¿Por qué abandoné la Iglesia Luterana?

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¿POR QUÉ ABANDONÉ LA IGLESIA LUTERANA?
¿Por qué abandoné la Iglesia Luterana?
por Claude A. Guild
“y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jer. 29:13).
Martín Lutero dijo: “Les suplico dejar mi nombre y no llamarse Luteranos, sino
Cristianos. ¿Quién es Lutero? Mi doctrina no es mía. Yo no he sido crucificado por nadie...
¿Cómo entonces esto me beneficia, un costal miserable de polvo y cenizas, al dar mi nombre
a los pequeñitos de Cristo? Cese, mis queridos amigos, que se aferran a estos nombres de
los partidos y distinciones; acabar con todos ellos; y llamémonos a nosotros mismos sólo
Cristianos, pues de él viene nuestra doctrina.”. (Life of Luther, by Michelet, p. 262).
“Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación.
Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno
conocimiento” (Rom. 10:1,2, LBLA).
Publico éste tratado con amor y tacto hacia los amigos que aún permanecen en el
luteranismo. Sé de la sinceridad y honestidad de muchos de ellos. Así como yo mismo me
enteré de que estaba sinceramente equivocado. La mayoría de mis amigos en la Iglesia
Luterana son honestos y hacen un esfuerzo cotidiano para llegar al cielo, sin embargo
adolecen de una comprensión mayor de su propia doctrina frente a las enseñanzas de la
Biblia y están equivocados. La mayoría de los luteranos leen a través de su ministro, y
aprenden de memoria los artículos del Catecismo antes de la confirmación, pero nunca han
enfrentado con las enseñanzas de la Biblia el Catecismo Luterano, para hacer una
comparación cuidadosa.
Ya no soy un luterano; gran parte de mis amigos y parientes inmediatos ahora están
conmigo, lejos del Catecismo. Hicimos una comparación honesta entre este libro de la
Iglesia Luterana y las enseñanzas de Jesucristo en la Biblia. A continuación enumeraré las
razones por las cuales abandoné la Iglesia Luterana, y porqué no puedo ser un luterano,
sino solamente un cristiano.
1. Un fundamento humano
En primer lugar, abandoné el luteranismo porque me enteré de que tenía un
fundamento humano. Todo buen estudiante de la Biblia, y la historia, jamás habrá leído
acerca de alguna Iglesia Luterana antes de los días de Martín Lutero. De hecho, la Iglesia
Luterana ve sus orígenes luego del 31 de octubre de 1517, cuando Martín Lutero clavó sus
95 tesis en la puerta de la catedral de la Iglesia de Wittenberg y huyó para salvar su vida. El
golpe que sacudió la Iglesia Católica ese día dio lugar a la Reforma y originó otra Iglesia, la
Iglesia Luterana. Esta institución, contraria a los deseos de Martín Lutero, lleva su nombre.
Es un hecho conocido y admitido por todos, que Lutero, un ser humano, es el fundador de
la Iglesia Luterana, una organización desconocida en el Nuevo Testamento, pues es una
institución de los hombres, no de Dios.
A pesar de lo anterior, Cristo edificó y fundó su iglesia (Mat. 16:18), y es él quien
añade a los salvos a ella (Hech. 2:47), pues él es la cabeza y salvador de esta única iglesia
que estableció (Ef. 1:22,23; 5:23).
El apóstol Pablo dijo: “Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está
puesto, el cual es Jesucristo” (1 Cor. 3:11). Si cientos de años antes del luteranismo, Jesús
dijo que edificaría su iglesia, y el inspirado apóstol Pablo dijo que Cristo es la cabeza y el
fundamento de ella, ¿qué derecho tenía Lutero o sus seguidores para construir una
organización diferente y afirmar luego algún respaldo de Dios sobre ello? La verdad bíblica
es simple, Cristo sigue siendo la cabeza y fundamento de la iglesia, no Lutero.
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Por Josué I. Hernández
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2. Un nombre sin base bíblica
Cuando la palabra del evangelio de Dios fue predicada en los tiempos del Nuevo
Testamento, transformó a pecadores en “cristianos”. “y a los discípulos se les llamó
cristianos por primera vez en Antioquía” (Hech. 11:26). Esto fue tan evidente que el propio
rey Agripa dijo a Pablo: “Por poco me persuades a ser cristiano”, a lo que el apóstol
respondió: “¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos
los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (Hech.
26:28,29) . Luego, leemos: “pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino
glorifique a Dios por ello” (1 Ped. 4:16). La palabra de Dios, creída y obedecida, jamás
produjo luteranos (Luc. 8:11). Es imperativo, entonces, reconocer que se necesita algo más
que la palabra de Dios para producir luteranos.
Los seguidores de Martín Lutero, han aceptado el nombre de Lutero sobre sí mismos,
y como integrantes de la Iglesia Luterana se han suscrito a su doctrina, su catecismo. Este
catecismo fue escrito por Lutero en el año 1529, y es aceptado hasta hoy por la Iglesia
Luterana. No obstante, permítanme decir, si ustedes abandonaran el Catecismo Luterano
para volverse a la sola Escritura, se perdería la doctrina y la práctica luterana. El apóstol
Pablo dijo: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del
Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Col. 3:17), ¿podría desobedecer
esto para ser un luterano y agradar a la vez a Dios con ello?
3. Un credo de manufactura humana
Como la mayoría de los niños luteranos, fui educado en base al catecismo. Mi madre
fue celosa de ver a todos sus hijos confirmados. Según esto, para hacer frente a la pregunta
formulada por el ministro ante la congregación, en el día de la confirmación, se debe
conocer los artículos del Catecismo. Entonces, se nos enseñó que el Catecismo explicaría la
Biblia y nos haría posible entenderla. W. E. Schramm dice así: "Se pretende como una ayuda
para estudiar y comprender la Biblia. Es un arreglo sistemático de las enseñanzas de la
Biblia. Debido a que estas doctrinas se presentan en grupos, serán más fáciles de
comprender, y por lo tanto, el estudio será simplificado…” (“What Lutherans Believe”. The
Lutheran Book Concern, Columbus, Ohio, p. 14). Luego, en el mismo libro, Schramm dice:
“Para ayudar en el estudio de la Palabra de Dios, muchos cristianos hacen uso de un manual
más pequeño llamado Catecismo” (W. L. B. p. 13).
En contraste con lo anterior, el Espíritu Santo dice que la Biblia es comprensible,
suficiente y completa, y no necesitamos más que ella para agradar a Dios (2 Tim. 3:16,17).
Sin embargo, para ser luterano, según lo expresado por W. E. Schramm,
necesitamos el Catecismo de Martín Lutero para entender la Biblia. Piénselo, Dios, el autor
de la Biblia, necesitó de un hombre, Martín Lutero, para hacerse entender. Si la intención de
Dios en el mandamiento a estudiar y usar bien su palabra (2 Tim. 2:15) fue alguna muleta a
ella, como lo es el Catecismo Luterano, Dios lo hubiera dicho. Pero, los mandamientos de
Dios no necesitan muletas, pues no son gravosos (1 Jn. 5:3).
4. El modo de bautismo no es esencial
"Reconocemos cualquier modo de bautismo en el que se aplica agua en el nombre del
Dios Uno, y Trino, ya sea inmersión, vertido o aspersión”. (Schramm, W. L. B. p. 136).
Los tipos de bautismo, y especialmente el modo por aspersión, fue una de las
principales doctrinas que continuamente me molestaron. Si la aspersión debe ser “aplicada
en el nombre del Dios Trino”, sin duda debe existir algún pasaje de las Escrituras para
indicarlo. Pero, leyendo las Escrituras jamás vemos “modos de bautismo”, ni tampoco
leemos acerca de bautismos por aspersión. Podemos leer de que Cristo fue bautizado “en” el
río Jordán y que luego “subió del agua” (Mar. 1:9,10). Cristo indicó el bautismo como
imprescindible en el nuevo nacimiento (Jn. 3:5), pero siempre los bautizados descendieron
al agua y subieron del agua (Hech. 8:36-39).
Podemos quedar de una vez por todas, completamente insatisfechos con el llamado
“bautismo” por aspersión, al leer Romanos 6:4,5. “Porque somos sepultados juntamente con
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él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la
gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados
juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su
resurrección”. Es imposible que existan tres modos de bautismo cuando la ley de Cristo
indica uno solo (Ef. 4:5).
Después de una sincera búsqueda por la verdad, al no tener evidencia bíblica de
modos bautismales, mi familia y yo concluimos que los bautismos luteranos no eran el
bautismo en Cristo en absoluto (Gal. 3:26,27). Gracias a Dios, encontramos en nuestro
camino a un predicador del evangelio, el cual nos enseñó la verdad y nos bautizó – sumergió
– en agua, para la remisión de nuestros pecados (Hech. 2:38), y yo creo que todo luterano
debe hacer lo mismo.
5. Bautismo de infantes
Los líderes luteranos, como Schramm, afirman que el mandamiento “bautizándolos”
involucra a los niños, debido a que el evangelio debe ser predicado a todas las naciones
(Mat. 28:19, RV), y los niños son parte de todas las naciones, dicen ellos, por lo tanto los
niños deben ser discipulados y bautizados. Este es un mal razonamiento. Si leemos el pasaje
paralelo en Marcos 16:16, siempre nos damos cuenta de que se debe oír y creer el evangelio
antes de ser bautizado para ser un discípulo de Cristo. Los infantes no pueden hacer esto. El
apóstol Pedro nos explica que antes de que alguien sea bautizado es necesario el
arrepentimiento (Hech. 2:38).
Por lo tanto, para ser bautizado en Cristo, uno debe ser lo suficientemente maduro
como para entender el evangelio, creer en Cristo, arrepentirse de sus pecados y ser
bautizado para el perdón de ellos. Si nos fijamos en la conversion del eunuco etíope, vemos
que además Dios requiere el confesar la deidad de Cristo (Hech. 8:37) antes de ser
bautizado, porque la confesión del señorío de Cristo es requerida también (Rom. 10:9).
Los líderes luteranos enseñan que el bautismo toma el lugar de la circuncisión del
Antiguo Testamento. “En el Antiguo Testamento, la circuncisión era el sacramento de
iniciación. Se administró a los bebés varones cuando tenían ocho días. Si Dios pudo hacer un
pacto con un bebé en el Antiguo Testamento, ciertamente puede hacer lo mismo en esta
nueva dispensación… se concluye que, dado que el bautismo ha tomado el lugar de la
circuncisión, los bebés deben ser bautizados” (WLB p. 141).
Considere lo siguiente, no es una cuestión de lo que Dios puede y debe hacer, sino lo
que realmente él ha querido hacer. Dios jamás legisló el bautismo en lugar de la
circuncisión, por lo tanto, no hay autoridad divina para bautizar bebés.
Ahora bien, si el bautismo toma el lugar de la circuncisión, tal cual como se afirma,
ya que fueron circuncidados todos los bebés varones, ¿por qué los luteranos bautizan a las
niñas también? ¿Qué argumento ofrecen para esta práctica?
6. Una condenación heredada
Los líderes luteranos enseñan que cada bebé nacido en este mundo hereda la culpa
del pecado de Adán y está totalmente depravado incluso al ser concebido. “El pecado
original no es alguna depravación que nace en nosotros, sino que es la inclinación al mal que
nosotros y todos los seres humanos hemos heredado de nuestros padres. Desde la caída de
Adán, todos los hombres que son naturalmente engendrados son concebidos y nacidos en
pecado” (WLB p. 65).
Según las Escrituras, sufrimos consecuencias del pecado de Adán, pero no hay pasaje
en la Biblia que enseñe que heredamos la culpa de la propia transgresión de Adán. El pecado
es algo que se hace, o deja de hacer, pero no es algo que se pueda heredar (1 Jn. 3:4).
“Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el
reino de los cielos” (Mat. 19:14).
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Siguiendo la lógica de la doctrina luterana de la herencia de la culpa del pecado de
Adán, ¿pueden decirnos cómo heredamos dicha culpa? ¿La heredamos de manera física
(carnal) o de manera espiritual? Si nos dicen que la herencia proviene de la carne, entonces
el Verbo eterno al hacerse carne, heredó pecado y se volvió un corrupto pecador (Jn. 1:14;
2 Cor. 5:16; Col. 1:22). Sin embargo, si el supuesto pecado original es una herencia
espiritual, entonces Dios tendría corrupción, porque el es el Padre de nuestros espíritus
(Heb. 12:9).
Sabemos que el pecado no puede ser heredado si dejamos de una vez los Credos y
Catecismos, para conformarnos con las Escrituras. La Biblia dice: “El alma que pecare, esa
morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la
justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él” (Ez. 18:20). Recuerde,
el pecado es infracción de la ley (1 Jn. 3:4). Los niños no pueden discernir lo bueno y lo
malo, no infringen alguna ley de Dios, y por lo tanto son inocentes y herederos del reino de
los cielos los que se hacen como ellos (Mat. 19:14).
Amigo mío, Jesús compró su iglesia con su propia sangre (Hech. 20:28). No puedo
ser persuadido a creer, no importa cuánto alguien lo intente, que la santa Escritura haya
querido decir “Iglesia Luterana” cuando dice “la iglesia del Señor”. Jesús tiene un solo
cuerpo que es su iglesia (Ef. 1:22).
Si usted lee en su propia Biblia, aprenderá que para ser salvo es imprescindible creer
en Jesucristo (Jn. 8:24), arrepentirse de sus pecados (Luc. 13:3), confesar la divinidad de
Jesucristo (Hech. 8:37; Rom. 10:9) y ser bautizado (enterrado, sepultado, zambullido) en
Cristo, para perdón de los pecados (Gal. 3:27; Rom. 6:4; Hech. 2:38). Si usted hace esto,
será añadido por Cristo mismo a su iglesia, no una institución humana (Hech. 2:47) y será
un cristiano (1 Ped. 4:16). Hacer menos que esto, o ser un miembro de alguna
denominación, es actuar sin autoridad divina (2 Jn. 9).
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Por Josué I. Hernández
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