COOPERACION INTERNACIONAL EN VASTA ESCALA Por el Dr

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COOPERACION
UNA
REALIDAD
INTERNACIONAL
DEMOSTRADA
EN EL
AFTOSA*
EN VASTA
CONTROL
ESCALA
DE LA FIEBRE
Por el Dr. C. U. DUCKWORTH
Subdirector del Departamento de Agricultura
del Estado de California
Es verdaderamente halagador ver a los habitantes de dos o más países
tratando de resolver problemas mutuos. Podríamos buscar diligentemente y no encontraríamos problema de interes más común que el de
las enfermedades.
Todos sabemos que las enfermedades no respetan las fronteras internacionales o estatales, como tampoco respetan las demarcaciones políticas
o el equilibrio económico. Con los medios modernos de transporte, el
mundo se ha en realidad empequeñecido hasta el punto de que todo
hombre es nuestro vecino y sus problemas son también nuestros problemas. Si nuestro vecino padece de una enfermedad contagiosa, con toda
probabilidad nosotros seremos también víctimas de ella, a menos que
levantemos costosas barreras e implantemos odiosas restricciones para
defendernos de esa enfermedad.
Al presentar este trabajo con todo propósito me abstendré de citar
muchas cifras, pues resulta confuso escucharlas y además, ya han sido
impresas en sendos boletines preparados por los Departamentos de
Agricultura de México y de los Estados Unidos. El objeto principal de
este trabajo es señalar el hecho de que cuando los habitantes de dos
países desean cooperar en un programa de beneficio mutuo, pueden
hacerlo a pesar de exist,ir dificultades al parecer insuperables.
En diciembre de 1946, a los pueblos de MBsico y de los Estados Unidos
los anonadó la noticia de que habfa aparecido en M.éxico una enfermedad
de los animales de pezuña hendida, conocida con el nombre de fiebre
aftosa. Hasta entonces la enfermedad no se había presentado en el norte
del Continente Americano desde 1929. Dándonos perfecta cuenta de
que uno de nuestros problemas más importantes, si no es el mas importante, es el de la alimentación, de inmediato se hizo evidente la necesidad
de erradicar la enfermedad como medida de protección de esta importante fuente de productos alimenticios. Los que están familiarizados con
la enfermedad, saben que reduce en forma marcada la capacidad de
producción de leche; que reduce la carne de los animales de abasto y
que es una causa frecuente de esterilidad. En otras palabras, es una
enfermedad que roba la despensa. Reconociendo esto, los Gobiernos de
México y de 10s Estados Unidos aunaron sus esfuerzos y convinieron
en trabajar conjuntamente para erradicar la fiebre aftosa tan rápida* Trabajo presentado en la 9a. Reunión de la Asociación Fronteriza MexicanaEstadounidense de Salubridad, Los Angeles, California, abril 4-6, 1951.
244
Septiembre
EXI]
FIEBRE
AFTOSA
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mente como fuera posible. Esto necesito no solo acuerdos entre altos
empleados sino que requirió la participación de los presidentes de los
dos países, de embajadas y consulados, y de miembros de gabinete así
como la movilización de todos los recursos de ambos gobiernos para
combatir la enfermedad. Los Departamentos de Agricultura,
Iógicamente, fueron las autoridades encargadas de emprender la lucha.
Se intentó erradicar la enfermedad en México, como se había hecho
hasta entonces en los Estados Unidos; es decir, sacrificando animales
afectados o expuestos al contagio, mediante rígidas cuarentenas, limpieza y desinfección metódicas. Al propagarse la enfermedad en la parte
central de México, hasta abarcar un área equivalente a la de los Estados
de California y Oregón, se hizo evidente que México no podía resistir el
impacto económico de los métodos que se habían empleado en los Estados
Unidos.
En otras circunstancias, esto habría resultado tan desconcertante, que
hubiera anulado y paralizado el esfuerzo cooperativo de ambos países.
Sin embargo, era tan grande el deseo de exterminar la enfermedad y
tan perfecta la cooperación de los dos países, que jamás tal pensamiento
entró en la mente de los encargados de la campaña.
El programa se modificó, iniciándose la vacunación de todos los animales susceptibles en la región, con el propósito de agotar el virus, por
así decirlo, a falta de animales susceptibles. Se podrá apreciar la enormidad de este programa si recordamos que la vacuna confería a los animales
un alto grado de resistencia por un espacio de solo cuatro meses, lo que
significa la revacunación cada cuatro meses.
De conformidad con este plan se vacunaron aproximadamente
17,000,OOO de cabezas de ganado tres veces y algunas cuatro veces.
Sabíamos que los animales vacunados no podian resistir dosis masivas
del virus o la exposición a grandes cantidades de virus muy virulento
por lo que durante todo el período de vacunación, se hicieron constantes
inspecciones y, al encontrarse animales muy infectados, estos eran sacrificados en el acto y sus cadáveres destruídos. Esto no requirió el sacrifico
de gran número de animales, y resultó muy satisfactorio observar que
durante el período de diciembre de 1949 a diciembre de 1950, no se
registraron casos nuevos en la región afectada y no fue necesario sacrificar
un solo animal. En diciembre de 1950, sin embargo, apareció un nuevo
foco de infección en una comarca apartada del Estado de Veracruz.
Los animales afectados fueron sacrificados y la fiebre aftosa volvió a
quedar controlada. Gracias al aislamiento de este foco, se espera que ya
no se propague la infección.
Intervinieron muchos factores para que la campaña en México lograra
su estado actual. No se disponía de vacuna en las cantidades necesarias
en ninguna parte del mundo, y fu6 preciso, entonces, prepararla en vasta
escala si se deseaba llevar la campaña a feliz término. En un mes se
lleg6 a producir hasta 5,000,OOOde unidades, y para lograrlo se hizo
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BOLETfN DE LA OFICINA SANITARIA
PANAMERICANA
necesario traer animales sanos del Norte de Mkico, habiéndose dado
el caso de que la demanda fuera de más de 2,000 cabezas por semana.
Ademas, en vista de las restricciones que prohibían la importación de
ganado de México a los Estados Unidos, fué necesario encontrar un
mercado para el ganado mexicano que hasta entonces habia sido vendido
en los Estados Unidos. Se construyeron empacadoras y se enlató el
producto para su venta a los países europeos en donde había gran demanda de alimentos.
En lo más arduo de la campaña, más de 7,000 personas, entre mexicanos y norteamericanos, trabajaban directamente bajo las órdenes de
la Comisión encargada de erradicar la fiebre aftosa, además del Ejército
de México, que en cooperación con la Comisión estaba encargado de la
cuarentena y de hacer cumplir las leyes y reglamentos.
MQxico luchaba por conservar su industria ganadera y así conservar
su reserva de alimentos. Los Estados Unidos luchaban por el mismo
objetivo, ya que habría sido desastroso si la fiebre aftosa se hubiera
extendido más allá de la frontera.
Los que luchaban contra la enfermedad y los que debían autorizar los
gastos de la campaña, jamás abrigaron la menor duda respecto a lo que
había que hacer. No había sino una sola respuesta: tenemos que lucha,r,
y luchamos.
Me complazco en declarar que durante los últimos 15 meses no se ha
registrado ningún brote de aftosa, aparte del ya mencionado. La campana
en México, en mi opinión, es uno de los programas de cooperacibn más
grandes que registra la historia en tiempos de paz, y creo que podria
servir de ejemplo para desarrollar programas similares.
Ante el peligro de la guerra es fácil que los pueblos se unan en un solo
bando para luchar contra un enemigo común. Al hacer esto, contribuyen
no ~610 con sus recursos, alientos,
municiones, etc., sino hasta con su
propia sangre. Por desgracia, no se reconoce el hecho de que las enfermedades constituyen un enemigo común y que para destruirlas hay que
desplegar el mismo esfuerzo que para combatir al enemigo que pelea
fusil en mano. No es tan dramático ni espectacular ver que los hombres
sean afectados o mueran víctimas de la enfermedad, que ver morir el
mismo numero en el campo de batalla y al fragor del combate. Por lo
tanto, a todos los que nos percatarnos de esta verdad, nos corresponde
hacer todo cuanto esté a nuestro alcance para señalar a las enfermedades
como enemigo común y constante, y esto es aplicable tanto a las que
atacan directamente a la familia humana como a las que atacan las
fuentes de recursos alimenticios de la humanidad.
Es de escaso beneficio para un paiis agotar sus medios y sus esfuerzos
en erradicar una enfermedad, si el país vecino no hace nada y permite
que la enfermedad se propague o continúe siendo foco de infecci6n para
el pa’ís que está luchando por dominarla.
&pthbre
I%5fj
FIEBBBl AFTOSA
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Antes que nada, debemos considerar estos puntos fundamentales
y luego debemos resolver agruparnos en una lucha común. El
deseo de cumplir la tarea es indispensable, luego viene la necesidad de
un plan factible. Le sigue el apoyo de los organismos administrativos y,
finalmente, el espiritu de perseverancia y tenacidad para alcanzar el
objetivo final. Al hacer esto, debemos anticipar y esperar dífkultades de
cuando en cuando, porque el camino está lleno de obstáculos.
La mera mención de los nombres de todas las personas que han luchado
en México contra la aftosa, tomarfa largo tiempo. En esta ocasión ,410
quisiera felicitar entusiastamente a los hombres y mujeres que tomaron
parte en la campaña, desde sus directores hasta aquellos que tuvieron
a su cargo las tareas más humildes. Ellos nos han enseñado la forma en
que se puede combatir una de las enfermedades trasmisibles más insidiosas y contagiosas. Su trabajo bien puede servir de gufa para futuras
campañas de control y erradicación, considerando a las enfermedades
como un enemigo común que demanda una lucha permanente.
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