VOCACIÓN Y MISIÓN DE LAS VÍRGENES CONSAGRADAS

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VOCACIÓN Y MISIÓN DE LAS VÍRGENES CONSAGRADAS
SEGÚN EL RITUAL DE CONSAGRACIÓN DE VIRGENES.
Autor: Monseñor P RAFFIN, o.p. Obispo de Metz ( France)
( Este escrito se publicó en Pentecostés de 1995,
con motivo de la Peregrinación Internacional a Roma de las Virgenes
Consagradas,
en el vigésimo quinto aniversario de la promulgación del Ordo
Consecrationis Virginum )
La restauración del orden de las vírgenes ( ordo virginum ) hace veinticinco años,
ha sido el fruto de una disposición de carácter litúrgico, puesto que se trata de la
promulgación del Ritual de Consagración de las vírgenes ( Ordo Consecrationis
Virginum ) el 31 de mayo de 1970, cumpliendo el n. 30 de la Constitución
Sacrosanctum Concilium, que restaura una institución prácticamente desaparecida.
Las disposiciones propiamente canónicas no aparecieron hasta trece años más
tarde, en 1983, con ocasión de la promulgación del Nuevo Código de Derecho
Canónico. Por tanto, era muy conveniente destacar el vigésimo quinto aniversario
de la promulgación del Ordo y, con ocasión de esta conmemoración jubilar,
detenerse algunos instantes en el estudio del ritual propiamente dicho y explicar los
compromisos y promesas que de él se derivan.
1.- Consagración litúrgica.
"Ritual de Consagración de vírgenes ( Ordo Consecrationis Virginum. ). Este título,'comenta destacadamente René Metz, uno de los mejores conocedores de la historia
del orden de las vírgenes ( ordo vírginum ) no es indiferente. La tradición titúrgica
más antigua, en el siglo IV, utiliza los tres términos de consagración, bendición,
velación ( consecratio, benedictio, velatio ), pero la tradición más reciente había
conservado los de bendición y consagración; en el presente el' significado exacto de
los términos consagración y bendición en el lenguaje técnico de los liturgistas y
canonistas hubiera producido, normalmente, la eliminación del término
consagración en beneficio del término bendición, pero no fue ésa la elección que se
hizo.
"« Eliminando el término consagración y prefiriendo el de bendición se coma el
riesgo de hacer peligrar muy seriamente el prestigio de que había gozado
antiguamente este rito santificante, y que ha sido recuperado en la actualidad.
Efectivamente, se trata de algo muy distinto a una simple bendición, por este rito,
una persona se convierte, por así decir, en cosa de Dios, se convierte en sagrada~
según una expresión frecuente en san Ambrosio. Nos encontramos ante un acto
solemne que va mucho más allá de una simple bendición « ( pp. 1~94) (1)
Hablar de Ritual de Consagración no significa instituir un octavo sacramento. El
Ritual de Consagración de vírgenes según los Prenotandos, « un rito solemne que
constituye a la virgen persona sagrada « (n. 1 ) o, dicho de otra manera, es un
sacramental. ¿Qué es un sacramental? Es un acto o una realidad sagrada que
pertenece al orden sacramental en el sentido amplio del término sin ser,
propiamente hablando, un sacramento. Antes de que en el siglo XII se fijase en
siete el número de los sacramentos, la palabra sacramento designaba toda acción
sagrada. Es normal decir que los sacramentos actúan ex opere operato, es decir, en
virtud de la fuerza y significado del rito llevado a cabo, mientras'que los
sacramentales se refieren a la acción de la Iglcsia, ex opere operantis Ecciesiae, es
decir, actúan por el solo hecho de la oración y acción de la Iglesia. Tampoco
vayamos a entender que Dios tiene prioridad de acción en los sacramentos y la
Iglesia prioridad de acción en los sacramentales, ya que toda la Liturgia es obra
común y al unísono de Dios y de la Iglesia y, por tanto, hasta el más humilde
sacramental se basa en la acción santificante de Dios. Lo mejor y más exacto es
recordar que los sacramentos son de institución divina y los sacramentales son
instituidos, por la Iglesia pero no sin asistencia del Espíritu Santo ( 2 ). En el caso
del Ritual de Consagración de vírgenes, estamos ante uno de los sacramentales
más antiguos de la Iglesia, puesto que los textos más antiguos se remontan a la
época patrística.
La Iglesia celebra actualmente este sacramental y lo destina a las monjas y a las
mujeres que viven una -ir-91 seglar, con lo cual reanuda una antigua y venerable
práctica: desde el siglo IV hay en Roma y en otras partes dos clases de vírgenes
consagradas a Dios: las que vivían en el mundo y las que habían aceptado la vida
común en un monasterio. El Ritual de 1970 tiene en cuenta los dos casos, pero las
diferencias litúrgicas son mínimas y sólo atañen, por lo que se refiere a las monjas,
a la inclusión de la profesión religiosa en la ceremonia.
2.- Consagración pública y solemne.
Ordo Consecrationis (Ritual de Consagración Estas palabras indican que la
consagración de vírgenes más que un acto de una persona, es un acto de la Iglesia,
o mejor aún, un acto de Dios a través del ministerio de la Iglesia. En nuestro
vocabulario normal hablamos de consagrarse, de consagrar la vida a, destacando
con ello, la iniciativa de la persona y, digamos ya de paso, que eso es precisamente
lo específico de la profesión religiosa aunque los votos se ofrecen a Dios y aunque
el Ritual de Profesión Religiosa ha introducido una Solemne bendición o
consagración de la profesa que se parece a la Solemne oración consecratoria de la
consagración de las vírgenes. La solemne oración de consagración de las vírgenes
es lo fundamental y específico del Ritual, aunque vaya precedida de la renovación
del propósito de castidad, pero no por esto deja de ser la oración consecratoria lo
más importante y decisivo.
El ministro ordinario del sacramental de la consagración de vírgenes es el obispo
diocesano, « Episcopus Ordinarius loci « ( Prenotandos, n. 6 ). En efecto, a través
de su ministerio, la virgen acepta a Cristo su Esposo: « ¿ Queréis ser consagradas a
nuestro Señor Jesucristo, y ante la Iglesia ser desposadas con Hijo del Dios Altísimo
? «, dice el Ritual en el n. 17, idea que reproduce el canon 604. La virgen
consagrada se transforma en imagen escatológica de la Iglesia-Esposa, tal como
dicen los Prenotandos: « imago eschatologia Sponsae caelestis « ( n. 1 ). La virgen
celebra sus desposorios místicos exclusivos con Cristo por medio de la iglesia
particular, de la cual es una piedra viva, y de la cual el obispo es el Esposo. Con
respecto al obispo diocesano, la relación humana con él ocupa un segundo lugar,
pues lo primero es la unión con Cristo y la Iglesia; y no se pasa de la virgen
consagrada al obispo y, por su mediación, a la Iglesia, sino que pasa de la virgen
consagrada a la Iglesia y luego ya al obispo, que es el servidor de la Iglesia y el
instrumento de la consagración. No se es consagrada por la persona física del
obispo, sino por su ministerio; lo importante, por consiguiente, es el ministerio
episcopal y no la persona que lo ejerce y que, evidentemente cambiará. De manera
análoga, yo venero a los obispos que me han ordenado diácono., sacerdote y
obispo, pero lo primero y principal es el ministerio episcopal de los que me han
ordenado... Quede pues bien entendido que tal mujer llega a ser virgen consagrada
en tal iglesia particular y, por consiguiente, en relación institucional con su obispo,
pero llega a ser virgen en la Iglesia católica, miembro del orden de las vírgenes de
y en la Iglesia Católica.
El obispo diocesano, ¿Puede delegar su ministerio de consagrar vírgenes? El Ritual
no considera esta posibilidad, pero el Ceremonial de Obispos ( Caeremoniale
Episcoporum) de más reciente publicación ( 1984) y que, por tanto, tiene autoridad
en la materia, precisa que « Alius tamen Episcopus ritus praesse potest de
consensu ipsius Episcopi diocesani « (n. 720 ) ( Otro obispo puede ejercer el rito de
acuerdo con el obispo diocesano ); Alius Episcopus «, otro obispo, no
exclusivamente el obispo coadjutor o auxiliar, sino todo obispo de la Iglesia
Católica.
El Ceremonial de los Obispos no considera la posibilidad de que pueda delegarse en
un sacerdote, como por ejemplo puede hacerse para el sacramento de la
confirmación (canon 884 ). Un sacramental, como es la consagración de las
vírgenes, ¿Es más importante que un sacramento? No se trata de eso, pero no se
celebra con la misma frecuencia y no reviste el carácter urgente de la confirmación,
sacramento de iniciación cristiana.
La consagración de las vírgenes es un rito festivo de la Iglesia, y, para celebrarlo,
se escogerá preferentemente « la octava de Pascua, las solemnidades, sobre todo
las que se refieren al misterio de la Encarnación, los domingos las fiestas de la
Virgen María o de las santas vírgenes « ( Ritual, n. 1).
Es, igualmente, un rito público de la Iglesia. Si las monjas son consagradas en la
iglesia de su monasterio, las mujeres que viven en el mundo son consagradas en la
iglesia-catedral, "nisi res moresque loci aliud suadeant," si las costumbres del lugar
no aconsejan otra cosa ); también la adaptación francesa del Ritual, ( y la española
) dice que la consagración debe tener lugar, normalmente, en una iglesia donde la
presencia de fieles exprese la participación de la comunidad local en el
acontecimiento... en la iglesia donde se manifieste mejor el lugar que la
consagración les da a las consagradas en la Iglesia local. Estas precisiones son muy
acertadas, pues aunque la celebración del rito puede mostrar a los cristianos mejor
formados el sentido de la virginidad consagrada, no es seguro que la mayoría
pueda percibirlo de golpe, sin una causa.
Puesto que se trata de un rito público de la Iglesia, se invitará al pueblo de Dios «
pro oportunitate (oportunamente) dice el texto latino, y el texto francés precisa: «
se favorecerá la participación destacada del pueblo de Dios »
(Nota de la
traducción: el texto español, en el número 4 habla también de fomentar la
participación de los fieles).
3.- Descripción del rito.
Este rito público de la Iglesia se celebra en el corazón de la misa después de la
homilía que explica su significado eclesial:
« Se retorna así a una antigua tradición, cuya primera huella
encontramos en una compilación llamada pontifical de san Albán de
Angers, de finales del siglo IX - dice el profesor René Metz -. A
mediados del siglo X autor del pontifical romano-germánico también
situaba la consagración después del evangelio; pero no fue imitado
en esa propuesta. En la mayor parte de los manuscritos del pontifical
romano-germánico, el lugar de la ceremonia fue modificado y
transferido entre la epístola y el evangelio. Esta manera de obrar ha
prevalecido en todos los rituales posteriores sin excepción. Hasta la
promulgación del nuevo Ritual de 1970, las vírgenes eran
consagradas después de la epístola, más exactamente después del
cántico del gmdual» ( 3).
El Misal y el Leccionario-Ritual contienen textos propios para la ocasión, que
pueden utilizarse de acuerdo con las reglas litúrgicas.
La proclamación del Evangelio es seguida de la llamada a las vírgenes:
« La ceremonia comienza por la llamada dirigida a las candidatas que
esperan en la entrada del m comenta René Metz -. Para invitarlas a
avanzar hacia el coro, el obispo canta el versículo 12 del salmo
33:«Venid hijas, escuchadme, os instruiré en el temor del Señor. »
Las candidatas responden a la invitación cantando, mientras avanzan
hacia el coro, dos versículos del canto de Azarías en el horno
encendido: « Queremos seguirte de todo corazón... « Esta parte de la
ceremonia es relativamente antigua. Encontramos el rito de la
llamada. con los textos correspondientes que acabamos de indicar,
en varios pontificales del siglo XII y a comienzos del siglo XIII, Íos
mismos elementos de la ceremonia se encontraban ya dispersos en
los rituales más antiguos, que no eran los únicos rituales de la
consagración de las vírgenes... La única modificación que aporta, a
este respecto, el texto actual, consiste en que reduce la llamada del
obispo a una sola, mientras que antes el obispo llamaba tres veces
las candidatas, a cada llamada, las candidatas avanzaban un poco
más hasta llegar a su lugar definitivo cuando se producía la tercera
llamada. « ( 4)
Se puede acompañar este rito con el de la luz - las diez vírgenes de la parábola con
sus lámparas encendidas; para esto, después de la llamada del obispo se canta la
antífona « Vírgenes prudentes « y, mientras canta, las candidatas se levantan,
encienden su lámpara y avanzan hacia el obispo.
Después de la homilía, se entabla un diálogo entre el obispo y las vírgenes. Es
importante que 6s datas sepan exactamente a qué se comprometen, y que asuman
sus responsabilidades con todo ante el pueblo de Dios. Ésta es la razón por la cual
el obispo pregunta a las candidatas, por una parte, si están dispuestas a perseverar
todos los días de su vida en el ideal de la virginidad consagrada ( o de la vida
monástica ) y en el servicio a Dios y a la Iglesia, y, por otra, si desean ser
consagradas y convertirse en esposas de Cristo. Este diálogo, que ya figuraba en el
ritual anterior, es antiguo; se remonta a finales del siglo XIII y tiene semejanzas
con el rito de la ordenación.
El diálogo es inmediatamente seguido por las letanías de los santos. La petición
final, tomada del ritual las ordenaciones: « Para que te dignes bendecir, santificar y
consagrar a estas hijas tuyas « ha sido introducida a finales del siglo XIII.
Seguidamente, las candidatas emiten o renuevan el propósito de castidad para las
mujeres que continuarán viviendo en el mundo, o la profesión monástica, para las
monjas. Para emitir este voto, las vírgenes colocaban sus dos manos juntas entre
las del obispo. A finales del siglo XIII el obispo Guillermo Durando ordenaba ya este
gesto en su ritual de la consagración virginal.
Guillermo Durando no ha inventado este rito, sino que ha tomado sus elementos
del ritual de la ordenación de presbíteros. Al igual que la virgen, ordenando
colocaba sus dos manos juntas en las del Obispo mientras le prometía obediencia;
el obispo daba seguidamente al presbítero el beso de paz que. por razones de
conveniencia, se ha suprimido como rito de acogida en el ritual de la consagración
de vírgenes.
Este rito, que es también el rito de la profesión religiosa de ¡os Hermanos
Predicadores (en manos del Prior) desde los orígenes de la Orden, ha sido tomado
del mundo feudal. El gesto descrito tanto en la ordenación de Presbíteros, como en
la profesión de los Predicadores o la consagración de las vírgenes, correspondía a la
actitud del vasallo rindiendo homenaje a su señor, es decir entregando su persona
y prometiendo fidelidad; a cambio, el señor le recibía con el beso de paz. En el rito
de consagración de las vírgenes, el obispo representa y ocupa el lugar de CristoEsposo, a quien la virgen entrega su persona y promete fidelidad.
4.- Naturaleza del propósito de castidad.
. Uno puede preguntarse, evidentemente, sobre la naturaleza del propósito de que
aquí se trata. En efecto,algunos autores no quieren darle el valor de voto o de lazo
sagrado (ligamen sacrum ) constitutivo de la vida consagrada ( canon 573, 2 ).
Pero es evidente que la virginidad consagrada es totalmente una forma estable de
vida (canon 573, 1 ) y así lo deja entender la primera de las preguntas que el
obispo plantea a las candidatas: « ¿ Quereis perseverar todos los días de vuestra
vida en el santo propósito de la virginidad, al servicio de Dios y de la Iglesia ?
»Ritual, n. 17 ). La Tradición más antigua. consideraba a la virgen infiel corno
adúltera y sacrílega con relación a Cristo Pues tal Tradición no Preveía que la Iglesia
pudiera dispensarla, tal corno también lo enseña Santo Tomás de Aquino para la
profesión solemne ( cf. suma Teológica, de Santo Tomás de Aquino, 2a., 2ac, q,
Ma, 11 ). El propósito que la virgen pronuncia para toda la vida, sin ser quizá un
voto en el sentido estricto, tiene la misma dignidad y los mismos efectos. Introduce
a la que lo pronuncia en un estado público de vida consagrada vida
Se objetará que a diferencia de los votos, la consagración de las vírgenes no
constituye según el actual Código. de Derecho Canónico un ` impedimento
dirimente para el matrimonio. Esta discordancia en el Código puede sino ser tarde o
pronto corregida por el Consejo Pontificio de Interpretación de Textos legislativos
porque, tal como ya he señalado, la Tradición, de forma unánime, lo entendía corno
un impedimento dírimente.
Esto significa el valor que la Iglesia concede a la consagración de las vírgenes y la
importancia de no conferirla sino a personas suficientemente maduras y advertidas
de lo que conlleva tal compromiso.
El propósito incide sobre la castidad ( perfecta castitas ) y el seguimiento de Cristo
(sequela Christi) pero está claro que el seguimiento de Cristo 'así entendido incluye
los otros consejos evangélicos, constitutivos de la vida consagrada ( canon 573, 1
)» sin los cuales el propósito no sería verdaderamente evangélico.
5.- La consagración propiamente dicha.
El obispo, a continuación, procede a la consagración propiamente dicha. En el Ritual
actual la consagración no consta más que de una sola oración, y así adquiere una
nobleza Y simplicidad que no tenía en los rituales anteriores. Por otra parte, la
única fórmula que utiliza el obispo es la más antigua oración de consagración que
nos ha llegado es la oración de consagración que figura en el Sacramentario
Leoniano, que es el más antiguo testimonio que conocernos de la liturgia romana..
Los elementos que forman parte de la composición del Sacramentario Leoniano se
escalonan desde finales del siglo IV hasta mediados del siglo VI. En. este
Sacrarnentario encontrarnos la bella oración de Consagración de vírgenes que el
nuevo Ritual ha adoptado totalmente, renunciando a adiciones posteriores que
habían alargado excesivamente el texto primitivo.
Esta oración tiene forma de un gran prefacio. Comienza alabando los maravillosos
efectos de la Encarnación. Dios no se ha contentado - se dice en la oración - con
devolver al hombre su primitiva inocencia, sino que te ha concedido imitar la
perfección de los ángeles. La virgen que, en su perfecta integridad se entrega a
Dios, realiza este ideal. Dios ha abierto ante el alma humana la posibilidad de un
encuentro con su Hijo, y, el matrimonio, por muy grande y santo que sea, sólo es
una imagen imperfecta de ese encuentro; por su compromiso, la virgen es admitida
en la intimidad del Esposo divino. Pero, continúa el texto, ¿ cómo podría una
criatura humana aspirar a tal honor si Dios no la inspirase la atracción hacia ello y
no la ayudase a realizarlo ? En efecto, muchos obstáculos se presentan en el
camino de la que abraza tal ideal. Por eso la segunda parte de la oración adopta la
forma de súplica:
« Te pedimos, pues, Señor, que protejas con tu auxilio y guíes con tu luz a estas
hijas tuyas, que desean que tu bendición confirme y consagre su propósito.. »
Las virtudes propiamente virginales son, evidentemente, la reserva, pero también
la prudencia, la modestia, la dulzura y sabiduría, la gravedad y delicadeza, la casta
libertad y, sobre todo, la caridad.
Tal es la magnífica oración que la reforma litúrgica surgida de¡ último Concilio ha
restaurado. Gran número de historiadores está de acuerdo en que ha sido el Papa
San León Magno el autor de esta oración. Sea como sea, el texto es magnífico y
constituye, para las vírgenes consagradas, la mejor base espiritual en que se
asienta la espiritualidad del orden de las vírgenes.
6.- ¿ De qué consagración se trata ?
La solemne oración consecratoria hace de la virgen, sobre la cual intercede el
obispo, una persona sagrada. ¿ Cómo debemos entender esa expresión ?
Al definir la vida consagrada, el Sínodo de octubre de 1994, que el Santo Padre
todavía no ha clausurado, ha recordado, basándose en el Concilio Vaticano II, que
la consagración propia y fundamentalmente dicha es la de los sacramentos y, en
primer lugar, la de¡ bautismo. La consagración bautismal hace de la persona, según
la expresión paulina, « una criatura nueva » y no requiere ningún suplemento para
que un cristiano pueda llegar a la perfección de la caridad. Es una iniciativa de Dios,
por el ministerio de la Iglesia, y una respuesta de la persona a quienes se dirige
esta iniciativa. A este nivel, que es sacramental, se puede decir, por ejemplo, que
las personas casadas llevan una vida consagrada.
Cualquier otra clase de consagración sólo puede ser comprendida sobre la base de
los sacramentos de iniciación cristiana y de forma analógica en relación con estos
sacramentos.
Tomando como punto de partida la Lumen Gentium que ha hablado, en primer
lugar de la vida bautismal y de la llamada universal a la santidad que de ella se
deriva, y, en segundo lugar, de la vida religiosa como respuesta signíficativa y
estimulante de esa única llamada, se puede puede presentar la « vida consagrada »
como una respuesta original y específica a dicha llamada, una respuesta
caracterizada por la radicalidad evangélica, sobre todo a través del compromiso de
la castidad vivida en el celibato a causa del Reino.
El celibato por el Reino es la característica esencial de la vida consagrada. Si falta el
celibato, no se puede hablar de vida consagrada en el total y pleno sentido del
término: la sequela Christi, en su radicalidad , implica el celibato por el Reino, pues
el celibato testimonia de forma especial el compromiso exclusivo con Dios y la
certeza de que el Reino está ahí y viene. Es respuesta, desde la fe, a la fascinación
del amor de Dios revelado en Jesucristo. Contribuye a hacer, de la vida consagrada,
un signo dado a la iglesia.
La Lumen Gentium considera, por otra parte, que, entre los consejos evangélicos,
«figura en primer lugar el don precioso de la gracia que el Padre concede a algunos
para consagrarse más fácilmente y sin división del corazón a Dios en la virginidad o
el celibato.» ( n. 42 ) la historia confirma esta manera de ver las cosas, puesto que
la primera forma de vida consagrada aparecida en la iglesia es, después del
martirio, la virginidad consagrada, tal como recuerda el Ritual de Consagración de
vírgenes.
Una persona sagrada, según el pleno significado del término, es, por consiguiente,
un bautizado que vive la « vida consagrada « en el sentido en que acabamos de
definirla; un bautizado que, como respuesta a la llamada recibida de Dios, vive la
vida cristiana según una de las formas de « vida consagrada » reconocida
oficialmente por la Iglesia y que, desarrollándola, busca ser totalmente para Dios y
los hermanos. La virgen consagrada es una bautizada que, fortalecida por la
consagración litúrgica que ella ha recibido del obispo, se convierte en signo
trascendente del amor de la iglesia hacia Cristo, imagen escatológica de la Esposa
celeste y de la vida futura ( Prenotandos n. 1 )
La « vida consagrada « en sí misma es laica, aunque algunas personas consagradas
pueden llegar a ser ordenadas. Sin embargo, es preciso entender bien qué significa
la palabra laico: ¿Tal como lo define la Lumen Gencium en el número 3 1, que
define al laico diferenciándole del fiel comprometido en el orden sagrado o en el
estado religioso - lo cual configuraría tres categorías de cristianos - o como lo
define en el número 43, según el cual el estado de vida basado en la profesión
religiosa, y teniendo en cuenta la constitución divina y jerárquica de la Iglesia, no
se sitúa entre la condición del clero y la del laico, opinión reproducida en el canon
207 ?
Según este último significado, tanto una virgen consagrada como una monja son
laicas.
M.T. HUGUET prefiere decir que la virgen consagrada es seglar, secular, puesto que
el orden de las vírgenes habla de « mujeres que llevan vida seglar « ( Prenotandos
n 3 ). « La virgen consagrada en efecto –escribe ella - no está llamada
directamente a la construcción de la ciudad terrena como lo están los
laicos, ni siquiera como pueden estarlo los miembros de los Institutos
seculares, ella se sitúa en el testimonio escatológico» ( 5 )
Esta distinción me parece un poco forzada, porque, ¿Qué diferencia fundamental
hay, por ejemplo, entre la profesora laica, la profesora virgen consagrada, la
profesora miembro de un Instituto secular, desde el punto de vista de la
construcción de la ciudad terrestre ? ¿ Acaso no contribuyen a ello las tres, lo
quieran o no, desde momento en que las tres ejercen su profesión con competencia
y espíritu evangélico?.
Lo que sí es cierto es que la consagración de las vírgenes debe ser muy claramente
diferenciada del servicio o de la misión que un obispo puede confiar a una de sus
diocesanas; la consagración no tiene relación para nada con una ordenación
ministerial, cualquiera que sea, no obstante, la influencia histórica cierta del ritual
de las ordenaciones sobre el ritual de la consagración de las vírgenes. Que un
obispo confíe a una virgen consagrada tal o cual misión puede ser una cosa
excelente, pero también puede ocurrir que él se conforme con el « servicio a la
Iglesia según su propio estado » del cual habla el canon 604, 2. En estos tiempos
asistimos a una reivindicación casi obsesionante de ministerios para las mujeres. Es
importante no confundir las perspectivas y no pedir a la consagración de las
vírgenes lo que no es, no es un envío, ni una misión, ni un compromiso para Ia
misión, incluso el propósito no es nada sin la consagración que le sigue.
7 .- Consagrada en el corazón de la Iglesia.
El servicio del cual habla el canon 604, 2, lo define muy bien Silvia Recchi cuando
escribe:
« La virgen consagrada es el signo trascendente del amor de la
Iglesia a su Esposo. Así, la virgen consagrada se transforma, en
cierto modo, en imagen de toda la Iglesia. La virgen personifica a la
Iglesia en su vocación personal y esponsal. Su misión consiste en
vivir y mostrar deforma profética este misterio de amor esponsal
entre Cristo y la Iglesia, signo de lo que la Iglesia es ya, y de lo que
toda la humanidad está llamada a ser »
Ése es el primer y principal servicio que ella debe ofrecer en el corazón de la
Iglesia. Si, tal como está previsto en los Prenotandos ( n. 2 ), se le confían otros
servicios o ministerios de orden pastoral, apostólico o caritativo en el seno de la
Iglesia, ella desde luego puede asumir. dos aunque no pertenecen propiamente a
su estado de vida, a condición de que no comprometan lo esencial de su vocación y
de su testimonio.
Tal como Silvia Recchi lo destaca muy bien, la relación nupcial con Cristo, que brilla
tan intensamente en la consagración virginal, es lo propio de todos los
consagrados? especialmente de los que viven la vida contemplativa, « pero, en la
virgen, esta relación de esposa es. sin duda, su identidad carismática más fuerte,
más especifica, más identificatíva. »
Los textos y los ritos de[ Ritual de Consagración de vírgenes, son, pues, suficientes
para constituir la base de la espiritualidad del orden de las vírgenes. Los Santos
Padres, en sus diversos tratados sobre la virginidad consagrada, no hacen sino
comentar y desarrollar las perspectivas abiertas por el Ritual. El Papa Juan Pablo
en' su Carta Apostólica Mulieris dignitatem se sitúa en la misma corriente. Este
texto pontificio. es fundamental para hablar hoy, con exactitud, de la vocación y
misión de la mujer en la Iglesia y en el mundo.
Al igual que hoy no se puede hablar rectamente del matrimonio cristiano sin
relacionarlo con el celibato por el Reino, de igual forma no se puede hablar con
exactitud de la virgen consagrada sin relacionarla con la mujer esposa y madre. La
vocación -de la virgen consagrada, que también es esposa y madre, no puede
comprenderse sino en relación con la mujer casada y con la maternidad carnal.
Eso no impide que una virgen consagrada se sienta unida a una familia espiritual y
dé a su vida una coloración benedictina, carmelita, dominica o franciscana ... de
igual forma que el sacerdote diocesano puede enriquecer su ministerio mediante su
relación con una familia espiritual, pero la virgen está primordialmente plantada en
medio -de la Iglesia ( « in medio Ecclesiae » ). Su primera referencia es el obispo
diocesano -principal moderador de la virginidad consagrada -, con quien ella
establece su forma concreta de vida y al cual 'rendirá cuenta a intervalos regulares,
lo cual implica una perspectiva distinta de la que caracteriza a la vida religiosa o a
un instituto secular.
8.~ Consagración esponsal.
La Consagración de las vírgenes termina con la entrega ( « traditio » ) de las
insignias que simbolizan su nuevo estado de consagradas: el velo ( si es oportuno
), el anillo y, eventualmente, el Libro de la oración de la Iglesia.
Fl velo era la única insignia que se utilizaba en los primeros tiempos para la
consagración de as vírgenes; desde el fin del siglo IV encontramos testimonios
ciertos de su uso. La entrega del velo ha sido tomada de los ritos del matrimonio,
con el fin de significar la analogía que existe entre la unión de Cristo y la virgen con
esponsales humanos.
La entrega del anillo es más tardía; no aparece sino en los rituales que se usaban
en los países francos sobre todo hacia el año 950 en el ritual del Pontifical romanogermánico. Este rito responde a los mismos deseos que la entrega del velo: hacer
clara la analogía entre los dos estados, el de la virgen consagrada y el de mujer
casada.
La entrega del Libro de la oración de la Iglesia no aparece hasta el siglo XV, en la
edición del Pontifical romano de 1497. Se utilizaba este rito especialmente para las
monjas que celebraban el oficio coral; no se ha desplazado hasta que, actualmente,
el último Concilio ha convertido la liturgia de las horas en la oración todos los
bautizados.
Este panorama resumido del Ritual de Consagración de vírgenes permite ver que no
es fácil ser una auténtica virgen consagrada. Esta vocación supone madurez
afectiva y psicológica, capacidad para vivir soledad, aunque se tenga una vida de
relación. Hacen falta, igualmente, las virtudes evangélicas que enumera la
magnífica oración consecratoria. ¿ Se puede cumplir tal vocación sin una formación
previa: formación humana ( equilibrio humano, aptitud para vivir en soledad,
aptitud para las relaciones humanas: « las vírgenes no son lo incapacitado para
amar » decía un día el Cardenal Danneels ); formación bíblica, litúrgica, doctrinal,
espiritual .?Sólo con estas condiciones el Ritual de Consagración, renovado hace veinticinco
años, producirá frutos en la Iglesia y en el mundo.
(1).- METZ, René. El nuevo Ritual de Consagración de virgenes. Su lugar en la
historia. La Maison-Dieu, 110,1972,pp.93-94.
(2).- Artículo "Sacramental", en Diccionario de Litrurgia. 1983
(3).- METZ, R. Artículo citado, pág. 109.
(4).- METZ, R. Ibid.
(5).- HUGUET, M. La renovación del rito litúrgico de l consagración de vírgenes.
Pág. 97.
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