LA VENTANA INDISCRETA

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LA VENTANA INDISCRETA
Diario Concepción (http://www.diarioconcepcion.cl)
LA VENTANA INDISCRETA [1]
De 1954, La ventana indiscreta ha permanecido en el tiempo como una de las cintas más
populares del maestro del suspenso, así como una de las más influyentes en el género del
thriller.
La ventana indiscreta (1954) es una de las obras maestras de Alfred Hitchcock, y también una de sus
películas más alegres, lo que es mucho decir sobre una historia de un crimen macabro, en el que se
presume que una mujer es descuartizada por su marido en su departamento.
Al frente de ese edificio, está el piso de L.B. Jefferies, o simplemente Jeff, quien se recupera de una
pierna rota, interpretado por James Stewart. Jeff deambula por su departamento en una silla de ruedas,
manteniendo la pierna en alto (en el yeso se lee: <>). Y en vez de pasar su tiempo leyendo, por
ejemplo, se divierte espiando a los vecinos del edificio de enfrente, a través de la amplia ventana
trasera de su hogar.
Stella (Thelma Ritter), la enfermera que acude todos los días a darle sus medicinas y masajes, le dice
que es un mirón, y le cuenta que en tiempos antiguos solían sacarle los ojos a los mirones. Stella tiene
un sentido del humor retorcido, pero agudo, y atiende a Jeff más por vocación y cariño que por ganarse
la vida. Y aprovecha de darle consejos sobre el matrimonio, básicos, pero prácticos.
Porque Jeff está considerando casarse con su novia, Lisa Fremont (Grace Kelly). Sin embargo, guarda
reparos por los distintos estilos de vida de ambos. Jeff es un fotógrafo, un aventurero, y debe viajar por
el mundo e incluso arriesgar su vida para cumplir con su trabajo; mientras que Lisa es una modelo de la
alta sociedad, con ingresos más altos que Jeff, lo que para él es incompatible y, por ende, cuestiona su
relación.
Ahora bien, La ventana indiscreta no es un drama romántico, pese a la gran cantidad de tiempo
invertido en esta dinámica. No obstante, este tiempo es necesario y jamás aburrido: los comentarios de
Stella, aunque breves, nos remiten a castigos de épocas pasadas por observar la vida privada de otros,
y sabemos que el voyerismo de Jeff es moralmente incorrecto. Hitchcock hace del guión de John Michael
Hayes, basado en un cuento de Cornell Woolrich, una brillante obra de literatura cinematográfica: los
actores entregan sus líneas de acuerdo a sus personalidades bien definidas, y funcionan en el ámbito de
la amistad y del humor que suele preceder al peligro en un thriller; pero es en esos momentos alegres y
pacíficos donde la película está cosechando los temas psicológicos que desarrollará por las próximas
dos horas, y no nos damos cuenta. El miedo se hace presente y encuentra un nicho profundo en nuestra
psiquis, debido al matiz ancestral que adquiere en la irónica observación de Stella. Dado que suele
castigarse lo que hace Jeff, tememos por su bien. Es culpable de un delito, casi tanto como Lars
Thorwald (Raymond Burr), el hombre del que Jeff sospecha de haber asesinado a su mujer en el edificio
de enfrente. Aunque no vio nada. Sólo escuchó un <<¡No!>> en medio de la noche, y la mujer no
apareció más en el departamento de Thorwald.
Jeff insiste en mirar. La película posee muchos planos subjetivos de él mirando por su ventana y, a
medida que avanza el relato, éstos también les corresponden a Lisa y Stella, quienes lo acompañan en
su pasatiempo después de mostrar desaprobación por esa morbosa actividad. Sin embargo, a veces no
son subjetivos, y es entonces cuando Hitchcock demuestra una vez más su maestría en el suspenso, ya
que es en esos momentos que la cámara se convierte tanto en el ojo del director como,
inadvertidamente, en nuestra propia mirada, presente en el departamento de Jeff, independiente de los
personajes, espiando a los vecinos, inconscientes de nuestra intromisión. El marco moral del filme se
establece con tal destreza, que somos culpables tanto como Jeff y Thorwald, y todos corremos peligro.
Este es un thriller magnífico.
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La escenografía es única en la historia del cine. Todo el plató se construyó en tamaño real, en un
estudio de Paramount, para incorporar fachadas de edificios a tamaño real, detrás de las cuales había
pasillos y ambientes adaptados a las necesidades del guión y a las personalidades de los vecinos.
También había patios, calles, autos, y una que otra ave volaba entremedio.
Cada departamento mira al patio de Jeff, y ofrece no sólo una vida única, sino un espectáculo distinto,
como teleseries eróticas. La pareja de recién casados cuyo insaciable deseo se consuma a cortinas
cerradas. O la muy flexible Srta. Torso, quien le ofrece a Jeff un peep show al ensayar sus rutinas de
baile sola en su departamento, mientras espera a que su novio vuelva del ejército. En cambio, Thorwald
y su esposa llevan una vida sexual frustrada, con él intentando acercarse a ella, sólo para terminar
despreciado una y otra vez. La suya es una teleserie devenida en novela policíaca, y absorbe el filme
entero.
De las historias secundarias, mi favorita siempre fue la de la Srta. Corazón Solitario (Judith Evelyn).
Siempre me dio pena que preparara cenas para un amante imaginario, y terminara bebiendo sola
botellas de vino hasta quedarse dormida. Y en su dolor, la encontraba (y todavía) un personaje adorable
que merecía un final feliz en esta película. No podía soportar su soledad. Pero eso es, en el fondo, cómo
Jeff reacciona ante este personaje. La complicidad que el filme establece entre el protagonista y el
espectador es tan profunda, que los sentimientos y las opiniones son compartidas sin la necesidad de
persuasión. Es una de las piezas más fluidas de Hitch. Y es impresionante como estas vidas, vistas a la
distancia, se desarrollan a un nivel tan humano, en vez de quedarse en los límites de los estereotipos.
Al mismo tiempo que viven y miran, obedecen a la naturaleza humana, ya que Hitch era un verdadero
humanista.
La ventana fue su segunda de tres colaboraciones con Grace Kelly, su más importante musa. Su entrada
como Lisa es famosa por el vestido de terciopelo negro y tul blanco que lleva, obra de la legendaria
diseñadora de vestuario Edith Head, uno de los atuendos más célebres de las películas; y por el beso en
cámara lenta y en primer plano que le da a un dormido Jeff, quien despierta de esa forma de su sueño.
Esa toma es enfática en la sensualidad latente entre ambos personajes y que, debido al estado de Jeff,
sólo puede expresarse en besos y caricias.
Además de ser adinerada e independiente, Lisa es rubia. La predilección de Hitch por actrices rubias es
constante en su filmografía. Representaban un ideal sexual de la figura femenina para Hitch. No
obstante, no era sólo un ideal físico, puesto que los personajes que sus actrices interpretaron en sus
filmes no eran mujeres comunes. Eran, como la Lisa de Kelly, independientes, insatisfechas con su
cotidianidad, seductoras, misteriosas, e influían enormemente en la trama. Eran, asimismo, observadas
por hombres a los que no conocían. Si eran un ideal sexual para el director, éste estaba unido a la
personalidad de la rubia. Ésa era la obsesión de Hitchcock, lo que estimulaba su erotismo y su arte, al
cruzar la tensión sexual de los protagonistas con la violencia de los misterios en los que se veían
involucrados.
Si la fatalidad del sexo era el gran axioma autoral de Hitch, pues La ventana indiscreta fue su propia
contradicción. Aquí el personaje de Kelly ayuda de manera entusiasta a Jeff, tanto en su recuperación
como en el misterio. Hay alegría en esta relación, y Jeff adora pasar tiempo con Lisa, pese a sus
objeciones, que quedan bien olvidadas hacia el final. Lisa logra demostrarle que puede ser tan
aventurera como él, en el momento en que entra al departamento de Thorwald a buscar el anillo de
matrimonio de su esposa, como evidencia de que la mujer no se fue de viaje, sino que encontró un
destino peor.
Se me ocurre que Hitch nunca se sintió embaucado por la verdadera Grace Kelly; por lo tanto, el destino
de sus personajes siempre fue optimista. Las otras actrices, quizá por la distancia que tomaban con el
director, personificaron a mujeres más oscuras. Kelly nunca fue castigada, sino respetada y celebrada
por el director, dentro y fuera de la pantalla.
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La ventana indiscreta es fascinante de principio a fin, totalmente entretenida. Y es una extensión de la
personalidad de Alfred Hitchcock, quien como ésta y todas sus grandes películas, permanece como uno
de los grandes misterios del cine.
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