Kant - Crítica de la Razón Pura - 2013

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KANT – Crítica de la Razón Pura
1 Momento histórico y sentido de su obra
Por la vida de Kant transcurren los años de finales del siglo
XVIII, donde es palpable el fin de una época y el inicio de otra, y la
Revolución Francesa, admirada con cautela por Kant, será la
plasmación más evidente de ese cambio. En el gozne de ambas
épocas, nuestro autor recela de unas actitudes que llevarán al Terror
revolucionario, tachado por él de irracional.
Este autor representa enteramente la filosofía de la Ilustración: confianza en
la razón humana, una capacidad que funciona bien dentro de sus límites, y en
la que el ser humano debe confiar en todos los aspectos de su vida, tanto para el
conocimiento (Crítica de la razón pura) como para la ética (Crítica de la razón
práctica). La definición que da el autor del movimiento ilustrado (“Sapere aude!”,
atrévete a saber) podría aplicarse también a su propia filosofía, que constituye un
intento por definir los límites de la razón humana, tanto para la ciencia como
para la ética. Es también un mensaje sobre la universalidad de la razón, una
facultad que une a todos los seres humanos, algo patente en el conocimiento
teórico, y que Kant esperaba que también fuera evidente para el ámbito práctico
con la formulación de una ética formal estrictamente racional.
Vida y obras
Nació en Köningsberg (Prusia), actual Kaliningrado (Rusia), en cuya
Universidad estudió Filosofía y Ciencias naturales, y en la cual trabajó como
profesor. De vida muy tranquila, austera y regular, raras veces abandonó
Königsberg, y según se contaba era de costumbres tan fijas que ponían el reloj
de la Iglesia en hora al verlo salir de su casa para su paseo de las cinco de la
tarde. Nunca se casó ni tuvo familia, y murió de muerte natural en su localidad.
En vida llegó a ser una celebridad, con multitud de obras publicadas sobre
temas científicos (era gran admirador de la física de Newton, y adelantó la
hipótesis de que el sistema solar se originó en una nebulosa de gas) y filosóficos
(principalmente las dos grandes críticas, Crítica de la razón Pura y Crítica de la
Razón práctica). Su sistema filosófico suele denominarse “Criticismo”, porque se
basa en analizar las condiciones de posibilidad (cómo funciona correctamente) de
la razón humana (tanto en la ciencia teórica como en la praxis moral), y por
tanto es una crítica (en el sentido de examen, no de censura) del funcionamiento
de la razón.
2. Crítica de la Razón Pura: el conocimiento
En lugar de preguntarse si existe el conocimiento, Kant parte de que el
conocimiento existe de hecho, y este hecho (Faktum) del conocimiento es la ciencia
físico-matemática de Newton, por él llamada “el hecho de la razón pura”1. Kant
examinará en la Crítica de la razón pura cómo funciona en ella la razón, para
tratar de contestar a la pregunta por los límites dentro de los cuales funciona el
uso teórico de la razón, y de esa manera saber si la metafísica se mueve dentro
1
Suele denominarse así a la ciencia de Newton, en la filosofía kantiana: el “Faktum” del conocimiento.
KANT – Crítica de la Razón Pura
de los límites del conocimiento humano (y por tanto podrá ser una ciencia) o no
(y por tanto debemos dejar de esperar respuestas a sus preguntas).
Esta ciencia newtoniana es utilizada por él como paradigma, como modelo a
la hora de enfrentarse con los problemas relativos al conocimiento, pues ha
conseguido reducir a fórmulas matemáticas exactas las leyes de la realidad, por
lo que todos los científicos están de acuerdo, cosa que no ha ocurrido con la
metafísica2 , que va a la deriva y en la que cada pensador afirma cosas
diferentes. Nuestro autor plantea que la Matemática entró hace siglos en el
camino seguro de la ciencia gracias a Euclides, que la Física lo ha hecho
recientemente gracias a Newton. ¿Y la metafísica? ¿Podrá hacerlo, o es
imposible?
Es decir, Kant parte de que de hecho existe el conocimiento teórico humano
(ciencia), y para comprender cómo funciona se pregunta por sus condiciones de
posibilidad: ¿qué es necesario para que exista la ciencia? De esa manera
comprenderá su funcionamiento. Y aplicará esas condiciones a la metafísica
para responder a la pregunta: ¿puede la metafísica ser una ciencia?, es decir
¿pueden darse las condiciones de posibilidad para que exista una metafísica
que responda de manera segura a sus problemas? Si la respuesta es que la
metafísica no cumple con las condiciones de posibilidad de un conocimiento
científico, habrá que ser conscientes de ello, para no exigir seguridad a los
discursos metafísicos (la religión, por ejemplo) y no tratarlos por tanto como lo
que no son. No trata Kant de eliminar la metafísica, sino de aclarar que de esa
preocupación del ser humano, más antigua que la física o las matemáticas, no
podemos esperar seguridad, sino quizá otra cosa (esperanza, consuelo
espiritual…), y siempre siendo conscientes de su falibilidad (que conllevaría por
tanto el necesario respeto entre los distintos discursos metafísicos3
Pues bien, para ellos analicemos cómo funciona la ciencia humana, el uso
teórico de la razón. Afirma Kant que la ciencia es un sistema peculiar de juicios,
de oraciones, de maneras de hablar.
Distingue Kant varios tipos de juicios:
 Juicios analíticos “a priori”. Como todos los juicios, son una manera de
enlazar sujetos y predicado y son aquellos en los que el predicado está
incluido en el concepto mismo de sujeto, es decir, si descomponemos el
sujeto en sus elementos conceptuales nos encontramos con que uno de
esos elementos es el predicado, lo que hay en el predicado ya estaba en el
sujeto. P. ej.: “el triángulo tiene tres lados”, “el todo es mayor que las partes”.
No son más que tautologías (del gr. Ταυτολογία, repetición de un
mismo pensamiento expresado de distintas maneras), ya que el
predicado no hace sino repetir lo que dice el sujeto, de ahí su carácter
universal y necesario. Estos juicios son independientes de la experiencia,
son “a priori”, ya que lo que es universal y necesario no puede provenir
de la experiencia. Su verdad no depende de la experiencia, no hace falta
2
Reflexión sobre los temas últimos del ser humano: el sentido de la existencia, la muerte, Dios, la
inmortalidad del alma, etc.
3
Las religiones y cualquier creencia son metafísica, de esta manera Kant está haciendo ver que es
necesaria la tolerancia entre ellas: porque en el fondo
KANT – Crítica de la Razón Pura
experiencia para verificar estos enunciados, sólo hay que pensarlo, son
meramente mentales.
Los juicios analíticos, por ser analíticos, aclaran el conocimiento
existente pero no lo amplían. Sin embargo, la ciencia tiene verdades
universales que amplían el conocimiento. Por tanto, estos no son los
juicios genuinamente científicos.
 Juicios sintéticos “a posteriori”. Son aquellos en los que el predicado no
está incluido en el concepto de sujeto, aquellos en los que el sujeto y el
predicado unen elementos heterogéneos que podrían no ir juntos, en
ellos, el predicado expresa una característica del sujeto que podría no
tener, no es connatural a él. P. ej.: “esta mesa es de madera”.
El fundamento de legitimidad de estos juicios es la experiencia, la
percepción sensible, son válidos en la medida que los avala la
experiencia sensible. Y como la experiencia se da siempre en un aquí y
ahora, son juicios particulares, ya que su verdad queda restringida a ese
aquí y ese ahora en que han sido formulados, y también contingentes,
puesto que su contrario no es imposible.
Estos juicios son “a posteriori” porque su verdad o falsedad depende de
la experiencia. Los juicios sintéticos amplían el conocimiento, pero ese
conocimiento no es para siempre, porque depende de la experiencia que
varía.
La ciencia físico-matemática de Newton no está compuesta por ninguno
de estos juicios: si estuviera compuesta de juicios analíticos sería vana, un
conjunto inmenso de tautologías que no supondrían aumento alguno del saber
y se reduciría simples repeticiones; y si estuviera compuesta por juicios
sintéticos sería un conjunto de observaciones sin validez universal y sin ningún
carácter de necesidad. Luego tiene que existir un tercer tipo de juicio que sea
universal y necesario y, al mismo tiempo, que aumente nuestro conocimiento
de las cosas, los llamados por Kant sintéticos “a priori”, aquellos que amplían
el conocimiento mediante verdades universales necesarias y verdaderas en
todas partes.
Kant afirma que existen juicios sintéticos a priori:
 En la matemática, por ejemplo: “La línea recta es la distancia más corta entre
dos puntos” sería un juicio sintético a priori ya que no hace falta ir a la
experiencia para saberlo, y además nos da una nueva información que
permite aumentar el conocimiento con una verdad universal y necesaria.
 En la física, por ejemplo: “todo efecto tiene una causa” es un claro juicio
sintético a priori (nos da nueva información) y no hace falta ir a la
experiencia para comprobarlo.
Por tanto, el planteamiento de la Crítica de la Razón Pura será si pueden existir
los juicios sintéticos a priori en la metafísica, pues su existencia es la condición
de posibilidad del conocimiento científico. Para ello, analizará las condiciones
de posibilidad de esos juicios en la Matemática (Estética trascendental, donde
estudia el funcionamiento de la sensibilidad humana), en la Física (Analítica
KANT – Crítica de la Razón Pura
trascendental, donde estudia cómo funciona el entendimiento humano), y por
fin si son posibles en la Metafísica (Dialéctica trascendental, donde analizará
cómo funciona la Razón humana). Establece por tanto Kant un paralelismo
entre Matemáticas, Física y Metafísica por un lado, y por otro Sensibilidad,
Entendimiento y Razón, las tres facultades que construyen el conocimiento
humano. Los nombres de “Estética”, “Analítica” y “Dialéctica” no son más que
las partes de la Crítica de la Razón Pura en las que analiza esos elementos, y
“trascendental” quiere decir en Kant que se analizan las condiciones de
posibilidad de algo que de hecho existe (eso es el “método trascendental
kantiano”).
2.1. Estética Trascendental
Es la primera parte de la Crítica de la Razón Pura, donde se examinan las
condiciones de posibilidad de la percepción humana. También explica cómo
son posibles los juicios a priori en las matemáticas, para establecer de esta
forma por qué las matemáticas son auténticamente una ciencia.
En su opinión, las matemáticas son posibles como ciencias porque se fundan
en las formas a priori de la sensibilidad. El hombre conoce sensiblemente al
volcar sobre lo que percibe a través de los sentidos unos elementos “aprióricos”,
las formas a priori de la sensibilidad, que son los que hacen posible el
conocimiento matemático. Las condiciones de posibilidad del conocimiento
sensible son, también, las condiciones que hacen posible el conocimiento
matemático, y éste es el motivo por el que los juicios de esta ciencia son, al
mismo tiempo, sintéticos y “aprióricos”.
Para Kant, todo lo que la sensibilidad nos proporciona, todo lo que
percibimos a través de los sentidos son intuiciones empíricas. La sensibilidad
es, pues, la capacidad de captar perceptivamente el mundo que nos rodea, la
capacidad de tener intuiciones empíricas. Una “intuición empírica” sería, por
ejemplo, ver u oír algo. Pues bien, todas nuestras percepciones empíricas tienen
una materia que es lo que proviene de fuera, pero a su vez esa materia adopta la
forma que nuestra propia sensibilidad le impone: las formas a priori de la
sensibilidad, que son el espacio y el tiempo. Es decir: todo lo que percibimos es
espaciotemporal porque espacio y tiempo son dos estructuras internas del ser
humano, formas a priori que tenemos en nuestra percepción y que dan forma a
toda materia percibida. La materia del fenómeno por tanto proviene del
exterior, pero la forma se la ponemos nosotros: espacio y tiempo (bases para
Kant de la aritmética y la geometría, por otra parte). Son las condiciones a priori
de la sensibilidad. Todo lo que no entre por esas estructuras no es percibido por
nosotros. Nunca percibimos el espacio o el tiempo en sí mismos, pero todo
objeto es percibido espaciotemporalmente. Por tanto, espacio y tiempo son
estructuras internas del ser humano. No proceden de la experiencia, sino que la
posibilitan u organizan.
Como el caos de sensaciones que el sujeto recibe de la realidad es organizado
por las formas “a priori” de la sensibilidad (y es imposible conocer al margen
de esas formas a priori, puesto que son el modo de percibir del hombre), la
KANT – Crítica de la Razón Pura
realidad en sí misma nunca es conocida por el sujeto. A esta realidad en sí la
denomina el noúmeno, concepto paralelo al fenómeno. El noúmeno es la
realidad externa imperceptible para nosotros. El fenómeno es la representación
interna de la realidad en sí, filtrada por nuestras estructuras perceptivas
(espacio-tiempo). Lo que el hombre conoce mediante la sensibilidad, el objeto
de conocimiento sensible, las intuiciones empíricas, no son nunca la realidad,
sino el aparecer de la misma, el fenómeno sensible; no son nunca el objeto “en
sí”, sino el objeto “para mí”. Nuestra realidad no es una realidad exhaustiva,
solo percibimos de la realidad lo que entra por nuestras propias estructuras que
son finitas y son instrumentos para sacar de fuera datos que nos permitan
sobrevivir. Nosotros no vivimos en el mundo real nouménico, sino en nuestro
mundo fenoménico.
De todas formas, aunque la realidad, la cosa en sí, es imperceptible, sin ella
no habría percepción ni conocimiento, ya que la realidad proporciona la materia
del conocimiento y sin esa materia las formas “a priori” de la sensibilidad no
tendrían sobre qué ejercitarse. Sin el objeto en sí no podría haber conocimiento,
puesto que las formas “a priori” tienen siempre que volcarse sobre algo para
poder producir alguna percepción. Pero el objeto en sí es totalmente
incognoscible. Únicamente, cuando la cosa en sí se provee de las formas “a
priori” de la sensibilidad, de las intuiciones puras que no le pertenecen pero
que el sujeto cognoscente proyecta sobre ella, se convierte en fenómeno
sensible.
Kant es el iniciador del idealismo trascendental: el ser humano vive o conoce
la realidad filtrada o modificada por sus propias estructuras. Esto es inevitable,
vivimos en nuestra propia realidad subjetiva, pues en el proceso de
conocimiento lo más importante es el sujeto, la persona que conoce, con
respecto al objeto, la realidad externa. Pero este lugar central del sujeto no
implica que cada cual perciba una realidad diferente, porque todos los seres
humanos tenemos las mismas estructuras. A ese cambio de punto de vista en el
conocimiento (poner al sujeto como el polo principal, en lugar de al objeto) lo
denomina Kant “revolución copernicana” en la teoría del conocimiento. Siempre
se había supuesto que “el sujeto giraba alrededor del objeto, el cual sería el
centro del proceso”, mientras que para Kant es al contrario, el centro del
proceso del conocimiento es el propio sujeto.
El sujeto es el que define la realidad. No cada individuo, sino el sujeto en
general (lo que Kant llama “el sujeto trascendental”), lo que conocemos lo
conocemos porque se adecúa a nuestras propias estructuras, no a la realidad en
sí, estructuras tan básicas que son válidas para todo. Como todos los seres
humanos somos parecidos, vivimos en una realidad parecida entre todos
nosotros. Vivimos en un mundo mental filtrado por nuestras propias
estructuras.
Las formas a priori de la sensibilidad, o intuiciones puras, son el espacio y el
tiempo. El espacio es, en concreto, la forma “a priori” de la sensibilidad externa
y el tiempo de la sensibilidad interna. El espacio y el tiempo no son
propiedades del Universo, sino sólo nuestro modo de percibirlo. Las cosas no
están en un espacio ni los acontecimientos suceden en un tiempo; si percibimos
KANT – Crítica de la Razón Pura
las cosas de esta manera es porque nuestro modo de conocerlas las ha dotado
de esas dimensiones. El espacio y el tiempo no son objeto de ninguna
percepción específica, puesto que no existen por sí mismos y sólo se puede
hablar de ellos en relación con los objetos, si no existiera ningún objeto en el
Universo no se podría hablar de espacio, y si no existiera en el mundo ningún
movimiento tampoco se podría hablar de un antes y un después, es decir, de un
tiempo. Es el hombre el que lo establece.
El espacio y el tiempo son, pues, intuiciones puras, producto de la
sensibilidad, y no conceptos puros producto del entendimiento. En ellas no se
encuentra nada perteneciente a la sensación, no hay ningún contenido material
concreto, y son simplemente el modo de percibir del ser humano. Su función es
la de ordenar el caos de sensaciones, la diversidad fenoménica que envía la
realidad, y que recibe la sensibilidad, y organizarla en cierta forma o estructura
que no es sensación, sino intuición empírica, de esta manera, el fenómeno es
una creación del sujeto.
Ahora bien, el conocimiento sensible no es subjetivo, no depende de cada
persona, ya que el espacio y el tiempo, en cuanto formas de la sensibilidad son
trascendentales, es decir, son iguales y comunes para todos los hombres. Y lo
que demuestra esto es que las matemáticas, que son posibles como ciencia
porque se basan en las formas “a priori” de la sensibilidad, tienen la misma
validez en todas las culturas y son igualmente válidas para todos los hombres.
De esta manera, en ningún momento se cae en un círculo vicioso, ya que
Kant no trata en ningún momento de demostrar que las matemáticas son una
ciencia, sino simplemente cómo son posibles sus juicios. La existencia, pues, de
las matemáticas como ciencia de valor universal prueba que el espacio y el
tiempo son también universales, trascendentales, comunes a todos los hombres.
2.2. Analítica trascendental
En esta segunda parte Kant va a explicar cómo son posibles los juicios a
priori en la Física, para poder establecer de esta forma por qué la Física es
auténticamente una ciencia. Igualmente, examinará el funcionamiento de
nuestro entendimiento, la segunda capacidad que entra en juego en el
conocimiento humano, tras la sensibilidad. Si esta formaba fenómenos, el
entendimiento forma conceptos.
La Física es posible como ciencia porque se funda en los elementos a priori
del entendimiento. Los juicios son posibles porque el entendimiento, al
realizarlas, pone en juego unos elementos aprióricos (las categorías), que
estructuran los fenómenos sensibles, y estos mismos elementos son los que
hacen posibles también los juicios en la Física. Las condiciones que hacen
posible el conocimiento intelectual son, también, las posibilidades de la ciencia
de la Física y, por eso, los juicios de esta ciencia son, al mismo tiempo,
sintéticos y “aprióricos”.
El entendimiento es la facultad según la cual se piensa la experiencia, es,
pues, la facultad de conocer mediante conceptos, la facultad que nos permite
pensar la realidad. Ya no se trata de intuir objetos presentes, sino de
representarnos conceptualmente una realidad que puede no ser el contenido
KANT – Crítica de la Razón Pura
actual de nuestra sensibilidad. El concepto, por ejemplo de “mesa” unifica y
engloba una multitud de objetos diversos (todas las mesas que podemos
percibir) y supone una unificación, una síntesis de objetos conocidos por la
experiencia.
Si la sensibilidad construye fenómenos, el entendimiento construye
conceptos empíricos. Los conceptos empíricos poseen un contenido material, el
fenómeno proporcionado por la sensibilidad, y un elemento formal que procede
del sujeto cognoscente, las categorías, las cuales son conceptos vacíos, modos
mediante los cuales el hombre piensa el mundo, y no están sacadas de la
experiencia, sino que son anteriores a ella. Por eso se las llama conceptos puros
a priori del entendimiento4. Son conceptos abstractos que no provienen de la
experiencia, pero la posibilitan, sirven para hacer comprensible la experiencia,
son la manera humana de racionalizar la experiencia.
Las intuiciones sensibles no pueden ser pensadas sin las categorías. El dato
sensible necesita de las categorías para poder convertirse en objeto de
conocimiento científico. La función del entendimiento consiste, pues, en unir o
sintetizar lo diverso de la sensibilidad bajo unidades categoriales o conceptos
puros.
El encuentro del dato bruto con la conciencia unificadora, daba, como primer
producto, una unidad concreta de materia y forma, el fenómeno. En el grado
siguiente de unificación, el fenómeno, a su vez, desempeña el papel de materia,
pero no de pura materia, ya que posee su forma propia. Por eso, la unificación
de los fenómenos será una unión de elementos definidos. Las síntesis “a priori”
que realiza el entendimiento sólo alcanzan indirectamente el dato particular y
variable.
Ahora bien, según Kant, a pesar de que lo que conocemos mediante
conceptos procede, en parte, de lo que nosotros ponemos a la hora de conocer,
el conocimiento intelectual no es subjetivo, no depende de cada persona, ya que
las categorías del entendimiento son trascendentales, es decir, son iguales y
comunes para todos los hombres. La Física, que es posible como ciencia porque
se basa en ellas, y tiene la misma validez en todas las culturas.
Tampoco ahora se cae en un círculo vicioso, ya que Kant no trata en ningún
momento de demostrar que la Física sea una ciencia, sino simplemente cómo
son posibles sus juicios. La existencia, pues, de la Física como ciencia de valor
universal prueba que las categorías del entendimiento, que son su condición de
posibilidad, son también universales, trascendentales, comunes a todos los
hombres.
2.3. Dialéctica trascendental
En esta última parte Kant ya no se va a preguntar cómo son posibles los
juicios a priori en la metafísica, sino si son posibles los juicios a priori en la
metafísica o si la metafísica es ciencia.
La metafísica trata de conocer al yo, el mundo y Dios, y ninguno de estos tres
objetos forma parte del mundo sensible, del fenómeno y, ya ha dejado
4
Kant elabora una lista de categorías. Son conceptos abstractos con los cuales pensamos la realidad:
unidad, pluralidad, existencia, causalidad…
KANT – Crítica de la Razón Pura
establecido que no hay ciencia más allá del fenómeno. Por otra parte, la
metafísica pretende un conocimiento de estos objetos en sí mismos”, al margen
de cualquier relación con el sujeto cognoscente. Pretende un conocimiento no
de fenómenos, sino de objetos “en sí”, con lo cual peca contra la definición
misma de conocimiento científico. No puede haber conocimiento del noúmeno.
Todo conocimiento se constituye como confluencia de dos grupos de
elementos: los formales y los materiales o de contenido. Los elementos formales
de la sensibilidad (las formas a priori) y los elementos formales del
entendimiento (las categorías) necesitan organizar un material proporcionado
por la experiencia sensible. Como el yo, el mundo y Dios no son objetos
sensibles y, como además, la metafísica pretende un conocimiento de los
mismos al margen del sujeto que conoce, es imposible un conocimiento
científico de los mismos.
Kant denomina al yo, el mundo y a Dios, ideas de la razón y también, ideas
trascendentales, y afirma que no es posible un conocimiento científico de las
mismas, lo que explica que, a lo largo de la historia, los filósofos, al pretender
hacer de la metafísica un ciencia, hayan caído en contradicciones y trampas
lógicas continuas.
Ahora bien, si la metafísica no puede ser una ciencia, ¿cómo es posible que
los hombres lo hayan intentado a lo largo de tantos siglos?
Según Kant, el motivo se encuentra en que la razón es una facultad
sintetizante, una capacidad para enlazar juicios y deducir otros juicios
enlazando los conceptos entre sí, una facultad que tiende a unir y que, aunque
sólo funciona legítimamente cuando recae sobre el material dado por la
experiencia, como es incansable en su afán de sintetizar, es ambiciosa, pues
nunca se queda con los primeros juicios, se sale de los límites de la experiencia
y llega a esas síntesis o uniones totales que son los objetos de la metafísica.
Las tres ideas trascendetales:
 El yo. No es sino una síntesis de todas nuestra vivencias, una idea que
sirve para unificar los fenómenos internos que no tendrían sentido sin
esa idea indemostrable. Lo que da sentido a lo percibido es lo no
percibido, a lo conocido lo no conocido.
 El mundo. Es la síntesis de todos los fenómenos externos, cuya totalidad
no es una experiencia para el ser humano. La idea de mundo en su
totalidad sirve para unificar la experiencia externa.
 Dios. La síntesis suprema, es la idea que unifica la experiencia interna y
la externa, “yo en el mundo”. Es el concepto del ser supremo que unifica
las realidades del alma y el mundo. Cuando hablamos de Dios todo tiene
sentido.
Hay que aceptar estas ideas en su uso regulativo, siendo consciente de que
están más allá de los límites del conocimiento, opuesto al dogmático, pensar
que uno sabe la verdad de esas ideas. Pues como hemos dicho antes, si le Razón
pretende saber algo de estas ideas siempre cae en contradicciones (“antinomias”
las llama Kant), como por ejemplo afirmar a veces que Dios existe y que no
existe otras veces, o que el Mundo es finito o infinito, o que el Yo es un alma
KANT – Crítica de la Razón Pura
inmortal o por el contrario es moral. Y es que no puede haber conocimiento
sobre estas Ideas, sino que su búsqueda nos sirve para unificar el conocimiento
legítimo, que siempre será de fenómenos categorizados.
Las ideas trascendentales de la razón no son fenómenos, cuando hablamos
de ellas sólo cabe un uso regulativo, siendo conscientes de nuestras propias
limitaciones. Hay cosas acerca de las cuales lo único que cabe es confianza,
ambición por buscar el horizonte. Pensar sobre ellas es lo que le da sentido al
mundo y a nosotros en el mundo.
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Denken/erkennen: sól pensamiento, no conocimiento.
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Tuve que dejar el saber para hacer sitio a la fe
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