LUPO Me llamo Carlos. Tengo catorce años, cumplidos hace muy

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LUPO
Me llamo Carlos. Tengo catorce años, cumplidos hace muy poco tiempo,
completamente unas dos o tres semanas. El pelo lo llevo castaño oscuro y ni
muy corto pero tampoco muy largo. Peso treinta y nueve kilos y soy esbelto.
Soy de un pueblo de la Comunidad Valenciana que muy poca gente conoce.
Creo que es tan pequeño que no aparece ni en el mapa, pero es muy bonito.
Me gustan muchísimo los animales, sobre todo los perros. ¡Me parecen muy
bonitos! Pero mis padres no me dejaban tener porque según ellos "dan mucho
trabajo: que si las vacunas, que si los paseos...". En fin, excusas.
Voy a contar una historia que me pasó hace tiempo relacionada con los perros,
mi familia, mi pueblo... No me ha creído nadie pero estoy seguro de que tú me
creerás. Espero...
Era el día de mi cumpleaños, ya iba a cumplir trece años y, como siempre, sólo
me pedía una cosa: un perro. Lo llevaba pidiendo desde que tenía cinco años y
todavía estaba esperando. Hasta que llegó el día
No me lo podía creer, lo tenía frente a mí, mirándome. Estaba en una caja roja
como sus ojos, con un lazo de regalo
Era un perrito pequeño de pelo gris y muy bonito.Tenía el morro largo y una
mancha blanca en la espalda, era una marca de nacimiento. Le llamé Lupo. Lo
tenía ya decidido, habia tenido mucho tiempo para pensar el nombre que le
pondría a esa mascota tan deseada.
No era de raza, pero yo estaba muy contento con mi mascota. Era muy gracioso
y me encantaba. Estaba muy feliz
Una noche, a las cuatro de la madrugada me desperté con mucha sed. Baje a la
cocina por las oscuras escaleras que parecían interminables. Después de beber
un vaso de agua decidí ir a ver como estabaLupo.
No me lo podía creer. No estaba en su cesta... Estaba vacía y no había rastro de
él. Pensé que se escapó y no lo iba a volver a ver. Me fui llorando a mi
habitación pensando en tanta ilusión que tenía y lo poco que me había durado.
Al día siguiente, sin esperarlo, volvió a aparecer durmiendo en su cesta, situada
en la cocina de mi casa, donde por la noche solo le daba un haz de luz
producido por las farolas de la fría y oscura calle.
Me asusté un poco, así que aquella noche, antes de ir a dormir, cerré con llave
todas las puertas y ventanas de la casa por miedo a que Lupo se volviera a
escapar. Era muy pequeño y no quería que fuera solo de noche por si le pasaba
algo. Ya me había costado bastante convencer a mis padres para que me lo
regalaran.
Otra vez, me desperté y no estaba a la cesta. ¿Cómo había salido de la casa?
Eso se repitió durante días. Todas las noches desaparecía y al día siguiente
volvía a estar en su cesta dormidito.
Yo, todos los días cerraba los lugares por donde él podía escaparse pero
siempre se iba.
Un día, iba de camino a la escuela, y vi en el suelo un trozo de periódico de esa
misma madrugada. Decía:
"Desde hace una semana, están escuchándose ruidos extraños en los campos
cercanos al viejo puente del pueblo. Aún no se sabe quién o qué está detrás de
estos hechos. Han desaparecido incluso perros"
Me quedé sorprendido. ¿Y si se llevaban a mi Lupo alguna de las noches en las
que salía de casa? No quería ni pensarlo
Pero tuve que dejar el periódico e ir corriendo al instituto si no quería llegar
tarde.
En el patio, mis amigos se me acercaron y me dijeron.
-Hoy es viernes y mañana no hay instituto.
-Ya lo sé. ¿Y qué? - Dije yo sin captar el mensaje que intentaban decirme.
-Pues que hoy podemos ir de fiesta. Hemos quedado todos los amigos a las diez
y media en el viejo puente que pasa por la mitad del pueblo. ¿Tú vienes?
-Vale, de acuerdo. Iré.
Mis amigos siempre se iban de fiesta cuando no había instituto. Incluso se
habían pasado todas las noches de las vacaciones de Navidad por ahí. Pienso
que salir unos días está bien, ¡pero todos los días es demasiado! ¿No? digo yo...
Necesitaba distraerme un poco porque últimamente no estaba tan animado
como antes. Por eso, acepté la invitación de mis amigos.
Terminó el día de instituto y me dirigía a casa.
Durante todo el camino, la gente con la que me cruzaba hablaba de lo mismo:
los ruidos misteriosos escuchados en las últimas noches.
Llegué a casa y dejé la mochila en la entrada. Estaba preocupado por Lupo, así
que miré si estaba en casa. Sí. ¡Qué alivio!
Estaba durmiendo, como todos los días. Normal, de noche no descansa. ¿Pero
por qué? ¿Dónde va?
No sabía que hacer.
¿Y si al salir lo cogían como a los otros perros?¿Por dónde se escapa si está
todo cerrado? Todo eran preguntas porque no entendía nada.
Ya eran las diez y me fui caminando hasta el viejo puente en el que habíamos
quedado todos los amigos.
El puente que pasaba por la mitad del pueblo era un sitio totalmente tenebroso y
oscuro. La única luz que había era la de la luna reflejada en el río y la de una
farola rota que se encendía de vez en cuando. No me gustaba absolutamente
nada ese sitio, sin embargo, mis amigos siempre quedaban allí. No sé que le
ven a ese espantoso lugar. De día se está bien allí por la preciosa y luminosa luz
del sol que deja contemplarlo todo con mucho detalle, pero no de noche da
mucha grima.
Estaba pensado que no debería haber venido a este lugar porque tenía un
poquito de miedo por si nos aparecía alguien de los que nombraba el diario.
Cuando llegué ya eran las diez y veinticinco. Había pocos de mis amigos de los
que tendrían que haber estado allí. Pero yo teniendo compañía y no estando
solo me bastaba. Ya llegarían los demás
-¡Hombre, Carlos! ¡Al final has venido! - Dijo uno de los chicos. - Yo creía que ya
te habías rajado.
-¿Por qué debería haberme rajado? - Dije extrañado
-Porque tú no eras muy de fiestas por la noche
-¡Eres tonto! - Dije. Ni que me tomara como un bicho raro. ¿Pero este de que
va?
Poco a poco fue viniendo más gente hasta que, a las once menos veinte, ya
estábamos todos. Se pusieron a hablar unos con otros pero yo no prestaba
mucha atención a lo que me decían porque estaba preocupado por Lupo.
Pocos minutos despuñes , pude vislumbrar la sombra de un animal de mediana
estatura, como Lupo, entre los abundantes arbustos del puente. ¿Y si era él? A
lo mejor siguiéndolo podría averiguar donde se iba. Muerto de miedo por la
oscuridad pero lleno de intriga decidí seguirlo para comprobar si en realidad era
él.
-Perdona, ya me lo dirás después, tengo un poquito de prisa. -dije mientras me
iba y cortaba la conversación que tenía con un amigo de la clase.
Corrí para poder alcanzar la sombra y me puse detrás de ella sin que llegara a
verme.
La seguí hasta llegar a un descampado lleno de plantas muy largas y espesas.
Me quedé a un lado mientras la sombra se juntó con un grupo de perros.
Por un momento los pude ver:
Eran unos animales de pelo gris y despeinado, el morro largo, ojos rojos, uñas
largas y afiladas y... uno tenía una mancha blanca en la espalda...
Me quedé boquiabierto...
Era Lupo...
Mi perrito que parecía un ángel era en realidad... una especie de... ¿Lobo?
De pronto se dio cuenta de que era yo y que los estaba observando desde hacía
tiempo.
Le dije gritando:
-No eres un perro... No eres Lupo...
Me daba igual si me entendía o no pero yo seguí hablando:
-Por eso desaparecías todas las noches...
Creo que si que me entendió porque salió corriendo junto a la manada de lobos.
Su cuerpo iba desapareciendo entre las hierbas del descampado, hasta perderlo
totalmente de vista.
Me quedé solo en aquel descampado frío, húmedo y oscuro por el que no
pasaba nadie ninguna persona...
Me tiré de rodillas a la abundante tierra. Estaba completamente lleno de rabia.
Cogí arena y la apretaba conforme más fuerte podía entre mis puños.
Estuve paralizado unos segundos pero luego me levante con toda la ropa
totalmente sucia y me volví a casa muy desconsolado, alicaído y triste.
Al día siguiente, Lupo no estaba en la cesta en la que dormía. Ni al siguiente. Ni
al siguiente. Ni al siguiente. No volvió... Y dejaron de oirse los ruidos en los
campos cercanos al viejo puente
No se donde fue mi pequeño perro, solo sé que no lo he vuelto a ver
Pero yo tengo la esperanza de que algún día vuelva y poder abrazarlo
Era una especie de obo... pero era mi mascota... La que tantos años me llevó
conseguir y a la que quería tanto…
Bueno, aquí ha acabado mi historia.
Es casi increíble lo que te he contado ¿Verdad? Por eso no quiero que se lo
cuentes a nadie más ¿De acuerdo? Será un secreto entre tú y yo
UN SECRETO
FIN
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