Un mensaje desde el Daziarn

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Un mensaje desde el Daziarn
Era un invierno de los que hacen época en Sommerlund. Unas semanas antes
había comenzado las nevadas, con bastante antelación por cierto, las temperaturas
descendían día a día y parecía que nunca iban a dejar de bajar. Las guardias eran
insoportables y, aunque tenía la fortuna de haberle sido asignado un puesto en las
mazmorras, la proximidad de la entrada a la nada del Daziarn lo inquietaba. A veces
deseaba con mucho que le hubiera sido asignada una guardia en el exterior, en cualquier
garita o torreón, a la intemperie. El hecho de soportar las inclemencias del tiempo le
parecían menos temibles que la boca oscura que se abría cerca de él.
La antorcha que alumbraba la estancia estaba a punto de extinguirse, así que su
compañero había salido en busca de otra. Bostezó un instante…de pronto su expresión
de cansancio se convirtió en una mueca de terror. Algo había salido disparado del vacío
golpeándole en una bota. Dudó si bajar o no la mirada para ver de qué se trataba, como
si ignorar aquello, fuera lo que fuese, sería igual que si nada hubiera pasado.
Haciendo acopio de todo su valor bajó la mirada. El soldado apostado junto a la entrada
del Daziarn no daba crédito a sus ojos. Del insondable vacío había caído un sobre
lacrado a sus pies.
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El Señor del Kai Lobo Solitario ultimaba los preparativos para marchar a la
Corte. Le desagradaba desatender sus obligaciones en el Monasterio, pero había sido
invitado como todos los años por el Rey para celebrar la llegada del nuevo año en la
capital. Detestaba el protocolo y las maneras de los cortesanos, pero también le
esperaban buenos amigos y era más que nada por ellos por los que hacía el sacrificio de
pasar unos días en Holmgard. Una guardia de honor, enviada por el propio monarca le
esperaba para escoltarle en el patio del Monasterio. A pesar del intenso frío el cielo
estaba despejado de nubes. Su caballo preferido ya estaba pertrechado para ser
cabalgado. Echando volutas de vaho por la boca, Lobo Solitario se dirigió a grandes
zancadas hacia su montura antes de pasar revista a la guardia. De improviso un cuerno
sonó rompiendo la paz de la escena. Un mensajero a caballo se acercaba al Monasterio a
todo galope.
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Desde hacia tiempo los magos de Toran no vivían una crisis de tal envergadura.
La voz de alarma había saltado esa misma mañana. Uno de los guardias apostados en las
mazmorras había irrumpido precipitadamente en una reunión del Consejo del Gremio
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balbuceando. No fue capaz de pronunciar más que una sola palabra que lo decía todo:
“Daziarn”. Los magos, recogiéndose las túnicas bajaron precipitadamente hasta el lugar
de los hechos. El soldadazo no había siquiera tocado el misterios objeto que aún yacía
en el mismo sitio donde cayó. Un mago de elevado rango se adelantó a los demás y
empleando sus artes determinó que aquel objeto no estaba encantado y no representaba
ningún peligro aparente. No obstante todos se mostraban cautelosos y recelaban de
recogerlo, algunos hablaban incluso de arrojarlo de nuevo al Daziarn. Loi-Kymar se
acercó a examinarlo más cerca, llegando a al altura del objeto levantando murmullos
entre los demás magos de la Hermandad que se encontraban algo más rezagados. Con
un ademán de su mano impuso silencio. Recogió el sobre y lo sostuvo entre sus manos
examinándolo detenidamente. El sobre estaba escrito en un lenguaje desconocido, era
imposible determinar al remitente. Sin embargo al darle la vuelta al sobre sí pudo
conocer inmediatamente el nombre del destinatario. Escrito con grandes caracteres
podía leerse claramente escrito en sommerlundés: “Lobo Solitario”.
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Lobo Solitario cabalgaba hacia Toran. La llegada del mensajero había trastocado
sus planes. Le requerían en Toran con la máxima urgencia. Había ordenado al capitán
de su escolta que volvieran lo más rápido posible de vuelta a Holmgard para poner en
conocimiento del Rey las nuevas. Él, mientras tanto, marcharía hacia Toran para
conocer de primera mano el asunto. El precipitado mensaje que le había sido entregado
de parte de Loi-Kymar no entraba en detalles. Pero una palabra bastaba para
comprender la importancia de los acontecimientos….Daziarn.
Se dirigió hacia el norte a toda velocidad, la temperatura había descendido aún
más, alcanzando cotas históricas, mas nada debía detener su presurosa marcha por los
nevados campos de Sommerlund, pues le situación parecía seria.
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Las últimas horas habían sido angustiosas para los hermanos magos de Torán.
Nada se había filtrado fuera de los muros del Gremio. La ciudad de Toran se despertaba
tranquila una mañana más. La última del año, puesto que la próxima media noche
traería consigo el nuevo año. Antes de que los primeros rayos de sol asomaran por el
horizonte un jinete, una figura encapuchada atravesó las puertas de la ciudad. Para no
despertar la alarma de los ciudadanos por primera vez las trompetas no saludaron la
llegada del Lobo Solitario.
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La puerta de la cámara se abrió dejando paso al Señor del Kai. Sin importarle la
nieve que cubría su verde capa, Loi-Kymar lo saludó con un cálido abrazo. Apenas
había testigos de la escena. Sólo los magos más elevados se encontraban presentes
cuando Lobo Solitario se dirigió hacia la mesa donde descansaba el objeto que había
llegado desde el Daziarn. Todos se apartaron temerosos mas Lobo Solitario nada temía.
Su sexto sentido nada malo auguraba de aquel sobre lacrado a pesar de su siniestro lugar
de origen. Con calma extrajo su daga y la empleó a modo de abrecartas. Volviendo el
sobre cayó de su interior algo parecido a un pergamino pero mucho más sólido. En una
de sus caras aparecía dibujado con vivos colores una extraña escena que ningún sentido
tenía para él. El pergamino podía abrirse como un libro. Al hacerlo se le iluminaron los
ojos y una sonrisa se dibujó en sus labios tras leer el contenido del escrito, decía así en
sommerlundés natal:
DE PARTE DE LA COMUNIDAD DE LOBO SOLITARIO:
¡DESEAMOS AL SEÑOR DEL KAI UN AÑO NUEVO
LLENO DE PAZ Y FELICIDAD!
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