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Habitat International Coalition
- 2016-11-19 06:49
Argentina: Represión- Incendio Villa 20
Al rato de empezar la ocupación, cayó la Policía Federal. Ellos dicen que el terreno -un baldío lleno de ratas y
basura- les pertenece aunque no lo usen. El gobierno de la Ciudad, que prometió urbanizar Villa 20, dice que
las tierras son de ellos, pero que no pueden disponer de esas tierras por un trámite burocrático.
PRENSA DE FRENTE - Lunes 25 de septiembre de 2006
Boletn quincenal 49- Noticias de los movimientos populares por el cambio social
Texto de Sebastin Hacher
Mi ahijada naci en la casa de su abuela, en el mismo pasillo de Villa 20 donde hoy hubo un incendio
intencional. Se llama Florencia, tiene cuatro aos y acaba de vivir dos das muy agitados. Ayer, la represin a
metros de su casa. Hoy, el fuego que calent las paredes del cuarto donde a veces duerme.
El jueves a la madrugada, su madre estaba entre los que intentaron ocupar tierras. La idea era que Flor y su
hermano dejen de vivir en las casas de uno u otro abuelo, apretados en una cama de una plaza con sus
padres, y con los pulmones impregnados de una humedad que en invierno la llena de mocos. No hace falta
explicar lo difcil del acceso a la vivienda para una familia de bajos recursos.
Rosario -as se llama mi comadre- me confes que tena mucho miedo. Pero dej a sus hijos con la ta, tom coraje,
y arranc para la toma. Cuando llegu para sacar fotos, me encontr con que ms de trescientas mujeres haban
tomado la misma decisin. Una de ellas, Lola, estaba tan embarazada que tena fecha para hoy.
Al rato de empezar la ocupacin, cay la Polica Federal. Ellos dicen que el terreno -un baldo lleno de ratas y
basura- les pertenece aunque no lo usen. La realidad es que ni siquiera est alambrado, y que el cementerio de
automviles que ellos manejan termina a ms de cien metros de all. El gobierno de la Ciudad, que prometi
urbanizar Villa 20, dice que las tierras son de ellos, pero que no pueden disponer de esas tierras por un trmite
burocrtico. Mientras, en la villa casi no se puede alquilar una piecita.
En la tropa policial -unos 500 efectivos de infantera- apenas alcanc a ver una mujer polica. Los comisarios, la
mayora de civil, tenan ese aire castrense que se encuentra en tipos con la personalidad de Astiz. Trajes
impolutos, mucha gomina, mirada sobradora: esa actitud de tipo macho que slo ejerce cuando est frente a
alguien ms dbil.
Cuando empez la represin, se encontraron con una lnea de seoras armadas con ramas de rbol y aguayos.
Algunas tenan a sus hijos en brazos. Otras, como Rosario, los haban dejado en sus casa. Pero haba ms de un
polica por cada una de ellas, as que retrocedieron y se metieron en los pasillos de la villa. Todo dur pocos
minutos. La polica amag con entrar a perseguirlas, pero se detuvieron en las entradas como ante una barrera
invisible. Muchos, lo v con mis propios ojos, tenan miedo: sienten que entrar all es saltar a la dimensin
desconocida.
Pero del otro lado, en la punta del pasillo, estaba Florencia. La nena vio las corridas, escuch los gritos -incluso
los de su propia madre- y se asust. Creo que alguien le dijo que todo era porque se haba perdido un beb, y su
imaginacin de cuatro aos hizo lo dems.
Yo no soy un gran pedagogo, me dicen. Florencia es mi nica ahijada y trato de consentirla. Una de mis
mayores preocupaciones es que se divierta y juegue lo ms posible. Creo que se lo merece, que es el momento
justo para hacerlo. Nuestro juego favorito es el baile del "chuchu", una cancin de Pin Fijo que dice "compaa,
brazo extendido, puo cerrado.". La ltima prueba de ese juego es cantar con la lengua afuera. Cada vez que lo
hacemos somos dos payasos rindonos de nosotros mismos.
Ayer, cuando la situacin se calm fuimos a comprar chupetines al quiosco. Alc a Flor a upa. Aunque cada da est
ms pesada, en esos momentos me permito que se tome las licencias que todos necesitamos. Ella me cont su
teora sobre el nio perdido que haba alborotado al barrio, y no quise contradecirla: lo nico que me importaba
era convencerla que todo haba terminado. Pero claro, todava quedaban cien efectivos de infantera formados
frente al pasillo de su casa. Imposible negar su presencia, imposible esquivarlos. Quise naturalizar su
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presencia y le propuse a Flor practicar una versin light del chuchu, sin las patas de pingino pero con el cuello
fruncido.
Ella se puso muy seria y me dijo "ac no, padrino, que nos puede ver la polica".
2. La de hoy pareca una marcha ms. El objetivo era mostrar el contraste entre los 16 millones de pesos
gastados para la construccin de un estadio de tenis y el olvido que sufren los habitantes del sur de la ciudad.
Aunque para hacerlo alcanzara con obligar a los polticos a un tour en el premetro que atraviesa Soldati y
Lugano, los manifestantes se propusieron llegar hasta Parque Roca, all donde se inauguraba la Copa Davis.
Fue la mejor forma para hacerse visibles que encontraron.
Pero la polica vall las entradas, y la movilizacin se estanc a doscientos metros de Villa 20, el escenario de la
represin de ayer. Los medios festejaron la "normalidad". La nica queja, dijeron algunos periodistas deportivos,
era que desde el palco de prensa no se escuchaban los piques de las pelotas.
A las 11:30 vimos la columna de humo. Alguien avis que era la casa del Pelado. Algunos empezaron a correr.
Como la villa est en un pozo, desde arriba ya se veia que s, que era su casa.
El Pelado estuvo ayer en la toma de tierra: fue a apoyar a sus vecinos de toda la vida, muchos de ellos
inmigrantes paraguayos que llegaron al pas hace ms de 20 aos. Por la ocupacin de ayer, pero mucho antes por
su oposicin a que se construya un polo farmacutico en la zona, varios de los vecinos de ese pasillo recibieron
amenazas. Desde siempre, en el barrio existieron las burocracias de la pobreza. Algunos de esos grupos son
mafias de ocasin que se alquilan o venden a los polticos de turno, a cambio de manejar la ayuda social y
desviar una parte para provecho propio. Los polticos de todos los palos recurrieron y recurren a esos grupos
que les son funcionales: organizan campaas, compran votos, replican promesas y administran la miseria.
Protestar contra el olvido, es tambin protestar contra ellos.
Esta maana, cuando la hija del Pelado vio que algo con fuego entraba por la ventana de su casa, supo que era
un mensaje de esos mafiosos. Estaba sola y atin a salir corriendo. Los vecinos, despus de unos segundos de
shock, armaron dos pasamanos. Uno para el agua; el otro, para intentar salvar los muebles y la ropa. Los
bomberos de la Polica Federal llegaron 20 minutos despus. En los medios luego se dir que fue "por lo difcil del
acceso al predio", pero lo cierto es que tardaron ms del doble de tiempo que ayer, cuando la polica lleg para
reprimir.
En medio del incendio, hubo pequeas batallas particulares. Una fue la de los animales. Perros bajados de los
techos por varios vecinos, gallinas que se tiraban de un segundo piso, y hasta un gato mareado que fue a
meterse al incendio y qued colgado de un cable de electricidad.
Al final, el incendio se apag a dos puntas. De un lado trabajaron los bomberos. Del otro, decenas de vecinos
que se subieron a los techos y se pasaban baldes de agua de mano en mano.
Ayer le saqu una foto al Pelado en la puerta de su casa. La infantera avanzaba y l estaba en la puerta, con su
gorra roja, mirando que pasaba. Hoy esa casa, y la de los vecinos linderos quedaron destruidas.
Pero el dao fue mayor: en lo del Pelado viven, vivan, cinco familias.
A Florencia se llevaron cuando empez el fuego. Estaba conmocionada por el humo y el escndalo de gente, pero
la mala suerte quiso que nos crucemos justo en el momento en el que yo llegaba. Yo no la v, pero ella vio
como entraba en esa bola de humo espesa. Para ella, me haba tragado el incendio.
Cuando las cosas se tranquilizaron un poco, nos encontramos y nos dimos un abrazo enorme. Yo estaba
bastante shockeado. Ella me dio su versin de los hechos: dijo que se haba prendido fuego la casa de su abuela
y -otra vez- que se haba quemado un beb. Para tranquilizarla, la llev hasta la puerta de la casa. En el pasillo ya
no quedaba humo, y varias mujeres estaban mirando los daos. No recuerdo que le dije. S que mantuvimos un
dilogo simptico, y que a ella le pareci todo un juego. Larg una de esas sonrisas con las que compra a todo el
mundo. A las seoras del pasillo les caus gracia y todos nos remos un poco. No tengo idea hasta cuando llega la
edad de jugar, pero ojal pudiera durar para siempre.
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