La belleza de los coloides

Anuncio
La belleza de los coloides
José M. Méndez A.
Departamento de Física, CINVESTAV-IPN, Av. IPN 2508, Col. San Pedro Zacatenco,
07360 México D. F.
“... la belleza siempre está ahí, a unos cuantos palmos de nosotros.
La que suele ausentarse es la mirada.”
Germán Dehesa
Existe en nuestra cultura una dicotomía de la actividad intelectual.
Los científicos y técnicos rara vez enfocan sus tópicos desde una
perspectiva artística, humanística o social. Por su parte, los
especialistas de estas últimas tres áreas suelen ignorar la óptica de los
primeros, a pesar del inmenso impacto de los avances científicos y
técnicos en la vida de las personas. Esta autocensura conduce
frecuentemente a conceptos incompatibles con la naturaleza de las
cosas. Las políticas sustentadas en estos conceptos, por ejemplo, han
llegado a tener consecuencias catastróficas. La exploración de los
vínculos internos de nuestra cultura podría ser la clave para el diseño
de un futuro mejor. En este sentido, quizás la percepción estética sea
un buen punto de partida, pues todos coincidimos en que nuestros
tópicos la poseen.
En este artículo se ahonda en la hipótesis de que la percepción estética puede ayudar a
identificar y explorar vínculos culturales entre las distintas disciplinas cultivadas por el
intelecto humano. Esto se hace con ayuda de un ejemplo concreto: analizando las
estructuras formadas por la materia condensada blanda, específicamente por los
coloides. Se inicia precisando el significado de una serie de conceptos generales que
serán utilizados a lo largo del texto. Posteriormente, se discute sobre la naturaleza de los
sistemas formados por muchos cuerpos. A continuación se dan algunos ejemplos
concretos de interrogantes básicas y de aplicaciones relacionadas con las suspensiones
coloidales. Al hacerlo, se pretende mostrar que sus implicaciones son de interés general.
Finalmente, se concluye con algunas reflexiones sobre la naturaleza interdisciplinaria de
la mayoría de los asuntos humanos. Las ideas vertidas a lo largo del artículo se ilustran
con imágenes obtenidas en diversos laboratorios del mundo. Todas ellas tienen como
objetivo principal realzar la belleza de los coloides, la que a su vez es utilizada como
vehículo de comunicación entre especialistas de distintas áreas.
En los libros antiguos de fisicoquímica un coloide se define como la suspensión de
partículas sólidas en un solvente líquido. Sin embargo, este significado ha ido cambiando
1
con el desarrollo de la física de la materia condensada blanda1. Debido a que los coloides
han sido usados constantemente como ejemplos para la aplicación de las nuevas teorías,
estos se han convertido en los representantes de muchos tipos de sistemas, como las
microemulsiones y las suspensiones de biomoléculas. Es con esta última connotación más
general que se utiliza el término en este artículo.
Podría decirse que hay tres tipos de ciencia; la de las cosas muy grandes, la de las cosas
muy pequeñas y la de las cosas muy numerosas. Esta última se encarga de los coloides,
cuya característica principal es estar compuestos por una gran cantidad de objetos de
diferentes tamaños y formas. En fisicoquímica son lo más parecido que hay a los sistemas
biológicos; poseen incluso la capacidad de ensamblarse a sí mismos. Su comportamiento
es descrito por las leyes de la termodinámica y por los conceptos de la física estadística.
Sin embargo, su complejidad es tal que en muchos casos el conocimiento de estas leyes y
conceptos no pasa de ser la simple satisfacción de un principio, pues su capacidad
predictiva y explicativa resulta extremadamente limitada.
Hay dos formas de disfrutar de la belleza de las cosas; la sensitiva, que nos permite
descubrir lo que nos gusta y deleitarnos con su contemplación, y la intelectual, que nos
permite profundizar en el significado de aquello que contemplamos. La primera, aunque
de consecuencias efímeras, es la más común. La segunda produce el raro placer
perdurable de trascender lo obvio e incursionar en el mundo de lo abstracto. Su práctica
exige dedicación y conocimientos de todos los frutos del intelecto humano. Ella posibilita
explorar los vínculos culturales que nos permiten descubrir, por ejemplo, que la belleza
de los coloides es como la belleza de todas las cosas.
“¿La rosa está desnuda, o es su único vestido?”
Pablo Neruda
Esta pregunta tal vez sea la prueba más severa que debe superar una teoría científica. Los
conceptos en ella vertidos deben ser como las rosas, las que desaparecen si se pretende
desvestirlas quitándole los pétalos. De no ser así, se tendrá una mezcla barroca de ideas
que probablemente a nada lleve. Durante la construcción de la teoría la tentación barroca
es intensa, pero la percepción estética y el experimento, así como el sentido común, la
perseverancia y el tiempo, llevan poco a poco a formular las ideas en su expresión
elemental. El proceso puede durar siglos y consumir el trabajo de generaciones, pero al
final es imposible retirar un solo atributo sin destruir la teoría por completo. Es entonces
cuando sus conceptos son como las rosas.
1
Una excelente introducción a la física de la materia condensada blanda, dirigida a todo público, se
encuentra en el libro “Fragile objects: soft matter, hard science, and the thrill of discovery” de Pierre-Gilles
de Gennes y Jacques Badoz, Springer-Verlag New York, Inc. (1996).
2
Figura 1: Imagen parcial de una emulsión de agua, aceite y detergente obtenida por
microscopía interferencial2.
A veces el proceso de simplificación ocurre incluso en contra de nuestros deseos, como
animado por una dinámica propia. Recuerdo una ocasión en que paseaba a orillas de un
pequeño lago solitario en medio de un bosque alemán. La superficie del agua reflejaba
los árboles con asombrosa nitidez. Tanta belleza me llevó a pensar en la existencia de un
mundo paralelo al nuestro, en el que la luz y los olores sólo traían buenos recuerdos,
como en el mundo que en ese momento creía observar en la profundidad del lago.
Víctima de la tentación barroca empezaba a confundir mis fantasías con la realidad.
Entonces reparé en que la ribera estaba repleta de ranas en efervescente actividad. Me
acerqué y noté que se apareaban. Después de observarlas por un rato me horroricé al
descubrir que en algunas ocasiones son tantos los machos que se sujetan a las espaldas de
una hembra, que terminan matándola por aplastamiento. Inconscientemente me pregunté
cómo es posible que coexistan ambos mundos. No deseaba que existiera el de las ranas,
pero con el tiempo descubrí que es el único que existe. La mayor de mis aprehensiones se
convirtió en franco entusiasmo al estudiar la teoría de la evolución. El caso que nos ocupa
en este artículo es similar, aunque no exista una teoría de referencia. A pesar de la
segregación de los intelectuales, los vínculos internos de nuestra cultura son reales. Su
búsqueda y exploración requiere, en primer lugar, de superar la tentación barroca. La
percepción estética es un excelente medio para lograrlo.
2
Tomado del sitio de David A. Weitz de la Universidad de Harvard. Este es uno de los sitios más gratos
que sobre el tema existen en la red, en el que se discuten novedosos resultados experimentales de
problemas
de
frontera
en
física
de
la
materia
condensada
blanda
(http://www.deas.harvard.edu/projects/weitzlab/).
3
Figura 2: Cielo e infierno por M. C. Escher.
La naturaleza de las cosas muy numerosas es organizarse a sí mismas. Animadas por una
dinámica interna se ensamblan a sí mismas en jerarquías espontáneas. Los seres vivos,
por ejemplo, forman cadenas alimenticias y los coloides, entre otras cosas, figuras
escherianas instantáneas, como veremos más adelante. No importa cuan distintas
parezcan estas manifestaciones colectivas, el principio detrás es siempre el mismo: las
cosas ocurren de la manera más probable. Imagine por ejemplo que tiene una ficha
honesta con el número cero en una cara y con el número uno en la otra. Si la lanza al aire,
ambas cifras pueden caer con la misma probabilidad. Suponga ahora que tiene dos de
ellas y las lanza al aire. De nuevo, cada una puede caer con la misma probabilidad con
cualquiera de las dos cifras hacia arriba.
Las cosas cambian cuando uno deja de observar a las fichas como entes separados,
considerándolas más bien como partes interdependientes de un todo y fijándose, por
ejemplo, en la suma de las cifras. Al lanzar dos monedas existe una de cuatro maneras en
que el resultado puede ser cero o dos, pero dos de cuatro maneras de que sea uno. Las
sumas no ocurren con la misma probabilidad. Si este análisis se extiende a cada vez más
fichas el resultado es sorprendente. Con un millón de ellas, por ejemplo, resulta que el
99.87% de los lanzamientos terminan en sumas entre 498,500 y 501,500. Es como si las
fichas se hubieran puesto de acuerdo para sumar 500,000. De un millón de sumas
posibles, sólo ocurre una, aunque parezca imposible. El autoensamblado espontáneo
genera una regularidad numérica en este ejemplo, pero en otros sistemas puede
manifestarse igualmente de manera geométrica, mecánica o cultural. Invariablemente, el
resultado más probable es el que termina ocurriendo.
4
Figura 3: Cascada por M. C. Escher.
Lancemos ahora, en vez de monedas, unas 1023 moléculas de agua, 1021 moléculas de
aceite y 1015 moléculas de detergente sobre una mesa. La manera de hacerlo es
mezclando agua, aceite y detergente en un vaso. Tomemos una gotita de la emulsión
resultante y coloquémosla bajo un microscopio interferencial. Este permite observar
pequeñas diferencias en el índice de refracción de la mezcla y, de esta manera, detectar
estructuras internas que pasarían desapercibidas a simple vista. Por el ocular se verá un
líquido desordenado, probablemente con algunas sorpresas. Mike Popchuk y Eric Weeks
realizaron el experimento en la Universidad de Harvard2. En cierta región del
portaobjetos encontraron la figura 1. ¿No es hermosa? Este es un excelente ejemplo de
que las mismas reglas que generan la regularidad numérica en el experimento de lanzar
fichas pueden producir estructuras geométricas con un enorme grado de complejidad.
¿Tendrá la vida el mismo origen?
Las estructuras espaciales en sistemas de muchos cuerpos se generan espontáneamente de
acuerdo a la distribución más probable de los objetos observados. Sin embargo, la
utilidad de este concepto es muy limitada, pues resulta prácticamente imposible calcular
las configuraciones de los sistemas complejos, así como la probabilidad con que pueden
ocurrir. Esto es debido en parte a la enorme dificultad matemática del cálculo, pero sobre
todo a que es imposible conocer con precisión absoluta las condiciones en que un evento
complejo ocurre. Algunas ocasiones sabremos lo suficiente como para manipular los
acontecimientos. La mayoría de las veces sólo podremos observar.
¿Cómo podríamos predecir que al encontrarse en el espacio enormes cantidades de unos
cuantos elementos químicos resultarían ranas con el tiempo? ¿Cómo podríamos predecir
que resultaríamos nosotros, o que resultarían nuestras ideas sobre la forma en que resulta
todo? El autoensamblado espontáneo de todas las cosas nos convierte en una variable
más del sistema. Por lo mismo, nuestra comprensión de la naturaleza depende de la forma
5
en que la interpretamos y representamos. Por esto, la vinculación entre todos los
productos del intelecto humano es real, aunque nos resulte extraña. A continuación se
intenta ilustrar estas ideas con un ejemplo concreto: las figuras de Escher.
Figura 4: Mancha que deja el café vertido sobre una hoja de papel después de
secarse.
“El trabajo comienza con la búsqueda de una forma visual capaz de
traducir del modo más claro posible un determinado pensamiento. A
pesar de todos nuestros esfuerzos, nunca conseguimos realizar a la
perfección aquello que concebimos. Después de una larga serie de
intentos, vertemos al fin, más o menos resignados, el hermoso sueño
en la insuficiente forma de un esbozo detallado.”
M. C. Escher
Con frecuencia resulta que las teorías que diseña un matemático en la comodidad de su
oficina coinciden con la manera en que las variables físicas se combinan en un fenómeno
observado en el excitante interior de un laboratorio, a miles de kilómetros y a décadas de
distancia. Probablemente esto se deba a que la imaginación, cuando se sujeta a reglas de
congruencia lógica, es severamente limitada por la experiencia diaria. Es como si la
fantasía del matemático y los fenómenos físicos más variados tuvieran un origen común.
En este sentido, cuando Escher decidió pintar sujetándose a las reglas de la geometría,
heredó también los menes3 geométricos originales. Bajo esta óptica, tal vez no deba
sorprender la semejanza entre las figuras 1 y 2.
3
La idea de que nuestra cultura está sujeta a un proceso evolutivo, en el que a los paquetes de información
básica se les da el nombre de menes (en analogía con el papel que juegan los genes en la evolución
biológica), puede ser consultada en el libro “The selfish gene” de Richard Dawkins.
6
Figura 5: Cristal coloidal que resulta de una suspensión acuosa de esferitas de sílica
después de secarse4.
Hay muchas formas de distribuir a muchos objetos sobre una superficie de magnitud
comparable a la superficie conjunta de todos ellos. Si muchos son pequeños y sólo hay
unos cuantos grandes, el perfil más probable tiene a los objetos mayores en el centro y a
los menores en la periferia, pues hay más de los últimos y en el borde la superficie
disponible es mayor. Tal vez esto sea parte del origen de las formas capturadas en las
figuras 1 y 2, aunque no sepamos de momento el motivo de que su extensión haya sido
acotada, la primera por la naturaleza y la segunda por Escher mismo.
Más que el origen de la estructura del espacio, a Escher le ocupaba el problema de su
proyección en un plano. Siendo las proyecciones planas uno de los métodos visuales más
usados en el estudio del espacio tridimensional, resulta alarmante que sea tan deficiente.
La perfecta proyección de un cubo, por ejemplo, no siempre permite saber si lo vemos
desde arriba, o desde abajo. Una proyección puede incluso conducir a física falsa, como
el perpetuum mobile de la figura 3. Este violaría las leyes de la termodinámica, lo que me
recuerda que en 1775 la Academia de París resolvió en el sentido de nunca más tomar en
cuenta propuesta alguna sobre un perpetuum mobile. Una prueba más de que la ciencia es
obra de las personas y de que nuestra comprensión de la naturaleza depende de la forma
en que la interpretamos y representamos. Esto vincula a la ciencia con todas las
actividades culturales.
“La concepción científica de la realidad no es más que una ilusión.”
Theodore Roszak
Cuando el experimento de distribuir muchos objetos de diferentes tamaños se realiza en
condiciones ligeramente variadas, los resultados pueden ser sorprendentemente distintos.
Si en vez de una superficie se toma un volumen sobre la tierra, los objetos grandes suben
4
Tomado de la red. Al hacer una búsqueda bajo los términos “colloids”, “colloidal crystals” y otros
similares, se obtienen decenas de direcciones de sitios con una gran cantidad de información sobre materia
condensada blanda. Algunos de ellos contienen incluso cursos interactivos en línea para todos los niveles.
7
y los pequeños bajan. Esto explica que en las parcelas de siembra aparezcan piedras
nuevas todos los años. Si la superficie es mucho mayor que la de los objetos en conjunto,
los grandes se van a la periferia y los pequeños al centro, como ocurre en la mancha de
café de la figura 4. De esta manera, los objetos más numerosos tienen a su disposición la
mayor superficie posible, lo que da lugar a un mayor número de configuraciones. Una
forma alternativa de explicar este perfil es la siguiente: cuando las partículas grandes de
café se acercan tanto al borde de la mancha que en el espacio intermedio no hay lugar
suficiente para las pequeñas, se genera una descompensación de presiones osmóticas de
tal magnitud que las partículas pequeñas en el centro de la mancha empujan a las grandes
contra el borde y las obligan a permanecer ahí. Alternativamente, podría decirse, en
concordancia con Descartes, que las partículas grandes se pegan al borde como respuesta
al vacío parcial que se forma en el espacio intermedio.
Figura 6: Imagen de un coloidosoma2.
Así pues, tenemos tres explicaciones para el perfil de la mancha de café de la figura 4: la
realización de la configuración más probable, la descompensación de presiones osmóticas
y el aborrecimiento natural al vacío. ¿Cuál será la correcta? Los científicos
constantemente son confrontados con situaciones similares a esta, en las que debe
elegirse entre varias explicaciones. En este sentido, el primer paso es ver si las hipótesis
son capaces de explicar otros fenómenos conocidos. En nuestro ejemplo, el
aborrecimiento al vacío resulta ser una proyección engañosa a nuestra experiencia diaria
sobre la superficie de la tierra, pues contradice la existencia de los enormes vacíos
interestelares, además de que no permite hacer comparaciones cuantitativas. El segundo
paso es hacer predicciones y buscar su verificación experimental. En nuestro ejemplo, la
descompensación de presiones osmóticas falla cuando las partículas están cargadas o son
magnéticas. La hipótesis primera sigue siendo válida. Aunque al final sobreviva una sola
explicación, en realidad nunca se sabe cuándo se ha dicho la última palabra. Con
frecuencia resulta que la comprensión de resultados experimentales futuros requiere de
nuevas teorías. La ciencia está hecha de verdades inconclusas, a veces de verdades a
medias. Aunque posea metodologías rigurosas, en el fondo no es diferente a otras
manifestaciones culturales.
No obstante su limitación, en la ciencia, como en el arte o las humanidades, una verdad
inconclusa, o incluso una a medias, puede ser de enorme utilidad. Por ejemplo, las
8
mismas fuerzas que definen el perfil de la mancha de café de la figura 4 son la base que
sustenta el desarrollo de la ingeniería entrópica5, una disciplina técnica relativamente
nueva que hace uso de las estructuras generadas entre los objetos grandes de una mezcla,
cuando los objetos pequeños más numerosos se apropian del mayor espacio posible.
Entre sus aplicaciones, tal vez la más exitosa sea la cristalización inducida de proteínas,
lo que posteriormente permite determinar su estructura molecular por dispersión de rayos
X. Actualmente se investiga el diseño de superficies de potencial entrópico6, lo que
eventualmente permitiría la adsorción y estructuración dirigida de partículas coloidales
sobre un substrato, lo que a su vez podría servir de base para el desarrollo de circuitería
óptica, fundamental en el desarrollo de la fotónica7. En esta última, cristales coloidales
como el de la figura 5 son utilizados como base para crecer ópalos inversos que permiten
construir guías de ondas fotónicas. Por el momento no es posible saber en qué terminarán
estos esfuerzos, pero igualmente la pregunta es válida: ¿se le ocurre algún aspecto de la
vida diaria que en su caso no fuera afectado por la hipotética existencia de computadoras
que funcionen con luz?
Figura 7: Fotomontaje de una microemulsión doble de agua y líquido nemático2.
Hasta principios del siglo XX los científicos no se habían puesto de acuerdo sobre la
existencia de los átomos. La discusión terminó cuando Albert Einstein interpretó el
movimiento zigzagueante de un grano de polen suspendido en agua, según había sido
observado por el botánico Robert Brown, como el producto del golpeteo de las moléculas
del solvente. Igual que entonces, en la actualidad los coloides representan una gran
cantidad de interrogantes de carácter fundamental en ciencia básica. Son excelentes
sistemas modelo que permiten probar, por ejemplo, las teorías sobre los efectos
colectivos en la interacción entre partículas, o sobre la generación de memoria en
sistemas de muchos cuerpos8. También permiten observar con detalle la dinámica del
5
Se recomienda consultar el sitio de Seth Fraden de la Universidad de Brandeis. En este se discute sobre
ingeniería entrópica y cristalización de proteínas (http://www.bio.brandeis.edu/faculty01/fraden.html).
6
Ramón Castañeda Priego, Tesis de Doctorado, CINVESTAV-IPN (en proceso).
7
“Cristales fotónicos: semiconductores de luz” de Eli Yablonovitch, Scientific American Latinoamérica,
abril-mayo 2002. “On-chip natural assembly of silicon photonic bandgap crystals” de Yurii A. Vlasov et.
al., Nature 414, 289 (2001).
8
En el grupo de física estadística del Departamento de Física del CINVESTAV-IPN se desarrolla
actualmente un programa teórico extenso sobre los efectos colectivos en la interacción entre partículas
9
autoensamblado. Son excelentes modelos mesoscópicos de los sistemas microscópicos,
con la enorme ventaja de que en ellos los fenómenos ocurren a escalas de tiempo y
longitud tales que es posible darles seguimiento detallado con equipo sencillo, como un
microscopio óptico y una cámara de video comercial9. En general, podría decirse que las
leyes que describen el comportamiento de un sistema complejo son distintas a las que
describen a cada una de sus partes. Mientras que de las últimas se tiene una buena idea,
de las primeras se sabe muy poco. Los coloides son una excelente herramienta en su
investigación.
Los coloides poseen además un enorme potencial tecnológico. Su uso industrial ha sido
intenso y extenso desde la revolución industrial misma. En la actualidad, es común
encontrarlos en la industria metalúrgica, química, médica, farmacéutica, alimenticia,
ecológica, de pinturas, etc. Siempre se están encontrando e investigando nuevos usos. Las
figuras 6 y 7 por ejemplo están relacionadas con una aplicación que en el futuro podría
ser de enorme importancia en la vectorización y dosificación de medicamentos, así como
en terapia génica. Se trata del diseño de cápsulas biodegradables y de porosidad selectiva
que puedan depositar de forma controlada y dirigida su contenido en una región definida
del cuerpo humano.
La figura 6 muestra un coloidosoma; una estructura autoensamblada de partículas
coloidales. Su nombre proviene de su parecido con los liposomas, estructuras comunes en
biofísica formadas por membranas lípidas autoensambladas. Los coloidosomas pueden
formar estructuras huecas capaces de transportar algún otro material en su interior y
depositarlo de manera controlada en un medio determinado. La figura 7 muestra una
microemulsión doble de gotitas de agua en el interior de gotas mayores de un cristal
líquido nemático. Las gotitas de agua forman cadenas entrelazadas e insinúan vagamente
el transporte controlado de fracciones de ADN. Al hacer el experimento de donde se
tomó la imagen de la figura 7 sólo se observó una de las células. Sin embargo, el
experimentador, arrobado por el resultado, terminó cediendo a la tentación de hacer un
fotomontaje, replicándola varias veces2. Una prueba más de que la percepción estética es
uno de los motores que mueve a los científicos.
coloidales y sobre la generación de memoria en sistemas de muchos cuerpos
(http://www.fis.cinvestav.mx/).
9
El laboratorio de fluidos complejos del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí
es un excelente ejemplo de cómo hacer investigación experimental de frontera en materia condensada
blanda con equipo poco sofisticado (http://www.ifisica.uaslp.mx).
10
Figura 8: Imagen de un líquido nemático observado a través de polarizadores4.
Las figuras 8 y 9, en cambio, están relacionadas con una aplicación muy bien conocida:
las pantallas de cristal líquido. Estas muestran sendos líquidos nemáticos vistos a través
de polarizadores4. La luz que pasa a través de la suspensión es dispersada por las
partículas suspendidas. Como estas no son esféricas, dispersan en forma distinta en
distintas direcciones. En el caso de las figuras 8 y 9, la diferencia consiste en la
polarización de la luz. Cuando esta se ve a través de unos polarizadores, el resultado es
un patrón de diferentes tonalidades. Con ayuda de campos eléctricos externos estos
patrones pueden ser controlados en grado tal que incluso permiten la construcción de
pantallas de computadora. Estas a su vez posibilitan el acoplamiento visual que expande
las capacidades del cerebro al trabajar con un ordenador numérico.
Figura 9: Imagen de un líquido nemático observado a través de polarizadores4.
Son muchas las preguntas fundamentales involucradas en el estudio de los coloides, lo
mismo que sus usos. No es la intención de este artículo enfocar estos tópicos, ni en
extensión, ni con profundidad. Tan sólo pretende motivar al lector a apreciar la belleza de
las figuras mostradas. Puede hacerlo al nivel sensitivo, o aceptar la invitación a meditar
sobre su significado más profundo. Si esto le permite descubrir que la belleza de los
coloides es como la belleza de todas las cosas, entonces es muy probable que esté de
11
acuerdo en que la dicotomía intelectual de nuestra cultura carece de fundamento real.
Probablemente también coincida en que la comprensión de sus vínculos internos
representa un potencial enorme en nuestra capacidad para resolver problemas.
“A la naturaleza se le domina obedeciéndola.”
Francis Bacon
La tarea de construir vínculos culturales no es fácil. Requiere de grandes esfuerzos y de
romper con muchos fantasmas del pasado, muchos de los cuales son producto de la
tentación barroca, llámesele ideología, religión, México profundo, teoría de la
conspiración, o de cualquier otra manera. No basta, por ejemplo, con que un magistrado
sea capaz de disertar durante horas sobre la sabiduría que Benito Juárez vertió en su frase
“entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Además, es necesario saber, por ejemplo, cómo aplicar este principio en la
reglamentación de la transmisión de ondas electromagnéticas a través del espacio. En este
sentido, es imposible formular un código funcional si no se comprenden primero los
principios físicos del fenómeno, sus usos técnicos, sus implicaciones biológicas, sus
consecuencias en salud pública, sus efectos en la estética urbana, sus efectos en la
economía, sus consecuencias en el bienestar de las personas, etc., pero sobre todo la
necesidad de dedicarle tiempo y esfuerzo a su reglamentación. Sin el código se genera un
vacío legal que sustenta el caos y la corrupción, pues lo único seguro en este ejemplo es
que las ondas electromagnéticas seguirán siendo transmitidas. El país se colapsaría de no
ser así.
En las motivaciones para construir vínculos culturales, la lista de las necesidades
apremiantes es larga. No obstante, pareciera no haber gran disposición a aportar el
esfuerzo necesario, ni tan siquiera por quienes tienen la obligación legal de hacerlo.
¿Recuerdan al diputado argumentando en cadena nacional en el sentido de que el horario
de verano violaría las leyes de la física y de la biología? Puede haber muchas razones
para implementar, o no, el horario de verano, pero definitivamente no hay ninguna ley de
la física o de la biología de la que dicha medida sea violatoria. El error es demasiado
craso como para pensar que tenga su origen en la ignorancia, más bien faltó interés y
constancia. Alguien no hizo su trabajo. Ejemplos como este se repiten constantemente
cuando uno ojea el periódico en cualquiera de sus secciones. Los problemas sin embargo
no dejan de existir porque uno deje de pensar en ellos, o utilice el mejor de los métodos
de evasión política. ¿Cómo enfrentaremos los nuevos retos fundacionales, como la
globalización, la ingeniería genética y la distribución equitativa de la riqueza, entre otros?
De la respuesta que demos a esta pregunta depende nuestro futuro, y más nos vale que
sea compatible con la naturaleza de las cosas.
La falta de esfuerzo puede ser la razón para que muchas labores interdisciplinarias no
sean realizadas con la profundidad requerida para que las medidas tomadas sean las
correctas. Sin embargo, en muchos otros casos el motivo es, simple y sencillamente, que
12
se desconoce el vínculo real entre los distintos aspectos involucrados en la problemática.
Es como el caso de los campesinos que provocaron la muerte de muchos becerros cuando
aumentaron la cantidad de pasto disponible. Tenían grandes dificultades para alimentar al
ganado debido a que las liebres destruían los pastizales por las noches. Formaron grupos
de caza nocturnos y acabaron con miles de ellas. El pasto creció como nunca, pero los
becerros empezaron a morir. Ignoraron un vínculo que había permanecido latente, pero
que, con las medidas tomadas, había encontrado las condiciones para manifestarse: los
coyotes que antes se alimentaban de liebres y que ahora cazaban becerros. De igual
manera, nadie conoce, por ejemplo, todos los vínculos latentes en la globalización. Sólo
estudiándola con profundidad puede preverse anticipadamente y evitarse oportunamente
la acción de los coyotes.
Sólo se puede hablar de belleza y de coloides simultáneamente si se posee la convicción
de que las ciencias duras y las bellas artes son parte de lo mismo. Argumentar en este
sentido, y sobre la importancia de identificar y explorar los vínculos internos de nuestra
cultura, es el objetivo de este artículo. La elección de ejemplos ha sido severamente
condicionada por la especialidad del autor. Sin embargo, el lector podrá encontrar que los
ejemplos abundan en cualquiera de las disciplinas cultivadas por el intelecto humano,
como si todas las cosas tuvieran un origen común.
Se agradece el apoyo económico proporcionado por CONACYT a través del proyecto
para el desarrollo de campos nuevos, emergentes y rezagados (convocatoria 1998-1999)
“Materiales Biomoleculares” y del proyecto de investigación 33815-E.
13
Descargar