EPÍGRAFES DE SELECTIVIDAD 1) El empirismo de Locke y Hume

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EPÍGRAFES DE SELECTIVIDAD
1) El empirismo de Locke y Hume.
2) Hume: teoría del conocimiento.
3) Crítica de la idea de sustancia y de la causalidad.
4) Costumbre y creencia.
5) La moral.
1. EL EMPIRISMO DE LOCHE Y HUME.
La situación sociopolítica de Inglaterra en los siglos XVII y XVIII es absolutamente peculiar y
difiere del resto de Europa. En efecto, si en el continente prevalece el absolutismo, en Inglaterra
tiene lugar la revolución burguesa. Entre los años 1640-1650 se generaliza en toda Europa un
movimiento revolucionario contra la monarquía absoluta. En Londres, Ámsterdam, París,
Barcelona... la burguesía exige derechos individuales, abolición de los monopolios del Estado,
intervención del pueblo en la legislación... Pero sólo triunfó en esta época donde se le unió la
nobleza. En el año 1688 acontece la “Gloriosa revolución”: Jacobo II, que intentó restaurar el
catolicismo, tiene que huir porque whigs y tories han llamado al estatúder de Holanda,
Guillermo III de Orange. En adelante la monarquía será parlamentaria y constitucional,
consagrándose la supremacía del Parlamento (basado en la doctrina del contrato social, y no en
la monarquía de derecho divino), y proclamándose en 1689 la “Declaración de derechos”. En
resumen, el triunfo de la revolución supuso el reconocimiento de las libertades políticas,
religiosas y económicas. La clase más beneficiada fue la burguesía, así como la Iglesia anglicana.
Además, Inglaterra se convirtió en la primera potencia comercial y capitalista, y los teóricos del
liberalismo (Locke) y los científicos ingleses (Newton) fueron, finalmente, los inspiradores de la
Ilustración europea.
ü LA FILOSOFÍA MODERNA: EL EMPIRISMO
La Filosofía Moderna tiene sus comienzos en el siglo XV pero alcanza su máximo esplendor en
los siglos XVII y XVIII. De los autores oficiales del temario tres filósofos pertenecen a esta etapa:
René Descartes, David Hume, e Inmanuel Kant. Algunas de sus características básicas son:
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• Defensa de la autonomía de la razón. En efecto, mientras que en la Edad Media la filosofía
era un saber estrechamente vinculado a la religión, en los siglos siguientes la filosofía se separa
y desvincula de la religión y adquiere autonomía propia. Esto tiene al menos dos consecuencias:
a) que el ejercicio de la razón no sea coartado o regulado por ninguna instancia exterior y ajena
a ella misma, sea esta la tradición, la autoridad o la fe religiosa, y b) que la razón se convierte
en el tribunal supremo a quien corresponde juzgar lo verdadero y lo justo (filosofía teórica y
práctica)
• La ciencia como modelo del saber. El gran desarrollo que estaba teniendo la ciencia, lleva a
los filósofos a tomarla como modelo del saber. Los autores racionalistas tomarán como modelo
las matemáticas, y los empiristas, las ciencias naturales.
• La preocupación por el método. La cuestión del método aparece como una cuestión
primordial para todos los filósofos de la Modernidad. En efecto, si la razón se extravía o no rinde
lo suficiente no es por incapacidad natural, sino por no haber encontrado y puesto en práctica
el método adecuado a la propia razón. En ésta época se formulan o reelaboran los principales
métodos científicos: el método deductivo, el inductivo y el hipotético-deductivo.
• Racionalismo y empirismo. Dentro de la Filosofía Moderna nos vamos a encontrar con dos
corrientes filosóficas que van a fundamentar la filosofía en principios contrapuestos:
racionalismo y empirismo. La característica principal de la filosofía de Hume es el ser una
filosofía empirista. De la misma manera que a René Descartes hay que incluirlo dentro de esa
corriente filosófica denominada Racionalismo, a Hume hay que incluirlo dentro de una corriente
o tendencia filosófica denominada Empirismo (cuyos antecedentes se encuentran ya en
Aristóteles) y en la que también se incluyen filósofos como John Locke (1632-1704) y George
Berkeley (1685-1753). El empirismo es una corriente que se desarrolla principalmente en Gran
Bretaña como reacción al racionalismo y cuyas características principales son:
SENTIDOS
IMAGINACIÓN
RAZÓN
a) La experiencia es la fuente básica de conocimiento. Por experiencia entienden los
empiristas, en primer lugar, la información proporcionada por los sentidos acerca de lo que
hay en la realidad circundante (lo que ellos llaman experiencia externa, pues los sentidos
nos informan de la realidad externa al sujeto), y, en segundo lugar, la información que el
sujeto tiene de lo que ocurre en su interior: emociones, sentimientos, deseos, pasiones, etc.
(lo que ellos llaman experiencia interna pues informa de lo que el sujeto siente y vive en su
interior). La postura empirista se resume en la siguiente frase: nada hay en la mente que no
provenga de la experiencia. Admitir que la experiencia es la fuente básica de conocimiento
conlleva dos consecuencias:
- La confianza en los sentidos como órganos y fuente de conocimiento. Mientras que los
Racionalistas, entre ellos Descartes, desconfiaron de los sentidos como fuente de conocimiento
pues constituían una vía poco fiable, confusa e insegura, los empiristas sostienen que los
sentidos son las ventanas por las que entra en la mente o entendimiento gran cantidad de
información fiable acerca de lo que hay en la realidad exterior a la mente.
- El límite del conocimiento humano lo establece la experiencia. Esto significa que nada
podemos conocer con certeza y con garantía de verdad acerca de temas, cuestiones o asuntos
relacionados con realidades de las que no tenemos experiencia directa.
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b) Primacía de los métodos experimentales (inductivo e hipotético-deductivo) como
instrumentos para conducir adecuadamente nuestras investigaciones en la búsqueda de la
verdad.
c) Negación de la existencia en la mente de ideas innatas. Mientras que para los Racionalistas
la razón o mente es una razón capaz de descubrir y elaborar por sí misma ciertas ideas (las
llamadas ideas innatas, como, por ejemplo, la idea de Dios), el Empirismo rechaza esta
posibilidad. La mente es, para ellos, algo así como una tabula rasa, un papel en blanco en el
que no hay nada escrito antes del contacto con la experiencia. Es a través de la experiencia
(externa e interna) como, poco a poco, la mente se va llenando y poblando de ideas. Por utilizar
la metáfora que usa Locke, la mente, antes del contacto con la experiencia, es una habitación
sin amueblar; es gracias a la experiencia como el propietario (el sujeto) de dicha habitación (la
mente) va adquiriendo los muebles (las ideas.
RACIONALISMO
1) La facultad que nos ofrece un
conocimiento seguro es la razón. Los
sentidos nos engañan.
2) Existen ideas innatas en la mente.
3) Defensa del método deductivo.
4) Autores: Platón, Descartes…
EMPIRISMO
1) El origen y límite del conocimiento
está en los sentidos. La razón
relaciona las sensaciones entre sí.
2) La mente es una tabula rasa.
3) Defensa del método inductivo.
4) Autores: Hume, Locke.
ü DAVID HUME: DATOS BIOGRÁFICOS ESENCIALES Y OBRAS.
David Hume nació en Edimburgo (Escocia) en 1711. Aunque comenzó a estudiar la carrera de
Derecho, la abandonó para dedicarse a sus tres pasiones: la literatura, la historia y la filosofía.
Por sus ideas (sobre todo de tipo religioso) siempre resultó un personaje bastante incómodo
desde el punto de vista intelectual (fue acusado de ateísmo y de negar la inmortalidad del alma).
Hume se vio obligado a desempeñar diferentes trabajos para ganarse la vida: preceptor privado,
bibliotecario, secretario de la Embajada de Inglaterra en Francia (ejerciendo este cargo conoció
en París a los grandes filósofos franceses de la época: Diderot, D’alembert, Rousseau), y
diplomático del Ministerio inglés de Asuntos Exteriores. Murió en Edimburgo en 1776.
Su primera obra se titula Tratado sobre la Naturaleza Humana, y apareció en 1739. El fracaso
fue rotundo. Esta mala acogida se debió a que el escaso público que la leyó no entendió su
contenido. Para remediar este problema y suscitar el interés por la obra, publicó en 1740 de
manera anónima un pequeño folleto titulado Compendio de un libro recientemente publicado
titulado Tratado de la Naturaleza Humana, donde los principales argumentos de este libro se
muestran y explican, más conocido como Resumen del Tratado de la Naturaleza Humana o
simplemente Compendio. En el prefacio (introducción) de este folleto Hume explica cuáles son
sus intenciones al escribirlo: hacer más inteligible a las capacidades ordinarias (el pueblo) una
obra extensa (Tratado...) por el procedimiento de abreviarla y posibilitar que su contenido sea
juzgado por el gran público (pueblo) y no sólo por los eruditos. También en este prefacio Hume
señala las causas por las que el Tratado tuvo poco éxito: la extensión de la obra y el carácter
abstracto del contenido.
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La mala acogida del Tratado y el interés de Hume por hacer que su contenido fuese conocido
incluso por aquellos que no eran especialistas en filosofía hicieron que Hume refundiera la obra.
Aparecieron, así, otras dos grandes obras de Hume: Investigación sobre el conocimiento humano,
publicada en 1748, e Investigación sobre los principios de la moral, publicada en 1752. Otras
obras de Hume son: Diálogos sobre la Religión Natural; Historia Natural de la Religión; Ensayos
Políticos.
2. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
El propósito filosófico principal de David Hume es elaborar una “ciencia filosófica del hombre”
que tenga el mismo grado de exactitud y rigor que el que tienen las ciencias naturales, en
concreto la física newtoniana. Esta “ciencia filosófica del hombre” incluye cuatro disciplinas o
ramas, Lógica, Ética, Filosofía Política, y Estética, cada una con su propio objeto de estudio.
•
Lógica o Teoría del Conocimiento. Objeto de estudio: Explicación de los elementos
básicos y operaciones del conocimiento humano.
•
Ética o Filosofía Moral. Objeto de estudio: Explicación de los juicios acerca de la bondad o
maldad de las acciones humanas.
•
Filosofía Política. Objeto de estudio: Explicación del origen de la sociabilidad humana.
•
Estética o Crítica de las Artes y Letras. Objeto de estudio: Explicación de los juicios
acerca de la belleza artística.
El análisis empirista de la naturaleza humana ha de comenzar por un estudio del conocimiento
humano. Este estudio del conocimiento humano ha de prestar especial atención a dos cosas
relacionadas con la facultad mediante la cual conocemos (el entendimiento o mente): los
contenidos del entendimiento y las operaciones que el entendimiento puede realizar con esos
contenidos.
ü LAS PERCEPCIONES: IMPRESIONES E IDEAS
A los contenidos del entendimiento Hume los llama percepciones. El origen de estas
percepciones se encuentra en la experiencia, ya sea externa (información de los sentidos sobre la
realidad exterior a la mente: colores, formas...) ya sea interna (información sobre pasiones,
deseos, sentimientos...)
Ahora bien, no todas las percepciones son de la misma clase. De hecho, se puede hablar de dos
clases de percepciones: impresiones e ideas. El criterio de clasificación es el grado de vivacidad,
fuerza o intensidad que presentan las percepciones en la mente o entendimiento.
a) Impresiones: son percepciones vivas, fuertes e intensas; el grado de vivacidad e intensidad es
muy alto. Por ejemplo, la impresión de color rojo cuando estoy viendo una cosa roja o la
impresión de alegría cuando el sujeto conoce una buena noticia.
b) Ideas: son percepciones tenues o débiles; el grado de vivacidad, fuerza o intensidad es
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menor que en las impresiones. Son algo así como las copias o las huellas que dejan las
impresiones en nuestra mente; en este sentido, las impresiones son algo así como las
imágenes debilitadas de las impresiones. Por ejemplo, cuando mi mente piensa en el color
rojo cuando no estoy teniendo ninguna impresión de ninguna cosa roja, lo que hay en la
mente en ese momento es la idea de color rojo. Acerca de las ideas Hume hace las siguientes
observaciones:
•
El principio de la copia
Este principio gnoseológico afirma que todas las ideas que hay en la mente son copias derivadas
de las impresiones y que, por tanto, las impresiones son siempre anteriores (prioridad) a las
ideas. Este principio de la copia implica dos cosas:
☺ La negación de la existencia en la mente de ideas innatas
Los filósofos racionalistas consideraban que en la mente hay ideas innatas. Se trata de ideas
formadas directamente por la mente sin recurrir a ningún dato de experiencia.
Según Hume, para que en la mente haya una determinada idea es preciso experimentar
previamente la impresión correspondiente, y el origen de las impresiones es siempre la
experiencia, sea externa o interna. Por tanto, no tiene sentido hablar de la existencia de ideas
innatas en nuestra mente. Ahora bien, esto no significa que no haya nada innato en la mente
humana pues ciertas impresiones referidas a pasiones (como, por ejemplo, el amor a la virtud o
el resentimiento) son tendencias naturales e innatas de la naturaleza humana.
☺ Las impresiones como criterio para establecer la veracidad de una idea
Para saber si una determinada idea que se encuentra en nuestra mente es verdadera basta con
buscar la impresión que la ha originado, es decir, la impresión de la que se deriva y es copia esa
idea.
Si la búsqueda tiene éxito y logramos encontrar la impresión de la que deriva estaremos ante una
idea verdadera; si no es así, estaremos ante una idea falsa o ficticia (una ficción), y en este caso
lo mejor que podemos hacer es echarla de nuestra mente porque lo único que nos puede
producir es confusión y engaño.
•
Principios de Asociación de Ideas.
La mente o entendimiento, haciendo uso de la facultad de la imaginación, puede combinar unas
ideas con otras a su antojo, es decir, de un modo caprichoso y arbitrario (la mente puede
combinar, por ejemplo, la idea caballo con la idea hombre e inventa así la idea centauro). Pero
también ocurre que entre ciertas ideas hay una especie de lazo secreto que hace que de manera
involuntaria y automática, la mente las conecte y una entre sí. Como consecuencia de esta
conexión de ideas, la presencia en nuestra mente de una idea trae consigo (evoca) la aparición de
otra u otras ideas. Es a esto a lo que Hume denomina principio de la asociación de las ideas.
A propósito del principio de asociación de las ideas
Si comparamos el proceso de construcción de una casa con el proceso de elaboración del
conocimiento, hemos de decir que los datos de la experiencia son los ladrillos y el principio
de asociación de las ideas el cemento que permite unir y enlazar unos ladrillos con otros y
levantar, de esta manera, el edificio del conocimiento humano.
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Este principio de asociación de las ideas de nuestra mente se basa en tres leyes:
a) La ley de la semejanza: una idea se asocia de manera natural y espontánea con aquella
idea o ideas con las que presenta un parecido o semejanza, de una manera muy parecida a
como un retrato se asocia con la persona representada en él. La existencia de esta ley de
asociación de ideas explica el que la mente tienda a pensar que objetos semejantes tienen
propiedades, características o capacidades similares. Esta ley explica, por ejemplo, que la
mente tienda a pensar que todos los hombres son mortales o que todos los metales se dilatan
con el calor.
b) La ley de la proximidad o contigüidad espacio-temporal: la mente tiende a asociar de
manera natural y espontánea lo próximo en el espacio y en el tiempo. Por ejemplo: si se nos
menciona a Burgos asociamos este núcleo urbano con el río Arlanzón, dada la proximidad
espacial entre un lugar y otro (contigüidad espacial); suena el timbre a determinada hora (las
once y diez) y lo asociamos con el recreo por la proximidad temporal entre un hecho y otro
(contigüidad temporal); el final de una canción de un CD evoca el comienzo de la canción
siguiente.
c) La ley de la causalidad o relación causa-efecto: esta ley nos dice que tras la observación
de la existencia de una proximidad espacial entre dos hechos, de su sucesión en el tiempo y
de la reiterada repetición de esas relaciones entre ambos, se crea en nuestra mente la
predisposición a evocar la idea del segundo (al que consideramos hecho - efecto) si está
presente la idea del primero (al que consideramos hecho – causa.) Por ejemplo, la idea de ir
al dentista se asocia de manera automática con la idea de sentir dolor; la idea de tiempo
nublado con la idea de lluvia.
SUJETO
REPRESENTACIÓN
(Percepciones)
REALIDAD
Impresiones
(Principio de copia)
Ideas
Asociación libre de ideas (IMAGINACIÓN)
Asociación automática
Semejanza
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Contigüidad
Causa-efecto
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ü LOS RAZONAMIENTOS
Según Hume, hay dos tipos de conocimiento: relaciones entre ideas, y cuestiones de hecho.
ü Relaciones entre ideas
Es un tipo de conocimiento en el que la mente establece relaciones deductivas y lógicas entre
ideas que se implican necesariamente. Por ejemplo, cuando decimos que “los alumnos del
I.E.S. Zeta están matriculados” estamos estableciendo una relación lógica entre dos ideas (la
idea de “ser alumno del I.E.S. Z” y la idea de “estar matriculado”) que se implican
necesariamente en el sentido de que en el sujeto de la proposición “alumnos del I.E.S. Zeta”
está implícito de modo necesario lo que se dice en el predicado “estar matriculados”. Las
características de este tipo de conocimiento son:
•
El proceso mental mediante el cual la mente establece este tipo de relaciones se denomina
“demostración” pues lo que hace la mente es “mostrar” en el predicado de la proposición
algo que ya está contenido (aunque de forma implícita) en el sujeto de la proposición.
•
El fundamento de estos procesos demostrativos es el “principio de no contradicción”. Dicho
principio establece que es imposible concebir lo contrario a lo que establece una relación
correcta entre ideas, pues ello implicaría una contradicción, y lo que implica una
contradicción no puede concebirse. Así, por ejemplo, la proposición “los alumnos del I.E.S
Zeta no están matriculados”” es contradictoria en sí misma, y, por tanto, absurda e
inconcebible.
•
Las proposiciones o afirmaciones de este tipo de conocimiento son siempre verdaderas,
ciertas, seguras, exactas e indiscutibles.
•
Este tipo de conocimiento es el que encontramos en las matemáticas y en la lógica. Por
ejemplo, “Sumar tres veces cinco es igual a la mitad de treinta” o “Todos los hombres son
mortales y Sócrates es hombre, por tanto, Sócrates es mortal”.
ü Cuestiones de hecho
Es un tipo de conocimiento en el que la mente construye proposiciones en las que se hace
referencia a hechos que han ocurrido (hechos pasados), ocurren (hechos presentes) o ocurrirán
(hechos futuros) en la realidad. Por ejemplo, las proposiciones “Las mujeres españolas del siglo
XIX no tenían derecho al voto”; “Los alumnos del I.E.S. Zeta son estudiosos” y “El Sol saldrá
mañana” son cuestiones de hecho. Las características de este tipo de conocimiento son las
siguientes:
•
El fundamento de la formación de este tipo de proposiciones es la experiencia y el principio
de causalidad. En estas proposiciones la información que se da a través del predicado no está
contenida implícitamente en el sujeto de la proposición, y, en consecuencia, es preciso
recurrir a la experiencia para poder afirmar lo que dice la proposición.
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•
Las cuestiones de hecho son proposiciones cuya verdad es contingente. Que su verdad es
contingente significa que lo que se dice en la proposición podía haber sido de otra manera y
ello no supondría incurrir en ninguna contradicción.
•
Las proposiciones de cuestiones de hecho son las proposiciones que encontramos en las
llamadas ciencias empíricas o factuales, especialmente en las ciencias naturales. Por
ejemplo, “El agua hierve a 100 grados”; “Los metales se dilatan con el calor”.
3. ANÁLISIS CRÍTICO DE LA IDEA DE CAUSALIDAD: COSTUMBRES Y CREENCIAS.
ü Concepción tradicional de la causalidad
La tesis tradicional respecto de la causalidad se puede resumir en la siguiente afirmación: Dados
dos hechos, A y B, A es causa de B cuando dado A se produce necesariamente B. Esto supone que
dado A, y antes de que se produzca B, la mente es capaz de predecir con seguridad y certeza
que B se va a producir. Es decir, la concepción tradicional de la causalidad es la de una relación
o conexión necesaria entre hechos. Así, por ejemplo, decimos que el fuego es la causa de que
el agua se caliente y que la lluvia es la causa de que las cosas se mojen y que necesariamente
tiene que ser así. Que la relación o conexión entre los hechos es necesaria quiere decir que la
presencia del hecho–causa provoca inevitablemente, en virtud algún poder, fuerza o energía
presente en la causa, el hecho–efecto.
El ejemplo humeano de las bolas de billar. Vemos una bola de billar en movimiento que se
acerca a otra bola de billar que está en reposo y choca con ella, y vemos, a continuación, que la
bola de billar que estaba estática se pone en movimiento. En este ejemplo, hay dos hechos: un
hecho o suceso al que consideramos hecho-causa (impacto de la bola de billar en movimiento con
la bola de billar en reposo) y un hecho-efecto (puesta en movimiento de la segunda bola de
billar). Decimos, incluso, que entre esos dos hechos existe una conexión necesaria, de tal manera
que si se da el hecho -causa necesariamente tendrá lugar el hecho - efecto.
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ü La crítica de Hume del principio de causalidad
Desde su enfoque empirista del conocimiento humano, Hume pretende poner en cuestión la
existencia de relaciones causales entre hechos de la realidad. Aunque estemos firmemente
convencidos de la existencia de relaciones de causa y efecto entre diferentes hechos o sucesos
que ocurren en el mundo, según Hume no tenemos información empírica alguna que permita
afirmar que las conexiones necesarias causales entre hechos existen. Las únicas conexiones
necesarias que existen son las que se dan en las relaciones entre ideas ya que una idea puede
llevarnos necesariamente a otra, por ejemplo, la idea de triángulo nos lleva a la idea de que
necesariamente se trata de una figura de tres lados o que la suma de sus ángulos es igual a 18º
grados. Pero cuando hablamos de hechos la cosa cambia.
Según Hume, carecemos de base empírica acerca de esa conexión necesaria entre hechos que
permita decir que un hecho es causa necesaria de la existencia de otro hecho; es decir,
carecemos de la impresión de la que se pueda derivar la idea de conexión necesaria entre
dos hechos. Ningún hecho nos conduce necesariamente a otro hecho. Como dice Hume, Adán, el
primer hombre, y nada más salir de las manos de Dios y todavía sin ninguna experiencia de la
realidad, nunca podría haber descubierto que la fluidez y transparencia del agua le podía quitar
la sed y le podía ahogar, o que el fuego podía provocar quemaduras dolorosas.
Según Hume, cuando relacionamos causalmente dos hechos que ocurren en la realidad no
tenemos ninguna impresión o información empírica del poder o nexo causal entre los hechos;
solamente tenemos información empírica de tres cosas (pero de nada más):
a) Existencia de una contigüidad o proximidad espacial y temporal entre los hechos (el
hecho - causa y el hecho - efecto aparecen siempre juntos en el espacio y en el tiempo)
b) Existencia de una prioridad temporal del llamado hecho - causa respecto al llamado
hecho - efecto (la causa es siempre anterior al efecto)
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c) Existencia de una conjunción constante entre los dos hechos (la causa va acompañada del
mismo efecto; esta conjunción constante se puede comprobar si repetimos varias veces el
experimento, por ejemplo el experimento del choque de las bolas de billar)
ü La alternativa humeana al principio de causalidad: el hábito o costumbre y la creencia.
A pesar de que no hay ninguna base empírica que permita afirmar la existencia de una conexión
necesaria entre dos hechos, lo cierto es que la mente humana es capaz de predecir con
antelación el hecho que se va a producir cuando se da determinado hecho, por ejemplo, que si
pongo la mano en el fuego me quemaré, que si ponemos agua al fuego hervirá, o que el sol
saldrá mañana.
El único fundamento para este tipo de predicciones es el hábito o costumbre. El habituarse o
acostumbrarse a ver repetidas veces que entre dos determinados hechos se produce una sucesión
constante lleva a la mente a pensar que en el futuro va a darse esa misma sucesión. En efecto, es
el hábito el que nos lleva a esperar el hecho B siempre que aparece el hecho A. Así pues, más que
la razón, la costumbre es la guía de la vida humana y el fundamento de nuestras inferencias
causales y de nuestras expectativas respecto de los acontecimientos futuros. Así, por ejemplo, si
nos hemos habituado y acostumbrado a ver que el sol sale todas las mañanas daremos por hecho
que mañana también saldrá. Al pensar así, estamos presuponiendo también que “la naturaleza
es uniforme” y que lo que hemos visto en el pasado y en el presente se repetirá en el futuro.
Teniendo en cuenta que es el hábito o costumbre, así como la suposición de que la Naturaleza es
uniforme, es la base y fundamento de las predicciones que hace la mente respecto a futuros
hechos de experiencia, Hume llega a afirmar que en las cuestiones de hecho referidas a hechos
futuros nunca podremos tener la certeza y fiabilidad que se da en las relaciones entre ideas.
Según Hume nunca podremos tener la certeza plena de que a un hecho le va a suceder
inevitablemente otro hecho (por ejemplo, que si pongo agua al fuego se va a calentar); lo que sí
tenemos es una creencia (sentimiento muy vivo), producto del hábito y de la costumbre, gracias
a la cual estamos convencidos de que los hechos futuros serán como los hechos pasados y
presentes.
CUESTIONES DE HECHO: BASADAS EN LA RELACIÓN CAUSA Y EFECTO
Conexión necesaria
Contigüidad espacio-temporal
Prioridad en el tiempo
Conjunción constante
Aplicada a fenómenos pasados y presentes: no hay problema.
Aplicada a fenómenos futuros: creemos en ella por la costumbre.
4. ANÁLISIS CRÍTICO DE LA IDEA DE SUSTANCIA
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ü
El concepto de sustancia: un concepto clave de la tradición filosófica occidental
La idea de sustancia es una de las ideas más importantes de la tradición filosófica occidental.
Tradicionalmente, la sustancia había sido considerada como una realidad existente que se
caracteriza por poseer determinados atributos o cualidades.
La realidad de la sustancia se percibe con claridad en la estructura lingüística sujeto – predicado
de las proposiciones: el sujeto hace la función de la sustancia, y el predicado la de atributo. Así,
por ejemplo, cuando decimos que la “la rosa es roja” o que “yo estoy alegre”, estamos dando a
entender que “la rosa” es una sustancia que tiene como uno de sus atributos “el ser de color
rojo” , y que “yo” soy una sustancia que en determinados momentos se predica de ella que “está
triste”.
● Para Aristóteles dicho concepto se utilizaba para hacer referencia a las cosas singulares
compuestas de materia y forma.
● Descartes había hablado de la existencia de tres sustancias, cada una de ellas caracterizada
por un determinado atributo: la mente, alma o yo, cuyo atributo es el pensamiento; la materia,
cuyo atributo esencial es la extensión, y Dios, cuyo atributo es la perfección.
● En una línea similar a la cartesiana, el filósofo empirista del siglo XVII John Locke había
definido la sustancia como una especie de sustrato, sostén o soporte de todas las cualidades que
predicamos de ella, y establecía una distinción entre dos tipos de sustancia: la sustancia
material o materia, y la sustancia espiritual, alma o yo. Según él, de esas cualidades tenemos
experiencia, pero no de su soporte sustancial (se presupone su existencia pero resulta
incognoscible). Cuando alguien nos pide que digamos lo que vemos al mirar al frente, decimos
que vemos “una pared blanca”; hablando con rigor, sólo vemos “la blancura” pero presuponemos
que ese color es una cualidad de la sustancia material “pared”. Algo similar ocurre con la
sustancia espiritual, alma o yo: tenemos experiencia de sus cualidades anímicas (emociones,
pasiones, etc.) y presuponemos que estas cualidades pertenecen a un yo espiritual.
ü La crítica de Hume a la idea de sustancia
Según Hume, si todo nuestro conocimiento se reduce a datos de experiencia (impresiones de
sensación –color, olor, sabor, sonido...- e impresiones de reflexión –pasiones, emociones...-) no
tenemos ninguna base empírica ni para afirmar que existe una sustancia material ni para
afirmar que existe una sustancia espiritual.
Según Hume, no tenemos una impresión de la cual pueda derivarse esa idea que llamamos idea
de sustancia. Por tanto, hemos de desterrar del vocabulario filosófico y científico la palabra
sustancia pues solamente nos puede acarrear confusiones y equívocos: la sustancia es una ficción
y la palabra sustancia un mero nombre que no denota nada. Como vemos, el fundamento de la
crítica humeana a la idea de sustancia es el mismo que el de su crítica a la idea de causalidad:
ese fundamento es el principio de la copia y la tesis de que no está justificada ninguna idea a la
que no podamos encontrar la impresión correspondiente de la que se deriva.
Según Hume, lo que llamamos “sustancia material” (por ejemplo, un melocotón) no es más una
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colección o agrupamiento de impresiones a la que se asigna un nombre o término lingüístico (la
palabra “melocotón”) para recordar dicha colección y para señalar que ese conjunto de
impresiones aparece siempre de manera repetida. Dicho de otra manera, lo que nosotros
llamamos “melocotón” no es más que una suma de propiedades o cualidades percibidas, pero no
tenemos ningún derecho a afirmar que el melocotón es algo más que la colección de cualidades
que percibimos.
Por otra parte, según Hume, en lo relacionado con la llamada “sustancia espiritual”, alma o
yo”, Hume afirma que no tenemos base empírica para afirmar que el alma o yo sea una realidad
permanente que está por debajo de todos los fenómenos mentales, sentimientos, emociones,
actuando como una especie de sustrato o soporte cuya esencia o atributo sea el pensamiento o
consciencia. Según Hume, podemos tener una impresión de lo que es pensar, reír, llorar,
padecer, etc., es decir, podemos tener experiencia de una sucesión de impresiones sobre lo que
pasa en nuestro interior, pero no de un yo constante e invariable que tenga esas emociones y
sentimientos. Lo que, según Hume, llamamos alma o yo, invariable e idéntico durante toda
nuestra vida (en efecto, nosotros nos sentimos que somos uno y que somos los mismos a lo largo
del tiempo: identidad personal), no es más que “un producto de la memoria”: en la mente o
entendimiento se suceden constantemente unas a otras muchas impresiones e ideas referidas al
ámbito de nuestra interioridad, y el recuerdo de esa sucesión es lo que nos hace pensar que
tenemos un yo invariable e idéntico.
ü El fenomenismo escéptico de David Hume
El carácter empirista de la filosofía de Hume desemboca en el fenomenismo y en el
escepticismo.
- Desemboca, en primer lugar, en el fenomenismo (palabra derivada de “fenómeno” que
significa “lo que aparece”, “lo que se muestra”) porque para Hume el conocimiento de la
realidad se reduce a aquello de lo que tenemos una percepción en nuestra mente. Esto significa
que la mente no puede conocer la realidad tal y como es en sí misma sino la realidad tal y como
se nos muestra en los datos de experiencia (percepciones) que tenemos de ella. La crítica que
Hume hace de la idea de causalidad y de la idea de sustancia es una consecuencia de esta
postura fenomenista.
- Desemboca, en segundo lugar, en el escepticismo. Hume afirma que reducir el conocimiento
exclusivamente a los datos de experiencia y sostener que en muchas de nuestras afirmaciones
sólo cabe una creencia producto del hábito desemboca en el escepticismo ya que acerca de
muchas cuestiones nunca podremos tener una certeza racional absoluta, por ejemplo, acerca de
si existe algo cuando no lo percibimos o si va a ocurrir algo de lo que todavía no tenemos
experiencia (por ejemplo que mañana va a salir el sol). Ahora bien, no se trata de un
escepticismo absoluto o riguroso (también llamado “escepticismo pirrónico” porque fue el
filósofo griego Pirrón uno de sus defensores) sino más bien un escepticismo moderado pues el
hombre dispone de un instinto natural (equivalente a lo que sería algo así como el sentido
común) que hace que nuestra mente crea que algo sigue existiendo aunque dejemos de percibirlo
o que considere como cierto y seguro aquello que solamente es probable. Esto es lo que nos
quiere decir Hume cuando afirma que la filosofía [empirista] haría de todos nosotros unos
pirronianos (unos escépticos radicales y absolutos) si la naturaleza no fuera demasiado fuerte
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para impedirlo.
5. ÉTICA HUMEANA: EL EMOTIVISMO MORAL
La moral es un asunto que nos interesa por encima de todos los demás, dice Hume. La razón de
esta importancia concedida a la moral está en que la moral trata de las acciones humanas en
cuanto que son buenas o malas. De ella se ocupa la Ética, la cual debe ser considerada una
ciencia al igual que las matemáticas o la física.
La ética se ocupa de los juicios que hacemos acerca de la bondad y maldad de las acciones
humanas. Decimos, por ejemplo, que robar es una acción moralmente mala, y dar limosna,
moralmente buena. Ahora bien, ¿cómo podemos saber qué es lo bueno y qué es lo malo desde
el punto de vista moral? Esta pregunta es la pregunta por la fundamentación de los juicios
morales. No es una pregunta nueva sino uno de los interrogantes eternos de la Ética. Lo que sí es
innovador es la respuesta que da Hume a la pregunta.
Antes de Hume, la mayoría de los filósofos reconocían que la razón o intelecto era la facultad
que permitía a los hombres saber qué es lo bueno y qué es lo malo (Platón, Aristóteles, Tomás de
Aquino). Un ejemplo claro de este planteamiento era el intelectualismo socrático: el que hace
una acción mala es simplemente un ignorante que no ha hecho uso de la razón y, en
consecuencia, desconoce lo qué es bueno. Este punto de vista es conocido como racionalismo
moral.
El punto de vista de Hume es completamente distinto; es, más bien, un punto de vista que critica
el racionalismo moral. Según Hume, si hacemos uso de la razón jamás encontraremos en una
acción, por ejemplo, un asesinato, algo que nos permita decir que es una acción mala y que, por
tanto, no debe realizarse. Ahora bien, ocurre que las acciones despiertan en los sujetos
emociones o sentimientos de aceptación o rechazo. Es en estos sentimientos donde se
fundamentan los juicios morales. El que una acción sea buena o mala depende de las emociones
que despiertan o suscitan en nosotros. Sentimos sentimientos de placer o satisfacción ante una
acción buena y malestar o dolor ante una mala, y de esta manera la aprobamos o la rechazamos.
Lo que es bueno o malo moralmente no es, por tanto, algo que "se razona" previamente sino algo
que "se siente". En definitiva, frente al intelectualismo o racionalismo moral clásico, el
emotivismo moral humeano.
“La razón es, y únicamente debe ser, esclava de las pasiones y no puede reivindicar
en ningún caso una función distinta de la de servir y obedecer a éstas.”
Un sentimiento de gran relevancia moral es el de la simpatía, es decir, la capacidad para
“padecer con”, para alegrarnos con los éxitos de los demás y entristecernos con sus fracasos.
Gracias a este sentimiento la vida de los demás no nos resulta indiferente.
Finalmente, conviene hacer una breve referencia al tema de la libertad, más concretamente a la
cuestión de si somos libres o no al obrar. De la libertad habla en los párrafos 32 y 33 del
Compendio. Hume mantiene una posición ambigua: por un lado, afirma que los actos humanos
están determinados solamente por nuestra voluntad; nada ajeno a la voluntad interviene a la
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hora de actuar. Por tanto, en este sentido, se puede decir que somos libres pues actuamos
movidos por "nuestra voluntad". Pero, por otro lado, Hume señala que al actuar siempre hay una
causa, un motivo; hay motivos que determinan constantemente a nuestra voluntad a obrar en
una dirección o en otra; de esto, cabe inferir que no somos libres; hay una falta de libertad en el
momento de actuar ya que cuando hacemos algo nuestra voluntad está determinada por algún
motivo.
6. OTRAS REFLEXIONES.
ü Relación del ser humano con otras especies.
“ Si hubiese una especie de criaturas mezcladas con hombres, que a pesar de ser racionales
tuviesen una fuerza tan inferior, tanto corporal como espiritual, que ante la menor provocación
fueran incapaces de toda resistencia y no pudiesen hacernos sentir en absoluto los efectos de su
resentimiento, creo que la consecuencia necesaria consiste en que, según las leyes de la
humanidad, vendríamos obligados a tratar gentilmente a estas criaturas; si bien, hablando
con propiedad, no estaríamos constreñidos por la justicia en relación con ellas, ni ellas poseerían
ningún derecho o propiedad, exclusivos de tales arbitrarios señores... Esta es, obviamente, la
situación de los hombres en relación con los animales; pero dejo que otros determinen en qué
medida se puede decir que estos tienen razón. La gran superioridad de la Europa civilizada sobre
los bárbaros indios, nos tentó para que nos imaginásemos en una situación análoga respecto a
ellos, y nos hizo prescindir de todas las restricciones de justicia, e incluso humanitarias, en
nuestro trato con ellos. En muchas naciones el sexo femenino se encuentra reducido
prácticamente a esclavitud, y se le incapacita para cualquier derecho de propiedad, en oposición
a sus señoriales amos”. HUME, Una investigación sobre los principios de la moral.
ü Relaciones entre hombre y mujer.
“Pero para ser justo, y repartir la culpa de un modo más equitativo, tengo que admitir que es por
culpa de nuestro sexo el que a las mujeres les guste tanto el mando. Si no abusáramos de nuestra
autoridad, no pensarían que valía la pena el disputarla. Sabemos que los tiranos producen
rebeldes, y toda la historia nos informa que los rebeldes, cuando prevalecen, son aptos para
llegar a ser tiranos en su momento. Por esta razón desearía que no hubiera pretensiones de
autoridad en ningún lado, sino que todo fuera llevado en perfecta igualdad, como entre dos
miembros iguales del mismo cuerpo”. HUME, Ensayos sobre Moral, Política y Literatura, “ Del
amor y del matrimonio”.
7. VALORACIÓN
Como hemos señalado el programa filosófico de Hume consiste en la sistematización de todas las
ciencias, teniendo como base el estudio de la Naturaleza Humana, desde unos presupuestos
empiristas, que llevados hasta sus últimas consecuencias, le van a conducir al escepticismo.
Hume es un autor atípico en relación con su época, y también con la corriente empirista. Por
una parte como pensador empirista extrae de los principios característicos de esta corriente
filosófica, consecuencias que no habían extraído otros autores, lo cual le lleva a criticar el
principio de causalidad, la idea de sustancia y de alma, y a poner en entredicho la misma
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existencia de la realidad exterior. De ahí, que como resultado de sus reflexiones adopte un
escepticismo, aunque moderado por la costumbre y la creencia, que no casa bien con el
optimismo de la época en materia de conocimiento.
Por otra parte, a pesar de ser un autor ilustrado (el siglo de las luces, de la razón) concede una
gran importancia al sentimiento, ya que juega un papel fundamental en la creencia que nos da
la certeza de que los acontecimientos futuros ocurrirán como habían sucedido en el pasado.
Además, no fundamenta la moralidad en la racionalidad humana, sino en el sentimiento,
llegando a decir que “La razón es, y únicamente debe ser, esclava de las pasiones y no puede
reivindicar en ningún caso una función distinta de la de servir y obedecer a éstas.”
8. RELACIÓN DE DAVID HUME CON OTROS FILÓSOFOS
TOMÁS DE AQUINO: Hume pone en cuestión la validez de las vías tomistas para la demostración
de la existencia de Dios ya que éstas utilizan como fundamento la validez del principio de
causalidad (recordemos que en la estructura de las vías tomistas la segunda parte consistía en la
aplicación del principio de causalidad al hecho del que se parte) y según Hume no tenemos base
empírica alguna para afirmar que en la realidad haya relaciones causales que permitan afirmar
que un hecho es inevitablemente efecto de la existencia de una causa (su crítica al principio de
causalidad choca con la aceptación del mismo por parte de la mayoría de los filósofos anteriores
a él como un principio natural y objetivo. Kant admitirá también su existencia, pero como un
concepto a priori del entendimiento). Además de todo esto, Hume estaba en contra de la
terminología filosófica tomista, compuesta en gran parte de conceptos metafísicos y abstractos
con escasa o nula base empírica.
Como comentario final en relación con el tema de la demostración de la existencia de Dios, cabe
decir que David Hume trató con cierto detalle en su obra Diálogos sobre la Religión Natural la
cuestión de la existencia de Dios y su posible demostración racional y defendió una posición
agnóstica: el ser humano es incapaz de demostrar la existencia de Dios pero también es incapaz
de demostrar su no existencia.
DESCARTES: CORRIENTE RACIONALISTA. Debido a su defensa de unos principios empiristas
Hume se sitúa en las antípodas de la filosofía platónica, y aunque está más cerca de la posición
de Aristóteles, éste no acabó defendiendo las posiciones escéptica y fenomenista de Hume.
Hume y Descartes son dos importantes representantes de la filosofía moderna y comparten,
como señalamos más arriba, la defensa de la autonomía de la razón, la valoración de las ciencias
como modelos para la filosofía (para Descartes, las matemáticas; para Hume, las ciencias
empíricas) y su preocupación por el método filosófico y científico.
Tanto Descartes como Hume coinciden en que nuestro conocimiento es un conocimiento de
ideas (idealismo), es decir, de lo que la realidad nos muestra en nuestra relación con ella. Para
Descartes, solo Dios nos garantiza la concordancia de nuestras ideas con la realidad, siempre que
hagamos un buen uso de nuestra razón. Hume, sin embargo señala que nos tenemos que aferrar a
la creencia para afirmar que nuestras impresiones se derivan de una realidad exterior.
El enfoque racionalista del conocimiento que tiene Descartes (desconfianza de los sentidos,
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sobrevaloración de la razón, existencia de conocimientos o ideas innatas en la razón...) es muy
distinto del enfoque empirista del conocimiento que tiene Hume. Éste admite que la
experiencia, tanto externa (información de los sentidos) como interna, es la base del
conocimiento humano y constituye una fuente fiable de conocimiento de la realidad; además,
para Hume, no hay ideas innatas en la mente ya que todas las ideas proceden de impresiones
(datos de experiencia); de hecho, para Hume, antes de toda experiencia, nuestra mente es un
papel en blanco.
Además, Hume discrepa con Descartes en el tratamiento del problema de la sustancia: para
Descartes existen tres sustancias (res cogitans, res extensa y res infinita) ya que la razón tiene
una idea representativa de cada una de ellas; para Hume no estamos justificados a hablar de la
existencia de sustancias pues no tenemos una impresión (dato de experiencia) de la que se pueda
derivar la idea de una sustancia, ya sea pensante, extensa o infinita.
KANT: La filosofía empirista de Hume tuvo una enorme influencia en la explicación kantiana del
conocimiento humano. La lectura de las obras de Hume sacó a Kant de su racionalismo
dogmático y le convenció de que el conocimiento humano siempre empieza por los datos de
experiencia, aunque el propio Kant estableció que en el proceso cognoscitivo humano intervienen
elementos trascendentales que no proceden de la experiencia sino que forman parte de la
estructura cognoscitiva humana y que son, en este sentido innatos, a priori, y entre las cuales se
encuentran los conceptos apriori de sustancia y causa.
Por otra parte, y esto es a lo que a nosotros más nos interesa, a pesar de la enorme influencia
que tuvo Hume en Kant, en el terreno de la ética Hume y Kant discrepan claramente. Kant
defiende una ética exclusivamente racional basada en la aplicación de una ley moral que la razón
humana descubre por sí misma (imperativo categórico), mientras que Hume defiende una ética
emotivista. En la defensa del emotivismo moral no solo se contrapondrá a Kant, sino a casi toda
la tradición anterior encuadrada en el racionalismo moral: el intelectualismo moral socrático, la
ética platónica, aristotélica y de Tomás de Aquino.
ORTEGA: Ortega critica el idealismo de los filósofos modernos (el primero de ellos fue Descartes,
pero también incluimos a Hume.) Estos idealistas modernos consideraron que la realidad
primordial y radical es la existencia del sujeto como sujeto pensante y que las cosas tienen
existencia en la medida en que son representadas por un sujeto. Ortega critica y supera el
idealismo proponiendo como realidad primordial y radical la vida entendida como coexistencia
del sujeto con las cosas.
9. TEXTOS HUME. COMPENDIO DEL TRATADO SOBRE LA NATURALEZA HUMANA
ü Datos acerca del Compendio: año de publicación, intenciones, estructura...
La obra Compendio del Tratado sobre la Naturaleza Humana fue publicada en 1740. Se trata de una obra
de juventud pues Hume tenía entonces 29 años. En ella hace una breve y clara exposición de algunas de
las principales tesis desarrolladas en la que fue su primera obra Tratado sobre la Naturaleza Humana. El
Compendio se compone de un prefacio o prólogo en el que el autor expone sus intenciones al escribir
este resumen (estas intenciones son las que antes han sido señaladas) y el resumen propiamente dicho.
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ü Ideas principales del Compendio
Hume reconoce que el objetivo de la obra Tratado sobre la naturaleza humana (de la cual este escrito
es un compendio o resumen) es hacer del saber sobre la naturaleza humana una ciencia rigurosa del
mismo tipo que las ciencias de la naturaleza (por ejemplo, la Física.) La estrategia y la metodología
adecuadas para ello es atenerse estrictamente a la experiencia y prescindir de cualquier hipótesis o
explicación que no tenga su origen en la experiencia. Es esta estrategia y esta metodología basada en la
experiencia la que ha aplicado Francis Bacon en el ámbito de la Física. En este sentido, Hume reconoce
que la filosofía, en su objetivo de ofrecer una explicación de cuál es la naturaleza humana, debe imitar la
metodología de las ciencias naturales (Párrafos 1,2,3 y 4.)
Definiciones de conceptos fundamentales: percepción, impresión, idea... Inexistencia de ideas innatas.
Principio de la copia (las impresiones son siempre anteriores a las ideas.) Las impresiones como criterio
para establecer la verdad o falsedad de una idea determinada (Párrafos 6,7 y 8.)
Análisis de los razonamientos acerca de cuestiones de hecho, análisis crítico de la idea de causalidad
como presunto fundamento de dichos razonamientos. Ejemplo de las bolas de billar. El hábito o
costumbre y el principio de uniformidad de la Naturaleza como fundamentos para las cuestiones de hecho
(Párrafos 9,10,11,12,13,14,15,16,17 y 18.)
Análisis de la creencia como tipo de verdad que se da en los razonamientos acerca de cuestiones de
hecho (19,20,21,22,23,24 y 25.)
Referencia al escepticismo en el que parece desembocar la filosofía empirista de Hume (Párrafo 28.)
Análisis crítico de la idea de sustancia, especialmente de la idea de sustancia espiritual, alma o yo,
equivalente a la res cogitans de la que hablaba Descartes. Carencia de la impresión de la que pueda
derivar la idea de sustancia espiritual, alma o yo. (Párrafo 29.)
Referencia al tema de la libertad humana (libre albedrío) en el momento de actuar. Según Hume, las
acciones humanas no son libres sino necesarias en el sentido de que responden a una serie de
motivaciones. En este sentido, afirma Hume que no tiene demasiado sentido hablar de la existencia de un
libre albedrío que exige actuar sin una causa. Así pues, la voluntad es necesidad (Párrafos 32,33,34 y 35.)
Leyes de la asociación de las ideas en la mente: semejanza, contigüidad y causalidad (Párrafo 36.)
Ø TEXTOS DE SELECTIVIDAD
Texto Selectividad 1999
[El autor] Afirma que el alma, en cuanto podemos concebirla, no es sino un sistema o serie de
percepciones diferentes tales como las del f r í o y calor, amor y odio, pensamientos y sensaciones, todas
unidas en conjunto, pero sin una simplicidad o identidad perfectas. Descartes sostenía que el
pensamiento era la esencia de la mente, no tal o cual pensamiento, sino el pensamiento en general. Esto
parece ser absolutamente ininteligible, puesto que todo lo que existe es particular. Y, por tanto, han de
ser nuestras diferentes percepciones particulares las que compongan la mente. Digo componer la mente
y no pertenecer a la mente. La mente no es una sustancia en la que estén inherentes las
percepciones. Esta noción es tan ininteligible como la cartesiana según la cual el pensamiento, o
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percepción en general, es la esencia de la mente. No tenemos idea alguna de sustancia de ninguna clase,
pues sólo tenemos idea, de lo que deriva de alguna impresión, y no tenemos impresión de sustancia
alguna, ya sea material o espiritual. Hume Resumen del Tratado de la Naturaleza Humana
TEXTO SELECTIVIDAD 2004
De un extremo a otro de este libro se siente la gran pretensión de nuevos descubrimientos en filosofía;
pero si algo puede justificar para el autor un nombre tan glorioso como el de inventor, es el uso que hace
del principio de la asociación de las ideas, que penetra casi toda su filosofía. Nuestra imaginación
tiene una gran autoridad sobre nuestras ideas, y no hay ideas, por diferentes que sean unas de otras, que
ella no pueda separar, unir o combinar en toda suerte de ficciones. Pero, a pesar del imperio de la
imaginación, hay un lazo secreto, una unión secreta entre ciertas ideas particulares, que es causa de que
la mente las junte más frecuentemente y que hace que una de ellas, al aparecer, introduzca a la otra.
Hume Resumen del Tratado de la Naturaleza Humana
Texto Selectividad
Después de haber terminado con este punto esencial referente a la naturaleza de la inferencia de causa
a efecto, vuelve nuestro autor sobre sus pasos y examina de nuevo la idea de esta relación. Cuando
hemos considerado el movimiento comunicado de una bola a otra, no hemos podido descubrir en él otra
cosa que contigüidad, prioridad de la causa y conjunción constante. Pero, además de estas
circunstancias, se supone comúnmente que hay una conexión necesaria entre la causa y el efecto y que
la causa posee algo que llamamos un poder, o fuerza o energía. La cuestión es: ¿qué idea está ligada a
estos términos? Si todas nuestras ideas y pensamientos derivan de nuestras impresiones, ese poder tiene
que descubrirse o bien a nuestros sentidos o bien a nuestro sentimiento interno.
David Hume, Resumen del Tratado sobre la Naturaleza Humana
Texto Selectividad Junio 2005
La mente no es una sustancia en la que estén inherentes las percepciones. Esta noción es tan
ininteligible como la cartesiana según la cual el pensamiento, o percepción en general, es la esencia de la
mente. No tenemos idea alguna de sustancia de ninguna clase, pues sólo tenemos idea, de lo que deriva
de alguna impresión, y no tenemos impresión de sustancia alguna, ya sea material o espiritual. No
conocemos nada fuera de las cualidades y de las percepciones particulares. Hume Resumen del Tratado
de la Naturaleza Humana
PREGUNTAS SELECTIVIDAD DAVID HUME
● La teoría del conocimiento de Hume (Selectividad 2004, Junio 2005)
● Teoría del conocimiento y crítica de la sustancia en Hume (Selectividad 1999)
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● ¿Cómo explica Hume nuestros razonamiento de causa y efecto? (Selectividad Septiembre 1998)
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