecarlo, la ópera continuó cosechando éxitos.
Argumento
Primer Acto
En Hungría. Desde una terraza con ventanas, se ven campos floridos a un lado, y sobre
una colina, una fortaleza.
Al alba, Fausto – viejo filósofo oprimido por el peso de los años – asiste al despertar de
la aldea: odas y canciones de los campesinos, las marchas de los soldados que van a la
guerra (la famosa marcha Rakoczi). La visión de la vida que renace le hace sentir más
desconsolado aún.
Segundo Acto
Primera escena.- Cuarto de trabajo de Fausto, con gran chimenea ante la cual está
Mefistófeles en figura de perro barbudo.
De regreso a su casa, en Alemania, Fausto se esfuerza en vano, en hallar la fórmula de
la felicidad. Al no soportar más su vida solitaria, prefiere morir envenenado.
Cuando está a punto de llevar a cabo su intento, lo detiene el sonido de las campanas
que celebran la Pascua. En ese instante, Mefistófeles se le aparece ofreciéndole la
juventud y los placeres de la existencia.
Segunda escena. Fausto exige a Mefistófeles que haga efectiva sus promesas, por lo que
el demonio lo lleva a la taberna de Auerbach, en Leipzig, donde se ve entre la alegre
compañía de soldados y estudiantes. Pero, poco después, Fausto vuelve a sentirse presa
del hastío.
Tercera escena. Fausto, mágicamente rejuvenecido, es trasladado en sueños a un bosque
junto a orilla del río Elba, y – también en sueños – se le aparece Margarita, de quien se
enamora súbitamente.
Tercero Acto
La escena está dividida en dos partes: a un lado la habitación de Margarita, al otro una
calle. Ayudado por Mefistófeles, Fausto consigue entrar en la casa de la joven, quien,
mientras desarma sus trenzas, canta la balada del rey de Tule. Fausto le declara su amor
y la seduce. Pero pronto interviene Mefistófeles y se lleva a Fausto lejos de allí.
Cuarto Acto
Primera escena. Habitación de Margarita. Loca de amor, la joven llora la paz perdida, en
espera de Fausto, que la ha abandonado.
Escena segunda. Bosque y cavernas. El viejo filósofo se encuentra de nuevo cansado de
los placeres de la vida y pide a la Naturaleza que le dé paz.
Mefistófeles –temeroso de perder su alma– le advierte que Margarita está en peligro
porque –para esperarlo– le administra todas las noches un somnífero a su madre,
provocando su muerte lenta. La joven ha sido descubierta y habrán de juzgarla. Fausto
le suplica que la ayude y Mefistófeles acepta, pidiéndole a cambio, su alma.
En la tercera escena, Fausto y Mefistófeles –a caballo desde Vortez a Giaur – se lanzan
a una carrera infernal que los precipita al abismo.
Escena cuarta. En el Infierno. Mefistófeles, exultante, proclama su victoria ante los
príncipes de las tinieblas, mientras arrojan a Fausto a las llamas.
Escena quinta. Cielo y tierra. Margarita -quien ha aceptado su castigo arrepentida,
rechazando el auxilio de Mefistófeles– sube al cielo, entre coros de serafines que
glorifican a Dios, mientras que una fila de almas, le seca las lágrimas del rostro.
REPARTO
Fausto…………………………………………………………Kenneth Riegel, tenor
Mefistófeles……………………………………………………..José Van Dam, bajo
Margarita………………………………………………………Frederica Von Stade
Brander…………………………………………………………Malcolm King, bajo
Coro y orquesta sinfónica de Chicago, Coro De Niños Glen Ellyn, con dirección de
Georg Solti.
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