Discurso del Embajador Dr. Edmund Duckwitz en la ocasión del 50

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Discurso del Embajador Dr. Edmund Duckwitz
en la ocasión del 50° aniversario de la firma del T ratado del Eliseo entre
Alemania y Francia,
Bibilioteca de México „José Vasconcelos“, 22 de enero de 2013
- Cotejar contra lectura Excelentísimo Señor Secretario de Relaciones Exteriores,
Excelentísimos Señores Secretarios,
Muy estimados Señores representantes del Gobierno federal y de los Estados de la
Federación,
Muy estimadas Señoras y Señores Senadores y Diputados,
Muy estimados colegas,
Estimadas Damas y Caballeros,
Queridos amigos de Alemania, Francia y Europa:
Nos alegra mucho que ustedes hayan aceptado nuestra invitación para celebrar
junto con nosotros un aniversario muy importante. Es el aniversario de la raíz de
muchas aspectos que hoy en día relacionan ustedes con Alemania, Francia y
Europa.
Permítanme que dirija primero nuestro sincero agradecimiento al Lic. Rafael Tovar y
de Teresa, Presidente de CONACULTA, y al Lic. Eduardo Lizalde, Director de la
Biblioteca de México "José Vasconcelos", por poder celebrar hoy este día
memorable en un ambiente festivo en un lugar especial.
Es gracias a ustedes que estoy aquí ante este impresionante mural en fresco,
dirigiéndome a ustedes. El nombre de esta obra es "La Voluntad de Construir" y es
el último trabajo de Ángel Zárraga Argüelles.
Voluntad de Construir. ¿Qué mejor título podría resumir de forma tan única y
significativa lo que expresaron Alemania y Francia hace 50 años? Después de siglos
de conflictos militares ambos países firmaron el Tratado del Elíseo sobre la amistad
bilateral.
El Tratado del Elíseo no es otro contrato de derecho internacional entre muchos,
sino que fue un golpe de suerte para nuestros países. Éste nació de la visión de
estadistas que supieron ver e ir más allá de las circunstancias dolorosas en las que
nos encontrábamos después de la segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Charles
de Gaulle lo había afirmado en su discurso en Ludwigsburg, en 1962, en donde se
dirigió en alemán a la juventud alemana: "El porvenir de nuestros dos países, la base
sobre la cual puede y debe construirse la unión de Europa, la ventaja más sólida de
la libertad del mundo, son: la estima, la confianza y la amistad del pueblo francés y
del pueblo alemán."
En cuanto a la integración, Alemania y Francia han sido constantemente jinetes de
avanzada y hacia ellos miran muchos europeos cuando tratan de vislumbrar los
alcances de la integración del continente.
Robert Schumann, ministro de relaciones exteriores francés de entonces, y uno de
los más grandes europeos, ya dijo en 1950 que "Europa no se hará subitamente ni
sin trabajo conjunto: Se hará gracias a realizaciones concretas que crean, sobre
todo, una solidaridad de hecho.
La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre
Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar
en primer lugar a Francia y Alemania".
La confianza entre franceses y alemanes sólo surgió cuando los dos grandes
estadistas que fueron De Gaulle y Adenauer lograron convertir la reconciliación
pactada en una verdadera amistad. La amistad requiere tiempo. Ambos mandatarios
comprendieron muy pronto que esta amistad sólo podría ser conservada por las
jóvenes generaciones de los dos países. En el espíritu de esta visión el 22 de enero
de 1963 se firmó el Tratado del Elíseo.
Para desarrollar el cauteloso y consciente acercamiento de los líderes políticos en
una red densa de relaciones en todos los niveles de las sociedades, se necesitó de
mucha previsión:
Hoy sabemos que el Tratado del Elíseo no es solamente la simple base para
relaciones bilaterales, porque la amistad franco-alemana es única en su amplitud y
su intensidad. Esta amistad se refleja en instituciones y tradiciones, y está llena de
vida cuando los colegios organizan cada año sus viajes escolares al país hermano;
cuando los municipios cuidan sus hermanamientos transfronterizos; o, como hoy,
cuando los parlamentos de nuestros dos países se reúnen en una sesión plenaria.
A Francia y Alemania les une una amistad inigualable. Para otras regiones del
mundo, cuyo historial de guerras y desilusiones mutuas continúa siendo una pesada
carga, la experiencia franco-alemana brinda un mensaje de esperanza: Se pueden
lograr paz y amistad con una "voluntad de construir". La visión del Canciller
Adenauer y del General de Gaulle con motivo de la firma del Tratado del Elíseo
sigue totalmente vigente: La profundización de la construcción europea es hoy en
día el nuevo horizonte de la cooperación franco-alemana. Dicho horizonte nos llena
de alegría y orgullo; y estoy seguro que nuestros colegas de las otras embajadas de
la Unión Europea nos secundan en eso. Hoy estamos viviendo la visión de Robert
Schumann, Konrad Adenauer y Charles de Gaulle.
Como ex-embajador de Alemania ante la Unión Europea les puedo confirmar que la
colaboración franco-alemana en repetidas veces es un factor crucial en situaciones
difíciles en el camino de la integración europea. Por eso, mucha gente en las
oficinas de Bruselas se refieren a la amistad franco-alemana con el alias de “motor
de la Unión Europea”.
Para que ustedes tengan un bonito recuerdo de este día tan importante, les tenemos
un pequeño regalo franco-alemán. Junto con los mejores deseos por parte del
Ministro Federal de Hacienda, el Dr. Wolfgang Schäuble, se lo entregaremos a su
salida. Se trata de las dos estampillas de primera emisión de Alemania y Francia que
se hicieron por motivo del aniversario que celebramos hoy.
Ahora me permito ceder la palabra a mi querida colega, la embajadora Elisabeth
Beton Delègue.
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