Arcadio Roda Rivas

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Arcadio Roda Rivas
Nace en la localidad almeriense y alpujarreña de Alcolea el 29 de septiembre de 1844.
Arcadio era hijo de José María Roda y de Ana Francisca Rivas. Arcadio era primo
hermano por parte de madre de Natalio Rivas Santiago, un ilustre albuñolense que
tuvo una influencia también decisiva en el desarrollo de Adra. Por parte de padre, era
primo hermano de los abderitanos Fernando y José Roda González.
Arcadio Roda Rivas y su hermano Emilio
Arcadio Roda fue bautizado en la iglesia parroquial de Alcolea el día primero de octubre
de 1844 con el nombre de Arcadio Miguel José Roda Rivas. Su padre, José Roda
Guillén, era natural de Turón (Granada) y de profesión labrador. Su madre, Ana
Francisca Rivas era de Alcolea. Los abuelos paternos se llamaban José de Roda y Ana
Guillén, naturales ambos de Turón. Los maternos, Cristóbal Rivas y Ana de Mora,
ambos de Alcolea. Su abuelo materno fue su padrino.
El matrimonio Roda-Rivas tuvo otros dos hijos: Justa y Emilio Su niñez la pasó en
Adra, ya que su padre, residía en esta ciudad y llegó a ser alcalde federalista en 1874.
Durante su estancia en Adra, Arcadio conoce a los hermanos Enrique, Ramón y Rafael
Sierra Valenzuela. Arcadio y Enrique hacen una gran amistad, que continuarán durante
toda su vida y tendrán una gran relación personal como amigos y escritores noveles en
Madrid.
Recuperación del Patrimonio Cultural de Adra
© 2008 www.adracultural.es
El paso de la familia Roda Rivas por Adra lo conocemos en un artículo que Emilio Roda
Rivas, hermano de Arcadio e ingeniero de montes, escribió en La Crónica Medirional,
con motivo de unas graves inundaciones que habían asolado Adra en septiembre de
1891: “Entre los nobles hijos de Adra aprendimos a leer, y allí reposan las
cenizas de nuestros padres…¡ Que grata es la memoria de los días venturosos
de la infancia! ¡Con que placer, no exento de melancolía, se recuerdan los
sitios
en donde corrió la niñez, alegre y descuidada! Nos parece que
contemplamos en estos instantes las naves extensas de la escuela, tan
pobladas de niños y hoy y hoy tan desiertas y que escuchamos las lecciones
de aquel gran pedagogo que consagró allí su vida laboriosa y honrada, y su
fecunda pluma, al fomento de la educación primaria. Permite ¡oh sombra
querida de Gabriel Fernández!, que al tratar del pueblo que tanto amaste
rinda modesto tributo de cariño a tu memoria”.
Arcadio se va a Madrid en 1869 con veinticuatro años, siguiendo los pasos que unos
años antes había iniciado su amigo el periodista y escritor abderitano Enrique Sierra
Valenzuela. Primero tiene varios destinos como empleado de telégrafos. Luego estudia
Derecho.
Desde ese momento hasta 1876, año en que conseguirá ser nombrado Diputados
Cortes por Almería inicia una esmerada formación como escritor y orador que no
tardará en asombrar a Antonio Cánovas del Castillo, el hombre fuerte de la
Restauración y del Partido Conservador.
Arcadio Roda elige dos escenarios distintos para prepararse y darse a conocer ante las
mentes más ilustradas de Madrid: El Ateneo Científico y Literario, lugar habitual de
reunión e intercambio de ideas y las bibliotecas públicas y privadas donde se empapa
en primer lugar de las enseñanzas de los oradores grecolatinos. Es en esos momentos
de Revolución con los políticos conservadores a la sombra es cuando Arcadio
aprovecha la ausencia política de muchos estadista para cultivarse en la literatura y la
oratoria y ponerse en poco tiempo a la altura de ellos.
Arcadio se da a conocer en el periodismo en plena época de Revolución Federalista,
colaborando asiduamente en revistas de ciencia política como “La Epoca” de Madrid y
“La Revista de España”, trabajo que simultanea con los estudios de leyes.
1870 es el año de su despegue como escritor. Conocedor y dominador del idioma
inglés traduce al español la obra de Francis Bacon (filósofo inglés que vivió a caballo
entre los siglos XVI y XVII), “Ensayos de Moral y Política”.
En ese mismo año exteriorizó sus ideas políticas en el libro “Ensayo sobre la Opinión
Pública”, que mereció la atención de Antonio Cánovas del Castillo. A partir de ese
momento un joven Arcadio Roda, de 25 años, se convierte en uno de los predilectos de
Cánovas, que le considera su protegido. El libro es el resultado de tantas horas de
trabajo dedicado a la investigación, la documentación y al conocimiento de lo publicado
al respecto por escritores de habla francesa e inglesa.
Esta obra puede considerarse como el primer manual dedicado a la opinión pública
escrito en castellano. A lo largo de sus más de 400 páginas se desarrollan conceptos
como “la Publicidad”, “Movimiento de Opinión”, “Ciencias Políticas y Opinión Pública”,
“las Reformas Políticas y la Opinión” y” Sobre el Poder Real y la Opinión”, como
aportaciones más novedosas al desarrollo que las Ciencias Políticas y Ciencias de la
Comunicación tendrán a partir del siglo XX.
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Su carrera al lado del Partido Conservador está a punto de empezar. Al año siguiente,
en 1871, Arcadio Roda pronuncia un singular discurso contra la abolición inmediata de
la esclavitud en Cuba. El tema de la esclavitud en territorio español a las puertas del
siglo XX dividió a la sociedad de la época entre los que abogaban por la abolición
inmediata y los que ponían condiciones.
En este último grupo se sitúa Roda Rivas, al que no hay que negar la estrategia de su
argumentario, poniendo sus conocimientos de Derecho al servicio de las ideas. Su
discurso pronunciado el 18 de julio de 1871, ante un abarrotado Teatro Alhambra de
Madrid, estuvo basado en la necesaria indemnización a los propietarios que suponía
liberar a los esclavos y en la imposibilidad del Estado para hacer frente a corto plazo a
tal indemnización.
Arcadio Roda plantea la abolición de la esclavitud como un caso de expropiación
forzosa en la que para abolir y liberar a los esclavos el Estado debería pagar a sus
dueños el valor económico que la medida suponía. Roda basaba los peligros de la
abolición inmediata a que existiendo una masa de 400.000 esclavos por los que los
propietarios habían pagado una media de 500 pesos por cada uno, el valor de la
indemnización alcanzaba los 4.000 millones de reales, con los consiguientes perjuicios
para las arcas del Estado.
En 1872, Arcadio publica un nuevo trabajo de traducción. En este caso se trata del
libro “Oraciones Escogidas de Demóstenes” que dedica a su amigo y protector
Cánovas del Castillo.
Durante estos años sus apariciones en el Ateneo son frecuentes, dando gran número
de conferencias sobre los oradores clásicos griegos. Corren los años de 1872 y 1873 y
Arcadio se forja una fama a su vez de gran orador a través de estas exposiciones
divididas en ocho lecciones pronunciadas en el Científico y Literario de Madrid.
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Portada del libro Los Oradores Griegos
El compendio de discursos pronunciado en el Ateneo se publican en 1874. El
compendio de ese total de ocho lecciones pronunciadas en el Ateneo en 1872 y 1873
se publican en 1874, bajo el título “Los Oradores Griegos”. La obra en la que el
escritor y el filósofo se funden en una sola persona está apadrinada por el propio
Cánovas. La experiencia anterior la repite pronunciando conferencias en el Ateneo en
el curso 1873-74. En esta ocasión el tema de sus exposiciones son los “Oradores
Romanos” , que terminará publicando como un nuevo libro en 1883, prologado como
en anterior por Antonio Cánovas del Castillo.
Arcadio Roda reanuda su producción literaria y en 1875 publica un libro titulado
“Breve Noticia sobre la vida literaria y política del Excelentísimo señor Don
Antonio Cánovas del Castilio”,para elogiar la labor como historiador y literato de
Antonio Cánovas del Castillo, compañero y amigo de pensamiento político forjado en el
Ateneo de Madrid.
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