La culpa y el amor

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Cartilla °°
Enero de 2010
La culpa y el amor
“Jesús preguntó: ‘Mujer, ¿ninguno te ha condenado?’ Ella respondió: ‘Ninguno Señor’.
Entonces Jesús le dijo: ‘Yo tampoco te condeno. Puedes irte pero no peques más’” (Jn 8,10-11)
P. Ricardo E. Facci
La culpa y el amor es un tema que enfrenta dos realidades muy diferentes. Por un lado, el
miedo al rechazo que genera la culpa; por otro, la actitud de acogida que brinda el amor.
La culpa tiene una relación cercana con el accionar de quien juzga al otro. Generalmente,
cuando se juzga al otro, uno es el “bueno” y el otro es el “malo”. Se aparece como superior ante la
inferioridad del otro; uno sabe, el otro no. Se construye un muro entre quien juzga y quien es juzgado.
¿Acaso no se juzga a partir de lo negativo que existe en el otro?
Jesús vino para estar cerca de todos, de un modo especial, de los pecadores. Por eso, nos dice:
“Sean compasivos, como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no
condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados” (Lc 6,36-37).
Quienes le trajeron a Jesús la mujer pecadora quieren que Él la juzgue (Cfr. Jn 8,1-11). Jesús no
puede ni quiere juzgar, Él vino para estar cerca de la gente, de esta mujer, y le muestra todo lo que vale
y su belleza.
Cristo sabe que no fuimos hechos para el castigo. Claro, conoce muy bien que somos débiles y
duros de corazón, nuestra tendencia al pecado y a separarnos de su camino. El objetivo de su
encarnación, es abrirnos el corazón para sanarnos con su amor y amistad. Es un Dios de vida, de amor y
de comunión profunda, que nos muestra cómo debemos ser compasivos y justos con los demás. Nos
enseña a amar a cada uno tal cual es, Él no nos dice “si cambias te amaré”, “me agrada algún aspecto
de tu vida, pero otros…”
“Yo tampoco te condeno…” Palabras cargadas de comprensión, expresadas de modo suave y
sencillo. No significa que para Jesús no exista el pecado, o mengüe su calificativo. Él no quiere que esta
mujer, ni nadie, se arrastre en su culpa, sino a pesar de haberse equivocado, se descubra como
persona, sabiendo que está libre de culpa. Persona liberada, llamada a amar a Dios y a los suyos. Para
esto, es muy importante descubrir que Cristo nos ama incondicionalmente.
Muchos seres humanos, en la actualidad, experimentan el sentimiento de culpa como aquella
mujer. Sienten el temor a ser considerados como malo o como habiendo hecho algo malo, el miedo a
ser rechazado, empujado al abismo de la soledad. A cada uno Jesús le dice: vales, tienes dignidad,
puedes realizar cosas bellas.
Todos, de un modo u otro, nos sentimos culpables cuando no se ha amado en toda la
dimensión posible. En oportunidades, no se sabe de dónde procede aquella acción sin amor, si de una
herida, o de un dolor, o del sentimiento de no sentirse bueno. Las personas que fueron instruidas,
desde una pseudo-educación, para que no se sientan buenas, van a tender a realizar malas acciones.
Parece algo incomprensible, pero son mucho más de los que nos imaginamos. Por haber recibido una
mala educación no se dan cuenta lo buenas que son. Ellas y todos necesitamos librarnos de los
sentimientos de culpa, que paralizan e impiden construir una vida bella.
El pecado es una mala acción que se realiza de modo consciente, o una buena acción que
deliberadamente se dejó de hacer. Es desobedecer el mandamiento del amor. Por sobre todo, es
negarse a acoger a Jesús y a creer en Él. El pecado se acrecienta cuando negamos la misericordia de
Dios, no permitiendo que Jesús nos sane interiormente. Es cerrarse en sí mismo, sin estar abiertos a la
gracia de Cristo que sana y libera de las culpas, desde su profundo amor. Por esto, el pecado conduce a
la muerte.
Cristo llega para amarnos y darnos vida. ¿Cómo es posible que el ser humano rechace este
amor? Es que la respuesta afecta la libertad del hombre. Hay quienes no conocen que Jesús libera.
Otros, que sólo conocieron un amor posesivo, les cuesta creer que exista un amor que los hace libres.
Algunos que se sienten fuertes en busca de éxitos no aceptan sus debilidades. En un mundo en el que
la conciencia de pecado se ha perdido, porque no se hace experiencia del amor de Dios, no se busca la
sanación desde este amor, buscando consuelos de los propios errores en “chivos emisarios”, en los
antepasados, en los demás, en tratar de encontrar otros culpables.
También impiden abrir el corazón al amor de Dios los conflictos internos. Surgen miedos a
perder algo, una riqueza, un poder, una amistad, una relación placentera, un concepto social, si se le
dice “sí” a Cristo. Hay cristianos que se empeñan más en mostrar que son de Dios, en lugar de
mostrarse necesitados de Él. Existen miedos a admitir los propios pecados y limitaciones,
escondiéndolos dentro de los muros del corazón y de la memoria. Se muestra la propia imagen que nos
auto-imaginamos, en lugar de aceptar que Dios nos ama a pesar de nuestra realidad.
La lucha es trabajar para que el corazón se abra y permita que el amor de Cristo penetre y sane
las heridas, ilumine las zonas oscuras del corazón.
Desde la profunda experiencia del amor de Dios, para con cada uno, que perdona y sana, hará
que el corazón se proyecte hacia el hermano necesitado de perdón, consuelo y misericordia. Quien
quiera permanecer en la Obra de Dios, debe saber que ésta es perdonar.
Oración
Señor Jesús,
danos la gracia de descubrir tu ser Salvador,
verte como quien sana nuestras heridas afectadas por el pecado.
En muchas oportunidades, te buscamos más como médico de cuerpos que de almas,
por esto, ayúdanos a aceptar que puedes curar nuestras zonas oscuras del corazón,
a abandonarnos en tus manos modeladoras de un hombre nuevo,
a gozar de tu acción misericordiosa,
a formar parte de tu Obra que es perdonar.
Como el publicano, somos seres necesitados de Ti,
sólo balbuceamos: ¡Señor, ten piedad!
Gracias por tu amor, gracias por amarnos tan sencilla y profundamente,
gracias por darnos una nueva oportunidad en el amanecer de cada día. Amén.
Trabajo Alianza
1.- El ámbito del matrimonio es sumamente propicio para dialogar el tema de culpa - amor - perdón:
¿Experimentamos que las culpas desde el amor profundo son perdonadas?
2.- ¿Buscamos el perdón sanador de Dios? ¿Imitamos al Señor ante las fallas del otro?
3.- ¿Qué espacio de nuestro corazón aún necesita del perdón del otro?
Trabajo Bastón
1.- En la sociedad en la que vivimos: ¿existe conciencia de culpa y pecado?
2.- Cuando alguien es culpable: ¿encuentra en nosotros el gesto de amor que perdona o una actitud de
condena?
3.- Alguien (familiar, amigo, conocido, miembro de la comunidad) que se equivocó: ¿tiene oportunidad
de encontrar en nosotros un nuevo concepto o quedará anclado en su pasado dentro de nuestro
corazón?
4.- ¿Cómo sintetizaríamos la relación de culpa, amor y perdón?
IMPORTANTE:
La expansión de Hogares Nuevos nos exige responder plenamente al envío de la Iglesia a llegar a
muchos lugares del mundo donde nos necesitan. Para poder concretarlo, estamos creando grupos
lingüísticos, inscríbanse, especialmente animadores o con posibilidad de serlo, matrimonios e hijos.
Dirigirse a Mirta: [email protected]
Idiomas necesitados (puedes conocerlo o estar dispuesto a aprenderlo): alemán, inglés, polaco,
francés, italiano, portugués, ruso, o el que tú sepas. ¡Muchas gracias!
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