Conferencia de la Gran Asia Oriental (1943)

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Conferencia de la Gran Asia Oriental (1943).
El sueño imperialista de Japón y los orígenes de la
descolonización en Asia
VIII Jornadas de Investigación de la Escuela de Estudios Internacionales Universidad
Central de Venezuela
José Gregorio Maita Ruiz
Lic. en Historia
Introducción
Corre el mes de noviembre de 1943; en una Tokio ajena aún a las peores masacres,
bombardeos y desolación de una guerra que ya empieza a complicarse para Japón, se
reúnen los líderes de varias naciones asiáticas para planificar mecanismos de cooperación
política, económica, militar y cultural, que permitan coordinar esfuerzos en el marco de la
gran conflagración que deberá liberar la Gran Asia Oriental del colonialismo occidental. En
esencia, la situación no es muy distinta de las conferencias llevadas a cabo en El Cairo,
Teherán o Yalta durante la misma guerra, salvo por una diferencia: en Tokio, los
protagonistas son países miembros y/o aliados del Eje.
Cuando pensamos en las conferencias internacionales llevadas a cabo durante la
Segunda Guerra Mundial, vienen a nuestra mente las grandes citas antes mencionadas,
donde los Aliados se reunieron a fin de diseñar la estrategia para derrotar al enemigo. Pero,
¿Qué hay de los planes de las potencias del Eje?... ¿Alemania, Italia y Japón no tenían un
plan para el mundo posbélico que compartir con sus aliados en una mesa de negociación?...
Este trabajo responde en el caso japonés particularmente.
La Conferencia de la Gran Asia Oriental reunió en Tokio a líderes de Estados y
gobiernos títeres de Japón, como los de Manchukuo o el régimen colaboracionista de
Nankín, pero también a auténticos líderes nacionales, como Ba Maw de Birmania, José P.
Laurel de Filipinas o Subhas Chandra Bose de la India, que buscaron la liberación de sus
pueblos del colonialismo europeo y estadounidense, viendo en los japoneses a los únicos
aliados que podían ayudarles a conseguirlo. Así pues esta cumbre fue a la vez una reunión
de vasallos del imperio japonés y una cita que dio luz de esperanza a la lucha por la
descolonización de Asia. Para entender mejor esto, debemos retroceder algunas décadas
antes de la Guerra del Asia – Pacífico.
1 – Orígenes del Panasiatismo y del enfrentamiento nipón-estadounidense
El contacto de Japón con Estados Unidos se remonta más allá de la Restauración
Meiji y el comienzo de la historia moderna japonesa, pues fue precisamente la llegada de
los norteamericanos a Japón, y la coerción ejercida sobre el shogunato Tokugawa para la
apertura comercial en términos desiguales, la que terminó causando la caída del Shogun y
la restauración del poder del Emperador en 1868, dando así inicio la era Meiji en la que
Japón pasó de ser un país aislado, pobre y atrasado a ser una potencia industrial y militar en
sólo medio siglo.
Los japoneses vieron la situación de los demás países de Asia; vieron la India
engullida por el Imperio Británico, al Sudeste Asiático repartido entre británicos, franceses
y holandeses, a China, otrora indiscutida potencia regional, sometida al expolio colectivo
de los europeos, y más tarde vieron a Filipinas pasar del dominio español al de la nueva y
dinámica potencia norteamericana. Ante esto, se decidieron férreamente a no correr la
misma suerte de sus vecinos, a ser una nación poderosa e igual a sus contrapartes
occidentales; pero pronto el sentimiento nacional fue más allá. Ya a finales del siglo XIX,
cada vez más intelectuales y pensadores en Japón, manejaron la idea de unir toda Asia bajo
la égida nipona para expulsar a los occidentales y liberar la región de su expolio y
humillaciones. Las victorias japonesas en las guerras con China (1894 – 1895) y con Rusia
(1904 – 1905), demostraron a los occidentales que había un nuevo poder en Asia con el que
debían contar, y que podría amenazar sus posiciones en la región. Justamente por aquellos
días, el autor japonés Okakura Kakuzo afirmó en su libro Los Ideales del Oriente que Asia
era una sola, siendo este, quizás, el punto de arranque del pensamiento panasiatista.
Por otra parte, el descarado racismo con el que europeos y estadounidenses trataban
a los japoneses, chinos, coreanos y demás pueblos asiáticos, exacerbó el sentimiento
panasiatista y anti occidental. Este racismo se manifestó en leyes de inmigración
discriminatorias, hostigamiento a los inmigrantes, creación de grupos de exclusión e
intimidación y establecimiento de políticas de segregación racial; siendo más visibles estos
hechos en Australia, Hawái y California. Esta situación tensó las relaciones entre Japón y
Estados Unidos ya en 1908, cuando ambos gobiernos llegaron a un acuerdo superficial en
la materia, pero esta siempre sería un punto causante de fricciones en la relación Tokio –
Washington, además de la creciente rivalidad por el mercado chino y el espacio del
Pacífico occidental. El asunto del racismo llegó a su punto máximo en la Conferencia de
Paz de París (1919) donde los japoneses aspiraron un trato equitativo con las grandes
potencias y presentaron una propuesta de igualdad racial para la naciente Sociedad de
Naciones. Tal propuesta fue tajantemente rechazada por Estados Unidos y Gran Bretaña,
hiriendo profundamente el orgullo nipón y dándole espacio a las ideas más radicales en
Japón1. Pero las humillaciones no acabaron ahí. Seguidamente llegó la Conferencia Naval
de Washington de 19222, donde las potencias anglosajonas presionaron a Japón a aceptar
una proporción de armamento naval inferior a las suyas, además del fin de la alianza anglojaponesa, que tan útil le había resultado a Japón desde su firma en 1902, al haber sido un
apoyo eficaz en la guerra con Rusia, un efectivo disuasivo contra otras potencias europeas y
Estados Unidos, y la excusa perfecta para entrar a la Primera Guerra Mundial y arrebatar
fácilmente a Alemania sus posesiones en China y el Pacífico. Fue precisamente esta rápida
y voraz expansión en China y el Pacífico la que puso en alerta a Londres y Washington y
marcó el inicio de la escalada de tensiones y conflicto entre Japón y Occidente. Desde esos
años, fue ganando cada vez más fuerza la idea de que Occidente era el enemigo de Asia
1
2
Véase Shimazu, Naoko. Japan, Race and Equality. The racial equality proposal of 1919
Véase Goldstein, Erik. The Washington Conference, 1921-22: Naval Rivalry, East Asian Stability and the
Road to Pearl Harbor, Londres, Frank Cass, 1994
Oriental, y que Japón, como única potencia de la región, debía asumir el liderazgo de los
pueblos asiáticos y conducirlos a la liberación. Esta idea, en un principio manejada por
intelectuales de corte más liberal, fue tomada por los más radicales militaristas y
ultranacionalistas y convertida en la justificación para su programa imperialista sobre Asia.
Cuando estos grupos militares ultranacionalistas tomaron el control de Japón en los años
30, tras el colapso del experimento de democracia parlamentaria intentado en el país
durante la década anterior, el enfrentamiento con Estados Unidos, Gran Bretaña y las
demás potencias occidentales, se hizo inevitable.
En 1931 llegó el que bien puede considerarse el punto de no retorno, esto por varias
razones. Desde que Japón aceptó los tratados navales de 1922, la clase política liberal
parlamentaria se esforzó por mantener una relación armoniosa con China y con las
potencias anglosajonas, pero desde que el nuevo Emperador Showa (Hirohito) asumió el
poder en 1926, la presión de las facciones y sociedades secretas militaristas y
ultranacionalistas fue en aumento. De esta manera, motivados por la necesidad de proteger
y asegurar los intereses japoneses en Manchuria ante la imparable unificación política de
China bajo el liderazgo de Chiang Kai-shek, los oficiales de una parte del ejército japonés
invadieron esa región sin aprobación ni permiso del gobierno, y tras sustituir a los señores
de la guerra anteriores, entronizaron al último emperador chino, Puyi, como gobernante
títere de un nuevo país: el Estado de Manchukuo. Esta acción le valió a Japón tener que
retirarse de la Sociedad de Naciones, con el consiguiente aislamiento internacional, el
recrudecimiento del sentimiento anti japonés en China y la mayor desconfianza de Gran
Bretaña y Estados Unidos. Puede considerarse al llamado “Incidente de Manchuria” como
un punto de no retorno porque sentó el precedente de que el ejército podía imponerle su
voluntad al gobierno y de que sus acciones no encontrarían oposición ni dentro ni fuera de
Japón. En 1936 la agonizante democracia parlamentaria nipona sufrió el golpe final cuando
un grupo de oficiales del ejército intentó derrocar el gobierno y establecer una especie de
“shogunato moderno” o dictadura militar ultranacionalista bajo el mando del Emperador3.
Aunque el golpe fue abortado por explícita orden imperial, el gobierno terminó plegándose
a la mayoría de las ideas y demandas de los amotinados, pues la cúpula del ejército, y en
gran parte la de la armada, fueron responsables o simpatizantes del golpe y el Emperador
mismo fue ganado por estas ideas. Así, ese mismo año Japón firmó el Pacto Anti
Comintern con la Alemania Nazi y tomó la vía de la confrontación con China y de
progresivo desafío a las potencias anglosajonas, a la vez que los sueños imperiales de los
altos militares tomaban forma en sofisticados proyectos y se terminaba de moldear la nueva
ideología, que hacía del Panasiatismo la justificación de las conquistas niponas y que
explotaba a favor de Japón los sueños de libertad de los pueblos colonizados de Asia.
3
Elliot, Julián. “Japón, 1936. Un Golpe de Estado fallido” en Historia y Vida, Número 468, Año XXXVIII,
pp. 14 - 17
2 – Desarrollo de la Guerra en el Asia – Pacífico hasta 1943
Desde 1931, la situación en China se hizo cada vez más inestable. Por un lado, los
comunistas y el Kuomintang mantenían una guerra civil que inquietaba a los japoneses ante
la posibilidad de que los comunistas tomaran el control del país. Por otro, los japoneses
provocaban incidentes que les servían de excusa para arrancarle más concesiones al
Gobierno de Chiang Kai-shek, cuya pasividad exasperaba más a sus enemigos comunistas y
la guerra se recrudecía. Fue precisamente el último de estos incidentes el que desató la
guerra total. El 7 de julio de 1937, las tropas japonesas que ocupaban el norte de China,
extendieron un ultimátum a la guarnición china de Wanping exigiendo su evacuación, pues
culpaban a los chinos por la desaparición de un soldado japonés. Los chinos se negaron a
obedecer todas las demandas japonesas, lo que provocó el intercambio de disparos de
artillería en Wanping y en el llamado Puente de Marco Polo, cerca de Pekín. Los japoneses
pronto ocuparon Pekín y Tianjin, y aunque hablaron de negociar, sólo extendieron
condiciones inaceptables para Chiang Kai-shek, por lo que el 14 de agosto la aviación china
atacó los barcos japoneses anclados frente a Shanghái y la respuesta japonesa no se hizo
esperar. Aún hoy es punto de discusión quién provocó el Incidente del Puente de Marco
Polo y qué perseguía, pero en todo caso, es evidente que la guerra estallaría por cualquier
suceso4.
Los japoneses atacaron China con toda la fuerza que pudieron, ese mismo mes de
agosto ocuparon Shanghái tras derrotar a un ejército chino el doble de grande, ocuparon
todo el noreste del país, la costa central y sur, y entraron a Nankín el 13 de diciembre de
1937, desatando la tristemente célebre Masacre de Nankín. El gobierno del Kuomintang
tuvo que mudar su capital a la remota ciudad de Chongqing, Yangtsé arriba, y sólo hasta
1939 – 1940 la guerra se estabilizó tras cruentas batallas en todo el país, donde las bajas se
contaron por cientos de miles. El resultado de la guerra estaba siendo incómodo y
desgastante para Japón: aunque controlaban todo el norte y toda la costa de China, sus
regiones más ricas, y aunque los chinos no tenían la capacidad para reconquistar las zonas
ocupadas, los japoneses no lograban doblegar la resistencia de las zonas libres y, para más
complicaciones, el Partido Comunista y el Kuomintang unieron sus fuerzas para resistir al
invasor. Para 1940, los japoneses tenían en China alrededor de un millón de soldados y no
habían doblegado al país, además de eso, los chinos recibían dinero y armas de parte de
Gran Bretaña y Estados Unidos vía Birmania y por puentes aéreos desde la India. Además,
el Gobierno de Estados Unidos presionaba más y más a Japón para llegar a una tregua
primero, y luego para la retirada total de China. Ese mismo año, los japoneses ocuparon la
Indochina Francesa después de presionar con éxito al gobierno de Vichy y apoyaron a
Tailandia en una breve guerra contra Francia por la reconquista de provincias arrebatadas
por los franceses en el siglo XIX. El punto crítico llegó en 1941 cuando Estados Unidos,
4
Payne, Robert. Chiang Kai-Chek, pp. 204 - 207
Gran Bretaña y el Gobierno holandés exiliado en Londres impusieron un embargo petrolero
a Japón para que se retirara de China. Las negociaciones fueron infructuosas y el Gobierno
nipón debió tomar una decisión: o retrocedía, o se lo jugaba todo en una guerra total contra
Estados Unidos y Gran Bretaña. Se decidió por esta última.
El 8 de diciembre de 1941 (fecha de Tokio), las fuerzas aeronavales japonesas
atacaron la base norteamericana de Pearl Harbor en Hawái, dejando casi fuera de combate a
la Armada del Pacífico de los Estados Unidos y causando la vinculación del conflicto
europeo con el asiático en lo que llamamos “Segunda Guerra Mundial”. El mismo día, las
fuerzas japonesas ocuparon sin resistencia Tailandia. Los tailandeses no esperaban
semejante ataque, y en una mezcla de temor y de esperanza de que Japón les ayudara a
recuperar los territorios arrebatados por Francia y Gran Bretaña, permitieron a Japón usar
su territorio como base y zona de paso, firmaron una alianza con ese país y declararon la
guerra a las potencias occidentales5. Seguidamente, los japoneses obtuvieron una gran
victoria sobre los británicos en Singapur el 15 de febrero de 1942; a esto siguió la
ocupación de toda la actual Malasia, Hong Kong, Indonesia y casi toda Nueva Guinea, la
invasión de Birmania y ataques aéreos sobre Australia y Ceilán. Para la primera mitad de
1942, los japoneses eran dueños de la situación, habiendo cercado casi totalmente China al
ocupar el Sudeste Asiático y amenazando la India y Australia, mientras que la capacidad de
respuesta del Imperio Británico era mínima y los estadounidenses aún no estaban en
capacidad de lanzar una gran contraofensiva.
Pero sus éxitos comenzaron a detenerse ese mismo año. Tras la batallas de Mar del
Coral en mayo, que resultó en tablas y que impidió la total conquista de Nueva Guinea y el
cerco de Australia, los japoneses sufrieron la desastrosa derrota de Midway en junio, donde
perdieron sus mejores barcos y tripulaciones, especialmente sus más grandes y mejores
portaaviones, y con ello el dominio del mar. Los efectos de tan gran derrota no tardaron en
sentirse, pues en agosto Japón sufrió otro revés, esta vez en Guadalcanal. Esta derrota abrió
la posibilidad para que el enemigo iniciara la contraofensiva en Nueva Guinea y comenzara
a romper el perímetro defensivo japonés en la zona de las Islas Salomón, acciones que se
materializarían durante 1943. Cuando llegó el mes de noviembre, era evidente que Japón
había perdido la iniciativa de la guerra y que estaba a la defensiva6. Aunque Japón no podía
considerarse derrotado definitivamente, saltaba a la vista que la guerra sería más larga y
difícil de lo previsto, y que la estrategia general del conflicto debía ser replanteada. La
“versión naval de la guerra relámpago” llevada a cabo por los japoneses no funcionó, y
siendo conscientes de las limitadas capacidades demográfica, industrial y de materias
primas del país, resultaba claro que era necesario ganar el apoyo de los pueblos de Asia
5
Nish, Ian. Japanese Foreign Policy in the Interwar Period, p. 170
6
Ibídem, p. 171
para vencer en la guerra. En este ambiente se dan los giros de la política japonesa que
condujeron a la Cumbre de Tokio.
3 – La Cumbre de Tokio
Para entender mejor la situación en 1943, debemos revisar el mapa político de Asia
Oriental en 1940. Para ese momento tenemos que casi toda la región está bajo el poder de
alguna potencia colonial, incluido el propio Japón, y sólo existen como Estados
independientes este país, China, Manchukuo y Tailandia. Por otra parte, en la India y
Birmania el dominio británico es cada vez más odiado, el pueblo tiene cada vez más
conciencia de su identidad frente al opresor colonial y existen diversos movimientos por la
independencia dirigidos por una clase política culta y con proyectos bien definidos para
liberar sus países. En el caso de la India tenemos el movimiento de Gandhi, que aboga por
una independencia sin violencia, y el más belicista Azad Hind Fauj, o Ejército Nacional
Indio, que abogaba por la lucha armada como vía para la independencia. En Birmania el
principal movimiento independentista era el Dobama Asiayone, o “Asociación de los
Birmanos”, y tenía en el abogado Ba Maw a uno de sus principales líderes. Tanto el Azad
Hind como el Dobama Asiayone, habían estado en contacto con políticos japoneses desde
los años 30 y muchos en ambos grupos veían en Japón el aliado natural para la lucha anti
colonial. Mientras tanto, en la Indochina, existía el Khmer Issarak (Movimiento de los
Camboyanos Libres), raíz del futuro Khmer Rojo, con una ideología nacionalista radical y
anti francesa, que en un principio fue pro japonés, pero que tras la ocupación nipona de la
zona en 1940 y la negativa japonesa a la inmediata independencia, hizo causa común con el
Viet Minh (guerrillas comunistas de Vietnam) y empezaron a combatir a japoneses y
franceses por igual con apoyo de los comunistas chinos.
En Indonesia, desde los años 30 existía el Partido Nacionalista Indonesio, con
Sukarno a la cabeza, y que contaba con financiamiento japonés y las simpatías de Tokio, lo
cual puede explicar lo rápido y fácil que las Indias Orientales Holandesas cayeron en manos
de Japón. Por otra parte, en Filipinas el movimiento independentista, que se remontaba a la
lucha con España en el siglo XIX y al intento republicano de 1897 que fue aplastado por
Estados Unidos, era tanto o más fuerte que el de la India. Ya antes de 1940 existían
guerrillas anti estadounidenses en el archipiélago que buscaron y encontraron apoyo en
Japón, pues el régimen de “Commonwealth” o Estado Libre Asociado, que establecieron
los norteamericanos no satisfizo las demandas populares. Finalmente, China estaba en
manos de tres gobiernos, el del Kuomintang, dirigido por Chiang Kai-shek y con capital en
Chongqing, el comunista con capital en Yan´an y dirigido por Mao Tse-Tung, y el llamado
“Gobierno Nacional Reformado de China” creado por los japoneses en 1940, con capital en
Nankín y con el viejo rival de Chiang Kai-shek, Wang Jingwei, como líder. Este gobierno
fue un intento japonés de ganar cierta legitimidad en China, siendo útil para entenderlo,
compararlo con la Francia de Vichy colaboracionista con los nazis, aunque este régimen de
Nankín tuvo gran autonomía teórica, llegando a poseer un gran ejército armado y entrenado
por los japoneses que ayudó a estos en la guerra. El Gobierno Nacional Reformado de
China llegó a usar la misma bandera que el de Chongqing, aunque con la adición de una
banda que rezaba: “Paz, Anti Comunismo, Construcción Nacional”. Este gobierno sólo fue
reconocido por Japón, sus aliados y otros países firmantes del Pacto Anti Comintern. En
resumen, para 1943, Japón tenía dos gobiernos títeres, Manchukuo y el régimen de Nankín.
En Birmania, Filipinas e Indonesia tenía el apoyo de grupos independentistas y la
posibilidad de minar el dominio británico en la India apoyando esta clase de grupos. Era
pues un ambiente propicio para la creación de más gobiernos teóricamente independientes
en la región, que pelearan en la guerra del lado de Japón y ayudaran así a la victoria final.
Al principio esta idea no era muy respaldada dentro del gobierno, pues consideraban
a Japón lo suficientemente fuerte para ganar sin ayuda y prevalecía la idea de la guerra
como una lucha por los intereses de Japón. Sólo unos pocos moderados y liberales
desarrollaron el Panasiatismo. Aún así, desde los años 30 la idea de unir Asia bajo el
liderazgo japonés sonaba con fuerza en las calles y círculos intelectuales, hasta que en 1940
fue anunciada en conferencia de prensa la idea de la “Esfera de Coprosperidad de la Gran
Asia Oriental”, diseñada por el ex canciller Hachiro Arita, e impulsada por el ministro de
exteriores del momento, Matsuoka Yosuke, y el Primer Ministro Fumimaro Konoe. Ese
mismo año se hizo pública la “Doctrina Amau” en la que Japón asumía toda la
responsabilidad de mantener la paz y el orden en Asia Oriental, además de unir la región
contra el imperialismo occidental; tratándose de una especie de “versión japonesa de la
Doctrina Monroe” pues llegó a usarse el lema de “Asia para los asiáticos”. Cuando la
guerra se extendió al resto de la región en 1941, el gobierno japonés fundó el “Ministerio
de la Gran Asia Oriental”, que debía encargarse de todas las políticas relacionadas con los
territorios ocupados. La Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental debía ser un ente
intermedio entre unión monetaria y aduanera (el proyectado Bloque del Yen) y unión
supranacional de Estados, conformada por Japón, las nuevas posesiones ultramarinas que
este país adquiriría y los gobiernos aliados. Estos fueron los antecedentes más directos de la
Cumbre de Tokio de 1943.
Como ya se dijo, el año de 1943 llegó con nuevas dificultades bélicas para los
japoneses y por eso, el gobierno debió cambiar su estrategia política. Se sucedieron así
varios hechos: en enero de 1942 el moderado Shigemitsu Mamoru fue nombrado nuevo
embajador ante el gobierno aliado de Nankín. Shigemitsu buscó ganarse al pueblo chino
mediante la renuncia de Japón a sus muchas concesiones y derechos de extraterritorialidad
y además, buscó que Wang Jingwei hiciera de mediador con Chiang Kai-shek, pues
opinaba que era necesario hacer las paces con China para poder poner toda la fuerza de
Japón en la guerra con Estados Unidos. A esto él lo llamó “Nueva Política China”. Cuando
Shigemitsu fue nombrado Ministro de Exteriores en abril de 1943, se decidió a extender al
resto de Asia su Nueva Política, impulsando las independencias de los territorios ocupados,
aún en contra de los recelos de muchos jerarcas de la armada y el ejército y ganando el
apoyo del propio Primer Ministro Hideki Tojo7. Precisamente Hideki Tojo fue quién dio el
viraje más notorio al abandonar su reticencia inicial y hacer una dinámica gira por los
territorios ocupados, entrando en contacto con los líderes locales, acordando la creación de
nuevos estados independientes y convocando a una gran cumbre en Tokio para finales de
ese año. En marzo recibió a Ba Maw en Tokio y acordaron la independencia de Birmania,
en mayo visitó Filipinas e hizo los arreglos necesarios para la creación de la república
independiente, en julio visitó Tailandia, Malaya y Singapur, donde se reunió con Subhas
Chandra Bose y acordaron los detalles para la creación de un gobierno indio en el exilio.
Bose había escapado de Europa, y su sólo retorno al Lejano Oriente había puesto en
ebullición a todos los nacionalistas indios. Los frutos de la gira no tardaron: el 1º de agosto
Birmania se declaró independiente, con Ba Maw como Jefe de Estado, y firmó una alianza
con Japón; lo mismo hizo Filipinas el 14 de octubre teniendo como Presidente a José
Paciano Laurel, y el 21 de ese mismo mes se formó en Singapur el Gobierno Provisional de
la India Libre con Subhas Chandra Bose al frente8. Para finales de noviembre de 1943,
Japón tenía seis gobiernos aliados en la región: Manchukuo, la China de Nankín, Tailandia,
Birmania, Filipinas y la India Libre, todos enviarían a sus líderes a la próxima cumbre en la
capital nipona.
Los líderes invitados a Tokio
¿Quiénes fueron en realidad los líderes convocados para la cita de Tokio?, ¿Qué
peso tienen en la historia de sus respectivos países?, ¿Se les recuerda como héroes
nacionales o cómo siervos fieles del imperialismo japonés? Estudiémoslos uno por uno
brevemente.
Ba Maw, Jefe de Estado de Birmania. Nació en una familia acomodada de abogados
y académicos con influencias católicas, siendo católico él mismo. En 1924 obtuvo un
doctorado en la Universidad de Bordeaux, en Francia. Durante los años 20 destacó como
abogado y ganó en 1931 al ser defensor del líder rebelde Saya San. En 1937 llegó a ser
Primer Ministro bajo la administración británica y ganó influencia en el país como líder
político, perteneciendo a la organización Dobama Asiayone (Asociación de los Birmanos).
Aún hoy se le recuerda en su país como un héroe y líder nacionalista.
Wang Jingwei, Presidente del Yuan Ejecutivo del Gobierno Nacional Reformado de
China. Miembro destacado del Kuomintang desde sus comienzos, llegó a ser confidente de
7
Ibídem, pp. 170 - 171
8
Ibídem, pp. 172
Sun Yat-sen y tuvo una actuación destacada en la revolución republicana de 1911. Fue un
miembro destacado del gobierno de Sun Yat-sen en Catón y participó en la Expedición al
Norte, pero tras la muerte de éste en 1925, fue desplazado por Chiang Kai-shek en el
control del partido, naciendo una dura rivalidad entre ambos. Participó en el gobierno de
Wuhan opuesto a Chiang Kai-shek e intentó derrocar al Generalísimo en 1931, teniendo
que partir al exilio. Fue entonces cuando visitó la Alemania Nazi y radicalizó aún más su
anti comunismo, llegando a ser simpatizante del fascismo europeo. Volvió a China poco
antes del ataque japonés y tras reconciliarse con Chiang Kai-shek ayudó al Kuomintang en
su retirada a Chongqing y a resistir la invasión, pero considerando imposible la victoria, y
al imperialismo occidental más peligroso que el japonés, pactó con los japoneses y presidió
el “Gobierno Nacional Reformado de China” establecido por los japoneses en Nankín.
Murió en Japón en 1944. Es considerado tanto en China como en Taiwán como un traidor.
José Paciano Laurel, Presidente de Filipinas. Hijo de un funcionario del efímero
gobierno independiente de Emilio Aguinaldo en 1897 - 1901. Se graduó de abogado en la
Universidad de las Filipinas en 1915 y más tarde ser doctoró en la de Yale, llegando
también a cursar estudios en Tokio. Fue miembro del Senado filipino en 1925 y de la
Comisión Constitucional en 1935. Estuvo en contacto con los japoneses desde antes de la
guerra y después de la misma fue encarcelado por el General MacArthur, pero fue liberado
en 1948 por el nuevo gobierno independiente de Filipinas. Actualmente se le recuerda
como un patriota y héroe nacional, al tiempo que su gobierno es reconocido como legítimo
por los filipinos. Uno de sus hijos llegó a ser embajador en Japón.
Subhas Chandra Bose, Jefe del Gobierno Provisional para la India Libre. Fue
miembro y presidente del partido “Congreso Nacional Indio” y desde el comienzo abogó
por la inmediata y plena independencia de la India, y no por la vía progresiva establecida en
el Pacto Gandhi-Irwin. Esta postura lo llevó al exilio y a la cárcel. Pensaba que la vía de no
violencia propugnada por Mohandas Gandhi nunca liberaría a India, por lo que las
diferencias entre ambos aumentaron y Bose fundó un partido nuevo, acuñando su famoso
lema: “Dame sangre y te daré tu libertad”. Al estallar la guerra, buscó apoyo para su causa
en la Unión Soviética, la Alemania Nazi y Japón. Escapó de la India, llegó a la Unión
Soviética a través de Afganistán, y tras no encontrar apoyo, marchó a Alemania, donde
formó la “Legión India” con unos 4500 ex prisioneros de guerra indios capturados por el
Afrika Korps. Esta Legión India marchó junto con el ejército alemán sobre la URSS entre
1941 y 1942, pero cuando la campaña se estancó, Bose decidió volver a Asia, escapando de
Alemania en un submarino, siendo pasado a un submarino japonés frente al Cabo de Buena
Esperanza y llevado a Japón. Al volver a Asia, reorganizó el Ejército Nacional Indio con ex
prisioneros indios y apoyo japonés, para empezar la lucha en la frontera indo-birmana
contra los británicos. Se cree que murió en un accidente aéreo en Taiwán en 1945, pero sus
restos nunca fueron hallados, por lo que algunos afirman que fue apresado en secreto por
los británicos o por los soviéticos. Se le recuerda en la India de hoy como un héroe, al
mismo nivel de Mohandas Gandhi o Jawaharal Nehru.
Zhang Jinghui, Primer Ministro de Manchukuo. Nativo de Manchuria, fue miembro
del ejército imperial chino, sirvió con las fuerzas del señor de la guerra manchú Zhang
Zuolin y con otros señores de la guerra enemigos del Kuomintang y de su Expedición al
Norte durante los años 20. Hacia 1931 conspiró con los señores de la guerra y con los
japoneses para establecer el Estado de Manchukuo, del que llegó a ser Primer Ministro en
1935. Su pasividad ante los japoneses, que gobernaban el país mientras él leía textos
budistas, le mereció el apodo de “Primer Ministro de Tofu”. Zhang permaneció en su
puesto hasta que Manchuria fue ocupada por el ejército soviético, cuando fue encarcelado.
Finalmente se le extraditó a China en 1950 y murió en prisión.
Plaek Pibulsongkram, Primer Ministro de Tailandia. De ascendencia china, fue
oficial de carrera del ejército y cursó estudios en Francia durante la Primera Guerra
Mundial. En 1932 fue uno de los líderes del golpe de Estado que derrocó la monarquía
absoluta y la reemplazó por una dictadura militar bajo el Rey, convirtiéndose en un líder
político de primer orden. En 1938 llegó a Primer Ministro, estableciendo un régimen de
corte fascista, con culto al líder, modernización acelerada y persecución a minorías étnicas
e inmigrantes, como los chinos. En 1939 cambió el nombre del país de Siam a Tailandia,
recalcando así el carácter nacionalista de su gobierno. En 1940 llevó a su país a una breve
guerra con Francia y en 1941 alió a su país con Japón. Al finalizar la guerra, fue forzado a
abandonar el país, sin embargo, volvió al poder en 1947 con apoyo occidental, pues
pensaban que podía ser un firme aliado en la región contra la expansión del comunismo,
hasta que en 1957 fue nuevamente derrocado, cuando partió a un nuevo exilio. Murió en
Japón en 1964. Fue representado en Tokio por el Príncipe Wan Waitahayakon, experto
diplomático tailandés.
Todos ellos fueron recibidos por el Primer Ministro japonés Hideki Tojo, bien
conocido por su ultranacionalismo y militarismo radicales, que llevaron al país a la
catástrofe de la guerra. Aunque Tojo no era hombre de gran efusividad, dio grandes
muestras de ella cuando recibió a los invitados, y pronunció un discurso muy emotivo que
llamaba a la unión de Asia contra el imperialismo anglosajón. He aquí algunos fragmentos:
“Como representante de la nación patrocinante, tengo el privilegio de extenderles
los sinceros saludos del Gobierno japonés y hacer una declaración de sus puntos de
vista…
Durante los siglos pasados, el Imperio Británico, a través del fraude y la agresión,
adquirió vastos territorios a lo largo y ancho del mundo… …Por otra parte, Estados
Unidos que, tomando ventaja del desorden y confusión en Europa, ha establecido su
supremacía sobre las Américas, extiende sus tentáculos al Pacífico y Asia Oriental…
La necesidad de sostener la justicia internacional y de garantizar la paz mundial es
habitualmente resaltada por Estados Unidos y Gran Bretaña. Ellos quieren decir ni más ni
menos la preservación de un orden mundial basado en la división y conflicto en Europa y
en la perpetuación de su explotación colonial de Asia…
La ambición angloamericana de hegemonía mundial es en efecto un azote para la
humanidad y la raíz de los males del mundo... … El auge del poder y prestigio de Japón fue
visto por Estados Unidos y Gran Bretaña con creciente disgusto. Ellos hicieron punto
cardinal de su política para Asia Oriental, por un lado por una parte restringir a Japón en
cada oportunidad y por otra, enemistarlo con los otros países de Asia Oriental…
Consciente de lo que el enemigo puede hacer, Japón está determinado a seguir,
junto con las otras naciones de la Gran Asia Oriental, el camino de la justicia, a liberar la
Gran Asia Oriental, de las cadenas de Estados Unidos y Gran Bretaña y, en cooperación
con sus naciones vecinas, esforzarse por la reconstrucción y desarrollo de la Gran Asia
Oriental…
La Guerra de la Gran Asia Oriental es verdaderamente una guerra para destruir el
mal y hacer manifiesta la justicia. La nuestra es una causa recta. La justicia no conoce
enemigo y nosotros estamos plenamente convencidos de nuestra victoria final. Gracias a
las naciones de la Gran Asia Oriental por la cooperación incondicional que están
prestando en esta guerra. Japón está firmemente determinado, mediante la colaboración
con ellas y el fortalecimiento de la colaboración con sus aliados en Europa, a continuar
con infatigable espíritu y con convicción de la segura victoria en esta guerra.”9
En sí misma, la reunión en Tokio no tuvo nada destacado más allá de las
declaraciones en papel. Los líderes invitados fueron más a escuchar las propuestas y
directrices japonesas, a obedecerlas, y a solicitar ayuda para organizar sus respectivos
gobiernos, que a proponer. El único punto de fricción fue cuando Subhas Chandra Bose
argumentó decididamente que la India no pertenecía a Asia Oriental y que su presencia en
la conferencia era como mero observador10. En esto, tuvo que darle la razón el premier
japonés. Además, Bose fue bastante insistente al solicitar ayudar financiera y material para
el Ejército Nacional Indio. Quizá Bose fue la voz más autónoma en Tokio, seguido de
Laurel, quién fue renuente a declarar la guerra a Estados Unidos y Gran Bretaña, al menos
al principio. En todo caso, la conferencia era un intento desesperado del Gobierno japonés
9
Prime Minister Tojo´s Speech (octubre, 2010). Disponible en:
http://ww2db.com/battle_spec.php?battle_id=70%20WW2DB:%20Greater%20East%20Asia%20Conference
10
Ian Nish, Ob Cit., p. 173
para ganar el apoyo de las naciones asiáticas ocupadas y ver si podía invertir el curso actual
de la guerra, que le era desfavorable. Esta realidad también la conocían los líderes
invitados. Con todo, en Tokio se firmó una declaración que, aunque nunca pasó, ni
probablemente pasaría jamás, de la teoría, tuvo un peso moral muy importante en Asia, de
cara a la venidera lucha anti colonial que siguió a la Segunda Guerra Mundial. La
declaración decía lo siguiente:
“Declaración Conjunta de la Conferencia de la Gran Asia Oriental
Es el principio básico para la estabilidad de la paz mundial que las naciones del
mundo tengan su propio lugar cada una, y disfruten de prosperidad en común a través de
la ayuda y asistencia mutua.
Los Estados Unidos de América y el Imperio Británico en busca de su propia
prosperidad han oprimido a otras naciones y pueblos. Especialmente en Asia Oriental,
ellos se regodearon en la agresión y la explotación insaciable, trataron de satisfacer sus
ambiciones desmedidas esclavizando toda la región, y finalmente amenazaron seriamente
la estabilidad de Asia Oriental. Siendo estas las causas de la presente guerra.
Los países de la Gran Asia Oriental, con el objetivo de contribuir a la causa de la
paz mundial, emprenden la cooperación con la prosecución de la Guerra de la Gran Asia
Oriental hasta su conclusión satisfactoria, liberando su región del yugo de la dominación
británico-estadounidense, asegurando su existencia y autodefensa, y construyendo una
Gran Asia Oriental en concordancia con los siguientes principios:
•
Los países de la Gran Asia Oriental a través de la cooperación mutua asegurarán
la estabilidad de su región y construir un orden de común prosperidad y bienestar
basado en la justicia.
•
Los países de la Gran Asia Oriental asegurarán la fraternidad de naciones en su
región, mediante el respeto a la soberanía e independencia ajena y practicando la
asistencia mutua y la amistad.
•
Los países de la Gran Asia Oriental mediante el respeto a las tradiciones ajenas y
desarrollando las facultades creativas de cada raza, asegurarán la cultura y civilización
de la Gran Asia Oriental.
•
Los países de la Gran Asia Oriental se esforzarán en acelerar su desarrollo
económico mediante la estrecha cooperación sobre las bases de reciprocidad,
promocionando así la prosperidad general de su región.
•
Los países de la Gran Asia Oriental cultivarán relaciones amistosas con todos los
países del mundo, y trabajarán por la abolición de la discriminación racial, la
promoción del intercambio cultural y la apertura de recursos a través del mundo,
contribuyendo por lo tanto al progreso de la humanidad.
Tokio, 6 de noviembre de 1943”11
Evidentemente tanto el discurso de Tojo como la declaración firmada aquel día en
Tokio estaban diseñados para explotar en beneficio de Japón los sentimientos de rencor de
los asiáticos hacia las potencias occidentales que los habían puesto bajo el yugo colonial,
para encubrir y hacer olvidar los excesos japoneses en China y para darle una justificación
moral a la guerra emprendida. La conferencia fue una extraña mezcla de idealismo y
realismo, pues los ideales expresados por Tojo en su discurso estaban lejos de ser
materializados por el gobierno japonés y lo expresado en la declaración final difícilmente
podía ser realizado. Era casi imposible creer que Japón pudiera tratar a sus vecinos asiáticos
como iguales cuando tenía ya tantas décadas maltratando a China; pero aún así, la
Declaración de Tokio es lo más cerca que Japón estuvo de una declaración de principios y
de objetivos en la guerra, como lo hicieron los Aliados con la Carta Atlántica12. Afirmar
que tan dispuestos o no estaban los japoneses a darle un cumplimiento efectivo a esta
declaración es caer en el terreno de lo especulativo, pero lo que sí es posible decir, es que la
letra y el espíritu de la misma no pasó desapercibido para todos aquellos líderes de Asia que
luchaba contra las metrópolis coloniales, y que innegablemente parte de ese espíritu llegó a
los documentos surgidos de la lucha y el pensamiento colonial posterior a la Segunda
Guerra Mundial.
4 – De Tokio a Bandung, el legado a los movimientos de descolonización en Asia
Primeramente, debemos considerar que las reivindicaciones anti coloniales en Asia
no terminaron con la derrota japonesa en 1945, al contrario, en la mayoría de los casos se
recrudecieron. Mientras que la invasión japonesa a China debilitó al Kuomintang, y la
invasión soviética de Manchuria y el norte de Corea fue de gran ayuda al Partido
Comunista Chino, facilitando su victoria en la posterior guerra civil además de la
consolidación del comunismo en Mongolia y la creación de la comunista Corea del Norte;
la ebullición anti colonial no finalizó en el Sudeste Asiático. En Birmania, el jefe del
Ejército Birmano Independiente, Aung San, que había sido colaborador de Ba Maw,
11
Joint Declaration of Greater East Asia Conference (octubre, 2010). Disponible en:
http://ww2db.com/battle_spec.php?battle_id=70%20WW2DB:%20Greater%20East%20Asia%20Conference
12
Ian Nish, Ob. Cit., p. 174
contactó con los aliados y cambió de bando, fundando la Liga Anti-Fascista para la
Libertad de los Pueblos. Pero una vez ganada la guerra y expulsados los japoneses, Aung
San presionó al gobierno británico a que concediera la independencia del país, demanda
que se hizo innegable ante la fuerza y decisión del ejército comandado por él. En 1948
Birmania alcanzó su independencia con Aung San como líder, mientras que su ejército
quedó usando la marcha naval japonesa.
En Filipinas, la república liderada por José Laurel fue hostigada por las guerrillas
leales a Estados Unidos y luego aplastada por las fuerzas estadounidenses. Sin embargo,
apenas volvieron los norteamericanos, las demandas por la independencia reiniciaron, y con
más fuerza… Los norteamericanos se vieron obligados a concederle la independencia al
país al año siguiente, y el nuevo gobierno liberó a Laurel en 1948. Laurel siguió activo en
política hasta su muerte en 1959. En India, la independencia llegó en 1947 de forma
pactada entre los hindúes, musulmanes y británicos, dando como resultado la creación de
dos países: India y Pakistán, y la separación de Sri Lanka del antiguo Raj. Aunque la vía
propuesta por Subhas Chandra Bose no llevó a la independencia, sino la llevada por Gandhi
y Nehru, su memoria fue honrada en la India, y los primeros gobiernos del país
desarrollaron una política de total apoyo a otros movimientos anti coloniales.
Mientras que la conservadora Tailandia siguió regida por el dictador Pibulsongkram
hasta los años 50 debido al escenario de la guerra fría, los japoneses dejaron dos incendios
en el Sudeste Asiático: Indonesia e Indochina. En Indonesia, los japoneses habían apoyado
y financiado al Partido Nacionalista Indonesio, dirigido por Sukarno, desde antes de la
guerra, y si al país no se le permitió la independencia total, fue por la tajante negativa de la
armada japonesa, que consideraba estratégico al archipiélago. Aún así, los nacionalistas
indonesios recibieron una última ayuda indirecta de Japón en las grandes cantidades de
material bélico abandonados por las tropas japonesas. Cuando los holandeses intentaron
reocupar las islas, consiguieron una resistencia infernal e Indonesia obtuvo su
independencia en…… Por otro lado, Indochina fue otro asunto; los japoneses ocuparon la
zona en 1940 y combatieron contra guerrillas comunistas, pero antes de marcharse, en los
últimos meses de la guerra, crearon tres efímeros estados dirigidos por los antiguos vasallos
de Francia: el Reino de Camboya, el Reino de Laos y el Imperio de Vietnam. La efímera
vida de estos Estados fue un aliciente más a los deseos de libertad de estos pueblos, que no
estuvieron dispuestos de ninguna manera a volver a ser colonias de Francia. Fue el
principio de las espantosas guerras en la región que llevaron a la intervención
norteamericana, al triunfo final del Viet Minh y el surgimiento del Vietnam comunista, y al
horro del Khmer Rojo en Camboya. En resumen, en todos los lugares a donde llegaron las
fuerzas japonesas, el dominio colonial occidental, o su influencia política y económica,
quedaron heridos de muerte.
En 1955 llegó una conferencia de líderes asiáticos que, de alguna manera, recogió
parte del espíritu de la Cumbre de Tokio: la Conferencia de Bandung. En Bandung,
Indonesia, se reunieron los líderes de varias naciones asiáticas, destacando la presencia y
liderazgo en la misma de Jawaharal Nehru y de Mohamed Sukarno, por no mencionar el de
Mao Tse-Tung… Por primera vez, ¿o más bien segunda?, los líderes de Asia, tomando
conciencia de los comunes sufrimientos y problemas que aquejaban a sus naciones, así
como también de las comunes amenazas, se reunieron para sentar las bases de un
movimiento de solidaridad e integración regional, que liberara a Asia de toda clase de
imperialismo y de toda clase de dominio por parte de cualquier potencia; lo que a la vez
sirvió de base para el posterior Movimiento de los Países No Alineados. Presentamos aquí
los diez principios básicos establecidos en Bandung.
1. Respeto por los derechos fundamentales del hombre y para los fines y principios de la
Carta de las Naciones Unidas.
2. Respeto para la soberanía y la integridad territorial de todas las naciones.
3. Reconocimiento de la igualdad de todas las razas y de todas las naciones, grandes y
pequeñas.
4. Abstención de intervenciones o interferencia en los asuntos internos de otros países.
5. Respeto al derecho de toda nación a defenderse por sí sola o en colaboración con otros
Estados, en conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.
6. Abstención de participar en acuerdos de defensa colectiva con vistas a favorecer los
intereses particulares de una de las grandes potencias. b) Abstención por parte de todo país
a ejercitar presión sobre otros países.
7. Abstención de actos o de amenaza de agresión y del uso de la fuerza en los cotejos de la
integridad territorial o de independencia política de cualquier país.
8. Composición de todas las vertientes internacionales con medios pacíficos, como tratados,
conciliaciones, arbitraje o composición judicial, así como también con otros medios
pacíficos, según la libre selección de las partes en conformidad con la Carta de las Naciones
Unidas.
9. Promoción del interés y de la cooperación recíproca.
10. Respeto por la justicia y las obligaciones internacionales.
Especialmente los puntos 2, 3 y 9 tienen una similitud directa con la Declaración de
Tokio de 1943, mientras que el resto recoge, aunque con lógicas variaciones y
ampliaciones, el espíritu de la misma. La idea principal de ambas conferencias fue la
defensa, no sólo de la soberanía y autodeterminación de las naciones de Asia, sino también
de su identidad, cultura y dignidad frente al imperialismo, sea este occidental (Declaración
de Tokio), local o soviético-comunista (Principios de Bandung). Más curioso e interesante
aún resulta este análisis cuando observamos que las naciones más protagónicas en Bandung
fueron precisamente aquellas que ocuparon los japoneses y/o donde respaldaron grupos de
liberación nacional o experimentos de Estados independientes, a saber: India, Indonesia,
Birmania, Vietnam, China y Filipinas. Aunque parezca contradictorio, de la invasión y
ocupación japonesa había surgido gobierno férreamente anti coloniales y panasiatistas
dispuestos a terminar de liberar el continente del colonialismo, defenderlo del
neocolonialismo y la división ideológica de la Guerra Fría, y llevar a la práctica las ideas
que antes habían sido sólo teoría.
Conclusión
La Conferencia de la Gran Asia Oriental, celebrada en Tokio en 1943, ha sido
injustamente ignorada por la historiografía posterior, que ha servido sólo a los intereses de
la coalición vencedora de la Segunda Guerra Mundial.
Más allá del innegable imperialismo detrás de la idea de la “Esfera de
Coprosperidad de la Gran Asia Oriental”, y del proyecto expansionista japonés, se esconde
una verdad incómoda para Occidente: el Panasiatismo era una idea atractiva y moralmente
correcta en su formulación original, no así en la desviación hecha por los militaristas
japoneses, porque era una respuesta directa al colonialismo ejercido por la potencias
occidentales desde el siglo XVI en algunos casos, y perseguía el sagrado derecho de cada
nación a su libertad y autodeterminación.
Por otra parte, se argumenta contra esta conferencia, que sólo fue una reunión de
Estados satélites de Japón que no tenían legitimidad. Esto es, al menos, discutible; puesto
que la auténtica legitimidad de un Estado no la puede decidir nada ni nadie más que el
pueblo que lo sustenta. Es por tanto, imposible que las metrópolis coloniales como Estados
Unidos, Reino Unido, Francia o los Países Bajos, reconocieran la voluntad de libertad de
los pueblos subyugados manifestada en la creación de los efímeros gobiernos que
participaron en la Cumbre de Tokio. Pero el no reconocimiento de las metrópolis no
significa que esos gobiernos fueran ilegítimos sólo, ni menos aún se les puede considerar
automáticamente fuera de la ley por apoyar a un país enemigo de sus metrópolis. País que,
a su punto de vista, era una ayuda para alcanzar la independencia. Para resolver este asunto,
es imprescindible tomar en cuenta que en estos países (India, y sobre todo Filipinas y
Birmania), los gobiernos que participaron en la Cumbre de Tokio son considerados
legítimos y que sus líderes no son considerados ni colaboracionistas con la ocupación
japonesa ni fascistas, sino como líderes nacionales que usaron la oportunidad que la historia
les dio para liberar sus patrias.
Aunque se pudiera reconocer sin mayor discusión que Manchukuo y el Gobierno
Nacional Reformado de Nankín fueron títeres de Japón, existen algunos argumentos contra
esa afirmación dogmática de la historiografía de los vencedores. En el caso de Mancukuo,
tenemos que, al menos sobre el papel, ese Estado representaba al pueblo manchú, que
durante siglos jamás se consideró chino a sí mismo ni fue considerado como tal por los
chinos que vivían bajo la dinastía Qing (manchú); además de ser dirigido por un miembro
de la dinastía que había regido a Manchuria desde antes de la conquista manchú de China
en 1644. Obviamente el criterio del gobierno y la historiografía china varía; si se refieren a
la dinastía manchú gobernando el país, lo hacen en términos de “domino extranjero”,
mientras que en lo que se refiere al siglo XX, afirman que Manchuria, (y por efecto los
manchúes), es parte de China. En el caso del Gobierno de Nankín, tenemos que
indudablemente se trata de un régimen ilegítimo, y que además traicionó a la nación al
colaborar con el invasor; sin embargo, con la Francia de Vichy, un ejemplo análogo al de la
China de Nankín, el trato de la historiografía, y de los líderes de la época fue distinto, pues
Roosevelt y Churchill fueron en un principio reacios a reconocer a la Francia Libre del
General De Gaulle, y trataron de negociar con el régimen de Vichy… En efecto, la Francia
de Vichy fue reconocida como el legítimo gobierno francés por mucho tiempo, mientras
que la Francia Libre sólo obtuvo el reconocimiento total ya al final de la guerra. Esto
muestra que entonces no es del todo sostenible la condena dogmática al régimen de Nankín,
y mucho menos a la India Libre de Subhas Chandra Bose.
Para finalizar, se puede afirmar que, por irónico que parezca, la ideología del
proyecto imperialista japonés dio impulso y forma, en gran medida, a las ideas que echaron
abajo al colonialismo en Asia Oriental, el Sudeste Asiático y el Subcontinente Indio;
mientras que los grupos nacionalistas que llevaron a cabo la liberación nacieron, en muchos
casos, gracias a la ayuda japonesa, mientras que en otros casos, la propia invasión japonesa
les fue útil al herir de muerte la presencia de las potencias coloniales en la región13. Es
evidente pues que en lo que se refiere a la Guerra del Asia – Pacífico de 1937 – 1945
(nombre que nos resulta más útil que el de “Teatro Asiático de la Segunda Guerra
Mundial”), el contraste entre “los buenos” (los Aliados) y “los malos” (el Eje), tan usado
para el conflicto en Europa, no es nada útil, ya que en Asia los Aliados eran metrópolis
coloniales que no ponían en práctica los principios democráticos que tenían por bandera,
mientras que Japón, al menos en apariencia, defendió Asia de sus opresores coloniales.
13
Casals Xavier. “La Guerra más salvaje. La invasión japonesa de China” en Clío Historia, Número 101, Año
IX, p. 41
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Infografía
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ia%20Conference
http://www004.upp.so-net.ne.jp/teikoku-denmo/english/history/tyosamit.html
Anexo
Declaración Conjunta de la Conferencia de la Gran Asia Oriental
Es el principio básico para la estabilidad de la paz mundial que las naciones del mundo
tengan su propio lugar cada una, y disfruten de prosperidad en común a través de la ayuda y
asistencia mutua.
Los Estados Unidos de América y el Imperio Británico en busca de su propia prosperidad
han oprimido a otras naciones y pueblos. Especialmente en Asia Oriental, ellos se regodearon en la
agresión y la explotación insaciable, trataron de satisfacer sus ambiciones desmedidas esclavizando
toda la región, y finalmente amenazaron seriamente la estabilidad de Asia Oriental. Siendo estas las
causas de la presente guerra.
Los países de la Gran Asia Oriental, con el objetivo de contribuir a la causa de la paz
mundial, emprenden la cooperación con la prosecución de la Guerra de la Gran Asia Oriental hasta
su conclusión satisfactoria, liberando su región del yugo de la dominación británico-estadounidense,
asegurando su existencia y autodefensa, y construyendo una Gran Asia Oriental en concordancia
con los siguientes principios:
•
Los países de la Gran Asia Oriental a través de la cooperación mutua asegurarán la
estabilidad de su región y construir un orden de común prosperidad y bienestar basado en la
justicia.
•
Los países de la Gran Asia Oriental asegurarán la fraternidad de naciones en su región,
mediante el respeto a la soberanía e independencia ajena y practicando la asistencia mutua y la
amistad.
•
Los países de la Gran Asia Oriental mediante el respeto a las tradiciones ajenas y
desarrollando las facultades creativas de cada raza, asegurarán la cultura y civilización de la
Gran Asia Oriental.
•
Los países de la Gran Asia Oriental se esforzarán en acelerar su desarrollo económico
mediante la estrecha cooperación sobre las bases de reciprocidad, promocionando así la
prosperidad general de su región.
•
Los países de la Gran Asia Oriental cultivarán relaciones amistosas con todos los países del
mundo, y trabajarán por la abolición de la discriminación racial, la promoción del intercambio
cultural y la apertura de recursos a través del mundo, contribuyendo por lo tanto al progreso de
la humanidad.
Tokio, 6 de noviembre de 1943
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