El Torneo Medieval

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Los torneos se convocaban junto a los castillos, de forma periódica
o con ocasión de acontecimientos especiales, como coronaciones,
matrimonios, firma de tratados o treguas, entre otras.
El organizador establecía las normas que debían regir y enviaba
heraldos a los caballeros invitados o que quisieran participar. La
celebración tenía lugar en un recinto cerrado, generalmente de
planta ovalada, alrededor del cual se disponían las gradas para el
público asistente, muy fastuosas y decoradas para los personajes
importantes, y sencillas para el pueblo llano; junto a estas
instalaciones se levantaban las tiendas destinadas a los caballeros,
sus escuderos y criados, así como a los oficiales que se cuidaban
del correcto desarrollo del evento; además, las localidades próximas
se engalanaban para acoger a los visitantes y participantes, en
muchas ocasiones venidos de tierras lejanas.
Diversos caballeros conocedores de las reglas hacían las funciones
de jueces, supervisaban el correcto estado de las armas y tomaban
juramento a los participantes sobre su noble comportamiento; otra
figura importante era el rey de armas, encargado de anunciar a los
distintos contendientes.
Los caballeros tenían que especificar su linaje, pues sólo podían
enfrentarse entre sí los de un mismo nivel, y situar su estandarte en
el campo. Con carácter previo, era habitual que se celebrasen
enfrentamientos entre escuderos con armas ligeras, como espadas,
que les servían de prueba. Dentro ya del torneo propiamente dicho,
en un primer combate, cada participante escogía uno de los
estandartes como contrincante, y se enfrentaba a él lanzándose de
frente con su montura y lanza; vencía quien rompía más lanzas
contra el rival. Al principio, se hacía sin separación entre los
caballeros, pero con el tiempo se colocó una valla entre ambos para
garantizar la seguridad.
A continuación, la lucha proseguía a pie, con espadas y mazas,
para concluir con un enfrentamiento colectivo entre dos grupos de
caballeros, que concluía cuando el rey de armas daba la señal de
detenerse. Al objeto de evitar accidentes, entre las normas que
regían estos combates estaban el no herir de punta al rival ni al
caballo, no luchar varios contendientes contra un mismo rival y no
asestar golpes al caballero que alzase la visera de su casco. El
vencido y sus armas quedaban a disposición del vencedor, quien
recibía su premio de mano de los jueces y acostumbraba a
depositarlo a los pies de la dama elegida.
Finalmente, los torneos acostumbraban a concluir con un gran
banquete al que asistían todos los participantes y en el que las
damas homenajeaban a los vencedores; no en vano, tenían
también un cierto componente cortés a lo largo de toda la
celebración.
Los torneos fueron desapareciendo poco a poco a finales de la
Edad Media, para extinguirse durante el siglo XVI, aunque todavía
siguieron celebrándose excepcionalmente en épocas más recientes.
Los últimos de que se tiene noticia fueron ya a finales del siglo XIX,
en Barcelona y Eglington, en Inglaterra. Actualmente se celebran
representaciones de torneos con carácter turístico y de espectáculo,
en castillos y centros históricos medievales de toda Europa.
Siguiendo esta tradición, desde la inauguración en 2007 de las
nuevas instalaciones del Castillo de Manzanares el Real, la
Dirección General de Turismo ha organizado y financiado un fin de
semana medieval, sábado y domingo, como evento promocional de
la visita al Monumento y al Municipio.
El fin de semana medieval consiste en la organización de un ciclo
de torneos medievales (honor de caballeros), campamento militar y
realización de diferentes juegos de habilidad: carreras de sacos,
cuerda y pañuelo, lanzamiento de herradura...etc.
La gran acogida de visitantes aconsejó instituir el mes de julio como
fecha más idónea para celebrarlo, fijándose los días 9 y 10 de julio
de este año.
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