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El club Chesterton
Manuel Arranz
G. K. Chesterton Herejes Traducción de Stella Mastrangelo. Barcelona:
Acantilado, Barcelona, 2007.
“La palabra ‘herejía’ no sólo ya no significa estar errado: prácticamente significa
tener la cabeza clara y ser valiente. La palabra ‘ortodoxia’ no sólo ya no significa estar
en lo correcto, sino que prácticamente significa estar errado. Todo esto puede
significar una cosa, y solamente una: que a la gente no le preocupa tanto estar
filosóficamente en lo correcto.” Supongo que al leer este párrafo de Chesterton, las
personas con sentido común cerrarán el libro asqueadas y volverán al último
Houellebecq. Las comprendo perfectamente. Hay que tener un pervertido gusto por lo
morboso para disfrutar a estas alturas leyendo sobre herejías y ortodoxias. A no ser que
se hable de los templarios, sus códigos y sus orgías. Entonces la cosa cambia. Por cierto,
qué fonética tan parecida la de las palabras orgía y herejía. Bueno, pues a pesar de todo,
el párrafo de Chesterton quiere decir dos cosas. Una buena frase siempre tiene que
querer decir dos cosas, dicho sea de paso. En este caso dos cosas bastante obvias. La
primera, que las palabras ya no significan lo que significaban. Y la segunda, que nos
tiene sin cuidado lo que signifiquen. Esto no es nuevo evidentemente. Se viene
repitiendo desde hace casi un siglo. Lo que sucede es que nadie lee los libros en los que
se dice. Por lo demás, si se leyeran, puesto que nos tiene sin cuidado el significado de
las palabras, no cambiarían mucho las cosas. Pero además, ¿por qué iban a leerse? ¿Qué
clase de depravado mental podría llegar a comprarse hoy un libro con el título de
Herejes de un tal G. K. Chesterton? No logro imaginármelo.
Sin embargo, algunos pervertidos quedarán todavía cuando vuelven a reeditarse
los libros de Chesterton. Porque las ideas de Chesterton, sus puntos de vista, su
filosofía, su religión, están en las antípodas de lo que se usa hoy en día en estos ámbitos.
Es la actitud lo que es fundamental en todo, nos dice Chesterton. Y la actitud de los
hombres hacia las cosas y hacia otros hombres es lo que más ha cambiado. “Cuando los
sociólogos modernos hablan de la necesidad de adaptarse a las tendencias del
momento, olvidan que en el mejor de los casos la tendencia del momento consiste por
entero en personas que no se adaptan a nada. En el peor, consiste en muchos millones
de seres asustados que se acomodan, todos, a una tendencia que no existe.” Chesterton
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era partidario de los inadaptados, prefería la vanidad al orgullo, el melodrama al
realismo, el irracionalismo al racionalismo, y los rituales y los fuegos artificiales al
positivismo lógico. Evidentemente, si juzgamos por la evolución de la humanidad,
estaba equivocado. Pero a él no le importaba demasiado estar equivocado, es más le
gustaba estar equivocado. Pues pensaba que sólo las personas equivocadas consiguen
algo en la vida; que sólo los débiles son capaces de fuerza; que sólo los no aventureros
tienen auténticas aventuras, y los tímidos conocen el verdadero amor. “La verdad es que
toda apreciación genuina se basa en cierto misterio de humildad y casi de oscuridad.”
Seguramente Chesterton no inventó la paradoja, pero le sacó más partido que nadie.
Herejes no habla sólo de herejes, no se preocupe. Herejes habla sobre todo de
ideas y de ideales, habla de novelas y de novelistas, habla de ciencia y de política, habla
de democracia, de convicciones, de sentimientos y de sentimentalismo, de rituales, de
dogmas, de fanatismos; y habla de todas las ideas preconcebidas y equivocadas que
suele tener el hombre respecto a todo eso y, lo que es peor todavía, respecto a sí mismo.
Chesterton era poco cartesiano. No dudaba ni a la hora de elegir una corbata, porque
cualquier corbata servía. Pero tampoco dudaba a la hora de juzgar un sistema político,
una idea, o a un hombre, porque aquí, en cambio, no servia cualquier cosa. ¿Un libro
anacrónico Herejes? Todo lo contrario. Pocos libros podemos leer hoy que tengan más
actualidad que éste escrito a principios del siglo pasado. Porque la actualidad no está
sólo en los periódicos y en los telediarios. Incluso es posible que ahí sea donde menos
esté.
Ignoro si ya existe, es muy posible que sí, los ingleses no tienen estos descuidos,
pero si no existiese todavía, propongo crear un club con su nombre: el club Chesterton.
No para difundir su obra, eso no le hubiera gustado, le habría parecido algo ramplón y
materialista, sino para tomar unas cervezas entre amigos en su honor, y discutir
ruidosamente sobre cualquier cosa.
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El club Chesterton
Manuel Arranz
G. K. Chesterton Herejes Traducción de Stella Mastrangelo. Barcelona:
Acantilado, Barcelona, 2007.
“La palabra ‘herejía’ no sólo ya no significa estar errado: prácticamente significa
tener la cabeza clara y ser valiente. La palabra ‘ortodoxia’ no sólo ya no significa estar
en lo correcto, sino que prácticamente significa estar errado. Todo esto puede
significar una cosa, y solamente una: que a la gente no le preocupa tanto estar
filosóficamente en lo correcto.” Supongo que al leer este párrafo de Chesterton, las
personas con sentido común cerrarán el libro asqueadas y volverán al último
Houellebecq. Las comprendo perfectamente. Hay que tener un pervertido gusto por lo
morboso para disfrutar a estas alturas leyendo sobre herejías y ortodoxias. A no ser que
se hable de los templarios, sus códigos y sus orgías. Entonces la cosa cambia. Por cierto,
qué fonética tan parecida la de las palabras orgía y herejía. Bueno, pues a pesar de todo,
el párrafo de Chesterton quiere decir dos cosas. Una buena frase siempre tiene que
querer decir dos cosas, dicho sea de paso. En este caso dos cosas bastante obvias. La
primera, que las palabras ya no significan lo que significaban. Y la segunda, que nos
tiene sin cuidado lo que signifiquen. Esto no es nuevo evidentemente. Se viene
repitiendo desde hace casi un siglo. Lo que sucede es que nadie lee los libros en los que
se dice. Por lo demás, si se leyeran, puesto que nos tiene sin cuidado el significado de
las palabras, no cambiarían mucho las cosas. Pero además, ¿por qué iban a leerse? ¿Qué
clase de depravado mental podría llegar a comprarse hoy un libro con el título de
Herejes de un tal G. K. Chesterton? No logro imaginármelo.
Sin embargo, algunos pervertidos quedarán todavía cuando vuelven a reeditarse
los libros de Chesterton. Porque las ideas de Chesterton, sus puntos de vista, su
filosofía, su religión, están en las antípodas de lo que se usa hoy en día en estos ámbitos.
Es la actitud lo que es fundamental en todo, nos dice Chesterton. Y la actitud de los
hombres hacia las cosas y hacia otros hombres es lo que más ha cambiado. “Cuando los
sociólogos modernos hablan de la necesidad de adaptarse a las tendencias del
momento, olvidan que en el mejor de los casos la tendencia del momento consiste por
entero en personas que no se adaptan a nada. En el peor, consiste en muchos millones
de seres asustados que se acomodan, todos, a una tendencia que no existe.” Chesterton
1
era partidario de los inadaptados, prefería la vanidad al orgullo, el melodrama al
realismo, el irracionalismo al racionalismo, y los rituales y los fuegos artificiales al
positivismo lógico. Evidentemente, si juzgamos por la evolución de la humanidad,
estaba equivocado. Pero a él no le importaba demasiado estar equivocado, es más le
gustaba estar equivocado. Pues pensaba que sólo las personas equivocadas consiguen
algo en la vida; que sólo los débiles son capaces de fuerza; que sólo los no aventureros
tienen auténticas aventuras, y los tímidos conocen el verdadero amor. “La verdad es que
toda apreciación genuina se basa en cierto misterio de humildad y casi de oscuridad.”
Seguramente Chesterton no inventó la paradoja, pero le sacó más partido que nadie.
Herejes no habla sólo de herejes, no se preocupe. Herejes habla sobre todo de
ideas y de ideales, habla de novelas y de novelistas, habla de ciencia y de política, habla
de democracia, de convicciones, de sentimientos y de sentimentalismo, de rituales, de
dogmas, de fanatismos; y habla de todas las ideas preconcebidas y equivocadas que
suele tener el hombre respecto a todo eso y, lo que es peor todavía, respecto a sí mismo.
Chesterton era poco cartesiano. No dudaba ni a la hora de elegir una corbata, porque
cualquier corbata servía. Pero tampoco dudaba a la hora de juzgar un sistema político,
una idea, o a un hombre, porque aquí, en cambio, no servia cualquier cosa. ¿Un libro
anacrónico Herejes? Todo lo contrario. Pocos libros podemos leer hoy que tengan más
actualidad que éste escrito a principios del siglo pasado. Porque la actualidad no está
sólo en los periódicos y en los telediarios. Incluso es posible que ahí sea donde menos
esté.
Ignoro si ya existe, es muy posible que sí, los ingleses no tienen estos descuidos,
pero si no existiese todavía, propongo crear un club con su nombre: el club Chesterton.
No para difundir su obra, eso no le hubiera gustado, le habría parecido algo ramplón y
materialista, sino para tomar unas cervezas entre amigos en su honor, y discutir
ruidosamente sobre cualquier cosa.
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