Descarga artículo Canaán, cananeos

Anuncio
Canaán, cananeos
Véase también CIUDADES Y ALDEAS; EXTENSIÓN GEOGRÁFICA DE ISRAEL; COMERCIO
Y VIAJES.
Bibliografía: Y. Aharoni, The Land of the Bible: A
Historical Geography (2ª ed.; Filadelfia: Westminster,
1979); Y. Aharoni et al., The Carta Bible Atlas (4ª
ed.; Jerusalén: Carta, 2002); J. K. Aitken, “Jr,B,”, en
Semantics of Ancient Hebrew, ed. T. Muraoka (AbrNahrain Supplement 6; Lovaina: Peeters, 1998) 11–
37; B. J. Beitzel, “Roads and Highways (Pre-Roman)”,
ABD 5.776–82; D. A. Dorsey, “Roads”, OEANE
4.431–34; ídem, The Roads and Highways of Ancient
Israel (Baltimore: John Hopkins University Press,
1991); ídem, “Shechem and the Road Network of
Central Samaria”, BASOR 268 (1987) 57–70; M. HarEl, Landscape, Nature and Man in the Bible: Sites and
Events in the Old Testament (Jerusalén: Carta, 2003); B.
MacDonald, “East of the Jordan”: Territories and Sites
of the Hebrew Scriptures (Boston: American Schools
of Oriental Research, 2000); H. Tsoar y Y. Yekutieli,
“Geomorphological Identification of Ancient Roads
and Paths on the Loess of the Northern Negev”,
Israel Journal of Earth Sciences 41 (1993) 209–16; J.
Wilkinson, “The Way from Jerusalem to Jericho”, BA
38 (1975) 10–24.
G. L. Linton
CANAL DE SILOÉ. Véase AGUA Y SISTEMAS DE
AGUAS.
CANAÁN, CANANEOS
El estudio de la tierra de Canaán y su cultura es crucial
para comprender el mensaje de los Libros Históricos
del AT, ya que estos libros aparecen en el contexto de
Canaán. Es más, el *hebreo es, lingüísticamente, una
de las ramas de las lenguas cananeas, y las formas
literarias de la Biblia presentan una intensa afinidad
con las literaturas “cananeas” tanto de la Edad del
Bronce Reciente como de la Edad del Hierro. Además,
los israelitas enseguida adoptaron la escritura alfabética cananeo-fenicia.
1. Fuentes
2. El nombre Canaán
3. Área geográfica
4. Grupo étnico
5. Idioma
6. Escritura
7. Cultura
8. Religión
148
1. Fuentes.
La información de la que disponemos sobre Canaán y
los cananeos proviene de tres fuentes distintas: documental o de inscripciones, arqueológica, y tradicional.
Desafortunadamente, los datos provenientes de
descripciones de Canaán (i.e., Siria-Palestina) durante la Edad del Bronce Reciente (1550–1200 a.C.)
son escasos, y casi todos los datos lingüísticos que
conciernen a los cananeos proceden de fuera de
Canaán (i.e., Amarna y Ugarit), de textos cuneiformes
en tablillas de arcilla, exceptuando algunas tablillas de
arcilla acadias halladas en *Hazor, Afec y otros lugares
del Bronce Reciente.
Las tablillas de Amarna son una fuente directa
de información. La mayor parte de los numerosos
documentos del siglo XIV (unos cuatrocientos textos)
escritos en acadio (la lengua franca del antiguo Oriente
Próximo en aquella época) y hallados en la ciudad de
Amarna, en el Nilo Medio, eran cartas que enviaban
a los faraones los reyes vasallos de Siria-Palestina y
los gobernantes de Chipre y Ugarit (véase Moran). La
ciudad de Ugarit estaba ubicada al norte de Canaán,
pero su cultura y su religión parecen haber sido muy
similares a las de Canaán. Los archivos egipcios y
mesopotámicos también arrojan luz, indirectamente,
sobre varios aspectos de la vida de los cananeos.
Desde el I milenio a.C., se conocen alrededor
de trescientas inscripciones alfabéticas del sur de
Canaán, pero la mayoría son muy cortas, a menudo
constan sólo de una palabra o nombre (véase Renz y
Röllig). Sin embargo, los restos de varios cientos de
bullae (pequeños pedazos de arcilla con trazos de
sellos), a veces con breves inscripciones y con trazos
de papiro en el dorso, muestran que en el Canaán
meridional se utilizaba el papiro, perecedero, como
material de escritura, presumiblemente debido a la
influencia egipcia (véase Deutsch).
También proporcionan información sobre Canaán
objetos tales como cerámica, armas, estatuillas,
relieves y edificios y estructuras urbanas excavadas en
Siria-Palestina. Algunos relieves hallados en palacios
reales de *Asiria en Nimrod y Nínive, entre otros
lugares, también describen la vida en Canaán.
Autores de la época grecorromana recogieron
algunas tradiciones de la antigua Canaán. Por
ejemplo, según Eusebio de Cesarea (fallecido en 340
d.C.), Filón de Biblos (muerto en 160 d.C.) preservó
una tradición fenicia de Sanjuniatón sobre la creación
del mundo. Sin embargo, el conocimiento de Filón
Canaán, cananeos
acerca de la cosmogonía fenicia estaba altamente
helenizado. Con mucha diferencia, los datos más
abundantes sobre Canaán y los cananeos provienen
del Antiguo Testamento.
2. El nombre Canaán.
La primera mención a Canaán se encuentra en un
documento acadio de c. 1800 a.C., de Mari en el Medio
Éufrates: cananeo (lúki-na-aḫnum). Después, en un
texto acadio del siglo XV, la biografía de Idrimi, rey
de Alalah, aparece la expresión “la tierra de Canaán”.
Un texto egipcio del siglo XV menciona a los cananeos
en una lista de botines de la campaña asiática de
Amenhotep (Amenofis) II, y la famosa “estela de
Israel” de Merneptah del siglo XIII a.C., se refiere a los
cananeos como uno de los pueblos derrotados (véase
Naaman).
El nombre Canaán se escribe kn῾n (fenicio,
hebreo), ki-na-aḫ-num (acadio), ki-na-ḫi (ugarítico,
escrito silábicamente), etcétera, pero su etimología se
desconoce. En un principio, se explicó tomando como
base el hurrita kinaḫḫu, “tela teñida de azul”, pero
ahora se cree que es más probable que esté relacionado
con kn῾, “doblar, inclinar”, aunque tampoco hay
muchos fundamentos para esta perspectiva.
3. Área geográfica.
Canaán nunca fue una unidad política, y no la
dominaba ninguna ciudad en particular. ¿Cuál era,
entonces, su área geográfica? Se ha aceptado comúnmente que el área entre la costa del mar Mediterráneo
y el río Jordán, lo que incluye la costa meridional de
Siria, Líbano e Israel (Palestina) en el mapa actual.
Si se utiliza para referirse al área donde vivieron
los pueblos cananeo parlantes (*fenicios, *hebreos,
*moabitas, *amonitas, *edomitas, pero no arameos),
Canaán incluye el área al este del Jordán. En Ugarit,
los “cananeos”, kn῾ny (véase Olmo Lete y Sanmartín,
449), aparecen como extranjeros. Por tanto, Canaán
hace referencia política y étnicamente al área al sur
de Ugarit. Las cartas de Amarna ven Canaán como
una provincia egipcia que incluye Tiro y Biblos, pero
no Ugarit. N. P. Lemche (1991) discute la realidad
histórica de una tierra o pueblo cananeos, y considera
que Canaán era simplemente “una entidad geográfica
de algún tipo” y que cananeos era un término social
del II milenio a.C. Sin embargo, este punto de vista
se basa en la falta de control adecuado de las fuentes
de información primarias de los datos de la Edad del
Bronce Reciente (1550–1200 a.C.), especialmente de
las cartas de Armarna (véase Naaman; Rainey).
A principios de la Edad del Bronce Reciente, *Egipto
administraba Canaán como una de sus tres provincias
(las otras eran Amurru y Upi) de Siria-Palestina. Más
tarde, tras la batalla en Cades, en el siglo XIII a.C.,
Amurru, la provincia más septentrional, acabó bajo la
soberanía hetea. Después de la invasión por parte de
los Pueblos del Mar en el reinado de Ramsés III (1184–
1153 a.C.), Canaán a veces alude específicamente al
sur de Palestina. Más adelante, los griegos llamaron a
Canaán “Fenicia”.
El documento que menciona a Canaán con
más frecuencia es el AT, donde el nombre aparece
ochenta veces, sesenta y cuatro de ellas como “la
tierra de Canaán” (ereṣ kĕna῾an). Según Números
34:3–12 (cf. Ez 47:15–20), la frontera meridional de
“la tierra prometida” iba desde el desierto de Zin
hasta el extremo sur del Mar Muerto, y hasta el sur
de Cades-barnea (Nm 34:3–5); y la frontera norte era
Hamat (Nm 34:7–9) (véase Extensión geográfica de
Israel). No obstante, a veces Canaán se refiere en la
Biblia sólo a Fenicia (véase Nm 13:29; Jos 5:1), lo cual
incluye las ciudades fenicias de Canaán pero excluye
las montañas del Líbano. En ocasiones, se refiere tan
sólo a Filistea (e.g., Sof 2:5). Tantos usos diferentes
del término reflejan los cambios en su utilización
en otros documentos del antiguo Oriente Próximo
(véase Tammuz).
4. Grupo étnico.
Es difícil determinar quiénes eran los “cananeos” del
AT (véase Etnicidad). A veces esta palabra es una
designación general de los habitantes pre-israelitas
de la tierra (e.g., Gn 50:11; Dt 11:30). A veces alude
a una de las siete naciones que vivieron en el Canaán
pre-israelita: heteos, gergeseo, amorreos, cananeos,
ferezeos, heveos, jebuseos (Dt 7:1; cf. 20:17). Los
cananeos se encontraban entre las naciones que Yahvé
ordenó a Moisés expulsar (Dt 33:2) o exterminar (Dt
20:17). Los cananeos y los amorreos a menudo se
mencionan uno al lado del otro, aunque los primeros
residían cerca de la costa y los segundos en la región
montañosa (Dt 1:7).
5. Idioma.
Las lenguas cananeas pertenecen a la familia semítica
noroccidental (véase Huehnergard). Todas se caracterizan por un cambio fonético, denominado la
149
Canaán, cananeos
“inflexión cananea”, en la que una a larga tónica pasó
a ser una o larga tónica, como atestiguan el fenicio, el
púnico, el hebreo, etc. El ugarítico y el *arameo, que
no sufrieron este cambio, están clasificados como una
rama diferente del semítico noroccidental, aunque
algunos expertos consideran que el ugarítico sí
es cananeo.
El acadio de las cartas de Amarna del siglo XIV
de Biblos, *Gezer, *Jerusalén y *Siquem exhibe
características de la gramática cananea. El fenicio se
encuentra en Biblos, Tiro, Sidón y otros lugares del
siglo X a.C. en adelante. El púnico era un dialecto del
fenicio hablado en Cartago y sus colonias del siglo V
a.C., y después de la caída de Cartago pasó a llamarse
neo-púnico.
El hebreo es, con diferencia, la lengua cananea más
conocida. Las pruebas inscritas más antiguas son del
calendario de Gezer del siglo X a.C. (véase Inscripciones hebreas). El AT preserva tanto el hebreo arcaico
como el clásico, así como el hebreo clásico tardío
[véase Hebreo (idioma)]. Existen ciertas diferencias
entre el dialecto judío (meridional) y el dialecto
israelita (septentrional). El moabita, el amonita y el
edomita difieren del hebreo sólo dialectalmente.
6. Escritura.
Existían básicamente dos tipos de escritura en
Canaán. Una, utilizada en las cartas de Amarna,
era, razonablemente, escritura acadia estándar, con
una mezcla de caracteres cuneiformes (“en forma de
cuña”) silábicos y logográficos en tablillas de barro. El
otro era el alfabeto (véase Naveh).
El primer ejemplo de escritura alfabética cananea
es el hallado en una roca en Wadi el-Hol del Alto
Nilo, cerca de Tebas, fechado en el c. 1900 a.C.
Probablemente fueran trabajadores forzosos de
Palestina quienes tallaron su lengua simplificando
la escritura jeroglífica egipcia. Las inscripciones
proto-sinaíticas, algo posteriores, parecen utilizar un
sistema parecido. Algunas de las cartas se parecen a los
escritos proto-cananeos del siglo XVII al XVI a.C. de
Gezer, Siquem y *Laquis. Supuestamente, estos textos
alfabéticos estaban escritos, por norma general, en
materiales perecederos tales como papiros, siguiendo
la costumbre egipcia.
El alfabeto que se desarrolló durante la Edad del
Bronce Reciente consistía en unas veinte letras,
normalmente escritas con una caligrafía lineal,
aunque en algunos lugares (como Ugarit) las letras
150
estaban escritas en cuneiforme y en tablillas de arcilla.
Se han encontrado unos pocos textos alfabéticos
cuneiformes en el sur de Palestina—por ejemplo, Betsemes (KTU 5.24), al este del monte Tabor (KTU 6.1),
Taanac (KTU 4.767). Varias tablillas ugaríticas (“textos
especulares” [KTU 4.31; 4.710]) están escritas de
derecha a izquierda utilizando el alfabeto “más corto”
de veintidós letras, como en los posteriores fenicio y
hebreo, en lugar de escribirlo de izquierda a derecha
con las treinta letras normales del ugarítico. Todos los
datos lingüísticos encontrados en la propia Canaán
de la Edad del Hierro estaban escritos utilizando el
alfabeto lineal fenicio en lenguas cananeas como
fenicio, hebreo, moabita y amonita, así como en
arameo (véase Escritura, materiales de escritura y
alfabetización en el antiguo Oriente Próximo).
7. Cultura.
La Biblia parece sugerir que existía una cultura común
cananea desde al menos la época patriarcal. Abraham,
del distrito *arameo-parlante de Harán, podía hablar
con los cananeos nativos. En Génesis 31:47–48, Labán
usó un término arameo, Yegar-Sahadutha (Jegar
Sahaduta), para el majano de piedras, mientras que
Jacob le dio un nombre hebreo (i.e., cananeo), Galed (Galaad). Así pues, los ancestros de los israelitas
estaban lingüísticamente cananeizados. Los filisteos
egeos del distrito de Gerar estaban semitizados
durante la era patriarcal. Debe tenerse en cuenta que el
rey tenía un nombre semítico, Abimelec (e.g., hebreo,
ugarítico), mientras que el comandante del ejército
conservó su nombre filisteo (i.e., no semítico), Ficol
(Gen 26:26). Más tarde, durante la época de Sansón,
Samuel y Saúl, los filisteos estaban absolutamente
cananeizados, de modo que incluso adoptaron a
Dagón, el dios tradicional de Siria-Palestina (e.g.,
Jue 16:23; 1 Sm 5:2), aunque aún preservaban su
habilidad con los metales (Jue 13:19–22) y la cerámica,
especialmente con la cerámica bicroma.
Sin embargo, las fuentes extrabíblicas cananeas sobre
la cultura cananea son extremadamente limitadas, por
lo tanto las pruebas ugaríticas son muy importantes
(véase Watson y Wyatt). Ugarit está situado fuera de
Canaán, su idioma no es cananeo en sentido estricto,
los habitantes de Ugarit consideraban a los cananeos
extranjeros, y Ugarit fue destruida alrededor del año
1200 a.C., antes de que los israelitas se instalaran en
Canaán. No obstante, su cultura fuera probablemente
muy similar a la posterior cultura cananea.
Canaán, cananeos
Ugarit no se encontraba aislada; como puerto
que servía de conexión entre el Egeo, especialmente
Chipre e incluso Egipto, con los estados del interior,
estaba ubicada en una intersección de la cultura
del Oriente Próximo. Compró barcos a Egipto para
comerciar con los pueblos heteos, chipriotas y egeos.
Los puertos del sur de Palestina, *Asdod y Acre,
se mencionan en textos ugaríticos. Las cerámicas
chipriotas encontradas en *Jericó, las cuales imitaban
ampliamente, debieron llegar vía Ugarit y Asdod.
Las cartas de Amarna incluyen cartas de Ugarit a
un faraón egipcio, y se ha encontrado una carta del
gobernador de Ugarit al alto comisionado egipcio
de Canaán en la ciudad del sur de Palestina, Afec.
Todas ellas estaban escritas en la lengua franca,
acadio. Seguramente, la “era de Amarna” en el siglo
XIV a.C. fue internacional, y toda el área, que incluía
tanto Canaán como Ugarit, participó del contacto
cultural con otras partes del antiguo Oriente Próximo,
promovida especialmente por las actividades de los
comerciantes y los técnicos, quienes probablemente
pudieran comunicarse fácilmente tanto en acadio
como en sus lenguas nativas, y tanto oralmente como
por escrito. Supuestamente, gran parte de la comunicación en el día a día se conducía en el alfabético
semítico simple.
La interculturalidad de la cultura ugarítica está
ilustrada por la existencia de varias listas de vocabulario cuatrilingües, en sumerio, acadio, hurrita y
ugarítico, así como por otros textos escritos en egipcio,
chipro-minoico y heteo, aparte de mil trescientos
documentos ugaríticos y acadios.
Las inscripciones escritas en ugarítico que utilizaban
el alfabeto cuneiforme se han encontrado no sólo en
los sitios próximos al cabo Ras Ibn Hani, Sultan Tekke
al este de Chipre, y Tell Sukas, pero también al sur de
Palestina—por ejemplo, Bet-semes, monte Tabor o
Taanac. En Ugarit, el segundo segmento más amplio de la
población eran los hurritas no semíticos, que no estaban
organizados políticamente tras la destrucción de Mitani
en el siglo XIII a.C., aunque contribuyeron enormemente
al contacto cultural entre los diferentes pueblos de Siria
y Palestina. Los egipcios incluso llegaron a llamar al área
de Siria-Palestina la tierra de Ḫurru.
Aunque los egeos probablemente destruyeron
Ugarit sobre el año 1200 a.C. y nunca fue reconstruida,
la cultura que representaba probablemente continuó
en la zona, así como en Canaán. Las costumbres de
la religión fenicia presentan afinidades obvias con
la religión ugarítica. En Canaán, así como en Siria,
la unidad política principal era la ciudad-estado
gobernada por un rey que controlaba una pequeña
área de su propiedad, como se ilustra en las referencias
bíblicas a los reyes de Canaán o los cananeos (Jue
5:19; Jos 5:1). Ningún rey unificó el área al completo
política o militarmente. Los cananeos que tenían
“carros herrados” (Jos 17:16, 18) eran herederos de los
maryannu (“auriga”) de la Edad del Bronce Reciente,
como confirma la sociedad ugarítica.
Nuestro conocimiento sobre los antiguos cananeos
es limitado, y no se debería generalizar. Sin embargo,
es cierto que las culturas cananeas, especialmente
aquellas de la Edad del Bronce Reciente (1550–1200
a.C.) y la Edad del Hierro (1200 a.C. en adelante)
estaban muy desarrolladas e interconectadas. Por
tanto, la totalidad de la tierra de Canaán se había
convertido, fundamentalmente, en una cultura común
con una lengua común muy parecida al ugarítico. Así
pues, hasta que no se encuentren pruebas literarias
sustanciales en Palestina, los documentos ugaríticos
seguirán siendo los datos más importantes para el
estudio de Canaán. En el siguiente apartado se utilizan
los mitos y textos litúrgicos ugaríticos para centrar la
atención en el aspecto religioso de la cultura cananea.
8. Religión.
8.1. Datos. Hasta el descubrimiento de los textos
mítico-religiosos ugaríticos en 1929, prácticamente
las únicas fuentes de información sobre la religión
cananea aparte del AT eran las costumbres, muy
posteriores, de Filón de Biblos y Luciano de Samosata,
entre otros. Los datos contemporáneos de la propia
Canaán proporcionan poca información sobre sus
prácticas religiosas, ya que las inscripciones fenicias
y púnicas son muy limitadas en cuando a sus géneros
literarios, y no hay disponible casi ningún texto
mitológico o litúrgico para realizar una comparación.
Las inscripciones hebreas son en su mayoría muy
cortas, y no se conoce ningún texto religioso o
literario importante.
Se han excavado *lugares altos cananeos preisraelitas (hebreo bāmôt; cf. ugarítico bmt) en
*Meguido y Hazor, entre otros. Incluso en el período
israelita, se practicaba un culto a Yahvé baalizado en
estos santuarios locales “en todo collado alto, y debajo
de todo árbol frondoso” (e.g., 2 Re 17:10) hasta que
*Josías los abolió en 621 a.C. Los pilares de piedra
(maṣṣēbôt) —símbolo de una deidad masculina—y
151
Canaán, cananeos
altares de incienso están entre los objetos característicos encontrados en estas excavaciones. Sin
embargo, no siempre es tarea fácil interpretar estos
objetos, y sin el apoyo de inscripciones resulta
prácticamente imposible decidir qué tipo de prácticas
religiosas se llevaban a cabo. Incluso la identificación
de imágenes divinas puede ser complicada. Por
ejemplo, los expertos discuten incesantemente
acerca de si las imágenes de toros en Siria-Palestina
simbolizan a El o a Baal.
No obstante, Ugarit y algunas ciudades vecinas
proporcionan información tanto textual como
arqueológica sobre la vida religiosa en Siria-Palestina.
Por ejemplo, el culto a Dagan era una antigua práctica
siria que data del III milenio a.C., como puede
observarse en las tablillas de Ebla. El mito heteocananeo “Elkunirsha y Ashertu” (COS 1.55:149)
del II milenio a.C. está lleno de información. Los
textos egipcios muestran que se adoraba a los dioses
cananeos también en el área del delta del Nilo desde
épocas muy tempranas.
8.2. Religión ugarítica. El estudio de textos
religiosos no es el estudio de la religión en sí. No
obstante, sin un análisis minucioso de los textos,
los estudios religiosos son subjetivos. Ugarit es
excepcional en tanto que proporciona abundantes
datos textuales y no textuales sobre su vida religiosa
(véase Watson y Wyatt, cap. 13). Aún así, dichos textos
normalmente se han encontrado en archivos reales o
de los templos, por lo que las tradiciones religiosas
populares no se ven necesariamente reflejadas en
ellos. Existían ciertas diferencias en el culto nacional
llevado a cabo en los templos, las ceremonias de la
familia real en el palacio, y las prácticas religiosas de
una familia corriente.
Las deidades implicadas en los diferentes cultos
y mitos a menudo eran distintas. Ugarit tenía un
templo dedicado a Dagan y otro a Baal. De una
manera significativa, Dagan no aparece en los
textos mitológicos existentes, mientras que Baal,
supuestamente su hijo, es una figura esencial. Algunas
deidades de la lista oficial del panteón, tales como el
“ancestro divino” (Ilib) (Olmo Lete y Sanmartín, 52) y
Rashpu, no son figuras activas en los mitos, y muchos
de los que aparecen en los textos rituales, como
Horon y la “Señora del palacio” (B῾lt bhtm), tampoco
aparecen. Por otra parte, las deidades ctónicas (del
inframundo) como Mot (“Muerte”), a menudo activas
en los mitos, normalmente eran odiadas y no aparecen
152
en el panteón. También había numerosas deidades
secundarias aunque populares cuyos nombres se
encuentran sólo en conjuros mágicos.
8.3. El panteón ugarítico. La lista “oficial” del
panteón de Ugarit (KTU 1.47; 1.118 [= RS 24.264 +
24.280] // RS 20.24), que se conoce gracias a varias
copias y en varios idiomas (ugarítico, acadio, hurrita),
enumera unos treinta dioses y diosas en un orden fijo.
Los más importantes son los siguientes.
El primero de la lista es Ilib, el “Ancestro divino”
(no el “Dios del ancestro”). Esto indica la importancia
que tenía la adoración de los ancestros o el culto a los
muertos en Ugarit.
El siguiente, El, es el protagonista del mito del
“Nacimiento de los dioses buenos [ilm n῾mm]”
(KTU 1.23), mientras que en los mitos de Baal, El
es una autoridad que toma decisiones y da consejo
a las deidades más jóvenes. Es el creador de las
“criaturas”, el progenitor de los dioses, y el “padre de
la humanidad” (ab adm). Tiene el sobrenombre de
“Toro” (ṯr), pero si las imágenes de toros encontradas
en Siria-Palestina lo simbolizan a él o a Baal no está
claro. Sin embargo, cuando Aarón (Ex 32:4) y después
*Jeroboam (1 Re 12:28) utilizaban un becerro/toro
de oro para simbolizar a Yahvé, los israelitas seguían
la tradición religiosa de El. Aunque, por otra parte,
ninguno de estos líderes era consciente de estar
introduciendo una deidad extranjera, Baal: debido a la
semejanza lingüística de “Dios” (ēl) y el dios cananeo
El, inconscientemente introdujeron la imagen de un
toro para Yahvé.
El dios Dagan es el tercero del panteón, y uno
de los dos templos de Ugarit estaba dedicado a él.
Se lo conoce desde la Edad del Bronce Antiguo en
Mesopotamia y el norte de Siria, especialmente en
Mari y Ebla. Los filisteos aparentemente adoptaron a
este dios como su deidad nacional poco después de
llegar a Palestina a principios de la Edad del Hierro
(Jue 16:23; 1 Sm 5:2), lo que se demuestra por el papel
continuo que representa Dagan entre las religiones de
Siria-Palestina.
Baal, el dios más popular entre los cananeos, es
el siguiente de la lista. El otro templo ugarítico está
dedicado a él. Como dios de la tempestad, se convirtió
en el rey de los dioses tras derrotar al caótico Mar
(Yam). Sin embargo, no se trataba de un creador.
Era el “Señor de la Tierra” (b῾larṣ), que trajo consigo
fertilidad. Como dios de la vida, fue derrotado por
Mot, dios de la muerte, y permaneció muerto durante
Canaán, cananeos
siete años, pero finalmente conquistó a la muerte. Esta
tradición de un ciclo “sabático” de grave hambruna se
refleja en la historia de José (Gn 41:30).
Baal aparece siete veces en la lista, empezando con
el nombre Baal Ṣapānu. También lo mencionan varios
textos con nombres locales—por ejemplo, “Baal de
Ugarit”, “Baal de Alepo” y el fenicio “Baal de Sidón”.
El bíblico Baal-peor, uno de los dioses principales de
los moabitas, madianitas y amonitas, probablemente
sea la manifestación local del Baal cananeo (Nm 25).
Los nombres de Jezabel y su padre, Et-baal (1 Re
16:31), significan “¿Dónde está el príncipe?” y “Aquí
está Baal”, haciendo referencia a la historia de Baal,
el “príncipe” (zbl) que desapareció de este mundo y
resucitó. El culto a Baal fue una verdadera tentación
para los israelitas durante toda su vida en Canaán.
Existen diosas de la fertilidad como parejas de los
dioses, pero quién está emparejado con quién varía
según las diferentes fuentes. En los mitos ugaríticos
la mujer de El es Asera, la madre de setenta hijos
divinos. En Ugarit Baal se relaciona con Anat,
llamada la “virgen”, diosa de la guerra y del amor,
como Ishtar de Mesopotamia y la “reina del cielo” (Jr
44:17). Sin embargo, durante la época de Acab, Baal
estaba asociado con Asera (1 Re 18), y en otros pasajes
bíblicos con Astarot (= diosa ugarítica de la fertilidad
ttrt [véase 1 Sm. 7:4; 12:10]), como lo estaba en la
ciudad siria de Emar.
Aparte de las deidades normales, existen: el dios
Ṣapānu, que es la deificación del monte Ṣapānu,
la residencia de Baal; el dios utḫt, el quemador de
incienso deificado; y el dios kināru, el arpa deificada
(véase Olmo Lete y Sanmartín, 450–51). Estos tres
dioses ilustran muy bien la naturaleza animista de la
religión “cananea”.
8.4. Religión fenicia. Los fenicios mantuvieron los
anteriores dioses tradicionales “cananeos” como Baal,
El, Baalat, Astarté y Reshef, pero añadieron otros
dioses tales como Melkart, Baalshamin, Eshmún y
Adonis. En la religión púnica, se adoraba a Baalhammon y Tinnit junto con Melkart, Eshmún, Reshef
y otros.
En la cosmogonía de Filón de Biblos (resumiendo a
Sanjuniatón), la influencia helénica puede observarse
en los nombres de figuras divinas tales como Elos
(El), Zeus Belos (Baal), Adodos (Hadad) Dagón, y
Eliún, padre de Urano (Cielo) y Gea (Tierra).
8.5. Prácticas religiosas. Los festivales religiosos
de Canaán eran básicamente agrícolas. La fiesta de
año nuevo era en la época de la recolección de otoño.
Desafortunadamente, no existe demasiada información disponible sobre la naturaleza de estos festivales.
Los sacrificios eran importantes. Su propósito era
proporcionar comida a los dioses, como se observa
en la epopeya de Aqhat (KTU 1.17:I:2–13), donde
Dan-el los alimenta y come y bebe con ellos. El
ugarítico y el hebreo tienen muchos términos para
rituales en común—por ejemplo, dbḥ, “sacrificio”;
šrp, “holocausto”; šlm(m), “víctima/sacrificio de
comunión, ofrenda de paz” (Olmo Lete y Sanmartín,
819); ndr, “juramento”. Sin embargo, existen muchas
diferencias conceptuales.
La adivinación de diversos tipos era prevalente
por todo el antiguo Oriente Próximo, como la
hepatoscopia (Ez 21:21), en la que los sacerdotes
adivinaban mediante el análisis de las líneas de los
órganos, como el hígado o los pulmones, de animales
sacrificados. Se han hallado modelos de órganos
hechos de arcilla con mensajes grabados en ellos en
Mari, Ugarit, Hazor y Meguido. Los nacimientos no
naturales también eran considerados un mal augurio.
Los himnos y oraciones son características básicas
de cualquier religión, y se han encontrado varios en
Mesopotamia dedicados a, por ejemplo, Marduk y
Shamash. Un ejemplo ugarítico es el de una oración
de liberación del ataque del enemigo. Una única
tablilla de barro preserva un himno hurrita a Nikkal,
junto con una notación musical acadia y un colofón.
El culto a la fertilidad era fundamental en Canaán.
En una tablilla ugarítica se describe a El teniendo
relaciones sexuales con dos mujeres que engendraron
a los siete “dioses buenos” (ilm n῾mm) traerían
la fertilidad a la tierra. Sin embargo, antes de su
nacimiento, Mt w Šr (“Muerte y demonio”), el dios
de la muerte y la futilidad, tuvo que ser destruido por
magia simpática. Es posible que se representara un
hieros gamos (matrimonio sagrado) en algún momento
del ritual para inducir fertilidad (Tsumura 1999).
La prostitución sagrada era, supuestamente, una
forma de magia simpática practicada para estimular la
fertilidad. En Ugarit, aparte de los sacerdotes habituales
(khnm), había una clase llamada qdšm, quienes
posiblemente fueran prostitutas rituales relacionadas
con Asera, quien tenía el sobrenombre de “Santidad”
(qdš) (Tarragon, 138–41; cf. Olmo Lete y Sanmartín,
696). Los prostitutos (qĕdēšîm) en la Biblia parecen
estar relacionados con Asera (véase 1 Re 14:23–24;
15:12–13; 2 Re 23:4, 6–7). Los fenicios heredaron esta
153
Canaán, cananeos
práctica de prostitución sagrada. Deuteronomio 23:17
prohíbe la prostitución en el templo, ya sea de hombre
(qādēš) o de mujeres (qĕdēšāh).
El culto a los muertos estaba bien arraigado en
Ugarit. Muchos rituales requerían sacrificios a ilib,
el “Ancestro divino”, el primer dios en la lista del
panteón. Un texto (KTU 1.17:I:26–33) afirma que
el hijo mayor debe “levantar la estela del ancestro
divino [ilib] [de su padre] en el santuario” así como
“buscar su incienso de entre el polvo”. También debe
celebrar una comida ceremonial en la casa de Baal.
Muchas casas ugaríticas tenían tuberías que llevaban
a las tumbas de los sótanos, obviamente para proveer
de agua a los fallecidos, probablemente todos los días
(véase Margueron).
Un texto ugarítico (KTU 1.113:13–26) enumera los
ancestros reales con el título il, como, por ejemplo,
“dios Niqmaddu” (il nqmd) y “dios Yaqaru” (il yqr),
así que la deificación post-mortem de los muertos
existía. En ugarítico, no solo il, sino también rpimilnym e ilm-mtm (KTU 1.6:VI:46–48), se refieren a los
fenecidos. En la Biblia, el término ĕlōhîm (véase 1 Sm
28:13) a veces se refiere a los muertos (mētîm), como
en Isaías 8:19, y estos términos aparecen en Salmo
106:28 (mētîm) y Números 25:2 (ĕlōhîm), donde las
hijas de los moabitas invitaron al pueblo de Israel a
comer los sacrificios de sus ancestros.
El ritual funerario real (KTU 1.161; véase Tsumura
1993) consiste en mandar al rey recientemente
fallecido a reunirse con sus ancestros reales en el
inframundo, y orar por el bienestar de Ugarit y el
nuevo rey. Se invocan el linaje ancestral de los héroes y
reyes muertos (rpum; AT: rĕpāîm, e.g., Is 14:9 [véase
Smith, ABD 5.674–76; también COS 2.56–57:181–83;
Olmo Lete y Sanmartín, 742–43]) y los espíritus de
los reyes recientes (mlkm). No hay ninguna mención
a tal práctica o creencia en la religión yahvista oficial
de Israel. El profeta Ezequiel denuncia lo que parece
ser la práctica de poner tumbas reales o estelas
mortuorias cerca del templo, profanándolo (Ez 43:8)
(véase Lewis, 139).
El marzēaḥ, un festival de bebida relacionado a
veces con una festividad funeraria (Olmo Lete y
Sanmartín, 581), estaba ampliamente extendido
desde Siria hasta el norte de África, desde Ugarit en
la Edad del Bronce Reciente hasta Palmira en el siglo
III d.C. (véase Greenfield, 71). Jeremías 16:5–8 da
a entender que también estaba extendido entre los
israelitas. La “fiestas” (mizraḥ) de Amós 6:7 también
154
parecen estar relacionadas. La necesidad de prohibir
las ofrendas a los muertos (Dt 26:14; Sal 106:28) y los
rituales de auto-laceración (Lv 19:28; Dt 14:1; Jr 16:6)
es un indicativo de que el problema de los cultos
“paganos” a los muertos persistía a nivel popular
en Israel.
La nigromancia (véase Finkel; Lewis) parece
haberse generalizado en Canaán, e incluso en Israel,
a pesar de las órdenes contra las abominaciones
(tô῾ēbôt) de médiums, brujas y practicantes de
nigromancia, quienes invocaban a los espíritus de
los muertos (Dt 18:11; Lv 19:31; 20:6, 27). 1 Samuel
28:3 informa de que “Saúl había arrojado de la tierra
a los encantadores y adivinos”, y se denuncia la
nigromancia en Isaías 8:19, por lo que se trataba de
un problema continuo.
“Moloc”, que aparece en Levítico 18:21; 20:2–5; 1
Reyes 11:7; 2 Reyes 23:10; Jeremías 32:35, se considera
normalmente un nombre divino cananeo, cuyo
análogo ugarítico es mlk (Olmo Lete y Sanmartín,
554). El culto se ha interpretado como un tipo de
sacrificio (¿infantil?) relacionado con la muerte de
los ancestros. Normalmente aparece en contextos
de adivinación, junto con los lazos del dios Malik
con el inframundo (Milku/i). Algunos expertos
defienden que se trata de un término sacrificial y no
de un nombre divino, cognado del púnico molk, pero
otros mantienen que es simplemente una dedicación
mediante el fuego. En cualquier caso, se desconoce su
naturaleza exacta (véase Day 1989).
8.6. Reyes y cultos. En Ugarit, el rey desempeñaba
un papel sacro en los rituales de la corte real tales
como las festividades de la luna llena o la luna nueva,
purificándose con un baño (e.g., KTU 1.119:5; 1.41)
y oficiando parte de la liturgia (véase Miller, 60–63).
Sacrificaba ante el “Ancestro divino” (ilib), la “Señora
del palacio” (b῾lt bhtm) y deidades como Baal y Anat
de modo que él, su familia, la ciudad y sus gentes
pudieran recibir la bendición de los ancestros. Sin
embargo, en los rituales nacionales era un sacerdote,
y no el rey, quien oficiaba (véase Tsumura 1999). En
Fenicia, dos reyes de Sidón, Tabnit y Eshmunazar,
sirvieron como sacerdotes de Astarté (KAI 13:1, 2).
En Canaán, la monarquía era “sacra” más que “divina”
(véase Gn 14:18).
*Saúl, como cabeza de la familia real, parece haber
presidido la comida de la festividad de la luna nueva,
de la que se esperaba que los varones de la familia real
y quizás otros formaran parte (1 Sm 20:5).
Canaán, cananeos
8.7. Culto al sol. La diosa del sol Shapshu (ugarítico
špš = acadio dšamaš [sumerio UTU]), era una deidad
muy popular que a menudo aparecía en mitos, cultos
y conjuros (e.g., KTU 1.100), así como en nombres
propios (véase Miller, 57; Lipiński). El topónimo
“Bet-semes” (“Casa del Sol” [véase 1 Sm 6:9–15]),
así como el femenino del sol en hebreo (véase, e.g.,
Jr 15:9; Miq 3:6; Nah 3:17; Sal 104:22) probablemente
reflejen el culto pre-israelita a la diosa del sol de
Canaán (véase Taylor; Tsumura, NIDOTTE 4.185–
90). Puede que también la consideraran la guía de
los muertos (psychopompē) como sucedía con el dios
del sol mesopotámico Shamash, a quien se le llama
“el dios de los espíritus de los muertos” (bel eṭemmi);
el nigromante (ēšet ba῾ălat ôb) de 1 Samuel 28:7
era literalmente “una mujer que tenga espíritu de
adivinación”, donde “la mujer” probablemente fuera
la diosa del sol (véase Tsumura 1993).
No es de extrañar que los israelitas también practicaran la adoración del sol de algún modo, como
muestran las polémicas referencias de Deuteronomio
4:19 y 17:3, Jeremías 8:2, o Job 31:26–28. El culto al
sol prosperó sobre todo en tiempos de *Manasés, e
incluso después (2 Re 23:5, 11; Ez 8:16). Como observa
K. van der Toorn, dada la larga historia del culto al sol
en Siria y Palestina, “no es necesario asumir que hubo
una innovación por parte de los gobernantes asirios
en el siglo VII” (van der Toorn, 238).
8.8. Las “influencias” de la religión cananea
en Israel.
8.8.1. Metodología. En los debates sobre las
influencias de la religión cananea en Israel, es posible,
según R. S. Hess, distinguir al menos cuatro niveles
de religión en Israel: (1) la religión profética, que
profesaba la fe en Yahvé únicamente; (2) la religión
del estado, que a veces adaptaba tradiciones cananeas
o deidades de estados extranjeros; (3) la religión
popular, que adaptaba costumbres cananeas tales
como la adivinación, la nigromancia y el culto a los
ancestros; (4) la religión extranjera, que se adoptaba
oficialmente en el culto nacional. Normalmente estos
diferentes niveles aparecían entremezclados.
Cuando se comparan la Biblia y la religión cananea,
se ha de ser meticuloso y riguroso. Se debe comparar el
texto bíblico con el de la otra cultura de acuerdo con su
género literario. Especialmente hay que tener en cuenta
que encontrar similitudes lingüísticas y en expresiones
literarias no es suficiente, también se debe realizar
un estudio minucioso de las diferencias entre estas
similitudes (Tsumura 1988). Aunque Israel heredó
muchas prácticas religiosas cananeas, el yahvismo
profético era consistente en su rechazo de los elementos
politeístas extranjeros, aunque a veces se adoptaran
expresiones de los mitos y leyendas cananeos con
propósitos metafóricos (véase el punto 8.8.3).
8.8.2. Yahvé y los dioses cananeos. A menudo se
afirma que la Biblia se apropió de los elementos
religiosos cananeos “en una forma compatible con
la fe propia de Israel” (Day, ABD 1.831–37). En
particular, a menudo se afirma que los autores bíblicos
identificaban a Yahvé con el cananeo Baal o El, no
solo lingüísticamente sino también conceptualmente
(véase Smith 2002).
Según J. Day (ABD 1.831–37), “el dios principal
de los cananeos, El, se corresponde en el AT con
Yahvé”. A menudo se afirma que “El-Shaddai”, “ElBetel”, “El-Olam”, “El Eloha”, “El-Roi” y “El-Elyon” son
manifestaciones del “El” cananeo que se identificaron
con Jehová (e.g., Ex 6:2–3), probablemente el dios
madianita del monte Sinaí. Sin embargo, no existe
razón para pensar que el componente “El” en estos
títulos fuera un nombre propio. En ugarítico, il, si bien
podría referirse al dios El, primero fue un nombre
común que se refería a la deidad por excelencia,
“dios”, como el ilu acadio. El elemento il se utiliza
como nombre común, “dios” (Olmo Lete y Sanmartín,
48–50), en nombres propios como ilb῾l (DINGIR.dU),
ilršp (DINGIR.dMAΣ.MAΣ), ilšpš (DINGIR.dUTUəu),
ildgn—“Balu es dios”, “Rashpu es dios”, “Shapshu es
dios”, “Daganu es dios”—así como en frases tales como
il bldn, “dioses del país”; ily ugrt, “los dioses de Ugarit”;
il mṣrm, “dioses de Egipto”; il bt, “el dios de la casa”; ilm
w ilht, “dioses y diosas”; nhr il rbm, “Naharu, el gran
dios”; bn ilm mt, “el divino Motu”. Además, aunque
muchos topónimos contienen “Baal”—por ejemplo,
Baal-hazor y Baal-hermón—no hay nombres que
indiscutiblemente contengan “El”, lo que sugiere que el
culto a “El” no estaba extendido en Canaán. Por tanto,
el nombre “El-Betel” puede significar sencillamente
“dios de Bet-el”, y “El-Elyon” (véase Gn 14:18, 19, 22)
ser simplemente un epíteto (“dios más alto”) de Yahvé.
Por otra parte, parece haber cierta fusión entre Yahvé
y Baal en el nivel popular y el de las importaciones
extranjeras. Puede compararse el “Yahvé de Samaria”
y “Yahvé de Temán” en las inscripciones del siglo
VIII de Kuntillet Ajrud (véase Hadley; Hess) a
las manifestaciones de Baal tales como “Baal de
Ṣapānu”, “Baal de Ugarit” y “Baal de Alepo” (Olmo
155
Canaán, cananeos
Lete y Sanmartín, 209). En la Biblia, encontramos
formulaciones del tipo Baal-más-topónimo tales
como “Baal-peor”, “Baal-Gad”, “Baal-Hazor” and
“Baal-Hermón”.
“Yahvé de Samaria/Temán… y su Asera” podría
compararse con los Baal y Asera de las épocas de
Acab (1 Re 18:19) y Manasés (2 Re 23:4) en lugar de
con el par divino ugarítico de El y Asera. También,
las frecuentes referencias a la relación entre “baales”
y “Asera” (e.g., Jue 3:7; 6:25; 2 Re 17:16; 2 Re 21:3)
respaldan esta relación entre Yahvé y Baal en los
niveles de la religión popular y extranjera.
Sin embargo, en la religión profética, que enseñaba
exclusivamente la fe en Yahvé, no hay lugar para
la monolatría, un sistema en el que se adora a
una deidad aún admitiendo la existencia de otras.
Expresiones tales como “¿Quién como tú, oh Jehová,
entre los dioses?” (Ex 15:11) y “Oh Señor, ninguno
hay como tú entre los dioses” (Sal 86:8a) no son
signos de monolatría, sino que simplemente expresan
la incomparabilidad de Yahvé (Labuschagne) y
demuestran verdadero monoteísmo, como en “no hay
como tú, ni hay Dios fuera de ti” (2 Sm 7:22).
8.8.3. Chaoskampf en la Biblia. A menudo se afirma
que la creación en la Biblia está relacionada con una
Chaoskampf (batalla divina contra el caos) entre
Yahvé y el mar, siguiendo las tradiciones religiosas
antiguas. Ciertamente, existen muchas referencias a
luchas entre dioses y monstruos en mitos, aunque no
es hasta el Enuma Elish babilonio, más bien tardío y
sincretista, que se relaciona la batalla con la creación.
La batalla de Baal contra el mar Yam (no el tĕhôm de
Gn 1:2) no tiene nada que ver con la creación (véase
Tsumura 1989), por lo que no hay razón alguna para
pensar que la creación en la Biblia estuviera en algún
momento relacionada con batallas. En el Salmo 46 las
caóticas aguas del mar no traen consigo forma alguna
de creación, sino destrucción. En pasajes poéticos
tales como Habacuc 3, hay imaginerías de la tormenta
y la guerra que expresan los actos victoriosos de
Yahvé. No hay motivos para relacionarlas con la
creación o con Baal. La imaginería sobre la tormenta y
la guerra a menudo se usa de forma intercambiable en
la literatura del antiguo Oriente Próximo. Además, el
mito ugarítico no asocia la imaginería de la tormenta
con la batalla entre Baal y Yam. En reinado de Yahvé
en el Salmo 29 no está relacionado con el reinado de
Baal tras su victoria ante Yam, el agua caótica, ya que
el agua mabbûl (Sal 29:10) se refiere al Diluvio, con el
156
abūbu acadio (CAD A/1.77–81) —es decir, al arma de
Yahvé, no a su enemigo.
Hay expresiones que hacen referencia a la lucha
de Yahvé contra criaturas parecidas a los enemigos
de Baal, como el leviatán (Sal 74:14; 104:26; Is 27:1),
Rahab (Sal 89:10; Is 51:9) y un monstruo (Sal 74:13).
Sin embargo, casi siempre aparecen en frases aisladas
en textos poéticos, y deberían considerarse imágenes,
metáforas y locuciones, y no como enunciados religiosos. Debería tenerse en cuenta que, incluso en
la mitología ugarítica, las victorias sobre Ltn (i.e.,
leviatán) y el dragón tnn se describían como eventos
pasados, y es razonable asumir que estas tradiciones
se habían extendido en Canaán en la Edad del
Bronce Reciente. Los autores bíblicos las utilizaron
metafóricamente (véase Tsumura 2005).
8.8.4. Culto a los muertos. La escasez de referencias
bíblicas a los espíritus de los muertos o a la vida
después de la muerte fuera, probablemente, una
reacción consciente contra las prácticas paganas de
los pueblos vecinos.
No aparecen prácticas de deificación post-mortem
en la religión profética de Israel. Tampoco el rey
*David ni grandes figuras como Abraham y *Samuel
fueron deificadas tras su muerte. Cuando se enterró
a Samuel “en su casa” en Ramá (1 Sm 25:1), no había
atisbo alguno de las prácticas ugaríticas de adoración
a su espíritu o celebración de un marzēaḥ, aunque
lamentaron su muerte y tuvieron una ceremonia de
enterramiento (1 Sm 28:3). Era una abominación para
los israelitas comerse los “sacrificios de los muertos”,
ya que hacerlo era identificarse con el dios cananeo
Baal-peor (Sal 106:28).
La expresión bíblica “dormir con sus padres”, que
significa “murió y fue enterrado”, usado para David
(1 Re 2:10), *Salomón (1 Re 11:43), *Jeroboam (1 Re
14:20) y *Roboam (1 Re 14:31) entre otros, no tiene
nada que ver con el culto a los ancestros. En la religión
bíblica es Yahvé quien tiene autoridad sobre la vida y
la muerte de los humanos (véase Yamauchi), puesto
que, como dijo Ana, “Jehová mata, y él da vida; Él
hace descender al Seol, y hace subir” (1 Sm 2:6).
8.8.5. Resumen y conclusiones. En varios aspectos,
parece ser que la religión cananea ejerció una
influencia en la vida religiosa de los israelitas. Por otra
parte, aquellas prácticas religiosas cananeas fueron
totalmente rechazadas por la religión profética, aunque los autores bíblicos a veces adoptaban expresiones
y nombres divinos cananeos con propósitos
Canaán, cananeos
metafóricos. Se debería distinguir cuidadosamente
entre las metáforas literarias y el sincretismo religioso,
pues los autores bíblicos utilizaban dichas expresiones
cananeas metafórica o apologéticamente.
Véase también CANAÁN, DIOSES Y RELIGIÓN
DE; DIOS; FUENTES ESCRITAS NO ISRAELITAS:
SIRO-PALESTINAS.
Bibliografía: J. Day, Molech: A God of Human
Sacrifice in the Old Testament (UCOP 41; Cambridge:
Cambridge University Press, 1989); ídem, “Religion of
Canaan”, ABD 1.831–37; R. Deutsch, Biblical Period
Hebrew Bullae: The Josef Chaim Kaufman Collection
(Tel Aviv: Archaeological Center Publication, 2003);
L. Finkel, “Necromancy in Ancient Mesopotamia”,
AfO 29/30 (1983–1984) 1–17; J. C. Greenfield,
“Aspects of Aramaean Religion”, en Ancient Israelite
Religion: Essays in Honor of Frank Moore Cross,
ed. P. D. Miller Jr., P. D. Hanson y S. D. McBride
(Filadelfia: Fortress, 1987) 67–78; J. Hadley, The Cult
of Asherah in Ancient Israel and Judah: Evidence for a
Hebrew Goddess (Cambridge: Cambridge University
Press, 2000); R. S. Hess, “Yahweh and His Asherah?
Epigraphic Evidence for Religious Pluralism in
Old Testament Times”, en One God, One Lord in a
World of Religious Pluralism, ed. A. D. Clarke y B.
W. Winter (Cambridge: Tyndale House, 1991) 5–33;
J. Huehnergard, “Languages”, ABD 4.155–70; C. J.
Labuschagne, The Incomparability of Yahweh in the
Old Testament (POS 5; Leiden: E. J. Brill, 1966); N. P.
Lemche, The Canaanites and Their Land: The Tradition
of the Canaanites (JSOTSup 110; Sheffield: Sheffield
Academic Press, 1991); ídem, “City-dwellers or
Administrators: Further Light on the Canaanites”, en
History and Traditions of Early Israel: Studies Presented
to Eduard Nielsen, May 8, 1993, ed. A. Lemaire y B.
Otzen (VTSup 50; Leiden: E. J. Brill, 1993) 76–89; T.
J. Lewis, Cults of the Dead in Ancient Israel and Ugarit
(HSM 39; Atlanta: Scholars Press, 1989); E. Lipiński,
“Shemesh”, DDD 1445–52; J. Margueron, “Quelques
réflexions sur certaines pratiques funéraires d’Ugarit
(fig. 1–17)”, Akkadica 32 (1983) 5–31; A. R. Millard,
“The Canaanites”, en People of Old Testament Times,
ed. D. J. Wiseman (Oxford: Clarendon Press, 1973)
29–52; P. D. Miller Jr., “Aspects of the Religion of
Ugarit”, en Ancient Israelite Religion: Essays in Honor
of Frank Moore Cross, ed. P. D. Miller Jr., P. D. Hanson
y S.D. McBride (Filadelfia: Fortress, 1987) 53–66;
W. L. Moran, The Amarna Letters (Baltimore: Johns
Hopkins University Press, 1992); N. Naaman,
“The Canaanites and Their Land: A Rejoinder”, UF
26 (1994) 397–418; J. Naveh, Early History of the
Alphabet: An Introduction to West Semitic Epigraphy
and Palaeography (ed. rev.; Jerusalén: Magnes; Leiden:
E. J. Brill, 1987); G. del Olmo Lete y J. Sanmartín, A
Dictionary of the Ugaritic Language in the Alphabetic
Tradition (2 vols.; HO 67; Boston and Leiden: E. J.
Brill, 2003) – existe edición castellana: Diccionario de
la lengua ugarítica, 2 vols. (Barcelona: AUSA, 1996,
2000); D. Pardee, “Ugaritic Myths”, COS 1.241–83;
A. F. Rainey, “Who Is a Canaanite? A Review of
the Textual Evidence”, BASOR 304 (1996) 1–15; J.
Renz y W. Röllig, Handbuch der Althebräischen
Epigraphik, Band 2/2: Johannes Renz: Materialien
zur Althebräischen Morphologie; Wolfgang Röllig:
Siegel und Gewichte (Darmstadt: Wissenschaftliche
Buchgesellschaft, 2003); P. C. Schmitz, “Canaan”,
ABD 1.828–31; K. N. Schoville, “Canaanites and
Amorites”, en Peoples of the Old Testament World, ed.
A. J. Hoerth, G. L. Mattingly y E. M. Yamauchi (Grand
Rapids: Baker, 1994) 157–82; M. S. Smith, “Rephaim”,
ABD 5.674–76; ídem, The Early History of God: Yahweh
and the Other Deities in Ancient Israel (2ª ed.; Grand
Rapids: Eerdmans, 2002); O. Tammuz, “Canaan—A
Land without Limits”, UF 33 (2001) 501–43; J.-M.
de Tarragon, Le culte à Ugarit: D’aprés les textes de
la pratique en cunéiformes alphabétiques (CahRB
19; París: Gabalda, 1980); J. G. Taylor, Yahweh and
the Sun: Biblical and Archaeological Evidence for Sun
Worship in Ancient Israel (JSOTSup 111; Sheffield:
Sheffield Academic Press, 1993); K. van der Toorn,
“Sun”, ABD 6.237–39; D. T. Tsumura, Creation and
Destruction: A Reappraisal of the Chaoskampf Theory
in the Old Testament (Winona Lake, IN: Eisenbrauns,
2005); ídem, The Earth and the Waters in Genesis
1 and 2: A Linguistic Investigation (JSOTSup 83;
Sheffield: Sheffield Academic Press, 1989); ídem, “The
Interpretation of the Ugaritic Funerary Text KTU
1.161”, en Official Cult and Popular Religion in the
Ancient Near East: Papers of the First Colloquium on
the Ancient Near East—the City and Its Life, Held at
the Middle Eastern Culture Center in Japan (Mitaka,
Tokyo), March 20–22, 1992, ed. E. Matsushima
(Heidelberg: Winter, 1993) 40–55; ídem, “Kings and
Cults in Ancient Ugarit”, en Priests and Officials in the
Ancient Near East: Papers of the Second Colloquium
on the Ancient Near East—the City and Its Life,
Held at the Middle Eastern Culture Center in Japan
(Mitaka, Tokyo), March 22–24, 1996, ed. K. Watanabe
157
Canaán, dioses y religión de
(Heidelberg: Winter, 1999) 215–38; ídem, “vmvo, Sun”,
NIDOTTE 4.185–90; ídem, “Ugaritic Poetry and
Habakkuk 3”, TynBul 40 (1988) 24–48; G. E. Watson
y N. Wyatt, eds., Handbook of Ugaritic Studies (HO
39; Boston and Leiden: E. J. Brill, 1999); E. Yamauchi,
“Life, Death, and the Afterlife in the Ancient Near
East”, en Life in the Face of Death: The Resurrection
Message of the New Testament, ed. R. N. Longenecker
(Grand Rapids: Eerdmans, 1998) 21–50.
D. T. Tsumura
CANAÁN, DIOSES Y RELIGIÓN DE
Los Libros Históricos de la Biblia hebrea presentan
a los israelitas como el pueblo que se apoderó del
territorio de los cananeos, y describen la religión
israelita en tensión continua con la adoración de
las deidades cananeas, particularmente con el dios
Baal. Por tanto no es de extrañar que los autores
bíblicos sean muy críticos con los dioses y la religión
cananeos, que reciben un trato muy negativo por su
parte. No obstante, es importante que los lectores de
la Biblia sepan qué pensaban los propios cananeos de
sus dioses y cómo describían sus prácticas religiosas.
Esto es posible ahora gracias, particularmente, a lo
descubierto en Ras Shamra, la antigua Ugarit.
1. Canaán y los cananeos en la Biblia Hebrea
2. La ciudad de Ugarit
3. Las creencias y prácticas religiosas de Ugarit
4. Deidades y religión cananeas en la Biblia Hebrea
5. Conclusión
1. Canaán y los cananeos en la Biblia Hebrea.
1.1. Los cananeos. En la Biblia hebrea el término
cananeos a menudo parece utilizarse sin excesivo rigor
para referirse a aquellos que estaban en esas tierras
antes que los israelitas. La afirmación “y el cananeo
estaba entonces en la tierra” (Gn 12:6; cf. 13:7) sugiere
que éste no era el caso cuando las tradiciones se
pusieron por escrito. A veces aparece sola (e.g., Jue
1:1, 3), pero otras veces lo hace junto con los nombres
de otros pueblos antiguos en lo que parecen ser
listas estilizadas de los anteriores habitantes de estas
tierras (e.g., Jos 3:10). Esta lista de los numerosos
pueblos antiguos supuestamente derrotados puede
haber realzado los logros de Israel y, lo que es más
importante, del Dios de Israel. Existen, sin embargo,
algunas referencias que indican que los cananeos
continuaron viviendo junto con los israelitas (e.g., Jos
17:12; Jue 1:29, 33).
158
Una dificultad estriba en la medida en que es
posible distinguir a los cananeos de otros grupos,
como los amorreos. En Josué 7:7–9 los dos nombres
parecen utilizarse para designar a los habitantes preisraelitas de la tierra en la cual los israelitas estaban
penetrando, y no a dos grupos distintos. No siempre
es fácil diferenciar a los cananeos de los *fenicios, y
es posible que la cultura fenicia tenga que entenderse
como una continuación de la de los cananeos. A. R.
Millard (36) ha descrito a los fenicios como “cananeos
contemporáneos”, así que, como con los israelitas,
la diferencia puede ser meramente temporal. Y, de
hecho, los propios israelitas han sido considerados
cananeos (véase Lemche). Sin embargo, parece que
para los autores de la Biblia Hebrea los israelitas son
un grupo distinto a los cananeos.
Predominantemente, pues, los cananeos son los
habitantes pre-israelitas, y a la luz de este significado
del término sería apropiado buscar pruebas de la
religión cananea en fuentes anteriores a la época en
la que los israelitas estaban viviendo en el Levante
meridional.
1.2. La tierra de Canaán. Cabe mencionar la
extensión del área ocupada por los cananeos, en
particular su extensión hacia el norte, teniendo en
cuenta las cuestiones relativas a la conveniencia de
utilizar los descubrimientos de la antigua Ugarit como
pruebas para describir la religión cananea (véase el
punto 2.1). La “Tabla de las Naciones” bíblica (Gn
10:15–19) sugiere que su compilador entendía que
Canaán se extendía desde Gaza al sur, más allá de
Sidón, y hasta Hamat al norte. Esta extensión hacia
el norte alcanzaría casi hasta Ugarit. Pero otra de
las descripciones de Canaán (Nm 34:2–12) lo ubica
en el extremo norte, en Lebo-hamat (Lebweh),
considerablemente más hacia el sur. Números 33:51
sugiere que Canaán cubría toda el área al oeste del
Jordán, mientras que Números 13:29 da a entender
que los cananeos habitaron solo el área costera y la
tierra a lo largo del Jordán. Pruebas recogidas de
fuentes egipcias (véase Millard, 30–33) sugieren que la
provincia egipcia de Canaán comprendía el territorio
al norte de Gaza, entre el Mediterráneo, al oeste, y
el valle del Jordán, al este. Desafortunadamente, los
límites septentrionales están menos claros.
2. La ciudad de Ugarit.
2.1. El descubrimiento de Ugarit. La información
disponible sobre los cananeos, en un principio
Descargar