¿Es posible la democracia en América Latina? Para que la

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Revista Mexicana de Política Exterior
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¿Es posible la democracia en América Latina? Para que la democracia
funcione es necesario apuntalar a organizaciones sociales como los partidos
políticos, los sindicatos y las organizaciones campesinas, entre otras. Debido a
la intensidad de los cambios en la región, todavía no existe en la sociedad un
nivel de organización de los grupos civiles que pueda compararse al estamento
castrense, por lo que se corre el riesgo de la vuelta a los militares al poder. Por
lo demás, el libro es un aporte valioso para superar la incomunicación
intelectual entre civiles y militares.
Rosalva Ruiz Paniagua
Wayne A. Cornelius, Philip L. Martin y James F. Hollifield (comps.),
Controlling Immigration. A Global Perspective, Stanford, Stanford University Press, 1994, 442 pp.
Cambios en las relaciones internacionales, factores económicos y políticosociales en los países industrializados, así como la tradicional búsqueda de
mejores niveles de vida por parte de ciudadanos pertenecientes a países
subdesarrollados han provocado una era sin precedentes en el campo de la
inmigración hacia los países industrializados. Por una parte, día a día aumenta
el número de personas que deciden abandonar sus países de origen con el
propósito de huir de la miseria o, simplemente, para proporcionar a su familia
las oportunidades que no podrían obtener (educación, atención médica,
vivienda) de permanecer en su propio país. Por otra parte, los países destinatarios de esos flujos de inmigrantes enfrentan problemáticas similares:
cuántos inmigrantes y refugiados pueden aceptar; qué derechos y servicios
especiales se les debe proporcionar; cómo controlar la entrada ilegal de
inmigrantes; cómo integrar a aquellos que deciden permanecer, entre otras. Con
frecuencia, las políticas de inmigración de los países industrializados parecen
destinadas al fracaso: el control de la inmigración se encuentra fuera de control.
Además de los retos económicos y sociales que ello conlleva, también provoca
malestar en el interior de sus sociedades, el cual se traduce en hostilidad hacia
los inmigrantes.
Con el propósito de evaluar las políticas migratorias de los países
industrializados y los resultados obtenidos, Wayne A. Cornelius, Philip L.
Martin y James F. Hollifield presentan esta compilación de ensayos de
especialistas en inmigración de distintos países. El libro tiene dos hipótesis
principales e interrelacionadas: la primera se refiere a la existencia de una
creciente similitud entre los países industrializados e importadores de mano de
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Reseñas
obra, en cuanto a: los instrumentos adoptados para controlar la inmigración y
los flujos de refugiados provenientes de países menos desarrollados; los
resultados o la eficacia de las medidas para el control de la inmigración; las
políticas de integración social de los inmigrantes que se convierten en
residentes; y, las reacciones de sus sociedades ante los flujos de inmigrantes y la
evaluación de los esfuerzos gubernamentales para controlar la inmigración. La
segunda hipótesis sostiene que existe una brecha creciente entre las metas de las
políticas para el control de la inmigración de los países industrializados (leyes,
reglamentos, decretos del ejecutivo, entre otras) y los resultados que se
obtienen; ello deriva en una mayor hostilidad pública contra los inmigrantes en
general (sin importar su status legal), y en una creciente presión sobre los
partidos políticos y los funcionarios para que los gobiernos adopten políticas
más restrictivas.
Además del interés intrínseco de dichas hipótesis, la originalidad de este
volumen reside en que, hasta ahora, países como Bélgica, España, Italia y Japón
no habían sido incluidos en un examen comparativo de patrones y políticas de
inmigración en los países industrializados.
Este libro es producto de un estudio sistemático, comparativo y multidisciplinario sobre las políticas de inmigración que han sido adoptadas —y los
resultados obtenidos— por nueve democracias industrializadas: Estados
Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica, Italia, España y Japón.
En cada uno de los trabajos se detalla a fondo por qué ciertas medidas de control
de la inmigración fueron escogidas (o no), así como las probables razones del
fracaso de dichas medidas en sus objetivos establecidos. Además de evaluar las
hipótesis generales antes mencionadas, a través del estudio comparativo de esos nueve
países, los autores buscan explicar la declinación de la eficacia en las medidas
de control de migración en los países importadores de mano de obra.
Controlling Immigration. A Global Perspective se encuentra integrado
por cuatro secciones. En la primera de ellas, introductoria, Wayne A. Cornelius,
Philip L. Martin y James F. Hollifield hacen una recapitulación de los temas a
tratar. Ahí mismo, Christopher Mitchell afirma en su comentario que esta obra
da un énfasis especial a los aspectos legales, legislativos y administrativos que,
a menudo, la literatura de la ciencia política de los últimos 10 años ha tendido a
olvidar.
La segunda sección (“Countries of Immigration: The United States and
Canada”) se encuentra integrada por tres capítulos, titulados: “U.S. Immigration
and Policy Responses: The Limits of Legislation”, “The United States: Benign
Neglect toward Immigration” y “Canada: Flexibility and Control in Immigration and Refugee Policy”, escritos por Kitty Calavita, Philip L. Martin y
Manuel García y Griego, respectivamente. En esta sección, la que tiene relación
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más directa con nuestro país, se habla de los problemas, las medidas adoptadas
y los resultados arrojados por las políticas migratorias del país al que más
personas emigran en la actualidad: Estados Unidos. Se analiza también el caso
de Canadá, país que tiene un enfoque abierto en lo relativo a la inmigración; de
todos los países analizados en este libro, es el que parece sentirse más cómodo
con sus políticas migratorias. Sin duda, este país mantiene todavía una política
como la que, históricamente, caracterizó a Estados Unidos; la inmigración es considerada como algo bueno, como un aspecto esencial y necesario para el
desarrollo del país. Como señala Manuel García y Griego, la “brecha” que
Canadá tiene entre la metas propuestas por sus políticas migratorias y sus
resultados es mucho más pequeña que la de cualquier otro de los países
analizados. Su éxito, de acuerdo con ese autor, se debe a una variedad de
factores: la flexibilidad de los legisladores; la confianza del pueblo canadiense
ante la inmigración, que tal vez se deba a que se trata de un pueblo multicultural, resultado de dos patrias fundadoras; la creciente racionalización de sus
políticas migratorias al alejarse gradualmente del concepto de un “Canadá
blanco”, producto de la segunda guerra mundial, entre otros.
La tercera sección (“Reluctant Countries of Immigration: France,
Germany, Belgium and Britain”) se encuentra integrada por cuatro capítulos:
“Immigration and Republicanism in France: The Hidden Consensus”; “Germany: Reluctant Land of Immigration”; “Anxious Neighbors: Belgium and its
Immigrants Minorities”; y, “Britain: The Would-be Zero-Immigration Country”,
escritos por James Hollifield, Philip L. Martin, Marcelo M. Suárez-Orozco y
Zig Layton-Henry, respectivamente. En esta sección, Hollifield subraya que
Francia, con la historia más grande de inmigración en Europa, siempre ha
estado orgullosa de su habilidad para asimilar inmigrantes dentro de su
“sociedad republicana”. Según ese modelo republicano, los orígenes étnicos o
nacionales son borrados en la segunda generación y por lo tanto no existe una
base para la discriminación. Sin embargo, el autor también señala que ese
modelo es ambiguo, y que dicha ambigüedad explica la fiera batalla política que
tuvo lugar entre 1974 y 1984, en lo relativo al tema de la inmigración. Los
intentos posteriores a 1974 por poner un alto a la inmigración de trabajadores e
inducir una repatriación no han tenido gran éxito; actualmente, la inmigración
continúa siendo un asunto político de gran importancia, ya que un tercio del
electorado francés está conforme con apoyar medidas restrictivas.
Alemania, de acuerdo con Philip L. Martin, se ha convertido en un país
de inmigrantes por varias razones. Primero, porque los trabajadores extranjeros
que fueron “invitados” a laborar temporalmente en Alemania no regresaron
nunca a sus países de origen; segundo, por el regreso de alemanes “étnicos” procedentes de la antigua Unión Soviética; y, finalmente, por la oleada de solicitudes
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Reseñas
de asilo político por parte de ciudadanos turcos durante la década de los
ochenta. Martin también subraya que la notable recuperación y expansión
económicas de Alemania se explican gracias a la inmigración masiva, ya que no
hubieran sido posibles sólo con la mano de obra nacional. La falla del gobierno
alemán para controlar la desmedida inmigración, a juzgar por ese autor, se ha
visto reflejada en los ataques xenofóbicos que, en 1992, incluyeron más de
2 300 ataques físicos a extranjeros.
Bélgica, país dividido cultural, lingüística y étnicamente, así como en
razón de clase social y religión, ha tenido una oleada migratoria procedente
de países musulmanes del norte de África. Según Marcelo M. Suárez-Orozco, al
igual que Francia y Alemania, Bélgica realizó un reclutamiento masivo de
trabajadores extranjeros durante el periodo de la posguerra y hasta 1974.
Posteriormente, la inmigración principal a Bélgica provino de España, Italia y
otros países europeos. Por desgracia, como señala Suárez-Orozco, existe una
percepción creciente de que estos inmigrantes amenazan la cultura flamenca y
son fuente de criminalidad. Los intentos del gobierno por detener la inmigración han sido poco fructíferos, por lo que los belgas se inclinan cada vez más
a apoyar con sus votos a los partidos de extrema derecha, los cuales proponen
medidas estrictas contra la inmigración. Sin embargo, la necesidad de mano de
obra barata hace que el fenómeno del empleo no declarado sea ampliamente
aceptado. El resultado de todo lo anterior, sostiene ese autor, es una “falta
de política” en materia migratoria, por lo cual predice que la condenación de la
inmigración ilegal estará acompañada de medidas de control simbólicas y
equívocas.
A diferencia de los tres países citados anteriormente, Inglaterra no es una
nación de inmigrantes. Experimenta inmigración en pequeña escala y ello se
debe a la eficacia de las autoridades inglesas en sus políticas migratorias. De
acuerdo con Zig Layton-Henry, la tenacidad de los sucesivos gobiernos en el
control migratorio es el factor explicativo más importante, además de que
Inglaterra cuenta con una “provisión” de mano de obra inmigrante: Irlanda.
La cuarta sección de esta compilación (“Latecomers to Immigration:
Italy, Spain, and Japan”) contiene tres capítulos: “Italy and the New Immigration”; “Spain: The Uneasy Transition from Labor Exporter to Labor
Importer”; y, “Japan: The Ilussion of Immigrant Control”. Kitty Calavita es la
autora del primero; Wayne A. Cornelius escribió los dos últimos. Los autores
catalogan a esos tres países como los “nuevos países de inmigración en el
mundo industrializado”. Aunque siempre han recibido inmigrantes, dichas
naciones nunca enfrentaron inmigraciones masivas; el porcentaje de los
inmigrantes nunca había sido importante: hoy en día, menos de 1% de la
población de esos países es extranjera. Sin embargo, todo indica que esa
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tendencia será revertida en esta década y que se experimente un incremento en
la inmigración.
Los ensayos de esta compilación están acompañados de interesantes
comentarios, los cuales son resultado de la discusión de los trabajos incluidos,
presentados en un seminario de investigación llevado a cabo en el Center for
U.S.-Mexican Studies, en marzo de 1993. Los compiladores decidieron incluir
en esta obra 15 de los comentarios realizados, ya que pensaron que proporcionarían al lector una idea de la diversidad de las interpretaciones que se
dan en materia de inmigración, con lo cual enriquecerían el material en
beneficio de futuros debates académicos y políticos sobre la materia. Sin duda,
lo lograron.
Carlos A. Gallardo Viveros
Alonso Gómez Robledo V., Responsabilidad internacional por daños
transfronterizos, México, UNAM (Instituto de Investigaciones Jurídicas, Serie
Estudios de Derecho Internacional Público, núm. 9), 1992, 184 pp.
El gran desarrollo industrial del último siglo ha exigido, más que nunca en la
historia de la humanidad, el máximo aprovechamiento de los recursos de
nuestro planeta. La economía de todos los países del globo exige la extracción
de materias primas cuyo proceso industrial provee los bienes de consumo. Sin
embargo, la explotación masiva y, en ocasiones excesiva, de los recursos de la
Tierra plantea el problema de cómo hacer frente a los graves daños que se están causando: la contaminación ambiental, las modificaciones climáticas, entre otros.
A pesar de lo devastador de esas consecuencias, la explotación de
recursos ha sido siempre tomada como un “riesgo” vinculado con la necesidad
de obtener bienes de consumo. Hoy, resulta claro que los daños no son
solamente ecológicos; existen riesgos sociales y políticos debido a que los
perjuicios traspasan fronteras y afectan a todas las naciones. Es claro que, en el
caso de países vecinos, las consecuencias de los daños transfronterizos se
traducen de manera lógica en fricciones internacionales.
Éste es el importante tema abordado en la obra de Alonso GómezRobledo: Responsabilidad internacional por daños transfronterizos. El libro
contiene cuatro capítulos, en los cuales se analiza tanto la doctrina y la
jurisprudencia internacional existente como la responsabilidad internacional
derivada de actos no prohibidos por el derecho internacional. Considero que la
importancia y actualidad del tema, debidas a las graves consecuencias que
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