Notas al margen del imperialismo cultural ARMAND MATTELART SIEMPRE QUE me toca abordar el problema del llamado "imperialismo cultural", siento cierta aprensión porque se trata de una noción genérica, utilizada por lo general con un sentido demasiado poco definido. Cuando son los propios imperialistas quienes reconocen la existencia y la importancia de ese imperialismo cultural, la noción consigue salir de los límites en los que habitualmente se la encierra; pero, desde luego, esas ocasiones son muy raras pues normalmente niegan su existencia. Por otro lado, los imperialistas pueden llegar a reconocer la existencia de la agresión, pero sin asumir la que ellos mismos ejercen. Son capaces, incluso, de medir sus alcances, pero a condición de que quien la ejerza sea otra potencia dominante, no la propia. Nelson Rockefeller, encargado de asuntos interamericanos durante la Segunda Guerra Mundial, declaró en 1969 ante el Senado norteamericano: Pocas personas aquí presentes probablemente recuerden que los nazis ocupaban, en 1940, la posición dominante entre los militares de las repúblicas americanas fuera de los Estados Unidos, tanto en materia de entrenamiento y equipo como en materia ideológica, lo cual es mucho más importante.' 'Sesión del 20 de noviembre de 1969 del Subcomittee on Western Hemisphere Affairs of the Comittee on Foreign Relations ( Subcomisión sobre Asuntos Hemisféricos Occidentales, de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano.) Se puede situar hacia 1940 la toma de conciencia del conjunto de los organismos del gobierno norteamericano, sobre la necesidad de adoptar una visión estratégica para abordar la lucha ideológica y cultural en el plano internacional . En efecto , después de la Primera Guerra Mundial, los norteamericanos , en una posición aislacionista , desmantelaron los organismos de propaganda exterior que habían creado para luchar contra Alemania. La adopción de una estrategia ideológica se produjo al mismo tiempo que la de una estrategia de defensa global y los países de América Latina fueron sus primeras víctimas . La doctrina Monroe ( 1823) había tenido en cuenta, por cierto , la necesidad de impedir la ingerencia 7 En 1969, Rockefeller redactó su famoso informe, The Rockefeller Report on Life in the Americas, en el cual justificaba las prácticas de penetración ideológica y cultural de su país. Es sumamente útil comparar cierta forma de denuncia que allí aparecía con la celebración explícita de la influencia cultural de Estados Unidos que puede hallarse en el mismo documento. Al hablar de las barreras que protegen a los militares latinoamericanos de las amenazas revolucionarias, de cualquier potencia extracontinental en el hemisferio , en resguardo de la seguridad nacional de Estados Unidos . Sin embargo , sólo en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se aproximó a sus vecinos para constituir un sistema multilateral de defensa . Antes de esa fecha, las fuerzas armadas norteamericanas solamente mantenían relaciones permanentes con la marina del Brasil y del Perú , a través de una misión naval sostenida , según disposición especial del Senado norteamericano, no por Estados Unidos, sino por el país anfitrión . La primera misión militar norteamericana se instaló en Colombia en 1939 . La zona del Caribe y el Canal de Panamá habrá de gozar del triste privilegio de ser anexada desde principios de siglo al sistema de defensa de la metrópoli y esa alianza geográfica natural habrá de significarle una serie de expediciones punitivas en su contra. La correlación entre estrategia ideológica y estrategia militar queda perfectamente ilustrada por la teoría geopolítica que crea el concepto de "defensa hemisférica" ( hemisphere defense) y que apareció por primera vez en la obra de Nicolas John Spykman , America's strategy in world politics . The United States and the balance of poder, Nueva York, Harcourt Brace & World, 1942. En ese análisis , que resitúa el lugar de Estados Unidos con respecto al poder mundial , Spykman, antes de proponer medidas para reforzar la guerra ideológica, trata de caracterizar la complementariedad de la cultura latinoamericana y la anglosajona, de examinar las redes de influencia cultural de España, Francia y Gran Bretaña y se detiene sobre las grandes líneas de la ofensiva fascista en América Latina . Uno de los testimonios más esclarecedores para entender la historia del imperialismo cultural de Estados Unidos es, sin ninguna duda , aquel donde Spykman relata las acciones emprendidas por su país en el frente cultural , para enfrentar la propaganda y la ideología nazis en el subcontinente. Citemos un amplio fragmento: ... el presidente Roosevelt creó un organismo para la Coordinación de las Relaciones Comerciales y Culturales entre las repúblicas americanas . El nuevo director reunió a su alrededor a un grupo de vigorosos empresarios , jóvenes y enérgicos, expertos en "relaciones públicas ", y empezó a estudiar nuevas formas de acercamiento que tuvieran el atractivo de la propaganda y la convicción del dinero . Gran importancia se concedió al mejoramiento de los transportes y las comunicaciones , al estímulo del turismo y al desarrollo de un servicio de inteligencia comercial. El gobierno y la empresa privada se lanzaron a la nueva campaña con fervor y entusiasmo, como si se tratara de una cruzada religiosa . Latinoamérica estaba de moda; más aún : era una "misión". Las compañías radiodifusoras aceptaron el desafío alemán y suministraron a las repúblicas del sur un flujo constante de noticias y entretenimientos . Las grandes agencias de noticias hicieron esfuerzos' especiales para dar a la prensa latinoamericana una información más adecuada sobre América del Norte. Time publicó una edición aérea especial para ser distribuida al sur del Río Grande y el Reader's Digest apareció en traducción española . La industria cinematográfica decidió jubilar a sus villanos latinoamericanos y seleccionó sus gigolos en Lusitania y Ruritania, los únicos países que ano habían presentado protestas diplomáticas por los ataques de Hollywood contra el carácter nacional. El acercamiento cultural avanza a todo vapor , por lo menos en América del Norte . El modelo creado inicialmente por los líderes del movimiento panhispanista, ha sido adoptado por nosotros y ampliado hasta darle vastas dimensiones . Rotarios, Leones y Kiwanis , almuerzan con acompañamiento de discursos sobre la economía brasileña. En los clubes femeninos del país se reúnen las mujeres a tejer para 8 Rockefeller señalaba el carácter beneficioso que tenían los planes de asistencia norteamericana a las fuerzas armadas: un contacto con los objetivos fundamentales del modo de vida norteamericano que la mayoría de los militares de las naciones latinoamericanas pueden establecer, a través de los programas de entrenamiento militar que los Estados Unidos dirigen tanto en Panamá, como en su propio país. Nada más lógico que esta aparente contradicción. ¿No es acaso la definición misma del imperialismo creer en la universalidad de sus valores e imponer, como si correspondieran a la evolución natural y correcta de las cosas, modelos que destruyen sistemáticamente la identidad y la vitalidad cultural de los pueblos, haciendo penetrar insidiosamente un modo particular de concebir la vida? Sólo quedaba esperar las pruebas en contra de sus adversarios... Un primer peligro acecha a los análisis del imperialismo y, más en particular, del imperialismo cultural e ideológico. Sin querer, muchos consagran y, de hecho, convalidan, el mito de su omnipotencia y omnisciencia. Los estudios críticos del imperialismo a veces suelen ser víctimas de una especie de "contrafascinación" del poder. Los productos culturales que se bombardean desde las metrópolis son tantos que, en principio, deberían ahogar cualquier resistencia posible. Si de algunas denuncias e, incluso, de ciertos análisis se desprende esa visión casi apocalíptica es porque el imperialismo es tratado como un deux ex machina. Fórmula cómoda, en la medida en que puede servir para explicar, incorrectamente, el fracaso de ciertas estrategias para enfrentar al imperialismo, del tipo: "El enemigo era tan fuerte que resultaba invencible". Los bombardeos se realizan siempre en contra de un actor social. Los procesos, cuando se consideran al margen de las condiciones concretas de las luchas sociales, los soldados británicos y a oír conferencias que las hacen suspirar por el hambre cultural de los indios peruanos . Las escuelas nocturnas, en todo el país, llenan sus cursos de personas interesadas en aprender el español . Las universidades progresistas han aumentado sus cursos sobre América Latina y organizan anualmente por lo menos un ciclo especializado en problemas sudamericanos. Si los lazos de cooperación con nuestros vecinos latinos dependieran de la apreciación popular de la rumba en los Estados Unidos, el futuro sería indudablemente brillante. El capítulo del que hemos extraído este párrafo lleva como epígrafe la célebre frase de Hitler: El fuego concentrado de artillería, en un ataque de infantería, será reemplazado en el futuro por la propaganda revolucionaria , cuya tarea consiste en quebrar psicológicamente al enemigo, antes de que los ejércitos entren en acción. La industria de la cultura norteamericana daba, en efecto , un paso decisivo en el proceso de internacionalización . Lo hacía con un objetivo loable: la lucha contra el totalitarismo nazi . Lo que al principio parecía una iniciativa de liberación de los pueblos, se transformó, con el ascenso de las grandes empresas multinacionales y los cambios del Estado imperialista , en un movimiento que habría de conspirar contra la identidad cultural de los pueblos y sus procesos de liberación. 9 sin un análisis de clases, crean necesariamente la impresión de que el avance victorioso del enemigo es fatal . ¿ Cómo precaverse contra tales errores de análisis? Una primera medida terapéutica consiste en evitar confundir la lógica de la supervivencia del capitalismo con la ineluctabilidad de sus triunfos. El proceso de acumulación de capital requiere de formas cada vez más perfeccionadas de control social y de modalidades cada vez más totalitarias. El objetivo de lo que se llama "imperialismo cultural" es contribuir a la creación de un modelo de ciudadano que sea apropiado a la era del capitalismo . El refuerzo de los instrumentos de dominación cultural, que algunos interpretan como un signo de salud del capitalismo, pone también de manifiesto sus intentos por dar respuesta a una situación de crisis en la cual la obtención de beneficios tiene que enfrentarse, cada vez más, con el escollo del ascenso de las luchas sociales. No hay que confundir el ciclo inexorable de la expansión del capital creado por el proceso de acumulación y la necesidad de obtener beneficios, con la imagen abrumadora de su marcha triunfalista. Una segunda medida terapéutica consiste en volver a una perspectiva aparentemente elemental y situar al imperialismo y su acción en el juego de las distintas relaciones de fuerzas. El imperialismo sólo puede actuar en la medida en que es parte integrante del movimiento de las fuerzas sociales nacionales. En otros términos, las fuerzas externas no pueden introducirse y ejercer su acción deletérea en una nación sin la mediación de las fuerzas internas; solas no podrían desempeñar un papel decisivo. Plantear el problema del imperialismo es, pues, plantear también el problema de las clases que le sirven de sostén en las diversas naciones y, al mismo tiempo, sopesar la relación de las clases dominantes con, la metrópoli, su grado de dependencia respecto de la potencia hegemónica. En estos tiempos en que florecen las denuncias sobre empresas multinacionales, es urgente interrogarse acerca de la noción de "cultura nacional", esa cultura que, como señalaba Lenin, es elaborada y administrada por las clases dominantes de cada nación. Estas precauciones nos evitarían asimilar realidades tan diferentes como la francesa y la brasileña, por ejemplo, frente a la hegemonía norteamericana, y recuperar la especificidad del compromiso imperialista con las diversas burguesías locales. Tal enfoque tiene el mérito de reconciliar el estudio del macrosistema multinacional que domina las relaciones entre las naciones, con el de las distintas realidades nacionales donde, a través de relaciones de clase específicas, y en una situación determinada de las fuerzas productivas, se manejan las alternativas de lucha contra el poder imperialista. Muchos autores, tal vez sin proponérselo, tienen una excesiva tendencia a considerar la empresa multinacional corno una entelequia, cuando en realidad se trata de un producto histórico, en igual medida que la formación social de la que emerge o en la que habrá de implantarse. Gramsci, quien no llegó a conocer la ubicuidad de esas unidades principales del capital, tuvo sin embargo la necesidad de interrogarse sobre la combinación de las fuerzas nacionales e internacionales. De un trabajo que resulta esclarecedor 10 para el análisis de las situaciones políticas y en el que expone el concepto de relaciones de fuerzas, extraemos el siguiente párrafo, que nos parece instructivo: Es preciso tener en cuenta que las relaciones internas de un Estado se entrecruzan con las relaciones internacionales , creando nuevas combinaciones originales e históricamente válidas. Una ideología nace en un país desarrollado, se difunde en los países menos desarrollados y tiene incidencia en el juego de combinaciones local. Esa correlación entre las fuerzas internacionales y las fuerzas nacionales se complica aún más porque en el interior de cada Estado existen divisiones territoriales , con diferentes estructuras y distintas relaciones de fuerzas en todos los niveles (por ejemplo , la Vendée era aliada de las fuerzas internacionales reaccionarias y las representaba en el seno de la unidad territorial francesa y, en cuanto a Lyon, representaba durante la revolución un nudo particular de relaciones). Para ilustrar el influjo de un país desarrollado en otro, menos desarrollado, Gramsci toma el ejemplo de los circuitos de transmisión ideológica, que tenía a su alcance, en una época en que aún no se conocía la internacionalización de la industria cultural: La religión, por ejemplo, ha sido siempre una fuente de estas combinaciones ideológico-políticas nacionales e internacionales y, con la religión, también de Francmasonería, el Rotary Club, los judíos, la diplomacia de carrera, formaciones internacionales todas que sugieren soluciones políticas de diversos orígenes históricos y las aplican en determinados países, funcionando como partido político internacional (el subrayado es mío, para señalar una noción interesante que sería necesario retomar *) que actúa en cada nación y pone en movimiento todas sus fuerzas internacionales concentradas. Una religión, la Francmasonería, el Rotary, los judíos, etcétera, pueden incluirse en la categoría "intelectuales" cuya función, a escala internacional, es actuar como mediadores entre los extremos; una función de "socialización" de los recursos técnicos que permite que las actividades de dirección se ejerzan para lograr un equilibrio de los compromisos y encontrar salidas intermedias entre soluciones extremas.' Para llevar hasta sus últimas consecuencias este análisis que sitúa al imperialismo y su acción en el juego de distintas relaciones de fuerza, habría que plantear también el problema de los niveles de conciencia que se le enfrentan en una realidad determinada, es decir, el problema de las culturas populares o de las culturas de liberación nacional de que se nutren las respuestas a la agresión y cuya dinámica es inexorable: la del ascenso revolucionario, que Rosa Luxemburgo contraponía a la necesidad, igualmente inexorable, de la acumulación del capital. La existencia de mediaciones propias de cada sociedad, de cada formación social, y el carácter de esas mediaciones, crean un paisaje muy variado de * Nota del autor. 2 Véase el texto de Gramsci incluido en la ántología de su obra , ordenada por Manuel Sacristán: Antología , Siglo XXI, Madrid , 1974, pp. 415-416. 11 entrecruzamientos con el imperialismo. En los países latinoamericanos, donde las burguesías monopolistas están unidas a la metrópoli desde sus orígenes mismos por un cordón umbilical, los indicios de la penetración cultural se manifiestan abiertamente, en todas las zonas y en todos los rincones de la sociedad. Dependencia excesiva de las grandes agencias internacionales de prensa, principalmente norteamericanas (uPI, AP) que pasan a ser los canales exclusivos de recepción de la información mundial; dependencia excesiva de los programas de televisión importados que, en ciertos países, como la República Dominicana, representan más del 60% de la programación; sometimiento a los planes de asistencia en materia de educación superior, a los planes de formación sindical organizados bajo el patrocinio de las multinacionales y del Estado norteamericano; y tantos otros indicios, coronados por esa "suma" de la dependencia cultural e ideológica (tomemos como testigo a Rockefeller) : los planes de asistencia del Pentágono a las fuerzas armadas y las policías latinoamericanas, un aspecto muy poco subrayado en los textos que denuncian el "imperialismo cultural". Sin embargo ¿no es acaso fundamental esa dependencia en las naciones periféricas, donde llega incluso a provocar la aparición de nuevos Estados, los Estados militares y, en esos Estados, nuevos aparatos de dominación cultural? El efecto ideológico y práctico de esas relaciones permanentes fue señalado con precisión por el general Prats, ministro de defensa de Salvador Allende. En su diario --publicado después del atentado que provocó su muerte en la Argentina, en septiembre de 1974-, con fecha 19 de noviembre de 1973, Prats escribe: Para el común de los soldados chilenos siempre ha estado claro que las fuerzas armadas de Chile tienen dos enemigos potenciales : el exterior y el interior. Si en el primer caso ha estado claro unánimemente para ellos que los enemigos externos potenciales son el Perú , Bolivia y Argentina, en el segundo caso ha existido un concepto más abstracto. En relación ;al enemigo interno, ha ido predominando en forma creciente el concepto adquirido por los que han pasado por los cursos de la Escuela de las Américas y otros organizados por el Pentágono . En 1973 había ya en el ejército chileno más de 3 mil egresados de estos cursos . Muchos de ellos respondiendo a los estereotipos y reflejos que en esos cursos les inculcaron, creyendo liberar a la nación del " enemigo interior", han cometido un crimen que sólo puede explicarse por su ingenuidad , su ignorancia y su miopía política.3 La observación del general Prats tiene mucho en común con 1 :1 de otro militar chileno, el general Carlos Sáez, -formado por oficiales prusianos desde la década de 1890 y marcado por lo que él mismo llamaba "proceso de germanización" del ejército chileno-, quien publicó en. 1934 sus memorias de soldado. Su evocación es muy ilustrativa porque permite ver la sedimentación de las diversas capas que componen la ideología de la dependencia , en una zona determinada de la realidad : 3 General Carlos Prats, Una vida por la legalidad , México, Fondo de Cultura Económica, 1977, p. 107. 12 En aquellos años no existía un reglamento tan completo como el que posee hoy en día el ejército. Teníamos apenas unos libritos, pero no verdaderos reglamentos. El manual del mando de tropa, traducido del alemán; la táctica de Letow Vorback y el curso de táctica de Meckel, igualmente traducidos del alemán, eran sin duda los textos más importantes a disposición de un oficial para perfeccionar sus conocimientos tácticos (...) . Si la literatura profesional era escasa, en cambio, el espíritu de trabajo que reinaba en el ejército, sostenido por una sana emulación, era admirable. En el interior de cada unidad, los oficiales trabajaban con mucho celo, con la esperanza de lograr, como recompensa, un viaje a Europa, aspiración suprema de todos los jóvenes oficiales (...) . En nuestro deseo de imitar al ejército alemán, un buen día decidimos adoptar su uniforme. La Escuela Militar dio el ejemplo. En 1899, si la memoria no me falla, se presentó por primera vez con su nuevo y brillante uniforme: casco prusiano, chaqueta azul y pantalón negro. Unos años más tarde, hacia 1904, ese uniforme se extendió a todo el ejército: de ese modo nos transformamos en soldados prusianos. Sin embargo, en las filas del ejército chileno ya había por entonces oficiales que cuestionaban esa importación de un modo de organización del poder. El general de marras, sin duda oficial joven en esa época, era uno de los más recalcitrantes : Por nuestro deseo de imitar -criticaba en un artículo publicado en un periódico de provincia- dimos crédito natural a los reglamentos, a los métodos de instrucción y a las costumbres militares del ejército germánico, pero quisimos ir más lejos aún, convirtiendo a nuestros soldados, quienes no tienen nada de alemán, en militares prusianos de un nuevo estilo 4 Más allá de los uniformes y de los manuales, el ejército prusiano entronizaba su concepción del Estado Mayor, su concepto de las relaciones verticales entre la tropa y los oficiales, su criterio de división de las regiones militares; mientras tanto, la industria Krupp vendía sus municiones y sus cañones. Los planes de asistencia militar siempre han sido la vanguardia del acercamiento cultural imperialista a las naciones. A partir de 1956, se eliminó el inglés, en beneficio de las lenguas ibéricas, de toda la instrucción que se impartía en las escuelas de la zona del Canal de Panamá. Se puso especial cuidado en la redacción de los manuales y en los materiales de enseñanza. Todos los años se traducen de 25 mil a 30 mil páginas del inglés al español en esas escuelas. La famosa revista del Estado Mayor norteamericano (con sede en Fort Leavenworth y uno de los centros más importantes de formación de oficiales del subcontinente) Military Review, "multinacionalizó" sus ediciones mucho antes que lo hicieran las revistas norteamericanas "civiles" y, significativamente, al mismo tiempo que la más multinacional de las publicaciones, el Reader's Digest. En 1970, la Military Review celebró el 25 aniversario de sus ediciones en portugués y español para América Latina . Los militares franceses , alemanes, italianos, no disfrutan de las 4 General Carlos Sáez M., Recuerdos de un soldado. El ejército y la Política, Santiago de Chile, Ercilla, 1934, pp. 24-26. 13 mismas prerrogativas y para estar al día en los últimos avances del pensamiento militar norteamericano, tienen que conocer el inglés. Todos estos elementos nos muestran, precisamente, el grado de diferenciación de las modalidades de penetración del imperialismo en los países europeos, a través de sistemas de alianzas más complejos como la OTAN y sus sucursales. Sin embargo, la mayor parte de los ejércitos occidentales se abastecen de tanques norteamericanos, utilizan cohetes y vuelan en cazas bombarderos de la General Dynamics. En 1975, el 60% de los materiales aeronáuticos militares utilizados en la República Federal Alemana eran de origen norteamericano. En Bélgica y en Dinamarca, esa proporción ascendía a más del 65%; en los Países Bajos, a más del 75%. Francia y el Reino Unido, eran los más privilegiados: 7% en Francia y 31% en el Reino Unido.,' Los índices que se publican y llegan, por lo tanto, a la opinión pública, son menos estentóreos y evidentes que los datos que aporta la realidad en los países del Tercer Mundo. La proporción de programas de origen norteamericano en los canales de la televisión francesa, por ejemplo, no sobrepasa el 18%, un porcentaje ínfimo si se lo compara con el de Corea del Sur, donde más del 90% de los programas llevan ese sello. Es preciso señalar, sin embargo, que el margen consagrado a programas de origen norteamericano aumentó notablemente en Francia desde hace algún tiempo: en el canal principal pasó del 10.4% en 1974 al 17.4% en 1976, como resultado de la privatización y "modernización" de la antigua ORTF.6 Pero, no obstante, en ningún país europeo las fundaciones norteamericanas se introdujeron de manera tan escandalosa como en Chile en 1965, a través de planes de espionaje presentados como "sociológicos": el Plan Camelot. El hecho de que los índices sean menos visibles -aunque pasearse por un país como Bélgica sea más o menos lo mismo que pasearse por una parodia de los suburbios norteamericanos y aunque en todos los países europeos, con excepción de Francia, las cinco mayores agencias de publicidad sean filiales de las cinco mayores agencias norteamericanas- hace que en muchos sectores de la opinión pública la gente se ría cuando se habla de imperialismo y, sobre todo, de imperialismo cultural o acuse, a quien habla del tema, de querer "tercermundizar" al viejo continente, al que le concede todavía capacidad de resistencia. Si bien es difícil para una nación hacer abstracción de su pasado de nación hegemónica, el escepticismo de quienes se atreven a reír, podría explicarse sin duda por el hecho de que nunca sintieron el imperialismo en su carne, pero también por el hecho de que "América" es todavía para muchos ciudadanos de Europa, la América de la Liberación, la América del Plan Marshall. Por otro lado, las alianzas socialdemócratas que tratan de imponerse no, favorecen especialmente una mirada crítica sobre la metrópoli norteamericana. Y, en cierto sentido, es comprensible que algunos se rían. La idea de un imperialismo monolítico, triunfalista, que aplasta todas las diferencias y homogeneiza todas las 5Industrie et Société , núm. 14 , París, 1975. 6 Radiodiffusion et Telévision, Núm. 2530 , 12 oct . 1976, Informe de la "Commission des affaires culturelles , familiales et sociales ", Assemblée Nationale. 14 culturas, puede provocar un rechazo legítimo. Hay que destruir la idea de un imperialismo que penetra de manera uniforme en los diferentes sectores de una sociedad y reemplazarla por la exigencia de un análisis que trate de ver a favor de qué medio en particular se ejerce la penetración. Desde este punto de vista, estaríamos incluso autorizados a hablar de "frentes clandestinos". Hay, en efecto, terrenos menos firmes que otros. Pero hay otros que oponen ya sea una resistencia pasiva a un modelo de "modernización" o bien una resistencia activa, una movilización antiimperialista. ¿Cómo identificar, a grandes rasgos, los terrenos más aptos? Si partimos de un análisis elemental de la clase dominante, advertimos que el territorio más colonizado no es aquel donde todavía existe la mediación de los intelectuales o de los creadores liberales, progresistas y críticos, por lo general activos en ciertos medios de comunicación, y donde las luchas sindicales asumen la defensa de los intereses de los trabajadores, aun cuando a veces lo hagan desde una perspectiva corporativista. Por el contrario, los territorios favorables donde la penetración puede llegar a ser estridente, sin provocar no obstante el escándalo, son los que circundan el proyecto de las burguesías monopolistas. Los ejemplos abundan, pero uno solo puede resumirlos e ilustrarlos gráficamente. En 1968 se produce en todo el mundo una irrupción de cadenas de hoteles y de restaurantes de factura norteamericana: 50 hoteles Holiday Inn, en 1958; 1 000, en 1968; 1 700, en 1977. Esa curva ascendente se estabilizó con la crisis. Holiday Inn había previsto 4 mil hoteles en 1977. Pero, aparte de la crisis, otros factores gravitaron en esa detención. El presidente de la cadena, Howard B. Johnson, lo confesó sin rodeos al corresponsal de la revista Business Week: "Estamos demasiado norteamericanizados para desparramar nuestros moteles en Europa. Los europeos tienen otras actitudes respecto de la alimentación y de los viajes" (en La Physiologie du Gout, Brillat-Savarin escribía, en 1826: "El destino de las naciones depende de la manera en que se alimentan"). "Construiremos una nueva cadena de moteles de un estilo más europeo",7 concluyó el empresario, quien, al fijarse como objetivo para el futuro la búsqueda de resquicios por dónde introducirse, comprobaba que el mundo de los viajes de negocios (business travels) ofrecía posibilidades para una penetración masiva. Aconsejaba, por lo tanto, instalar zonas hoteleras alrededor de los aeropuertos, en los centros comerciales y abandonar la idea de sembrar hoteles por cualquier parte, destinados a cualquier clientela. La imagen traduce perfectamente hasta qué punto las cadenas son los enclaves privilegiados de la penetración. Esos enclaves vienen a ser todas. las expresiones de la cultura del business y del management cuyo arquetipo más elocuente es la revista económica, órgano de expresión de la ideología empresaria. El creador francés de una de esas revistas, cortadas todas según el molde del Business Week, declaraba recientemente: "Queremos hacer un Business Week a la francesa, porque cuando hay un buen modelo 7 "Europe : more and more modeis in a confused market ", in Business Week, mayo de 1974, p. 36. 15 no hay razón para que no nos inspiremos en él" .8 En ese campo los ejemplos son múltiples. El género remite mucho más fielmente a su modelo de origen que las llamadas revistas de actualidad las cuales, inspiradas sin duda en los modelos lanzados por los norteamericanos, conservan, a pesar de todo, cierta globalidad autóctona.9 Los resultados de la investigación científica, de los que dan cuenta las editoriales dedicadas a ese tipo de publicaciones, son otros tantos enclaves de penetración. En los medios de la ciencia en Francia, la alarma ha comenzado a sonar. En un informe sobre la situación actual de las ediciones científicas se lee: Las ediciones científicas francesas, del mismo modo que la investigación, han sido sacrificadas voluntariamente. Un alto funcionario llegó incluso a declarar que bastaría con abonarse a las revistas científicas norteamericanas para evitar una investigación científica costosa... Sin embargo, muchas publicaciones francesas, ahora relegadas al olvido y consideradas insignificantes, estuvieron en la punta del combate científico durante más de medio siglo. Gran número de trabajos actuales se apoyan en los descubrimientos que recogían esas revistas... La práctica del lenguaje científico, ligada al trabajo de investigación, encierra una dinámica que conduce al nacimiento de términos y de conceptos nuevos, a veces difíciles de ser traducidos o trasladados a otra lengua. De tal modo, el imperialismo político y económico de los Estados Unidos, poco a poco, vendrá acompañado de un imperialismo intelectual cada vez más vigoroso.10 s En Stratégies, París, 16-29 de junio de 1975. 9 Pero en esto tampoco hay que equivocarse. Muchos sectores de la vida cultural, que no pertenecen necesariamente a la cultura del business, han sido invadidos por la manera norteamericana de concebir su producción. Allí también se constituyen puestos de avanzada de la penetración cultural . Es el caso, en Francia, de la editorial Robert Laffont cuyo dueño fue parcialmente , durante mucho tiempo, la editorial Time-Life, y de otras editoriales más pequeñas que lograron un lugar al sol introduciendo grandes best-sellers norteamericanos. Uno de esos editores llegó a confesar , por otro lado con mucha crudeza„ la seducción que ejercía sobre el estilo norteamericano: El realismo concreto que encontré en los Estados Unidos fue importante para mí. Los franceses a menudo parecen tener vergüenza de hacer negocios . Nosotros tenemos ideas, somos literarios . Allá, se habla del book business. La diferencia es fundamental. Yo quiero ser un editor norteamericano. ("Small houses, big books", de Herbert R. Lottman , in Publishers Weekly„ 7 de junio y 20 de septiembre de 1976 ). Por otro lado, el proceso de internacionalización de la producción cultural , particularmente el de la edición , es un factor de gran importancia que estimula la adopción del estilo y aun de la lengua norteamericana . El director del monopolio Hachette, acusado de "des-francesas" sus ediciones ( el 40% de las producciones de Hachette son en otro idioma ) se defendía de esta manera: No somos traidores al idioma francés por ello . Si nuestra intención es apoyar las publicaciones francesas, lo haremos mejor y con más éxito si logramos crear una red de distribución poderosa y, para desarrollarla y mantenerla, hay que incluir también material en inglés y en español. (H. Lottman, "Hachette defines its worldwide intentions", in Publishers Weekly, 30 de septiembre de 1974). 10 Pierre Sartor, L'édition scientifique", en La vio de la recherche scientifique , diciembre de 1976. 16 El hecho de que la investigación haya sido entregada a las sociedades nacionales y multinacionales, tiene mucho que ver en el asunto . En junio de 1977, la célebre revista norteamericana de divulgación científica, Scientific American, anunció su aparición en idioma francés para el mes de noviembre de ese mismo año. El título que adoptó para esa versión francesa, Pour la Science (Por la Ciencia), borró completamente la marca de fábrica que traía. Pero, más allá de estos indicios palpables que se materializan en revistas u otros productos audiovisuales, existe la penetración del modelo de la tecnología norteamericana. La ITT puede revender sus filiales en Francia porque teme el ascenso de la Unión de la izquierda, pero no por eso pierde el control teledirigido del modelo de relaciones sociales al cual, de hecho, le corresponde una determinada tecnología. Dentro del campo más preciso que nos ocupa, el de la cultura y la información, citemos un ejemplo de dependencia respecto de la tecnología norteamericana: la informática económica. La supremacía norteamericana sobre los bancos de datos ha comenzado a suscitar reacciones de inquietud. El control que ejercen las sociedades norteamericanas de los instrumentos y de los datos, ¿no puede conducir a imponer hipótesis, razonamientos, resultados y, en consecuencia, indirectamente, opciones? Las economías europeas, la economía francesa, ¿no están acaso en condiciones de disponer de instrumentos, para tomar decisiones y definir por lo tanto su futuro, que hayan sido concebidos y producidos bajo su responsabilidad?.11 Poco a poco, toda la informática económica, en el sentido amplio del término, depende de los fabricantes de la alta tecnología norteamericana, quienes tienen la hegemonía en materia de piezas de electrónica, telecomunicaciones y aeronáutica. De esa realidad de los países industrializados hay que sacar una lección práctica y útil para la lucha antiimperialista; una lección que habrá que incorporar a la que surge de las luchas de las naciones periféricas. No es tanto sobre las marcas visibles o sobre la circulación más o menos densa de productos surgidos en otra parte que hay que detenerse, sino más bien sobre los modelos que establecen la referencia de lo que es "moderno" y cuya penetración es sutil porque se ejerce a través de agentes que no son necesariamente cómplices conscientes. Estamos en una fase suprema del imperialismo en la que se instauran sistemas, modos de organización del poder. En esa fase, incluso, el imperialismo es perfectamente capaz, según las condiciones de la relación de fuerzas nacional e internacional, de "nacionalizar" sus vehículos de invasión.12 11 Jean Michel Quatrepoint, "La domination américaine sur l'informatique économique est de plus en plus nette", Le Afonde, 11 de junio de 1977. 12 Un modelo de "nacionalización" de las producciones norteamericanas es el de las series tele-edu.lcativas, del tipo Sesame Street ( Plaza Sésamo). Véase Edward L. Palmer, Milton Chen y Gerald S. Lesser , Réponses aux requetes pour présenter Sesame Street a 1'étranger. Suggestions pour 1 ' adaptation internationale , Children' s Television Workshop, Harvard University. Sobre el proceso de "nacionalización" de las historietas , véase David Kunzle, Introducción a Hozo to read Donald Duck , de A. Dorfman y A. Mattelart, Nueva York, International General, 1975. 17 Hay que luchar también contra la noción de "planetarización" de las culturas que impide ver, como si se antepusiera una pantalla, las especificidades nacionales, cuya importancia es indudable. De lo contrario, podríamos caer en una visión del imperialismo que lo compara con las invasiones a sangre y fuego de Atila. Insistir sobre la realidad del imperialismo norteamericano, no debería hacernos olvidar la existencia de imperialismos secundarios que, en su momento, fueron hegemónicos. Francia en África, por ejemplo, donde la penetración no se limita a la exportación de material escolar o material de televisión, sino que va mucho más lejos. En algunos países, el imperialismo francés tiene alcances, de franca intervención militar, sin contar la potencia de sus empresas industriales. El Chad sería uno de los ejemplos más contundentes en el plano militar; Costa de Marfil, donde más del 40% del capital industrial está en manos de firmas francesas, en el empresarial. Fuera de los cotos de caza que le tocaron en el reparto del poder mundial, el imperialismo francés sirve de intermediario a los productos de cultura de masa provenientes de Estados Unidos. Lo que triunfa, en Nueva York, se impone en París, en Río de Janeiro o en Tokio. La dictadura de las encuestas de opinión decide la suerte de los programas en las pantallas norteamericanas . Por ejemplo, tres de las diez nuevas series que lanzaron los canales neoyorquinos en septiembre de 1975, se habían esfumado antes de la primavera siguiente. La selección que efectúa cada canal de televisión en los países compradores se pliega a esta dinámica que dictan los "aplausómetros" de la metrópoli. La selección de los programas que realizan los canales franceses y su adaptación (a cargo de empresas que se ocupan del doblaje, contratadas por las filiales de las compañías norteamericanas) constituyen, a su vez, estaciones intermedias de la dominación que habrá de ejercerse sobre otros países francófonos. El mismo análisis puede hacerse respecto del imperialismo británico en el continente asiático, del japonés o del alemán, cuyo resurgimiento como "brazo izquierdo" del imperialismo norteamericano, debería ser motivo de inquietud: recientemente, en Portugal, la socialdemocracia de Bonn tomó el relevo del imperialismo y cumplió, precisamente, ese papel. En el análisis de la exportación masiva de productos culturales, sin recurrir a una expresión drástica como "imperialismo secundario", habría que considerar el caso de países como México, Egipto, Italia o la India, todos, en distintos niveles, centros productores de las matrices de melodramas presuntamente populares. A fuerza de pensar que el imperialismo norteamericano tiene todas las iniciativas y elabora todos los productos, en todos los ámbitos, hemos terminado por olvidar que, en continentes enteros, las producciones locales participan plenamente en el fenómeno de la aculturación. Habría que recorrer el itinerario de las producciones mexicanas que en los años 40, apoyadas por Hollywood, empezaron a tener una difusión masiva en el continente latinoamericano, barriendo las expresiones de las cinematografías nacionales. La historia del cine argentino registra, al mismo tiempo que la marca del llamado star system, la influencia de esa versión criolla 18 de Hollywood.13 El hecho de que ciertas telenovelas producidas en muchos países latinoamericanos lleguen a representar una competencia en la pantalla chica, debe ser interpretado como la prueba misma de la existencia y la gravitación de los colonialismos internos. Hemos reconocido la importancia de estudiar las alianzas de clase que establece el imperialismo, alianzas que anuda allí donde aterriza. Pero ahora es necesario pasar por el tamiz del análisis esas pistas de aterrizaje y ver sobre el terreno hasta qué punto la composición de clases y la evolución histórica de las metrópolis le han infundido, en el transcurso del tiempo, otro contenido, cuando no en una naturaleza diferente. Y caemos, de inmediato, en una paradoja: el imperialismo tiene una edad y, al mismo tiempo, no la tiene. No tiene edad en la medida en que las prácticas, mancilladas de barbarie, que permitieron el exterminio de poblaciones indígenas hace tres siglos, siguen siendo las mismas que ahora llevan al genocidio de las clases obreras y campesinas. Como señaló René Zavaleta Mercado, historiador boliviano que vivió el golpe de Estado en Chile, los militares de Pinochet (alimentados por la ayuda norteamericana celebrada por Rockefeller y denunciada por Prats) trataron a los obreros de Chile como Valdivia a los mapuches y el hecho de que, en nombre de la justicia de Dios, quemaran a la vez los cuerpos de los extranjeros (en septiembre, la xenofobia era un rito), mostraba hasta qué punto miraban a los obreros de Chile, a los rotos, como a extranjeros mismos. Eran, en efecto, de algún modo los obreros marxistas de la Unidad Popular, extranjeros con relación a la paradójica historia oligárquica de Chile.14 A pesar de la recurrencia de sus prácticas, el imperialismo cultural cambió profundamente. El salto cualitativo más importante pudo verificarse en los últimos quince años y es por eso que utilizamos con alguna reticencia la idea, demasiado monolítica, de "imperialismo cultural". En primer lugar, habría que extenderse sobre el sentido y los límites de lo "cultural". En la época de la colonización, a pesar de la presencia del maestro, del soldado y del colono, -los tres "representantes de esa obra patriótica", detrás de quienes ineluctablemente venían el comerciante y el misionero- en la vida cotidiana, los súbditos del imperio podían cultivar cierto patrimonio, ciertas tradiciones propias, no obstante la política de asimilación administrativa, lingüística y educativa de que eran objeto. El líder revolucionario Amílcar Cabral, antes de su muerte, se refirió a los límites que tenían que enfrentar las políticas coloniales, rebelándose contra esas generalizaciones apresuradas que ignoran o descuidan un aspecto esencial del problema: el carácter indestructible de la re13 Véase José Agustín Mahieu, Breve historia del cine argentino , Editorial Universitaria de Buenos Aires ( EUDEBA ), 1966. Sobre la formación del cine egipcio , véase la tesis de Yves Thoraval, Regards sur le cinéma égyptian , Beirut , Líbano, Publications du centre culturel universitaire , Dar El - Machreq Editores , 1977. Sobre el cine mexicano, Emilio García Riera , Historia documental del cine mexicano, México , Ediciones Era, 8 tomos. 14 René Zavaleta Mercado , El poder dual, México , Editorial Siglo XXI, 1973, p. 251. 19 sistencia cultural de las masas populares contra las normas extranjeras. Por su parte, el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini, al reflexionar a partir de la situación en Italia sobre las nuevas modalidades de la colonización, comprobaba las profundas diferencias que separan a las dos fases de la agresión cultural. Sin ninguna duda -escribía en diciembre de 1973, en una de sus colaboraciones periódicas aparecidas en los diarios de Roma- la televisión es autoritaria y represiva, tal vez como jamás lo ha sido ningún otro medio en el mundo; comparativamente, el diario fascista y las inscripciones mussolinistas en las granjas, hacen reír, dolorosamente, como nos hace reír ver el arado junto al tractor. El fascismo, y no me canso de repetirlo, ni siquiera dejó un rasguño en el alma del pueblo italiano, mientras que el nuevo fascismo, gracias a los medios de comunicación y de información modernos (sobre todo, precisamente, a la televisión) no solamente lo han marcado, sino lacerado, violado, mancillado para siempre.. .15 Podemos no estar de acuerdo con Pier Paolo Pasolini cuando utiliza el término "fascismo" para caracterizar la situación actual; pero hay que reconocer que, bajo la aureola apocalíptica de sus fórmulas, logra subrayar, y con qué lucidez, el salto cualitativo que separa dos formas de control ideológico y cultural, dos fases del capitalismo: una, desaforada, "monumental", pero que en realidad exige, sobre todo, la adhesión de las palabras y, por lo tanto, más superficial, menos interiorizada; la otra, por el contrario, exige y provoca una adhesión incondicional, interiorizada en un modelo de vida cotidiana. El fascismo tradicional trató de capitalizar el patrimonio histórico provocando la sublimación grosera del pasado, intentando, mediante un trabajo mucho más sinuoso y difuso, socavar la memoria, borrar las diferencias, eliminar las especificidades, disolver la historia. El proyecto de desarrollo del capitalismo, en su etapa de internacionalización del capital, ¿no posee acaso un poder más corrosivo sobre las mentalidades? 16 Las nuevas tecnologías, cada vez más elaboradas, permiten una centralización progresiva; pero, detrás de ese desarrollo tecnológico, se perfilan los cambios que se han producido en el aparato del Estado imperialista en su conjunto. Cada vez resulta más arduo delimitar la esfera de lo cultural. No podemos, como Pasolini parece hacerlo, convertir a la televisión en el agente exclusivo del nuevo ordenamiento de la realidad, basado en el control: sería hacer mcluhanismo, pero sin Mc Luhan. La televisión es sólo uno de los agentes de la cen15 "Acculturation et acculturation", in Ecrits Corsaires, pp. 48-52. 16 Para caracterizar esta agresión, habría que retomar el concepto de por algunos antropólogos. etnocidio, forjado Si el término "genocidio" remite a la idea de "raza" y a la voluntad de exterminio de una minoría racial , el de "etnocidio" no designa la destrucción física de seres humanos, sino la destrucción de su cultura . En suma, el genocidio asesina a los pueblos, en sus cuerpos ; el etnocidio los mata en su espíritu. (Véase Pierre Clastres, "De 1'ethnocide", Encyclopedia Universalis, publicado en L'Homme, julio-diciembre de 1974, xtv, p. 34.) 20 tralización, quizás el más fácilmente identificable si nos conformamos con un concepto tradicional de cultura. La cultura, hoy, está determinada p or un nuevo modo de presencia e interac- clon entre l os di}erentes dominios y los dif erentes agentes del imperialismo. Basta ver, en efecto, cómo repercute en la definición de lo cultural y en su modo de producción, la etapa actual del capitalismo hegemónico de Estado. Se trata, por lo tanto, de otra manera de interrogarse sobre las resonancias que tiene el fenómeno de la centralización y de la monopolización en el campo de la producción y difusión de bienes culturales. La contracción que se verifica en el conjunto de los aparatos de difusión de la cultura y la ideología imperialistas, en mi opinión, puede explicarse porque esos sectores y agentes, aislados unos de otros, ya no respondían a las mismas leyes de eficacia y rentabilidad de antaño. Nuevos acercamientos se produjeron, como por ejemplo, el encuentro del mundo industrial con la racionalidad militar, cuya importancia nunca será lo suficientemente señalada. Los grandes modelos tecnológicos de transmisión de cultura e información deben su existencia a esa alianza entre las grandes firmas industriales (todas multinacionales) y el aparato militar. La computadora, el satélite, la electrónica misma, provienen en línea directa de esta asociación permanente que se materializó en un tipo de Estado, surgido a fines de la Segunda Guerra Mundial: el Estado de Seguridad Nacional. Ese Estado, veinte años más tarde, será exportado hacia el cono sur latinoamericano. El acercamiento entre el sector privado y el público, no es sino un derivado de esa alianza central en la que el sector privado también ejerce la administración y la planificación de los intereses del Estado y a veces sustituye a la burocracia del gobierno en el cumplimiento de algunas misiones. Esta interconexión explica el hecho de que una multinacional de las telecomunicaciones, como la rI-r, pueda ser en territorios de ultramar no sólo un fabricante de teléfonos sino un agente del orden y, si fuera necesario, un agente de la conspiración. Nada más significativo, para marcar esa interpenetración de misiones y el cambio que se produjo en el aparato del Estado imperialista, que la iniciativa surgida de la IBM para proteger sus filiales contra las acciones de la guerrilla urbana en Argentina : en 1974, en un curso de formación, se aconsejó al personal que leyera las obras del líder revolucionario brasileño Marighella. Igual iniciativa había tenido John F. Kennedy doce años antes , cuando recomendó la lectura de las obras del Clie Guevara y de Mao Tse-Tung a los oficiales del Pentágono. 17 El proceso de concentración industrial fue otro de los factores importantes que intervinieron. Los grandes fabricantes de hardware saquearon los centros de elaboración de programas y se apoderaron de mensajes educativos y de fórmulas para el uso del tiempo libre. Se transformaron en los nuevos pedagogos y pusieron la masa de sus conocimientos técnicos al servicio de instituciones educativas, por un lado, e introdujeron en las tecnologías que producían los programas y los 17 Véase "A course of instruction in corporate protective services. 1811 as target for terrorists. iBM papers", reproducido in Berkeley Bario, 22-28 nov. de 1974. 21 mensajes de las firmas que controlaban, por el otro. Esta alianza entre hardware y software quizás permita :ilustrar de manera más satisfactoria , la integración de los sectores de la producción cultural.18 Tomemos el caso de la edición. Hasta hace poco tiempo, ese sector de la industria era considerado por lo general como una "cottage industry", una industria casera, artesanal, en cierta medida. Desde los finales de la década del 60, la venta y reventa de editoriales, en su mayoría espectables, se aceleró. Las firmas fueron absorbidas por grandes complejos productivos. Basta citar la expansión que logró la firma Gulf & Western, una multinacional multifacética, propietaria, entre otras empresas, de la Paramount y de la editorial Simon & Shuster. En la misma época, la filial internacional del imperio italiano Fiat (como se ve, los entrecruzamientos son a escala internacional),19 incorporó Bantam Books, conocida editorial de Estados Unidos. La inserción de estas empresas editoras en conjuntos más amplios confiere otra dinámica al mercado del libro. La búsqueda de una ganancia rápida origina otras 18 Se nos podrá objetar que esta fusión entre hardware y software ha sido siempre una característica de los monopolios norteamericanos . La Westinghouse o la General Electric, por ejemplo, no se contentaron con poner a punto aparatos de radio y televisión , sino que desde el comienzo, j unto a esos descubrimientos, crearon sus propias ca denas y estaciones de difusión . Basta recordar a la American Telegraph & Telephone , que en la década del 20 al 30 detentó el control de las patentes del sonido y reinó en la industria cinematográfica y que había llegado a combinar , unos decenios antes, la fabricación de equipos telefónicos con la administración de los servicios ( hasta tal punto que , en 1978, la ATT sigue controlando el 80 % de los servicios telefónicos de Estados Unidos ). Todos esos casos de integración pertenecen a una primera fase del capitalismo monopolista y forman parte , en alguna medida, de un momento del modo de producción, de la circulación y el intercambio de la información que ahora , en esta fase suprema del monopolismo, está a punto de ser superada . Los acercamientos a que nos hemos referido , que consagran la globalización de las normas de la producción de masas y su ampliación a los sectores que habían permanecido al margen del dictado de la optimizacíón de la ganancia, se producen en un momento diferente de maduración de los aparatos ideológicos del Estado capitalista; corresponden, por lo tanto, a una necesidad política y económica también diferente de la expansión del capital. Si hubiera que caracterizar el momento actual del modo de producción de la comunicación de masa, tendríamos que hablar, sin duda, de taylorización -parafraseando a Gramsci quien, para caracterizar la racionalización del aparato de Estado norteamericano bajo el " fordismo", inventó el término- de los aparatos de control social, impuesta por las necesidades de la acumulación del capital. 19 Uno de los modos nuevos de la presencia e interacción entre los diferentes dominios y diferentes agentes del imperialismo es, sin duda, el que surge principalmente de la nueva división internacional del trabajo y ha sido consagrado por la crisis estructural de la economía capitalista mundial. Esta crisis puso en el orden del día la necesidad de reestructurar al conjunto del aparato económico estatal ( véanse los informes de la famosa comisión trilateral). La nueva disposición de la economía capitalista que redistribuye las cartas en,re el imperialismo hegemónico y los imperialismos secundarios y elige a ciertas potencias del Tercer Mundo como plataformas subimperialistas , tiene su equivalente en la nueva disposición que asumen las formas de la penetración cultural. La política de intervención directa es reemplazada por una política de intervención mediatizada. En ese contexto hay que juzgar la adaptación de los vehículos del imperialismo cultural a las condiciones locales, fenómeno que antes designamos como "nacionalización ". Para convencerse , bastaría con examinar la evolución de la estrategia europea, en los cuatro últimos años , de la General Electric, la ITT o la Westinghouse o inclinarse ante la evidencia de la masa de melodramas para la televisión proveniente de Brasil o de México , que satura desde los países del África o Portugal hasta las comunidades chicanas de los Estados Unidos. 22 fórmulas, también surgidas de la alianza natural que se produce en el seno de un mismo conglomerado de la televisión , el cine o el libro. Se intensifica la producción de libros a partir de películas y de series televisivas pero , más importante aún, las normas de selección que rigen a los medios de comunicación audiovisuales se instalan de manera hegemónica en el sector editorial. El ejemplo máximo del triunfo de ese criterio es el desarrollo de lo que los editores norteamericanos llaman phony books ("libros sonoros"). Junto a esas nuevas producciones, los best sellers de los últimos años, que a menudo sobrepasan el millón de ejemplares, son todos aprovechados en la industria del cine y de la televisión. El libro ya no es más materia para el cine como antes era la regla, sino que el proceso se invierte y la serie televisiva o la película son convertidas en libro . 20 Se trata entonces de definir, en términos generales, esa contracción -reforzada por la crisis de la economía capitalista- que se produce en beneficio de un polo que le sirve de modelo : el sector más tecnificado , donde las normas de fabricación han alcanzado el nivel más alto de uniformización y masificación. Ese sector privilegiado, donde se afinó desde muy temprano la ley del marketing, se convierte en un "distribuidor automático de normas" y encuentra en la TV SU expresión más eficaz. El interés comercial y el cebo sensacionalista imponen su dictadura; los fueros antes específicos de la educación o del cine, frente a la televisión , son uniformados por esa racionalidad industrial . 2' En última instancia, 20 Para tener una visión desde el interior del sistema véase " Special report America's press: too much power for too few?", en US News & World Report, 15 de agosto de 1977. 21 Por lo general , hasta ahora , se ha dividido en demasiados compartimentos el análisis de los soportes de esa cultura de masa y no se los ha estudiado uno en relación con el otro. Por ejemplo , el cine en relación con la TV, la historieta en relación con la radiofoto, el libro en relación con las revistas , el turismo en relación también con las revistas ( femeninas o de moda ) y tantos otros entrecruzamientos posibles. Las condiciones actuales del capitalismo exigen que se considere todos esos sostenes como un sistema en el interior del cual, cada sostén , cada uno de los medios de comunicación se pliega -en grados diversos- a la racionalidad que lo constituye , junto a otros, como un todo. Cada medio específico , situado en una línea de continuidad , refleja, en efecto, un estado diferente de las fuerzas productivas , un estado diferente del movimiento del capital y, por lo tanto, de maduración del monopolismo ; una correlación diferente de las fuerzas sociales, contradicciones variadas , grados de conciencia diferentes, tanto en los emisores como en los receptores . El capitalismo monopolista tiende a aplanar esos desniveles, esos desequilibrios , a reducir las separaciones y a reforzar la interacción entre todos los compartimentos del sistema , a acelerar , en cierto modo, el proceso global de uniformización y centralización . En ese sentido , cuando discutimos el problema del poder y de la comunicación , tenemos una tendencia demasiado marcada a hablar en términos genéricos. La clase dominante ha dejado de ser una entelequia ; de la definición concreta de esa clase y de su evolución se desprenden proposiciones complejas para el análisis. En el mismo sentido, es urgente abrir las investigaciones hacia otros aparatos ideológicos. Las resistencias que surgen en muchos países, particularmente en los sectores de la enseñanza frente a la introducción del audiovisual , deberían incitarnos a analizar y a comparar las diferentes fases que atraviesan los aparatos de comunicación y de educación. Habría que señalar, finalmente , que en este proceso las clases dominantes son capaces también de armar y proponer modelos de "descentralización " de la cultura y de la información de masa. No obstante, sólo están dispuestos a promoverlos en la medida en que esa manera "diferente" de concebir la comunicación no contradiga el modelo dominante de organización de los medios masivos . Podría citar muchos y variados ejem- 23 toda trasmisión de conocimiento se convierte en una empresa de espectáculos y asume como propia la regla de los medios de comunicación y de la cultura de masa. Nuevas series educativas como Sesame Street y The Electric Company, son paradigmas de esa trasferencia de normas de los medios de comunicación a la pedagogía de masas. El señuelo publicitario , fundamento de la realidad de los medios de comunicación masivos, sirve de vehículo a los esquemas educativos que se propone al público infantil ; esquemas educativos diseminados según las técnicas autoritarias y correctivas de los sistemas de aprendizaje de origen skinneriano ( más en particular, la llamada "instrucción programada "). Esas series son el arquetipo de la nueva pedagogía de masas que los fabricantes de tecnología, en sociedad con las fundaciones educativas, han lanzado para cubrir el hiato que existía entre la educación formal y el tiempo libre: una fórmula nueva que realimenta la capacidad de difusión de los medios masivos y abre nuevas pistas y nuevos mercados a las tecnologías del audivisual , cada vez más implantadas en la vida cívica , en el campo de la enseñanza.22 A la luz de la voluntad de saneamiento que siguió y dio fin a la crisis de la década del 70 -la cual había causado estragos en el cine y provocado el desplos. El último, en fecha y, sin duda, el más caricaturesco, es el proyecto elaborado por la firma Warner Communications Inc. (vasto complejo que agrupa productoras cinematográficas y televisivas, editoras , fábricas de discos , de perfumes o de juegos electrónicos, etcétera). El experimento, llamado QUBE, consiste en implantar un nuevo tipo de sistema televisivo, por cable, en una región piloto: Columbus (Ohio, E.U.). Lanzado en 1977, fue publicitado como un sistema destinado a probar las virtudes potenciales de la tecnología de la cablevisión y a lograr la participación del público en la emisión de los mensajes. Un balance de los resultados establecido por los productores, muestra de qué modo este nuevo sistema de retroalimentación, reproduce la racionalidad del antiguo , constituyendo, al mismo tiempo, una fórmula de apertura al mercado: Más de dos tercios de los hogares que aceptaron hacer la experiencia , se valieron del botón - " respuesta" que les permitía comunicarse con la estación . Los telespectadores aprietan dicho botón para responder a encuestas, participar en juegos, para solicitar folletos u otras informaciones a los anunciadores publicitarios. (Véase Advertising Age, 20 de febrero de 1978, p. 61). ¿Es necesario decirlo?: Las experiencias de descentralización de la comunicación pueden llegar a ser muy complejas y convertirse, muy frecuentemente, en el escenario de luchas en el que ciertos sectores , decididos a cuestionar el modo de cultura dominante , tratarán de infiltrarse , valiéndose de esa brecha abierta en el sistema de los medios . El rechazo que el poder debe enfrentar en muchos países a la generalización de la televisión por cable, es una prueba de la complejidad de instancias que deben preverse para la aplicación social de esta tecnología . Las diatribas que han suscitadlo las radios libres, "verdes" o las radios piratas , son muestras de ese mismo rechazo . Al mimo tiempo, por cierto , se producen intentos de "recuperación " o de absorción de esos rechazos. Uno de los análisis más explosivos de las contradicciones que aparecen en la aplicación de tecnologías " alternativas", en el marco de una sociedad capitalista , es sin duda el realizado por un grupo de estudios en Montreal, en Media communautaires et idéologie de participation , Conseil de développement des media communautaires , Montreal , Bulletin de Liaison , enero, 1977. 22 Véase Armand Mattelart, Multinationales et systemes de communications , París, Editions Anthropos, 1976; traducido al español por Siglo XXI Editores, México, 1977 ( en particular el análisis del modo de producción de Sesame Street). 24 membramiento de Hollywood en favor de conglomerados industriales diversificados- tendríamos el derecho a preguntarnos si los márgenes de maniobra de aquel periodo existen ahora. La industria cinematográfica ¿ha sido atrapada por modelos de marketing que ejercen su dictadura tanto sobre la determinación de los temas, como sobre los canales de distribución? Ciertas observaciones y ciertos análisis permitirían confirmar esas sospechas. La distribución de las películas que se produjeron después de la crisis pone en descubierto un eje de nuevas estrategias concebidas para inundar los mercados. Presenciamos una enorme multiplicación de copias de lanzamiento que saturan el campo e impiden toda competencia. En lugar de utilizar las veinte o treinta copias de lanzamiento habituales, la Warner estrenó un centenar en el Japón para asegurarse el lanzamiento sin precedentes de su película Infierno en la Torre.23 Hay que ir, sin embargo, más lejos en el análisis de los acercamientos que definen una situación de cultura monopolista. Las investigaciones son escasas, casi inexistentes, pero hay algunos ejemplos' que nos permitirían sugerir un campo de estudios. En 1976, la cadena de restaurantes Wimpy International, una sección del complejo británico Lyons (productor de té y de especias de la India), decidió enfrentar a su competidor norteamericano, la cadena MacDonald, lanzando una campaña de promoción bastante original. Su agente de promoción, la filial londinense de la agencia de publicidad J. Walter Thompson, comprometió para esta campaña -que debía hacer la publicidad de cerca de 750 restaurantes de la cadena, lanzados al mercado uno por semana en aquel año -nada menos que a M. Savalas, alias Kojak, héroe de la famosa serie televisiva. La explicación que dio a la prensa fue la siguiente: M. Savalas es verdaderamente popular en el mundo y la investigación que hicimos nos convenció de que su corpulencia , su inclinación por los snacks y su imagen carente de toda sofisticación era la del consumidor tipo de los restaurantes Wimpy.24 En enero de 1977, la empresa cinematográfica Columbia anunciaba su intención de "aumentar al máximo sus esfuerzos mundiales de producción". Resultado: la primera película que se benefició con la decisión fue The Deep (Abismo), vástago de Jaws (Tiburón). La receta para la "maximización" consistía en buscar "relaciones más funcionales entre el tema de la película y las apoyaturas de la publicidad".25 En lugar de contentarse con tee-shirts u otras fórmulas de lanzamiento habituales, se pretendía establecer una línea de continuidad entre el tema y los objetos que le harían publicidad: piscinas, relojes sumergibles, cámaras fotográficas submarinas, equipos de caza... El magro territorio que 23 Véase Thomas Guback, "Marketing de choc pour une domination mondiale", en Le Monde Diplomatique, París, marzo de 1977. 24 "Wimpy Moves to block McDonald's in London", en Advertising Age, de 1976. 12 de julio 25 James P. Forkan, "Big promotion thrust en The Deep' signals directios for Columbia", en Advertising Age, 24 de enero de 1977. 25 separaba la ficción de la realidad comenzaba a desaparecer. Marx debe estar agitándose en su tumba: en 1850, escribía que los pensamientos :reinantes se volverían cada vez más abstractos y que esa abstracción era una condición sine qua non para que la burguesía pudiera imponer sus ideas particulares como si fueran universales al conjunto de las otras clases. Si tomamos literalmente su observación y afirmamos lo contrario, podríamos decir que la ideología dominante se vuelve cada vez más concreta. ¿Estaremos por entrar en la fase del realismo capitalista? Los personajes de la ficción salen de la pantalla chica o de los cuadros de las historietas para convertirse en componentes materiales del mundo. La mistificación, de la que también hablaba Marx, sigue siendo total. Por el hecho de salir de su espacio propio y de ponerse a caminar por la calle, junto a nosotros, no declinan sin embargo la identidad ni el modo particular de producción que les ha impreso su productor. Notemos, de paso, que los medios alimentan a los medios o, más bien, que los medios se alimentan entre sí, repitiendo de ese modo hasta el infinito, el círculo de su propia repetición. Si cabe hablar de totalitarismo cuando se evoca la acción de los aparatos ideológicos del capitalismo monopolista es, sobre todo, porque cualquier problema que afecta a un sector particular afecta, de hecho, al conjunto y permite entrever la globalidad de los intereses. La crisis de la CIA, por ejemplo, no puede interpretarse simplemente como la crisis de un organismo de espionaje, sino como la de todo un sistema de información; por otro lado, la salida que se le encontró así lo demuestra. La recomposición del organismo, que se produjo recientemente, fue confiada a un alto jefe, un almirante, y culminó en una mayor centralización y en un aumento de la capacidad de planificar el conjunto de los aparatos militares y civiles, provocando una contracción de las actividades de información, en beneficio de la racionalidad militar. La reorganización en el nivel de los organismos de información, concuerda, por otro lado, con la reestructuración del conjunto del aparato de inteligencia del Imperio norteamericano, desde los centros de investigación y consulta de las sociedades multinacionales, hasta los organismos oficiales encargados de la prospección sobre datos energéticos. Esta reforma de la CIA se reflejó últimamente en algunos países del cono sur de América Latina. En Chile, bajo la presión de Carter y su nueva política de defensa de los derechos humanos, se anunció en agosto de 1977 la supresión de la DINA, la policía política chilena, acusada de tantos crímenes. Los poderes que el organismo detentaba se canalizan ahora a los servicios de inteligencia de las tres ramas de las fuerzas armadas. La decisión, un nuevo paso hacia la militarización del aparato del Estado que sirve para ocultar el carácter arbitrario y sangriento que se le atribuye a la guardia pretoriana de Pinochet, abre el camino a una represión más técnica, más ascéptica. Los anuncios publicitarios de la iBns se equivocan y, al mismo tiempo, dicen la verdad (pero una sola cosa es cierta: nos engañan) cuando afirman que la era de la información 26 es la que todos reconocemos como propia: una era que 26 Sobre el concepto de "Information Society", véase Edwin B. Parker, "Social implications of computer tclcoms systems", en Telecommunications Policy, diciembre de 1976. Sobre 26 sucede a la Edad de Piedra, a la Edad del Hierro y a la Era industrial. Nos engañan cuando intentan ocultar que esa explosión de información es una necesidad del capitalismo monopolista de Estado, cuya existencia y dinámica se encargan de disfrazar. Nos engañan, también, cuando presentan la información como un recurso al servicio de todos los pueblos, sin tener en cuenta las relaciones de fuerza internacionales y nacionales que condicionan el acceso a la información. Pero no nos engañan cuando, al hablar de la era de la información, señalan el polifacetismo del término que cubre tanto la información del electrocardiograma, como la información sobre recursos energéticos de un país y la necesidad que tiene la sociedad moderna de esa nueva materia prima para progresar (yo diría para continuar la acumulación de capital). Los anuncios publicitarios nos engañan todavía más cuando eliminan de la problemática global de la información los sistemas para extraer información: las prácticas de tortura en los Estados de excepción del capitalismo. La fase actual de la agresión capitalista nos enseña, en efecto, algo fundamental: que será difícil de ahora en adelante separar los campos de lucha en los que se da el enfrentamiento contra el enemigo permanente: las fuerzas de las tinieblas y las de la barbarie. el alcance de los sistemas de información, véase, a título de ejemplo, "Ford's privacy report" de Becky Barna, en Computer decisions, febrero de 1977; Laurie Nadel y Hesh Wiener, "Would you sell a computer to Hitler?", ibídem (artículo que se plantea el problema del uso de la información por parte de las dictaduras militares del cono sur latinoamericano). Uno de los trabajos más esclarecedores es el presentado por una comisión oficial en Francia, compuesta por sindicalistas y expertos en el tema, donde se analiza de manera penetrante las consecuencias sociales de la aplicación de la teleinformática, véase Informatique et libertés, París, La documentation francaise, 1975. 27