La Última Moda - Memoria de Madrid

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Ultima Moda,
La
Madrid 5 de Marzo de 1888.
REVISTA
SEMANAL
Año I—Núm. 9
Oficinas: Seiraoo, 88,2.°
SUMARIO
C
m S d o s - l í í w ¿ í SS™* V a l m o n t - E í p l i o M l d n
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de los
y sus leyendas, por Daniel
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>• Secretaria,
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Lara.
Madrid -
Pasafíempo
-
Crónica de la Moda.
^ j t ó o s grandes bailes han a c a b a d o , d e e s o n o hay duda.
• f e í P e r o e o m o las hadas que o b e d e c e n las órdenes d o
la M o d a n o cesan de crear trajes y a d o r n o s á cual m á s
b e l l o s y elegantes, n o hay m e d i o d e obligar á las s e ñoras á quienes es-tas creaciones seducen y encantan,
á que permanezcan encerradas en sus gabinetes. Porque d e paseos n o hay Que hablar. C u a n d o la nieve n o
alfombra las calles, el barro las mancha y l o s venda
vales que W desencadenan á m e n u d o y el frío q u e
hiela la sangre, no c o n v i d a n á dejar la abrigada habitación. Pero las mujeres, q u e en estos tiempos n o
emplean sus ocios en hilar, c o m o las damas de la Edad
Media; y, si bordan, sólo es c o n sus miradas ó c o n los
giros de su amena conversación, n o p u e d e n permanecer m a n o s o b r e mano, aisladas, aburridas.
Necesitan reunirse, distraer su á n i m o , lucir sus trajes, exhibir sus prendas, hablar, murmurar un p o q u i to, p o r supuesto sin mala intención; y estas necesidades del espíritu dan lugar y ocasión á los fice dock, ó
reuniones vespertinas, á I03 improvisados concieitos,
a los banquetes, il la representación d e m o n ó l o g o s y
c o m e d i a s d o salón.
El ingenio femenil no se cansa de idear distracciones; y en h o n o r de la vtrdad, c o m o n o hay nada más
triste que una mu i r q u e se aburre, l o s maridos y l o s
Papas d e b e n alegrarse de la nueva animación que ha
sucedido al verdadero delirio de las grandes sotrecs del
invierno.
U n a mujer ociosa y rica, es siempre un libro e n
blanco en el que sin remedio escribe una novela el
Picaro mundo, y por lo regular c o n situaciones m u y
dramáticas.
Por otra parte, t s l e inagotable d e s e o de vestir bien,
y sobre t o d o á la última m o d a , es la fortuna de los
°.ue no la han hallado al nacer.
Este m o v i m i e n t o social aumenta también la culluia;
que si es fácil bailar un r i g o d ó n ó un vals, n o l o es
tanto llamar la atención p o r el ingenio, p o r la amenidad d o la c o n v e r s a c i ó n , p o r la ilustración, siquiera
NOM.
1.—1
B.vTA
ELEGANIE.
CUERPO PARA TRAJE
DE RECEPCIÓN
SERIE
Ayuntamiento de Madrid
l.*
DIBUJOS ARTÍSTICOS PARA BORDADOS
F»OFt JDOIV M A N U E L
NÚM 2 - 1 Continuación de abecedario para marcar p a n u e l o s . - 2
pai
amito^ordadoTl
r
e
a
l
c
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4
.
SALVI
Sachet para guardar pañuelos, b o r d a d o sobre raso azul celeste c o n seda a r g e l i n a . - 3 Centro religioso
Cifía para pañuelo de n i n o . - 5 . Centro p a r a p a ñ u e l o . - 6 y 8. N o m b r e s para p a ñ u e l o s - I
Ayuntamiento de Madrid
Cenefa para c a r n e a bordada al r e a l c e .
sea superficial, que hay que
demostrar en las cha-
radas, en a c c i ó n , en
preguntas y respues-
las
T o d o s pierden
el
m i e d o , se apoderan del te-
soro que les ha to-
c a d o , y se retiran.
tas y en otros varios de los
entretenimientos
L o s amigos de la
q u e tan b i e n emplea su di-
que reemplazan al baile en
esta é p o c a del año.
ñero, quedan encan-
tados. L o s c o n v i d a su ami-
Una ilustre d a m a h a inau-
gurado unas reunió-
ga á un espectáculo
que se v e raras veces: el
nes semanales, q u e d e se-
g u r o tendrán imita-
de la verdadera fe-
doras. L o s viernes abre la
espaciosa capilla que
Pero dirán las lee-
posee en su elegante hotel,
y las señoras c o n tra-
tana y que no l e s h a -
jes severos, negros casi todo,
y l o s caballeros c o n
Y a lo he dicho, y lo
NÚM.
[
4.—
licidad.
toras q u e s o y m u y charlab l o de trapos y de cintas,
r e p i t o : los cuerpos sin al-
MANGA
DE FIEL DE SEDA
NÚM. 6.— MANGA
frac, p e r o sin corbata blanca, acu-
DE
TELA LISA Y BROCHADA
den á oir la plática que un orador
sagrado, d e los más notables, diri-
m a , p o r bellos que sean, care-
ge al escogido p ú b l i c o .
c e n de atractivo.
Después pasan l o s c o n v i d a d o s
NÚM.
3.—
MANGA
trumentistas
distinguidos
alque
inter-
mis lectoras no vean s ó l o en
pretan la música religiosa de los
las telas, en los adornos, en las
grandes maestros.
prendas y en las j o y a s l o que
en paz y gracia
7.— MANGA
DE TUL
e n los escaparates; p o r q u e y o deseo, en su beneficio, que hable también la Moda á su c o r a z ó n , es p o r l o que distraigo su
Otra señora millonaria ofrece á
atención contándoles lo que la Moda inventa, c o m o
N Ú M . 5 . — A D O R N O PARA
DB
pectáculo encan-
lujo desplega sus
tador.
Durante
g r a n d e z a s , for-
la semana se en-
marían una tris-
tera, p o r una po-
te o p i n i ó n de to-
licía q u e
tiene
d o s esos esplen-
m u y b i e n monta-
dores si n o vieran
da , del n o m b r e y
enellos un m e d i o ,
d o m i c i l i o de los
q u e casi m e atre-
niños p o b r e s que
v o á llamar pro-
han sido más apli-
videncial, por lo
c a d o s y han o b -
que tienen de ge-
servado mejor
neroso , d e
c o n d u c t a en
los ricos
escuelas
gratui-
Cuarenta
ó
que
difun-
dan el b i e n hasta
cuando
parece
cincuenta de es-
que sólo piensan
tas criaturas, ni-
en divertirse.
ñas y n i ñ o s , s o n
invitadas á
una
Y después
las
ñora preside.
de esas
pieza
la recep-
ción, y en un m o -
de
esto, c o m o hasta
c o m i d a que la se-
D e s p u é s em-
espectadoras
grande-
zas son á su vez
actoras
en
otra
esfera n o m e n o s
se
agradable, v o y á
abre una puerta,
hablar de las no-
mento d a d o
penetran los pe-
vedades, p r o c u -
queñuelos, y cua*
rando
tro ó c i n c o laca-
c o m o lo haré de
y o s , c o n libreas,
vez
aparecen
descender de las
grandes
con
badejas
esta
en
vez,
cuando,
alturas para
in-
llenas de jugue-
dicar lo práctico,
tes.
lo posible, hasta
C u a n d o la dueña de la casa dice
á
los
angelitos
que elijan lo que
más les agrade en
para las que, p o r
virtud
ó p o r ne-
cesidad, d e s e e n
vestir bien y gastar p o c o .
es
L o s cuerpos de
de verlafelicidad
talle largo se im-
que
ponen
las bandejas,
brilla
aquellos
PASEC
creaciones.
Las que en m o d e s t a esfera v i v e n y ¡no pueden presentarse en esa esplendorosa
escena d o n d e el
las
infantiles.
en
rostros
fondo
p u r o y b u e n o de la forma primorosa y brillante que da á BUS
d o m i n g o s , un es-
tas.
PARA
CUERPO
VE8TIDO
sus a m i g a s , l o i
—TRAJE
NÚM.
se puede ver en las tiendas y
La n o c h e se pasa sin sentir, y
de Dios.
NÚM.
tiene
ma, y p o r q u e y o quiero
verdaderamente
DE TISÚ
L a Moda también
al salón, d o n d e cantantes é ins-
cada
día
más, y p o r algún
tiempo los cortos
Ayuntamiento de Madrid
NÚM.
0 . — T R A J E P A R A ALIVIO DE
uno
NÚM.
1 0 , — P A K O R A J U . UE T1JAJES P A Ü A ' M N A S
Ayuntamiento de Madrid
o
NÜM.
11.—TRAJES
PARA
PASEO
Ayuntamiento de Madrid
quedarán en el o l v i d o . D e los dos extremos es preferible el que la M o d a favorece, al m e n o s en m i
opinión.
Se hacen unos cuerpos de m u c h o efecto, que v o y á
procurar describir. D e s d e l u e g o diré que son acordonados por detrás, la espalda m u y ajustada y el delanro sin piezas y m u y tirante hacia el peto. L o s pliegues
que forma la falda bajo este cuerpo sobre los costados,
están sujetos p o r un m e d i o cinturón b o r d a d o , que parte*
de debajo de los brazos y se abrocha p o r delante.
Nada más elegante, más sencillo, y más n u e v o , sobre t o d o , para una j o v e n esbelta.
L o s b o r d a d o s gozan de tal favor, que n o se ven
cuerpos sin ellos; los que carecen de pliegues y draperías se abren sobre plastrones b o r d a d o s , ó camisetas
plegadas ó drapeadas.
Las señoras que conservan en b u e n estado cuerpos
cerrados de los que el año anterior estuvieron de m o d a
y n o quieren modernizarlos, llevan s o b r e ellos fichúscuerpos de tul, de muselina ó seda.
Las mangas tienden algo á reproducir aquellas prominencias l o s en h o m b r o s (jue, exageradas c o m o se llevaban, n o eran del mejor gusto. H o y s ó l o se indica ligeramente la hombrera, y esto puede contribuir á dar
gracia á las formas, pero á c o n d i c i ó n de n o extralimitarse.
C o m o LA ÚLTIMA MODA procura en t o d o s sus números ofrecer á sus lectoras los m o d e l o s más elegantes y
más n u e v o s en trajes de paseo, de visita, de casa, de
recepción, de banquetes, y añade las n o v e d a d e s en
sombreros, abrigos, etc., paréceme ocioso repetir l o que
en las e x p l i c a c i o n e s se dice.
T o d o hace creer q u e las sedas serán el tejido predi,
lecto en la p r ó x i m a primavera, y entre ellas la faya
francesa c o m b i n a d a c o n el terciopelo labrado y el encaje. T a m b i é n p u e d e asociársela c o n las lanillas de
buena calidad. E l satén n o pierde terreno, c o m o algu.
ñas creen; lo que sucede es que las c o m b i n a c i o n e s
constituyen la verdadera última m o d a , y por eso n o se
ven trajes de satén, ni de faya, ni de ninguna clase,
todos de la misma tela.
E l moaré también dará lugar á preciosos contrastes
en los trajes. P o r de pronto, constituyen la n o v e d a d en
las sombrillas. L o m i s m o las más sencillas y baratas
que las más complicadas y costosas, se hacen de moaré.
E n este renacimiento, la tela de vistosos cambiantes
h a ganado m u c h o en su fabricación. Se hacen unos
moarés preciosísimos.
Una de las más célebres y verdaderamente
de las
m á s hábiles modistas de s o m b r e r o s en París ha tenid o una idea ingeniosa, que está labrando su fortuna.
Confecciona sombreros de un gusto y una elegancia
prodigiosos, y loa envía a d o n d e quiera que se los pidan, á c o n d i c i ó n de que la que lo encarga le remita su
fotografía. E n vista del retrato, ella elige la forma que
mejor puede sentarle, c o m b i n a los adornos que han
de favorecerla, y ejecuta obras de arte en toda la ex-tensión de la palabra.
P o r añadidura, sus precios n o son exorbitantes; así
es que llueven los p e d i d o s á su obrador, y si pu fama
y su prestigie continúan, va á adornar casi todas las
cabezas femeniles de Europa.
|Bien puede
decir q u e ha resuelto
una
cuestión
capital!
• BLANCA VALMONT.
EXPLICACIÓN DE LOS GRABADOS
N ú m e r o 1. H u t a e l e g a n t e . — 1 . ° D e velo d e religiosa, c o l o r crema. Delanteros fruncidos y cruzados.
Un a n c h o volante de encaje adorna el cuello y el delantero y cae desde el costado hasta el b o r d e en un doble volante. Mangas lisas c o n volantes de encaje. Tela
necesaria: 7 metros de velo de religiosa, d o b l e anc h o . — 2 . ° Cuerpo para traje de recepción.— Es de faya
francesa, abierto s o b r e una camiseta d e muselina d e
seda abullonada y b o r d a d o de aplicaciones de terciop e l o y perlas. P e q u e ñ o canesú de terciopelo en la parte alta del cuerpo. Mangas lisas c o n aplicaciones de
terciopelo y perlas.
Núm. 2. ( V é a s e Labores.)
N ú m . 3. l i m i t a de tisú.—Plegada á lo largo, y
adornada con un volante en la bocamanga, sujeto encima del p u ñ o por cuatro abullonados.
Núm. 4. l l a n g n d e piel de s e d a . Con hom-
brera y b o c a m a n g a plegada, sujetas p o r g o l p e s de pasamanería.
Núm. 5. A d o r n o p a r a e u e r p o d e vestido.—De
seda blanca, festoneado d e azul ó encarnado. L a parte
de delante, completamente plegada, forma punta en su
parte baja y tiene en su parte alta un cuello vuelto,
a b r o c h a d o detrás, sujeto interiormente con una cinta
para formar pliegues. Manga lisa c o n un volante festoneado sujeto c o n un lazo.
Núm. 6. I l a n g a d e tela lisa y b r o c h a d a . — E s
de tela brochada, casi cubierta por un abullonado de
tela lisa, adornado en su parte alta p o r pliegues cruzados y un lazo de cinta.
Núm. 7. l l a n g a d e tul.—Adornada c o n tiras d e
terciopelo.
N ú m . 8. T r a j e p a r a p a s c o . — D e lana crema c o n
motitas encarnadas. Cuerpo cortado en aldetas plegado p o r delante, con plastrón de la misma tela adornado c o n galones de terciopelo. Cinturón ruso. Mangas
lisas adornadas c o n galón. Falda plegada, cubierta por
un recogido en punta p o r delante, rodeado de galón.
P O J Í / p o r detrás. Tela necesaria: 11 metros de lana
d o b l e ancho.
Núm. 9. T r a j e p a r a a l i v i o d e luto.—De tela
gris listada de negro. Cuerpo c o r t o , sujeto en la parte
inferior y abierto en la superior s o b r e una camiseta
fruncida de la misma tela. Solapa de terciopelo en el
lado derecho. Falda plegada, cubierta p o r un sencillo
r e c o g i d o . Tela necesaria: 22 metros de lana listada.
Núm. 10. P a n o r a m a d e t r a j e s p a r a niñas.—
l.° Trajecito de encaje c o n camiseta y mangas de
muselina de seda. Cinturón de muselina. Sombrero
Directorio, c o n la copa plegada.—2.° Traje de surah
rosa.—Adornado
c o n encajes. Cuerpo abierto s o b r e
una camiseta plegada. Mangas huecas. Toca plegada,
de surah rosa.—3.° Traje de lana moteada y terciopelo.—
Túnica de lana cortada en puntas, con canesú de
terciopelo. Falda y cinturón de terciopelo. T o c a d e
terciopelo con un lazo en la parte de delante.—4.° Tra
je marinero.—De
lana azul. Cuello vuelto, adornado
con galones blancos. Faldita plegada. Sombrero de
paño azul, adornado c o n una pluma.— 5.° Traje de
lana beige.—Con plastrón de guipure y adornado c o n
galón b o r d a d o . Falda y mangas plegadas. Sombrero
de fieltro adornado c o n un penacho de plumas.—7.°
Traje de surah.—Cuerpo
m u y largo, sobre el que se
c o l o c a un fruncido d e la misma tela. E l cuello, las
carteras y el cinturón son de galón de plata. Faldita
plegada, adornada c o n galón de plata. Sombrero Montpensier con pluma que cae encima del ala.—8.° y 9.°
(Delantero y espalda.) Traje de faya rosa.—Túnica recogida en p e q u e ñ o s paniers y f o r m a n d o pouf p o r detrás. Cuerpo cortado en forma de corazón sobre una
camiseta plegada, de muselina de seda. Mangas huecas con lazos en los h o m b r o s . Falda plegada adornada c o n bordados de plata. Sombrero d'I terciopelo negro forrado de seda rosa. Una pluma amazona adorna
la c o p a — 1 0 . Traje de lana escocesa.— Cuerpo largo
adornado c o n d o s grandes solapas de seda festoneadas que sirven de marco á un plastrón de terciopelo.
Falda lisa p o r delante y plegada, p o r detrás su jeta c o n
un cinturón de terciopelo. Aldetas de seda adornadas
c o n ' b o t o n e s se colocan en los costados. T o c a de terc i o p e l o c o n c o p a plegada y un lazo de cinta.—11. Traje de lana gris claro.—Cuerpo largo c o n un fruncido
de la misma tela formando delantero. Canesú de terciopelo negro cincelado de gris. Tiras de lo m i s m o rodeando el fruncido. Falda plegada á palas, adornadas
con tiras de terciopelo cincelado. Sombrero Directorio
con rico p e n a c h o de plumas y lazo d e cinta.
N ú m . 11. T r a j e s p a r a pasco.—1.° D e faya y
terciopelo. Cuerpo muy corto y a b o t o n a d o , abierto en
la parte superior sobre un plastrón de terciopelo rodeado do solapas de terciopelo y faya. Mangas lisas
con carteras de terciopelo. Falda lisa de faya. Un rec o g i d o d e terciopelo cae en povf por detrás y se abre
delante s o b r e la falda. Tela necesaria: 10 metros de
faya y 7 de terciopelo. Sombrero Montpensier, adornado c o n una pluma amazona.—2.° Traje de lana bro
chada.—Cuerpo corto abierto sobre un chaleco de seda
r o d e a d o d e solapas de terciopelo. Mangas lisas. Falda
plegada c o n delantero f o r m a d o p o r un plegado de
seda y dos anchas tiras de galón b o r d a d o . Tela necesaria: 10 metros de lana brochada d o b l e ancho. - 3.»
Abrigo largo.—Con mangas de cabestrillo. A b o t o n a d o
delante y c o n grandes bolsillos en los costados. Sombrero Mosquetero, de fieltro, c o n una pluma en el
lado. —4.° Cuerpo de piel de seda negra.—En forma de
coraza y adornado c o n galones. Pequeña capota Beguin con p e n a c h o de plumas.—ü.° Traje de faya
francesa.—Polonesa
recogida en un p e q u e ñ o panier en
un costado y c a y e n d o en el otro hasta el b o r d e de la
falda. 'Adornada c o n una tira de galón bordado. Mangas lisas con un plegado de seda y tiras Je galón en
las bocamangas. Falda d o seda listada. Tela necesaria: 12 metros de faya y 7 de seda listada. Capota Beguin de seda listada, con p e n a c h o fantasía.—G.« Cuer2>o de paño. - A b o t o n a d o cor sardinetas de pasamanería. Sombrero marinero c o n un ala de plumas en el
lado izquierdo.—7.° Cuerpo de paño.—Azul
marino
a b o t o n a d o por m e d i o de tiras de la misma tela, sujeta
con b o t o n e s . Sombrero c o n el ala muy vuelta y bridas
de seda. Una gran pluma cae s o b r e el ala p o r delan-
Ayuntamiento de Madrid
te.—7.° Traje de piel de seda.—Cuerpo corto y a c o r d o n a d o en la parte baja. Solapas unidas y cuello alto de
terciopelo. Mangas lisas. Túnica larga m u y drapeada,
adornada en el lado izquierdo c o n una ancha quilla
de terciopelo cincelado. Sombrero de c o p a baja y ala
vuelta, adornado c o n una p l u m a rizada c o l o c a d a delante. Tela necesaria: 2 2 metros de piel de seda.—8.»
Traje para niño.—Es de terciopelo negro. Blusa plegada, c o n cinturón. Pantalón corto. Cuello b l a n c o .
Sombrero de fieltro c o n cinta de seda y hebilla.—9.o
Traje para niño.—De paño azul. Chaqueta abierta sobre un chaleco de lana rayada. Cuello de lo m i s m o .
Pantalones cortos. Gorra de paño azul c o n p o m p ó n d e
seda.
LABORES
Núm. 2. D i b u j o s p a r a b o r d a d o s artísticos.—
C o m o ofrecimos, p u b l i c a m o s una hoja d e dibujos
para bordados, en la que aparecen varios m o t i v o s interesantes y los n o m b r e s de las Dolores y Lolitas para
que puedan ser b o r d a d o s y regalados á las que llevan
este h e r m o s o n o m b r e .
La Cuaresma y sus leyendas.
Instituida para imitar el a y u n o de Jesucristo durante los cuarenta días que estuvo en el desierto, la
Cuaresma fué religiosamente observada en los primeros tiempos del cristianismo.
Varios autores dieen que precauciones higiénicas
contribuyeron á que se estableciese en m u c h a s religiones, y una de las más célebres es la d e los musulmanes.
Durante el ramadán, desde que sale el sol hasta que
se p o n e , los descendientes d e Mahoina d e b e n abstenerse de comer, b e b e r , fumar, aspirar perfumes, lavarse el rostro y refrescarse el cuerpo. Sólo son dispensados de esta abstinencia los viajeros y l o s enfermos, pero á c o n d i c i ó n de que ayunarán un número
igual d e días al concluir su viaje ó al recobrar la salud.
H u b o un tiempo en que, para mantener la santidad
de las costumbres de la Iglesia y la observancia de
sus reglas, decretó el clero penitencias públicas. L o s
penitentes se presentaban en la puerta de las iglesias
y permanecían en el p ó r t i c o c o n los l e p r o s o s , los pordioseros y t o d o s los parias de la sociedad. Al c a b o de
cierto tiempo los admitían para que oyesen las lecturas sagradas; pero debían abandonar el t e m p l o al comenzar los rezos. Más tarde les consentían rezar c o n
los fieles, p e r o tenían que estar de rodillas durante la
oración. Sólo d e esta manera conseguían recuperar la
gracia que habían perdido. T a m b i é n había otras penitencias, que consistían en peregrinaciones á Roma, de
rodillas, avanzando tres pasos y r e t r o c e d i e n d o d o s , ó
andando sin detenerse, c o m o el j u d í o errrante.
La leyenda d e la Página blanca p o d r á dar una idea
de esta clase do penitencias.
Thibaut era el más perverso de los caballeros de la
Provenza; no había un s o l o crimen o d i o s o que n o pesara sobre su conciencia.
Un día t u v o Dios piedad de su alma, y le inspiró el
d e s e o de confesar sus culpas á un ermitaño, quien n o
atreviéndose á darle la absolución, p o r q u e creyó que
sólo el Papa p o d í a perdonarle, le aconsejó que escribiese en un pergamino la lista de t o d o s sus pecados y
la llevase á R o m a , y e n d o descalzo, vestido c o m o un
p o b r e , y acusándose en alta v o z de las iniquidades
que había c o m e t i d o .
Thibaut se puso en marcha c o n lágrimas en los
ojos, humillándose á cada instante, ayunando y pid i e n d o limosna, soportando c o n resignación las injurias que le dirigían y las fatigas del viaje, rezando en
todas las capillas que encontraba; y cuando llegó á
las gradas del trono de San Pedro so h i n c ó de hinojos,
y pidiendo perdón, presentó el pergamino al Padre
Santo. P e r o ¡oh milagro! L a página estaba blanca.
Sus lágrimas sinceras habían borrado lo q u e su mano había escrito. A c t o continuo se hizo fraile, y murió
en un c o n v e n t o de la Ciudad Eterna.
E n los siglos anteriores al actual, los que n o observaban los preceptos de la Iglesia, eran castigados con
la confiscación de sus comidas en beneficio de los
hospitales. Pero los parisienses, para desorientar el
fino olfato de la policía, asaban arenques detrás de
las puertas de sus casas, y de este m o d o ocultaban el
olor de la carne que furtivamente condimentaban en
lo más íntimo d e su hogar.
Entre los antiguos usos legados p o r la Edad Media,
hay algunos en e x t r e m o curiosos.
E n S o l o g n e (Francia), el primer d o m i n g o do Cuaresma abandonaban los aldeanos sus casas al anochecer, y provistos de antorchas encendidas se perseguían
á través d e los c a m p o s sembrados, cantando estrofas
un tanto satíricas. Después se reunían para celebrar
un festín, y al día siguiente c o m e n z a b a n á observar
la Cuaresma.
E n el L a n g u e d o c terminaba el imperio de la máscara c o n la destrucción d e un maniquí q u e representaba el Carnaval, el cual era ahorcado, quemado ó
ahogado, según el p u e b l o en d o n d e se verificaba esta
ceremonia.
E n los valles de Irlanda n o h a y un sólo pastor que
n o c o n o z c a la siguiente leyenda:
« L a V e r d e Érín, tan combatida siempre p o r la fortuna, se hallaba sumida en una miseria horrible, y los
p o b r e s cristianos no sabían á qué santo encomendarse. Un día llegaron á una aldea dos ricos mercaderes
m o n t a d o s en caballos negros c o n herraduras de oro.
L o s d o s jinetes vestían grandes túnicas encarnadas,
y detrás de ellos iba una muía cargada de sacos llenos
de monedas de o r o . Su magnificencia atrajo las miradas de una p o r c i ó n de pordioseros. P e r o ¡cosa extraordinaria! la m a y o r parte de los que c o n rostro alegre
entraban á visitarlos, se volvían tristes, cabizbajos y
c o m o vergonzados.
«Consistía esto en que los dos traficantes eran emisarios del diablo, que c o m p r a b a n almas al contado
para el rey del averno. P o r eso los cristianos, al separarse de ellos, aparecían tristes c o m o un cuerpo sin
alma.
» E n los alrededores de la aldea vivía la hermosa
Ketti O'Connor, j o v e n tan n o b l e c o m o virtuosa, providencia de los desgraciados.
« A l oir hablar del odioso tráfico de los dos mercaderes, v e n d i ó su palacio, sus granjas, sus bosques y sus
prados, y e m p e z ó á repartir los productos de esta
venta entre los p o b r e s para que no acudiesen á vender
sus almas á los agentes del maligno espíritu.
«Notando éstos que era preciso recurrir á la astucia,
sobornaron á un criado de la j o v e n , y se apoderó del
tesoro de la bella Ketti. A l ver la j o v e n que nada le
quedaba, se presentó en la posada de los compradores de almas, los cuales, c o m o es m u y natural, se entusiasmaron al oir sus inesperadas proposiciones.
» N o tardaron en entenderse, y el negocio q u e d ó hec h o . El alma pura, inmaculada y virginal de la j o v e n
les costó 150.000 escudos de o r o . Ketti repartió este
dinero entre los pobres, á fin de que ninguno se viese
precisado á imitarla. Después corrió á encerrarse en
su oratorio, y cuando abrieron la puerta para buscarla, la hallaron muerta de dolor, de rodillas y abrazada á un Crucifijo.
sDios, en su alta y misericordiosa justicia, declaró
inocente á la hermosa Ketti y la admitió entre sus ángeles. « L o s emisarios del diablo abandonaron la aldea,
y los campesinos de Blackwater cuentan que se les
oía jurar y maldecir en una gruta subterránea de la
montaña, en d o n d e Lucifer los tiene encadenados hasta el día en que le entreguen el alma que se les escap ó de entre las manos.»
H e aquí las d o s úitimas estrofas de esta balada, que
cantan los m e n d i g o s durante la Cuaresma en las calles
de Dublín y de Limerick:
«Para salvar á los p o b r e s , que le inspiraban un inm e n s o cariño, v e n d i ó Ketti su alma á Satanás. P a g ó
esta sublime prenda en escudos de o r o . Digamos para
rescatar su alma: Confíteor.
«Pero el ángel, que fué culpable impulsado p o r la
caridad, fué perdonado p o r Dios y admitido en el cielo, quedando de este m o d o v e n c i d o Satanás, que n o
p u d o saciar su codicia adquiriendo tan preciosa j o y a .
Cantemos bajo las naves de la Iglesia: Confíteor.»
E n nuestros tiempos la Cuaresma n o es tan rigurosa
c o m o antes. El alma recogida dirige sus miradas hacia la Religión, busca c o n s u e l o en su cariñoso seno, y
al despertarse de este ensueño d i v i n o encuentra, c o m o
s í m b o l o del perdón, la h e r m o s a primavera con sus
flores, sus brisas y sus celajes puros, que, renovándose de año en año, es un reflejo de la inagotable bondad del Creador.
DANIEL GARCÍA
UN ADEREZO DE
BRILLANTES
POR
MARIO
LARA
(Continuación)
(1).
La carta estaba c o n c e b i d a en estos términos:
«La desesperación, decía, ha puesto en mis manos
el arma q u e p o d í a resolver el p r o b l e m a de mi vida.
P e r o antes de darme y o m i s m o el castigo que merecen
m i s iniquidades, he p e n s a d o que una n u e v a infamia
n o puede borrar las que he c o m e t i d o . Y o , que he faltado á todos mis deberes, quiero cumplir uno: el de
consagrar toda mi existencia á reparar en lo p o s i b l e
el mal que te he causado. V o y á partir á A m é r i c a , v o y
á buscar en el trabajo y en las privaciones el m e d i o
de resarcirte, si n o de las desdichas q u e te he proporc i o n a d o , al m e n o s de las pérdidas que p o r m í has
sufrido. Si realizo mi plan, mi alma n o hallará nunca
consuelo, p o r q u e al perder tu afecto he perdido la
única felicidad verdadera que le sonreía; p e r o se aligerará un tanto el peso de mi conciencia. Si s u c u m b o
en la lucha, quizá tu alma, que es buena, tendrá algunas lágrimas para mí.
« H e d e b i d o partir sin mortificarte c o n mi recuerdo;
p e r o n o h e tenido valor para ir tan lejos' sin decirte
(1)
Véanse, los números anteriores, desdo el 1 . °
adiós y sin confesarte, que h o y que c o m p r e n d o t o d o
lo que vales, te amo... te adoro más que nunca.
«Pero n o temas... n o i m p l o r o tu p e r d ó n , n o lo merezco... Jamás m e atrevería á presentarme á ti... N o
quiero ni saber que tienes c o m p a s i ó n de m i extravío,
de mi demencia.
» M i alma será siempre esclava del martirio que se
ha buscado; pero m i vida te pertenece, y á tu bien la
consagro.
» A d i ó s para siempre. Si el arrepentimiento sincero
alcanza el p e r d ó n de D i o s , aún espero y le p i d o c o m o
muestra de su infinita b o n d a d que te c o l m e de venturas.«
VIII
L o s ojos de Matilde se llenaron de lágrimas. E s privilegio de las almas nobles y generosas el supremo
g o c e de perdonar, y ella había perdonado á su marido
antes de leer aquellas líneas, que revelaban en el corazón del ingrato los sentimientos de la contrición.
P e r o ¿habría de dejarle partir? ¿ Y c ó m o detenerle,
c ó m o ir á su encuentro y tenderle los brazos, si n o
indicaba el punto en d o n d e residía, ni el día en que
se p r o p o n í a emprender el viaje que debía separarlos
para siempre?
E x a m i n ó el sobre de la carta, para ver si p o r el
sello de correos p o d í a averiguar la población en d o n d e
la había escrito, y este examen le permitió, n o sin
trabajo, descifrar algunas letras de la palabra Burdeos.
Sin duda en aquella p o b l a c i ó n aguardaba la salida
de algún b u q u e para la A m é r i c a del Sur. Un telegram a llegaría á tiempo de detenerle; una palabra de
p e r d ó n y de esperanza le haría desistir de su resolución. T o d o quedaría envuelto en el olvido; y si sus
corazones latían de n u e v o enamorados, c o m o en los
t i e m p o s de su pasada felicidad, ¿qué importaba la pobreza?... L o s dos trabajarían; los dos, c o n más conocimiento de lo que vale la ventura p o r haberla perdido,
se esmerarían en borrar las sombras del pasado, en
llenar do luz viva y pura los horizontes de su p o r venir.
A toda costa necesitaba decir á A n t o n i o :
— T e p e r d o n o y te amo. Ven á mis brazos ; olvidem o s el ayer para buscar un mañana d i c h o s o .
P e r o ¿ c ó m o hacer llegar á sus manos un telegrama?
E n Burdeos n o c o n o c í a á nadie. Sus desdichas, sus
pérdidas, sn pobreza la habían alejado de la sociedad.
Para salvar á A n t o n i o , para acallar á sus acreedores, para devolverle el h o n o r , había v e n d i d o sus tierras, y ya n o le quedaba más que el derecho de vivir
en la casa de sus padres hasta que se vendiese en subasta judicial para pagar las hipotecas que pesaban
s o b r e ella.
H a b í a v e n d i d o m u e b l e s , trajes, alhajas; aún p o d í a
reunir unas cuantas m o n e d a s sin sacrificar el aderezo
de brillantes, que conservaba religiosamente c o m o el
recuerdo del día más feliz de su vida.
Aquella joya, que guardaba c o m o un tesoro, parecía reconcentrar todas sus esperanzas. E n sus soledadades abría el estuche y miraba los brillantes, crey e n d o ver en sus fúlgidos resplandores la imagen de
la felicidad de sus dos primeros años de matrimonio;
y cuando pensaba que algún día tendría que deshacerse de tan preciada alhaja, una profunda tristeza se
apoderaba de su ánimo. E n aquellas aguas tan claras,
tan puras, se reflejaban sus esperanzas y se decía que
cuando n o pudiera recrearse en ellas, se acabaría el
consuelo de su alma.
(Cómo la admiraría su marido cuando viera que hab í a p o d i d o salvar del naufragio aquel aderezol |Con
qné placer, después de recuperar el amor de su e s p o so, se desprendería de la alhaja para que su j ' r o d u c t o
fuera la baso de su n u e v a vida!
¡Ohl P e r o por salvarle, p o r evitar aquella ausencia
eterna, de t o d o era capaz.
Las mujeres, que ignoran multitud de detalles de la
vida práctica, por intuición—la intuición del amor—
adivinan lo que n o saben.
L o primero que hizo fué dirigirse á las A g e n c i a s d é
transportes. En ellas debían saber qué buques se preparaban á salir de Burdeos c o n r u m b o á A m é r i c a .
Quizás podrían decirle el n o m b r e d e los barcos, acaso
el n o m b r e de los capitanes.
N o pudieron ser tan explícitos c o m o Matilde deseaba los empleados de las Agencias; pero sí s u p o que el
primer b u q u e que debía salir de B u r d e o s c o n flete y
pasajeros, n o zarparía en ciuco días lo m e n o s .
¡Cinco días! Había tiempo de sobra "para ir á Burdeos, para averiguar los n o m b r e s de los pasajeros
que habían tomado billetes, para registrar todas las
fondas y hospederías. Ebria de g o z o , c o m o si nada
hubiera sufrido, se fué á la administración central
del ferrocarril del Norte, preguntó cuánto costaba el
billete desde Madrid á Burdeos, formó su presupuesto de gastos, v i o que c o n 40 ó 50 duros podía llegar á
la ciudad del R ó d a n o y vivir los dos ó tres días que
p o d í a tardar en hallar á su e s p o s o .
Vendiendo los p o c o s muebles q u e le quedaban
reuniría aquella cantidad, y luego... allí estaba el aderezo. A u n q u e s ó l o obtuviese p o r él la mitad de lo q u e
había costado, lo m e n o s d o s ó tres mil duros le darían; y c o n esta fortuna salvada del naufragio, en
Ayuntamiento de Madrid
Erancia m i s m o , en cualquier parte sería feliz, perdonando y adorando á aquel h o m b r e , causa de todas sus
desdichas.
N o hay nada más h e r m o s o que el corazón de una
mujer buena.
No había t i e m p o q u e perder.
Llamó á un prendero, y estos industriales, que se
aprovechan de las ocasiones, c o m p r e n d i e n d o la urgencia ofreció precios irrisorios; pero, en fin, Matilde o y ó
< o n júbilo que al día siguiente le daría 40 duros.
El resto de la tarde lo e m p l e ó en preparar su exig u o equipaje.
A n u n c i ó á la criada su resolución, y al anochecer
fué á ver al notario de sus padres para comunicarle
su propósito y dejar arreglados los asuntos relacionados c o n la p r ó x i m a subasta que debía despojarla p o r
c o m p l e t o de su patrimonio.
Pero n o estaba triste, antes p o r el contrario mostrábase resignada, resuelta; la esperanza brillaba en
sus ojos, la felicidad retoñaba en su ser c o m o el últim o capullo de una flor cuyas ramas han e m p e z a d o á
marchitarse.
Renacía á otra vida, y n o le costaba trabajo salir
para siempre de la casa en d o n d e había nacido.
Brillaba ante sus ojos un porvenir cuya ventura era
m u c h o más dulce que cuantas hasta entonces había
soñado.
Aquella n o c h e apenas p u d o dormir; su imaginación
le fingía mil escenas varias en la f o r m a , iguales en el
f o n d o . En todas ellas su marido, sinceramente arrepentido, lloraba en sus brazos de felicidad.
P o r q u e n o dudaba de que le hallaría. ¿No había de
hallarle? Unas veces se figuraba q u e le encontraba en
el m i s m o puerto, al ir á embarcarse. Otras llegaba
hasta el m i s m o b u q u e y allí le hallaba desesperado.
iQué sorpresa! ¡Qué dicha!
¿Con qué dinero se compran estos goces del alma?
N o hay troquel q u e lo haya fabricado todavía. E s
privilegio de los seres que han traído al m u n d o y llevan en su corazón algo del cielo.
Matilde se levantó m u y temprano del lecho, risueña
y contrastando su e x p r e s i ó n c o n la de la buena doméstica, á quien apenaba aquella separación.
¿Paitaría á su palabra el prendero? ¡Ya tardaba!
¿Qué hacer si no cumplía lo ofrecido? ¿Un día más?
N o , de ningún m o d o ; no esperaría. Llamaría á cualquiera, daría los restos de su fortuna p o r cualquier
cosa y se iría en tercera. P e r o el e x p r e s o n o admitía
más que viajeros de primera clase, y en el tren m i x t o
tardaría m u c h o tiempo. Necesitaba un par de días lo
m e n o s para buscar á A n t o n i o antes de que zarpase el
buque.
P o r fin llegó el prendero.
L o s antiguos y venerandos m u e b l e s eran zarandeados p o r los toscos m o z o s de cuerda, y Matilde los vela
alejarse sin la pena que en otras ocasiones hubiera
embargado su alma.
A l c a b o v i o en sus m a n o s los cuarenta duros, y
guardando en un saquito el aderezo para que n o se
separase de ella un instante, partió g o z o s a á la esta
ción.
(Se
concluirá.)
ECOS D E L A N O V E L A D E L A V I D A
El lunes último se c e l e b r ó en Palacio la ceremonia
de tomar la almohada varias damas de h o n o r de la
Reina. Equivale este acto, respecto de las señoras, al
que ejecutan los caballeros cuando se cubren delante
del Monarca, y viene á representar una distinción,
una merced que los R e y e s dispensan á sus más allegad o s servidores. L o s Grandes de España se cubren, las
damas se sientan. E s t o último es l o q u e significa tomar la almohada.
La ceremonia que los p e r i ó d i c o s han descrito estos
días es m u y sencilla; y sin embargo las señoras, q u e
lucen c o n este m o t i v o preciosos trajes de corte y valiosas joyas, epxerimentan una viva e m o c i ó n .
P e r o pasa pronto, y las que han alcanzado el h o n o r
de sentarse en Palacio se consideran m u y felices. Reciben plácemes, enhorabuenas y contribuyen á esas
magnificencias de la vida que cantan los poetas y
perpetúan los artistas.
T o m a r la almohada viene á ser c o m o dormir sobre
los laureles que se han conquistado ó se han heredad o de los que los conquistaron.
N o s ó l o se heredan laureles, sino joyas; y c o m o
cuanto más antiguas son, más á la m o d a están, sucede que entre las nuevas y las viejas son numerosas
las que e x h i b e n las damas. Sobre t o d o en el Real
cuando canta la Patti.
Esta diva, que n o ha querido cantar á beneficio d e
los p o b r e s de Madrid por haberse c o m p r o m e t i d o á
cantar p o r los de Lisboa, parece c o m o q u e se c o m p l a ce en deslumhrar, aún más q u e c o n la v o z , c o n sus
brillantes.
Cuando sale á la escena, piensa u n o instintivamente
en la Guardia civil. Sin una pareja, parece q u e c o r r e
riesgo la célebre artista.
P e r o ella, nada; persuadida de que si es verdad que
la música domestica á las fieras, su v o z puede convertir en h o m b r e s p r o b o s á los tomadores más despreocupados, saca una j o y e r í a entera, y es de presumir que
que
sea verdadera.
E s t o es así c o m o una especie d e reto á las damas
que
o c u p a n las plateas y l o s palcos bajos. -Y s i e n d o
españolas, ¿no habían de aceptar el desafío?
H a h a b i d o n o c h e s en las q u e el ministro de Hacienda parecía p e n s a t i v o en su p a l c o .
—¡Cómol |A un ministro de H a c i e n d a lo e m o c i o n a
la música! pensaban algunos c o n extrañeza.
¡Ah!
n o ; n o era la música l o que le preocupaba: seguro estoy de que se decía:
—[Con t o d o s los brillantes q u e v e o en torno m:'o,
nivelaría l o s presupuestos, sin necesidad d e aumentar
el valor de las cédulas!
P o r q u e la verdad es q u e se p r o p o n e q u e valgamos
es decir, q u e p a g u e m o s más.
Y ya n o se contenta c o n las cabezas, es decir, c o n
los cabezas d e familia. A h o r a b u s c a l o s corazones;
nuestras e s p o s a s y los pedazos d e nuestros corazones,
nuestros hijos.
Si t e n e m o s otros parientes más ó m e n o s cercanos,
t o d o s han d e pagar.
E s t o es horrible, ¿no es verdad?
Los
que disfrutan de abundante prole, los que abren
su hogar á los d e u d o s d e s v a l i d o s , en una palabra, l o s
generosos, son los llamados á formar en el n ú m e r o d e
las víctimas propiciatorias.
Los
egoístas en c a m b i o , l o s caballeros solos, q u e
tanto buscan las amas do h u é s p e d e s , c o n principio ó
sin él, s n l o s favorecidos.
Ya l o verán ustedes: llegará el día en que los c o
bradores sostengan diálogos c o m o éste.
—Usted hace ocultaciones á la Hacienda.
—No,
señor.
— Tenía usted o c h o hijos y en la declaración n o cita
usted n i n g u n o .
— ¡ A h í verá usted!
—¿Qué ha h e c h o usted d e ellos?
—Lo
que Saturno... los he d e v o r a d o .
Es d e esperar que n o tengan l o s p o b r e s padres q u e
recurrir á ese e x t r e m o .
¡Qué p o r v e n i r el de las infelices suegras, si el p r o y e c t o se convirtiera en leyl
C a m b i e m o s la decoración.
Con
el primero h e m o s ganado un poeta dramático
que
p r o m e t e m u c h o ; c o n el s e g u n d o la prensa ha demostrado una vez m á s q u e es un verdadero p o d e r .
Un
e c o llega del extranjero.
En los E s t a d o s Unidos,el célebre Barnum, el empresario universal, harto d e sufrirá l o s astros d e la e s cena y á los príncipes del arte, ha formado una compañía dramática c o n m o n o s .
— ¿Con m o n o s ?
— -¡i, señoras; u n o s m o n o s m u y m o n o s , q u e hacen
muchas monadas y representan sin hablar, l o cual es
una ventaja, p o r m e d i o de la mímica, dramas, comedias y hasta óperas.
—¿Operas?
—Sí,
óperas cómicas.
— A l m e n o s estos artistas eminentes n o m e darán
disgustos, pensaba el empresario; ¡ n o tendrán amor
propio, ni vanidad, ni envidias!...
¡Ilusiones! U n a d e las últimas n o c h e s , después de
la función, le llamaron á e s c a p e :
— ¿Qué ocurre?
—¡Que el galán v a á ahogar al galán j o v e n !
El p ú b l i c o le había aplaudido una vez más.
Si tarda en separarlos, se queda sin el Tenorio de la
compañía.
Ni
los m o n o s p u e d e n prescindir d e ser h o m b r e s .
¡Qué extraño es q u e l o s h o m b r e s se vean o b l i g a d o s á
ser m o n o s !
más;
Sí;
p e r o ¿ d ó n d e hallar cuadros de c o l o r d e rosa,
c o m o l o s q u e desearía ofrecer á las lectoras?
F e b r e r o es este año más l o c o que otras veces.
¡Hasta nieva c o n solí
E n cuanto al frío, el c e r o es quien d o m i n a , c o m o
en la lotería p o r irradiación.
Las
enfermedades abundan; l o s p o b r e s niños se
convierten en ángeles. ¡La muerte n o descansal E s t o
es h o r r o r o s o .
Señor Noherlesoon: ya s a b e m o s q u e es usted un español que ha tenido que pasar p o r norteamericano
para q u e le hagan justicia sus compatriotas. H a g a
usted el favor d e n o anunciarnos m á s temporales ni
más calamidades, p o r q u e t o d o l o q u e usted pronostica sale al pie... casi estoy por decir al puntapié de la
letra. T e n g a usted piedad de n o s o t r o s y anuncíenos
usted una primavera templada, llena d e ilusiones y
de felicidad.
P o r q u e si n o , va á ser cosa d e tener que ir á buscar
una temperatura agradable en el p o i o Norte.
¡Con decir que hasta ha muerto la leona que amenizaba c o n sus rugidos el Parque d e Madrid!
Y eso que estaba abrigada, y á la m o d a , es decir,
cubierta de pieles.
Sólo ha habido un m o m e n t o d e calor la n o c h e del
estreno del drama El suicidio de W'crther, y o t r o m o m e n t o la tarde en q u e los periodistas q u e asisten al
Congreso fueron e x p u l s a d o s de su tribuna.
T o d o s estos acaloramientos son hasta una necesidad.
( ) B R A S DE DOÑA MARÍA D E L PILAR
^Sinués, que se venden en la Administración de
LA
ULTIMA MODA.
Dramas de familia. Dos tomos
8 pesetas.
Narraciones del hogar. Dos timos.. 8
„
Una herencia trágica. Un tomo
4
„
El alma enferma. Dos tomos
7
„
El ángel del hogar. Dos tomos
fi
„
Un libro para las jóvenes. Un tomo 8,50
La dama elegante. Un tomo
4" „
Combates de la vida. Un tomo
2,50
Verdades dulces y amargas. Un tomo
3,50
Hija, esposa y madre. Dos tomos . . . 8
„
La vida intima. Un tomo
4
„
Mujeres ilustres. Tres tomos
9
„
La vida real. Un tomo
4
„
Isabel. Un tomo
4
„
DE
TEXTO
'La ley de Dios, nueva y preciosa ediei6n, con láminas de gran mérito, Un
tomo
1,50
A la luz de una lámpara (cuentos).. 1
„
Se publicarán en breve: Morir sola (nueva),
con un bellísimo retrato de la autora.—El abismo
(nueva).
ULTIMA MODA. Al efeto enviarán c o n el p e d i d o las
medidas siguientes:
L a r g o d e delante, desdo el escote á la cintura.
L a r g o d e la espalda, d e s d e el c u i l l o á la cintura.
C o n t o r n o del c u e r p o á la altura del p e c h o .
Cintura.
A n c h o d e la espalda.
Largo desde el s o b a c o á la cintura.
L a r g o d e la manga.
C o n t o r n o de las caderas.
L a r g o de la falda.
TARIFA DE PRECIOS
PARA
SEÑORAS
Vestido c o m p l e t o ,
Túnica
Falda sola
Cuerpo sencillo
Cuerpo complicado
Manteleta fichú ó esclavina
R o t o n d a larga
Traje d e n o v i a , según el
Chambra
Pantalón
Peseta
figurín
3,00
2,00
1,25
1,25
2,00
1,50
1,«0
»
1,25
1,25
PASATIEMPO
J U A N DE M A D R I D
PREGUNTAS
Y
RESPUESTAS
J. S. de R., Sevilla.—Habrá
m u y p o c a s variaciones
en la forma d e las chaquetas, p o r q u e y a se han apurado todas las posibles. Se llevarán m u y ajustadas
por
detrás, y p o r delante flotantes. E l gusto d e la m o dista y el corte es l o principal en estas prendas. L o s
b o t o n e s d e metal imitando plata vieja s o n l o s q u e parece q u e han d e dominar.
, La Paz, Madrid.—- V e a usted en el n ú m . 6 d e LA
ULTIMA MODA el m o d e l o n ú m . 2 0 . El c u e r p o d e d i c h o
traje c o n el plastrón d e terciopelo, es el q u e reúne, en
mi c o n c e p t o , las c o n d i c i o n e s q u e usted desea. Su carta n o s ha agradado en e x t r e m o y transmitimos á
Blanca V e l m o n t las afectuosas frases q u e usted le dedica. T a m b i é n a g r a d e c e m o s su p r o p ó s i t o de remitir
prospectos á sus amigas. N o se los e n v i a m o s p o r q u e
no indica usted las señas d e su casa, y en Madrid,
c o m o el p e r i ó d i c o se da á l o s repartidores, d e s c o n o c e mos
el d o m i c i l i o d e las suscritoras. L o q u e p u e d e usted hacer, y l o m i s m o las demás q u e deseen q u e nuesrra Revista sea c o n o c i d a , es enviarnos lista d e las per
sonas á quienes crea usted q u e p o d e m o s remitirles núm e r o s d e nuestra Revista.
C. E., Pamplona.—Para
luto, cualquiera d e l o s figurines q u e p u b l i c a m o s p u e d e servir, á c o n d i c i ó n d e q u e
se elijan l o s m á s sencillos y d e q u e el a d o r n o sea crespón
si el luto es riguroso, y si n o d e la m i s m a tela del
traje. P r ó x i m a m e n t e verá usted en LA ULTIMA MUDA
un m o d e l o para alivio d e luto q u e p u e d e hacerse en
negro.
O. L., Carranque.—Recibida
su carta y h e c h o s sus
encargos.
Azucena, Linares.—Hemos
escrito á usted para enviarle lo que n o s pedía.
J. M.— D í g a n o s usted cuántos p u n t o s quiere q u e
tenga la puntilla d e malla, para procurar c o m p l a c e r l a .
Una
madrileña.—Tiene
usted q u e esperar al n ú m e r o
p r ó x i m o . Q u e r e m o s decir á usted las prácticas más á
la última m o d a .
LA
SECRETARIA
PATRONES
La A d m i n i s t r a c i ó n p r o p o r c i o n a r á á las señoras sus
critoras l o s patrones d e los m o d e l o s q u e p u b l i q u e LA
F) A N I E L C O R T E Z O Y C O M P A Ñ Í A , C A L L E
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Berlín. Precio del cuaderno, una ; •seta.
l í R A Z O S T U R G E N T E S . SE CONSIGUE T E -"-^ncr un cutis sonrosado y venoso como el mea
superior mármol de Paros, por medio del l'ilivoro. i[iie suprime radicalmente el vello importuno.
Nada hay (pie igualo en belleza á unos ¿raros
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