Sexo y droga en las escenas censuradas de Avatar

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Sexo y droga en las escenas censuradas de Avatar
Sexo y droga en las escenas censuradas de Avatar
2010-05-28 05:00:05
Entre las escenas, comercialmente autocensuradas, que no aparecen en el montaje final de “Avatar,” la
tridimensional superproducción de James Cameron, encontramos un par de episodios en los que el
protagonista altera su percepción mediante el uso de sustancias embriagantes, así como un incremento
de temperatura en el encuentro sexual de la película. Estas escenas aparecerán en el DVD del film.
Ebriedad colectiva
La tribu na’vi se reúne alrededor de una hoguera bajo su árbol sagrado para celebrar la fiesta de la caza.
Durante el baile circula entre los alienígenas azules un cuenco con una sustancia intoxicante similar a la
kawa kawa (Piper methysticum), planta utilizada como ansiolítico, que ejercía una importante función
social entre los nativos de las islas del Pacífico al llegar los europeos en el siglo XVIII. Tsu’tey ofrece a
Jake el recipiente. El protagonista propina un trago largo entre los vítores de los jóvenes cazadores de
Pandora.
A continuación, le toca el turno a Tsu’tey, que hace lo propio y arroja el cuenco vacío sobre una montaña
de cuencos junto a la hoguera. Mientras baila con Neytiri, Jake permite que el flujo de tambores y canto le
atraviese y se deja llevar, danzando desde dentro, canalizando con su cuerpo la energía primigenia.
Abandonados al compás ancestral, Jake y Neytiri entretejen sus miradas, ajenos a los vaivenes externos.
Un viaje psicodélico
En otro punto posterior del guión, durante uno de los ritos de paso de la tribu, Jake ingiere un gusano
sagrado y posteriormente recibe la picadura de un escorpión alienígena. Esta combinación le provoca una
psicodélica experiencia de carácter místico, en claro paralelismo con los efectos que genera la mezcla
conocida como ayahuasca, combinación de plantas cuyos principios activos son la DMT y un IMAO.
La conquista de la visión transcurre descendiendo por la espiral hasta el vientre del planeta, en medio de
un círculo formado por cazadores y ancianos. Cuando el resplandeciente gusano y el aracnoide hacen su
efecto, Jake ve los rostros de la tribu deformados, amenazantes. Observa sus manos. Se alejan. También
su cuerpo, el suelo y el círculo de guerreros na’vi aparecen distantes. El espacio y el sonido se
distorsionan.
Entonces, los miembros de la tribu se transforman en fulgurantes árboles kilométricos, de un esplendor
espectral. Su propio cuerpo se desfigura: sus dedos se convierten en ramas, y sus piernas en raíces que
se extienden como dendritas conectadas con el gran cerebro de raíces arbóreas.
Jake vomita, se contorsiona, agoniza, araña el suelo, se revuelca en el fango. Sobre el pico de una
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montaña flotante le arropa una gigantesca sombra. Es del gran leonopteryx, su animal de poder. La
negrura de su pupila llena el universo. Jake vuela sobre el paisaje de Pandora, pero el bosque aparece
devastado, con pequeños fuegos entre humeantes árboles carbonizados. Finalmente, el animal vuela
majestuosamente, resonando con la eternidad.
La nueva droga tecnológica
Desde los festivales de música electrónica de los años 60, las nuevas tecnologías han seguido
reinventando y enriqueciendo la psicodelia hasta depurar su esencia e instaurar su lenguaje en los
medios de comunicación. El cine no supone una excepción: recientes estrenos como “Número 9″, “Enter
the Void”, “El imaginario del doctor Parnassus” o “Alicia en el país de las maravillas” de Tim Burton
desbordan tintestriptamínicos.
La llegada del 3D y la realidad virtual acentúan la tendencia, eliminando la frontera entre drogas y
tecnología. La más avanzada nanotecnología se confunde con la microscópica maquinaria que compone
los alcaloides procedentes de plantas y hongos, con capacidad para modular la neurotransmisión
cerebral y ampliar las barreras de la percepción.
El flirteo de Hollywood con el subconsciente cultural nos presenta mundos encantados y dimensiones
ocultas del conocimiento tras la realidad consensuada. “Avatar” añade, además, un nuevo nivel de
riqueza visual psicodélica, y su guión glorifica la cosmovisión chamánica de los pueblos indígenas.
Para penetrar en la encarnación alienígena de sí mismo, Jake debe vaciar su mente, conectándose a un
aparato desde el que su consciencia es proyectada tecnológicamente. La vida de una realidad es el
sueño de la otra. Al caer dormido, sintoniza con una ancestral tierra encantada, escondida en el
inconsciente cultural, lo que le provoca una transformación interna, aprendiendo a percibir la sacralidad de
la Naturaleza, que se erige como madre protectora.
Paralelamente, la experiencia enteógena supone un viaje entre dimensiones, una disolución de barreras
entre realidad e imaginación, entre locura y cordura. La cultura na’vi, al igual que otras culturas
chamánicas, cree en una “red de energía que fluye a través de todos los seres vivos”, prestando devoción
a los espíritus de los animales. A través del árbol de las almas se conectan con el alma planetaria para
formar parte de la consciencia colectiva.
Igor Domsac
http://www.cosmikrobiosis.tk
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