saber ambiental y sus repercusiones en el mbito educativo

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SABER AMBIENTAL Y SUS REPERCUSIONES EN EL ÁMBITO EDUCATIVO
Maricela LÓPEZ y Silvia PÉREZ 1
Departamento de administración, Universidad Autónoma MetropolitanaAzcapotzalco
Av. San Pablo # 180 Col. Reynosa Delegación Azcapotzalco, México DF. C.P.
02200, Tel.: 015553189451 y 015553189376, Fax 015553943356, correo
electrónico [email protected] y [email protected]
RESUMEN
Bajo el contexto de la globalización, buscando cada vez una mayor productividad y
eficiencia en las organizaciones , pero también buscando una reorientación del
desarrollo social , es necesario contemplar como un tema prioritario el saber
ambiental y por ende las repercusiones en el ámbito educativo, ya que es en
éste ámbito donde se forman los futuros profesionistas a ser empleados en las
diversas organizaciones.
La internacionalización de la racionalidad económica y tecnológica ha provocado
sobreexplotación de Recursos Naturales y la transformación de los ecosistemas
así como aumento de contaminación atmosférica, entre otras consecuencias del
desarrollo.
Desde una perspectiva ambiental, la articulación del conocimiento en la formación
de profesionales debe responder por un lado a las demandas del mercado pero
integrando en esos conocimientos los aspectos conceptuales de todo sistema
ecológico y su repercusión en cuanto a la calidad de vida de toda la población.
Para lo cual se requieren políticas educativas y de ciencia y tecnología vertidas en
una estrategia que señale conocimientos, habilidades y actitudes en todo
profesionista sea cual fuere su formación profesional.
La valoración del conocimiento repercute en la orientación que adopta el trabajo
académico en las universidades en cuanto al desarrollo de líneas, programas y
proyectos de investigación los cuales debieran repercutir en la docencia, en la
elaboración de planes de estudio, en la reorganización curricular, por mencionar
algunas repercusiones del trabajo de investigación en cuanto al quehacer
académico. Sin olvidar que una de las repercusiones prioritarias de toda
investigación es la transformación de una realidad. Realidad que en este caso nos
afecta a todos a nivel social, político, económico y por supuesto ecológico.
Las perspectivas metodologicas y los contenidos concretos de los programas de
estudio dependen de la conceptualización misma de la problemática ambiental, de
sus procesos y de su racionalidad, no obstante se deben incorporar a ellos los
conocimientos ambientales y sus procesos sociales como resultado para una
racionalidad ambiental armónica.
1
Profesora Investigadoras de la Universidad Autónoma Metropolitana
1
INTRODUCCIÓN
Siempre ha existido la relación entre la comunidad humana y la naturaleza,
dándose diferentes interacciones sociales para adaptarse como comunidad al
ambiente natural. Las regiones naturales se van remodelando en función de las
comunidades sociales y sus necesidades, alterando muchas veces los
ecosistemas, pero también teniendo la necesidad de restaurarlos y recuperar las
condiciones naturales que permitan la subsistencia del ser humano.
Muchas regiones naturales muestran un deterioro del cual muchas veces el
hombre es el causante, esta acción humana se pudiera revertir si se conocen las
diferentes alternativas que tuviera el ser humano para cuidar el medio ambiente.
Tarea que es un reto para las instituciones educativas en México.
Uno de los aspectos que en la calidad educativa se han considerado, es la
infraestructura, la formación de personal docente, perfil del egresado, pero un
aspecto muy importante es la curricula escolar, que tiene repercusión en la
información y la formación del educando. Un objetivo central de la educación debe
ser que los estudiantes desarrollen durante su formación, capacidades,
conocimientos, habilidades y actitudes para indagar, acceder al conocimiento y
proponer soluciones a problemas que se les presenten. Lo importante en el
proceso enseñanza-aprendizaje bajo este enfoque es todo aquello que los
alumnos aprenden.
La importancia de los conocimientos sobre todo lo que sucede en el medio
ambiente en cuanto a sus riquezas naturales, su cuidado, su optimo
aprovechamiento, su reproducción, y la participación de las diversas comunidades
en la preservación y cuidado del medio ambiente debiera ser uno de los objetivos
primordiales en todo nivel educativo, desde preescolar hasta postgrados, donde
en la curricula de cada nivel se debieran contemplar estos aspectos en forma
explicita en los objetivos de cada materia y en forma implícita en la practica de
todas aquellas actividades que reflejen una filosofía de cuidado del medio
ambiente.
Esta perspectiva promueve la propuesta de hacer reformas curriculares que
reflejen una necesidad social en cuanto a lo ambiental, se abran opciones y se
articulen diferentes alternativas educativas reformando pedagógicamente a todo el
sistema educativo.
En este caso, este trabajo se referirá a la importancia del saber ambiental ya que
el alumno va a ser parte de organizaciones que afectan tanto económica, política,
socioculturalmente al país, y en este caso pocas universidades contemplan los
conocimientos ambientales en forma suficiente en cuanto a su tratado en los
planes de estudio.
Se consideran tres tareas importantes a llevar a cabo en las instituciones de
educación:
2
1. Un primer aspecto es el considerar dentro de la currícula aspectos
ambientales, dependiendo el tema, la materia a la que corresponde.
2. Por otro lado llevar a cabo todas esas prácticas y actividades que ayudan a
ejemplificar el aprendizaje significativo dentro de la misma institución
3. Y mantener una constante vinculación con otras instituciones tanto
educativas, gubernamentales, privadas o no gubernamentales para ampliar
los efectos de los objetivos planteados en currícula.
EL SABER AMBIENTAL Y SU REPERCUSIÓN EN EL AMBITO EDUCATIVO
“Hay ciertos factores que contribuyen a señalar un discurso racional sobre el
medio ambiente. Factores que han de buscarse el modo de informar sobre el
tema. Algunos de estos factores incluyen el problema crucial que comprende a la
dificultad, siempre mayor, de transferir la temática del medio ambiente desde un
nivel de complejidad a otro del sistema social. (Maldonado, 1999)
Para explicar esto, se adopta la terminología de K.O. Apel (1973). El filósofo
alemán distingue tres niveles: 1) la micrósfera: el nivel de la familia y del
vecindario; 2) la mesósfera: el nivel de la política nacional; 3) la macrósfera: el
nivel del “destino de la humanidad”. La dificultad indicada más arriba se
manifiesta tanto en la directriz ascendente (micrósfera>mesósfera>macrósfera)
como en la descendente (macrósfera>mesósfera>micrósfera). Se puede ser muy
conciente, a nivel de micrósfera, de los riesgos ambientales (por ejemplo, riesgos
para la propia persona o para la propia familia), pero, al mismo tiempo, no serlo en
absoluto de los efectos de tales riesgos a nivel de la mesosfera o de la
macrósfera.(Maldonado, 1999)
Algunos sectores de la población mundial ya tienen plena conciencia de que la
actual degradación ambiental constituye una amenaza para el destino de la
humanidad (macrósfera); sin embargo, si se busca transmutar esa conciencia en
acciones que se desarrollen a nivel de la política nacional (mesósfera), las
dificultades aumentan considerablemente. El bloqueo resulta casi siempre
insuperable cuando se trata de hacer lo mismo a un nivel inferior, a escala de la
vida cotidiana de las personas (micrósfera). En otras palabras, una cosa es
reconocer la gravedad de la actual crisis ambiental, y otra muy distinta es estar
dispuestos a cambiar nuestros comportamientos para favorecer la superación (o
impedir el empeoramiento) de dicha crisis.”( Maldonado .1999)
“Frente a los importantes cambios que se han producido en la relación entre el
individuo y su entorno se perfila un proceso de doble sentido que nos lleva más
allá de las construcciones culturales y sociales del entorno como algo que está
<<ahí fuera>>, suprimido de la conciencia humana. Los límites de nuestra
capacidad de movernos hacia modos de vida más sostenibles los imponen tanto
nuestros modelos sociológicos como <<el mundo real>>. Por consiguiente, es en
los modelos y en las políticas donde se deben introducir los cambios decisivos.
3
La creciente sostenibilidad de las cadenas sociales alarga la cadena de conexión
entre la sociedad y la naturaleza de tal modo que la sostenibilidad de las
sociedades altamente modernizadas depende del mantenimiento de los vínculos
no solo entre la sociedad y la naturaleza, sino también entre actores sociales
especializados e instituciones (Woodgate, 1992). Es decir, la sostenibilidad como
objetivo político (más que como características de los sistemas ecológicos)
significa mantener los lazos entre los individuos, su vida y sus estilos de vida, por
un lado, y las instituciones sociales, por otro (Woodgate, 1992).” (Redclift M. Y
Woodgate G. 1997).
Algo que distingue a la globalización (contexto en el que se ubica la sociedad) es
la rapidez y el aumento que las inversiones y el comercio han adquirido en las
últimas dos décadas, gracias al desarrollo tecnológico de la informática y de las
comunicaciones. <<La globalización implica un cambio reciente en la tecnología y
en el tamaño de la competencia económica mundial. La información tecnológica
ha creado un contexto en el que el mercado global, más que los mercados
nacionales o locales, es la escencia más importante en que se da la competencia
económica>> (Chase-Dunn, 2003, p.3).
Estos cambios han dado cabida a nuevas prácticas comerciales que han adquirido
un gran poder e influyen en el balance político entre estados y empresas. Por lo
tanto la globalización, entendida en términos amplios, va más allá de los aspectos
económicos y abarca un amplio espectro que contempla a la política, las nuevas
tecnologías y también aspectos socioculturales.
Por lo que se podría explicar a la globalización desde diferentes ámbitos:
ambiental, cultural, comunicacional, económica y políticamente.
Debido al tema de este trabajo, se
globalización ambiental.
hará referencia a la importancia de la
Este aspecto de la globalización involucra los retos a los que se enfrentan
nuestros frágiles ecosistemas y el riesgo ambiental global. La degradación que el
ser humano ha provocado en el medio ambiente ha sido un hecho comprobado
durante largo tiempo y ello ha alterado, de manera directa, el desarrollo social.
Pero el deterioro ambiental empezó a actuar recientemente a escala global. Este
hecho crea una serie de riesgos que, por su extensión y gravedad requieren una
acción colectiva (Alfie, 2005).
Muchas de las decisiones tomadas en la modernidad industrial tienen un efecto
perverso sobre la naturaleza. La contaminación de los ríos, mares, suelo y aire,
así como la posible extinción de especies de fauna y flora, o el agujero de ozono,
el efecto invernadero o los <<accidentes>> como los de Chernobyl o Bophal,
muestran que lo que suceda hoy en cualquier parte del globo terráqueo afectara
de manera directa o indirecta a la vida local de cualquier población.” (Alfie M.
2005)
Por lo que la construcción de una racionalidad ambiental implica la formación de
un nuevo saber y la integración interdisciplinaria del conocimiento, para explicar el
4
comportamiento de sistemas socio ambientales complejos. El saber ambiental
tiene como problemática el conocimiento fraccionado en diferentes disciplinas y la
administración sectorial del desarrollo, para construir un campo de conocimientos
teóricos y prácticos orientados a la rearticulación de las relaciones sociedadnaturaleza...
El saber ambiental rebasa a las “ciencias ambientales” constituidas como un
conjunto de especializaciones surgidas de la incorporación de los enfoques
ecológicos a las disciplinas tradicionales –antropología ecológica; ecología urbana;
salud, psicología, economía, ingeniería ambiental, entre otras- y se extiende más
allá del campo de articulación de las ciencias (Leff, 1986), para abrirse al terreno
de los valores éticos, los conocimientos prácticos y los saberes tradicionales.
El saber ambiental emerge desde el espacio de exclusión generado en el
desarrollo de las ciencias, centradas en sus objetos de conocimiento, y que
producen el desconocimiento de procesos complejos que escapan a la explicación
de esas disciplinas. Ejemplo de ello es el campo de externalidades en el que la
economía sitúa los procesos naturales y culturales, incluso a la inequitativa
distribución del ingreso y a la desigualdad social generada por la lógica del
mercado y la maximización de beneficios en el corto plazo. (Leff, 2002)
El discurso ambiental se va conformando desde una posición critica de la razón y
de la lógica del mercado, que emerge de la naturaleza externalizada y lo social
marginado por la racionalidad económica. Los puntos ciegos y los vacíos de esa
razón modernizante –el ambiente excluido, oprimido, degradado y desintegrado-,
no se llenan ecologizando la economía, sino transformando sus paradigmas de
conocimiento para construir una racionalidad productiva alternativa. Desde esa
perspectiva, el ambiente transforma las ciencias y genera un proceso de
ambientalización interdisciplinaria del saber. (Leff,2002)
El método analítico y la conciencia subjetiva como principios del conocimiento del
ser y la materia, y el mecanismo como causa eficiente de su transformación, han
guiado el proceso de las ciencias y las tecnologías, así como sus aplicaciones al
proceso económico. El estructuralismo critico, el pensamiento de la complejidad y
el discurso ambiental, han generado una crítica de la razón analítica y la
autoconciencia del sujeto como principios del conocimiento objetivo y de la
unificación del saber. A estos cambios en el discurso científico e ideológico han
contribuido los avances de la cibernética y de la termodinámica de sistemas
abiertos en la comprensión de los procesos de desestructuración (entrópicos) y
de organización de la materia (negentrópicos), así como de las características de
la autoorganización, genera, creatividad y productividad de los sistemas
complejos. Ello ha planteado los límites del pensamiento mecanicista para
aprehender el desarrollo de los procesos de la vida y la economía (Piaget, 1969;
Goergescu-Roegen, 1971; Canguilhem, 1971, 1977; Prigogine y Stengers, 1984;
Morin, 1977, 1980, 1993)
5
La desorganización ecosistémica del planeta y la creciente entropía de los
procesos productivos, guiados por la razón tecnológica y la lógica del mercado,
han generado la necesidad de enfoques integradores del conocimiento para
comprender las causas y la dinámica de procesos socioambientales que, por su
complejidad, desbordan la capacidad de conocimiento de los paradigmas
científicos dominantes, demandando una recomposición holística, sistemática e
interdisciplinaria del saber (Apostel et al., 1975; Bertalanffy, 1976; García, 1986,
1994; Leff, 1981, 1986;).
Todo esto ha generado un método y un paradigma de la complejidad, capaces de
analizar, lo real de manera integrada y multidimensional. De allí han emergido un
método constructivista y una ecología generalizada, para tratar de comprender la
organización y las relaciones entre procesos de diversos tipos (físicos, biológicos,
simbólicos).
En este proceso emerge el concepto de ambiente referido a un objeto complejo,
integrado por procesos de orden natural, técnico y social, cuyas causas y
propósitos no pueden absorberse en un modelo global, por complejo, abierto y
holístico que se lo pretenda. Los procesos ecológicos, económicos, tecnológicos y
culturales que confluyen en un sistema socioambiental están conformados por los
intereses y racionalidades de factores sociales y organizaciones institucionales
diversos. El saber ambiental, no solo esta constituido por la confluencia de
disciplinas científicas establecidas, sino por la emergencia de un conjunto de
saberes teóricos, técnicos y estratégicos, atravesados por estrategias de poder en
el saber (Foucault, 1969, 1980), de donde se desprende su sentido teórico y el
potencial de sus aplicaciones...
Desde la complejidad de la problemática ambiental, y de los múltiples procesos
que la caracterizan, se ha cuestionado el fraccionamiento y la
compartimentalización del conocimiento disciplinario, incapaz de explicarla y
resolverla. Sin embargo, la retotalización del saber que reclama la problemática
ambiental es más que la suma y la articulación de los paradigmas científicas
existentes; implica la transformación de sus conocimientos para internalizar el
saber ambiental emergente...
El ambiente, más que una dimensión, una variable o un espacio de integración de
los saberes constituidos, es un proceso de transformación del conocimiento
impulsado por una crisis de la racionalidad económica e instrumental de la
modernidad. Más que u
paradigma omnicomprehensivo del saber, una
ecologización del conocimiento, un método general para el desarrollo de las
ciencias, o una reorganización sistemática de los saberes actuales, la cuestión
ambiental problematiza desde una perspectiva critica, a
toda serie de
conocimientos teóricos y técnicos, para incorporar en ellos un saber complejo,
trasformando así a las ciencias históricamente constituidas, legitimadas e
institucionalizadas.
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El saber ambiental está en búsqueda de sus condiciones de legitimación
ecológica, de concreción teórica y de objetivación practica. Este saber emerge de
un proceso transdiciplinario de problematización y transformación de los
paradigmas dominantes del conocimiento; trasciende a las teorías ecologistas, a
los enfoques energetistas y a los métodos holísticos en el estudio de los procesos
sociales. En este sentido, integra fenómenos naturales y sociales y articula
procesos materiales que conservan su especificidad ontologica y epistemológica, y
reductible a un metaproceso homologador y a un logos unificador. (Leff, 2002)
El saber ambiental no se agota en la finalización (aplicación) del conocimiento
existente para resolver problemas complejos; no es la retotalización y el
acabamiento del conocimiento fraccionado por un acercamiento holístico, un
método interdisciplinario y una teoría de sistemas. El saber ambiental emerge de
la falta de conocimiento que impulsa al saber hacia la búsqueda de nuevos
sentidos de civilización, nuevas comprensiones teóricas y nuevas formas prácticas
de apropiación del mundo.
Las construcciones teóricas del saber ambiental no se contrastan, confirman o
refutan con la realidad existente y en la objetividad de lo real, sino en la
potencialidad de sus producciones históricas, sustentadas en procesos materiales
y en el sentido de las acciones sociales que movilizan la construcción de una
nueva racionalidad. Desde su marginalidad, el saber ambiental hace hablar a las
verdades silenciadas, los saberes subyugados, las palabras acalladas, y a lo real
sometidos bajo el poder de la objetivación cientificista del mundo.
El saber ambiental se construye desde su falta de conocimiento, integrando los
principios y valores que animan la ética ecologista, las sabidurías y practicas
tradicionales de manejo de los recursos naturales y las ciencias y técnicas que
sirven de soporte a las estrategias del desarrollo sustentable. Este saber se va
constituyendo en relación con la estructura teórica y el objeto de conocimiento de
las ciencias naturales y sociales. Cada ciencia impone las condiciones
epistemológicas y los intereses disciplinarios a la reconstrucción de sus
paradigmas, en un proceso heterogéneo y desigual del que emergen las
disciplinas ambientales. . .
En la conciencia ambiental se gestan nuevos principios, valores y conceptos para
una nueva racionalidad productiva y social, y proyectos alternativos de civilización,
de vida, de desarrollo. El saber ambiental abre así una perspectiva al desarrollo
del conocimiento, cuestionado los dogmas ideológicos y problematizando los
paradigmas científicos con base en los cuales se ha constituido la civilización
moderna. (Leff 2002).
La emergencia del saber ambiental ha generado nuevos cauces para el desarrollo
de las disciplinas sociales: la relación entre cultura y naturaleza, la
complementariedad entre geografía y ecología, la influencia del medio en la
conciencia y el comportamiento social, las bases ecológicas de una economía
sustentable y el análisis de la dinámica de sistemas socioambientales complejos.
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De esta manera, el saber ambiental transforma el campo del conocimiento
generando nuevos objetos interdisciplinarios de conocimiento, nuevos campos de
aplicación y nuevos procesos sociales de objetivación donde se construye la
racionalidad ambiental.
El saber ambiental se constituye a través de procesos políticos, culturales y
sociales, que obstaculizan o promueven la realización de sus potencialidades para
transformar las relaciones sociedad-naturaleza. El objeto de las “ciencias
ambientales” no surge de la recomposición interdisciplinaria de los campos
actuales del conocimiento, ni de la ecologización de las ciencias sociales. Es un
proceso teórico que se da a través de movimientos sociales y cambios
institucionales que inciden en la concreción del concepto de ambiente, en sus
condiciones de aplicación, y en la transformación que induce a los paradigmas
“normales” del conocimiento. (Leff, 2002)
El saber ambiental se gesta así en un proceso de concientización, de producción
teórica y de investigación científica. Así también a través del proceso educativo se
permite repensar y reelaborar el saber en la medida que se transformen las
prácticas pedagógicas herramientas de transmisión y asimilación del saber
preestablecido y fijado en contenidos curriculares y en las prácticas docentes.
El saber ambiental no sólo adquiere un sentido critico, sino también prospectivo,
que va internalizando las diferentes áreas del conocimiento teórico y práctico
ampliando su campo de comprensión, con un mayor poder explicativo de las
ciencias sobre los procesos complejos de la realidad socioambiental, del que
habrán de derivarse instrumentos más eficaces de prevención, control y manejo
del medio ambiente (Leff, 1986).
El saber ambiental plantea el problema de la articulación de las especialidades y
temporalidades de diferentes procesos naturales y sociales: la armonización y
conflicto entre los ciclos económicos y ecológicos, entre la valoración económica y
los valores culturales, entre la maximización de las ganancias, los tiempos de
regeneración de los recursos naturales y los procesos de innovación y asimilación
tecnológica; entre los diferentes espacios ecológicos, geográficos, culturales,
políticos y económicos donde se concretan las acciones de la gestión ambiental.
La aplicación del saber a los programas de gestión ambiental plantea la necesidad
de laborar indicadores interprocesuales capaces de analizar, evaluar y monitorear
sistemas y procesos ambientales complejos ( la calidad de vida; la valoración
económica, cultural y social de los recursos; los impactos ambientales y los
cambios globales; el condicionamiento ambiental de la dinámica demográfica y del
espacio urbano-regional), en los que intervienen procesos de diversos niveles de
materialidad y órdenes de racionalidad. (Leff 2002).
El saber ambiental lleva a un diálogo de saberes, desde los niveles más altos de
abstracción conceptual, hasta los niveles del saber práctico y cotidiano donde se
expresan sus estrategias y prácticas. En la convergencia de estos procesos,
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encrucijada de la recomposición del conocimiento, se integran nuevas fuerzas
sociales y ambientales.
La gestión ambiental local parte del saber ambiental de las comunidades, donde
su funde la conciencia de su medio, el saber sobre las propiedades y las formas
del manejo sustentable de sus recursos, con sus formaciones simbólicas y el
sentido de sus prácticas sociales, donde se integran diversos procesos en el
intercambio de saberes sobre el ambiente (Leff 2002):
a) El saber ambiental de cada comunidad inserto en sus formaciones
ideológicas, sus prácticas culturales, sus técnicas tradicionales.
b) El saber ambiental que se genera en la sistematización y el intercambio de
experiencias de uso y manejo sustentable de los recursos sustentables.
c) La transferencia y aplicación de conocimientos científicos y tecnológicos
sobre un medio ambiente, su apropiación cultural y su asimilación a las
prácticas y saberes tradicionales de uso de los recursos.
Esto abre nuevos temas de antropología ambiental: el estudio de la cotidianeidad,
de los saberes culturales y sus posibilidades de hibridación con conocimientos y
técnicas modernas para incrementar el potencial ambiental y las capacidades de
auto gestión de las comunidades.
Las estrategias académicas, las políticas educativas, los métodos pedagógicos, la
producción de los conocimientos científicos- tecnológicos y la formación de
capacidades se entretejen con las condiciones políticas, económicas, y culturales
de cada región y de cada nación para la construcción de un saber y una
racionalidad ambientales que orienten los procesos de reapropiación de la
naturaleza y de las prácticas del desarrollo sustentable.
CONCLUSIONES
La crisis ambiental ha generado un cuestionamiento de la racionalidad económica
dominante, así como de las ciencias, los conocimientos y saberes que han servido
de soporte teórico y de medios instrumentales al proceso civilizatorio fundado en
la dominación del hombre sobre la naturaleza. Esta problemática ambiental del
conocimiento implica transformaciones del saber que van más allá de la
construcción de un paradigma reintegrador de los conocimientos fraccionados a
través de un enfoque sistémico, de un método interdisciplinario, o de un proceso
de finalización de las ciencias (Böhme, 1976), entendido como la aplicación de los
conocimientos teóricos que genera la demanda social para la solución de
problemas ambientales. Leff E. (2002)
“La problemática ambiental, tal como la contaminación y degradación del medio, la
crisis de recursos naturales, de energéticos y de alimentos, han aparecido en los
últimos años como una crisis de la humanidad, se cuestiona entonces las
racionalidades económicas, políticas, sociales y tecnológicas dominantes. Esta
crisis ha sido explicada desde muy diversas perspectivas ideológicas. Ya que se le
puede percibir como resultado del crecimiento de la población o bien a la mezcla
9
de crecimiento poblacional y los limitados recursos del planeta. En otros sectores,
se interpreta el efecto de la acumulación de capital y la maximización de la tasa de
ganancias en el corto plazo, que originan patrones tecnológicos de uso y ritmos de
explotación de la naturaleza exhaustivos, al mismo tiempo el cambio de formas de
consumo que han ido agotando las reservas de recursos naturales, degradando la
fertilidad de los suelos y afectando a las condiciones de regeneración de los
ecosistemas naturales.
La problemática ambiental ha generado por lo tanto cambios globales en sistemas
socioambientales complejos, que afectan a las condiciones de sustentabilidad del
planeta, planteando la necesidad de internalizar las bases ecológicas y los
principios jurídicos y sociales para la eficiente gestión democrática de los recursos
naturales.
Como ya se menciono en el texto entonces se habla de una globalización
ambiental donde los procesos están íntimamente vinculados con el conocimiento
de las relaciones sociedad-naturaleza: no sólo están asociados a nuevos valores,
sino a principios epistemológicos y estrategias conceptuales que orientan la
construcción de una racionalidad productiva, sobre bases de sustentabilidad
ecológica y equidad social. De esta manera, la crisis ambiental problematiza a los
paradigmas establecidos del conocimiento y demanda nuevas metodologías
capaces de orientar un proceso de reconstrucción del saber que permita realizar
un análisis integrado de la realidad.
Por lo que una tarea sustantiva de la educación a nivel institucional será la de
transmitir los conocimientos ambientales a nivel sistémico, incluyendo en toda
currícula los conocimientos necesarios y adecuados a cada tema, materia,
programa, y plan de estudios correspondiente. Todos estos conocimientos junto
con la practica ambiental ayudarían a incrementar y en un principio a establecer el
saber ambiental en forma holística, teórica y practica, repercutiendo a futuro en
organizaciones y en la sociedad misma. De esta manera, el análisis de lo
ambiental ha reclamado una visión sistémica y un pensamiento holístico para la
reconstitución de una realidad “total”. (Fig. 1)Leff E. (1994)
(Fig. 1)
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