Consideraciones para la respuesta católica a propuestas

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Consideraciones para la respuesta católica a propuestas
legislativas de no discriminación a homosexuales
(23 de julio de 1992)
Congregación para la Doctrina de la Fe
Prólogo
Recientemente, se han hecho propuestas de ley en algunos estados americanos que harían ilegal
la discriminación en base a la orientación sexual. En algunas ciudades italianas, las autoridades
municipales han concedido viviendas públicas a parejas homosexuales (y heterosexuales no
casadas). Tales iniciativas, aunque parecen dirigidas más al apoyo de derechos civiles básicos
que a la aprobación de la conducta homosexual o su estilo de vida, pueden de hecho tener un
impacto negativo sobre la familia y la sociedad. Quedan de ello implicadas acciones como la
adopción de niños, el contrato y despido de maestros, las necesidades de viviendas de familias
reales, y las preocupaciones legítimas en los contratos de alquiler de viviendas.
Aunque sería imposible predecir y responder sobre todos los casos al respecto de propuestas
legislativas en esta área, estas observaciones tratan de identificar algunos principios y
distinciones de naturaleza general a tener en cuenta en conciencia por el legislador católico, el
votante o la autoridad eclesiástica que ha de confrontar tales cuestiones.
La primera sección recordará párrafos relevantes de la Carta a los Obispos sobre la atención
pastoral a las personas homosexuales de 1986, publicada por esta Congregación. La segunda
sección tratará de sus aplicaciones.
I. Pasajes relevantes de la declaración de 1986
1. El documento recuerda que en 1975 la Declaración sobre ciertas cuestiones de ética sexual
tuvo en cuenta la distinción comúnmente hecha entre la condición o tendencia homosexual y los
actos homosexuales, siendo estos actos "intrínsecamente desordenados" y en ningún caso
aprobables (n. 3).
2. Ya que, "en la discusión que siguió a la publicación de la Declaración, se propusieron unas
interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual misma, hasta el punto de
que alguno se atrevió incluso a definirla indiferente o, sin más, buena," la Carta pasa a clarificar:
"...que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye
sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo
desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como
objetivamente desordenada" (n. 3).
3. "Como sucede en cualquier otro desorden moral, la actividad homosexual impide la propia
realización y felicidad porque es contraria a la sabiduría creadora de Dios. La Iglesia, cuando
rechaza las doctrinas erróneas en relación con la homosexualidad, no limita sino que más bien
defiende la libertad y la dignidad de la persona, entendidas de modo realístico y auténtico" (n. 7).
4. Con referencia al movimiento homosexual la Carta afirma: "Una de las tácticas utilizadas es la
de afirmar, en tono de protesta, que cualquier crítica, o reserva en relación con las personas
homosexuales, con su actitud y con su estilo de vida, constituye simplemente una forma de
injusta discriminación" (n. 9).
5. "En algunas naciones se realiza, por consiguiente, una verdadera y propia tentativa de
manipular a la Iglesia, conquistando el apoyo de sus Pastores, frecuentemente de buena fe, en el
esfuerzo de cambiar las normas de la legislación civil. El fin de tal acción consiste en conformar
esta legislación con la concepción propia de estos grupos de presión, para quienes la
homosexualidad es, si no totalmente buena, al menos una realidad perfectamente inocua. Aunque
la práctica de la homosexualidad amenace seriamente la vida y el bienestar de un gran número de
personas, los partidarios de esta tendencia no desisten de sus acciones y se niegan a tomar en
consideración las proporciones del riesgo allí implicado" (n. 9).
6. "La Iglesia es consciente de que la opinión, según la cual la actividad homosexual sería
equivalente, o por lo menos igualmente aceptable, a la expresión sexual del amor conyugal, tiene
una incidencia directa sobre la concepción que la sociedad tiene acerca de la naturaleza y de los
derechos de la familia, poniéndolos seriamente en peligro" (n. 9).
7. "Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto
de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de
los Pastores de la Iglesia, donde quiera que se verifiquen. Revelan una falta de respeto por los
demás, que lesiona unos principios elementales sobre los que se basa una sana convivencia civil.
La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y
en las legislaciones.
"Sin embargo, la justa reacción a las injusticias cometidas contra las personas homosexuales de
ningún modo pueden llevar a la afirmación de que la condición homosexual no sea desordenada.
Cuando tal afirmación se acoge y, por consiguiente, la actividad homosexual se acepta como
buena, o también cuando se introduce una legislación civil para proteger un comportamiento al
cual nadie puede reivindicar derecho alguno, ni la Iglesia, ni la sociedad en su conjunto debería
luego sorprenderse de que también ganen terreno otras opiniones y prácticas desviadas y
aumenten los comportamientos irracionales y violentos" (n. 10).
8. "...se debe evitar la presunción infundada y humillante de que el comportamiento homosexual
de las personas homosexuales esté siempre totalmente sujeto a coacción y por consiguiente sin
culpa. En realidad también en las personas con tendencia homosexual se debe reconocer aquella
libertad fundamental que caracteriza a la persona humana y le confiere su particular dignidad (n.
11).
9. Los obispos "al evaluar eventuales proyectos legislativos, deberán poner en primer plano el
empeño de defender y promover la vida de la familia" (n. 17).
II. Implicaciones
10. "La orientación sexual" no constituye una cualidad comparable a la raza, el grupo étnico, etc.
con respecto a la no discriminación. A diferencia de éstas, la orientación homosexual es un
desorden objetivo (cf. Carta, n. 3).
11. Existen áreas en las que no es una discriminación injusta tener en cuenta la inclinación
sexual, por ejemplo, en la adopción o cuidado de niños, en empleos como el de maestros o
entrenadores de deportes y en el reclutamiento militar.
12. Las personas homosexuales, como seres humanos, tienen los mismos derechos de toda
persona, inlcuyendo el no ser tratados de una manera que ofenda su dignidad personal (cf. n. 10).
Entre estos derechos, toda persona tiene el derecho al trabajo, a la vivienda, etc. Pero estos
derechos no son absolutos; pueden ser limitados legítimamente ante desórdenes externos de
conducta. Esto a veces es no sólo lícito sino obligatorio sobre todo en el caso de conducta
culpable e incluso en el de enfermedad física o mental. Por ello se acepta que el Estado pueda
restringir el ejercicio de algún derecho, por ejemplo, en el caso de contagio o de enfermos
mentales para proteger al bien común.
13. El incluir "la orientación homosexual" entre las consideraciones sobre cuya base está el que
es ilegal discriminar, puede fácilmente llevar a considerar la homosexualidad como una fuente
positiva de derechos humanos, por ejemplo, respecto a la denominada "acción afirmativa", y la
necesidad de llenar ciertas cuotas en los puestos de empleo. Esto agrava el error ya que no existe
el derecho a la homosexualidad (cf. n. 10) y por tanto no puede constituir la base judicial para
reclamaciones. El reconocimiento de la homosexualidad como un factor sobre cuyas bases fuera
ilegal discriminar puede desembocar fácil o automáticamente en legislación para la protección de
la homosexualidad. La homosexualidad de una persona podría invocarse en oposición a las
alegaciones de discriminación y el ejercicio de derechos podría ser defendido precisamente con
la afirmación de la condición homosexual en lugar de por la violación de derechos humanos
básicos.
14. "La orientación sexual" de una persona no es comparable a la raza, el sexo, la edad, etc.,
también por una razón distinta a la ya citada. La orientación sexual de un individuo generalmente
no es conocida por otros a menos que la persona se identifique públicamente con esa orientación
o por manifestaciones de su conducta. Como regla, la mayoría de las personas con orientación
homosexual, que quieren vivir vidas castas, no ven ninguna razón para que su orientación sexual
sea del dominio público. Por tanto, el problema de discriminación en estos términos de empleo y
vivienda no surge.
Quienes afirman su homosexualidad tienden a ser precisamente los que juzgan el estilo de vida o
la conducta homosexual como algo "si no totalmente bueno, al menos una realidad
perfectamente inocua" (n. 9) y por tanto merecedora de la aprobación pública. Es en este grupo
donde se suelen hallar quienes quieren "manipular a la Iglesia, conquistando el apoyo de sus
Pastores, frecuentemente de buena fe, en el esfuerzo de cambiar las normas de la legislación
civil" (n. 9) y también se encuentran quienes usan la táctica de protestar que "cualquier crítica o
reserva en relación con las personas homosexuales, con su actitud y con su estilo de vida,
constituye simplemente una forma de injusta discriminación" (n. 9).
15. Ya que al evaluar las propuestas de leyes la principal preocupación debe ser la defensa y la
promoción de la vida familiar (cf. n. 17), debe darse una esmerada atención a cada provisión de
las medidas propuestas. ¿Cómo pueden afectar en la adopción o el cuidado de niños? ¿Protegen
los actos homosexuales públicos o privados? ¿Conceden estatus equivalente de familia a las
uniones homosexuales, por ejemplo, respecto a la vivienda pública o dándole a la pareja
homosexual los privilegios de empleo que pudiera incluir la participación familiar en los
beneficios de salud otorgados al empleado (n. 9)?
16. Finalmente, y porque está implicado en esto el bien común, no es apropiado para las
autoridades eclesiásticas apoyar o permanecer neutral ante legislaciones adversas, incluso si éstas
conceden excepciones a las organizaciones o instituciones de la Iglesia. La Iglesia tiene la
responsabilidad de promover la moralidad pública de toda sociedad civil sobre la base de los
valores morales fundamentales, y no simplemente de protegerse a sí misma de la aplicación de
leyes perjudiciales (cf. n. 17).
Publicado por Human Life International - Vida Humana Internacional © 1998. Se permite la
reproducción total o parcial de este escrito con fines no lucrativos y con la autorización de Vida
Humana Internacional.
Vida Humana Internacional tiene disponible información adicional sobre éste y otros temas en su
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