ataques de ira - CAT Barcelona

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revista de toxicomanías
Relación de la ira y los ataques de ira
con la depresión
Nitesh Painuly, Pratap Sharan, Surendra K. Mattoo
Una revisión breve
Resumen
La ira es una emoción frecuente y potencialmente
destructiva que tiene una considerable importancia
social y de salud pública. La concomitancia de ira, irritabilidad y hostilidad en la depresión se conoce desde
hace años pero la prevalencia, la importancia para el
tratamiento, el pronóstico y los mecanismos implicados
son aún poco comprendidos. Más recientemente se ha
propuesto a los ataques de ira como una forma específica de ira en la depresión. Se caracterizan por un inicio
rápido de ira intensa y un crescendo de la descarga
autonóma que ocurre en respuesta a provocaciones triviales. Aunque la presencia o ausencia de hostilidad, ira
y agresión en depresión ha sido objeto de controversia,
se ha encontrado que los ataques de ira ocurren más a
menudo en pacientes deprimidos en comparación con
controles sanos. Algunos estudios han informado que
los pacientes deprimidos con ataques de ira difieren de
aquellos sin tales ataques en términos de perfil clínico,
trastornos comórbidos de personalidad y ciertas variables biológicas. La disfunción serotoninérgica puede
caracterizar este subtipo distinto de depresión – depresión con ataques de ira.
Palabras clave ira – ataques de ira – depresión
Introducción
La depresión es una enfermedad de gran importancia en la salud pública, en términos de su prevalencia y
el consiguiente sufrimiento, disfunción, morbilidad,
mortalidad y pérdidas económicas. Se ha demostrado
que la presencia de ansiedad en la depresión añade al
sufrimiento, disfunción y utilización de los servicios de
Tabla 1. Ira y fenómenos relacionados
Ira
Un afecto con concomitantes fisiológicos que se experimenta como la motivación
para actuar de manera que entristece, intimida o ataca a aquellos que se perciben
como un reto o una amenaza (Gottschalk y col. 1963; Kennedy1992)
Irritabilidad
Un estado de sentimiento caracterizado por un control reducido sobre el temperamento,
que normalmente ocasiona arrebatos verbales o de comportamiento (Snaith y Taylor
1985)
Agresión
Un acto verbal o físico deliberado que es interpretado por otros como destructivo
(Gottschalk y col. 1963)
Hostilidad
Una actitud autoreportada como de disgusto, resentimiento o sospecha hacia el
mundo o sus objetos (Gottschalk y col. 1963)
Inquietud motora tal como moverse y pasear de un lado al otro con tensión interna
(Schatzberg y deBattista 1999)
La disforia se refiere tanto al estado de ánimo depresivo como a la irritabilidad y
también puede ser usada específicamente para referir un estado de ánimo patológico
“estado de ánimo irritable” (Musalek y col. 2000)
Arrebatos violentos con pérdida del control sobre el comportamiento agresivo por
una provocación mínima (Campbell 1996)
Agitación
Disforia
Descontrol episódico
Trastorno explosivo intermitente
Episodios discretos del fracaso a resistirse a impulsos agresivos lo que conduce a
agresiones graves o a destrucción de la propiedad (DSM-IV) (Asociación
Norteamericana de Psiquiatría 1994)
Trastorno explosivo intermitente
Momentos súbitos de ira, surgidos de descargas autónomas y síntomas tales como
taquicardia, sudoración, rubefacción y sentimiento de estar fuera de control. Estos
ataques ocurren espontáneamente o en respuesta a una provocación y son
experimentados por los sujetos como no característicos de ellos e inapropiados a la
situación (Fava et al 1990)
Artículo publicado “on line” Noviembre 2004
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Tabla 2. Criterios para los ataques de ira (Fava y col 1990)
A. Momentos súbitos de ira, al menos uno el último mes, acompañado por activación autónoma intensa, experimentada
por los sujetos como no característica de ellos, inapropiada a la situación en la que ocurre y conduciendo a
culpabilidad o arrepentimiento posterior.
B. Al menos un ataque se acompaña de por cuatro o más de los siguientes síntomas y comportamientos autónomos:
1. Palpitaciones
2. Rubefacción
3. Opresión o presión torácica
4. Parestesias
5. Mareo
6. Sudoración excesiva
7. Acortamiento de la respiración
8. Temblor o agitación
9. Miedo intenso o ansiedad
10. Sentimiento de fuera de control
11. Sentimiento de atacar a los otros
12. Ataques físicos o verbales a otros
13.Lanzamiento o destrucción de objetos.
la salud (van Valkenburg y col. 1984). Por tanto, puede
esperarse que como tercera dimensión de la depresión,
la disforia (ira-irritabilidad) puede influenciar de forma
similar el resultado de la depresión y afectar las vidas de
los pacientes deprimidos y de sus proveedores de salud.
Aunque la ira ha sido descrita como una importante dimensión en la intoxicación por sustancias psicoactivas y en el síndrome de abstinencia, la hipocondría,
los trastornos de la personalidad, la paranoia, el trastorno de delusión y la esquizofrenia (Kretschmer 1927,
Berner y Kufferle 1982; Kennedy 1992; Craig y col.
1985; Fava y col. 1990, Muscatello y Scudellari 2000)
más teóricamente, el interés clínico y de la investigación se ha dedicado a la conexión entre la ira y la depresión. Quizás esto se deba a que el concepto de disforia
implica una conexión entre ira, irritabilidad y enfermedad depresiva (Muscatello y Scudellari 2000).
La ira en la depresión puede conducir a una serie
de resultados negativos tales como una pobre evaluación de por otros, disminución de la auto estima, conflictos interpersonales e inadaptación ocupacional
(Deffenbacher 1992). En particular, la ira-irritabilidad
puede estar asociada con suicidios impulsivos (Brown
y col. 1982; Coccaro y col. 1989). Se ha reportado que
los ataques de ira entre mujeres embarazadas y puérperas de 18 meses se han asociado más a menudo con
depresión, a menudo dirigida a su esposo y/o hijos/as,
12
estando relacionado con una menor satisfacción con el
apoyo social (Mammen y col. 1999).
La emergente evidencia que conecta la ira y las
emociones relacionadas con la depresión ha ayudado a
traer a la ira a la nosología psiquiátrica; por ejemplo, la
depresión agitada en el Criterio Diagnóstico de
Investigación (Spitzer y col. 1978) y la sensibilidad al
rechazo interpersonal como uno de los criterios de las
características atípicas en la depresión en el DSM-IV
(Asociación Americana de Psiquiatría 1994).
La presente revisión se centra en la ira como un
importante área para la investigación de los trastornos
deprimidos.
Ira y fenómenos relacionados:conceptos básicos
Fenomenología
Kennedy (1992), afirmó oportunamente que, a
pesar de una larga historia de atención a la psicopatología de la ira y su obvia relevancia social, es una “emoción olvidada” como refleja la ausencia de verdaderos
esfuerzos para obtener una definición consensuada de
los términos relacionados con ella. Como se refleja en
la Tabla 1, ira, irritabilidad, agresión, hostilidad, agitación y disforia son términos relacionados con ciertas
diferencias y solapamientos
Mientras el Programa para el Trastorno Afectivo y
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la Esquizofrenia (SADS) restringía el término irritabilidad para el comportamiento público (Spitzer y Endicott
1979) el Examen del Estado Actual (PSE) (Wing y col.
1974) y más tarde, Snaith y Taylor (1985) consideran la
irritabilidad como presente incluso sin una manifestación observada y la puntúan incluso si es subjetiva y
nunca se ha expresado.
Los episodios de ira que son muy desproporcionados a cualquier provocación o a estresantes psicosociales precipitantes se han descrito bajo varias descripciones, por ejemplo, síndrome episódico de descontrol. Se
ha reportado que este síndrome ocurre en muchas condiciones psiquiátricas y médicas, por ejemplo, retraso
mental, trastornos de la personalidad, lesiones cerebrales, epilepsia, tumor cerebral, enfermedad cerebro-vascular y otros trastornos neurológicos, endocrinos y
metabólicos (Elliott 1984). Cuando tales episodios ocurren en ausencia de otros trastornos, trastorno notable
de abuso de sustancias y trastornos orgánicos, se diagnostican como trastornos explosivos intermitentes en
los sistemas actuales de clasificación, por ejemplo,
ICD-10 (Organización Mundial de la Salud 1992) y
DSM-IV (Asociación Americana de Psiquiatría 1994).
Fava y col. (1990) reportaron una serie de casos
que se presentaron con episodios súbitos de ira acompañados por aspectos fisiológicos recordando a los ataques de pánico en una historia de depresión o ansiedad.
Estos ataques ocurridos espontáneamente o en respuesta a una provocación fueron experimentados por los
sujetos como no características de ellos mismos e
inapropiadas a la situación, y se siguieron de profundos
sentimientos de culpabilidad. Dado que estos no cumplen los criterios de otros trastornos psiquiátricos
(incluyendo trastornos de la personalidad) y que estos
episodios respondieron bien a antidepresivos los autores manejaron la hipótesis que estos ataques eran
variantes de trastornos de pánico o deprimidos y comprendían un síndrome distinto, que si no es reconocido
y tratado, puede conducir a ansiedad secundaria o
depresión (Fava y col 1993a) (Tabla 2).
Valoración de de ira
Debido a que la ira está relacionada con varios
resultados negativos, es importante medirla de una
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manera fiable y válida. Los primeros pasos en esta
dirección se basaron en la mera observación del comportamiento, en entrevistas clínicas, tests proyectivos y
valoraciones psicológicas, tales como la respuesta galvánica de la piel y la frecuencia cardíaca, y escalas psicométricas auto reportadas. No obstante, debido a una
falta de diferenciación histórica entre los diferentes tipo
de ira, hostilidad y agresión, habían muchas ambigüedades sobre lo que realmente se estaba midiendo
(Kassinove y col. 1997).
Últimamente, la ira se está considerando con más
frecuencia como un estado de ánimo que se puede relacionar a otras variables de interés, tales como patrones
motores o reacciones fisiológicas y puede valorarse a
través de medidas fiables de auto-evaluación
(Kassinove y col. 1997). En esta línea, el Inventario de
Expresión de Ira Estado-Rasgo ( State-Trait Anger
Expression Inventory) (Spielberger y Sydeman, 1994)
representa una herramienta valiosa en la valoración de
la ira y se ha convertido en un estándar en este campo.
Mide la ira bajo las siguientes dimensiones: estado de
ira, rasgos de ira y expresión de ira. Otras escalas autoinformadas desarrolladas para medir la ira incluyen el
Cook-Medley Inventory (Cook y Medley, 1954), BussDurkee Hostility Inventory (Buss y Durkee, 1957),
Hargurg Anger-in/Anger-out scale (Hargurg y col.
1973), Novaco Anger Inventory (Novaco, 1975),
Multidimensional Anger Inventory (Siegel, 1986) y
Anger Response Inventory (Tangney y col. 1991).
Relación entre la ira y la depresión
Prevalencia
Los psicoanalistas interpretaron las reacciones
depresivas como resultado del retorno de la agresión
directa hacia el interior del objeto original sobre el
objeto incorporado amado u odiado mientras había una
negación, supresión o represión de sentimientos hostiles hacia otros importantes (Freud, 1917; Abraham
1927). Algunos estudios han mostrado una relación
entre una hostilidad dirigida hacia el interior y la depresión (Kennedy 1970; Schless y col. 1974; Biaggio y
Godwin 1987).
A pesar de que generalmente se reconoce una relación casual entre la ira reprimida y la depresión (White,
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1977), la investigación ha proporcionado hallazgos
conflictivos. Se reportó menos hostilidad “expresada
hacia fuera” en pacientes deprimidos en comparación
con sujetos normales (Friedman 1970). Igual que en
contra del hallazgo de menor expresión de ira en
pacientes deprimidos, Sainth y Taylor (1985) informaron que un 37% de los pacientes deprimidos internados
tenían una moderada o severa irritabilidad dirigida
hacia el exterior, siendo la proporción significativamente mayor que la proporción de sujetos irritables entre
los controles normales. Goldman y Hagga (1995) informaron sobre hallazgos similares. Algunos estudios
(Weissman y col. 1971; Biglan y col. 1985; Feldman y
Gotlib 1993), pero no todos (Goldmand y Hagga 1995),
han informado de que los sujetos deprimidos expresan
más ira hacia los miembros cercanos de la familia
incluyendo a sus parejas e hijos en comparación con los
sujetos no deprimidos.
Para explicar la inconsistencia de los hallazgos,
Goldman y Hagga (1995) dieron una hipótesis alternativa para la menor expresión de hostilidad en pacientes
deprimidos que se observaba en algunos estudios. Ellos
sugirieron que estos pacientes inhibían la expresión de
la ira por el temor a las consecuencias de esa expresión.
Consistentemente con esa hipótesis, mostraron que
pacientes ambulatorios deprimidos tenían niveles más
altos de temor a la expresión de la ira que los sujetos no
deprimidos, y que el temor a la expresión de la ira estaba altamente relacionado con la supresión de la ira
(Goldman y Hagga, 1995).
Otros investigadores han sugerido que existe una
correlación positiva entre la hostilidad y la depresión,
sobre todo en algunos subtipos de depresión tales como
la depresión no endógena (Pilowsky y Spence, 1975), o
algunos subgrupos de pacientes deprimidos, por ejemplo los que no han sufrido pérdidas interpersonales
(Fava y col. 1982) o pacientes deprimidos más jóvenes
(Paykel 1971; Perris y col. 1983). Los hallazgos en subgrupos de género deprimidos son inconsistentes.
Mientras Sethi y col (1980) informaron sobre una
mayor hostilidad entre hombres deprimidos y mayor
sentido de culpabilidad entre mujeres depresivas, Perris
y col (1983) no lograron encontrar ninguna diferencia
específica entre géneros.
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Se ha encontrado que la ira se da más en depresión
bipolar que en depresión unipolar (Akiskal y Benazzi,
2003). La valoración de síntomas hipomaníacos durante un episodio depresivo mayor ha llevado al hallazgo
de una alta frecuencia (más del 20%) de estado mixto
depresivo bipolar II (definido como episodio depresivo
mayor coincidiendo con síntomas de hipomanía), en los
que la ira era muy común (Akiskal y Benazzi, 2003;
Benazzi y Akiskal 2001). El hecho de reconocer la ira
en un episodio depresivo también podría ser un marcador clínico cruzado sectorial de depresión bipolar II, ya
que Benazzi (2003) demostró que la sensibilidad y la
especificidad de la ira para la predicción de trastornos
bipolares II era del 61.2% y 64.3% respectivamente.
Este hecho puede tener un impacto importante en el tratamiento de la depresión, puesto que el mal diagnóstico
tanto de una depresión bipolar como de una depresión
unipolar es alto y el tratamiento de la depresión bipolar
con antidepresivos sin estabilizadores del estado de
ánimo puede inducir a manía/hipomanía, estados mixtos y ciclos rápidos (Benazzi 2003).
La relación entre la ira y gravedad y el curso de los
trastornos depresivos.
Se ha informado acerca de una correlación positiva
entre el grado de depresión y la hostilidad dirigida hacia
el interior (Friedman 1970; Schless y col. 1974). Riley
y col. (1989) encontraron que la severidad de la depresión estaba asociada con el nivel de hostilidad y la
experiencia de ira, y en parcialmente con la supresión
de la ira. No obstante, otros han informado de no diferencias en hostilidad entre pacientes moderadamente
deprimidos y pacientes severamente deprimidos
(Trivedi y col. 1981; Gupta 1987). Esta contradicción
aparente se podría explicar por el hecho de que algunos
estudios que encontraron una relación entre la ira y la
severidad de la depresión, evaluaron la depresión como
una dimensión, mientras que los estudios con hallazgos
negativos examinaban las categorías depresivas y se
esperaba que fueran menos sensibles para encontrar
cualquier relación. En algunos estudios se ha observado que la severidad de la expresión de la ira está relacionada con la severidad de la depresión (Schless y col.
1974; Pilowsky y Spence 1975; Fava y col. 1982) pero
no en todos (Snaith y Taylos 1985; Riley y col. 1989).
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Se ha comunicado una mejoría en todos los campos
de la hostilidad dirigida hacia el interior, incluyendo
punitividad general e intropunitividad con la mejoría de
la depresión (Friedman 1970; Blackburn y col. 1979;
Mayo 1978). De manera similar, Fava y col. (1986)
encontraron que no había una diferencia significativa de
hostilidad entre pacientes deprimidos recuperados y
sujetos de control, mientras esta diferencia era llamativa
durante el tratamiento de la enfermedad. Como en contra de este conjunto de hallazgos, Backburn y col.
(1979) observaron que aunque la hostilidad dirigida
hacia el interior había disminuido con la mejoría de la
depresión según la valoración de las enfermeras sobre el
estado de ánimos (depresión), esta asociación no era
evidente en los informes presentados por los propios
pacientes o en las valoraciones de la depresión realizadas por los entrevistadores. De forma semejante, Brody
y col. (1999) encontraron que en comparación con el
grupo de control de nunca deprimidos, los pacientes
recuperados de la depresión comunicaron que contenían
la ira interiormente y que sentían temor a expresarla. De
hecho, estos autores contemplaron la hipótesis de que la
inhibición de la ira podría jugar un papel importante en
la reaparición de la depresión.
Con relación a la ira dirigida hacia el exterior, los
estudios han encontrado que la mejora sintomática de la
depresión no estaba correlacionada con la “expresión
de la ira hacia el exterior” (Friedman 1970; Klerman y
Gershon 1970).
La ira como argumento para la clasificación
de la depresión.
En pacientes deprimidos, un grupo de análisis
basado en la Escala Breve de Valoración Psiquiátrica
llevó hacia tres subgrupos: ansiosos, retrasados y
(manifiestamente) hostiles (Hollister y col. 1967). De
forma similar, un grupo de análisis basado en síntomas
clínicos, historias previas, estrés vital, y neuroticismo
pre-mórbido llevaron a la identificación de cuatro subgrupos (Paykel 1971). El primer grupo tenía buena
adaptación premórbida, una enfermedad grave, algunas
veces con engaños, y correspondía a “depresión psicótica”. El segundo grupo tenía depresión moderada con
una fuerte mezcla de ansiedad, mayor incidencia de
enfermedad previa y puntuaciones neuróticas más altas.
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El tercer grupo comprendía depresión con una cantidad
considerable de hostilidad (manifiesta). El último grupo
contenía pacientes jóvenes en los que una depresión
relativamente leve se desarrollaba en una historia de
trastornos de la personalidad. Esta clasificación era
consistente con la dicotomía psicótico-neurótica, pero
sugería que los deprimidos no psicóticos son diversos y
comprenden grupos asociados con un alto grado de
neuroticismo, alta hostilidad y trastornos de la personalidad. La asociación entre hostilidad y “depresión no
psicótica” adquirió consistencia con los hallazgos de
Pilowsky y Spence (1975). El hallazgo de una mayor
hostilidad dirigida hacia el interior (como en contra de
la expresión de ira hacia el exterior) en pacientes
maniaco-depesivos en comparación con pacientes neuróticamente deprimidos (Trivedi y col. 1981) también
está de acuerdo con este esquema.
Bagby y col. (1997a, b) sugirieron que la categoría
de depresión hostil podría tener alguna validez.
Sugirieron una medición del rasgo de la ira y la hostilidad para dividir a los deprimidos entre grupos de alta
ira hostil o de baja ira hostil. El grupo de ira hostil alta
era menos consciente, era menos agradable y más sensible interpersonalmente. No obstante, se encontró que
ambos grupos tenían un perfil sintomático y una respuesta similar al tratamiento.
La ira y los fenómenos relacionados han sido reconocidos como la base para la clasificación en aproximaciones clasificatorias formales, pero hasta un cierto
límite. La depresión agitada fue posicionada en un subgrupo de trastorno depresivo mayor en el Criterio de
Investigación Diagnóstico (Spitzer y col. 1978). El
DSM-IV clasifica el episodio depresivo con rasgos atípicos como una subcategoría diagnóstica, en la que
hipersensibilidad al rechazo es un aspecto central
(Asociación Americana de Psiquiatría, 1994).
Ira asociada a la depresión: respuesta
al tratamiento
Se informó de resultados superiores al tratar a
deprimidos ansiosos con tioridacina y a deprimidos
retardados con imipramina, mientras que los deprimidos hostiles respondieron igualmente bien con ambos
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fármacos (Hollister y col. 1966). En otro estudio, se
reportó mayor eficacia con amitriptilina en deprimidos
retardados, con perfenacina en deprimidos ansiosos y
con cualquiera de los dos en deprimidos hostiles
(Hollister y col. 1967). Se descubrió que el tratamiento
de la depresión con amitriptilina mejoraba ha hostilidad
(Fava y col. 1986), mientras que se observó que la fluoxetina era útil moderando la ira que formaba parte de la
sintomatología de diversos trastornos de los eje I y II
(Rubey et al. 1996).
No obstante, el uso de inhibidores selectivos de la
recaptación de serotonina (ISRS) en pacientes deprimidos que manifestaban psicopatología relacionada con la
ira es controvertido. Varios casos control, voluntarios
sanos y estudios meta-analíticos sugieren que los ISRS
pueden inducir a la agitación (Lane, 1998; Besley y col.
1991; Ranter y col 2002; Saletu y col 1986), y esto se
ha relacionado por Healy (2003) con el suicidio inducido por ISRSs. No obstante, la asociación de tratamiento con ISRSs y el suicidio sigue siendo cuestionable
(Khan y col 2003).
La presencia de síntomas residuales incluida la ira
ha sido fuertemente relacionada con los pobres resultados a largo plazo y futuras recaídas (Fava 1999). Se ha
visto que la estrategia de tratamiento secuencial basado en el uso de farmacoterapia en la fase aguda de la
depresión y en la terapia de comportamiento cognitivo
en la fase residual enfocada a los síntomas residuales
(ira) disminuye el índice de recaída en la depresión
recurrente (Fava y col. 2003).
Ataques de ira y depresión
Fava y col. describieron los ataques de ira como un
fenómeno en la depresión por primera vez en 1990. Los
ataques de ira mejoraban con el tratamiento antidepresivo. Considerando esta respuesta y la histórica relación
entre hostilidad, irritabilidad, y depresión, postularon
que los ataques de ira eran variantes de la depresión
mayor. Desde entonces, la mayoría de los estudios
sobre los ataques de ira se han hecho en relación con la
depresión.
Prevalencia
Se ha reportado una prevalencia de los ataques de
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ira en depresión mayor entre un 30 y un 49% (Fava y
col. 1991, 1993b, 1993c, 1996; Sayar y col 2000), del
38% en la depresión mayor “atípica” y del 28% en disritmia, mientras que no se reportaron ataques de ira en
los controles normales (Fava y col. 1997).
Los pacientes con depresión mayor tenían dos
veces más de probabilidad de reportar ataques de ira
que aquellos con trastorno de pánico (Gould y col.
1996).
Correlaciones clínicas
Los pacientes deprimidos con o sin ataques de ira
no diferían en relación con la edad y el sexo (Fava y
col. 1991). No había diferencias significativas en las
tasas de ansiedad comórbida a lo largo de la vida (incluyendo trastorno de pánico). Y se encontraron trastornos
de la alimentación y de uso de sustancias en los pacientes deprimidos con y sin ataques de ira (Fava y col.
1991; Tedlow y col. 1997). Sin embargo, estos últimos
autores encontraron que el 80% de los pacientes deprimidos con ataques de ira cumplían los criterios de trastorno de pánico comórbido actual comparado con el 3%
de pacientes deprimidos sin ataques de ira, un hallazgo
que fue significativo a un nivel de tendencia (Tedlow y
col. 1997).
Respecto a las medidas dimensionales (las cuales
son más sensibles), los pacientes con ataques de ira
reportaron estar significativamente más deprimidos,
nerviosos y con menos esperanzas comparados con los
pacientes sin ataques de ira. La gravedad de la depresión surgió como el predictor más fuerte de la presencia
de ataques de ira (Sayar y col. 2000). Los ataques de ira
han mostrado también ser predictores de una mayor
depresión en pacientes con trastorno de pánico y alimentario (Gould y col. 1996; Fava y col. 1995). A pesar
de tener puntuaciones similares en la escala de depresión del cuestionario de síntomas, los pacientes deprimidos con ataques de ira reportaron tener puntuaciones
más altas en las escalas de ansiedad, de somatización,
de estado y de rasgo de hostilidad y de capacidad potencial de fijar los receptores de la dopamina (D1) y la
serotonina (5HT2) distrés psicológico global que los
pacientes deprimidos sin ataques de ira (Fava y col
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1993c). Se propuso que puntuaciones más altas en la
escala de ansiedad en la depresión pueden ser debidas a
la posible conexión entre la ira no regulada y la ansiedad o pueden ser un reflejo de los síntomas autónomos
experimentados por los pacientes deprimidos con ataques de ira (Fava y Rosenmbaum 1999).
Cuando se valoró en el Auto Cuestionario
Revisado del Trastorno de la Personalidad, los pacientes deprimidos con ataques de ira se reportaron como
que tenían más probabilidad de cumplir los criterios
para los trastornos de la personalidad del cluster B (histriónico, narcisista, límite y antisocial) en comparación
con los pacientes deprimidos sin ataques de ira (Fava y
col. 1997). En otra muestra de 333 pacientes deprimidos ambulatorios donde el instrumento para la valoración de los trastornos de la personalidad fue el SCID II
valorado clínicamente (Entrevista Clínica Estructurada
para Trastornos de la Personalidad), se encontró que los
pacientes deprimidos con ataques de ira tenían una probabilidad significativamente mayor de cumplir los criterios de los trastornos de la personalidad del cluster C
(dependiente y evitante) y del cluster B (narcisista,
límite y antisocial) que los pacientes deprimidos sin
ataques de ira (Fava y Rosenbaum 1997).
Para examinar las características emocionales y de
comportamiento de los descendientes de pacientes
deprimidos con y sin ataques de ira, Alpert y col.
(2003), examinaron a 43 padres que cumplían los criterios de depresión mayor y completaron la Lista del
Comportamiento Infantil de Achenbach - Versión del
Informe de los Padres para cada uno de sus niños.
Encontraron que los padres con ataques de ira tenían
una edad significativamente menor de inicio de la
depresión. Se encontró que los descendientes de
pacientes deprimidos con ataques de ira tenían puntuaciones significativamente menores en las escalas de
competencia social y escolar y mayores puntuaciones
para delincuencia, problemas de atención, comportamiento agresivo y psicopatología global.
Ataques de ira y subtipos de depresión
Los hallazgos sobre la asociación de ataques de ira
con subtipos de depresión han sido inconsistentes. En
un estudio se encontró que los ataques de ira eran más
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prevalentes entre los pacientes con depresión atípica y
disritmia en comparación con los sujetos normales
(Fava y col. 1997), pero no se encontró en otro (Fava y
col. 1993c).
Se ha sugerido que los ataques de ira indican en los
adultos un episodio bipolar depresivo (Fava y
Rosenbaum 1997). Sin embargo, Jain y col. (1997)
encontraron que los ataques de ira eran reportados por
un 34% de los pacientes unipolares deprimidos pero por
ninguno de los pacientes bipolares deprimidos.
También se reportaron que los cambios entre manía o
hipomanía eran más frecuentes en los pacientes unipolares con ataques de ira que en los pacientes unipolares
sin ataques de ira (Tedlow y col. 1997).
Estudios biológicos
Estudios sugieren que los pacientes con depresión
mayor con ataques de ira pueden tener una relativamente mayor desregulación serotoninérgica que aquellos
sin tales ataques. Comparados con los pacientes sin ataques de ira, se ha encontrado que los pacientes deprimidos con ataques de ira tienen una respuesta plana de
prolactina a la estimulación de liberación de la hormona tirotropina que se normaliza tras un tratamiento de 8
semanas con 20 mg/día de fluoxetina (Rosenbaum y
col. 1993). También se reportó una respuesta plana de
prolactina a la provocación con fenfluramina en pacientes deprimidos con ataques de ira, mientras que no se
observó ese aplanamiento en pacientes sin ataques de
ira (Fava y col. 2000). Mischoulon y col. (2003) examinaron la capacidad potencial de fijar los receptores de la
dopamina (D1) y la serotonina (5HT2) mediante tomografía emisora de positrones para predecir la respuesta
al tratamiento (nefazodona) en pacientes deprimidos
con ataques de ira. La mejora en los ataques de ira se
asoció con un descenso porcentual significativo del
potencial de fijación de 5HT2 en la zona proximal frontal y en las regiones parietales izquierdas, pero no se
observó un cambio significativo en el potencial de fijación de D1 en ninguna región tras 6 semanas de tratamiento.
Respuesta al tratamiento
Fava y col. (1991) encontraron que los pacientes
deprimidos con ataques de ira mejoraron en mayor
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medida que los pacientes sin ataques de ira cuando
ambos grupos eran tratados con fluoxetina (Fava y col.
1991). Ellos sugirieron que estudios más grandes controlados con placebo comparando los inhibidores específicos de la recaptación de serotonina (ISRS) con los
antidepresivos tricíclicos relativamente noradrenérgicos podrían ayuda a determinar si los pacientes deprimidos con ataques de ira muestran una respuesta distinta a un tratamiento farmacológico especifico. Aunque
estos estudios no se han realizado, la evidencia de otros
ensayos no ha soportado la segmentación farmacológica entre depresión con ataques de ira y depresión sin
ataques de ira. Los ataques de ira desaparecieron en un
53-71% de los pacientes deprimidos ambulatorios tratados con ISRS (fluoxetina o sertralina) o con antidepresivos tricíclicos (imipramina) (Fava y col. 1993c, 1996,
1997). También un número similar de pacientes que no
cumplían los criterios completos de ataques de ira antes
del tratamiento antidepresivo mejoraron tras tratamiento con varios antidepresivos (fluoxetina 6-7%, sertralina 8%, imipramina 10%). Sin embargo, estos ataques
de ira no pueden atribuirse a los antidepresivos ya que
el 20% de los tratados con placebo también desarrollaron ataques de ira (Fava y col. 1997).
Conclusión
Esta revisión sugiere que la ira, una importante
dimensión de la emoción, aún tiene que ser completamente explorada en la investigación psiquiátrica.
También, aunque el concepto de melancolía se ha reemplazado sucesivamente por depresión endógena, y
depresión mayor, agitación, excitación e ira, permanece
como una parte importante del espectro de la depresión.
El estudio de los ataques de ira es solo un foco reciente
de investigación, pero ha suscitado algunos hallazgos
intrigantes. El subgrupo de pacientes deprimidos con
ataques de ira parece ser distinto del subgrupo de
pacientes sin ataques de ira en términos de correlaciones clínicas, aspectos de personalidad y características
biológicas, aunque no en términos de respuesta al tratamiento.
La Bibliografía de los artículos se la pueden pedir a
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RET, Revista de Toxicomanías. Nº. 45 - 2005
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