historia de la asistencia social en europa

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María Mercedes del Rosario Casanova Aldana de Rosado
HISTORIA DE LA ASISTENCIA SOCIAL EN EUROPA
Asesor: Lic. M.A. Eduardo José Blandón Ruiz
UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA
FACULTAD DE HUMANIDADES
DEPARTAMENTO DE POSTGRADO
MAESTRÍA EN DOCENCIA UNIVERSITARIA
Guatemala, julio 2005
La presente investigación
Fue presentada por la autora
Como requisito previo a su
Graduación de Maestría en
Docencia Universitaria
Guatemala, julio de 2005
ÍNDICE
HISTORIA DE LA ASISTENCIA SOCIAL EN EUROPA
INTRODUCCIÓN
CAPITULO 1.
1.1.
1.2.
1.3.
1.4.
1.5.
1.6.
1.7.
1.8.
1.9.
1.10.
1.11.
CAPITULO 2.
2.1.
2.2.
2.3.
2.4.
CAPITULO 3.
3.1.
3.2
3.3.
3.4.
3.5.
3.6.
SURGIMIENTO DE LA AYUDA SOCIAL EN LA
ANTIGÜEDAD
Sociedad Primitiva………………………………..
Código Hammurabí ………………………………
China: Confucio…………………………………. .
Israel. Antiguo Testamento. El Tórah……………
El Budismo………………………………………….
El Islam………………………………………………
Grecia: Esparta, Atenas, Platón y Aristóteles…..
Roma: El Sistema Alimenticio de Nerva………….
Los Evangelios y la Carta de los Apóstoles……..
Cristianismo Primitivo: Diaconías y Ágapes……..
Primeros Antecedentes Europeos………………..
1
2
3
3
5
5
6
8
9
9
11
LA AYUDA SOCIAL EN LA EDAD MEDIA
La Economía Señorial – Agrícola………………….
La Economía Urbano – Artesanal………………….
Influencia de la Iglesia en la Europa Medieval……
Las Formas de Ayuda Social en el Medioevo…….
2.4.1. La Beneficencia……………………………….
2.4.2. La Limosna…………………………………….
2.4.3. La Ayuda Social a través de los Gremios…..
2.4.4. Tratado de Socorro a los Pobres…………….
16
18
19
20
21
23
25
25
LOS COMIENZOS DE LA ASISTENCIA SOCIAL
La Sociedad Capitalista, desde sus inicios………… 28
hasta fines del siglo XX
Vicente de Paúl: Precursor de la Organización……. 44
y Promoción de la ayuda a los Necesitados
La Acción benéfica – social como prefiguración…… 47
de la Asistencia Social
Primeras Legislaciones de tipo social……………….. 56
Surgimiento de la Política Social……………………… 59
La Creación de Charity Organization Society……….. 60
(Organización Social de la Caridad), como
origen de la Asistencia Social organizada
CAPITULO 4:
4.1.
4.2.
4.3.
4.4.
CAPITULO 5:
5.1.
5.2.
5.3.
LA ASISTENCIA SOCIAL EN LA EUROPA DE HOY.
Las Etapas Históricas de la Unión Europea…………. 66
La Europa Social…………………………………………70
Modelo Social Europeo y Modelo Europeo de………. 79
Sociedad
La Europa de los Ciudadanos…………………………..83
EL TRABAJO SOCIAL EN EL MARCO DE LA EUROPA
ACTUAL
Marco de actuación del Trabajo Social en Europa…….88
Concepción del Trabajo Social en Europa…………….. 91
La Función Social que desarrolla el Trabajo Social……96
CONCLUSIÓN
………………………………………………………………. 102
BIBLIOGRAFÍA
……………………………………………………………… 105
INTRODUCCION
Siempre, a lo largo de toda la historia de la humanidad, existió gente desamparada. Siempre
–en los sistemas culturales que hasta ahora más nos han influenciado- existieron pobres y
ricos, sanos y enfermos, amparados y desamparados…en todas las épocas existieron
individuos vulnerados y siempre la organización social imperante ideó modos de atender de
alguna manera esas situaciones de necesidad, es decir, siempre ideó formas de acción
social.
Juan Barreix
La organización de una sociedad depende, en varios aspectos, de la
preocupación y actividad del hombre a favor del bienestar, la adaptación social y la
felicidad de sus semejantes. La organización social crea problemas asistenciales,
determina la forma en que son percibidos, así como también las posibilidades y
limitaciones de su solución. También es el reflejo de influencias económicas,
políticas, filosóficas, culturales, sociales y religiosas, que actúan directamente en
la percepción y solución de los problemas sociales. La historia de la asistencia
social en Europa está impregnada de todas estas influencias que han provocado
que las formas de ayuda al necesitado hayan ido cambiando de acuerdo a cada
época histórica.
Con este estudio
se pretende: Aplicar metodología y técnicas de
investigación que orienten el trabajo monográfico, desarrollar una investigación
monográfica sobre la Historia de la Asistencia Social en Europa, pero
fundamentalmente, contribuir con la profesión de Trabajo Social, aportando
información sobre la Historia de la Asistencia Social en Europa y su influencia
sobre lo que hoy es el Trabajo Social
Para mejor comprensión del tema, el contenido del presente trabajo se
estructuró en cinco capítulos, de la siguiente forma:
•
•
•
•
Capítulo 1. Surgimiento de la Ayuda Social en la Antigüedad: se refiere
al surgimiento de la ayuda social, desde la sociedad primitiva hasta los
primeros antecedentes de la asistencia social en Europa.
Capítulo 2. La Ayuda Social en la Edad Media: nos enmarca dentro de
un período histórico, propio de Europa, la Edad Media, donde se analizan
de cómo los aspectos económicos, políticos y sociales de la época fueron
propiciando la evolución de la asistencia social, hasta iniciar su
sistematización.
Capítulo 3. Los Comienzos de la Asistencia Social: éste capítulo nos
adentra ya en los comienzos de la asistencia social, sus precursores, las
primeras legislaciones, el surgimiento de la política social, como producto
de las coyunturas históricas, su evolución en el Modo de Producción
Capitalista, su institucionalización y la organización de la misma.
Capítulo 4. Unión Europea: nos traslada a la Europa del siglo XXI, donde
como región geográfica han pasado por diferentes etapas históricas que
les ha permitido lograr la unificación de políticas de tipo económico, político
y social, proponiendo un sistema de vida comunitaria que aunque con
•
problemas, los beneficios para sus ciudadanos son mayores y cuyo reto
actual consiste en la búsqueda del equilibrio entre lo económico y el
bienestar de sus habitantes.
El Capítulo 5. El Trabajo Social en el marco de la Europa Actual: nos
ubica en el contexto socio – político, económico y cultural de Europa, que
permite visualizar los cambios en los cuales debe enmarcarse el Trabajo
Social para responder a las necesidades, intereses y problemas de una
sociedad globalizada y unificada en busca de sus objetivos de bienestar
social, en beneficio de las y los ciudadanos europeos.
Finalmente se concluye el trabajo con la conclusión general sobre el tema
investigado y la referencia de las fuentes bibliográficas consultadas que nutren el
presente trabajo de investigación.
CAPITULO 1.
SURGIMIENTO DE LA AYUDA SOCIAL EN LA ANTIGÜEDAD.
Ninguna profesión surge de la nada. Todas ellas se institucionalizan como
resultado de demandas sociales y de actividades con las que se pretende darles
respuestas. El Trabajo Social no es extraño a este proceso de maduración por el
que determinadas ocupaciones o actividades se profesionalizan, es decir,
racionalizan y formalizan las actividades que venían realizando y seleccionan los
procedimientos que utilizan. Estas consideraciones nos llevan a analizar, de
manera muy sucinta, cómo ayudar se transformó en una profesión.
Ezequiel Ander Egg en su libro “Historia del Trabajo Social”, aborda el tema
sobre el surgimiento de la ayuda social en la antigüedad de la forma siguiente:1
1.1. SOCIEDAD PRIMITIVA:
Conforme al criterio más aceptado de dividir la historia en períodos, la
antigüedad comprende un lapso de más o menos 5,000 años.
Como bien se sabe, el apoyo mutuo y la ayuda a los necesitados es tan
antigua como la humanidad, o al menos desde el momento que se tienen noticias
de la presencia del hombre en la Tierra. En las sociedades primitivas la ayuda a
los necesitados y desvalidos era asumida por la familia, la tribu o el clan, como un
aspecto del apoyo mutuo que se prestaban entre sí. No cabe duda de que los
vínculos que unían a la familia, linaje, tribu o clan constituían la principal
motivación para la ayuda mutua. Después los hombres se movieron por impulsos
humanitarios y religiosos que los llevaban a socorrer a quienes no pertenecían a
su círculo inmediato. Y mucho más adelante en la historia de la humanidad, es
cuando los hombres establecen normas morales o religiosas, en las que se
encuentran las primeras y más rudimentarias formas de ayuda y de asistencia, al
menos como pautas de comportamiento.
Estudios realizados acerca del hombre primitivo indican que sus
motivaciones se centraban decididamente en la auto preservación, en el bienestar
de su familia y de su tribu. La primera manifestación de un acto “caritativo” o
intento de compartir se habrá dado cuando algún hombre ofreció a otro el alimento
que podría haber consumido solo. Aunque podemos especular acerca del sentido
de este acto, representa una preocupación por el bienestar ajeno cualquiera que
haya sido su motivación. Constituye desde el punto de vista de la conducta la
contraparte de la organización social. Ambas posibilitaron la supervivencia del
hombre. No podemos saber si éste tuvo conciencia del aspecto personal de esta
actitud o sea del sentido del deber, la lealtad o la solidaridad. De todas maneras
éstos son los elementos básicos representados en el acto de asistencia social.
1
ANDER EGG, Ezequiel. Historia del Trabajo Social. Tercera Edición. Buenos Aires, Argentina. 1984.
1.1.
EL CÓDIGO DE HAMMURABÍ:
Mesopotamia suele ser considerada la cuna de la humanidad, si se
entiende por tal hecho a la circunstancia de que en ella se dio por primera vez un
proceso de urbanización significativa, de donde emergieron después las primeras
grandes civilizaciones.
Habitada por varios grupos étnicos (asiáticos,
indoeuropeos y semitas), muy pronto se impusieron en ella los semitas. Es así
como en el segundo milenio antes de la era cristiana, Mesopotamia se hallaba
bajo el dominio de los semitas de Babilonia. El creador de esta hegemonía fue el
Rey Hammurabí (2100 a. de C.). Las noticias que se tienen de este monarca
provienen en su mayoría del descubrimiento que Morgan realizó en las ruinas de
Susa, de su famoso código, en el año 1902. Con el desciframiento del mismo
(grabado en una columna granítica de dos metros), se pudo llegar a tener un
conocimiento bastante avanzado de la vida, costumbres e instituciones de los
pueblos mesopotámicos y de su ethos cultural.
Se encuentra en el código, abundantes noticias sobre la ayuda al
necesitado y sobre la ética de las relaciones sociales. A modo de ejemplo, se
citan las interrogaciones a que eran sometidos los prevaricadores “¿Ha separado
al padre del hijo?, ¿Ha separado al hijo del padre? ¿Ha separado al amigo de su
amigo?, ¿Ha separado al compañero de su compañero?, ¿Ha dejado de liberar al
prisionero, de soltar las cadenas del preso?, ¿Ha existido por su parte ofensa
hacia el abuelo, odio hacia la hermana mayor?, ¿Ha empleado una balanza falsa?,
¿Ha tomado dinero no legítimo y rechazado dinero legítimo?, ¿Ha colocado un
límite falso?, ¿Ha penetrado en la casa del prójimo?, ¿No ha aliviado al hombre
libre en su angustia?, ¿Ha marchado a la zaga del mal?, ¿Ha franqueado las
fronteras de la justicia?, ¿Ha hecho lo que no era bueno?”. Es evidente el alto
sentido ético – social que impera en el Código; la vigencia de la Ley es
fundamental y su obligación es estricta. Un verso del Código dice: “hagan correr
como el agua la vida de aquél que infrinja o cambie indebidamente las leyes”.
En Babilonia, la existencia de esclavos fue considerada como natural.
Estaba incluso prevista en el mismo código, que dividió a la población en
propietarios, artesanos y esclavos. No obstante, amparaba al esclavo bajo la
justicia y aseguraba el salario del trabajador. El amparo al esclavo existía pero
considerado en el límite entre el hombre y el no hombre. Así por ejemplo, los
antecedentes de la Ley del Talión que están en el código (aunque tal Ley era casi
universal en la antigüedad), supone un resarcirse entre iguales, vale decir, entre
hombres libres. En los tiempos de la Antigua Babilonia se recogían fondos para
liberar esclavos; además se asistía a los huérfanos y a las viudas.
Si se analiza el contenido del Código en el contexto actual, se encuentran
muchas similitudes con las leyes contenidas en los diferentes códigos actuales,
con la diferencia que en la antigua Babilonia existían esclavos y libres y
actualmente no, pero sí existen clases sociales que nos hacen diametralmente
opuestos y a diferencia de esa época que suponía un resarcirse entre iguales,
actualmente el poder económico, social y político marca la diferencia entre los
hombres al momento de un resarcimiento.
1.2.
CHINA:
En la antigua y grande China un rasgo común de las especulaciones
religiosas y filosóficas ha sido, desde épocas muy remotas, la búsqueda de la
armonía total con el universo.
En esta cultura y civilización se encuentra una de las normas morales más
antiguas en las que puede fundamentarse la ayuda al prójimo. Kung - Fu –Tze (el
gran maestro Confucio), vivió entre los años 551 y 478 a, de J. Apoyado en las
antiguas tradiciones y en su propia reflexión, elaboró una doctrina de la armonía
que tenía, además, un gran sentido práctico: culto a los antepasados, dominio de
sí mismo, humanidad y bondad, son sus contenidos principales.
La norma moral de ayuda al prójimo está expresada en dos principios: la
virtud del «jen», que establece la práctica de la piedad filial, y el principio de la
«acción recíproca»: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. En
esto consiste el amor «jen». Para Confucio la piedad hacia los pobres es más
necesaria que el agua y el fuego; y en la limosna – se sostiene en su doctrinaestá la fuente de la sabiduría.
Confucio también sostuvo que el hombre bueno
al afirmar su propia personalidad, trata también de afirmar la de los demás, y al
desear el triunfo trata de que los demás lo consigan a la vez. Las enseñanzas de
Confucio y de su discípulo Mencio difundieron en China el ideal de la beneficencia.
1.4. ISRAEL: El Antiguo Testamento y el Tórah
La historia de Israel, en el Antiguo Testamento, puede dividirse en cuatro
períodos: PATRIARCAL, DE LOS REYES, PROFÉTICO Y APOCALÍPTICO. En
todos ellos, a través de los siglos y de manera cada vez más clara, la justicia
condensa todas las virtudes en Israel, tal como se expresa en el Antiguo
Testamento. Los hebreos poseían además el Tórah, código civil, político y
religioso que para el pueblo de Israel ha sido como el Código Hammurabí para los
Babilonios, la legislación de Solón para los griegos y las XII tablas para los
Romanos.
El tema sobre la pobreza, tal como se entendía en la Biblia, se refiere a que
«no es solamente una condición económica y social, sino que puede también ser
una disposición interior, una actitud del alma». Desde el punto de vista social, la
pobreza presentaba las siguientes características: En Israel habían pobres, como
en todas partes, aunque la Ley Mosaica –contenía una serie de prescripciones a
favor de los pobres- que hacían al menos legalmente su situación más favorable
que en cualquier otro lado. La esclavitud como condición de ciertos grupos de
hombres, no existía, ya que quienes eran tales, recobraban su libertad al cabo del
tiempo. En Israel, cada siete años, se decretaba la libertad de los esclavos. Por
otro lado,
el espíritu de la Ley, interpretado por los profetas, excluye
absolutamente todo tipo de relación humana dominadora.
Respecto a la propiedad, la existencia de dos instituciones – el año sabático
y el año jubilar- devolvía concretamente a ésta su función social. Por el año
sabático, cada siete años, la tierra cultivable descansaba y lo que producía
naturalmente ese año, pertenecía a los pobres; por el año jubilar, cada cincuenta
años, se repartía nuevamente la tierra: el que la había vendido por necesidad la
recuperaba, caducaban las deudas, etc.
Todas las formas de ayuda al necesitado, fueron entendidas en Israel como
exigencias de la justicia. Ahora bien ¿cuál fue el horizonte de la justicia dentro de
la más pura tradición judía? Dos aspectos son importantes de destacar: el pobre
era un oprimido y la justicia se entendía dentro del ámbito de la fraternidad, no del
orden natural.
En el Antiguo Testamento, la existencia de los pobres era considerada
como efecto de la opresión, y la pobreza como violencia de los ricos y poderosos,
se mencionan textualmente en los libros citados a continuación: en Isaías 5: 8
“Pobres de aquellos que, teniendo una casa, compraron el barrio poco a poco
¡pobres de aquellos que juntan campo a campo! ¿Así que ustedes se van a
apropiar de todo y no dejarán nada a los demás?”; Jeremías 5: 27: “Sus casas
están repletas con el botín de sus saqueos, como una jaula llena de pájaros. Así
han llegado a ser importantes y ricos”; Amos 5:11: “Pues bien, ya que ustedes han
pisoteado al pobre, exigiéndole una parte de su cosecha, esas casas de piedras
canteadas que edifican, no las van a ocupar, y de esas cepas escogidas que
ahora plantan, no probarán el vino”. Por eso es que los profetas luchan
permanentemente a favor de la justicia y en contra de aquellos que con argucias
querían desvirtuarla. Jeremías criticaba duramente el esclavizamiento de los
pequeños (34. 8-22), Amós a los que echan por tierra la justicia (5: 7) e Isaías
reclamaba a favor de los oprimidos diciendo: “Ay de los que dan leyes inicuas y de
los escribas que escriben prescripciones tiránicas para apartar del tribunal a los
pobres de mi pueblo y conculcar el derecho de los desvalidos, para despojar a las
viudas y robar a los huérfanos” (10: 1- 2).
El espíritu de justicia de los profetas, es diferente de la concepción griega,
no se trata del reconocimiento del orden, sino del reconocimiento de la santidad de
Yahvé, como diría Isaías. La justicia se entiende dentro del horizonte de la
fraternidad, que es mutuo reconocimiento de la verdad y el misterio del otro,
expresado en términos de amor, amistad, lealtad y fe.
En cuanto a la ayuda a los necesitados la Ley Mosaica tenía una serie de
prescripciones concretas. Si tomamos el libro del Deuteronomio «La Ley»,
encontramos una serie muy amplia de normas concretas sobre la ayuda al
prójimo. Transcribimos las más significativas: «Si hubiese en medio de ti un
necesitado de entre tus hermanos, en tus ciudades, en la tierra que Yahvé tu Dios
te da. No endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino
que le abrirás tu mano y le prestarás con qué poder satisfacer sus necesidades,
según lo que necesite…abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre de
tu tierra» (15: 7-8-11).
Quizá sea la limosna lo que, en un lenguaje de nuestra época, podríamos
denominar la principal forma de ayuda social, prescrita en el Antiguo Testamento.
Desde el período profético la limosna es valorada por encima de los ayunos,
sacrificios y otras prácticas similares. Por eso la limosna sirve para el perdón de
los pecados (Deuteronomio, 4: 24 y Tobías 12:9) Sin embargo, la obligación de la
limosna sólo se impone en relación con los pobres del propio pueblo (Levítico,
25:44)
Respecto a la esclavitud, el Deuteronomio prescribe «Si uno de tus
hermanos…se te vende, te servirá seis años, pero el séptimo año le despedirás
libre de tu casa y al despedirle libre no le mandarás vacío, sino que le darás algo
de tu ganado, de tu era y de tu lagar, haciéndole partícipe de los bienes con que
Yahvé tu Dios te bendice a ti» (15: 12-14).
La institución que los judíos llamaban año sabático, se complementaba con
la del año jubilar, y que en esencia, consiste en que la tierra no puede tener
dueños perpetuos, porque su único propietario es Yahvé.
Otra institución muy importante para la ayuda a los pobres era la que se
refería a dejar en los campos parte de la cosecha para el espigueo o rebusca de
los pobres, peregrinos y extranjeros (Deuteronomio, 24: 19-22 y Levítico 19: 9).
Las exigencias de hospitalidad para el peregrino, eran también terminantes:
«Habrás de dar hospedaje y habrás dado de beber sin que te sea agradecido»
(Eclesiastés, 29: 32). También existen prescripciones que favorecían a las viudas,
huérfanos y humildes (Levítico, 19:15).
Lo anterior refleja lo que significó el pobre para Israel y las respuestas
dadas en la Ley a tales exigencias. «Bienaventurado el que piensa en el pobre y
en el débil» (Salmo 40, 1-4).
1.5. EL BUDISMO:
El budismo nació en el siglo V a de J a partir de un núcleo primitivo de
brahamanes, descendiente de los arios, que se establecieron en los márgenes del
Ganges.
Su fundador fue Sidharta Gautama, de sobrenombre Buda (el
iluminado).
El budismo no es una religión revelada, ni una filosofía, ni una ciencia, ni
una psicología. Es una técnica para librarse de la ignorancia, el sufrimiento y para
conseguir la felicidad de la mente. Su finalidad es la consecución del Nirvana
(condición o estado mental de paz completa).
En su versión original y primera expresada en las ocho vías que indica
Buda, no da mucho pie para acciones de ayuda al necesitado, aunque uno de los
caminos sea el bien obrar, no hacer daño a nadie, tener buena voluntad y
desinterés.
En la búsqueda de precedentes o principios que promuevan la ayuda al
prójimo lo que más interesa destacar de la ética budista, es su principio
fundamental basado en la Ley del Karma, según la cual una causa buena produce
un buen efecto y una mala causa lo contrario.
El emperador budista Asoka (274-232 a. de C.) se proyectó a favor de los
necesitados, se dice que se preocupaba para que sus súbditos pudiesen gozar de
servicios médicos, al mismo tiempo que hacía cavar pozos y plantar árboles para
el gozo de la gente y de los animales.
1.6.
EL ISLAM:
Como una de las grandes religiones, ha prescrito deberes de ayuda al
prójimo. Estos forman parte de los deberes religiosos: 1) reconocer a Alá por un
credo; 2) Recitar cinco veces al día una oración en dirección a la Meca; 3) dar
limosna a los pobres; 4) ayunar durante el mes de Ramadán desde la salida a la
puesta del sol; 5) hacer la peregrinación a la Meca por lo menos una vez en la
vida. De todos estos deberes, el tercero está ligado a la ayuda al necesitado tal
como se entendió en la Antigüedad.
La ayuda al necesitado ha sido siempre una de las glorias del Islam. Uno de
los deberes que ordena es el pago del «zakat» (proviene del verbo zaka: ser
puro). Este impuesto es recaudado de acuerdo a las propiedades que posea la
persona y luego se distribuye entre diversas categorías de necesitados. Además
de esta limosna obligatoria el pago voluntario del «Sadaqat» se considera
altamente meritorio y como testimonio de la verdad de la religión islámica. “De tus
bienes da como limosna, para que Tú los purifiques y santifiques” (tomado del
Corán).
1.7.
GRECIA: ESPARTA Y ATENAS. PLATÓN Y ARISTÓTELES:
ESPARTA: Durante el predomino de Esparta no se encuentra ninguna
referencia de ayuda al necesitado, ni leyes que establezcan principios de
asistencia o beneficencia. Por el contrario, los niños defectuosos eran eliminados
y las leyes de Licurgo se caracterizaron por su severidad.
ATENAS: Durante la hegemonía de Atenas la ayuda al desvalido:
enfermos, inválidos, viudas y huérfanos, fue una práctica establecida por el mismo
Estado, ya sea bajo la forma de pensiones (equivalentes a lo que se necesitaba
para el sustento), o como forma de distribuciones de pan, harina, trigo, aceite y
carne que habían sido ofrecidos para los sacrificios. Los fondos para este tipo de
ayuda eran obtenidos en parte por el pago de entradas a los estadios, asambleas,
teatros, etc. La civilización de Grecia clásica, constituye una de las fuentes de
nuestra civilización por la influencia de pensadores como Platón y Aristóteles,
haremos referencia al pensamiento de ambos acerca de la organización social y
sus incidencias en lo que podría ser la ayuda a los necesitados.
En la antigüedad la mayoría abrumadora de los hombres estaba constituida
por los pobres y esclavos; está calculado que dos tercios de la antigua humanidad
eran, precisamente, esclavos. Algo similar ocurría en Grecia. Se ha estimado que
de los 400,000 habitantes que tenía el Atica en el siglo V a. de C., la mitad eran
esclavos; ellos constituían la fuerza esencial de aquella sociedad. Había una
minoría de grandes privilegiados (familias aristocráticas y familias enriquecidas por
el comercio), un sector popular y modesto (pequeños campesinos y marinos) y
una gran masa de desheredados. En Atenas los «metecos» constituían la quinta
parte de la población; no eran esclavos, no se los podía maltratar, podían ejercer
un oficio y gozaban de algunos derechos civiles (no políticos). Los derechos
políticos estaban reservados a una minoría. En Esparta los únicos ciudadanos
eran los descendientes de los conquistadores dorios, sumaban unos 30,000 y
detentaban todos los derechos. Junto a ellos estaban los descendientes de los
antiguos dueños de Lacedemonia que se aproximaba a los 120,000. Existían
también los extranjeros a los que se denominaba «periecos» y los esclavos
denominados «hilotas» que eran los que trabajaban la tierra
Después de la guerra del Peloponeso, aparece en Grecia la beneficencia,
aplicándose inicialmente a los mutilados de guerra y más tarde a los inválidos para
el trabajo. Existiendo sociedades libres para este fin. También se organizaron
sociedades de socorro mutuo y asociaciones de prestamistas. Igualmente se
prestó asistencia médica a los pobres. Los juegos y espectáculos públicos
constituían las principales fuentes para la recaudación de fondos destinados a la
beneficencia.
Pasando a un somero análisis del pensamiento de Platón y Aristóteles en
cuestiones que, de alguna manera, pueden vincularse al problema de ayuda al
necesitado, veremos que durante esta época se consideraba como “natural” que la
gran mayoría de los hombres estuvieran constituidos por los pobres y esclavos, se
les había asignado un lugar “natural”, por lo tanto era inconcebible una acción
social que contemplase que las cosas no fueren así. Partiendo de ello, se
pretende visualizar lo subyacente a estas ideas comunes del griego ilustrado,
conociendo textos de Platón y Aristóteles.
PLATON: Lo que se va a examinar corresponde a La República..
Predomina la idea de taxis – orden, tomado originalmente de los modelos
naturales, fue aplicado al hombre, y lo que hizo Platón fue aplicarlo a la sociedad.
Distingue tres partes en el alma: racional, irascible y concupiscible y afirma que
corresponden a las partes de la ciudad: gobernantes, guerreros y los que se
dedican al comercio, manualidades, etc. Expone que la ciudad será justa si se
conserva el orden, “en el alma del individuo hay las mismas partes que en la
ciudad… un hombre es justo de la misma manera que es justa la ciudad. La
ciudad era justa en virtud de que cada una de las clases hacía en ella lo que le era
propio. Así como cada uno de nosotros será justo y hará también lo suyo propio si
cada una de las partes que hay en él hace también lo que es propio de ella”.
Platón expone la esencia de la idea de justicia que está articulada
radicalmente sobre el concepto de «taxis». En otro texto sobre el tema dice:
“Había pues, Glaucón, una imagen de la justicia, imagen que nos ha permitido
descubrir el original, cuando sentamos como justo que el hombre que es por
naturaleza zapatero, debe ser zapatero, con exclusión de cualquier otro oficio, y el
que es por naturaleza carpintero, debe ser carpintero, y así todo lo demás”. La
justicia que está articulada a su concepto de «taxis» –orden-, consiste en no
permitir que ninguna de las tres partes de su alma haga cosa alguna que le sea
extraña, ni se inmiscuya en sus funciones recíprocas, estableciendo un orden
verdadero en su interior”.
Expone además que las clases sociales son lo que son “por naturaleza”,
esto es poseer un lugar natural que le es propio e inamovible, negarse al mismo o
romper el orden natural, es una injusticia, una usurpación de funciones o la
insurrección de una u otra parte con el fin de asumir una autoridad que no le
pertenece, es también injusticia, porque una parte está hecha naturalmente para
obedecer y otra destinada para gobernar.
El orden que postula implícitamente el pensamiento de Platón, es el orden
de los modelos naturales (las cosas), que ha sido llevado al hombre, y desde éste,
a la polis. Platón tiene una perspectiva individual y cósica de los hechos sociales,
por eso, el orden que postulará será el orden individual de las cosas, que está muy
lejos del orden de los complejos sociales vivientes.
Para Platón la justicia es orden, y este orden es el de los modelos naturales
que son aplicados apriorísticamente al hecho social.
ARISTOTELES: Al igual que Platón, su maestro, Aristóteles continúa con el
concepto de taxis –orden- para la interpretación de los hechos sociales. Con
relación a la esclavitud nos dice: «Todos aquellos que no tienen otra cosa que
ofrecer más que el uso de su cuerpo de sus miembros, están condenados por
naturaleza a la esclavitud».
Es mejor para ellos servir que permanecer
abandonados. En una palabra esclavo, es todo aquel que por su pobreza de alma
y su carencia de recursos no puede evitar depender de otro. La diferencia entre
esclavos y bestias radica en que las bestias no participan en la razón, no tienen
sentimiento y sólo obedecen a sus sensaciones, por lo demás la utilización de
esclavos y bestias es la misma, y se saca de ambos idénticos servicios para las
necesidades de la vida. El mundo cósico natural es transportado al mundo
humano, y se lo erige en paradigma de lo que debe ser, y el concepto de justicia
se desprende de ese orden.
Sin embargo, finalizando LA POLITICA, cuando habla de la propiedad de la
tierra, pareciera que contradice el tipo de relación humana opresora cuando dice:
que el uso de la tierra debe ser común, no la propiedad, sino sólo el uso, para
satisfacer la necesidad común y la de otros.
1.8.
ROMA:
EL SISTEMA ALIMENTICIO DE NERVA: Un antecedente interesante de
ayuda a los necesitados, es el sistema alimenticio instituido en Roma a fines del
siglo I d de J por el emperador Marco Nerva (96 -98). Con ello pretendía ayudar a
los estratos más pobres de la población y asegurar la buena nutrición de los niños.
También creó un fondo para quienes necesitaban préstamos de bajo interés.
Antes de Nerva algunos romanos ricos habían aplicado aisladamente un
sistema de ayuda similar: la novedad que introduce es el carácter gubernamental
o estatal de la ayuda.
Las instituciones de beneficencia en Roma fueron.
• LA ANNONA. Servicio de las distribuciones regulares de trigo entre el
pueblo que, de acuerdo a la ley Octavia, era a precio reducido para los
menesterosos y que la ley Clodia estableció como gratuito.
• EL CONGLARIO:
o servicio de las distribuciones extraordinarias de
comestibles y dinero.
• LA ALIMENTA PÚBLICA: cuyos beneficiarios eran solamente los niños; los
alimentos se dispensaban hasta los 11 años para los niños y hasta los 14
para las niñas; este beneficio lo otorgaba el Estado dentro de Italia y los
municipios en las provincias extra- itálicas.
Existía también lo que hoy llamaríamos responsables o agentes de la
beneficencia, que se los denominaba «questores alimentorum» que dependían de
los «praefecti alimentorum» y éstos a su vez de los «procuratores alimentorum»
¿podrían considerarse a estos administradores de la beneficencia como los más
lejanos asistentes y trabajadores sociales?. Estas ayudas tenían un móvil político:
evitar las revueltas del pueblo y consolidar una determinada dinastía en el poder.
1.9.
LOS EVANGELIOS Y LA CARTA DE LOS APOSTOLES:
Los evangelios no son tratados de beneficencia, ni de asistencia a los
pobres, ni de revolución social, tampoco expresan una ideología política. Su fin
principal es: ofrecer un camino de salvación eterna para un reino que comienza en
este mundo, mediante el testimonio y la práctica del amor y fraternidad, si bien es
una fe que va más allá de lo humano, tiene una proyección social en el aquí y
ahora. El Evangelio es religión de hombres concretos, no de ángeles «tuve
hambre y me diste de comer».
Si bien el amor es el hecho central de la fe cristiana, éste se concibe como
un amor concreto. En la Biblia, en la primera carta de Juan, al referirse a ello,
textualmente expone: “nuestro amor no debe consistir en lo que se dice con la
boca; más bien debe ser un verdadero amor que se ve en lo que hacemos (I Juan
3:18).
En el cristianismo todo adquiere un valor relativo y secundario
respecto del amor. Lo que aquí importa destacar es el hecho de que el Evangelio
da una amplitud al horizonte de la fraternidad que no tenían en el pueblo Judío.
El Cristianismo produce una profunda y radical revolución en las relaciones
entre los hombres: Prójimo es cualquier persona necesitada de ayuda, no sólo
abarca a la familia, a los amigos y a la gente propia del país, sino que debe
alcanzar a todo hombre, incluso a los extranjeros y enemigos. La limosna tiene
también nuevas motivaciones, debe hacerse por amor al prójimo, no debe
limitarse a una mera obra externa, debe expresar una actitud interior.
Además de entender la idea de fraternidad y del amor, es necesario
comprender el sentido que adquiere, a partir de Jesucristo, el hecho del pobre:
“tuve hambre…..” Dentro de este horizonte, la justicia se abre a un nuevo ámbito y
pasa a ser el derecho del pobre, y el pobre el primero dentro del Reino.
1.10. CRISTIANISMO PRIMITIVO: LAS DIACONÍAS Y ÁGAPES.
En la Biblia, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, hasta algunos
textos de la Patrística existe una continuidad admirable respecto a la doctrina y
práctica de la ayuda al pobre y al necesitado. Entre los primeros cristianos estaba
muy presente y vivo el espíritu evangélico transmitido y vivido por los apóstoles y
testigos de la vida de Jesucristo “No había entre ellos indigentes, puesto que
cuantos eran dueños de haciendas y casas las vendían y llevaban el precio de lo
vendido y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y a cada uno se le repartía
según sus necesidades” (Hechos de los Apóstoles 4: 32-37).
En la época de los primeros cristianos, para facilitar la organización de la
ayuda a los necesitados, los apóstoles crearon “los servicios de asistencia”
(diaconía) que confiaron a siete varones presentados por la comunidad (Hechos
de los Apóstoles 6: 8 y 8: 26-40). Luego, además de los diáconos existieron las
diaconisas. El diaconado fue la respuesta de la comunidad cristiana primitiva a la
necesidad de organizar el servicio de los pobres y de las viudas.
Los diáconos tenían la misión de organizar y canalizar las limosnas y
ayudas privadas. Hacían el registro de necesitados, organizaban colectas,
recogían donativos y ofrendas y luego las distribuían entre los pobres y enfermos.
Entre los miembros de las comunidades cristianas primitivas, el ejercicio de
la caridad era una práctica corriente de ayuda mutua considerada como fin en sí
misma y un aspecto sustancial de la fe religiosa.
Otra forma de ayuda fueron los ágapes. En la iglesia primitiva el ágape
inicialmente era una comida de fraternidad, pero poco a poco se transformó en
una forma de “dar de comer al hambriento”. Los pobres eran recibidos en las
comidas y el ágape se transformaba también en una forma de ayuda.
Obispos, presbíteros y diáconos, recibían en su propio hogar a los enfermos
y necesitados. La ayuda al necesitado era algo natural entre los primeros
cristianos. Esta ayuda no implicaba ni paternalismo, ni parasitismo: se debe
ayudar al que lo necesita, simplemente porque es un hermano.
Dentro de la literatura post apostólica figura el DIDACHÉ que es la
legislación eclesiástica más antigua que se conoce, de autor desconocido, y que
con relación a la ayuda a los necesitados dice: “Si el que llega es un caminante,
ayudadle en cuanto podáis; sin embargo, no permanecerá entre vosotros más que
dos días, o si hubiera necesidad tres. Mas si quiere establecerse entre vosotros,
teniendo un oficio, que trabaje y así se alimente… de modo que no viva entre
vosotros ningún cristiano ocioso”.
En Roma, durante el año 258, Lorenzo, jefe de los diáconos, amparó a
muchos enfermos. Para mejor atenderlos los instaló en un edificio y los mantenía
con ayudas que obtenía de los cristianos. Poco a poco se fueron extendiendo
este tipo de casas para el cuidado de los enfermos. Se les llamó PAUPERE
GYMNASIA.
Después de Constantino la iglesia contó con donaciones imperiales y
particulares y comenzó a fundar hospicios y hospitales. El primer gran hospital fue
llamado Basilias, construido ante las puertas de la ciudad de Cesarea en
Capadocia por San Basilio; este hospital se parecía a una ciudad. En el año 350
el Emperador Justiniano construyó en Jerusalén el Hospital de San Juan que sirvió
de cuna a los caballeros de Malta.
El Código Justiniano nos ha conservado el nombre de las primeras
instituciones cristianas de beneficencia:
• XENODOXIA: Refugios o albergues que acogían a los forasteros que
viajaban con fines de piedad.
• BEPHOTROPHIA: Asilos de niños recién nacidos
• PTOCHOTROPIA: u orfelinatos
• NOSOCOMIA : hospitales
• GERONTOCOMIA: asilos u hospicios para ancianos
En cuanto a la práctica de la caridad, el cristianismo primitivo –como lo ha
señalado Kruse en una obra inédita, se abocó a tratar las consecuencias de cinco
graves problemas sociales de su época.
• Atención a los enfermos y hambrientos
• Cuidado de los huérfanos y las viudas
• Hospitalidad a los extranjeros
• Visita y socorro a los presos
• Servicios caritativos prestados a las víctimas de la persecución religiosa
1.11. PRIMEROS ANTECEDENTES EUROPEOS:
De forma breve repasaremos los acontecimientos vividos en Europa
relacionados a la asistencia social y que se constituyen en antecedentes de lo que
actualmente es el Trabajo Social.
La información siguiente fue tomada del
libro “Las Raíces del Trabajo Social”, siendo su autor S.C. Kohs.2
«La Pax Romana» llegó a su fin cuando las hordas del norte y del este
arrasaron Europa. Sólo en forma muy paulatina fueron aceptados los derivados
del Derecho Romano y los principios diluidos y adulterados del cristianismo.
Con Carlomagno (742 – 814) se inició el cambio de esta tendencia, y
algunas de las reformas instituidas por él en forma vacilante se afianzaron con el
tiempo. A través de todo este período la asistencia social dependió, en su mayor
parte, de la magnanimidad de los terrateniente y miembros de la nobleza, o de la
iglesia, a la cual acudían tradicionalmente los enfermos y necesitados. Sin
embargo, la mayoría de las iglesias eran pequeñas y su asistencia limitada.
Con el auge del feudalismo se generalizó la relación de dependencia entre
las masas y su señor. Los únicos con derechos o estatutos reconocidos o
establecidos eran los que cada terrateniente admitía y ejecutaba. En medio del
caos de las constantes guerras entre señores feudales que provocaban
permanentes cambios en la posesión de las tierras, no existía prácticamente
ninguna preocupación organizada por las necesidades del pueblo y por sus
problemas. También la iglesia estaba ocupada en afianzar su poder para
intervenir en las cuestiones de estado. No obstante, mantuvo un gran número de
servicios para los pobres, los enfermos, los viudos y huérfanos que no escaparon
al deterioro y a la degeneración que caracterizó la sociedad en general. El
hombre medio sólo se tenía en cuenta en la medida en que era útil a su señor. En
cierta forma la preocupación cristiana por el más allá era interpretada a favor de
esta situación. Podemos apreciarlo con mayor claridad en las diversas actitudes
frente a la pobreza. No se consideraba que ésta pudiera ser remediada mediante
procedimientos organizados. Una interpretación literal del precepto cristiano de
rendir a César lo que es del César, hizo comprender a los pobres que no podían
pretender nada de su “César”. Éste, a su vez, se desatendía de cualquier
responsabilidad hacia ellos. La iglesia mantenía sus funciones de servicio social
siempre que podía, siendo la única alternativa la arbitraria caridad personal.
El desarrollo del comercio durante y después de las Cruzadas inició una
expansión de la vida urbana. Los problemas que surgían de la necesidad de
asistir a los pobres y a otros ciudadanos menesterosos tenían un carácter muy
distinto que cuando se daban en los feudos. La caridad se especializó en varios
aspectos junto con otras fases de la vida social. Se fundaron hosterías para
viajeros y para el alojamiento temporal de los menesterosos. Se otorgaron
facilidades especiales para los enfermos graves sin hogar. Se establecieron
edificios especiales para huérfanos e incapacitados, casi siempre bajo la dirección
de la iglesia.
En la primera parte del siglo XIII la Iglesia había adquirido poder y riquezas
y su influencia se hacía sentir en todos los aspectos de la vida. Funcionaba no
2
KOHS. S.C. Las Raíces del Trabajo Social. Buenos Aires, Argentina. 1969.
sólo como guía y mentor espiritual, sino como intermediaria y administradora de
justicia en todo asunto que no fuera criminal: violaciones de la propiedad privada
o de las leyes municipales y regionales. Paulatinamente también se hizo cargo de
todos los servicios relacionados con la educación y la asistencia de los
menesterosos. Durante este período asumieron importancia las universidades.
Los programas de estudio se ampliaron para incluir la consideración de la cultura
grecorromana y de las ideas de origen arábigo – oriental. Aunque los principales
estudiosos pertenecían al clero y el acento estaba puesto en la teología, también
se hizo sentir el impacto del derecho y la filosofía profana. Algunos supuestos,
doctrinas y prácticas de la iglesia fueron puestos en tela de juicio.
En esta revolución, una de las hazañas intelectuales más destacada es la
Summa Theologica de Tomas de Aquino (1225 – 1274). Esta proporcionó una
base racional o lógica para los diversos supuestos que fundamentan la actividad
humana, significando el esfuerzo ambicioso por reconciliar la fe con la razón. El
moderno trabajo social católico está muy influido por la filosofía de Santo Tomás
que se conoce como la doctrina tomista.
También fue importante para la expansión del saber el nuevo interés
secular por las artes liberales y la medicina, fuerzas esenciales en el desarrollo del
humanismo. Este movimiento reavivó la curiosidad por los clásicos latinos, el arte,
la poesía, la historia, la biografía profana, y por los fenómenos naturales. La
liberación de la mente y del espíritu impulsó aún más la revisión de los valores.
Durante este período tuvo también una considerable influencia la orden
fundada por San Francisco (1181 – 1226). Este era hijo de una familia
relativamente pudiente pero abandonó la vida fácil para dedicarse a seguir las
enseñanzas de Cristo a favor de los pobres, los desesperados, los repudiados, los
leprosos, los enfermos, o sea todos aquellos que necesitaban su ayuda. Sus
doctrinas y prédicas, además del trabajo realizado por la orden franciscana,
introdujeron un importante programa organizativo de servicios sociales, y
anticiparon el moderno trabajo social católico.
1.11.1. El Renacimiento. Aunque persistieron y se desarrollaron muchas
tendencias, los siglos XIII y XIV vieron otro acontecimiento de gran importancia. El
Estado alcanzó un poderío y una relativa estabilidad que nunca había conocido.
Acrecentó cada vez más su imperio sobre la existencia física, social y económica
del hombre mientras dejaba a la iglesia la preocupación por sus necesidades
espirituales y religiosas. El Estado pretendía el cerebro y el músculo del hombre,
la iglesia podía quedarse con su alma. Aquí se inicia la división moderna entre lo
profano y lo religioso.
Esta diferenciación se materializó gracias a las crecientes divergencias
doctrinales dentro de la iglesia y la siguiente aparición de las diversas corrientes
protestantes. El gran cisma, que enfrentó a dos papas supuestamente auténticos,
provocó severas críticas. Con la división de la iglesia creció el poder secular. La
reacción a este conflicto asumió diversas formas. En algunos sectores se originó
un movimiento de retorno hacia una fe más sencilla. En Inglaterra, Wycliffe y sus
Lollards reaccionaron en forma más extrema y directa, sosteniendo que la
autoridad religiosa era bíblica y no papal. Este tradujo la Biblia al inglés, pues
sostenía que todos debían tener libre acceso a ella. Con sus adeptos propició
reformas sociales directas, entre otras una distribución más equitativa de la
riqueza, la no explotación de los trabajadores y el fin de las guerras. En Bohemia,
Juan Huss predicaba una doctrina similar y aunque pagó en la hoguera su herejía,
su martirio contribuyó a propagar estas ideas. En cierto sentido, Lutero retomó las
causas de Wycliffe y Huss.
Los humanistas del siglo XV también contribuyeron a propagar herejías.
Quizá el más influyente haya sido Erasmo (1446 – 1536) quien atacó muchos de
los males originados en el seno de la iglesia. Al igual que otros pensadores
europeos, criticó duramente los abusos cometidos por los funcionarios
eclesiásticos en el manejo de sus actividades. Por otra parte, recomendaba
fortalecer la iglesia mediante la eliminación de estas irregularidades. Pedía para la
gente un trato comprensivo y bondadoso, el enfoque inteligente y razonable de
sus problemas, el ejercicio de la caridad y la eliminación de los prejuicios y de la
ignorancia.
Simultáneamente el Estado asumía una autoridad cada vez mayor en el
aspecto legislativo y judicial de la vida comunitaria. Si bien las actividades
benéficas dependían de la iglesia y de las órdenes religiosas, el gobierno secular
se convirtió en la institución dominante, exigiendo lealtad y regulando el orden
social. Sin embargo a medida que el intercambio comercial estimulaba el
crecimiento urbano y las diversas especializaciones y ocupaciones, comenzaron a
surgir otras formas organizativas como factores poderosos que infringían tanto las
funciones del Estado como las de la iglesia. Los gremios de artesanos y
comerciantes que databan de varios siglos atrás, asumieron especial importancia
como una fuente de ayuda a la que podían acudir sus miembros en casos de
emergencias. Sin embargo, estas asociaciones abarcaban tan sólo una pequeña
parte de la población total, y los menesterosos de la ciudad, el poblado o la granja
se dirigían todavía a la iglesia en busca de asistencia. Los gremios fueron
históricamente importantes en el desarrollo del trabajo social. Inauguraron un
concepto que posteriormente se difundió en todas las asociaciones voluntarias de
socorro mutuo y en las actividades asistenciales del movimiento obrero. Se puede
decir que en el siglo XV se dio un tipo de organización similar a los actuales
sindicatos, los cuales se limitaron a recoger el descontento de los trabajadores
frente a las diversas prácticas de las corporaciones o gremios.
1.11.2. La Reforma. Son tres los aspectos de la Reforma que influyen
sensiblemente en el desarrollo del trabajo social actual:
• Los cambios en la doctrina religiosa
• El auge del capitalismo comercial, y
• La consolidación del poder del Estado y la expansión de sus funciones
Como ya vimos, estas tendencias se habían iniciado anteriormente. En
cierto sentido representan un retroceso temporario en el desarrollo del trabajo
social.
Mientras crecía la prosperidad material y la corrupción moral durante el
Renacimiento, la iglesia católica logró imponer, en cierta medida, la asistencia
social pregonando la fe y las buenas obras como garantía de salvación. Aunque
el concepto de las buenas obras era a menudo distorsionado en la práctica, ella
logró inspirar algunas iniciativas privadas a favor de los necesitados. La iglesia
también fomentaba ciertas prácticas como demostraciones de fe que hicieron
ingresar en sus arcas enormes sumas de dinero que en parte solventaban sus
propias actividades asistenciales. Lutero y otros reformadores escandalizados por
los abusos a que daban lugar las buenas obras, las eliminaron como elemento
básico en la fórmula de la salvación.
El impacto del protestantismo en la vida secular también tuvo importantes
consecuencias. Lo que Max Weber describió como la ética protestante, autorizó el
vigoroso individualismo que tuvo su expresión en la vida económica mediante el
incipiente capitalismo. De acuerdo con este enfoque ético, los pobres y
necesitados eran pobres y necesitados porque no merecían nada mejor. Se los
consideraba ociosos, inmorales y dispendiosos, o sea, que cualquier esfuerzo
asistencial hubiera significado derrochar los bienes recibidos del Todopoderoso.
El concepto calvinista de la predestinación como factor de salvación, también fue
interpretado de manera de justificar el status quo económico. De esta manera los
pobres eran considerados como un fenómeno natural, como los esclavos de
Aristóteles. Se pecaba de presuntuoso al pretender modificar su condición.
La Iglesia como institución de beneficencia se vio también restringida por
otra tendencia de la estructura social. Hasta el momento de la Reforma, la Iglesia
y las órdenes religiosas disponían de ingresos mayores que la del gobierno civil.
El levantamiento contra la Iglesia permitió a muchos gobernantes despojarla de
sus bienes en provecho del Estado. La Iglesia se vio obligada a disminuir en
cantidad y calidad sus actividades benéficas, y tuvo que ceder al Estado la
solución de muchos problemas ya que éste poseía ahora mayores recursos e
influencias. Sin embargo, el Estado no estaba preparado para asumir esta tarea
ya que le faltaban los conocimientos y tradiciones necesarios. Sus primeros
intentos de solucionar los problemas de dependencia y otros casos de patología
social, fueron de carácter punitivo. La maldad de los pobres quedaba a menudo
confirmada por su comportamiento antisocial y el poder civil sentía que al
castigarlos colaboraba con el Señor.
El resultado directo de estos acontecimientos fue un atraso considerable en
los conceptos, organización y prácticas asistenciales. No obstante, las mismas
fuerzas que impulsaron este retroceso provocaron otros efectos que en última
instancia beneficiaron el trabajo social, enumeraremos algunas de las más
importantes: la invención de la imprenta, la difusión y secularización de la
enseñanza, el auge de la ciencia, la expansión de las fronteras más allá del
Atlántico, los comienzos de la industrialización. En forma directa o indirecta estos
factores realzaron conceptos y actitudes valorativas que promovieron el desarrollo
de la asistencia social actual.
1.11.3. Revoluciones Democráticas. La revolución Norteamericana tanto
como la Revolución Francesa contribuyó a cristalizar tres actitudes
interrelacionadas que influyeron críticamente en el desarrollo de los esquemas
asistenciales:
• El concepto de un gobierno popular sustrajo al individuo de las decisiones
arbitrarias y egoístas de una clase privilegiada
•
•
La nueva concepción del Estado como instrumento para promover el
bienestar de toda la población implica una preocupación por todos los
aspectos de la dignidad humana. El bienestar general no es interpretado
como una totalidad en sí mismo, sino como la suma total del bienestar
individual.
La neta separación entre los aspectos profanos y religiosos de la vida
aclaró, destacó, pero también limitó las funciones de ambos.
1.11.4. Programas Públicos. Al pretender evaluar las Leyes Británicas de
Pobres, debemos tener en cuenta la época de su aparición. La primera de estas
leyes fue codificada durante el reinado de Isabel I, hace más de 350 años, en una
época en que eran sumamente limitados los conocimientos acerca de las
motivaciones y factores circunstanciales del comportamiento humano. En la
actualidad estas leyes nos parecen crueles y vengativas, si bien reflejan las
perspectivas económicas y sociales expuestas anteriormente, su importancia
histórica reside en el hecho de que el Estado asume la responsabilidad de asistir a
los necesitados sin esperar ayuda de las órdenes religiosas o de la actividad
voluntaria. Esto significó una medida revolucionaria.
Por otra parte, esta mirada retrospectiva sugiere una lección para el hombre
moderno, que no debe olvidar que sus propias actividades asistenciales reflejan
también sus conocimientos y sus conceptos filosóficos, ambos limitados.
1.11.5. Servicios Voluntarios. Aunque las Leyes Británicas de Pobres
representaban un compromiso oficial por parte del Estado de hacerse cargo de los
menesterosos, no excluían las iniciativas filantrópicas individuales y colectivas. Al
reconocer el derecho de los individuos de recibir ayuda en momentos de
necesidad, estas leyes impulsaron en forma indirecta todas las actividades
asistenciales. Las actividades voluntarias en este aspecto representaban una
manifestación legítima de solidaridad humana en los momentos difíciles. Hoy
existe el concepto de que la función más apropiada de las agencias voluntarias
consiste en programas experimentales y en la asistencia de aquellos casos que no
pueden optar por la asistencia oficial
Lo expuesto en este capítulo refleja de cómo la asistencia social surge en el
mundo como una necesidad proveniente de la convivencia social, el hecho de
satisfacer las necesidades y problemas con la ayuda o intervención de terceras
personas la propicia, primero entre seres humanos como una necesidad nata de
solidaridad, luego como filosofías equivocadas o no de pueblos y /o Estados
desde su propia perspectiva.
Europa es un área geográfica donde la asistencia social surge con pueblos
como el romano que aunque de forma excluyente y cruel, presta atención a la
satisfacción de las necesidades de las personas; este concepto evoluciona como
evolucionó la sociedad, en la medida en que se observaron cambios en lo social,
económico, político y cultural, en esa medida también los enfoques hacia la
asistencia social fueron evolucionando, desde la asistencia individualista, religiosa
y voluntaria hasta su organización para ser asumida por el Estado, ya no como
una dádiva o acto de caridad o filantropía, sino como un derecho inherente al ser
humano.
CAPITULO 2:
LA AYUDA SOCIAL EN LA EDAD MEDIA.
Ezequiel Ander Egg en su libro Historia del Trabajo Social, expone que
según criterios de periodización histórica bastante arbitrarios se considera como
Edad Media un lapso aproximadamente de diez siglos. Los historiadores discuten
aún sus límites cronológicos; para unos va desde la división del Imperio Romano
por el Emperador Teodosio (345); según otros, desde la caída del Imperio
Romano de Occidente bajo los germanos (476) hasta la toma de Constantinopla
por los turcos otomanos (1453); o bien hasta 1492, que marca la llegada a
América de Cristóbal Colón. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el
concepto de Edad Media no es válido para la historia universal, es decir, para
todos los pueblos del mundo; sólo es aplicable a Europa.
Durante la Edad Media, Europa y la cuenca del Mediterráneo estuvo
dominada por la existencia de tres núcleos históricos con caracteres propios: el
antiguo Imperio Romano de Occidente (dentro de él aparecieron los reinos
europeos), el Imperio Bizantino y el Islam.
2.1.
La Economía Señorial – Agrícola (la organización feudal):
Dentro de tan vasta extensión histórica, se tomará en consideración para
los propósitos de nuestro trabajo, el período que va entre los siglos IX y XIV y que
se denomina la alta Edad Media. Durante estos cinco siglos se expande y
consolida la propiedad señorial laica o eclesiástica que da lugar al feudalismo,
considerado este como una estructura económica y un modo de producción en el
cual una minoría de privilegiados propietarios de grandes latifundios, logra que
una masa considerable de campesinos trabaje para ellos mediante una serie de
prestaciones. Este tipo de sociedad se fue configurando después de la caída del
Imperio Romano, pero sólo cristalizó en Europa entre los siglos IX y X,
constituyendo el modelo político que broqueló la alta Edad Media, como resultado
del encuentro de dos tipos de sociedad: la romántica y la germánica.
Desaparecido el poder supremo del Emperador, desaparece con él el
absolutismo de los antiguos césares y el Imperio se fragmenta en pequeñas
unidades en beneficio preferente de la nobleza militar y de los grandes dignatarios
eclesiásticos. Con el feudalismo, las comunidades campesinas libres van cayendo
bajo la dependencia jurisdiccional de los señores feudales; ante la inseguridad
reinante, también los hombres libres recurren a los señores feudales en busca de
protección.
El feudalismo es un sistema de organización política y social que se
caracteriza fundamentalmente por ser a la vez:
•
•
Un modo de organización de las relaciones de poder por medio del
establecimiento del “vasallaje”.
Un modo de jerarquización de los poderes políticos y de estratificación
social mediante la ordenada gradación de los diferentes estamentos: alto
•
•
clero, nobleza (rey, grandes vasallos –duques, condes, marqueses y
barones- y vasallos menores –caballeros-) y pueblo llano (plebeyos, villanos
–campesinos libres- y siervos de la gleba)
Un gobierno personalizado que tiene un alcance fundamentalmente local (el
ámbito del feudo), unido a la existencia de ejércitos privados.
Un sistema de producir y distribuir los medios materiales.
Con esto el sistema feudal introdujo en germen, un modo de propiedad y de
dominio que va a afectar esencialmente la segunda mitad del medioevo,
depositando en su seno una semilla de división social que se hará explícita en el
mundo burgués. La palabra feudo se deriva del germánico fehu-od, de la que
surge fief, es decir “propiedad de animales” y luego, por extensión “posesión” o
“propiedad de tierra”. El término connota un modo de relación social de dominio,
que pertenece esencialmente a la era moderna y contemporánea, que se conoce
como “régimen de propiedad privada”, y que es la base material de nuestro
sistema social de explotación y dominación.
El feudalismo fue una forma de organización social, política y económica y
un modo de producción. Configurado por un conjunto de relaciones personales y
patrimoniales, permitía que una minoría de privilegiados propietarios de grandes
extensiones (feudos-latifundios) fueran acaparando diversas atribuciones de tipo
militar, judicial, fiscal y monetario, disponiendo de una masa de campesinos
(siervos de la gleba) trabajando para ellos mediante una serie de prestaciones.
Sin embargo, la organización de la sociedad feudal era más compleja que la
simple existencia de señores feudales y siervos de la gleba. Presidida por Dios y
su representante el Rey, la sociedad se estructura jerárquicamente en tres
elementos: eclesiásticos (oratores), caballeros (bellatores) entre los que se
encontraban los señores feudales (laicos o eclesiásticos) y los trabajadores
(laboratores) fundamentalmente campesinos adscritos a la tierra en la que
trabajaban y que constituían la base servil del sistema. Las personas nacían
dentro de un determinado estamento, y dado que el orden social existente era
considerado y legitimado como el “orden natural” querido por Dios, resultaba
prácticamente imposible cualquier forma de movilidad social vertical que
permitiese el paso de un estamento inferior a otro superior.
Existió, un fundamento jurídico del feudo, era una especie de contrato por el
cual los soberanos otorgaban tierras en usufructo a los grandes señores; estos a
su vez las otorgaban a otros de categoría inferior (feudatarios menores,
beneficiarios, señores alodiales). El feudatario se obligaba con juramento a
guardar fidelidad de vasallo al donante y prestarle servicio militar y acudir a las
asambleas que convocaban.
En la base del sistema, como ya se dijo, estaban los siervos de la gleba
sujetos al cultivo de un campo o gleba a la que estaban adscritos y que no podían
abandonar sin permiso del señor. La unidad de producción era la gran propiedad
territorial habitualmente denominada señorío (en la que el propietario –el señorejercía atribuciones de mando). La gran propiedad se dividía en dos partes: la
reserva (la parte que el propietario explotaba directamente) y los mansos (parcelas
que recibían los siervos para su usufructo). A cambio de recibir el mando, el
siervo de la gleba entregaba al señor (noble, iglesia o monasterio) parte de los
frutos y otras gabelas que pagaban en especies (ganados, aves, huevos, quesos,
linos, etc.). Además efectuaban labores gratuitas en las heredades señoriales:
laborar la tierra, segar y trillar mieses, ayudar a la construcción de edificios, etc.
Los siervos podían utilizar el molino, el horno de cocer pan o el lagar del señor,
pero tenían que pagar por todo ello. El propietario de la tierra era también señor:
podía poner a los siervos en prisión, juzgarlos y aun condenarlos a muerte.
Con posterioridad al siglo XI, junto a la organización feudal que es
fundamentalmente rural y paralelamente al establecimiento de mercados, las
ciudades se van desarrollando y, en algunos casos, recuperando la importancia
que habían tenido en pasadas épocas. En ellas se van organizando los gremios y
en las ciudades –fortalecidas por la expansión del comercio- se despiertan nuevas
inquietudes intelectuales y culturales.
2.2.
La Economía Urbano – Artesanal (Organización corporativa de los
gremios)
Dentro de este período junto a la economía señorial agrícola (organización
feudal), se desarrolla la economía urbano-artesanal (organización corporativa de
los gremios). Una se inicia en la alta Edad Media, la otra en el siglo X; ambas se
continúan hasta fines del medioevo.
Mientras el campo producía alimentos y materias primas, en las ciudades
se concentraba la producción artesanal y renacía el comercio, basado en la
renovación de los medios de transporte y la intensificación de la acuñación
monetaria. La base material que posibilitó el ascenso económico de Europa fue la
expansión agraria, producida gracias a la aplicación de nuevos progresos
técnicos: arado de vertedera, callera para los animales de tiro, utilización del
molino de viento, etc., que permitieron un excedente agrícola y un éxodo rural.
Junto a la organización feudal, en el siglo XI las ciudades europeas vuelven
a tener importancia económica como núcleo del trabajo gremial y de mercados.
En ellas se desarrolla una economía urbano-artesanal y una economía basada en
el intercambio comercial. Quienes realizan un trabajo artesanal se agrupan en
oficios; ningún artesano puede trabajar en su oficio si no está inscrito en el gremio
correspondiente.
Por múltiples motivos es importante no confundir en la época histórica que
se está analizando, los dos momentos histórico – económicos que se dieron
paralelamente: régimen feudal y régimen corporativo. Aquí se recuerda porque
tiene particular significación en lo que hace a las formas de ayuda o asistencia,
bastante diferente en uno y otro tipo de economías: en la señorial – agrícola había
protección militar del señor, pero en las Corporaciones habría protección social.
Las sociedades medievales se organizaron en torno a cuatro instituciones
básicas: iglesia, gremio, trabajo y mercado. El gremio o corporación de oficios
era una institución intermedia entre el ciudadano y la ciudad que tenía una triple
finalidad:
• La producción manual de determinados tipos de productos, la cantidad que
se produce y la calidad de los mismos.
• Crear una unidad jurídica colectiva capaz de proteger los intereses de los
que ejercen la profesión; y
•
Cuidar y atender a las necesidades de quienes pertenecían al gremio.
De hecho las corporaciones constituyeron, como las llamó Henry Pirenne,
citado por Ander Egg, un socialismo municipal, en donde el individuo se
subordinaba al bien común de la corporación, al mismo tiempo que recibe de ésta
su status jurídico, frente a otras comunidades y al poder del monarca. Además
ofrece seguridad y estabilidad en el trabajo (asistencia social preventiva, diríamos
hoy).
2.3.
Influencia de la Iglesia en la Europa Medieval:
Durante este período la Iglesia penetró en todos los ámbitos de la vida. Su
influencia no era solamente religiosa, sino también de orden político, social,
cultural y hasta económica. Prácticamente en todos los planos de la vida el
hombre estaba impregnado por lo religioso. El mundo de las cosas eran valorado
de acuerdo a una escala de criterios religiosos; todo se veía “sub especies
aeternitatis” (bajo una visión de eternidad). Esto influía en el modo de vivir y en la
totalidad de las relaciones sociales. Sin embargo, esta visión de eternidad no le
impedía a la iglesia acumular un gran poder y una inmensa riqueza, amén del
crecimiento de su papel político que tendía a ocupar el vacío dejado por la caída
del Imperio Romano.
Con relación a la influencia de la situación contextual en las práctica
sociales, el feudalismo no sólo fue el molde político de la Edad Media, sino que la
misma iglesia adquirió una estructura feudal; obispados y abadías eran grandes
feudos con sus tierras y vasallos.
Las profundas transformaciones producidas en Europa durante el siglo X,
exigieron a la iglesia una adaptación a las nuevas circunstancias. Esta respuesta
fue el monacato, ya existente desde hacía siglos, pero que desde el siglo X, recibe
un gran impulso y se difunde por toda la cristiandad, después de la reforma de
Cluny. Los monasterios además de su significado religioso, jugaron un papel muy
importante desde el punto de vista cultural, y también en las nuevas formas de
ayuda social.
Junto a cada convento se levantaba un hospital. Estos tenían un triple
carácter: eran hospederías para el albergue de peregrinos y viajeros; además eran
asilos en donde se recogían y mantenían a los pobres, y por último eran hospitales
para el cuidado de los enfermos. Así, pues, a través de los hospitales, se ofrecía
un lecho para reposar a los peregrinos, se daba comida a los pobres y ambos
socorros a los enfermos.
Sin embargo, no sólo se prestaba socorro a los necesitados a través de los
monasterios, también desde los siglos XI y XII hasta nuestra época, se crearon
órdenes religiosas y congregaciones, las cuales tenían como finalidades,
principales –entre otras cosas- el socorro de los pobres, ya sea trabajando en
hospitales, asilos, leprosarios, educando o rescatando cautivos.
2.4. Las Formas de Ayuda Social en el Medioevo:
En el estudio de las formas de ayuda social en el medioevo, se toman en
cuenta tres hechos o factores principales:
• Las transformaciones económicas y la magnitud que adquiere el problema
de la pobreza
• El cambio producido en torno al siglo XII en relación al tratamiento al
problema de la pobreza
• Las formas principales de ayuda
Durante el siglo XIII se produce en Europa la llamada “crisis de
agotamiento”: malas cosechas que llevan al hambre y la miseria. En el siglo XIV
la peste negra asola Europa, muere un tercio de la población y esto origina la
despoblación rural y algunas tierras quedan abandonadas.
Junto a los pobres naturales que siempre habían existido y que se había
considerado como algo inevitable y querido por Dios, aparecen los pobres
ocasionales, muchos de ellos vagabundos o falsos peregrinos, algunos de los
cuales eran malhechores que, solos o en bandas, se dedicaban al pillaje. Se
produjeron también las primeras revueltas campesinas en Francia (1358), en
Inglaterra (1381) y en los reinos de Castilla que no son otra cosa que revueltas
contra la miseria.
Hasta los siglos XII y XIII la existencia de ricos y pobres se consideraba
como algo natural y como lo querido por Dios. Nada más digno de admiración que
la desigualdad en la distribución de la riqueza, en que descansan a su vez las
diferencias de clases, estas diferencias de riqueza son las que ligan a unos
hombres con otros y les hacen sentir su dependencia mutua. El rico y el pobre se
necesitan ambos recíprocamente. Así se forma entre los hombres una comunidad
en que logran su armonización los contrastes. El rico ve en el pobre un hombre
que le ha confiado la Providencia y cuya vida debe contribuir a sostener, mientras
que el pobre ve en el rico lo que se puede llamar un intendente de la Providencia,
un administrador de los bienes que produce la tierra para el sostén de los
hombres.
Este es el orden de la Providencia Divina para el hombre medieval y aún en
siglos posteriores: los pobres facilitaban a los ricos el perdón de los placeres, los
ricos animan a los pobres a no perder el mérito de sus sufrimientos, decía un autor
todavía en el siglo XVII con una concepción de la pobreza que tiene todos los
resabios del medioevo.
Como lo explica Mollet, citado por Ander Egg, en el siglo XII comenzó a
producirse un cambio en el tratamiento de la pobreza: la cuestión que ha sido
considerada en un plano moral y religioso pasa a tener una consideración social.
Hasta entonces, cada señorío tenía registrado a sus pobres; en las ciudades y
villas eran parte del escenario. Pero poco a poco el problema de la pobreza se
convirtió en un fenómeno social que adquiere una magnitud creciente, y el pobre
ya no es considerado sólo como el desgraciado o infeliz que hay que ayudar, sino
como un revoltoso y hasta un criminal potencial.
En cuanto a las formas de ayuda a los necesitados podrían distinguirse tres
formas principales:
•
•
•
La ayuda pública prestada fundamentalmente a través de las órdenes
religiosas, o si se quiere, a través de los hospitales que aparecen casi
simultáneamente con los primeros monasterios.
La Limosna que era una acción de carácter individual en la que cada
persona decidía lo que daba; la forma en otorgar el socorro podría revestir
dos formas principales: la entrega de ayuda (limosna a un necesitado y la
ayuda a instituciones (asilos, hospitales, etc.) que prestaban un servicio a
personas internadas en ellas.
La ayuda mutua prestada en las Corporaciones entre los miembros de la
misma
Analizaremos a continuación cada una de ellas:
2.4.1. La Beneficencia y ayuda a los pobres prestada por las órdenes
religiosas.
Después de la muerte del papa Gregorio El Grande, el «patrimonium
pauperum» (fondo de los pobres) pasó a manos de los legos (no eclesiásticos). El
Concilio de Tours (567) confirmó la obligación impuesta por las autoridades civiles
a las corporaciones locales en el sentido de asumir la responsabilidad del
sostenimiento de los pobres.
Prueba de ello fue el establecimiento por parte de Carlomagno de un plan
de beneficencia eclesiástico – civil. Parte de uno de sus capituales (año 806) se
refiere al socorro de los pobres. En él se establecía que parte de las dádivas de
piedad de los súbditos debían estar destinadas a los pobres, al mismo tiempo que
los autorizaba acceder a los xenodoquios.
En el año 817, el mismo Carlomagno ordenó que la décima parte de las
limosnas ingresadas en las iglesias y monasterios debieran destinarse a los
pobres. Y poco después dispuso que los pobres tuvieran participación en los
diezmos de los párrocos.
Si bien se produjo una cierta secularización de la beneficencia, la ayuda a
los pobres siguió siendo prestada fundamentalmente por la iglesia a través de las
órdenes religiosas que surgen impulsadas por un despertar evangélico y por los
deseos del Papa Inocencio III preocupado en renovar a la Iglesia.
Hasta el siglo XIV esta ayuda era realizada fundamentalmente desde las
parroquias. Sin embargo, ya en el siglo XIII, pero de manera dominante en el siglo
siguiente, las órdenes religiosas asumen las tareas de cuidado de los pobres. En
el siglo XV más de mil monasterios, conventos, hospitales y abadías
proporcionaban refugio, limosnas, comida y ropa para los pobres y para los
mendigos ambulantes. Muchas instituciones eran sostenidas por medio de
donativos hechos para fines caritativos por los miembros de la familia real y la
aristocracia. Aunque diariamente se distribuía comida en la puerta del convento, y
se ofrecía lecho a quienes no tenían casa, se hizo muy poco para cambiar las
condiciones sociales del pobre de tal manera que pudiera sostenerse nuevamente
a sí mismo.
Tomando en consideración la función o finalidad directamente relacionada
con la ayuda a los pobres de las órdenes religiosas que fueron surgiendo en el
medioevo, podemos presentarlas así:
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
Ordenes religiosas tradicionales: Benedictinos, Cistercienses (1098),
Premostratenses (1121), que seguían las reglas de San Agustín con
influencias monacales pero dedicados a la gente.
Primera hermandad hospitalaria instituida por Soror de Sena (siglo IX).
Los Antonianos o hermanos de San Antonio, que surgen para el cuidado de
los enfermos, fundada en 1095.
Hermanos del Espíritu Santo (1198), se dedicaban a cuidas hospicios en
diferentes lugares de Europa.
Las Elisabetinas, dedicadas al cuidado de los pobres y los enfermos y la
educación de las jóvenes.
Las Beguinas y los Begardos (siglo XII); los Juanita y los Alejo que
realizaban diversas acciones benéficas, entre ellas el enterramiento de los
muertos.
Los Lazaristas, dedicados al cuidado de los leprosos.
Los Trinitarios, fundados por San Juan de la Mata, destinados al rescate de
los cautivos hechos por los musulmanes y la atención de hospitales y
comedores para heridos y pobres.
Los Nolascos, instituidos con igual finalidad que los Trinitarios.
Los Olivetanos (1324) y las Oblatas (1443), fundados para el cuidado de los
enfermos.
Los Hermanos Pontífices que construían casa junto a los ríos destinadas a
los viajeros y hacían puentes para facilitar las marchas de los viajeros.
Los Humillados y los Jesuatos (siglo XIV) que se fundan en Italia dedicados
al cuidado de los enfermos y la preparación de medicina para ellos.
Los Hospitalarios de Bernardino de Obregón
Los Camilos
Después de la Edad Media, siguieron fundándose órdenes religiosas que
realizaron tareas de socorro a los pobres, la enumeración de las mismas nos
permitirá tener una visión global y de conjunto de lo que fue la acción de las
órdenes religiosas.
•
•
•
•
Los Somascos, fundados por San Jerónimo de Emiliano en 1526 para el
cuidado de los huérfanos y educación de la población rural.
Los hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios fundados en 1540.
Los Escolapios (1600), fundados por San José de Calasanz, dedicados a la
enseñanza elemental de los pobres, extendiendo luego esa actividad al
nivel secundario.
Los Hermanos de San Hipólito, instituido en México.
•
•
•
•
•
Las Salesianas o religiosas de la Visitación (1610) cuya misión era el
cuidado de los niños y de los enfermos.
Los Betlemitas que trabajaron en Guatemala
Los Hermanos de las Escuelas Cristianas, fundados en 1680 por San Juan
Bauista Lasalle, destinados a la educación de los niños pobres.
Los médicos – sacerdotes (sacerdotes de la peste), fundados en
Constantinopla para la atención de los enfermos.
Los Hospitalarios de Santo Tomás de Villanueva.
Y sobre todo están las grandes figuras de San Vicente de Paúl y San Juan
Bosco.
Con lo expuesto acerca de las tareas principales que realizaban las
órdenes religiosas, nos pone de manifiesto que las acciones de ayuda a los
necesitados se prestaban desde los hospitales, tomando en cuenta que durante
siglos los hospitales fueron el principal lugar a donde podían dirigirse los pobres y,
en determinadas circunstancias, era hospedería para albergue de viajeros. Por
eso hasta época reciente se los llamó Casa de los Pobres o Asilos de Pobres
Enfermos. Los hospitales entonces, eran casa de hospitalidad, y comparando con
nuestra época, diríamos que son algo equivalente a un Centro de Servicios
Sociales de nuestros días.
2.4.2. La Limosna como Forma de Ayuda a los Necesitados.
Durante la Edad Media, como lo explica Friedlander en su libro Dinámica
del Trabajo Social, publicado en 1965, “dar limosna a los desamparados, los
ciegos y los cojos era un deber religioso, y un medio de salvación de la amenaza
del castigo divino después de la muerte. Como el principal motivo de la caridad
era la salvación del alma del donante, generalmente le preocupaba muy poco a
éste el ser humano que recibía la caridad”.
La limosna como respuesta escatológica, junto a la acción de las órdenes
religiosas y la ayuda social de las corporaciones como exigencia del aspecto
religioso de las mismas, encierran el modus operandi de la asistencia social
durante varios siglos. Para comprender la práctica de la asistencia social al
necesitado y de la ayuda a los pobres en este período, debemos considerar la
perspectiva religiosa del hombre del medioevo, y de su concepción de la sociedad.
La sociedad es como debe ser; que haya ricos y pobres, es algo natural. El
pobre satisface a Dios por la resignación, aceptando su pobreza y la humillación
de ser ayudado; el rico lo satisface por la caridad, expresada en la limosna.
“Cuando Dios creó a los pobres y a los ricos, fue su intención salvar a los ricos por
medio de la riqueza y a los pobres por medio de su pobreza…Destinó al pobre a
honrar con sumisión el más alto de los poderes; destinó al rico a dar con sus
beneficios testimonio de la infinita misericordia de Dios: al uno atribuir el mérito de
la paciencia, al otro el mérito de la misericordia” 3
Para comprender la asistencia social en cada momento histórico, debemos
considerarla desde la sociedad en que surgen determinadas prácticas. En el
3
GROETHUSEN, Bernard. La Formación de la Conciencia Burguesa. FCE. México. 1940.
medioevo la limosna era el modo lógico y razonable para esa sociedad,
considerada la lectura o interpretación que se hacía del problema de la pobreza y
del significado que tenía la limosna. No podía ser de otra manera: en un mundo
impregnado por un sentido religioso - escatológico, en el cual la preocupación
dominante era ganar el cielo y evitar el infierno. Y como la salvación viene por las
obras, la limosna se transforme en un medio eficaz para ese fin fundamental de la
persona. Por otra parte, dentro de la perspectiva de trascendencia, la pobreza, no
como efecto del pecado, sino como virtud, viene a ser también un modo de ganar
la eterna bienaventuranza.
Dentro de esa cosmovisión, la limosna adquiere una importancia singular y
central. Por ella es posible para el hombre medieval, constituir una comunidad
organizada aquí abajo y ganar el cielo después, tanto el rico que paga sus
pecados haciendo limosnas, como el pobre que se humilla dejándose ayudar del
rico. Un predicador del siglo XVII decía: si no hubiese pobres los ricos no podrían
ganar el cielo, por ello tiene que haber pobres. Hay más ricos salvados por los
pobres, que pobres salvados por los ricos. Los poderosos de la tierra no serían lo
que son, si no hubiese pobres. Los que viven en el brillo y la abundancia y los
otros a quienes se les atribuye la miseria y el trabajo, están inseparablemente
unidos entre sí. El rico, pues intendente y servidor de los pobres, realizará
diferentes formas de asistencia social a través de la limosna, como respuesta a
una exigencia de su propia salvación.
Reinhold Niebuhr, resume lo anterior diciendo: “la profunda “otra-mundez”
del período medieval y la preocupación de la iglesia por el bienestar del individuo
después de la muerte, unidas a una observación legalista de la observancia bíblica
de que la caridad cubre la multitud de pecados, hicieron de la limosna un método
para asegurarse contra el castigo futuro”4
Durante la Edad Media la moralidad es individual; no se plantean problemas
morales en términos de estructuras. Era inevitable que así fuese, pues no había
conciencia de que existían condicionamientos estructurales, la sociedad es una
realidad fijada para siempre, conforme a un orden establecido por Dios. A partir
de esta concepción y de estos supuestos, el problema de la justicia sólo puede
plantearse en términos de relaciones interpersonales y no de relaciones sociales
dentro de las estructuras de una sociedad global.
Hoy esta manera de pensar y obrar, para un cristiano es una deformación
de la caridad para el no creyente es una forma de alienación. Uno y otro tiene
razón. Sin embargo dentro del contexto histórico en que se dio (un momento en el
proceso de evolución y de hominización) difícilmente se podría hacer otra lectura
de la realidad. Lo grave es que en un mundo adultificado y desacralizado como el
nuestro, haya todavía quienes no han superado esta perspectiva; esto si es
alienante.
4
NIEBUHR, Reinhold. La Contribución de la religión al Trabajo Social. Universidad de Columbia, Nueva
York. 1932.
2.4.3. La Ayuda Social a través de los Gremios
Como ya mencionamos, durante la Edad Media las comunidades de
artesanos organizados legalmente, constituyeron los gremios a través de los
cuales, o de sus cofradías, se organizaron nuevas formas de asistencia social.
Los gremios contribuyeron a afirmar el poder local y a abrir brechas dentro
de la rigidez del sistema feudal. Tenían en su organización un doble aspecto: por
una parte eran organizaciones que agrupaban a quienes realizaban un
determinado oficio, por otro lado, constituían Cofradías religiosas que atendían no
sólo a lo espiritual, sino también, como exigencia de la fe religiosa, se establecían
diferentes formas de ayuda mutua, hermandad y amistad.
El miembro de una Corporación de gremios, cualquiera sea su categoría
(maestro, compañero o aprendiz), está protegido por la misma Corporación. En
caso de enfermedad recibe ayuda material y si ha dejado algún trabajo inconcluso,
colaboran para su terminación otros colegas. Esta protección se extiende a sus
familiares en caso de muerte.
Existía además, en cada Corporación una Caja Social formada por las
cuotas de los asociados, los aportes de ingresos de los maestros, compañeros y
aprendices, y las donaciones especiales; con ello hacían frente a las obras de bien
común para los miembros de la Corporación; se puede concebir como una
asistencia social integral, dentro de un espíritu comunitario y fraternal que existía
entre los miembros del Gremio. Había otros beneficios sociales para los que
pertenecían a un Gremio: reglamentación de los salarios y jornadas de trabajo,
formación profesional y, en muchos lugares, vacaciones anuales pagadas y
sábados libre por la tarde.
Cabe destacar que en determinadas circunstancias las Corporaciones
ayudaban también a personas necesitadas no pertenecientes al gremio. Esto se
hizo de manera más notable en períodos de hambre y de sequía, aunque existían
determinadas festividades en las cuales, de forma tradicional, ofrecían comidas a
los pobres.
Todas estas ventajas sociales se gozaban dentro de la economía urbanoartesanal, siempre que se perteneciese a un gremio. En la economía agrícola, la
situación fue mucho más desfavorable y el siervo de la gleba nunca gozó de la
ayuda social, ni de nada parecido, que tenían los miembros de las Corporaciones.
La protección del señor feudal era principalmente militar y muy poco social.
2.4.4. Tratado de Socorro a los Pobres. Juan Luis Vives. Primera
Sistematización de la Ayuda a los Necesitados.
El humanista español Juan Luis Vives (1492 – 1540), como el precursor de
la asistencia social organizada, se ha transformado en un lugar común de toda
referencia a la historia o a los antecedentes del Servicio Social. Y es con justicia
que se hace mención de su obra, tanto por lo que realizó en la ciudad de Brujas,
como por su tratado “De Subvenciones Pauperum” (Socorro de los Pobres)
publicado en 1526, que bien puede ser considerado como el primer libro de
asistencia social, entendida la expresión en su sentido amplio.
Vives es la figura más importante del humanismo en España y una de las
primeras de Europa. Admirador y discípulo de Erasmo, ecléctico en filosofía,
preconizó el empleo de las experiencias y de la razón. Tuvo como una de sus
preocupaciones fundamentales El bien obrar, fundada en motivaciones religiosas y
en el conocimiento racional. Vives no sólo fue un precursor de la pedagogía y de
la psicología, como se le reconoce desde estos campos profesionales, también lo
fue del trabajo social. Preocupado por los pobres y desheredados, pensó y
propuso formas de ayuda desde las organizaciones gubernamentales, lo cual
constituye una total novedad. Hasta ese entonces sólo se había pensando la
ayuda desde instituciones eclesiásticas o como respuesta individual, o bien como
ayuda mutua dentro de los gremios.
Juan Luis Vives aborda la cuestión socioasistencial en su tratado Socorro
de los Pobres, escrita durante su estancia en Inglaterra, se la dedicó a los
burgomaestres y al Senado de Brujas, en él expresa el deseo de que sus
prescripciones se lleven a la práctica, referidas estas a dos cuestiones:
intervención social pública y técnica de tratamiento de las situaciones de carencia.
Vives afirma vigorosamente la responsabilidad de las autoridades civiles en lo que
concierne a la situación y atención de los pobres.
A comienzos del siglo XVI, los ayuntamientos de Brujas y de Ypres,
preocupados por organizar la beneficencia desde los poderes públicos, solicitaron
la colaboración y asesoría de Vives. Las medidas que éste propuso dieron lugar
al tratado del Socorro de los Pobres.
El tratado del Socorro de los Pobres, está dedicado a los burgomaestres y
al senado de Brujas.
Se divide en dos libros: en el primero, da una
fundamentación teológica y filosófica de la ayuda a los necesitados, explicando
previamente el origen de la necesidad y miseria del hombre. En el libro segundo,
se refiere a la conveniencia y al modo en que la colectividad y sus gobernantes,
deben ocuparse de los necesitados explicando, asimismo, el modus operandi de
esa acción social.
Para mayor comprensión de la asistencia social en la Edad Media, es
necesario considerar el contexto social, económico, ideológico y político en la que
se desarrolla.
Es entonces una sociedad dividida entre poseedores de los medios de
producción – señores feudales- y los vasallos, constituidos por una gran masa de
campesinos desposeídos de tierra y que trabajaban a cambio de prestaciones
inequitativas.
En este período prevalece la asistencia social como ayuda al necesitado
por amor a Dios (caridad) o por amor al hombre (filantropía), en ningún momento
es considerado el acceso a la satisfacción de necesidades básicas como un
derecho individual y colectivo que los llevase a un desarrollo y bienestar integral.
Sigue predominando el «taxis» de Platón, en que la situación socio
económica era considerada desde un orden natural, agregándosele en este
período histórico “querido por Dios”, imposibilitando a las personas cualquier forma
de cambio o status social.
Pero como la sociedad es cambiante, propicia aún con sus limitaciones
otras formas de asistencia social como la organización de los gremios donde
predomina la solidaridad humana y la protección social.
Estas condiciones de dependencia de las grandes poblaciones y el enfoque
ideológico con que se manejan dan a los poderosos la oportunidad de mantenerse
en el poder, evitando revueltas que pusieran en peligro su posición social,
económica y política.
De tal forma que la asistencia social se convierte en un medio para hacer
más ricos a los que ya tienen y más pobres a los que no tienen, en detrimento de
su dignidad humana.
CAPITULO 3:
LOS COMIENZOS DE LA ASISTENCIA SOCIAL
Para tratar de comprender mejor este capítulo, primero se hará una
descripción general de las transformaciones económicas y políticas que se
producen durante este período. Posteriormente se abordarán algunos problemas
puntuales que, si bien forman parte o están entrelazados con los cambios políticos
y económicos constituyen una serie de cuestiones que tienen identidad propia: la
revolución científica y tecnológica, el liberalismo como ideología del capitalismo, el
individualismo y el modo de ser del burgués, la revolución francesa, los nuevos
problemas sociales, la organización del movimiento sindical y la aparición de
propuestas alternativas como el socialismo y el anarquismo, analizando desde
este marco la creación de la primeras Escuelas de Asistencia Social, desde la
perspectiva de Ezequiel Ander Egg.5
3.1.
La Sociedad Capitalista, desde sus inicios hasta fines del siglo XX.
3.1.1. Las Transformaciones Económicas. Desde el siglo XI hasta el
siglo XV, Europa mantuvo su estructura feudal; nobleza y clero siguieron siendo
las clases privilegiadas. Una sociedad fundamentalmente agrícola (más del 80%
de la población vivía en el campo) y una organización artesanal, caracterizaron el
modo de producción feudal.
Ya entrado el siglo XIII se produce la llamada crisis de agotamiento: malas
cosechas, hambre, aumento de la mortalidad, desvalorización de la moneda y
otros. En el siglo siguiente la peste negra que asola a Europa origina la
despoblación del mundo rural y algunas tierras quedan abandonadas. Se dan las
primeras revueltas campesinas en Francia (1358) y en Inglaterra (1381). Estos
hechos, unidos a otros factores, hacen tambalear por su base la organización
feudal. La nobleza poco a poco es dominada por las monarquías absolutas que
liquidaron progresivamente el feudalismo político, aunque de hecho el modo de
producción feudal (explotación de feudos y relación de vasallaje) subsistirá hasta
la Revolución Francesa.
A lo largo del siglo XV, mientras se tecnifica la agricultura, el arado, las
palas y las azadas de madera son sustituidas por las de hierro y los artesanos
comienzan a trabajar para otros, se van produciendo ciertas transformaciones
económico – sociales que perfilan el capitalismo inicial. En este siglo encontramos
un modo de producción mercantil simple en forma germinal, lo que será luego el
sistema capitalista. Este no aparece como un cuerpo teórico sino como un
conjunto de prácticas concretas y modos individuales de abrirse al mundo.
En el siglo XVI aparece lo que se ha denominado el capitalismo comercial y
financiero, con Holanda e Inglaterra a la cabeza; es un capitalismo de gran escala
con un mercado especulativo de capitales. La economía se articula de acuerdo a
5
ANDER EGG, Ezequiel. Historia del Trabajo Social. 3ª. Edición. Buenos Aires, Argentina. 1984.
nuevos criterio: el mercantilismo, concebido por Smith como la doctrina económica
predominante en Europa a partir del siglo XV, según la cual la riqueza de los
Estados se basa en la posesión de metales preciosos, es el sistema económico
que impera en casi todos los países de Europa.
Aparece también la manufactura (trabajadores que un empresario reúne en
un local) y los artesanos se van convirtiendo en obreros El trabajo manual va
siendo reemplazado por la máquina y cada vez mayor el número de personas
trabajan en máquinas que no son suyas. Se produce también en este período, un
gran éxodo de campesinos hacia las ciudades; aunque la tecnificación agrícola
fuese todavía incipiente los requerimientos de mano de obra rural son mucho
menores. Todavía permanecen vivos muchos resabios del antiguo régimen, pero
los burgueses enriquecidos, aquellos habitantes de los burgos que aparecieron
como una nueva clase, no privilegiada, pero tampoco sujeta al señor feudal, van
adquiriendo una importancia cada vez mayor, tanto en la vida económica como en
la política.
Estas transformaciones económicas tuvieron fuertes repercusiones
sociales. Cuando se inicia el período de intensa acumulación de capital destinado
a la construcción de fábricas y máquinas, éste conlleva una reducción drástica del
consumo, mediante una mayor explotación de los trabajadores, incluso de los
niños.
3.1.2. De la fisiocracia a la economía clásica. Si para el mercantilismo lo
importante de todo sistema económico era la posesión de metales preciosos (oro y
plata) con la aparición de la concepción fisiocrática de la economía, se abandona
este punto de vista.
Gracias a los impulsos de apriorismos naturalistas que surgen es esta
época, aparecen doctrinas que pretenden explicar los fenómenos sociales por una
especie de atracción física que Dios habría puesto como reguladora del sistema
humano social. El libro de George Berkeley (1685 – 1752), Atracción Moral, es el
mejor exponente de esta concepción.
Apoyado en este apriorismo de la existencia de un orden natural que rige el
sistema social, entronca la concepción de los fisiócratas. Con ellos, a mediados
del siglo XVIII, aparece la economía como ciencia del orden natural, capaz de
descubrir las leyes naturales constitutivas del orden evidentemente más ventajoso
para los hombres reunidos en sociedad. El médico y biólogo Quesnay (a quien
pertenece la frase que acabamos de citar), es el más representativo de la Escuela.
En su obra más importante el Tableau Économique (1758) se explica el sistema
circulatorio de las riquezas entre las distintas clases de la sociedad.
Quesnay, juntamente con Mirabeau, Dupon de Nemours, Merciere de la
Riviére y otros constituyeron la llamada secta de los filósofos economistas. Ahora
bien, lo esencial de esta doctrina fisiocrática, puede resumirse en lo siguiente: los
fenómenos económicos obedecen a un orden natural y esencial de las sociedades
políticas. Existen según los fisiócratas leyes derivadas de la naturaleza de las
cosas, es decir, un orden establecido por Dios como la legislación única, eterna,
invariable, universal, la cual es evidentemente esencial y divina. El galicismo
ampliamente utilizado en la ciencia económica “laissez passer” (dejar hacer, dejar
pasar), resume el pensamiento de los fisiócratas en cuanto que considera que las
cosas están regidas por un estado de armonía natural.
Además de todo lo mencionado anteriormente, conviene señalar que el
pensamiento de los fisiócratas que constituyó el segundo sistema económico
formulado en el orden del tiempo sirvió de base a la llamada Escuela de
Manchester, cuyos principales representantes fueron Adam Smith, David Ricardo
y Thomas Malthus. Denominados posteriormente los economistas clásicos y a
sus formulaciones la economía clásica. Esta Escuela constituyó el fundamento
teórico de la economía capitalista.
Ellos definieron el modelo de economía, que de una forma esquemática,
podríamos presentar bajo los siguientes postulados:
•
•
•
•
•
Cuando uno trabaja para sí mismo sirve a la sociedad con más eficacia que
si trabaja para el interés social
El interés personal o afán de lucro es el móvil único de la actividad
económica; este interés de los sujetos económicos se equilibra entre sí y
consigue los precios más bajos y los costos más adecuados
La libre competencia entre lo que buscan beneficios es un principio fecundo
de prosperidad y civilización
Las leyes del mercado basadas en el juego de la oferta y la demanda, son
la mano invisible que rige el mundo económico y a la larga producen
infaliblemente la prosperidad social y las condiciones más ventajosas para
el interés general.
El mercado se autorregula por la ley de la oferta y la demanda; todo
intervencionismo de Estado entorpece la actividad económica, en definitiva,
el papel del Estado se ha de reducir a defender la actividad económica
autónoma.
Así, de la fisiocracia a la escuela clásica, se conforma el modo de pensar y
obrar económico, cuyos principios: individualismo, utilitarismo, libertad económica
y libre competencia, favorecen la acumulación del capital, el proceso industrial y la
creación de mercados mundiales, echan los cimientos del orden capitalista aún
vigente aunque en versión diferente en casi todos los países occidentales.
3.1.3 La revolución científico –tecnológica y el desarrollo capitalista. Si
bien la revolución cinético –tecnológica constituye hoy el factor más importante de
la aceleración del cambio histórico, en sus inicios no fue un proceso espectacular,
por el contrario, se desarrolló de forma lenta y compleja. Pero cuando los
adelantos científicos y tecnológicos tienen una creciente aplicación al proceso
productivo, es el momento en que se produce la revolución industrial y se inicia el
proceso de aceleración de los cambios. De 1450 a 1540 transcurre lo que algunos
autores llaman la primera fase de la revolución científica.
Todavía en el siglo XVIII la industria es de bienes de consumo, peor en
cuanto a la organización del trabajo, ésta va pasando del sistema doméstico –el
capitalista compra la producción artesanal- al sistema de fábricas, que constituye
una tecnología de operación combinada en un espacio unificado (la fábrica) en la
que intervienen un conjunto disciplinado de muchas clases de trabajadores, que
atienden una serie de máquinas productoras que exigen coordinación y disciplina
en el trabajo.
Con esta nueva forma de organización del sistema productivo, la familia
deja de ser unidad de producción y de consumo y los artesanos no pueden
competir con herramientas poco evolucionadas. De este modo, no sólo los
artesanos, sino también los campesinos, se ven obligados a alquilar su fuerza de
trabajo.
Uno de los aspectos más importantes que conviene destacar respecto a la
revolución industrial que abarca múltiples y diversos fenómenos, es que tuvo una
influencia decisiva en la configuración del capitalismo todavía en forma larvaria y
germinal. La plasmación de la sociedad capitalista y las fases principales de su
desarrollo posterior vienen condicionadas fundamentalmente por los adelantos
científicos y las innovaciones tecnológicas, en combinación con los cambios
económicos, sociales, políticos, ideológicos y mentales que tuvieron lugar,
después del Renacimiento, pero que culminan en el siglo de las Luces.
Un mayor y rentable aprovechamiento de la energía –los molinos de agua y
de aire son reemplazados por la máquina de vapor-, y las invenciones efectuadas
en la industria textil (la lanzadera volante, la máquina de hilar, la hiladora
mecánica y el telar hidráulico) introducen importantes cambios en el proceso
productivo.
A las innovaciones en el campo de la industria textil, se suceden los
inventos en la industria del hierro y del acero; en cualquier caso, hay que señalar
que lo que propiamente impulsó a la revolución industrial fue la invención de la
máquina de vapor de Newcomen (1712), perfeccionada por James Watt (1748) y
posteriormente aplicada a la industria (1785) y al ferrocarril (1829). Este último
simboliza de algún modo la mayoría de edad del capitalismo; ya estamos en la era
del maquinismo que hace posible la sustitución de la fuerza del trabajo por las
máquinas.
Con la siderurgia, se sientan las bases de la industria moderna, y con la
construcción de las redes ferroviarias aparece la primera tendencia a la
concentración de capitales; la empresa familiar no puede atender a inversiones tan
elevadas y se da paso a las sociedades anónimas y a las grandes entidades
bancarias.
Por todos estos cambios, el comercio adquiere un impulso y volumen
insospechados. La industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles, son
elementos que en el transcurso de una generación dinamiza y transforman
profundamente buena parte de los países europeos con sus repercusiones en los
países coloniales o dependientes. La segunda mitad del siglo XIX constituye el
apogeo del capitalismo.
Si durante siglos los cambios en la vida económica se habían producido
lentamente, a partir de la ampliación de la técnica al proceso productivo, la
tecnología se transforma en el principal motor de la economía moderna. Las
transformaciones técnicas que se operan inciden directamente en los principales
factores económicos: trabajo, producción y las relaciones entre los medios de
trabajo y la fuerza de trabajo.
Todos estos cambios técnico – científicos ya mencionados influyen en el
trabajo favoreciendo su racionalización, con lo cual se logra economía de tiempo,
simplificación de operaciones, menor tiempo de aprendizaje, posibilidades de
realizar tareas simultáneas, división del trabajo y especialización.
También se operan cambios fundamentales en la producción: la capacidad
de producción y de acumulación se aumenta considerablemente. Se utilizan
fuerzas naturales más intensas y regulares, y menos costosas que la energía
humana; la productividad y el rendimiento del trabajo se elevan
considerablemente, se permite una mayor economía en el uso de materias primas
y una más efectiva explotación de los recursos naturales. Para decirlo en pocas
palabras: se inicia la etapa de gran producción y de la acumulación intensiva de
capital.
Sin embargo, es en las relaciones entre los que poseen los bienes de
producción y los que aportan la fuerza de trabajo, donde se producen los
fenómenos que más interesan desde la perspectiva de las ciencias sociales y el
Trabajo Social. A partir de la revolución industrial se produce una clara división
entre ambos factores y esto da lugar a la parición de dos clases sociales, una
poseedora de los bienes de producción y según la Encíclica Rerum Novarum de
León XIII “gozando casi todas las ventajas que los inventos modernos
proporcionan tan agudamente; la otra, en cambio, compuesta de indigente
muchedumbre de obreros reducidos a angustiosa miseria”6.
Pero no debemos confundirnos, ante todo hay que tener presente que la
clave de esta nueva situación no está dada por el hecho de la revolución industrial
por sí misma, sino en las consecuencias de la separación entre productor y
medios de producción, que lleva a la acumulación y concentración de capital.
Propietarios de bienes de producción por una parte, y obreros por la otra,
configuran una separación cada vez mayor entre los obreros y los medios de
producción, y también entre el obrero y el productor. Y así como la propiedad
esclavista fue suplantada por la propiedad feudal, ésta es reemplazada por la
propiedad burguesa.
Por ello podemos afirmar que si bien la máquina pudo ser instrumento de
liberación del trabajo (con frecuencia brutal), que debía realizar el hombre, por otra
vía lo fue condenando a una explotación y esclavitud en cierto modo mayor. Esto
se produjo no como consecuencia de la industrialización misma, sino como
resultado del tipo de relaciones establecidas entre los hombres. En esta forma
apareció el proletariado y la posesión de bienes se concentró en unas pocas
manos, constituyendo el principal medio de explotación del hombre por el hombre.
Frente a esta explotación y miseria ¿qué hacer?, dentro del contexto de esta
problemática se va gestando la asistencia social.
3.1.4. Las transformaciones políticas: del absolutismo al despotismo
ilustrado y al Estado liberal – burgués. Durante este período que estamos
analizando, las transformaciones que se van produciendo, no sólo son
económicas y sociales, científicas y tecnológicas, sino también públicas.
Con el feudalismo, Europa no sólo perdió el ideal del imperio (forjado y
concretado por Carlomagno), sino que se dio lugar al surgimiento paulatino de la
6
LEON XIII. Encíclica Rerum Novarum.
idea de nacionalidades. Pero hasta los siglos XV, XVI y XVII no se van
constituyendo los estados nacionales.
Como reacción contra el feudalismo y con el objeto de imponerse a las
dinastías señoriales, las monarquías emergentes apoyarán el gobierno autónomo
de las ciudades, en donde ha estado surgiendo esa nueva clase que es la
burguesía. Las monarquías encuentran en ella una forma de conseguir fondos, y
en la gente de pueblo, soldados para sus milicias, que les permite reemplazar a
los guerreros feudales.
Esto consolida las monarquías absolutas que marchan de la mano del
mercantilismo que, más que una teoría, es un conjunto de principios prácticos que
–aplicados a la política- pueden resumirse en lo siguiente: la riqueza de las
naciones depende de la cantidad de metales preciosos que posea y la actividad
más efectiva para el enriquecimiento de las naciones es el comercio. Para que no
salga moneda hay que comprar poco, y para atraerla de otras naciones hay que
vender mucho. De esta manera la riqueza se incrementa y el Estado se hace más
fuerte. Esto supo desde el punto de vista político además de un claro
nacionalismo, la autarquía de los Estados y las rivalidades políticas entre los
países.
En el siglo XVI las monarquías han triunfado sobre las estructuras feudales
y en el siglo XVII se instauran como monarquías absolutas de derecho divino.
Tratadistas políticos como el italiano Tomás Campanella y el inglés Tomás
Hobbes en su obra Leviatán (1651), sostienen que el sistema ideal es el
absolutismo y la divinización del Estado. Parecidas son las tesis que en Francia
sostiene que el poder viene al monarca directamente Dios, por lo que el Rey no es
responsable ante nadie de sus actos; todo Rey es imagen y lugarteniente de la
divinidad. En Holanda, Baruch Spinoza, sin sacralizar al Rey como Bossuet,
sostiene que sólo el Estado puede proporcionar al hombre paz y seguridad.
Sin embargo, algunas brechas se irán abriendo de modo que poco a poco
van a minar el absolutismo monárquico. Mientras en Holanda se establece la
primera república europea, en 1642 estalla la guerra en Inglaterra y el Rey Carlos
I es ejecutado. Asume el gobierno Oliverio Cromwell que toma el título de Lord
Protector. En esta época tanto en Holanda como en Inglaterra, además de la idea
de soberanía nacional que comparten con otros países, adquiere mucha fuerza la
concepción y práctica de la representatividad parlamentaria, aunque reducida a la
aristocracia y la burguesía.
Durante este período se despliegan las nacionalidades europeas y se lucha
por la hegemonía. Mientras tanto en los siglos XVI y XVII aparece la ciencia en el
sentido moderno del término. Esto supone el rechazo de los argumentos de
autoridad y un nuevo modo de abrirse al conocimiento y a la realidad; es el
momento del auge de la experimentación.
Dentro de ese contexto de una sociedad todavía dividida en órdenes
(nobleza, clero, burguesía, campesinos) y en clases económicas por su
participación en la riqueza y especialmente por su lugar en la producción, se
producen una serie de cambios científicos y filosóficos que confluyen en la
ilustración. Esta termina con las ideas del antiguo régimen, proporcionando a la
burguesía la conciencia de su poder y de sus posibilidades de participar en el
gobierno.
El gatopardismo de la monarquía –hacer que cambie algo, para que no
cambie nada- en algunos países se reviste de una nueva forma: el despotismo
ilustrado que en el fondo no es más que una continuación del absolutismo. Sus
notas más destacables son las de adoptar los principios de la ilustración y tomar
interés por los derechos civiles de los ciudadanos y preocuparse por el bienestar
social de los mismos. Su lema todo para el pueblo, aunque añadiendo, pero sin el
pueblo, revela la concepción paternalista con que se trataban los problemas de la
gente.
A mediados del siglo XVII se publicó una gran obra “La Enciclopedia o
Diccionario razonado de las ciencias, artes y oficios” , realizada por más de cien
pensadores franceses bajo la dirección de Diderot y D’Alambert, se recoge por
orden alfabético todo el saber humano de la época.
De manera súbita e incontenible, el fermento revolucionario que contenían
las ideas del siglo XVIII, estallan con la revolución francesa. Si bien esta
revolución tiene sus precedentes en la revolución inglesa (1688) y la de Estados
Unidos (1776), la revolución francesa (1789) será el modelo de las revoluciones
burguesas a todo lo largo del siglo XIX, de hecho, la burguesía es dueña de la
economía y del poder político.
Aparece así, el Estado liberal-burgués con sus instituciones jurídicas,
políticas, culturales y sociales. La demanda de la neutralidad del Estado, será el
requerimiento más apremiante del nuevo orden político. Como lo expresada
D’Argeson, “no hay que gobernar demasiado”; la función del Estado se limita a la
formulación Manchesteriana del “laissez faire”, “laissez passer”, y esto no podía
ser de otra manera, porque hay un orden natural.
De esta forma, la intervención del Estado queda reducida a su mínima
expresión, con el objeto de no restringir las libertades individuales y para no
interferir el funcionamiento de las leyes naturales que por sí solas regularán las
relaciones entre los hombres y darán dinamismo, sirviendo de estímulo al
funcionamiento de la sociedad en su conjunto. Su misión fundamental y principal
será la de preservar el orden, protegiendo la propiedad, vida e integridad física y
moral de los ciudadanos.
Estas ideas constituirán los pilares del Estado liberal burgués, reducido a la
mera función de policía. Lo que no siempre se ha destacado suficientemente
como situación de hecho, no como principio del liberalismo, es que el poder
económico se transforma en poder político, conforme a una constante histórica
anterior al mismo Estado liberal, la clase económica dominante, es la clase política
que detenta el poder.
Veremos más adelante qué significa y qué consecuencias tiene para las
grandes masas, la no intervención del Estado y a qué queda reducida la libertad,
igualdad y fraternidad proclamada por la Revolución Francesa.
3.1.5. El Liberalismo, ideología de la burguesía. El nuevo modo de
abrirse a la realidad expresado en la cultura del Renacimiento y el estilo de vida
que se va perfilando en los habitante de los burgos, es el origen más cercano del
movimiento cultural y filosófico de la ilustración, esta creará el caldo de cultivo
intelectual que permitirá configurar al liberalismo como ideología de la burguesía.
En un momento histórico posterior, la influencia de pensadores como
Locke, Montesquieu, Bodin, Rousseau y los economistas clásicos, sentarán las
bases teóricas de lo que en el siglo XVIII será la ideología de la burguesía,
principal motor de las transformaciones que se producen a lo largo del siglo XIX.
Como expresión de los intereses y del pensamiento de la burguesía, el
liberalismo sustentó la lucha contra los restos del feudalismo y el absolutismo
monárquico, propugnando el libre desarrollo y actividad de los ciudadanos, la
limitación de los poderes en la estructuración del Estado, el régimen
constitucional, la proclamación de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley,
el respeto a la propiedad privada, la tolerancia religiosa, la ética del trabajo, etc.
Durante el siglo XIX las ideas liberales se difundieron en gran parte de los países
de Europa y América, y sus principios sirvieron de base a las constituciones de los
Estados.
Sin embargo, cuando hablamos de liberalismo, como ideología de la
burguesía, es conveniente distinguir siempre entre el liberalismo político, el
liberalismo económico y el liberalismo intelectual. No sólo hay que hacerlo porque
ello refleja o expresa la realidad de esta ideología, sino porque nos permitirá una
más clara compresión de las formas de acción social; a lo largo de más de un
siglo, cuando los intereses de la burguesía se sentían amenazados, se ha
combinado el liberalismo económico con el absolutismo político. Debemos
separar también el liberalismo en su dimensión cultural – intelectual, del
liberalismo como modo de organización económica. Qué duda cabe que la
reacción crítica ante los abusos y privilegios de la sociedad medieval y la
proclamación de la libertad del hombre, la tolerancia y la igualdad de todos ante la
ley, es una de las grandes conquistas de la humanidad. Ahora bien, tampoco
cabe ninguna duda de que la organización económica de la sociedad de acuerdo a
los postulados del liberalismo ha permitido la explotación de los hombres y de las
naciones, en este punto el balance es en muchos aspectos bastante
desfavorables.
Tomando en consideración la significación que tiene el liberalismo, se hará
un breve comentario sobre los aspectos: político, económico y cultural –
intelectual.
3.1.6. El Liberalismo político. Fue expresado en sus inicios,
fundamentalmente por los intelectuales de los siglos XVII y XVIII (Locke,
Rousseau, Montesquieu, Bodin) que no sólo ponen en tela de juicio la validez de
la monarquía de derecho divino absolutista, sino que desarrollan la teoría pactista
o teoría del contrato social. Conforme a esta teoría el poder político y el Estado
sólo pueden ser resultado de un contrato fijado por la sociedad.
Con esto se desmorona la teoría del poder real de origen divino. Ya no se
considera el Rey investido de un poder proveniente de Dios; por el contrario se
sostiene que el poder reside en el pueblo y se ejerce a través de representantes
elegidos.
Aplicado el liberalismo político a la organización del Estado, el gobierno es
considerado una función y un derecho de la sociedad. El contrato social se
expresa en una ley fundamental –la Constitución- a la que todos deben sujetarse,
y en una limitación, división e independencia y separación de poderes: ejecutivo,
legislativo y judicial, que aparecen como freno de todo absolutismo del poder
político, cuyo fin supremo, como decía Montesquieu en 1748, es la libertad y el
bienestar de sus súbditos.
3.1.7. El Liberalismo económico. Se apoya en los principios básicos de la
economía clásica. El liberalismo económico es la justificación del derecho a la
propiedad privada, el libre juego de la oferta y la demanda, del beneficio o lucro
como meta, objetivo y fundamentación básica de la actividad económica.
Conforme a los principios de libertad de trabajo y respeto a la propiedad
privada, proscribe toda intervención del Estado en el proceso económico. Su
función queda reducida a vigilar que la armonía del mercado no sea perturbada a
fin de que la iniciativa privada pueda actuar libremente. Por tanto, si los obreros
deben trabajar dieciséis hora diarias o en condiciones inadecuada, ésta no es
cuestión que concierne al Estado; éste no puede imponer medidas de higiene y de
seguridad en el lugar de trabajo, ni reglamentar el trabajo de las mujeres y de los
niños, ni tampoco organizar un sistema de seguridad social.
3.1.8. En su dimensión cultural – intelectual. El liberalismo fue la
reacción contra la intolerancia e intransigencia del antiguo Régimen. Postuló la
libertad de conciencia y el respeto de las ideas, con lo que contribuyó de manera
decisiva en la conquista y defensa de las libertades individuales.
Sostuvo la necesidad de la educación como forma de cambiar la sociedad y
reveló un optimismo y confianza respecto de las razones y las potencialidades de
la ciencia para traer la felicidad a los hombres.
En cualquier caso, los grandes aportes históricos de liberalismo han sido: la
eliminación del absolutismo en todos sus aspectos: político, jurídico y económico,
la conquista y defensa de las libertades individuales, el reconocimiento de los
derechos y libertades políticas del ciudadano y el régimen parlamentario.
3.1.9. El ethos burgués o el nuevo modo de ser en el mundo. El modo
de ser en el mundo del hombre que surge después del Renacimiento y que se va
configurando principalmente en Europa, es el modo burgués de ser en el mundo.
Cuando hablamos de modo burgués y expresamente en este contexto, no nos
referimos a una determinada clase social, ni siquiera al status de burgués, sino a
una actitud frente a la vida.
Durante el medioevo predominará un ethos (mansión y costumbre)
trascendentalista; vale decir, que la totalidad de las actitudes naturales del hombre
frente a la vida se definían como una proyección hacia el único fin del hombre que
estaba en su salvación eterna. Por esto mismo, todo el pensamiento explicito de
los medievales, como también su estilo de vida, su arte, su cotidianidad, etc,
estaban teñidos de esta misma actitud inicial.
A partir del Renacimiento se inicia un cambio radical en el modo de abrirse
a la realidad. Mientras el geocentrismo y trascendentalismo medieval se disocia,
la nueva cosmovisión adquiere un fuerte carácter antropocéntrico e inmanente,
anticipando la corriente filosófica humanista de Occidente, cuya esencia misma es
la preocupación por el hombre y la realización de sus potencialidades. La libertad
de espíritu y una visión crítica de la sociedad caracterizarán a la burguesía en
ascenso, un burgués que ya no será súbdito sino ciudadano.
Así lentamente, entre los siglos XI y XIV, aparece el burgués, un hombre
nuevo, distinto del nuevo hombre que en su momento había dado el Medioevo
cuyos arquetipos fueron el caballero y el monje cristiano. El burgués es una nueva
voluntad por dominar la naturaleza, su espíritu es el espíritu empresarial como lo
llamó Max Scheller. Un espíritu empresarial expresado en la valoración positiva
del trabajo, la iniciativa, la producción y la organización con sentido de eficacia y
utilidad, que se combina con el espíritu de lucro y la convicción de que la ganancia
justifica todos los medios empleados para conseguirla.
3.1.10. El individualismo. Como concreción histórica de la forma de vida
burgués, el individualismo será la expresión oculta de un modo de ser en el
mundo. En cuanto elementos de una ideología, será la esencia de las
concepciones políticas y económicas en la época de gestación, desarrollo y
consolidación del capitalismo.
Históricamente el individualismo aparece como reacción contra el
absolutismo de los reyes, la nobleza y la iglesia. Es también una idea que rompe
los encasillados sociales de la Edad Media que mantienen al pueblo sometido, con
un puesto ya asignado dentro de una estructura piramidal y autoritaria en la cual
hay escasa posibilidades de movilidad social vertical.
Durante el período de las monarquías absolutas, tanto en Inglaterra como
en Francia (países que están a la cabeza del proceso de afirmación individual),
hay dos clases influyentes: la nobleza y la burguesía; la primera en decadencia,
abandona sus tierras para vivir en la Corte y obtener favores del Rey; la
burguesía, en cambio, en pleno ascenso se va haciendo dueña del comercio y de
la naciente industria. Frente a estas clases y estamentos el absolutismo
monárquico se acentúa. En ese clima, el afán de liberar al individuo de toda
opresión de la autoridad, el nuevo derecho y todo aquello que constituía los signos
de la época, conducen a la afirmación de los valores individuales.
De ahí que, en esa coyuntura y en esta etapa del proceso de evolución,
parece evidente y claro de que el individualismo era un paso adelante en el
proceso de hominización, en cuanto que el hombre se hace más hombre
afirmando su libertad.
Su gestación en el orden de las ideas la encontramos en la exaltación del
individuo, en la perspectiva antropocéntrica y en el nuevo clima intelectual a partir
del Renacimiento. El individualismo que se perfila en el humanismo renacentista,
tiene sus efectos en la esfera religiosa con la Reforma protestante y luego en las
doctrinas económicas (Escuela Clásica) y políticas, especialmente en Locke y
Rousseau que en cierto modo expresan el espíritu de la revolución inglesa y
francesa respectivamente. Emmanuel Kant es la culminación de esta concepción
filosófica, al concebir al sujeto como fundamento y principio del orden especulativo
y práctico, del orden social y político.
Este individualismo que olvidó la dimensión social, hizo del hombre un todo
autónomo, pero sólo frente al Estado, como si todos los cuerpos intermedios en
donde se desarrolla la vida de la persona fueses inexistentes u obstáculos para la
libertad individual. Producida la quiebra del principio de solidaridad, cada persona
quedaba librada al gobierno anónimo e impersonal de las leyes económicas, esta
era la formulación teórica, en la práctica quedaba al arbitrio de quienes detentaban
la propiedad privada de los bienes de producción. El ser humano viviente, con sus
deseos y sus dolores, va dejando cada vez más de ocupar el centro del sistema y
ese lugar lo van ocupando los negocios y la producción. El hombre deja de ser la
medida de todas las cosas en la esfera económica.
Para finalizar, diremos que el individualismo, según Mounier “fue la
ideología y la estructura dominante en la sociedad burguesa occidental entre los
siglos XVIII y XIX. Un hombre abstracto sin pertenencia ni comunidades
naturales, dios soberano en el corazón de una libertad sin dirección ni medida,
mirando al otro con desconfianza, cálculo y reclamación; una instituciones
reducidas a asegurarle inmunidad para estos egoísmos, o su mejor rendimiento
por la ecuación reducida al provecho; tal es el régimen de civilización que organiza
bajo nuestros ojos uno de los sistemas más pobres que la historia haya conocido7”
3.1.11. La revolución burguesa. Tres grandes momentos revolucionarios
(Inglaterra, 1688; Estados Unidos, 1776 y Francia, 1789) expresan el ascenso y
triunfo político de la burguesía. En el caso de Europa es la liberación del vasallaje
político – jurídico de la Edad Media y del absolutismo monárquico. En Estados
Unidos no fue la lucha contra el Antiguo Régimen, sino una revolución a la vez
burgués y anti –colonialista, pero sobre todo una revolución contra el país
dominante. Sin lugar a dudas todas estas oleadas revolucionarias constituyeron
un paso hacia delante en la historia de la humanidad. La burguesía fue la clave
revolucionaria que impulsó todos estos cambios en el transcurso del siglo XIX, en
el que se consolidará también como clase hegemónica.
Para mejor compresión del significado de la revolución burguesa, es
necesario tener en cuenta en este punto y a modo de síntesis los pilares que
configuraban el Antiguo Régimen:
•
Despotismo ilustrado
•
Economía mercantilista
•
Monopolio religioso
apoyado en la creencia del derecho divino
de los reyes
que sostiene y practica el monopolio
estatal de la economía
que lleva a la intransigencia, las
construcciones dogmáticas y el
sometimiento de las conciencias a la
autoridad religiosa
Todos estos pilares se sostienen mutuamente: el mercantilismo como
sangre del poder es el sostén económico del despotismo ilustrado, mientras que la
iglesia lo sacraliza como lo querido por Dios. Por su parte ésta saca provechos
del apoyo del poder político y el mercantilismo sostenido por el despotismo
ilustrado inicia su expansión colonial, a través de las llamadas Compañías de
Indias (una Oriental y otra Occidental), con lo cual el comercio internacional no
7
MOUNIER, Emanuel. El Personalismo. Eudeba, Buenos Aires. A,965
está muy claramente diferenciado de la piratería, como Inglaterra y Holanda lo
demostraron de manera clara desde el siglo XVII.
Ahora bien, las nuevas condiciones de la economía y la evolución de las
ideas, hieren de muerte al Antiguo Régimen:
•
Frente al absolutismo político,
•
Frente al mercantilismo,
•
Frente a la iglesia,
el liberalismo político con sus ideas
de pacto o contrato social
el liberalismo económico que
propugna la libertad individual frente
al monopolio estatal
la filosofía de la ilustración que
quiere reemplazar la intransigencia
y oscurantismo religioso, por la
razón natural y la ciencia
De todo lo mencionado hasta ahora, podemos deducir las implicaciones
más importantes de la revolución burguesa que, ante todo, supone un cambio
sustancial en la trayectoria de Europa Occidental, con incidencias posteriores en
todo Occidente y el resto del mundo. En el siglo XVIII, dueña de la economía y de
la cultura, la burguesía se constituye como una clase poderosa y dinámica: ella
llevará a cabo la Revolución Francesa y todas las revoluciones burguesas del siglo
XVIII y XIX. Un siglo después que la burguesía reemplaza a la nobleza, dos
escritores que no pueden ser sospechosos de pro-capitalistas, evaluando lo
realizado por esta nueva clase social, en 1848 escribían: “La burguesía ha
desempeñado en el transcurso de la historia un papel verdaderamente
revolucionario… Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto es capaz la
actividad humana. Ha realizado maravillas superiores a las pirámides de Egipto,
los acueductos romanos o las catedrales góticas. Hace apenas cien años que se
ha constituido como clase soberana y ya ha creado fuerzas productivas cuyo
número prodigioso y colosal potencia superan cuanto han sabido hacer todas las
generaciones anteriores”8
3.1.12. Problemas Sociales: la situación del proletariado: Lo
mencionado anteriormente en el plano de los hechos y de las ideas, converge en
plasmar una nueva sociedad donde los adelantos científicos y tecnológicos se
aplican de manera creciente a la industria, a la agricultura y a los transportes.
Libres de sus antiguas ataduras, las artes, la industria y el comercio, producen un
notable progreso económico.
La máquina hizo imposible la vida del artesano y el pequeño taller fue
sustituido por la fábrica en la que trabajan ciento y miles de operarios.
Paralelamente con la manufactura comienza la primera explotación de tipo
capitalista, en cuanto que implica ya una disociación entre los medios de
producción y el productor, y un desplazamiento de la economía familiar, en la que
el trabajador generalmente era propietario de los instrumentos de producción.
8
MARX, Carlos y ENGELS, Federico. El Manifiesto Comunista.
Todo ello se originó cuando el artesano doméstico ya no pudo vender su
producto, en esas circunstancias apareció el mercader manufacturero que
compraba el artículo acabado pagándole un precio. Como con cierta frecuencia le
proveía también de materias primas y en algunos casos de utensilios de trabajo, la
subordinación se hizo cada vez mayor, hasta que el artesano acabó, de hecho,
siendo trabajador asalariado.
Además y como es sabido, los regímenes políticos surgidos después de la
revolución francesa, e inspirados en la misma, poco a poco fueron terminando con
las Corporaciones y los Gremios, conforme a lo que establecía, para el caso de
Francia, la Ley Chapellier: “no se debe permitir que los ciudadanos de ciertas
profesiones se agrupen en pro de supuestos intereses comunes; sólo existe el
interés particular de cada individuo y el interés general”9.
Importa destacar que con el florecimiento del industrialismo, nace la
producción propiamente capitalista, y se llega a la etapa final del proceso que da
lugar a la aparición y desarrollo de una nueva clase social: el proletariado, en su
origen estuvo constituido por campesinos arrojados del campo y por artesanos
empobrecidos. Más tarde a la clase obrera, la engrosarían los hijos de los mismos
proletarios.
La ideología liberal, que coincide con la aparición de la gran industria, y al
mismo tiempo que favorece el desarrollo del capitalismo y un crecimiento
económico sin precedentes, contribuye a que el proletariado quede sometido a
durísimas condiciones de trabajo. “Un yugo que poco difiere del de los esclavos”10,
decía León XIII en la Rerum Novarum.
Varias décadas después de que el capitalismo salvaje del siglo XIX había
puesto de manifiesto su verdadero rostro con las miserias sociales que afligieron a
los trabajadores, Enrique Hernker escribía en 1910 “En Baden, todavía hoy la
gente de la región industrial llama presidios a las fábricas”. Y el mismo autor
tomando una información resultante de una inspección practicada en las minas
inglesas, refiere el caso de niños que empezaron a trabajar en las minas a los
cuatro años, siendo la edad habitual de los ocho a los nueve años. De ordinario
les correspondía vigilar los extremos de las galerías, de suerte que debían estar
en la mina al empezar el trabajo y no podía salir de ella hasta el descanso de la
noche. A partir de los seis años se complicaba el trabajo obligándoles a empujar o
arrastrar vagonetas cargadas. En algunas comarcas se sacaba el carbón cargado
sobre las espaldas; las galerías subterráneas eran tan bajas que aun los niños
más pequeños no podían andar por ellas sino arrastrándose sobre manos y
rodillas, y en esta posición debían empujar las vagonetas. Añádase a todo esto la
conducta, con frecuencia dura y cruel, de los mineros adultos para con los
compañeros de trabajo más jóvenes.
En una inspección hecha en Bélgica a mediados del siglo XIX se consta
que niños desde la edad de cinco o seis años trabajaban en la industria entre 12 y
14 horas; y los niños de más de diez años trabajan entre 15 y 16 horas entre el
sofocante polvo de la lana. En las fábricas de vidrio, se dieron casos en que niños
de catorce años llegaron a trabajar hasta 24 horas seguidas. En las filaturas de
9
Ley Chapellier. Francia
LEON XIII. Encíclica Rerum Novarum.
10
algodón a los niños se les deforman y tuercen las piernas, porque tienen que
mantenerse de pie durante una larga jornada. Y otros niños, empleados en
fábricas de ladrillos que tienen por tarea conducirlos al sitio en que se apilan,
recorren hasta 40 kilómetros por día.
En la fábrica de vidrios franceses, trabajan muchos niños italianos desde la
edad de siete años, de los cuales moría la mitad como consecuencia de las
condiciones de trabajo. En Francia, en algunas industrias de Normandía, el
vergajo destinado a los pequeños obreros, figuraba entre los instrumentos de
trabajo.
Así no es extraño que en Inglaterra, Francia, Bélgica y Suiza
principalmente, pero también en los otros países que se estaban industrializando,
en ciertas ocasiones se amarraban los niños a las sillas y a las máquinas para que
no huyeran.
En relación al horario de trabajo, las jornadas eran de 12 horas diarias
como mínimo, pero a comienzos del siglo XIX con la generalización del alumbrado
artificial la jornada laboral tendió a alargarse aún más. En este segundo período
de la revolución industrial, las condiciones de trabajo revistieron mayor dureza. En
algunas fábricas se trabajaba en turnos continuos y las mismas camas servían
para diferentes grupos de trabajo.
Cuando en el Parlamento Británico se discutía en 1848 la ley que fijaba la
duración de la jornada de trabajo en 10 horas, ciertos fabricantes hicieron firmar a
los padres peticiones en las que se decía que una hora de asueto adicional no
tendrá más efecto que el de desmoralizar a sus hijos, porque el ocio es la madre
de todos los vicios. Marx nos recuerda los argumentos del Dr. Ure para que la
jornada de trabajo no se disminuya en una hora: si en lugar de extenuar a los
niños y a los adolescentes de menos de dieciocho años en la atmósfera
abrasadora, pero moral de la fábrica, se los devolviese una hora antes al mundo
exterior, tan frío como frívolo, el ocio y el vicio les harían perder la salvación de
sus almas.
Las mujeres no corrían mejor suerte; la libertad industrial lo permitía todo,
desde el abuso de los obreros hasta los capataces y patrones. En Inglaterra –dice
Hekner en su libro sobre la Cuestión Obrera- “las mujeres trabajaban en las
fábricas de día y de noche, dilatándose la jornada hasta una duración
insoportable, acumulándose peligros para la salud física y moral. Aun para
trabajos subterráneos se contrataban mujeres, que realizan el mismo trabajo que
los hombres durante el mismo tiempo”.
La mina, escuela de inmoralidad, decía una encuesta belga de 1886. La
promiscuidad de los sexos y de las edades, acarreaba la depravación de las
costumbres; jovencitas de catorce a veinte años estaban en permanente contacto
con muchachos y adultos, en un clima más o menos exacerbado.
Si el trabajo era duro y alienado, la vida fuera de la fábrica era miserable;
viviendas insalubres, húmedas, mal iluminadas, algunos trabajadores vivían en
sótanos húmedos, escasamente aireados, a ello había que añadir los horrores del
hambre en las épocas de paro forzoso, los sufrimientos en los casos de
accidentes de trabajo o de invalidez, la desorganización familiar y el desamparo en
la vejez. El resultado de estas duras condiciones de trabajo y de vida era doble:
por una parte la enfermedad (tuberculosis, raquitismo, etc.), por otra la
degradación moral (alcoholismo, prostitución, delincuencia, mendicidad).
Este es el cuadro de las tristes consecuencias de la libertad económica y de
la civilización industrial. Como lo señala Marx “los trabajos forzados al servicio del
capitalista vinieron a invadir y usurpar, no sólo el lugar reservado a los juegos
infantiles, sino también el puesto de trabajo libre dentro de la esfera doméstica y,
romper con las barreras morales, la órbita reservada incluso al mismo hogar”11
Como reverso de este tenebroso cuadro, la riqueza en manos de unos
pocos creció sin cesar, acumulándose en manos de los propietarios. La
proclamada igualdad quedaba reducida al ámbito de los principios teóricos.
La explotación salvaje fue la característica más sobresaliente del
capitalismo del siglo XIX. En esta situación social, con las concepciones políticas
y económicas vigentes, bajo los efectos adormecedores de una religión de la
resignación al servicio del trono, se inicia un nuevo modo de ayuda al necesitado.
Es el que hemos llamado acción benéfico –asistencial. Aparecen además, las
primeras legislaciones de tipo social.
3.1.13. Aparición del movimiento sindicalista. La situación de la clase
trabajadora que, en algunas de sus formas más brutales de explotación hemos
descrito, dio lugar al surgimiento de los movimientos obreros. En un primer
momento éstos se expresan en asociaciones de carácter mutualista y bien pronto
se transforman en asociaciones de resistencia para mejorar las condiciones de
trabajo, conseguir aumento de los salarios y obtener el reconocimiento al derecho
de asociación.
Frente a la irrupción del movimiento obrero, los Estados reaccionan con
dureza, los dirigentes y militantes del naciente sindicalismo son perseguidos,
encarcelados y hasta ejecutados. La política liberal, frente a las reclamaciones de
la clase trabajadora que irrumpe en la vida política y social, adopta con frecuencia
rasgos autoritarios.
Inglaterra, el país pionero de la revolución industrial, es la cuna del
movimiento obrero. Primero protestan destruyendo máquinas, pero luego siguen
otros caminos, asociándose en sindicatos locales por oficio; la presión y la lucha
de los obreros organizados, obliga a que el gobierno los reconozca legalmente;
esto ocurre en Inglaterra en 1825, y en 1871, por primera vez en una Constitución
– la Belga- se reconoce el derecho de asociarse a los trabajadores.
A medida que la clase trabajadora se organiza en sindicatos, la presión del
Estado se hace cada vez mayor; lo que se pretende es que intervenga a fin de
asegurar ciertos derechos mínimos. Por otra parte, las clases dominantes se
comienzan a preocupar por la fuerza y la combatividad que va adquiriendo la clase
trabajadora y, en especial, las consecuencias de las huelgas y de la rebelión
obrera, en cuanto podían afectar la producción, las ganancias y la propiedad de
los bienes de producción.
De este modo, también para la clase burguesa se hizo necesario que el
Estado interviniese, no sólo reconociendo a los sindicatos, sino metiéndolos en el
11
MARX, Carlos. El Capital. Fondo de Cultura.Económica. México. 1ª. Edición en Español. 1959.
juego del sistema, a fin de encauzar su acción dentro de ciertos límites para
asegurar su auto conservación.
La revolución socialista, se transforma entonces en el objetivo estratégico
del movimiento sindical.
3.1.14. Surgimiento de las opciones socialistas y anarquistas. Las
miserias sociales del capitalismo y de la revolución industrial, no solo motivaron la
aparición de los movimientos obreros, sino también la formulación de teorías y
doctrinas sociales que aparecieron como alternativas de superación del
capitalismo, ya que permitieron ampliar la visión que tenían estos movimientos.
Francia país menos industrializado que Inglaterra, pero con una
intelectualidad más sensible a los nuevos problemas sociales y a la situación de la
clase trabajadora, proporciona las primeras formulaciones teóricas que constituyen
alternativas al capitalismo.
Con Saint Simon aparece una crítica al liberalismo al mismo tiempo que se
propone una sociedad dirigida por las clases productoras. Fourier propone la
creación de falanterios, pequeñas poblaciones de 16,000 habitantes entre los que
se distribuyen todas las funciones alternativamente. Subsisten la propiedad
privada y el derecho de herencia, pero los instrumentos de trabajo son comunes.
También en Inglaterra aparecen doctrinas de redención social: Owen, un
empresario que aplicó en sus fábricas reformas sociales muy avanzadas, fue uno
de los líderes más destacados del movimiento político llamado cartismo y
propugnó el asociacionismo y el cooperativismo como medios ideales para
suprimir el beneficio capitalista.
Todas estas propuestas alternativas llamadas por Engels “socialismo
utópico” criticaban duramente las injusticias y desigualdades sociales, pero
consideraban que éstas eran fundamentalmente una cuestión de egoísmo o de
ignorancia. Nunca consideraron que la situación se derivase de las propias
estructuras de la sociedad. Frente a ellos aparece una alternativa radical –Marx y
Engels son sus precursores-. Partiendo de un análisis del sistema capitalista,
llegan a una concepción de la historia como una lucha de clases que terminará
con el triunfo del proletariado y la desaparición de la sociedad clasista.
Las diferencias fundamentales entre la formulación del socialismo marxista
(autodenominado científico), y el que fuera denominado utópico, visto desde el
planteamiento marxista vienen dadas por las cuestiones siguientes:
•
•
•
Haber fundamentado científicamente al socialismo, mediante una denuncia
(la crítica de la economía política) y el anuncio de que el socialismo solo
puede realizarse mediante la transformación de las relaciones socioeconómicas.
Haber comprendido la conexión que existe entre la construcción del
socialismo y la clase obrera, cuestión que ni siquiera había sido
mencionada por los socialistas utópicos
Propugnar la acción del proletariado y la realización del socialismo por la
vía de lucha de clases.
Hasta mediados del siglo XIX el problema de la pobreza fue considerado
como una cuestión fundamentalmente individual. Su causa para unos era el
pecado, para otros un accidente o un hecho inevitable en el funcionamiento de la
sociedad. Lo nuevo que introduce Marx en este punto, es el considerar a la
pobreza como una manifestación de las formas de explotación existentes en la
sociedad; como constitutiva de una relación social determinada. Hay, pues, para
decirlo en breve, una explicación a partir de determinadas estructuras de un
sistema que la produce. Sin embargo, esta perspectiva teórica que da una
explicación diferente de las causas de la pobreza, no va a influir sobre la
asistencia social como profesión en gestación. Y, si a veces lo hace, es como
revulsivo de un fantasma que recorre Europa.
3.1.15. El anarquismo. Es una opción que irrumpe en el siglo XIX como
respuesta a los problemas de la clase trabajadora y como una de las más
importantes corrientes ideológicas en la historia de las revoluciones sociales.
Como doctrina y práctica político – social, el anarquismo preconiza la
libertad absoluta del hombre y la supresión de toda autoridad, cualesquiera sean
las modalidades de su ejercicio. Para el anarquismo la sociedad debe estar
organizada sobre la base del pacto o libre acuerdo de hombres entre sí. En la
sociedad anarquista no deben existir clases sociales, ni intereses privados, ni
organizaciones de tipo coactivo, ni leyes coercitivas de ninguna especie. Su
objetivo último es la completa desaparición del Estado y del Gobierno y la máxima
exaltación de la libertad del individuo; Bakunin decía: “sólo soy verdaderamente
libre, cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son
igualmente libres”
Ente los ideólogos del anarquismo debemos mencionar a William Godwin
(inglés), Max Stirner (alemán), Proudhon (francés), pero el de mayor influjo fue el
aristócrata ruso Mijail Bakunin, más soñador que político y que, como todos los
anarquistas, quería hacer la utopía ya, ahora y aquí. El problema fue el rechazo
en bloque del proceso de industrialización y la urbanización consecuente, que
puso al anarquismo de espaldas al proceso de transformación real de la sociedad.
Por otra parte, su afán de destruir el Estado (no de transformarlo), el negarse a
todo tipo de intervención política a constituir un partido o a intervenir en
elecciones, limitaron las posibilidades de acción y de transformación real de la
sociedad del movimiento anarquista.
Sin embargo, la actitud vital de denuncia y revuelta contra todo tipo de
autoridad o jerarquía impuesta al individuo o al grupo, ya sea por instituciones o
por la sociedad, ha hecho de los anarquistas una fuerza de relanzamiento de la
utopía.
3.2.
Vicente de Paúl: Precursor de la Organización y Promoción de la
ayuda a los Necesitados.
En el caserío de ranquines, cerca de Dax en el sur- oeste de Francia nació
Vicente de Paúl el 24 de abril de 1581. Hoy, después de más de 400 años su
nombre sigue siendo mencionado –al margen de su significación religiosa- como
uno de los precursores de la ayuda social organizada. Supo conciliar las
motivaciones religiosas de la acción con la eficacia organizativa.
Vivió entre fines del siglo XVI y más de la mitad del siglo XVII cuando toda
la vida económica está marcada por el afán de lucro y potenciada por los cambios
técnicos que se van produciendo en todo ese período. Es la época del nacimiento
y consolidación del capitalismo comercial y financiero, y de los grandes
movimientos de población desde el campo hacia las ciudades. La industria
comienza a desarrollarse, hay mayor riqueza, pero la mayoría de la población vive
en condiciones miserables. En Francia, la guerra de los treinta años, fue una
constante devastación que aumentó la ingente masa de pobres y desamparados,
especialmente entre los campesinos.
Enfrentando la trilogía de la peste, la guerra y el hambre, se inicia y se alza
la obra de Vicente de Paúl. Tardó muchos años en llegar hasta él el clamor de los
pobres, pero cuando lo hizo comprendió claramente aquello que luego expresara
en uno de sus lemas: “pasar del amor afectivo al amor efectivo”.
Ordenado sacerdote a los 19 años. Un domingo del año 1617, cuando
Vicente de Paúl había adquirido ya una nueva sensibilidad frente al problema de
los pobres, en forma circunstancial nace la primera organización de alivio a los
pobres, como se decía en esa época. Hallábase de párroco en Chatillón, cuando
al salir de la misa se le acercó una señora suplicándole que exhortase a los
feligreses a ir en auxilio de una familia necesitada. Así lo hizo y una gran cantidad
de personas acudió a auxiliar a los necesitados. Ese mismo día Vicente de Paúl
visita a esta familia y hace la siguiente reflexión: “Estos pobres enfermos han
recibido hoy de golpe provisiones de sobra. Parte de ella se le estropearán y
mañana se encontrarán en su primitivo estado, esta caridad no está bien
ordenada”. De esto surgió la idea de organizar la caridad con el fin de prestar una
ayuda más amplia y eficaz a todos aquellos que estuviesen en necesidad.
Convocó, pues, a una junta de señoras y les propuso que cada día una se
encargase, no sólo de atender a esa familia necesitada que dio lugar al pedido,
sino también a todos lo que tuviesen necesidad de ayuda dentro del ámbito de la
parroquia. Esta experiencia luego se extendió a diferentes lugares de Francia y se
tradujo en una gran variedad de obras de caridad. De ahí surgieron las
asociaciones o cofradías de la caridad.
Es interesante recoger lo que podríamos llamar hoy la metodología de
trabajo, a través de las recomendaciones precisas que reflejan el espíritu de la
época y las motivaciones más profundas de la ayuda al necesitado.
Vicente de Paúl había tenido ya una profunda conversión, se siente
guardián de sus hermanos y poco a poco emprende una creciente actividad a
favor de los necesitados, al respecto decía “los pobres que se multiplican todos los
días, que no saben adónde ir ni qué hacer, constituyen mi peso y mi dolor”.
Movido por esta preocupación por los pobres, Vicente de Paúl hizo una
gran variedad de creaciones con la que organizaba la ayuda a los necesitados.
Trabajó con los condenados a las galeras –“yo he visto a esas pobres gentes
tratadas como bestias”- recordaba muchas veces; en 1619 fue nombrado capellán
general de las galeras. En 1625 funda la Congregación de la Misión (padres
Paules) con la que pretende prolongar su acción especialmente con los
campesinos pobres.
Con Luisa de Marillac organizó en 1633 a las pobres aldeanas y servidoras
de los pobres que fueran las Hijas de la Caridad, “vuestro monasterio, decía
dirigiéndose a ellas, es la casa de los enfermos, vuestra celda en vuestro cuarto
de alquiler, tenéis como capilla la iglesia parroquial, vuestro claustro son las calles
de la ciudad…” son las Hijas de la Caridad con las que extiende y prolonga la
acción de ayuda a los necesitados.
Para emprender la reforma del hospital de París, hace una nueva
fundación: Las Damas de la Caridad, con ellas –que eran señora de la noblezaemprendió también la Obra de los Niños Expósitos. Hasta ese entonces los niños
pobres eran recogidos por la policía y llevados a una casa –cuna donde unos eran
vendidos y algunos ahogados para que no molestasen con sus lloros, y los otros
morían poco a poco de estar allí. A partir de esa realidad dolorosa y trágica, inicia
su ayuda a los niños abandonados.
En estas obras y otras, San Vicente se valió siempre de lo que Molière
llamaba “las preciosas ridículas”, es decir, de las señoras de la sociedad, apelando
a sus sentimientos, atemorizándolas con los cambios violentos que se podían
producir si no actuaban y, como era estilo de la época, con el temor de Dios.
Su contacto con la historia sufriente de los pobres lo lleva a emprender
nuevas tareas «hay que acudir a las necesidades de los pobres con la misma
rapidez con que e corre a apagar el fuego…porque no socorrer es matar», decía.
También los ancianos desamparados entran en el horizonte de sus
preocupaciones e inicia como consecuencia de un hecho muy circunstancial. En
1653 se presentó a San Vicente un desconocido que le entregó una elevada suma
de dinero -1000,000 libras- para la obra de caridad que estimase más agradable a
Dios, compró dos casas contiguas del arrabal de San Lorenzo y un gran terreno
colindante, las arregló y organizó en ellas un asilo para ancianos.
Años después en París, ciudad con muchos mendigos, organizó un hospicio
general para recoger a todos los pobres de la ciudad; puesto en funcionamiento
este hospicio, se prohibió la mendicidad en París y todos los mendigos estaban
obligados a retirarse al hospicio.
También organizó hospitales para los galeotes, para los peregrinos para los
huérfanos de artesanos pobres (cada vez eran más en esta situación por el
proceso de industrialización) y para jóvenes abandonados.
Friedlander, lo reconoce como “el reformador más importante de las obras
de caridad de la Iglesia Católica”.
Se reconoce que San Vicente de Paúl había llegado al corazón de la
pobreza, había servido a los pobres, los sencillos lo amaban. Según las crónicas
de la época, cuando el 27 de septiembre de 1660 se difundió por París la noticia
de su muerte, los mendigos, los andrajosos, los más pobres de la ciudad
acudieron en multitud para despedir a quien había tomado parte junto a ellos, al
que se había entregado plenamente, al punto de decir: “tendríamos que vendernos
a nosotros mismos para sacar a nuestros hermanos de la miseria” lo dijo, y lo
testimonió con su vida.
Para la historia del Trabajo Social, el estudio de la obra de Vicente de Paúl
es muy revelador; al margen de la magnitud de las tareas emprendidas, ellas
revelan muy bien el “estilo de ayuda” propia de una época. No hemos juzgarlo
fuera de contexto. Vicente de Paúl de muy variadas maneras y con las formas
propias de su época y yendo más allá de lo que se hacía, esboza las primera
formas de ayuda a los necesitados
3.3.
La Acción benéfica – social como prefiguración de la Asistencia
Social.
Durante toda la Edad Media el cuidado de los pobres en Europa estuvo
fundamentalmente a cargo de la iglesia, pero cuando las “circunstancias históricas
debilitaron el poder de los antiguos señores feudales y de la Iglesia medieval,
redistribuyeron la riqueza y el poder generaron una nueva sociedad industrial,
originaron también una redistribución de la responsabilidad en la esfera de la
caridad”12
No solo declina el sistema de ayuda a los pobres que habían prestado los
monasterios y la ayuda de puerta de la iglesia, sino que las formas de ayuda
mutua y asistencia social prestadas por los gremios también entran en decadencia
a partir del siglo XV. En los países en los que se da la Reforma protestante, los
conventos y hospicios pertenecientes a la Iglesia son confiscados y en los mismos
países católicos los métodos de caridad practicados por los monasterios,
hospitales y hospicios entran en decadencia, todo esto fue haciendo necesario
nuevas formas de ayuda y asistencia social.
Desde el inicio del capitalismo (siglo XV), hasta la organización de una
economía internacional en el siglo XIX, los tipos de respuesta al problema de la
pobreza son:
• La acción benéfico –asistencial como modalidad de la asistencia social, y
• La promulgación de las primeras legislaciones de tipo social.
3.3.1. Promulgación de las primeras legislaciones de tipo social. Este
tipo de respuesta se da a través de determinadas leyes, crea un sistema
para el socorro de los pobres que es precursor de los servicios sociales y
posteriormente a la seguridad social.
En cualquier caso, una y otra forma de ayuda tienen una finalidad común:
atenuar los problemas más agudos de la pobreza.
3.3.2. La acción benéfico – asistencial. Esta forma de respuesta da lugar
a lo que en el siglo XX se denominará asistencia social, servicio social o
trabajo social, expresiones que a veces se usan indistintamente, o según
los países; esta forma está más vinculada a lo que será luego la profesión
de asistente social o trabajador social.
Ander Egg sostiene que como tesis general puede afirmarse que las
acciones benéfico- asistenciales son una forma degradante de la caridad, ahora
bien ¿cómo la práctica de la caridad degeneró en lo benéfico – asistencial?, esto
trataremos de explicar a continuación.
En la antigüedad no se exaltaba la caridad como virtud, ni se tenía
conciencia de su papel en las relaciones sociales. Fue el Cristianismo el que
12
ROSS, Aileen. Filantropía. Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales. Ed. Aguilar. Madrid, 1970.
introdujo un cambio decisivo al hacer de la caridad -el amor- la principal virtud del
cristiano y su distintivo esencial. Entre los primeros cristianos, donde las cosas se
ponían en común, la caridad se expresaba en algo más que en las relaciones
interindividuales, pues la socialización de los bienes aparecía como exigencia del
amor.
Desde el siglo III, después de Constantino, cuando la iglesia queda aliada al
sistema establecido, la caridad se fue expresando como una forma de ayuda
social a los necesitados. No era tanto la ayuda del hermano a otro hermano, sino
de la institución que ayuda al desvalido.
Durante la Edad Media, la iglesia y sus organizaciones (monasterios,
órdenes religiosas, etc.), organizaron la caridad entendida como socorro a las
viudas, huérfanos, pobres, enfermos y extranjeros; fue considerada como los
deberes que van más allá de la estricta justicia. Ciertamente fue un tanto
restrictiva en su aplicación, pero esto se comprende considerando el problema en
su contexto histórico. También la idea de la justicia era bastante limitada y
limitativa; hoy sabemos que el nivel de conciencia de la mayoría de la gente, no
puede ir más allá de sus condiciones de existencia.
En la Edad Moderna con la progresiva secularización de la sociedad y el
auge del individualismo, la organización de las obras de caridad dejó de ser
privativa de la Iglesia, comenzando un intervención cada vez mayor de la iniciativa
privada, acorde también con el papel de tutelaje que se atribuía al Estado. Para
los cristianos, las acciones de ayuda al prójimo fueron siendo –en el clima
intelectual y espiritual de valores burgueses que reemplazan al feudalismo
decadente- una preocupación escatológica (hay que ayudar a los otros para salvar
la propia alma y para hacer méritos para el cielo), o con finalidades moralistas en
período más decadente (ayuda a convertir al otro que está espiritualmente
perdido). Las referencias anteriores no expresan la totalidad de las formas y
maneras de practicar la caridad en la Edad Moderna, pero lo que resulta evidente,
es que la llamada caridad, se transforma en un intercambio de mercancías
espirituales: doy para recibir.
El hombre de la sociedad capitalista, enseñoreado por el ethos económico
que reemplaza al que otrora tuviera vigencia, no puede hacer limosna, o por lo
menos, no puede hacerla en una medida que perjudique el ritmo de inversiones
necesarias para el progreso económico. El temor del castigo eterno le preocupa
muy poco o nada; sí en cambio, le interesa la marcha de sus negocios y la
rentabilidad de la empresa.
Fieles a los principios liberales, los burgueses consideran que la pobreza y
la miseria de los trabajadores es una fatalidad fruto de los necesarios reajustes del
sistema, como consecuencia del funcionamiento de las leyes naturales que lo
rigen. Otros en cambio son pobres, simplemente porque son perezosos y no
quieren entrar en el ritmo productivo de los nuevos tiempos.
No obstante, la pobreza manifiesta no es agradable y tanto el Estado como
grupos particulares realizan esfuerzos para atenuarla. Ya en el siglo XIX, junto a
la prosperidad indudable que se va dando en los países industrializados, y
produce al mismo tiempo una acumulación creciente de riqueza en manos de la
clase poseedora, y una vida miserable en la clase desposeída con
manifestaciones ostensibles y extendidas de pobreza y de miseria.
Frente a esta situación, las inquietudes para resolverlas tienen múltiples
formas y alcances: investigaciones sobre la situación de los trabajadores,
especialmente los niños y mujeres, aparición de la mutualidades y del movimiento
cooperativo; luchas sindicales y alternativas de cambio global de la sociedad
(socialistas y anarquistas). Dentro de esta gran gama de respuestas, casi todas
ellas están destinadas a paliar la situación existente.
En el siglo XIX, aparecen alternativas de transformación radical de la
situación que explican de manera diferente la naturaleza de la pobreza: no
simplemente como un problema individual, sino como una situación que se deriva
de estructuras socio – económicas concretas. Sin embargo, todo el desarrollo de
la asistencia social, con la sensibilidad y preocupación real de muchos de los
miembros de este cuerpo profesional, se dio como respuesta al problema de la
pobreza considera esta como un sub – producto indeseable del sistema
capitalista, y no como algo producido por la misma lógica del sistema.
Durante todo este período se da una evolución que va, desde la acción
benéfica – asistencial con motivaciones más o menos moralistas – religiosas,
hasta la filantropía que es una versión laicizada y racionalizada de la caridad
cristiana.
La preocupación por prestar asistencia social a los pobres y desvalidos,
durante la época de expansión capitalista, surge principalmente en los ambientes
cristianos (católicos y protestantes). Esto supone que la asistencia social que se
organiza durante la primera parte del siglo XIX y que se prolonga hasta las
Sociedades de Organización de la Caridad a fines de siglo, está empapada, en lo
que a motivaciones se refiere, con la actividad tal como se desarrollaba en la Edad
Media.
Y esto es así en dos aspectos principales: por una parte la preocupación
por la ayuda al necesitado está motivada por razones trascendentes, en el sentido
de que están más allá de la vida y de la muerte. Por otro lado, la modalidad
operativa sigue siendo individualista, es decir, preocupación por personas, pero
sin plantearse problema alguno en relación a la sociedad global.
San Juan Bosco por su parte, utilizaba este tipo de argumentos:
Los pobres corren el peligro de ser arrastrados por la revolución, porque la
miseria es inaguantable. Esta situación es indigna de un pueblo cristiano. Los
ricos han de poner sus riquezas al servicio de los pobres, si no lo hacen así, no
son cristianos. Los pobres impelidos por la miseria pretenderán dividir la riqueza
poniendo la punta del cuchillo en el gaznate, desencadenarán la revolución que
acarreará el desorden y la violencia igual que el terror. Todo eso será provocado
por la insensibilidad de los ricos que no han querido ayudarles a salir de la miseria.
Es evidente también que en este tipo de consideración de los problemas no
hay ninguna referencia ni preocupación por la sociedad que producía tal tipo de
problemas: la armonía de clases, la pacificación entre capital y trabajo, eran
supuestos fundamentales de toda acción social. A nadie se le planteaba como
problema la posibilidad de cuestionar el ordenamiento económico – social
existente, los más progresistas hablaban de transformación. El amor, la caridad,
se reducía a las relaciones interindividuales, pues no había conciencia de que las
personas están implicadas en relaciones estructurales mucho más amplias.
Ezequiel continúa diciendo: Se ha discutido –y se discute aún- si la
asistencia social nace para corregir disfuncionalidades del capitalismo, o si tuvo en
su aparición un carácter reformista. Nos inclinamos, en general, por esto último, si
es que consideramos la asistencia social dentro de la mentalidad en que aparece.
Se dirá que las curas que hacía y los parches que ponía prolongaban la
enfermedad, y eso es cierto. Pero no nació para eso, no se quería prolongar la
explotación, por el contrario, se tenía el propósito de aliviar los males sociales,
aunque no se plantease el cuestionamiento de la sociedad que producía tales
males. Igualmente, es verdad que se realizaban actuaciones o se prestaba ayuda,
para evitar los cambios.
A continuación se analizarán algunas características comunes de las
formas de ayuda al necesitado.
Continuando en la sociedad capitalista, diremos que durante esta época, los
problemas sociales eran considerados males sociales que había que eliminar,
pero nunca se planteaba como si ellos fueran una expresión epifenoménica de
una situación estructural.
Ciñéndonos al siglo XIX, si consideramos brevemente la concepción y las
actividades emprendidas por los principales pioneros de la sistencia social
organizada durante el siglo XIX: Thomas Chalmers, William Booth, Octavia Hill, los
Webb, Toynbee y Dawson en Inglaterra, Federico Ozanam en Francia y Daniel
von der Heydt en Alemania, en mayor o menor medida podemos encontrar tres
elementos comunes:
•
•
•
Motivaciones fundamentalmente religiosas
Comienzo de organización de la acción asistencial
Esbozo de una cierta técnica operativa
3.3.3. Motivaciones fundamentalmente religiosas. Todos ellos, quizás
con excepción de von der Heydt estaban impulsados por razones religiosas de
inspiración cristiana. Era una acción caritativa, también escatológica, pero menos
limosnerista y más asistencial que en la época anterior. Pero en definitiva la
acción de ayuda al otro o a otros, tiene por objeto primordial a Dios y
secundariamente a las personas. Cualquier otra motivación distinta a la de hacer
las cosas por Dios, no es considerada caridad, sino filantropía, amor natural, en
fin, moneda falsa que no sirve para el cielo. La auténtica caridad consiste en amar
al prójimo en Dios, por Dios y para Dios. De esta concepción de la caridad se
desprenderá la modalidad operativa de ayuda a los pobres y de asistencia social.
Buen ejemplo de ello se puede encontrar en Italia cuando en la primera
mitad del siglo XIX con unas décadas de retraso comienza a industrializarse.
Frente a la situación de pobreza hay tres sacerdotes que se destacan por su
acción de ayuda a los más desamparados: en Brescia el Padre Ludovico Pavón,
acogiendo a jóvenes trabajadores en su centro parroquial, creando escuelas para
aprendizaje de oficios y finalmente fundando la Congregación Religiosa del
Instituto de Beneficencia. El otro es José Benito Cottolengo, que crea en 1827 la
Piccola Casa para recoger pobres y enfermos y el tercero es San Juan Bosco que
en Turín realizó una obra muy significativa con muchachos provenientes de los
sectores populares, algunos delincuentes o predelincuentes como lo decía el
mismo Don Bosco. Estas tres experiencias pueden considerarse representativas
de la motivación religiosa que impulsaba e inspiraba la ayuda social y porque las
tres se prolongan hasta nuestros días a través de otras tantas congregaciones
religiosas.
A William Booth que inicialmente funda la Misión Cristina de Caridad y
posteriormente el Ejército de Salvación (1878), le preocupaba ayudar a los
menesterosos, pero desea que esta ayuda material sea un medio para la
conversión religiosa. Amar en Dios y para Dios. No es difícil caer en la cuenta de
que el afán proselitista es coherente y consecuente con el modo de concebir la
caridad.
En relación al pastor Thomas Chalmers, fundador de la Iglesia Libre
Presbiteriana de Escocia, podemos afirmar que es, en esencia un hombre con
preocupaciones apostólicas y religiosas, y en función de eso realiza determinadas
acciones de tipo asistencial, pero con un modo de concebir la caridad, mucho más
amplio de lo que se estilaba en esa época.
Federico Ozanam, por su parte, fue lo que hoy se llama un católico
militante, apenas tenía 20 años cuando fundo las Conferencias de San Vicente de
Paúl como respuesta al desafío que se le hiciera en las discusiones religiosas que
se tenían en la Sorbona para que demostrara la existencia y la efectividad de la
caridad cristiana.
Y si consideramos a Florencia Nightingale, más conocida porque ella
organizó la primera escuela de enfermeras visitadoras, se constata que toda su
labor tuvo una clara motivación religiosa.
Este hecho -la motivación religiosa de la mayoría de los precursores del
Servicio Social- ha sido considerado en algunos análisis de la historia del Servicio
Social, con bastante superficialidad y con cierto tono despectivo. Se ha criticado
a un cristianismo sólo preocupado por el más allá como alienante de la persona –
cuestión que muy pocos ponen hoy en duda-, pero al mismo tiempo se
menosprecia todo lo que esos cristianos hicieron por el más acá. Estos hombres y
mujeres pertenecen a un momento del proceso histórico que los condicionaba, se
situaban en una época como nosotros nos situamos en la nuestra, que también
nos condiciona. Ellos hicieron y pensaron con limitaciones y condicionamientos,
nosotros hoy hacemos y pensamos también condicionados y limitados.
3.3.4. Comienzo de organización de la acción asistencial. Hasta el
momento o período histórico que estamos analizando, salvo las iniciativas y la
obra de Vives, las formas de ayuda social o beneficencia estaban libradas a las
acciones individuales. Se trataba de un asunto personal en el que el donante
socorría a la persona necesitada según lo estimaba oportuno, en cuanto a la forma
de realizarlo y a la magnitud de la ayuda. Aún la asistencia social que prestaba la
iglesia, a pesar de que se trataba de una institución organizada, tenía esas
características.
Las grandes transformaciones producidas con la decadencia del feudalismo
y la aparición y desarrollo del capitalismo, produce sus consecuencias en la
economía y práctica de la ayuda al necesitado. Algunas de las perturbaciones
antes mencionadas, la crisis de agotamiento, el éxodo rural, la peste negra y las
guerras agravaron especialmente en las ciudades, los problemas de pobreza y
mendicidad. Esta se hizo tan patente y visible que por primera vez comienza la
preocupación colectiva por la pobreza. Al constatar la insuficiencia de las
respuestas personales, este nuevo enfoque produce las primeras formas de
organización de la acción asistencial.
“Pasaron dos siglos y medio –dice Friedlander- para que los métodos
esbozados en el plan de Vives fueran llevados a la práctica. Esto fue realizado en
Hamburgo, en donde una reforma legal al socorro de los pobres introdujo un
sistema de investigación y distribución de ayuda a los indigentes individuales, por
medio de un sistema de distritos que funcionaba a través de comités voluntarios
nombrados por el Senado. La ciudad fue dividida en sesenta barrios de acuerdo a
un plan sugerido por el profesor Busch, senador de la ciudad y comisionado de
asistencia pública. Cada barrio tenía aproximadamente el mismo número de
familias pobres. Cada comisión consistía en tres ciudadanos respetables, que
prestaban sus servicios gratuitamente. Las investigaciones eran realizadas de
acuerdo con reglamentos establecidos por una junta central compuesta de cinco
senadores y diez ciudadanos particulares. Las sesenta comisiones actuaban al
mismo tiempo como agentes e la casa central de los pobres, entrevistaban a los
indigentes, investigaban acerca de la salud, lo que ganaban, sus costumbres y
morales y determinaban entonces las necesidades individuales de cada familia.
Los niños y adolescentes eran preparados en escuelas elementales y en una
escuela industrial adscrita al orfanato central”.13
A esta forma de organizar la asistencia social se llamó el Sistema Elberfeld.
Si bien la primera experiencia se realizó en Hamburgo y otra similar en Munich, se
conoció con ese nombre porque fue en la ciudad de Elberfeld en donde en 1853
se llevó a cabo un programa de ayuda a los necesitados, asumido por el gobierno
de la ciudad. Este programa tenía las siguientes características:
• Era sostenido por medio de impuestos y donativos
• Se realizaba un estudio permanente de la situación de los pobres mediante
lo que hoy se denominaría técnica de observación participante
• Había personas responsables de realizar el trabajo social (no se le llamaba
así); se trataba de voluntarios que vivían en el distrito con los pobres, se
informaban acerca de sus condiciones de vida y al mismo tiempo los
vigilaban.
Después de las experiencias realizadas en Hamburgo, que fue un modo de
acción o ayuda social no privado y no eclesiástico, otra realización importante en
la organización de la asistencia social durante el siglo XVIII, fue la que Benjamín
Thompson – más tarde Conde Rumford- llevara a cabo en Munich.
Thompson había observado que los pobres y mendigos eran encerrados en
la cárcel con mucha facilidad, pensó que antes de hacerlo había que
proporcionarles una oportunidad. Para ello fundó una institución que, con la ayuda
13
FRIEDLANDER, Walter. Dinámica del Trabajo Social. Editorial Pax. México. 1,965.
de comisiones distritales, recibía a los pobres y mendigos, los acogía
amistosamente, y les ofrecía trabajo, procurando inculcarles hábitos de trabajo.
Esta institución consistía fundamentalmente en un taller en el que se fabricaba el
vestuario para el ejército. A cada uno de los necesitados se les proporcionaba un
salario en especies, una comida al medio día y una bonificación especial por
trabajo complementario. Al igual que las experiencias de Hamburgo y luego la de
Elberfeld, el sistema de ayuda al necesitado de Münich era financiado a través de
impuestos y donativos. Por último cabe señalar que desde la década de los 50 del
siglo pasado el llamado Sistema Elberfeld de asistencia social, se extendió a
numerosas ciudades europeas.
Otro importante precursor de la organización de la asistencia social, fue el
pastor Thomas Chalmers (1780 – 1847). Comenzó sus experiencias en un
pequeño pueblo de Escocia llamado Kilmany; ahí organizó el trabajo de asistencia
a los pobres mediante la ayuda vecinal y la acción personal que él mismo
realizaba para adquirir un adecuado conocimiento de la realidad en que actuaba.
Su trabajo fue conocido más allá del ámbito de su parroquia, y en 1841 fue
llamado a Glasgow ; trabajó primero en la parroquia de Tron y posteriormente en
la de San Juan que estaba situada en uno de los barrios más pobres de la ciudad.
Allí realizó una experiencia considerada precursora de la asistenta social
organizada.
Chalmers consideró que las formas vigentes de ayuda al necesitado eran
costosas, producían despilfarros y la gente no salía de situación. A partir de esa
constatación formuló uno de los principios básicos que inspiró su acción y que,
desde entonces, forma parte del acervo común del trabajo social “todo ser humano
lleva en su interior las posibilidades de ayudarse a sí mismo”. Conforme a este
principio, Chalmers estableció lo que hoy podríamos llamar un método de trabajo
social.
En cuanto a la organización de la asistencia a los necesitados dividió la
parroquia en 25 vecindarios; cada uno de ellos comprendía entre 70 y 100
familias. A su vez cada vecindario estaba bajo el cuidado de un responsable,
siendo este responsable de vecindario una prefiguración de lo que después sería
el asistente o trabajador social. No sólo distribuía la ayuda material, también
realizaba una labor educativa actuando como maestro de los niños, consejero de
los mayores y otras tareas de parecida índole.
Otro de los factores que influyeron poderosamente en los cambios de
enfoque en el tratamiento del problema de los necesitados, fueron las
investigaciones realizadas sobre la pobreza, especialmente los estudios que
Charles Booth emprendió en 1886 y que se publicaron en su libro Life and Labour
of the People in London. Este estudio no constituyó tanto un aporte directo sobre
la forma de organización de la asistencia social, más bien puede considerarse un
factor muy importante sobre la necesidad de emprender la ayuda social de una
manera organizada, capaz de trascender las acciones puramente individuales.
Booth estudió a la gente en los distritos y en los gremios, investigó las condiciones
de trabajo y el tipo de viviendas que ocupaban, también analizó los horarios de
trabajo y los salarios, la extensión del paro y del y del empleo temporal. La
conclusión del libro era que un tercio de la gente vivía en torno a la línea de
pobreza o por debajo de ella. Estas investigaciones de Booth ayudaron también a
cambiar la idea que se tenía sobre la naturaleza de la pobreza considerada por
muchos hasta entonces, como un problema fundamentalmente individual.
Por su parte William Booth el fundador del Ejército de Salvación, publicó en
1890 un libro que más que un diagnóstico de situación, constituía un conjunto de
propuestas para la acción. En “La oscura Inglaterra y cómo salir de ella”, se
esboza uno de los primeros intentos de formulación de trabajo social organizado.
El libro presenta un plan para ayudar a los sumergidos que Booth estima en un
10% de la población.
Este proyecto organizativo comportaba tres grandes áreas de actuación:
•
•
•
Colonias dentro de la ciudad o puertos refugios para brindar ayuda a todos
los que habían naufragado en la vida
Colonias granjas establecidas en provincias para que los colonos pudiesen
encontrar empleo y ayuda financiera, y
Colonias en el extranjero (este proyecto nunca se concretó)
Otra experiencia de organización es la de Ozanam. Este organizó la
asistencia a los pobres en un sector de París, estableciendo un sistema que
posteriormente se extendió a toda la ciudad dando lugar por último al nacimiento
de las Conferencias Vicentinas o Conferencias de San Vicente de Paúl que el
mismo Ozanam fundara y que se extendieron a todos los confines del mundo
católico. Ozanam pensaba que no era con limosna y con paternalismo como se
lograba el progreso social, sino teniendo la libertad como medio y la caridad como
fin “no tenemos dos vidas, decía, una para buscar la verdad y otra para practicarla,
hay que unir las obras con las palabras”.
Inició con visitas y la ayuda a domicilio, pero con el tiempo la labor se
concretó con múltiples y diversas obras: guarderías, escuelas de reeducación de
delincuentes, atención a los refugiados e inmigrantes; todo ello constituye un
nuevo aporte en la organización de la asistencia social, cuando se hacen las
cosas no sólo con buena voluntad, sino introduciendo un mínimo de organización
y racionalidad a la acción.
Daniel van der Heydt, su sistema asistencial comprendía todo el ámbito de
la ciudad, dividida en 564 sectores con una población de 300 personas cada uno,
era atendido por un limosnero –visitador, otra prefiguración de lo que sería luego
el asistente o trabajador social; su carácter de ad honorem pone de manifiesto que
la tarea la realizaban personas que tenían suficiente cantidad de bienes, lo que les
permitía aportar parte de su tiempo para aliviar a los desposeídos.
3.3.5. Esbozo de una cierta técnica operativa. A partir de las experiencias
mencionadas, las formas de ayuda se encuadran en una organización y adquieren
una cierta tecnificación, especialmente después de las experiencias de Chalmers.
En él ya existe un esbozo de metodología de la acción asistencial, que podemos
resumir en lo siguiente:
•
•
•
•
Conocimiento de las verdaderas necesidades de cada pobre o familia
menesterosa, estudiar las causas del desamparo y las posibilidades que
tiene para sostenerse a sí mismo
Ayuda mutua entre los pobres para resolver sus problemas (fondo invisible
de la caridad, le llamaba); si el indigente no puede valerse por sí mismo,
alentar a la familia, vecinos y amigos para que tomen a su cargo los
huérfanos, ancianos enfermos e incapacitados.
Si las necesidades no pueden satisfacerse de ese modo, proceder al uso
económico de las limosnas.
Sólo en el caso de que ninguna de estas medidas sean posibles, el diácono
del distrito solicitará ayuda a la congregación
También en Ozanam y los vicentinos encontramos un cierto esbozo
metodológico que comporta tres aspectos principales:
•
•
•
Visita a los domicilios de los necesitados
Estudio de las solicitudes de ayuda
Crear relaciones de amistad con los necesitados; no se puede ayudar a una
persona necesitada, si no se logra establecer una buena relación con ella.
Dentro de los primeros esbozos metodológicos merece particular
importancia el funcionamiento de la asistencia a los necesitados en la ciudad de
Elberfeld, ya que sirvió de modelo para otras ciudades europeas y comprendía
cinco fases o momentos principales:
•
•
•
•
•
Estudio de las necesidades del sector
Estudio de las necesidades de los pobres del sector
Prevención de problemas derivados de la pobreza, consiguiendo trabajo a
los desocupados
Rehabilitación de los indigentes
Supervisión del trabajo: un comité de nueve personas era responsable de la
labor de todo el ámbito de la ciudad, había cuarenta supervigilantes que
realizan una tarea que hoy denominaríamos de supervisión de la labor
realizada por los 564 limosneros-visitadores.
Como puede apreciarse de las consideraciones precedentes sobre el modo
de hacer o esbozo de una cierta técnica operativa, existen algunos aspectos en
común: en primer lugar la coincidencia acerca de la necesidad de realizar un
estudio previo, no se puede seguir ayudando limosnerilmente, respondiendo a una
demanda, sin saber si la necesidad existe realmente. Otros dos aspectos a
destacar son: el de las relaciones interpersonales con los ayudados, el de la
prevención y rehabilitación y la supervisión del trabajo, aunque en ese momento
fuese más de control y vigilancia.
Todo lo anterior nos lleva a decir, que este es el momento en que se
esbozan las primeras técnicas operativas que aunque reformadas siguen vigentes
en la asistencia o trabajo social actual.
3.4. Primeras Legislaciones de tipo social. En el siglo XIX aparece la
beneficencia pública. Dentro de los valores de la sociedad occidental entre los
siglos XV y XIX, sobre todo, de la interpretación que se hacía del por qué de la
existencia de los pobres y de la causa de la pobreza, la beneficencia pública fue y
es todavía hoy la institucionalización del ocultamiento de la pobreza.
Sin embargo, la beneficencia pública es el resultado de un largo proceso
que culmina en el siglo XIX. Tomaremos el caso de Inglaterra, por ser el país en el
que se dio el mayor desarrollo capitalista e industrial en la primera parte de este
proceso y porque es también el país precursor en cuanto a la legislación social,
para ello nos remontaremos al siglo XVI
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•
•
•
•
1531. Ley promulgada por Enrique VIII por la cual se ordena a los alcaldes
y jueces de paz, que estudien las solicitudes de ancianos e indigentes
incapacitados para trabajar y que son atendidos por las parroquias. Por
esta ley se hizo, asimismo, un registro de pobres y se estableció la
necesidad de disponer de licencia para pedir limosna.
1536. Se promulga un Statute (ley) por el que se establece el primer plan
de beneficencia pública bajo el patrocinio del gobierno. Se dispone el
registro de mendigos dentro de cada parroquia; un mendigo para ser
registrado necesitaba haber vivido durante tres años consecutivos en la
misma región. De acuerdo a esta Ley cada parroquia debía sostener a sus
pobres e incapacitados con las contribuciones voluntarias de los feligreses.
Por otra parte, se obligaba a trabajar a los mendigos que estaban en
condiciones físicas de hacerlo, mientras que a los niños ociosos de 5 a 14
años se les separaba de los padres y se les internaba.
1562. Se promulga el Statute of artificiers que regulaba salarios y horas de
trabajo y se propone la capacitación de los artesanos. A los vagos y
mendigos se les obligaba a trabajar, si no encontraban trabajo se les podía
ocupar como sirvientes siempre que tuviesen entre doce y sesenta años.
1563. La pobreza seguía creciendo y el Parlamento adopta medidas
obligatorias para financiar el socorro de los pobres.
1572. El Statute firmado este año por la Reina Isabel establece un impuesto
general con el fin de obtener fondos para el socorro de los pobres. Se crea,
además, un cuerpo de inspectores encargados de administrar la nueva ley.
Algunos autores destacan la significación del Statute de 1572 como el
reconocimiento pleno por parte del gobierno de que tiene la obligación de
atender a los pobres.
1576. Durante este año se crean casas de corrección u hospicios (otros lo
llaman reformatorios) en los que se obliga a trabajar a los pobres sin
impedimentos físicos, especialmente a los jóvenes.
1597. Se crean asilos para pobres, ancianos, ciegos, cojos y todos aquellos
impedidos para trabajar. Se autoriza a los jueces de paz para nombrar a
los guardianes de las iglesias como inspectores de pobres.
Todos Estos antecedentes conducen a la promulgación de la Ley isabelina
de los pobres, a la que nos vamos a referir de manera particular.
3.4.1. La “Poor Law” (Ley de Pobres) de 1601. Esta ley marca un hito en
el reconocimiento de las obligaciones sociales de carácter secular y con fuerza
legal, que tiene el gobierno respecto a los necesitados. Refleja, asimismo, las
ideas vigentes acerca de la naturaleza de la pobreza y del poder del Estado en
relación a este problema. La Poor Law fue en realidad una codificación de las
leyes anteriores sobre el socorro de los pobres, su finalidad era la de crear,
controlar y proteger los fondos asignados o donados para caridades.
Por medio de esta ley se impone a las comunidades locales la
responsabilidad del cuidado de los pobres. Esta responsabilidad de la comunidad
local –que era la parroquia- sólo alcanzaba a quienes habían nacido en ella o que
llevaban tres años viviendo en la misma. Para que alguien fuese considerado
como persona necesitada de caridad debía estar registrada como tal. Sin
embargo, la misma ley establecía que un pobre no podía recibir asistencia pública,
si algún pariente podía sostenerlo; esto fue conocido como el principio de
responsabilidad de los parientes o responsabilidad familiar.
Otro aspecto a destacar en esta ley, lo constituye la distinción que se hacía
entre tres clases de pobres:
•
•
•
El pobre corporalmente capacitado, llamados también mendigos fuertes o
pobres válidos. A ellos se les obligaba a trabajar en los hospicios. Estaba
prohibido darles limosnas y si se negaban a trabajar en el correccional o
reformatorio, eran encarcelados o puestos en el cepo
El pobre incapacitado, en esta categoría entraban los enfermos, los viejos,
los ciegos, los sordomudos, los cojos, los dementes y las madres de hijos
pequeños. Para estas personas había dos alternativas: colocarlas en un
asilo o recibir socorro a domicilio (out door relief), generalmente en especie
(comida, ropa, carbón, leña).
Los niños dependientes, eran los huérfanos, los expósitos y los niños
abandonados por su padres, o pertenecientes a familias tan pobres que no
podían mantenerlos. Para estos niños se buscaba a alguien que se hiciera
cargo de ellos, casa gratis, se denominó esta forma de ayuda; si esto no se
conseguía lo entregaban a la familia que cobrara menos por su
mantenimiento. Generalmente la suerte de estos niños era realizar trabajos
domésticos o las tareas propias de las ocupaciones de quien se hacía
cargo de él. Las jóvenes tenían que trabajar hasta los 21 años o hasta
cuando se casaran, y los jóvenes tenían que permanecer hasta los 24 años
en la casa de quienes lo habían recogido.
Los agentes responsables de aplicar la ley eran los llamados inspectores de
pobres, designados por el juez de paz o magistrados. Estos inspectores
trabajaban desde la parroquia que era la unidad administrativa y operativa para la
aplicación de la ley. Debían hacer cumplir la ley de asistencia y repartir entre la
gente necesitada las contribuciones de pobres (poor rates).
3.4.2. Reforma de la Ley de Pobres. 1834. Entre la primera Ley de Pobres
(1601) y la Reforma de 1834 (llamada en Inglaterra como la Nueva Ley de
Pobres), se dieron algunos pasos y evoluciones importantes en la organización de
la beneficencia: la Ley de Residencia en 1662, la Ley de Hospicios en 1696 y la
Ley de Speenhamian de 1795. Desde nuestra perspectiva actual podríamos
denominarlos tanteos para el ocultamiento de la pobreza.
Sin embargo es la Reforma de 1834 la que marca el hito más importante en
lo que a legislación social para ayuda a los necesitados se refiere.
Esta Ley parte de nuevas ideas relacionadas a la naturaleza de la pobreza
y el propio papel del Estado en lo que hace a la labor benéfico – asistencial. Los
aspectos más destacados de la misma se podrían resumir así:
•
•
Establece el principio de menor elegibilidad como criterio básico de toda
acción benéfica, de acuerdo a este principio, toda ayuda que se le
proporciona a una persona necesitada, apenas debe alcanzarle para un
nivel de vida que sea inferior a la de los trabajadores que tengan los más
bajos ingresos.
La ayuda a los pobres sólo debe darse en los hospicios, con lo cual queda
abolido el auxilio parcial. Este era el eje de todo el sistema de asistencia.
Se decía, fundamentando la reforma de la vieja Ley de Pobres que la ayuda
había hecho mendigos, y no había contribuido a la desaparición de los
pobres. Ahora se combinan el principio de menor elegibilidad y la
obligación de estar internado en un hospicio para recibir ayuda. Todo ello
se encaminaba a conseguir una disminución significativa del número de los
pobres, obligándolos a buscar trabajo. Ir al hospicio, era separarlos como
familia y recibir un trato que no se diferenciaba mucho del que recibían los
presidiarios. Esta Ley expresaba en el modo operativo y de la beneficencia,
la concepción que se tenia de la naturaleza de la pobreza, esta es una falta
individual, la causa principal es la pereza, y constituye una menaza para el
funcionamiento del sistema económico y la supervivencia de la Nación. En
cuanto a la organización, el eje del sistema eran los Work houses; el trabajo
se realizaba desde distritos (en grandes poblaciones) y desde agrupaciones
(para pequeñas poblaciones o parroquias rurales), cada una nombra uno o
varios representantes por el Consejo de la Unión, los comisarios de pobres
reciben las demandas de ayuda que éstos presentan en las reuniones del
Consejo, siendo este el que decide acerca de la ayuda que puede ser de
dos tipos: ayudas domiciliarias y ayudas al interior de los work houses.
Desde 1867 la administración de la asistencia pública es supervisada e
inspeccionada por la comisión de la Ley de Pobres. La asistencia legal en
Inglaterra tuvo muchas modificaciones, aquí únicamente se han tomado las
relacionadas con el nacimiento de la asistencia legal a los pobres.
Desde mediados del siglo XIX hay un clima de reforma social y se
presentan las primeras alternativas de revolución social. Todo ello influirá en las
formas de ayuda social y de socorro a los pobres.
3.5.
Surgimiento de la Política Social como reguladora de las
relaciones de clase y antídoto contrarrevolucionario. La vigorización del
movimiento obrero, la aparición de las organizaciones sindicales y el surgimiento
de las opciones socialistas y anarquistas en la mitad del siglo XIX, proyectan la
sombra de la revolución sobre los países más industrializados. ¿Cómo
contrarrestar el auge de las luchas revolucionarias. El panorama se ensombrece
para la clase dominante, ni el orden natural lleva a la contención de las revueltas
obreras, ni la represión policial basta ¿qué hacer?...
En este contexto de convulsiones sociales, la acción del canciller Bismarck
entre 1880 y 1890 nos parece paradigmática. El sistema capitalista frente a las
reclamaciones obreras no utilizará en exclusiva (en los países industrializados) la
política del garrote, ésta será alternada con la política del caramelo, es decir, con
la implementación de una política social a favor de la clase trabajadora. El
tándem Guillermo I-Bismarck son los primeros en realizarla. El mensaje del
Emperador (27 de noviembre de 1881) ante el Reichstag lo dice muy claramente:
“la curación de los males sociales no debe buscarse de modo exclusivo por los
senderos de la represión de los desmanes cometidos por los social – demócratas,
sino, de modo regular, mediante el positivo estímulo del bienestar obrero” (en esa
época toda forma de protesta era atribuida a los social – demócratas).
Bismarck tuvo no pocas dificultades parlamentarias para hacer aprobar su
programa: los machesterianos se oponían fuertemente (el liberalismo económico
en estado puro seguía vigente). Sin embargo, aunque parezca una paradoja o
contradicción en lo más profundo no lo es, la seguridad social para los
trabajadores aparece por primera vez en la historia, promovida por un gobierno
conservador. Sólo en apariencia es una contradicción, lo que de verdad interesa
con todas estas disposiciones no es que los trabajadores tengan seguridad social,
sino que las ideas socialistas no avancen, que la agitación obrera sea controlada y
que los obreros se vinculen al régimen imperial, la historia se repetirá hasta
nuestros días.
De este modo en la década del 80 del siglo XIX se promulga la primera
legislación de seguros sociales, en 1883 la ley sobre seguros de enfermedad, en
1884 la de seguros de accidentes de trabajo, y en 1889, la ley referente al seguro
de invalidez y de vejez. Dentro de ese período se promulgan leyes especiales
sobre seguros de enfermedad y accidentes en la agricultura, en la selvicultura y en
la industria de la construcción, sobre la navegación, etc.
A partir de 1890 bajo el reinado de Guillermo II y la acción del barón von
Berlepesch se prosiguió con la profundización de la política social y la voluntad
reformadora.
En marzo de 1890 se celebró en Berlín una Conferencia
Internacional de protección del obrero. Si bien no hubo resultados tangibles,
quedó consagrada la necesidad de regular las cuestiones político – sociales con el
fin de asegurar la paz entre obreros y patrones.
Lo importante es comprender la intencionalidad con que nacen las políticas
sociales. El Servicio Social será uno de los medios de implementación de esas
políticas, lo que nos ayuda también a comprender las funciones asignadas a la
profesión.
En la década de los 80 todavía no había nacido el Servicio Social
profesional, pero todas estas disposiciones legales nacidas bajo la presión de la
lucha de la clase obrera preparan el terreno para el nacimiento de una nueva
profesión. No hay relación causal entre el desarrollo de la legislación social y la
implementación de las políticas sociales con la aparición de la Asistencia Social
profesional; pero como ya lo indicamos, estas nuevas circunstancias abonan el
terreno para que en la sociedad exista una preocupación general por dar
respuesta a los problemas sociales que el mismo capitalismo había creado. Ya en
el siglo XX algunos profesionales del Servicio Social serán agentes destinados a
implementar estas políticas.
3.6.
La Creación de Charity Organization Society (Organización
Social de la Caridad), como origen de la Asistencia Social organizada.
A mediados del siglo XIX, en Inglaterra las crisis económicas se sucedían,
la situación socio-económica de los trabajadores era cada vez más grave. Los
hospitales prestaban un servicio lamentable, en los hospicios y silos los pobres
eran tratados con crueldad. En este periodo de pleno auge del capitalismo
salvaje, en el país que marchaba a la cabeza del proceso aparecen las opciones
parches para los problemas sociales que se multiplicaban y para la pobreza que
se hace ostensible, especialmente en las ciudades.
Las formas de ayuda al necesitado eran muy variadas y caóticas,
comenzaron a darse dos líneas principales de acción: una legislación de tipo
social promovida por el gobierno y actividades de asistencia social. Es decir, por
una parte se realizaban actividades sostenidas por el Estado y por la otra se
continuaban las formas de ayuda provenientes de la Iglesia, como consecuencia
de la aplicación de la reforma a la Ley de los Pobres en 1834.
A mediados del siglo XIX, ya habían aparecido propuestas que pretendían
soluciones globales a la llamada cuestión social, el socialismo y el anarquismo. El
fenómeno de la pobreza había sido registrado y criticado desde antes, pero a
partir de Marx el fenómeno es interpretado de manera distinta. Sin embargo,
estos enfoques que dan una explicación diferente de la pobreza, especialmente de
sus causas, no van a influir sobre la asistencia social como profesión en gestación.
En la Inglaterra de los años 60 existía en el país un clima muy desfavorable
a la ayuda gubernamental. Estaba en plena vigencia las ideas liberales y las de
un darwinismo social al estilo de Spencer que por razones de selección, propone
poco menos que dejar morir a los pobres.
En ese entonces las críticas a las formas de ayuda al necesitado se
centraban en dos cuestiones fundamentales: se están creando pordioseros, ya
que se acostumbra a determinada gente a vivir de la limosna. Y la forma de
prestar la ayuda constituye un verdadero despilfarro de dinero, ya que ello se hace
sin control.
Dentro de ese marco y preocupado principalmente por las tareas de
asistencia social, en 1868, el Pastor Henry Solly recomendó crear un consejo de
coordinación de actividades de acción benéfica, tanto en el ámbito de la acción
pública como de la acción privada. Teniéndose en cuenta esta recomendación, al
año siguiente se creó la “Sociedad para la organización del socorro caritativo y la
represión de la mendicidad”.
Existía clara conciencia de que la magnitud de los problemas era tal, que ya
no se podía seguir funcionando de manera individual y sólo con buena voluntad.
Había que dar una respuesta que fuese, como se decía en es época, una
filantropía científica. La sociedad creada por Solly bien pronto cambió de nombre
y se convirtió en la Charity Organization Society, cuyas siglas en ingles C.O:S. se
hicieron ampliamente conocidas en el ámbito de los países anglo – sajones.
La creación de la COS fue un hito de los pasos más importantes en la
concepción y organización de las prácticas asistenciales. En su concepción y
puesta en funcionamiento, jugaron un papel muy importante Octavia Hill, Edward
Denison y Sir Charles Loch que fue su secretario general durante 39 años. En la
COS convergen las experiencias precedentes de vives, Vicente de Paúl, Ozanam
y, sobre todo de Thomas Chalmers y el sistema Elberfeld. Si bien la COS se
adhirió a los principios de la Reforma a la Ley de Pobres de 1834, se oponía a las
formas de ayuda pública que consideraba como una forma dispendiosa de atender
y ayudar a los necesitados, a los que se mantenía, por otra parte, en situación de
permanentes limosneros. En la COS privó más bien la divisa de Octavia Hill: not
alms, but a fiend (limosnas no, un amigo). Este principio inspiró a la creación de
muchos COS que se constituyeron con posterioridad, era un aspecto o dimensión
de un gran sentido humano, sin embargo, este humanismo estaba amputado por
una perspectiva muy estrecha acerca de lo que se consideraba la causa de la
pobreza. En este punto las COS se apoyaron en la tesis de Chalmers, quien
sostenía que “el individuo es el causante de la pobreza”. Esta interpretación va a
sellar a la Asistencia Social y al Servicio Social por muchas décadas.
En cuanto a las orientaciones básicas de las Sociedades de Organización
de la Caridad, éstas establecieron ocho puntos básicos para orientar la acción
asistencial, que constituyen un hito fundamental en la historia de la
profesionalización del servicio social:
•
•
•
•
•
•
•
•
Cada caso será objeto de una encuesta escrita
Esta encuesta será presentada a una comisión que decidirá las medidas
que deban tomarse
No se darán socorros temporales, sino una ayuda metódica y prolongada
hasta que el individuo o la familia vuelvan a sus condiciones normales
El asistido será el agente de su propia readaptación, como también sus
parientes, vecinos y amigos
Se solicitará ayuda a instituciones adecuadas a favor del asistido
Los agentes de estas obras recibirán instrucciones generales escritas y se
formarán por medio de lecturas y prácticas
Las instituciones de caridad enviarán la lista de sus asistidos para formar un
fichero central con el objeto de evitar abusos y repeticiones de encuestas
Se formará un repertorio de obras de beneficencia que permita organizarlas
convenientemente.
Con esta tecnificación y organización de la ayuda social que pretende estar
fundamentada científicamente fue apareciendo un agente que más tarde sería el
trabajador social, se les llamó charity workes y friendly visitors.
Valentina Maidagán de Ugarte hablando de esta sociedad afirma que “no
hay duda de que con los métodos puestos en práctica por la Organización de la
Caridad de Londres, se avanzó positivamente en las investigaciones de las causas
de la pobreza y de los males sociales, como también en el desarrollo del “caso
social individual” y otras técnicas de acción social derivadas de la labor metódica y
científica que llevaron a efecto”14. Al respecto Ander Egg opina que “no se avanzó
sobre las causas de la pobreza y de los males sociales, pero no cabe duda que se
dio un paso muy grande desde la etapa intuitiva y de acción sin conocer las
causas de cada paso de pobreza o de necesidad (que no es lo mismo que causa
de la pobreza), a una fase de trabajo fundamentado en un diagnóstico y en pautas
operativas bastantes precisas”15
Sociedades similares a la de Londres se fundaron en países protestantes,
principalmente en los Estados Unidos en donde tuvieron una gran acogida y
desarrollo. “Es curioso comprobar que, en el terreno de la ayuda social, la política
europea no se dejó influir sensiblemente por la COS, buscando más bien la
solución de los problemas existentes en la legislación social, y en los seguros
sociales a favor de la masa obrera”16. No obstante la Asistencia Social vendrá a
Europa años más tarde vía “Social Work” norteamericano.
A medida que se expandían estas instituciones, se fue viendo la necesidad
de contar con personal capacitado para este tipo de tareas, es así como surge:
•
•
La institucionalización de la asistencia social y,
La creación de institutos encargados de la formación de personal para
realizar tareas de asistencia social
La coordinación y organización de la filantropía dejaron de lado las formas
espontáneas e individuales de ayuda, y comenzaron a perfilar la Asistencia Social
como profesión mediante la aparición de unos practicantes que crean
organizaciones formales. “Un pequeño grupo de reformadores, con una visión
más profunda comenzó a advertir que no eran evidentes por sí mismos los
procedimientos que habían de aplicarse para remediar las necesidades humanas.
No bastaba el dar o dejar de dar limosnas. Lo característico de los iniciadores del
servicio social tal y como hoy se entiende –Vices, San Vicente de Paúl, los
continuadores del sistema de Elberfeld, el Conde de Runford, Thomas chalmers,
Octavia Hill, los Barnett, Charles Booth, Jana Adams, Mary Richmond y otros- es
que se esforzaron, aunque por diferentes medios y movidos por ideas distintas, en
ayudar al individuo mediante la comprensión de su personalidad en su medio
social. No lucharon solamente por saber cómo aliviar la pobreza material, sino
también cómo liberar lo suficientemente a los hombres del peso de su
circunstancia, de modo que pudieran aceptar una mayor responsabilidad para
orientar sus existencias individuales y contribuir al bienestar de la comunidad en
que vivían”.17
14
MAIDAGAN DE UGARTE, Valentina. Manual de Servicio Social. Instituto de Servicio Social.
Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública. Buenos Aires. 1,960.
15
ANDER EGG, Ezequiel. Historia del Trabajo Social. Colección Política, Servicios y Trabajo Social.
Editorial Lumen. Buenos Aires, Argentina. Tercera edición. 1974.
16
FRIEDLANDER, Walter. Dinámica del Trabajo Social. Ed. Pax. México, 1965.
17
NACIONES UNIDAS. Formación para el Servicio Social. III Estudio Internacional. ONU. Nueva York,
1958.
3.6.1. La creación de las primeras Escuelas de Asistencia Social. A
fines del siglo XIX bajo la institucionalización creciente de la asistencia social y la
necesidad de contar con personal capacitado para el desempeño del «philantropic
work», se crean las primeras Escuelas de Servicio Social.
Sin embargo, las que fueron actividades originarias, de entrenamiento de
personal en Servicio Social, datan de 1873 y se deben a la iniciativa de Octavia
Hill. La formación consistía en aprender a tratar a la gente, a comprender las
condiciones en que ésta vivía y los medios que podían emplearse para mejorarlas,
además debían estar familiarizadas con los diversos organismos existentes
dedicados a la asistencia. Durante toda la década del 90 la capacitación que se
proporcionaba –hablamos para el caso de Inglaterra- consistía fundamentalmente
en una serie de conferencias que versaban sobre las tareas asistenciales.
En 1897, durante la Conferencia Nacional de Servicio Social de Estados
Unidos, Mary Richmond propuso la creación de una Escuela de Filantropía
aplicada; ella fue la primera, en proclamar que las buenas intenciones y el sentido
común no son suficientes para que la ayuda a los necesitados sea eficaz.
Al año siguiente de la propuesta de Richmond, la Charity Organization
Society de Nueva York, organizó un curso de verano de seis semanas de
duración.
Sin embargo, a pesar de estos antecedentes, no fue en los Estados Unidos,
sino en Holanda en donde se creó la primera Escuela de Servicio Social del
mundo. En Amsterdan en 1899 comenzó a funcionar una Escuela que tenía como
finalidad proporcionar formación metódica, teórica y práctica a quienes deseen
dedicarse a ciertas labores importantes en el campo del servicio Social. Esta
Escuela ofrecía cursos de dos años, combinando estudios teóricos, especialmente
sociológicos y de legislación social y con un entrenamiento práctico supervisado.
En 1903 se crean Escuelas en Nueva York, Boston y en 1908 en Chicago y
Berlín, una nueva profesión se ha institucionalizado.
Junto a la aparición de los primeros institutos de capacitación, se va dando
otro fenómeno: la secularización de la asistencia social, manifestación particular
de un fenómeno que, a partir de la revolución científica, se va produciendo a
escala umbral. El proceso de secularización consiste en que el hombre deja de
lado toda explicación religiosa, sobrenatural, mítica y metafísica del mundo, para
ser reemplazada por la explicación a partir de las ciencias y de la propia existencia
humana. Este hecho va dando su sello y matiz al Servicio Social de fines del siglo
XIX y en forma más definida en el siglo XX. Este mismo fenómeno, se da con
varias décadas de retraso en los países católicos; en América Latina muchas de
las primeras Escuelas nacen bajo el impulso de la Iglesia, en España todavía en la
década del 80 la mayoría de las Escuelas son Escuelas de Iglesia, aunque en sus
contenidos ni se preocupan.
Henry Meyer, a este respecto expresa: “como organización formal de los
esfuerzos que un personal especializado realiza a favor de ciertas personas, es
concomitante con la industrialización de los siglos XIX y XX y con los problemas,
asociados a ella el dislocamiento de una familia y un sistema comunitario más
estabilizado. Las aspiraciones de la ciencia social positivista y las ideas
dominantes a fines del siglo XIX, contrapuestas al darwinismo social,
contribuyeron a la convicción de que se podían encontrar soluciones racionales y
científicas a los problemas aludidos, mediante la reforma social y la orientación
individual. De la caridad a título personal y religioso se pasó a la filantropía
organizada y a la captación pública de la responsabilidad por los programas de
servicios profesionales de este tipo”.18
Mientras el Estado iba interviniendo cada vez más en la vida económica y la
preocupación por los problemas sociales se expresa en leyes protectoras de la
clase desposeída, se iba haciendo cada vez más necesaria una profesión que
respondiese a las nuevas exigencias. En este contexto que podíamos denominar
de revisión y renovación del liberalismo se afirma la institucionalización del
Servicio Social profesional, ya existente de algún modo desde las primeras
décadas del siglo.
Por esta razón consideramos al neo – liberalismo, como la concepción
político – económica vigente que sirve de encuadre al servicio social
profesionalizado
Partiendo de lo expuesto en el presente capítulo se puede comprender que
la asistencia social como profesión tiene antecedentes muy antiguos, y al igual
que otras profesiones, surge ante la necesidad de sistematizar las experiencias,
en este caso, surgidas de la caridad como el medio de ayuda al necesitado,
tomando en consideración para ello el contexto social, económico, cultural y
político de la época, de tal forma que es cambiante y debe responder a políticas
estatales, pero fundamentalmente a las necesidades del ser humano y de su
entorno.
18
MEYER, Henry. Asistencia Social. Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales. Ed. Aguilar, Madrid,
1970.
CAPITULO 4:
LA ASISTENCIA SOCIAL EN LA EUROPA DE HOY
Es necesario enmarcar la asistencia social actual dentro de los contextos
político, económico, cultural y social, dentro del sistema capitalista imperante,
modo de producción en el que se enmarca Europa. Según Ander Egg, algunos
rasgos fundamentales son:
•
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•
•
•
•
•
•
“La democratización del consumo permite que una cantidad relativamente
importante de bienes y servicios que hasta hace poco sólo están al alcance
de los grupos socio económicos privilegiados estén disponibles para la
mayoría de los ciudadanos.
La sociedad de consumo otorga a la clase trabajadora otro protagonismo:
considerada hasta mediados del siglo XX principalmente productora, ahora
lo central es hacerla consumidora, por ello se mejoran las condiciones
materiales aumentando su capacidad adquisitiva, todo ello necesario en
una sociedad en donde el sujeto principal es el consumidor.
Los adelantos científicos y tecnológicos constituyen un factor fundamental
de las mutaciones cualitativas que se han producido en el interior de las
economías industrializadas, en la organización de la vida económica y en la
configuración de la vida social.
La nueva dinámica de las fuerzas productivas ha abierto posibilidades
inmediatas de supervivencia del sistema, en cuanto que las
transformaciones tecnológicas provocan una oleada de inversiones: la
ciencia y la tecnología han constituido un elemento fundamental en el
funcionamiento y expansión del sistema capitalista desde mediados de este
siglo.
Una sociedad altamente tecnificada necesita para funcionar de agentes
cualificados conforme a las exigencias de la nueva tecnología: el factor
humano adquiere un nuevo lugar en el mundo de las fuerzas productivas.
Con ello surgen los técnicos que controlan los principales resorte de la vida
económica y política: los managers o especialistas en dirección de
empresas, en el sector privado, y los tecnócratas en el sector público, son
sus personajes centrales pero no los únicos.
La fuerza de trabajo simple es sustituida por la fuerza de trabajo
especializada.
Aparecen las multinacionales, verdaderos complejos industriales que
caracterizan la fase superior del imperialismo, rigiendo las leyes de la
economía más allá de las posibilidades de intervención de los propios
Estados.
Desarrollo y difusión de los medios de comunicación de masas, que sirven
como instrumentos de legitimación y de dominación ideológica, como forma
de manipulación de las masas para inducirlas a consumir y como difusora
de valores y normas de conducta, tres aspectos inseparables que orientan
al consumo, a un estilo de vida y legitima una forma de sociedad.
•
Como rasgo político los Estados contemporáneos se caracterizan por la
reducción encubierta de los derechos y libertades civiles, acompañadas por
una tendencia hacia las democracias controladas mediante el
fortalecimiento de los servicios de inteligencia, la policía y el control de la
población por medios computarizados”19.
El capitalismo sigue demostrando su incapacidad para organizar la
sociedad en beneficio del hombre, y es en ese ámbito en donde la asistencia
social tendrá que ejecutar su acción profesional
4.1.
Las Etapas Históricas de la Unión Europea.
“Europa sólo abarca el siete y medio por ciento de la superficie terrestre.
Con una superficie de más de 10 millones de kilómetros cuadrados, es el más
pequeño de los continentes, después de Oceanía”20.
La Unión Europea de hoy es el resultado del esfuerzo y de las realizaciones
concretas de los impulsores de la Europa comunitaria. Constituye el ejemplo más
avanzado del mundo de integración de un conjunto de países que ejercen
conjuntamente su soberanía en ámbitos de decisiva importancia para los
ciudadanos. Moneda única, libre circulación de personas, servicios, mercancías y
capitales, progreso social e igualdad de condiciones de competencia para
aprovechar al máximo un mercado interior abierto y dinámico.
Las bases constitucionales de este conjunto, son los cuatro tratados
fundacionales:
•
•
•
•
19
El Tratado constitutivo de la comunidad Europea del Carbón y del Acero
(CECA), que se firmó el 18 de abril de 1951 en París, entró en vigor el 23
de julio de 1952 y expiró el 23 de julio de 2002,
El Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea (CEE)
El Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea de la Energía Atómica
(EURATOM), que se firmó, junto con el Tratado de la CEE en Roma, el 25
de marzo de 1957 y entró en vigor el 1 de enero de 1958. A menudo se
hace referencia a estos tratados como “Los Tratados de Roma”; cuando se
utiliza el término Tratado de Roma, significa solamente el Tratado CEE.
El Tratado de la Unión Europea, que se firmó en Maastricht el 7 de febrero
de 1992 entró en vigor el 1 de noviembre de 1993. Este tratado cambió el
nombre de Comunidad Económica Europea (CEE) al de Comunidad
Europea, e introdujo nuevas formas de cooperación entre los gobiernos de
los Estados miembros, por ejemplo en defensa y asuntos de justicia e
interior.
Al añadir esta cooperación intergubernamental al sistema
comunitario existente, el Tratado de Maastricht creó una nueva estructura
ANDER EGG, Ezequiel. Historia del Trabajo Social. Capítulo V. Tercera Edición. Editorial LUMEN.
Buenos Aires, Argentina, 1973
20
ARRIAZA, Roberto. Estudios Sociales. Textos Didácticos de Guatemala, Tercera Edición, Guatemala,
1993.
con tres pilares de contenido tanto político como económico y social: la
Unión Europea (UE).
Se han modificado en varias ocasiones los Tratados fundacionales, sobre
todo aprovechando las adhesiones de nuevos Estados miembros: 1973
Dinamarca, Irlanda, Reino Unido; 1981 Grecia; 1,986, España y Portugal y 1995,
Austria, Finlandia y Suecia. Asimismo se han producido importantes reformas que
han supuesto cambios institucionales importantes e introducido nuevas áreas de
responsabilidad para las instituciones europeas.
Uno de los últimos tratados: el de Niza, firmado el 26 de febrero del 2001,
entró en vigor el 1 de febrero del 2003. Modifica los tratados de UE y de la CE,
cambia la forma de trabajo de las instituciones de la UE y convierte a la mayoría
cualificada en la norma en muchos campos de la toma de decisiones de la UE, en
vez de la unanimidad.
Estos Tratados han creado entre los Estados miembros unos estrechos
vínculos jurídicos. La Unión Europea genera por sí misma una legislación que se
aplica directamente a los ciudadanos europeos y crea derechos específicos a
favor de éstos.
Limitada en su primera realización a la apertura del mercado común del
carbón y del acero entre los seis Estados fundadores: Bélgica, República Federal
de Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos, la Comunidad ha sido
ante todo una empresa de paz, puesto que consiguió asociar en un conjunto
institucional regido por el principio de igualdad a los vencedores y a los vencidos
de la última guerra intraeuropea.
Estos seis Estados miembros decidieron construir una Comunidad
Económica Europea –CEE- basada en un mercado común que abarcara una
amplia gama de bienes y servicios. Los derechos de aduana industriales entre los
seis países se suprimieron definitivamente el 1 de julio de 1968, y las políticas
comunes, especialmente la política agrícola y comercial, se implantaron a lo largo
de dicha década.
El éxito de los Seis impulsó a Dinamarca, Irlanda y al Reino Unido a unirse
a ellos. Esta primera ampliación, en virtud de la cual las Comunidades pasaron de
seis a nueve miembros en 1973, tuvo lugar al mismo tiempo que se llevaba a cabo
una profundización de las tareas y se implantan nuevas políticas, como la política
social, la de medioambiente o la regional, con la creación del Fondo Europeo de
Desarrollo Regional –FEDER- en 1975.
Desde comienzos de la década de los setenta, se impuso la necesidad de
la convergencia de las economías de la unión monetaria cuando la suspensión de
la convertibilidad del dólar en oro daba paso a una era de gran inestabilidad
monetaria mundial, agravada por las consecuencia de los choques petrolíferos de
1973 y 1979. La creación en 1979 del Sistema Monetario Europeo –SMEcontribuyó a estabilizar las relaciones de cambio y a inspirar a los Estados
miembros una política de rigor que les permitiera mantener entre sí los vínculos de
solidaridad y la disciplina de un espacio económico abierto.
En 1981 y 1986, las adhesiones de Grecia, España y Portugal reforzaron el
flanco Sur de la Comunidad, haciendo al mismo tiempo más necesaria la puesta
en práctica de unos programas estructurales, como los primeros Programas
Mediterráneos Integrados –PIM-, destinados a reducir las disparidades de
desarrollo económico entre los Doce.
Paralelamente, la Comunidad Económica Europea se afirma en el plano
internacional, al reforzar los vínculos contractuales establecidos con los países del
Sur del Mediterráneo y con los de África, el Caribe y el Pacífico (conocidos como
países ACP) asociados gracias a los sucesivos Convenios de Lomé (1975 –
1989); Lomé I, II, III y IV y el Acuerdo de Cotonú firmado en junio de 2000,
relativos a los intercambios comerciales y la ayuda al desarrollo. Primera potencia
comercial mundial, Europa se dota de los instrumentos que le permitan afirmar su
identidad en la escena internacional y se fija como ambición la aplicación de una
Política Exterior y de Seguridad Común.
El europeismo reinante al inicio de los años ochenta se nutría de los efectos
de la crisis económica mundial. No obstante, la esperanza de relanzamiento de la
dinámica europea surgió de nuevo en 1985 cuando la Comisión presidida por
Jacques Delors decide completar la construcción del gran mercado interior para el
1 de enero de 1993. Esta fecha y las disposiciones legislativas que hicieron
posible la concreción de un objetivo tan ambicioso quedaron consagradas en el
Acta Única Europea, firmada en febrero de 1986 y que entró en vigor el 1 de julio
de 1987.
La caída del muro de Berlín, a la que siguió la reunificación alemana, el 3
de octubre de 1,990 y la democratización de los países de Europa Central y
Oriental liberados de la tutela de la Unión Soviética, también enfrentada a su
propia disolución en diciembre de 1991, han transformado profundamente la
estructura política del continente.
Mientras tanto, las Comunidades Europeas se encontraban, por su parte,
en plena evolución. Los Estados miembros negociaron un nuevo Tratado de la
Unión Europea, cuyas líneas directrices fueron fijadas por el Consejo Europeo, es
decir, los Jefes de Estado o de Gobierno, reunido en Maastricht los días 9 y 10 de
diciembre de 1991. El Tratado entró en vigor el 1 de noviembre de 1993. La CEE
se rebautizó “Comunidad Europea” –CE-. Al añadir al sistema comunitario un
sistema intergubernamental en algunos ámbitos, el Tratado crea la Unión
Europea. Fija a los Estados un programa ambicioso: unión monetaria para 1999,
nuevas políticas comunes, ciudadanía europea, política exterior y de seguridad
común (PESC), seguridad interior.
Este nuevo impulso y la evolución de la geopolítica del continente llevaron a
tres nuevos países –Austria, Finlandia y Suecia- a entrar en la Unión el 1 de enero
de 1995. La unión de los 15 sigue avanzando hacia el proyecto más espectacular
que pueda ofrecer a sus ciudadanos: la sustitución de sus monedas nacionales
por el euro. El 1 de enero de 2002 la moneda europea entraba en circulación en
los 12 países de zona euro y adquiría el estatuto de gran moneda de pago y de
reserva junto al dólar.
Con la entrada en el siglo XXI, los europeos deben hacer frente
conjuntamente a los desafíos de la globalización. La aceleración de las nuevas
tecnologías y la revolución de Internet impulsan la modernización de las
economías. Las profundas mutaciones del entramado económico, sin embargo,
entrañan asimismo fracturas sociales y choques culturales.
En la estrategia de Lisboa, adoptada por la Unión en marzo de 2000 se fijó
como objetivo adaptar la economía europea a las nuevas condiciones de la
economía mundial. Es preciso hacer frentes juntos, a la competencia de los
Estados Unidos y los países recientemente industrializados. Hay que liberalizar
los sectores todavía protegidos, favorecer la innovación y la inversión en las
empresas, adaptar los sistemas educativos a las tecnologías de la información.
Las reformas son tanto más necesarias cuanto que los retos del desempleo
y del coste creciente del sistema de pensiones presionan sobre las economías de
los Estados miembros. La opinión pública espera cada vez más de sus
gobernantes que aporten soluciones prácticas a estos problemas.
Recién constituida la Europa de los 15 inicia su andadura hacia una nueva
ampliación sin precedentes. A mediados de los años 90 llama a la puerta de la
Unión Europea las antiguas “democracias populares” del bloque soviético, Bulgaria, la República Checa, Hungría, Polonia, Rumania y Eslovaquia-, los tres
Estados bálticos que una vez formaran parte de la Unión Soviética – Estonia,
Letonia y Lituania, una de las Repúblicas de la antigua Yugoslavia – Eslovenia- y
dos países mediterráneos – Chipre y Malta.
La UE acogió con satisfacción esta oportunidad de contribuir a la
estabilización del continente europeo, extendiendo los beneficios de la unificación
europea a estas jóvenes democracias. Se iniciaron las negociaciones de
adhesión con los 12 países candidatos en Luxemburgo en diciembre de 1997 y en
Helsinki en diciembre de 1999. La Unión se dirigía a la ampliación más importante
de toda su historia. Para diez de estos países, las negociaciones finalizaban el 13
de diciembre de 2002 en Copenhague. Se dibujaba en el horizonte la Europa de
los 25, que fue efectiva en 2004 y que seguirá extendiéndose a lo largo de la
década a otros países del continente.
Más de medio siglo de construcción europea ha marcado profundamente la
historia de Europa y la mentalidad de sus habitantes. Los Gobiernos de los
Estados miembros, con independencia de la tendencia política, son conscientes
de que se ha superado la era de la soberanía nacional absoluta y saben que solo
mediante la conjunción de fuerzas y la concepción de “un destino en adelante
compartido” –según la expresión del Tratado CECA- pueden las antiguas naciones
seguir avanzando económica y socialmente y mantener su influencia en el mundo.
El método comunitario, basado en un diálogo permanente entre intereses
nacionales e interés común, respetuosos de las diversidades nacionales al tiempo
que generador de una identidad propia de la Unión, conserva intacto su valor
inicial. Dicho método, ideado para superar los antagonismos seculares y eliminar
el espíritu de superioridad y el recurso de la fuerza que habían caracterizado las
relaciones entre Estados ha permitido la cohesión de la Europa democrática
comprometida con los valores de libertad a lo largo de la guerra fría. El fin del
antagonismo Este – Oeste y la reunificación política y económica del continente
constituyen la victoria del espíritu europeo, ese espíritu que los pueblos necesitan
más que nunca para construir su propio futuro.
La Unión Europea constituye la respuesta más adecuada al gigantesco
desafío de la globalización. Significa, sobre todo, la mejor “póliza de seguros”
para un futuro de paz y libertad.
4.2.
La Europa Social
La conformación de la Política Social en la Unión Europea. De acuerdo
al criterio de Elías González Posada Martínez, catedrático de Derecho del Trabajo
y de la Seguridad Social de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Valladolid, con relación a la conformación de la política social en la Unión
Europea, textualmente expone:21 …Han transcurrido por lo tanto cincuenta años
de vida comunitaria, y como podrá apreciarse con posterioridad, de ello, los
veinticinco últimos han tenido como uno de los ámbitos de reflexión la identidad
social europea, en una causa aún abierta, que podría identificarse como la de la
conformación de la política social europea.
La promoción de un desarrollo armonioso de las actividades económicas
mediante un mercado común, y la progresiva aproximación de las políticas
económicas de los Estados miembros, han constituido desde un principio el
fundamento de la comunidad europea. La libre circulación de trabajadores, la
colaboración en el ámbito social de los Estados, y la actuación del Fondo social
Europeo, como ejemplos institucionales de proyección social, no tuvieron en su
inicio más función que la de ser instrumentos subordinados al objetivo del
mercado común. En tal contexto, libre competencia económica, y libre
funcionamiento del mercado, enmarcaron el único presupuesto necesario e
ineludible de todo progreso social, observándose como irónicamente recordaba
Federico Manzini, la existencia de una “frigidez social”, en el medio comunitario.
La crisis económica de los años setenta y una de sus consecuencias, el
desempleo masivo, fraguó la necesidad de articular distintas políticas de empleo
en varios de los países miembros, desarrollándose a continuación la coordinación
de las mismas mediante un primer programa de acción social comunitaria que tuvo
aplicación en los años 1974 - 1976, con un triple objetivo: realización del pleno
empleo, mejora de las condiciones de vida y trabajo, y participación de los
interlocutores sociales en los ámbitos institucionales y empresariales.
Concebido como marco propio para el desenvolvimiento de las relaciones
de trabajo en la Unión Europea, la noción de espacio social europeo surge en el
intento de reactivar el limitado desarrollo de la política social. El segundo
Programa de acción social aprobado en 1984, intensificará el intervencionismo en
materia ocupacional, para ello tratará de establecer una armonización de la
legislación social y promoverá el diálogo social, dando lugar con ello a la nueva
política social.
4.2.1. La dimensión social del mercado interior y la cohesión
económica y social. En 1985 con el Libro blanco de la comisión sobre la
culminación del mercado interior, se modela la noción de la dimensión social del
mercado interior. Se entiende que el mercado ha de ir acompañado de medidas
apropiadas para alcanzar los objetivos comunitarios en materia de empleo y de
seguridad social, creándose un espacio normativo que impidiera entre otras
21
GONZALEZ POSADAS MARTINEZ. Elías. Conformación de la Política Social en la Unión Europea.
Catedrático de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social. Facultad de Derecho. Universidad de Valladolid.
España.
cuestiones el dumping social. La acreditación del nuevo concepto se verá
reconocida en el acta Única europea de 1986 que modificó los tratados
constitutivos de la CEE.
La noción de cohesión económica y social, introducida por el Acta única
Europea en el Tratado constitutivo de la CEE, con el fin de promover un desarrollo
armonioso del conjunto de la comunidad, y tratando así de reducir las
desigualdades entre las diferentes regiones, corrigiendo los desequilibrios
sociales, merced a la actuación de los Fondos Estructurales.
En el anterior contexto, la Carta Comunitaria de los Derechos Sociales
Fundamentales de 1989, se configura como un importante documento de
cohesión. Es ésta una declaración de naturaleza política mediante la cual se trata
de dar contenido a la dimensión social de la Unión Europea. Asimismo atribuye a
los Estados establecer prácticas nacionales mediante las cuales especificar la
cohesión económica social. La declaración citada fue concretada en un catálogo
de medidas de política social a desarrollar hasta 1993, mediante el Programa de
acción para la aplicación de la Carta Comunitaria.
4.2.2. Maastricht 92 y la Política Social. El tratado de la Unión Europea,
incorporó como muestra más significativa de la consecución de la cohesión
económico y social, un Protocolo de política social aprobado por once de los
entonces doce países miembros.
El consejo Europeo de Copenhague de 1993, solicitó de la comisión la
elaboración de un Libro blanco sobre la estrategia del empleo a mediano plazo. El
informe conocido bajo el título de “Crecimiento, competitividad, empleo. Retos y
pistas para entrar en el siglo XXI”, vio la luz en diciembre de 1993. Cuatro
aspectos significativos pueden resumir la lógica del informe: la negación del
proteccionismo, limitación de la apertura de los presupuestos del Estado, negación
de la reducción de la jornada y el reparto nacional del trabajo, negación de la
disminución de los salarios y de la protección social. El desarrollo del denominado
Libro blanco Delors, fue materializado mediante el programa de acción social a
medio plazo 1995 – 1997, el Libro Verde sobre el futuro de la política social
europea de 1993 y el Libro blanco sobre Política Social de 1994.
En el contexto señalado, la Conferencia Intergubernamental de 1996 –
1997, el Dictamen de la comisión sobre la Conferencia Intergubernamental, y el
Dictamen del Parlamento Europeo, prepararon el proyecto de revisión de los
Tratados, abriendo por lo que se refiere a la dimensión social de la Unión Europea
una nueva etapa. De la amplia documentación elaborada, merece la pena
destacar el intento de proceder a la elaboración de un modelo europeo de
sociedad, estableciendo un zócalo social común para todos los ciudadanos de la
Unión, en que la cohesión económica y social exija la adopción de políticas
comunes en los asuntos sociales, el empleo, ciertos aspectos de la fiscalidad y el
medio ambiente.
4.2.3. La dimensión social del Tratado de Amsterdan 1997. Si el
desarrollo de la política social europea se produce mediante los documentos
suscritos en los lugares y fechas señaladas, la profundización acaece en
Amsterdan, en 1997. Con ello los derechos sociales fundamentales, ya conocidos
en la Carta Social Europea de 1961 y la Carta Comunitaria de 1989, son
constitucionalizados, convirtiéndose en elementos jurídicos de aplicación en todos
los países miembros.
Se genera además la introducción en el Tratado
Constitutivo de un nuevo título relativo a la política social, y otro al empleo,
produciéndose la integración del protocolo social aprobado en Maastrich, en el
texto del Tratado de Amsterdan, adquiriendo por ello fuerza vinculante y
obligatoria. Se produce así, el retorno a la Europa Social de una sola velocidad,
abandonando la denominada geometría variable en la política social de Unión
Europea. Sin embargo interesa subrayar como con el Tratado, mientras la unión
monetaria tiene una férrea disciplina unitaria, los elementos esenciales de la
política social a los que nos referiremos, se concierta, sean enmarcados en cada
uno de los Estados miembros de manera singular.
El resumen de los objetivos comunitarios se concreta en lo siguiente:
fomento del empleo, mejora de las condiciones de vida y de trabajo, protección
social adecuada, diálogo social, desarrollo de los recursos humanos, igualdad de
trato hombre – mujer, equivalencia de los regímenes de vacaciones retribuidas, y
la lucha contra la exclusión social. Al margen de lo anterior, lo que pudiera
considerarse como núcleo duro, dada la relevancia que de manera directa afecta a
la actividad normativa de los Estados miembros, se materializa en el
establecimiento de lo que se ha dado en denominar los tres listados de la Política
social Comunitaria.
La primera de las listas indica las materias excluidas de intervención
comunitaria, como es el caso de lo relativo a las remuneraciones, el derecho de
asociación y sindicación, el derecho de huelga y el cierre patronal; la segunda, las
materias que podrán regularse por mayoría cualificada según el procedimiento de
codecisión, tal es el caso de la mejora del entorno laboral, las condiciones de
trabajo, la información y consulta de los trabajadores, la integración de los
excluidos del mercado y la igualdad de oportunidades y trato entre hombres y
mujeres; la tercera, las materias que exigirán la unanimidad, previa consulta al
Parlamento, al Comité Económico y social y el Comité de las Regiones, en tal
apartado cabe incluir la Seguridad Social y la protección social, la representación
y defensa colectiva de los intereses de los trabajadores y empresarios incluida la
cogestión, la protección de los trabajadores en caso de rescisión del contrato
laboral, las condiciones de empleo de los nacionales de terceros países y las
contribuciones financieras dirigidas al fomento y la creación de empleo, sin
perjuicio de lo relativo al Fondo Social Europeo.
En el nuevo título sobre el empleo, interesa advertir con carácter preliminar
lo que con la introducción del nuevo epígrafe realmente se proclama. Esto es, el
desarrollo de una estrategia coordinada para el empleo mediante la determinación,
para todos los Estados miembros de unas directrices básicas a reconocer los
planes nacionales y de empleo, y potenciándose asimismo una mano de obra
cualificada, formada y adaptable, con mercados laborales con capacidad de
respuesta a los cambios económicos. Se rehuye por tanto, la profundización en
una política europea de empleo, así como la afirmación de una convergencia o
armonización de las políticas de empleo nacionales, buscándose la compatibilidad
entre las políticas nacionales y las orientaciones generales de las políticas
económicas. Para ello la Comunidad asume como función propia el fomento de la
cooperación entre los Estados, respetándose en todo caso las propias
competencias nacionales.
El consejo Europeo Extraordinario sobre el Empleo celebrado en
Luxemburgo, en noviembre de 1997, estableció que el nuevo Título sobre el
empleo del Tratado de Ámsterdam tuviera efectos inmediatos, definiéndose a tal
fin las directrices correspondientes. Con tal objetivo, el ordenamiento comunitario
establece la necesidad de que los Estados miembros incluyan en los planes de
acción nacionales, las directrices de la Unión Europea, y ello con la pretensión de
potenciar coherencia y eficacia, tanto a la propia política de empleo, como a los
presupuestos de la libre circulación.
Sabido es que la política de empleo configura el conjunto de actuaciones
llevadas a cabo por los poderes públicos con el objeto de acomodar de manera
ordenada la oferta y la demanda de empleo, así como la pretensión de promover
la máxima utilización del potencial humano existente. Desde tal perspectiva toda
política de empleo constituye una corrección del sistema de economía de
mercado.
De forma resumida las propuestas para la promoción del empleo, se
concretan en diez mandatos: atajar el desempleo de los jóvenes y de los
desempleados de larga duración, incitar la búsqueda y la aceptación del empleo,
prolongando la vida activa, allanar las dificultades para la creación y la gestión de
las empresas, facilitar la transición de la escuela a la vida laboral, promocionar el
aprendizaje a lo largo de la vida laboral, fomentar los servicios públicos de empleo,
modernizar la organización del trabajo, potenciar la igualdad de oportunidades,
establecer tipos reducidos de IVA para los servicios que utilicen gran intensidad de
mano de obra; y apoyar el papel y la responsabilidad de los interlocutores
sociales.
4.2.4. La Subsidiariedad y la Política Social Comunitaria. Una primera
consideración corresponde formular: que lo que pudiéramos llamar soberanía en
materia social, está en los Estados. Es decir, la Unión Europea, no tiene
competencia exclusiva en la Política social. En tal sentido, el artículo 5 del
Tratado Constitutivo de la CE, establece que en los ámbitos que no sean de su
competencia exclusiva, la Comunidad intervendrá conforme a los principios de
subsidiariedad y proporcionalidad, actuando sólo en la medida en que los objetivos
de la acción pretendida no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los
Estados miembros.
Los criterios de aplicación del citado principio han sido objeto de
especificación en el protocolo correspondiente del Tratado de Ámsterdam. En tal
documento la subsidiariedad se comprende como un concepto dinámico, de forma
que la actuación comunitaria debe ser lo más sencilla posible, debiéndose legislar
sólo en lo necesario, dejando el más amplio margen posible para que las
decisiones se tomen en el nivel nacional, y en todo caso tratando de lograr un
equilibrio entre el objetivo de acercar la Unión al ciudadano, evitando excesos
reglamentistas, y manteniendo el dinamismo necesario que permita el desarrollo
de la construcción europea. El planteamiento pues, es el conseguir un equilibrado
consenso y una adecuada cohesión social, haciendo que la política social no sea
sólo una mera y liviana aproximación de costos, sino un instrumento que haga el
crecimiento estable y sostenible.
4.2.5. El Estado de Bienestar en Europa y sus límites en los Estados
Nacionales. Al hacer referencia al principio de subsidiariedad, pudo apreciarse la
complementariedad entre la Unión Europea y los Estados miembros en materia
social. Pudo igualmente vislumbrarse la existencia de un modelo social europeo,
concebido como materialización de los modelos con que cuentan cada Estado
miembro, y un modelo, el de la UE, superpuesto al de cado uno de los Estados
miembros. Ofrecer algunos datos de tal compleja realidad permitirá apreciar la
falta de homogeneidad en los distintos territorios nacionales.
Según datos del Eurostat ’98, en términos porcentuales del PIB, para 1996,
los gastos en materia de protección social arrojaron los siguientes resultados:
Bélgica 30, Dinamarca 33.6, Alemania 30.5, Grecia 23.3, España 22.4, Francia
30.8, Irlanda 18.9, Italia 24.8, Luxemburgo 26.2, Holanda 30.9, Austria 29.5,
Portugal 21.6, Finlandia 32.1, Suecia 34.8, Reino Unido 27.7; la media en la Unión
Europea es de 28.7.
En términos del poder adquisitivo standard, concebido estadísticamente
como modelo teórico para comparar de modo real países con economías y precios
diferenciados, según datos para 1996, los gastos sociales tuvieron la siguiente
dimensión: Bélgica 6059, Dinamarca 6884, Alemania 6351, Grecia 2695, España
3160, Francia 5608, Irlanda 3069, Italia 4644, Luxemburgo 8297, Holanda 5952,
Austria 6050, Portugal 2533, Finlandia 5226, Suecia 6119, Reino Unido 4839;
media en la UE de 5120 y entre los países europeos del 5203.
Asimismo pueden constatarse las diferentes raíces históricas, políticas y
jurídicas existentes, al menos por lo que se refiere a las prestaciones sociales.
Eligiendo como ejemplo alguno de los países con mayor proyección y capacidad
de influencia, unidos todos en recientes restricciones presupuestarias de
naturaleza social, puede apreciarse su variada conformación. El sistema de
protección social sueco se caracteriza por su carácter público, su
omnicomprensividad, y su descentralización basada en las municipalities. En
Alemania queda representado el modelo tradicional de protección social de
naturaleza continental; universalista, con prestaciones esenciales de base
contributiva, garantizador de mínimos de subsistencia digna, donde la Socialhilfe o
asistencia de tipo general, garantiza así estándar de vida a través de
indemnizaciones pecuniarias o prestaciones directas, hoy sometidas a
significativos recortes presupuestarios. El modelo británico de asistencia social
responde a unas características netamente diferenciadas con respecto al alemán.
Con financiación vía impuestos, y basado en tres columnas vertebrales: el sistema
sanitario nacional, los servicios de asistencia social y la previsión social. Sometido
recientemente a las fórmulas del nuevo contrato para el bienestar invocadas por la
tercera vía propuesta por Blair, la opción ha sido elegir una alternativa distinta
entre un welfare privatizado y con asistencia residual para los más pobres y el
mantenimiento del status quo, eligiéndose un Estado Social con prestaciones para
la mayoría de la población, dirigido a promocionar más las oportunidades que la
dependencia de lo público. Por lo que se refiere a Francia, su sistema representa
el modelo de mayor complejidad de los hasta el momento señalados. En su
estructura y articulación combina la asistencia universal propia de la realidad
británica y el aseguramiento social obligatorio característico de Alemania.
Como ha podido apreciarse la pluralidad de disimilitudes es manifiesta. Los
presentes marcos nacionales existentes en la Europa actual son fruto evidente de
su historia política, económica y social, por no añadir otras variables entre las que
cabría incorporar su geografía o su geopolítica. Pero no obstante mantienen un
equilibrio social, una legitimación de su modo de organización política y una
estabilidad, que no son más que el fruto del acuerdo entre el Estado y la Sociedad,
es decir, del Estado Social que como género existe en todos los países europeos,
aun cuando como especie sean diferentes. La cuestión es por tanto verificar cual
es la función que desarrolla el Estado social, resumiendo los antecedentes de su
origen.
Puede afirmarse sin temor a error que la primera referencia al Estado
Social aparece de la mano de Hermann Heller en la obra publicada en 1929 bajo
el título ¿Estado de Derecho o Dictadura? Sin embargo la formulación teórica
inicial sobre la preocupación social del Estado, se encuentra en Lorez Von Stein,
al publicar en 1842 “Socialismo y Comunismo en la Francia Actual”. Von Stein,
sobre la base de la contraposición entre el Estado y la Sociedad, identifica al
Estado como una comunidad de hombres cuyo principio de actuación no es otro
que procurar el máximo desarrollo de los individuos.
Apuesta pues el autor citado por una reforma social –cuestión ésta que no
cabe olvidar- para hacer frente a la revolución social, cuyo pronóstico es el
fracaso. Como sintetiza magistralmente García Pelayo “Von Stein no pretende
otra cosa que suprimir los obstáculos para la realización de la teoría social
burguesa, a saber: que la sociedad basada sobre la economía capitalista
proporciona el campo para el despliegue de las distintas capacidades de los
hombres en cuanto fuerza, inteligencia y aplicación, y que es este despliegue de
las distintas capacidades el que da lugar a la ordenación de la sociedad en
rangos, clases y jerarquías”. En síntesis se trata de legitimar la intervención del
Estado en la sociedad para que corrigiendo las desigualdades extremas puedan
ser ampliamente desarrolladas las cualidades individuales.
Con todo ello el Estado considerado tradicionalmente como centro de poder
dotado de la unidad organizada de decisión y de acción política, viene a replantear
las relaciones entre la sociedad política y la sociedad civil, desempeñando una
función reguladora en los procesos económicos y en los conflictos sociales,
eludiendo actitudes pasivas en los enfrentamientos entre individuos y clases,
tratando no tanto transformar la estructura económico social, sino corregir algunas
de sus disfunciones. El Estado trata así de mantener su función coercitiva, pero
dotándola de hegemonía, mediante la adhesión de los ciudadanos, presupuesto
éste que se hace central en las complejas sociedades del capitalismo avanzado.
Se trata por tanto de plasmar un pacto político entre los nuevos agentes que han
adquirido poder en la nueva sociedad desarrollada.
Lo que caracteriza sin embargo la situación actual, dadas las posiciones
existentes, es que, en principio, puede caber tanto un Bienestar sin estado, un
Malestar con Estado y viceversa. Sin embargo, el Welfare respondió en sus
orígenes a lo que podría denominarse primera modernización política y social, en
una realidad que hoy ya no responde a tales condiciones.
Entre otras circunstancias, en la actualidad no cabe apreciar entre quienes
ha de hacerse el nuevo pacto político global, ya que en la creación de los nuevos
espacios económicos no se han identificado todavía quiénes son los nuevos
sujetos que puedan suscribir el nuevo contrato social.
La que pudiera denominarse fase segunda de la modernización requiere
determinar así quienes son los nuevos sujetos negociadores. Asimismo, también
en el marco de la globalización, deben contemplarse nuevas realidades, es decir,
se ha de reconocer la nueva individualidad desarrollada en las sociedades
avanzadas, el subempleo y desempleo de las mismas y la turbulencia de los
mercados financieros.
Se requiere consecuentemente, en el contexto descrito, una reflexión sobre
lo que podría denominarse una globalización responsable y conocedora de los
mecanismos históricos y sociales acaecidos con anterioridad, frente a lo que
pudieran denominarse construcciones de base fundamentalista y mercantil.
Advirtiéndose como en las sociedades dinámicas de nuestro tiempo se dan
tendencias convergentes y divergentes, y que en todo proceso de globalización
acaba manifestándose un fenómeno de descentralización incontrolable, que puede
afectar igualmente a los adalides del nuevo mercado.
La propuesta sería que los Estados nacionales, ante la inexistencia próxima
y probablemente futura de un Estado Europeo, estén destinados a mantener
muchas de sus funciones tradicionales, incorporando otras nuevas, que no podrán
integrar los nuevos sujetos regionales o globales. Ocurriendo no obstante que
frente a un Estado nacional y democrático, por el momento no se han encontrado
alternativas reales en ámbitos supranacionales, siendo ésta y no otra, la nueva
frontera de la Unión Europea: Una sociedad de Derecho que faculta a sus
miembros, mediante la ficción de otorgarles una ciudadanía, la consecución de
una tutela a los derechos civiles, o mejor dicho a los nuevos derechos civiles, que
son fruto de la modernización de la economía y de la sociedad.
4.2.6. Riesgo y Necesidades Sociales en la Globalización Económica.
Es sabido como la internacionalización de la producción ha sido claramente
facilitada por la expansión mundial del mercado de capitales, así como el hecho de
que la tecnología de la producción permite tal tipo de estrategia.
Desde hace más de quince años, y de manera patente en los más
recientes, se está produciendo una expansión mundial del mercado de productos y
capitales, transformándose paulatinamente las relaciones económicas y sociales
tanto de los países desarrollados, como de los países en vías de desarrollo.
Es igualmente conocida la acelerada modificación de las tecnologías de
producción, siempre relacionada con procesos dirigidos hacia su extensión
mundial, al igual que ocurre con los cambios en las políticas comerciales. Por
todo ello, la existencia de mercados abiertos está exigiendo una competitividad,
que resultará asociada a una flexibilidad en la producción, una mayor calidad en
los productos, y un incremento de la productividad.
En la búsqueda de posiciones competitivas, las inversiones proceden a
seleccionar los espacios geográficos en que las ventajas son mayores, y por lo
que afecta a las cuestiones sociales, éstas no están al margen de tal realidad.
Bajo tal perspectiva resulta evidente la permanente erosión de las políticas
autárquicas, ya sean económicas o de empleo, sobre todo en aquellos Estados
que no advierten la importancia de los mercados internacionales, y más aun si no
se integran en proyectos supranacionales que hagan compatibles sus políticas con
la de otros países desarrollados.
Ante tal estado de cosas, consecuencia de la mundialización, los Gobiernos
han debido modificar parte de sus políticas económicas y sociales, integrándose
en espacios económicos supranacionales e internacionales, habiendo de
determinarse en tal caso la difícil elaboración del espacio social correspondiente.
Cuestión ésta de particular dificultad cuando en el presente casi no se puede
regular de forma autónoma el espacio social nacional ante las exigencias de la
“nueva economía”
Junto a todo lo anterior, no cabe olvidar las propuestas de tutela de
Standards sociales mínimos en los acuerdos comerciales internacionales. La
Resolución del Parlamento Europeo del 9 de febrero de 1994, ya previno cómo en
el ámbito de las relaciones externas con terceros países, debieran establecerse la
garantía de respetarse los derechos fundamentales del hombre. Planteamiento el
ofrecido, consolidado más como principio que como praxis, y que de no aplicarse,
crea el riesgo de una desterritorialización de los mercados y la economía,
determina una desnacionalización de las normas básicas del Derecho del Trabajo
y de la Seguridad social. O lo que es lo mismo, que la pérdida del control
económico por parte de los Estados, y el autogobierno de los procesos
económicos por las empresas transnacionales supongan la recreación de un
nuevo modo de colonialismo.
En tal contexto, donde la globalización deteriora los confines nacionales, no
obstante, siguen existiendo situaciones de riesgo del que el desempleo o la
exclusión pueden ser un ejemplo, pero donde también las situaciones de
necesidad generadas por la reducción o expulsión del sistema de previsión social
pública constituyen una negra posibilidad.
Planteada la situación en los términos expresados, puede hacerse la
siguiente pregunta ¿existe una contradicción entre mercado y política social?. En
una primera aproximación cabe puntualizar que la dimensión social es una
magnitud autónoma y complementaria de la dimensión económica, pero no
subordinada a la misma.
Tratando de dar ahora una sintética contestación a la pregunta planteada,
dentro del escenario de la crisis estructural del modelo de Estado de Bienestar
Keynesiano, y en la expansión del capitalismo avanzado, cabe entender la
existencia de una confrontación entre dos lógicas: la lógica económica, es decir la
que corresponde a la esencia más pura del mercado, producto del capitalismo
histórico; y la lógica social, basada en principios redistributivos y producto de un
pacto tácito, en el que se intercambió estabilidad política y social, por mínimos de
bienestar social.
El contenido del pacto al que se ha echo referencia se identificó en la
formulación del Estado de Bienestar, y la crisis del mismo puede acreditarse
sumariamente en las siguientes causas y consecuencias: a) por razones de
sobrecarga ante el contenido y multiplicidad de las prestaciones requeridas; b) por
la insatisfacción producida ante la imposibilidad de satisfacer la demanda social,
generándose con ello una pérdida de legitimación del propio Estado; c) por el
dilema derivado a consecuencia de los dos puntos anteriores, produciéndose así
una crisis de identidad, dada la ausencia de planteamientos ideológicos que
sirvieran de fundamentación a un nuevo pacto que se preste para sustituir al
“contrato social” que originó el inicio del Estado de Bienestar. Grave dilema dada
la dinamicidad, incertidumbre, e impredecibilidad provocados por el rápido cambio
social existente.
Dados los supuestos anteriores, y por lo que afecta a las instituciones
sociales creadas en la economía europea con el objeto de paliar los desequilibrios
y desigualdades generales en el contexto del mercado, existe quien considera que
las mismas constituyen una fuente de resistencia a las necesarias respuestas
frente a la globalización y a la creación de empleo, proponiendo el
desmantelamiento de aquellas instituciones que impiden la eficiencia del mercado.
Por el contrario, otros entienden que las funciones redistributivas y
protectoras de las instituciones resultan necesarias al generar una imprescindible
cohesión social en el marco comunitario. Se trataría, en esta última apreciación,
de que fuera cuestionado, bien el riesgo social externo, otorgando cobertura a
quienes son incapaces de lograr cierto nivel básico de ingresos; o/y el riesgo
social interno, es decir el generado por el propio sistema, removiendo las
situaciones de desventaja social. Proyecto éste que exige medir adecuadamente
el volumen de política social que en aplicación del principio de subsidiariedad
resulta factible, y donde como se sabe, debe diferenciarse el marco de actuación
comunitario y el de cada uno de los Estados miembros.
Las dos posiciones enfrentadas a las que se ha hecho referencia, contiene
una cierta simplificación en su formulación, ya que ni todas las instituciones
sociales restringen la eficiencia del mercado haciéndolo rígido, ni tampoco todas
potencian la cohesión social. En el caso de los mecanismos dirigidos a la tutela
de la ocupación, el diálogo y concertación, o el mantenimiento de ciertas garantías
en la percepción de rentas, constituyen en si mismo una aceptable vía para
caminar en la dirección de la innovación sobre la base de la información, la
cooperación, y la desactivación del conflicto, actuando como factores de
persuasión en la cultura de la competitividad dentro de la nueva economía. Por lo
que afecta a la cuestión de si las políticas sociales promocionan la cohesión
social, parece comprobarse que tal resultado no es del todo verificable, al menos
en la escala europea.
Puede en síntesis establecerse, que el protagonismo de actuación de las
instituciones sociales es cuando menos ambivalente en el terreno que nos ocupa.
Quizá por todo ello se ha iniciado una nueva alineación de las políticas sociales y
del trabajo, rubricada bajo el título de solidaridad competitiva, y centrada en planes
para la creación de infraestructuras sociales en espacios territoriales
diferenciados. Se trata en sustancia de la promoción de distritos industriales de
especialización flexible.
Es decir sistemas productivos localizados
geográficamente, caracterizados por la existencia de pequeñas y medianas
empresas, que mediante su colaboración elaboran un producto homogéneo con
capacidad de penetración en el mercado, dados sus conocimientos especializados
y su habilidad técnica. Se pretende en tales casos potenciar una identificación
entre el sistema social local y el sistema productivo, articulando asistencia,
formación e investigación, oferta local de mano de obra especializada, redes de
empresas cooperantes e interconectadas, con capacidad de respuesta a los
cambios en las condiciones del mercado, todo ello desde un espacio local, y para
acceder a un mercado global.
4.3.
Modelo Social Europeo y Modelo Europeo de Sociedad.
En el conjunto de todas las apreciaciones que se han venido haciendo con
anterioridad, cabe advertir la existencia de distintas construcciones normativas que
llegan a establecer el contenido y el modo de aplicación de la política social
europea. Tales declaraciones responden como no podía ser de otra forma a la
previa existencia de un objetivo estratégico, es decir a un modelo; y el modelo
habría de ser el resultado de la plasmación práctica de una determinada
concepción teórica o ideológica que formulara las competencias y las relaciones
entre la Sociedad y el Estado. Abandonando para otro momento lo que afecta a la
fundamentación teórica o ideológica de la cuestión, cabe hacer una aproximación
en torno a lo que pudiera denominarse el modelo de referencia perseguido a lo
largo del proceso de construcción europea.
El modelo europeo de sociedad encuentra su plasmación en la condición de
la ciudadanía europea, caracterizada ésta como el conjunto de situaciones
jurídicas garantizadas al individuo por el sistema jurídico. En tales condiciones
cabe diferenciar lo que constituyen los derechos civiles y políticos, de lo que son
derechos sociales, apartado este último que identificaría la ciudadanía social, cuyo
contenido en derechos responde al modelo de Estado, o lo que sería lo mismo,
modelo social de Estado. No existiendo por el momento un Estado Europeo, ni
tampoco una plena ciudadanía social a escala comunitaria, al haberse
concentrado los esfuerzos en articular una ciudadanía política y civil, el único
presupuesto para el análisis que se pretende es determinar cual es el modelo
social europeo.
El modelo social europeo, siendo proyección del modelo europeo de
sociedad, encuentra su perfil definitorio en todos y cada uno de los escenarios en
los que se ha ido concretando la política social comunitaria a través del contenido
de las políticas sociales, de los derechos sociales fundamentales, y de las
actuaciones tanto de los interlocutores sociales como de las distintas instituciones
que conforman la estructura política de la UE. Siento todo ello cierto, la
Conferencia de Viena celebrada en noviembre de 1998, analizó de forma
específica la cuestión, diferenciando los distintos modelos sociales, y las
características del modelo europeo.
En relación con la primera de las cuestiones, de manera simplificada, se
distinguió entre el modelo americano, japonés y europeo; si bien en éste último
caso se diferenció entre el modelo continental, el escandinavo, el anglosajón, e
incluso el de los países del sur, sosteniéndose en las conclusiones la defensa de
un modelo, entendido como una mezcla del continental y escandinavo, y
negándose el modelo americano. Al margen de las más o menos acertadas
identificaciones de los prototipos sociales, interesa la caracterización que de los
mismos se hizo. Así el modelo americano fue relacionado con el principio de
orientación individual sobre el mercado; el japonés con el colectivismo societal; el
anglosajón con las prestaciones más bajas de protección social; y el continental,
así como el escandinavo, con los principios de aplicación universal y financiada en
función de los ingresos de las personas.
En cualquier caso, y prescindiendo de la escasa profundidad en los análisis
realizados en la reunión de Viena, la propuesta realizada en la misma fue
caracterizar el modelo social europeo:
•
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•
•
•
•
Por una mayor presencia del Estado en el mismo
Por sistemas bien establecidos de protección de los trabajadores
Por normas de derecho del trabajo
Por sistemas de seguridad social
Por estructuras de concertación social
Donde el empleo se convierte en el tema esencial de referencia
En conexión con todo lo anterior, el programa de acción social 1998 – 2000,
trata de concretar la política social sustentada por el modelo social europeo.
Se afirma la prioridad del empleo favoreciendo un crecimiento fuerte y
sostenido mediante políticas destinadas a restablecer el pleno empleo y reforzar la
cohesión social; la necesaria transformación del mundo laboral, tanto en la
organización del trabajo, en los cambios industriales, en las consecuencias de la
sociedad de la información, como en la necesidad de lograr un lugar de trabajo
sano y seguro, y se afirma la sociedad no excluyente, donde la protección social,
la inserción social, la igualdad y la lucha contra la discriminación constituyen
factores esenciales.
En una selección de los más significativos documentos publicados en
los primeros meses del 2000, parece advertirse la formulación de nuevos
proyectos, que lejos de ubicarse en una tradicional intemporalidad propia de la
Unión, se sitúan en los parámetros de las nuevas realidades. En la Comunicación
de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social,
y al Comité de las Regiones, se establecieron los objetivos estratégicos para el
2000 – 2025. En tal documento, y dentro del apartado social, se aborda la
necesidad de que la Unión se dote de una nueva agenda económica y social, en el
marco de una sociedad globalizada, y para construir una economía basada en el
conocimiento, competitiva y universal, con crecimiento sostenido, pleno empleo y
cohesión social, Las prioridades serán así: el pleno empleo, la creación de un
nuevo dinamismo económico mediante la reforma de los mercados de trabajo, de
bienes y capitales, garantizar la seguridad y la viabilidad de las pensiones,
modernizar los sistemas de protección social, la lucha contra la exclusión social y
la desigualdad interregional, la afirmación del pacto de estabilidad y crecimiento, y
el fomento de inversión en capital humano.
El conjunto de cuestiones resumidas son igualmente consideradas en
las conclusiones de la Presidencia del Consejo Europeo de Lisboa de marzo del
2000 donde a modo de reseña general se afirma el objetivo de modernizar el
modelo social europeo, invirtiendo en recursos humanos y creando un Estado
Social activo. Formulación que la Comisaría encargada de asuntos sociales, Anna
Diamantopoulou, en declaraciones realizadas en mayo del 2000, concreta que en
la actual coyuntura no existe contradicción alguna entre el libre cambio mundial y
la promoción y reforzamiento de los derechos sociales y de la persona, siendo
necesario en todo caso establecer las nuevas prioridades de la política social.
Un primer ejemplo de renovación estaría en la concreción de la Carta
de Derechos Fundamentales. En el Consejo Europeo especial de Feira del 19 y
20 de junio del 2000, los quince constataron las grandes diferencias que les
separan en tal asunto. Países como España, Alemania o el Reino Unido recelaron
de ese proyecto por temor a que si tuviera efectos jurídicos los ciudadanos se
acogerían a ello para exigir derechos económicos y sociales a través de los
tribunales. Eso abre paso a dos alternativas: o una carta con rango jurídico, pero
vacía de contenido, o una carta de gran valor retórico, pero ningún efecto judicial.
Como ha podido apreciarse no todas las incógnitas se vieron resueltas
en el Consejo Europeo de Feira, si bien se indicó que la estrategia de Lisboa,
había de considerarse totalmente en marcha, situándose en base de todas las
acciones comunitarias en materia de empleo, innovación, reforma económica y
cohesión social. Asimismo el Consejo Europeo se congratuló de la declaración
común presentada por los interlocutores sociales, en la que se expusieron
posturas constructivas sobre el trabajo temporal, el teletrabajo, la formación
continua y disposiciones para la supervisión común de los cambios industriales.
En lo que se refiere a la modernización del modelo social europeo, el
Consejo celebrado en junio del año 2000, consideró en sus conclusiones los
siguientes aspectos:
•
•
La educación y la formación para la vida y el trabajo son presupuesto
básico en la sociedad del conocimiento. Considerando que la educación
permanente constituye una política esencial para el desarrollo de la
ciudadanía, la cohesión social y el empleo, se ha invitado a los Estados
miembros, al Consejo y a la Comisión, dentro de sus ámbitos respectivos
de competencia, a definir estrategias coherentes y medidas prácticas para
fomentar la educación permanente para todos, promover la intervención de
los interlocutores sociales, aprovechar todo el potencial de financiación
pública y privada, y hacer la enseñanza superior más accesible a más
personas, en el marco de una estrategia de educación permanente.
El desarrollo de una política activa de empleo, exige reforzar aún más la
estrategia europea para el empleo mediante la realización de un balance
intermedio del proceso de Luxemburgo, que debería utilizarse como base
para la revisión de las Directrices para el Empleo del 2001. En este
contexto, se invitó a los interlocutores sociales a desempeñar un papel más
destacado en la definición, aplicación y evaluación de las directrices para el
empleo que dependen de ellos, centrándose en particular en la
modernización de la organización del trabajo, la educación permanente y el
aumento del índice de empleo, especialmente del empleo femenino.
•
La modernización de la protección social, y el fomento de la inclusión
social. En este ámbito se han definido una serie de prioridades: a)Por lo
que respecta a la evolución futura de la protección social, debería prestarse
especial atención al sostenimiento de los regímenes de pensiones mediante
la definición de las líneas de acción, con el objeto de pronosticar mejor las
tendencias futuras y lograr un conocimiento profundo de las estrategias
nacionales recientes, aplicadas o previstas, de reforma de las pensiones;
b)sobre el fomento de la inclusión social, debería definirse un marco con los
correspondientes objetivos para evaluar la incidencia de las políticas
sociales aplicadas en los Estados miembros, así como unos indicadores,
que sirvan de referencias comunes para la lucha contra la exclusión social,
y la erradicación de la pobreza. En el desarrollo y la supervisión
sistemática de los trabajos relacionados con estos asuntos a escala
comunitaria, se mejorará gracias a la reciente creación del Comité de
Protección Social, abriéndose un debate periódico sobre estas cuestiones,
así como con el fomento de la cooperación entre los Estados miembros
mediante un método de coordinación abierto que combine los planes de
acción nacionales con un programa comunitario de lucha contra la
exclusión social.
Parece por todo lo anterior que queda determinada una agenda social,
que cabrá concretar en un proyecto de Programa Social Europeo, ya propuesto
por la Comisión y que facilitará un marco plurianual de actuaciones. La agenda de
política social adoptada, con propuestas específicas para desarrollar entre los
años 2000 y 2005, recoge los siguientes puntos.
•
•
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•
•
•
Más y mejores puestos de trabajo
Gestionar el cambio y adaptarse al nuevo entorno de trabajo
Aprovechar la economía basada en el conocimiento
Promover la movilidad
Modernizar y mejorar la protección social, la inclusión social y la igualdad
de sexos
Reforzar los derechos fundamentales y luchar contra la discriminación
Promover la calidad en las relaciones laborales
Hacer los preparativos para la ampliación comunitaria, y
Promover la cooperación internacional
A tal fin se ha invitado al Consejo a que examine urgentemente el
programa para que pueda ser aprobado por el Consejo Europeo de Niza. El
Consejo Europeo espera celebrar su primera sesión ordinaria de primavera sobre
estrategias y políticas económicas y sociales a comienzos de 2001 en Estocolmo,
basándose en el informe anual de síntesis que presentará la Comisión y teniendo
en cuenta las contribuciones de las diferentes formaciones del Consejo.
Como puede advertirse en el proceso de definición de la política
concreta, las palabras de los documentos no siempre son suficientemente claras,
y además deben perfilarse con los contenidos de los hechos. Resulta necesario
pues despejar, una vez dicho todo lo anterior dos incógnitas fundamentales:
•
•
•
¿qué ha de ser prioritario, el mercado o la política social?
¿cuál es el voltaje de protección social que debe situarse en el sistema
institucional comunitario?, pudiéndose añadir una tercera pregunta
¿cuál el que corresponde a cada uno de los Estados miembros?
Ya en páginas anteriores puedo apreciarse la falta de contradicción
entre mercado y política social al valorar la experiencia existente hasta el
presente. La cuestión ahora planteada es otra, y tiene relación con las
prioridades. Para responder al presente planteamiento y basándonos en la
experiencia europea, hemos de decir que los objetivos primeros y prioritarios, han
sido siempre los económicos, seguidos con mayor o menos distancia en el tiempo,
de los sociales.
En lo que se refiere al volumen de política social que cabe en el
sistema institucional comunitario, al margen de lo dicho con antelación, tanto en lo
que afecta a las realidades presentes como a las propuestas de futuro, resulta
imprescindible para acreditar la propia legitimación política de la UE, establecer a
través de un verdadero gobierno comunitario, la promoción de las coordinaciones,
cooperaciones y convergencias necesarias en materia fiscal, económica, social y
política industrial, integrando en el Tratado una serie de derechos sociales y
económicos susceptibles de ser recurridas en sede judicial y que permitan
delimitar de manera clara los derechos civiles y las libertades fundamentales a que
se acogen los ciudadanos europeos.
Todo lo anterior nos lleva a repetir la tercera de las incógnitas
planteadas ¿cuál ha de ser el volumen de protección social que corresponde a
cada uno de los Estados miembros? La presente respuesta debe de ir unida al
contenido de lo que se disponga a escala comunitaria, de manera que, ya sea con
carácter global, o en cada uno de los Estados miembros, no lleguen a producirse
diferencias significativas que desvirtúen el propio mercado mediante la
competencia sobre el factor social.
En todo caso conviene no olvidar las palabras de Maquiavelo “Los
hombres cometen el error de no saber cuándo limitar sus esperanzas” “
4.4.
La Europa de los Ciudadanos
4.4.1. ¿Europa de los pueblos o Europa de los mercaderes? La
construcción comunitaria nació de una visión política, la de los padres fundadores
deseosos ante todo de crear unas condiciones que hicieran imposible el retorno a
las guerras intestinas que habían ensangrentado el continente. Pero, en aras de
la eficacia y a fin de establecer las bases de un edificio sólido, los promotores de
la comunidad decidieron emprender la vía pragmática de las solidaridades
concretas: el carbón y el acero, el mercado común, la política agrícola, la
competencia, etc.
Así nació una Europa que algunos califican de tecnocrática porque recurre
a los expertos, a los economistas o a los funcionarios. Pero el objetivo inicial no
hubiera nunca visto la luz si no lo hubiera apoyado constantemente la voluntad
política de las instituciones comunitarias.
4.4.2. Europa en la vida de cada día. Actualmente, se han alcanzado la
mayoría de los objetivos establecidos en los Tratados: el espacio europeo está
libre de restricciones aduaneras, fiscales y reglamentarias que frenaban la
actividad de las personas y la circulación de los capitales y los servicios. Todo el
mundo goza, en su vida cotidiana, sin ser siempre consciente de ello, de las
ventajas que representa la realización del gran mercado: acceso al consumo de
productos variados, una competencia que limita el alza de los precios, una política
que protege a los consumidores y el medio ambiente, unas normas armonizadas y
que tienden a alinearse con los criterios más exigentes.
Asimismo, los habitantes de las regiones periféricas se benefician de los
fondos estructurales, especialmente a través del Fondo Europeo de Desarrollo
Regional. Los agricultores han sido quienes más se han beneficiado de los
mecanismos de apoyo a los precios que ha mantenido durante veinte años el
Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola –FEOGA-.
La casi totalidad de los gastos que se consignan en el presupuesto de la
Unión, que se aproximan a 100.000 millones de euros en el 2003, se dedican a
medidas que influyen directamente en la vida cotidiana de los europeos. Desde la
entrada en vigor del Tratado de Roma en 1958, el legislador europeo ha querido
dar un contenido a las disposiciones que favorecen la libre circulación de los
asalariados y la libre prestación de servicios, así como la libertad de
establecimiento de las profesiones liberales. Para un ciudadano de un Estado
miembro que busca empleo en la Unión, no se admite restricción alguna vinculada
a la nacionalidad.
Las profesiones liberales han sido objeto de una
reglamentación que armoniza, a través de distintas directivas, las condiciones de
acceso a las actividades reglamentadas. Este fastidioso trabajo de aproximación
de las disposiciones legislativas ha dado lugar al reconocimiento mutuo de los
diplomas de médicos, enfermeras, veterinarios, farmacéuticos, arquitectos,
corredores de seguros, etc.
Pero todavía quedaban tantas actividades sujetas a normativas nacionales
diferentes que los doce aprobaron el 21 de diciembre de 1988 una directiva por la
que se establece un sistema de reconocimiento mutuo de los diplomas de
enseñanza superior. Dicho texto se aplica a todas las formaciones universitarias
de una duración de por lo menos tres años y se basa en el principio de la mutua
confianza de validez de los sistemas de enseñanza y de formación.
El primer derecho del ciudadano europeo consiste, en poder circular,
trabajar y residir en todo el ámbito de la Unión. El Tratado de Maastricht confiere
un carácter solemne a ese derecho en el capítulo que dedica a la ciudadanía.
Aparte de las actividades que implican determinadas prerrogativas de los
poderes públicos (policía, ejército, asuntos exteriores) los servicios de sanidad, la
enseñanza y los servicios públicos comerciales podrán abrirse a cualquier
ciudadano comunitario. Así, sería completamente normal contratar a un maestro
británico para que enseñara inglés a los alumnos en Roma o que un joven francés
que acaba de obtener su licenciatura probara suerte en una oposición
administrativa en Bélgica.
Pero el europeo no es solamente un consumidor o un actor de la vida
económica y social. Es ya un ciudadano de la Unión. La Europa de los
ciudadanos dio un salto cualitativo en Maastricht con la decisión de conceder el
derecho a voto y la elegibilidad en las elecciones municipales y en las elecciones
europeas a todo ciudadano de la Unión que resida en un Estado miembro cuya
ciudadanía no posee. El Tratado de la Ciudadanía Europea CE, consagra este
principio en su artículo 17: “Se crea una ciudadanía de la Unión. Será ciudadano
de la Unión toda persona que ostente la nacionalidad de un Estado miembro. La
ciudadanía de la Unión será complementaria y no sustitutiva de la ciudadanía
nacional”.
4.4.3. Derechos fundamentales. El Tratado de Ámsterdam representa un
avance en el refuerzo de los derechos fundamentales. Un procedimiento de
sanciones permitirá suspender los derechos del Estado miembro que viole los
derechos fundamentales. En Ámsterdam, se amplio asimismo el principio de no
discriminación, hasta entonces aplicado únicamente a la nacionalidad, al sexo, a la
raza, a la religión, a la edad y a la orientación sexual. Este principio de no
discriminación también se reforzó por lo que se refiere a la igualdad entre hombres
y mujeres.
Por último, el Tratado de Ámsterdam implica mejoras en la política de
transparencia y el acceso de los ciudadanos a los documentos de las instituciones
europeas.
El compromiso de la Unión Europea con los derechos de los ciudadanos se
confirmó de manera solemne en Niza, en diciembre de 2000, por la proclamación
de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Esta Carta fue
elaborada por una Convención integrada por parlamentarios nacionales y
europeos, representantes de los Gobiernos nacionales y un miembro de la
Comisión. Contiene, agrupados en seis capítulos: Dignidad, Libertades, Igualdad,
Solidaridad, Ciudadanía y Justicia; 54 artículos en los que se definen los valores
fundamentales de la unión Europea y los derechos civiles y políticos, económicos
y sociales del ciudadano de la Unión Europea.
Los primeros artículos están consagrados a la dignidad humana, al derecho
a la vida, a la integridad de la persona, a la libertad de expresión y de conciencia.
El capítulo Solidaridad supone una innovación al incorporar derechos sociales y
económicos tales como: el derecho a la huelga, el derecho a la información y
consulta de los trabajadores en la empresa, el derecho a conciliar vida familiar y
vida profesional, el derecho a las prestaciones de seguridad social y a los servicios
sociales dentro de la Unión Europea o la protección de la salud.
La Carta promueve la igualdad entre hombres y mujeres e instaura
derechos como la protección de los datos, la prohibición de las prácticas
eugenésicas y de la clonación reproductora de seres humanos, el derecho a la
protección del medio ambiente, los derechos del menor y de las personas mayores
y el derecho a una buena administración.
La Europa de los ciudadanos prefigura la Europa política en una fase de su
realización que todavía está por definir. ¿Cuáles son los valores y las ambiciones
colectivas que están dispuestos a compartir los pueblos en una Unión Europea de
como mínimo 25 miembros?
4.4.4. La Europa de la cultura y la educación. El sentimiento de
pertenecer a una misma colectividad, de compartir el mismo destino, no puede
crearse artificialmente. De ahora en adelante, la Europa cultural debe tomar el
relevo de la Europa económica y contribuir a la formación de una conciencia
común.
Los programas educativos y de formación, que fomenta la Comunidad a
través de Erasmus (Programa de acción de la Comunidad Europea para la
movilidad de los estudiantes universitarios), Comett (Programa de Cooperación
entre la universidad y la empresa sobre formación en el campo de las
tecnologías), y Lingua ( promoción del conocimiento de lenguas extranjeras)
apuntan en ese sentido. Más de un millón de estudiantes han podido estudiar en
el extranjero gracias al programa Erasmus.
La Unión Europea se ha fijado el objetivo de que el 10% de los estudiantes
pueda seguir un curso universitario en otro país europeo, para lo que será preciso
destinar más fondos de la UE a la política de educación. Los nuevos programas
Sócrates, Leonardo da Vinci y la Juventud con Europa, impulsarán los progresos
en este sentido.
La directiva sobre la televisión sin fronteras facilita el acceso de los
espectadores a los programas de televisión producidos en Europa, al tener los
órganos de radiodifusión europeos que incluir determinado porcentaje de
programas europeos en sus parrillas de programación. La directiva refuerza la
protección de los espectadores más jóvenes y apoya las obras europeas y las
producciones independientes, al tiempo que regula la publicidad y la telecompra.
El programa Cultura 2000, programa marco 2000 – 2004 tiene como objetivo
impulsar la cooperación entre los operadores culturales (creadores, promotores,
distribuidores, redes e instituciones culturales). El programa MEDIA plus (2001 –
2005) aporta su apoyo a la industria audiovisual con el propósito, por un lado, de
colmar el déficit de producciones audiovisuales europeas frente a la oferta de
Estados Unidos y, por otro, de fomentar la distribución intraeuropea de dichas
películas y programas.
4.4.5. ¿Cómo lograr la adhesión de los ciudadanos europeos?. La
Europa de los ciudadanos, que apenas acaba de nacer, ha de basarse también en
la multiplicación de los símbolos de identificación común, tales como el pasaporte
europeo, en circulación desde 1985, el himno (Himno a la Alegría de Beethoven) y
la bandera (un círculo de doce estrellas doradas sobre fondo azul). Desde 1996
se expide en los Estados de la Unión un permiso de conducir europeo.
La elección directa del Parlamento Europeo desde 1979 ha establecido un
vínculo de legitimidad directa entre el proceso de unificación y la voluntad popular.
Debe profundizarse la Europa democrática, mediante el incremento del papel del
Parlamento, mediante un mayor compromiso de los ciudadanos a través de las
asociaciones y las formaciones políticas y mediante la creación de verdaderos
partidos europeos.
La puesta en circulación de la moneda única el 1 de enero de 2002 tiene un
efecto psicológico decisivo.
Los consumidores gestionan en sus cuentas
bancarias en euros. Gracias a la fijación de los precios de los bienes de consumo
y de los servicios en la misma moneda en la mayor parte del territorio de la Unión,
los consumidores tienen una visión completamente transparente del mercado. La
supresión de los controles de policía en las fronteras intracomunitarias de los
países miembros de los acuerdos de Schengen (a los que se irá abriendo
progresivamente el conjunto de los países de la Unión) ya está incrementando la
conciencia de pertenecer a un espacio unificado.
Para acercar la Unión Europea al ciudadano europeo, el Tratado de la
Unión Europea ha creado la figura del Defensor del Pueblo. El Parlamento
Europeo designa al Defensor del Pueblo, también llamado Mediador u
Ombudsman según la tradición escandinava, para el período de tiempo de su
legislatura. Su mandato le habilita para recibir las quejas contra las instituciones o
los organismos comunitarios. Todos los ciudadanos de la Unión y todas las
personas físicas y jurídicas que residan o tengan su sede social en un Estado
miembro pueden acudir al Defensor del Pueblo. Cuando se le presenta una
denuncia, el Defensor del pueblo europeo, intenta resolver de mutuo acuerdo el
litigio con las instituciones comunitarias.
Además, la práctica establecida del Parlamento Europeo consistente en
aceptar peticiones de todas las personas residentes en un Estado miembro sigue
siendo un vínculo importante entre los ciudadanos y las instituciones.
“No coaligamos Estados, unimos hombres”, decía ya en 1952 Jean Monnet.
La adhesión de la opinión pública a la idea europea sigue siendo el gran reto al
que deben hacer frente las instituciones.
“Llegará un día en que todas las naciones del continente, sin perder su
idiosincrasia o su gloriosa individualidad, se fundirán estrechamente en
una unidad superior y constituirán la fraternidad europea. Llegará un día
en que no habrá otros campos de batalla que los mercados abriéndose a
las ideas. Llegará un día en que las balas y las bombas serán
reemplazadas por los votos”.
Víctor Hugo. 1849
No cabe duda que el antiguo adagio “la unión hace la fuerza”, conserva hoy
en día toda su pertinencia para los europeos. De acuerdo a lo expuesto, la Unión
Europea propugna una concepción humanista y progresista del hombre, que no
debe simplemente padecer los efectos de la globalización y los cambios
tecnológicos, sino que le corresponde asumir una posición central de ser el
protagonista de los cambios, controlarlos y decidir hacia donde los dirige. El
principio de subsidiariedad, considerado fundamental en la toma de decisiones,
marca el equilibrio que permite que la UE y sus instituciones intervengan
únicamente en la medida en que una acción comunitaria es más eficaz que una
acción nacional o local, lo que garantiza que no se produzcan injerencias inútiles
en la vida ciudadana. Al consolidarse la identidad europea, ésta debe preservarse
como un elemento valioso que permita a los pueblos hacer realidad el sueño de
Víctor Hugo.
CAPITULO 5.
EL TRABAJO SOCIAL EN EL MARCO DE LA EUROPA ACTUAL
5.1. Marco de actuación del Trabajo Social en Europa.
De acuerdo a lo expuesto por Dámaso Morales, Investigador y Secretario
Académico del centro de Estudios Europeos de la Universidad Autónoma de
México –UNAM-, en su documento La Política Social en la Unión Europea, la
política de cohesión social de la Unión Europea, tiene algunas características
básicas, las que consideraremos para enmarcar el Trabajo Social de hoy22.
La metodología utilizada para el análisis de la política social europea se
ubica básicamente en dos vertientes:
•
•
La descripción de la diversidad y convergencia de las política sociales de
los Estados miembros. En esta tarea se identifican las políticas similares
que, en conjunto, son denominadas como modelo social europeo, con el
establecimiento de metas comunes; y
La presentación de las políticas sociales de la Unión Europea.
La pregunta que debe resolverse no es únicamente cómo se compone la
política social de los diferentes Estados europeos, sino cómo se constituye una
política social europea. ¿Hacia qué problemas o sectores se enfoca? ¿Cuáles son
sus límites y cobertura? Respuestas, que se ubican en el debate del Estado de
bienestar o un Estado más liberal.
No existe un concepto único de política social. Se puede hablar de una
Europa social que corresponde, en todo caso, a la estructura social, el desarrollo
económico y el sistema de valores particulares de cada Estado miembro, pero que
a partir de la convergencia y del establecimiento de metas mínimas comunes se
crea un marco general.
El concepto mismo de política social es complejo y dinámico y va
evolucionando de acuerdo a los factores antes mencionados. La UNICEF ofrece
una canasta de conceptos básicos que ayudan al análisis:
•
•
•
22
Política social: “un conjunto de medidas que busca lograr un cierto nivel de
bienestar social o seguridad ya sea para la población en su totalidad o
grupos de ésta”
Seguridad Social: “Programas de seguro y asistencia social que buscan
otorgar seguridad existencial a la población”
Programas de Asistencia Social: “Instrumentos de transferencia pública
financiados por el gobierno a ciertas personas necesitadas, que cumplen
con ciertas condiciones para ser elegibles para recibir una ayuda regular u
ocasional”
MORALES, Dámaso. La Política Social en la Unión Europea. Centro de Estudios Europeos. UNAM.
•
Beneficios universales: “recursos sociales disponibles para los ciudadanos
de una nación o residentes de la misma como un derecho, con
independencia de su historial laboral o ingreso”
Los conceptos aportados por UNICEF tienen la ventaja de ser lo
suficientemente amplios para no comprometerse con ningún sistema de seguridad
social en particular y, por el contrario, albergar a diferentes esquemas. Empero,
deben añadirse al concepto otros elementos, como el hecho de que las políticas
se organizan en un orden normativo y programas de acción necesarios para cubrir
las necesidades reconocidas por el grupo social como básicas y para el
mantenimiento del orden social.
De acuerdo con esta lógica, cada país construye su sistema de seguridad
social y, en consecuencia, existe una gran diversidad de esquemas sociales. El
reto consiste, entonces, en la formación de un espacio social común.
5.1.1. La importancia de la política social en el desarrollo humano. La
idea misma de atender las necesidades de los menos favorecidos surge de la
naturaleza humana. Algunos estudios antropológicos, como el del historiador
Stewart Easton, señalan que la supervivencia del hombre primitivo, organizado en
tribus o clanes, no se explica por la idea darvinista del éxito del más apto, pero sí
por la idea de la cooperación y de la ayuda mutua.
No es posible concebir una estructura social, organizada política y
económicamente, en donde se suprima cualquier tipo de ayuda social. El
desarrollo humano mismo no podría explicarse sin esta premisa. Si se atiende a
las teorías de función social y conflicto (reseñadas por Charles Prigmore), existen
cuatro procesos básicos de interacción social: competencia, conflicto, acomodo y
asimilación. En un primer momento se compite por los recursos escasos, lo cual
lleva al conflicto; al concluir éste, las estructuras sociales se reacomodan y ajustan
confundiéndose en un tipo nuevo de organización social que recupera las
tradiciones de las partes. El conflicto es sólo un paso en el desarrollo humano,
pero la cooperación es la garantía de su supervivencia.
La tradición judeo – cristiana reconoce y otorga un valor moral y ético a la
idea de asistencia al prójimo, la cual fue retomada posteriormente por el imperio
romano y dispersada por el resto de Europa. El fortalecimiento de una Iglesia
católica, como institución, y sus vínculos con las estructuras de poder
centralizaron las formas y medios en que se concebía y otorgaba ayuda social.
Ésta sólo podía ser por conducto de la propia Iglesia.
El determinismo católico en la explicación de la condición humana y consejo
para soportar con estoicismo los sufrimientos –incluso los aplicados por el
hombre-, fueron seriamente dañados por una actitud más crítica y humana,
impulsada por la reforma protestante de Lutero. Se pusieron en tela de juicio
muchas de las doctrinas de la confesión católica y se descubrió que no era
necesario el sufrimiento en este mundo para alcanzar la felicidad en el otro. Se
pasó de una actitud pasiva a una activa.
Si bien el protestantismo también favorecía la caridad, introdujeron dos
nuevos elementos nuevos: el trabajo y su valor. Incluso algunas tradiciones
protestantes, como la puritana o la calvinista, concedieron al éxito económico un
indicador de la salvación personal. La holgazanería era una forma de pecado. Se
reconocía la caridad como medio de ayuda a los menesterosos, pero había que
trabajar para salir de tal condición. Bajo esta lógica, cualquier persona con
posibilidades de trabajar no necesita caridad social.
Otra visión que hoy en día persiste en el debate junto con la tradición
anterior, es la humanista. Entre sus precursores sobresalen Locke y Rousseau.
Estos autores avanzan la idea de un “contrato social” que prescribe una
organización social que dé respuesta a las necesidades comunes de todos los
miembros de la sociedad. Se advierte en esta visión una idea de solidaridad
social y la idea de igualdad de todos los seres humanos y la obligación del Estado
de proveer los medios de supervivencia al pueblo. Este pensamiento reconoce
que hay ciertas necesidades que deben ser cubiertas por los gobiernos y que la
existencia de un acuerdo social sea tal que garantice a cada miembro de ella una
vida digna y libre.
El desarrollo del pensamiento científico, acompañado del avance técnico y
el crecimiento económico, abrió nuevas posibilidades interpretativas del bienestar
social. En el ámbito económico, Adam Smith avanzó hacia su premisa que se
resume en la frase de “dejar hace y dejar pasar”, adoptada por algunos como
doctrina. Es decir, un sistema económico eficiente y productivo se alcanza
minimizando la intervención gubernamental en las actividades económicas. Esta
idea era compatible con la ética protestante.
La explicación de la lucha por la supervivencia fue fortalecida con los
trabajos de Malthus, que desarrolló una tesis sobre el crecimiento de la población
y la capacidad de producir alimentos.
Años más tarde, la investigación
desarrollada por Darwin que publicó bajo el título de “El Origen de las Especies”,
produjo conceptos como la supervivencia del más apto y edificó los cimientos para
su aplicación social. En efecto, el filósofo inglés Herbert Spencer, retomando la
teoría de Darwin, prefiguró el concepto de darwinismo social.
La asistencia social –otrora acto de fe y humanismo- fue entonces valorada
en términos monetarios. La política social tenía un costo y alguien tenía que pagar
por ella. Las ideas primigenias de quién debe costear la asistencia social, en qué
debe consistir ésta y a quién debe dirigirse, comenzaron a tomar forma. Las
anteriores interpretaciones abrieron el debate, persistente hasta nuestros días,
entre los que pensaban que la sociedad debía proveer programas de asistencia
social para las personas necesitadas y quienes argumentaban que era
responsabilidad individual.
Se creó una división entre lo que posteriormente se conocería como
programas de bienestar formales, bajo auspicios públicos o privados y programas
de bienestar informales, ofrecido por parientes, amigos, vecinos e iglesias, en el
nombre de la caridad.
A muchos años de distancia, las mismas cuestiones subsisten y forman
parte del deber actual en la UE. Se busca construir una política social allende las
tradiciones nacionales de los Estados miembros. Se reconoce que el proceso de
unificación puede significar inequidades regionales y sociales. Los actores
comunitarios, estatales, no gubernamentales y transnacionales intentan incorporar
sus visiones acerca de la política social comunitaria, creando una mezcla que da
por resultado una dimensión o espacio social europeo complejo.
Más allá de la compleja descripción de los procedimientos de la
construcción social europea, deben reconocerse dos elementos que sin lugar a
dudas impulsan dicha construcción: el diálogo social y la legislación.
Se debe añadir la apreciación de Philippe Schoutheete, cuando apunta que
en la política social se opera la solidaridad, el diálogo social y la cooperación,
vinculados a una estructura jurídica e institucional que reconoce un ámbito de
diversidades y conduce, dentro de un marco legal, a elaborar políticas sociales
coordinadas. Añade que la supranacionalidad convive con otros niveles de
gobierno y control, locales, regionales, nacionales y europeos, que otorgan una
nueva dimensión al proceso en su conjunto.
La práctica profesional del trabajador social en Europa se da en el marco de
las políticas sociales, debiendo ser éstas su marco de referencia general para
poder operativizarlas a nivel micro, lo importante radica en el hecho de que cuenta
con lineamientos generales que guíen su actuación profesional y que por ser a
nivel de la UE les permite realimentar su experiencia profesional desde otras
experiencias similares y socializar las propias. Es importante además reconocer
que existen legislaciones que dan certeza jurídica a su quehacer profesional en el
marco de los acuerdos logrados en la Unión y que buscan el bienestar de los
grupos sociales desprotegidos.
5.2. Concepción del Trabajo Social en Europa:
En el Congreso Internacional de Trabajadores Sociales, realizado en
Santiago de Cuba, del 24 al 29 de septiembre del año 2001, Tom Johannesen,
Secretario General de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales, con
sede en Berna Suiza, expuso:
“La asistencia social no es un concepto neutro, sino que está cargado de
valores, emociones y connotaciones que colocan a los asuntos morales y los
valores normativos en primer lugar. En muchas partes del mundo, la noción de
comunidad se ve amenazada en una cultura competitiva. Neo – individualismo se
contrapone a comunidad, y los trabajadores sociales necesitan desarrollar
sociedades que puedan contrarrestar la creciente idea de que cada persona es
responsable sólo de él o de ella; en este sentido, son importantes los programas
educativos para todos los sectores de población. Existe sólo una forma de lograr
una seguridad real, y no es mediante el uso de la fuerza y de las armas, sino
mediante la construcción de sociedades no excluyentes y humanitarias”23.
Se debe reconocer que quizá la tarea más urgente de estos tiempos es
encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y el desarrollo social, y que
este reto debe compartirse entre gobernantes, eruditos y profesionales del área
social como los trabajadores sociales. El Embajador australiano ante las Naciones
Unidas, afirmó en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social celebrada en 1995
23
JOHANNESEN, Tom. Secretario General de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales. Berna,
Suiza. 2001.
en Copenhague, Dinamarca, que “el mundo no ha alcanzado aún el nivel de
madurez política para entender esta realidad y equilibrarla”.
Es muy diferente brindar asistencia social en algunas regiones, por ejemplo,
en algunas partes de África, donde los pobres constituyen el 50 o 75% de la
población, que hacerlo en los lugares donde los pobres constituyen de un 10 a un
15%.
Los pobres no deben ser considerados como una responsabilidad, sino
como el elemento creativo que contribuirá más que nada a erradicar la pobreza.
Las personas excluidas no quieren caridad, quieren una oportunidad, por ello es
importante un enfoque participativo para lograr el cambio, aunque al inicio tome
más tiempo y recursos que los enfoques tradicionales, los programas deben
realizarse por y con las personas y no para las personas.
Según la Federación Internacional de Trabajadores Sociales –FITS-,“los
trabajadores sociales profesionales, se dedican a fomentar el bienestar del ser
humano y a potenciar su realización, además de desarrollar y aplicar con
disciplina, tanto el saber científico relativo a las actividades humano sociales,
como los servicios sociales destinados a satisfacer las necesidades de
aspiraciones de individuos, grupos, nacional e internacional, teniendo siempre en
cuenta la promoción de la Política Social”.
Sigue exponiendo la –FITS- que según la resolución adoptada por los
delegados de los ministros en el Consejo de Europa, sobre el papel, formación y
Estatuto de los Asistente Sociales: “La asistencia social es una actividad
profesional específica dispuesta a favorecer una mejor adaptación recíproca de las
personas, de la familia, de los grupos y del medio social en el cual viven, y
desarrollar el entendimiento de dignidad y responsabilidad de los individuos,
haciendo una llamada a la capacidad de las personas, a las relaciones
interpersonales y a las fuentes de la colectividad”.
Continúa exponiendo la resolución, “de lo anterior se deduce que el trabajo
social es una profesión en la cual se están constantemente tomando decisiones
relativas a las personas, decisiones delicadas, ya que están en juego el bienestar
de estas personas y su libertad, conceptos con un alto grado de relatividad y por lo
tanto sujetos a provocar importantes conflictos de valores, más si se tiene en
cuenta la sociedad en la que vivimos y las entidades u organizaciones para las
cuales trabajamos, que puede tener unos intereses contrapuestos por una parte a
esos ciudadanos y por otra parte a los principios de la profesión”.
La conciencia ética es una parte necesaria de la práctica profesional de los
trabajadores sociales. Su capacidad y compromiso de actuar según principios
éticos es un aspecto fundamental de la calidad del servicio que ofrecen a quienes
hacen uso de los servicios de trabajo social.
Ante ello la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social y de la
Federación Internacional de Trabajo Social propone promover la reflexión y el
debate en las organizaciones miembros, entre los trabajadores sociales de los
países miembros, escuelas de trabajo social y estudiantes. Algunos de los retos y
problemas éticos a los que se enfrentan los trabajadores sociales son específicos
de determinados países, otros son comunes, lo que se pretende es reflexionar
sobre los retos y dilemas a los que se enfrentan y tomar decisiones éticamente
informadas sobre cómo actuar en cada caso concreto. Algunas de estas áreas
problemas son:
•
•
•
•
El hecho de que los trabajadores sociales están a menudo, en medio de un
conflicto de intereses
El hecho de que el trabajador social actúa a la vez para ayudar y para
controlar
Los conflictos entre el deber de los trabajadores sociales de proteger los
intereses de las personas con quienes trabajan y las demandas societales
de eficiente y utilidad
El hecho de que los recursos en la sociedad son limitados
El Documento Ética en el Trabajo Social. Declaración de Principios toma
como punto de partida la definición de trabajo social adoptada por la FITS en la
Asamblea General de Montreal, Canadá en julio de 2000 y más tarde con la
Asociación Internacional de Escuelas de Trajo Social -AIETS-, en Copenhague en
mayo de 2001. Esta definición enfatiza principios de derechos humanos y justicia
social. Se hace referencia, además a las diversas declaraciones y convenciones
sobre derechos humanos relevantes para el trabajo social, seguidas por una
declaración de principios éticos generales bajo los dos títulos de derechos
humanos y dignidad y justicia social.
5.2.1. Definición de Trabajo Social, según la Federación Internacional de
Trabajadores sociales y la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social
“El trabajo social promueve el cambio social, la resolución de problemas en las
relaciones humanas y el fortalecimiento y la liberación de las personas para
incrementar el bienestar. Mediante la utilización de teorías sobre comportamiento
humano y los sistemas sociales, el trabajo social interviene en los puntos en los
que las personas interactúan con su entorno. Los principios de Derechos
Humanos y Justicia Social son fundamentales para el trabajo social”.
5.2.2. Convenciones Internacionales. Las declaraciones y convenciones
internacionales de Derechos Humanos constituyen los estándares comunes de
consecución, y reconocen derechos que son aceptados por la comunidad
internacional. Documentos especialmente relevantes para la práctica y acción del
trabajo social son:
•
•
•
•
•
Declaración Universal de Derechos Humanos
Convención Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos
Convención Internacional sobre Derechos Económicos Sociales y
Culturales
Convención para la eliminación de todas las formas de Discriminación
Racial
Convención para la eliminación de todas las formas de Discriminación
contra la mujer
•
•
Convención sobre los Derechos del Niño
Convención sobre Pueblos Indígenas y Tribales
5.2.3. Principio: Derechos Humanos y Dignidad Humana. El trabajo
social se basa en el respeto al valor y dignidad inherente a todas las
personas, y a los derechos que de ellos se desprenden. Los trabajadores
sociales deben apoyar y defender la integridad y bienestar físico,
psicológico emocional y espiritual de cada persona, esto significa:
•
•
•
•
Respetar el derecho a la autodeterminación. Los trabajadores sociales
deben respetar y promover el derecho de las personas a tomar sus propias
decisiones y elecciones, sin consideraciones a sus valores y opciones de
vida, siempre que no amenacen los derechos e intereses legítimos de otros.
Promover el derecho a la participación. Los trabajadores sociales deben
promover el compromiso pleno y la participación de los usuarios para
capacitarles en la toma de decisiones y acciones que afectan a sus vidas.
Tratar a cada persona como un todo. Los trabajadores sociales deben
intervenir con la persona en su totalidad, con la familia, la comunidad y el
entorno social y natural, y tener en cuenta todos los aspectos que influyen
en la vida de una persona.
Identificar y desarrollar cualidades. Los trabajadores sociales deben
concentrarse en el potencial de las personas, grupos y comunidades y
promover su empoderamiento.
5.2.4. Principio. Justicia Social. Los trabajadores sociales tienen la
responsabilidad de promover la justicia social, en relación con la sociedad
en general, y en relación a las personas con las que trabajan, esto significa:
•
•
•
•
Desafiar la discriminación negativa. Los trabajadores sociales tienen la
responsabilidad de desafiar la discriminación negativa por razones de
capacidad, edad, cultura, género o sexo, estado civil, estatus
socioeconómico, opiniones políticas, color de la piel u otras características
físicas, orientación sexual o creencias espirituales.
Reconocer la diversidad. Los trabajadores sociales deben reconocer y
respetar la diversidad étnica y cultural de las sociedades en las que
trabajan, teniendo en cuenta las diferencias individuales, familiares,
grupales y comunitarias
Distribuir los recursos equitativamente. Los trabajadores sociales deben
asegurarse de que los recursos a su disposición se distribuyen de forma
justa de acuerdo a la necesidad.
Desafiar las políticas y acciones injustas. Los trabajadores sociales
tienen el deber de dirigir la atención de empleadores, responsables de
política, políticos y de la sociedad en general a aquella situaciones en las
que las personas viven en pobreza, los recursos son inadecuados o la
distribución de recursos, políticas y prácticas son opresivas, injustas o
perjudiciales
•
Trabajar en solidaridad. Los trabajadores sociales tienen la obligación de
desafiar las condiciones sociales que contribuyen a la exclusión social,
estigmatización o subyugación, y trabajar hacia una sociedad inclusiva.
5.2.5. Conducta Profesional. Es responsabilidad de las asociaciones
miembros de la FITS desarrollar y actualizar regularmente los códigos de ética o
directrices éticas consecuentes con esta declaración.
Es también su
responsabilidad informar los trabajadores sociales de escuelas de trabajo social de
estos códigos directrices. Los trabajadores sociales deben actuar con arreglo al
código o directrices de ética vigentes en su país.
Las siguientes orientaciones generales sobre la conducta profesional se
refieren a:
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
Se espera que los trabajadores sociales desarrollen y mantengan las
técnicas y competencias necesarias para desarrollar su trabajo
Los trabajadores sociales no deben permitir que sus capacidades se utilicen
para propósitos inhumanos tales como la tortura o terrorismo
Los trabajadores sociales deben actuar con integridad. Es decir, no abusar
de la relación de confianza con los usuarios, reconocer los límites entre la
vida personal y profesional, y no abusar de su posición para beneficios o
ganancias personales.
Los trabajadores sociales deben actuar con las/os usuarias/os de sus
servicios con empatía y atención.
Los trabajadores sociales no deben subordinar las necesidades e intereses
de las/os usuarias/os a sus propias necesidades o intereses
Los trabajadores sociales tienen el deber de hacer lo necesario para cuidar
de ellos mismos profesional y personalmente en el lugar de trabajo y en la
sociedad, para asegurarse de que pueden ofrecer los servicios adecuados.
Los trabajadores sociales deben mantener la confidencialidad de la
información de los usuarios, el secreto profesional. Las excepciones solo
estarán justificadas por requerimientos éticos mayores (como preservar la
vida)
Los trabajadores sociales tienen que reconocer la responsabilidad de sus
acciones ante sus clientes, las personas con las que trabajan, sus colegas,
sus empleadores, las organizaciones profesionales y ante la ley, y que
estas responsabilidades pueden ser conflictivas
Los trabajadores sociales tienen el deber de colaborar con las escuelas de
trabajo social para apoyar a los estudiantes de trabajo social a obtener
prácticas de formación de buena calidad y mejorar su conocimiento práctico
Los trabajadores sociales deben promover y fomentar el debate ético entre
sus colegas y empleadores y asumir la responsabilidad de tomar decisiones
éticamente informadas
Los trabajadores sociales deben estar preparados para explicar sus
decisiones basadas en consideraciones éticas y ser responsables de sus
elecciones y acciones
•
Los trabajadores sociales deben trabajar para generar condiciones en sus
agencias de empleo y en sus países donde los principios de esta
declaración y los de los códigos de ética nacionales (si los hay) sean
debatidos, evaluados y defendidos
La Unión Europea, refiriéndose de esta forma a los países que la
conforman, denotan en sus luchas y conquistas, avances en cuanto a la
concepción de la asistencia social, llamada hoy trabajo social y no conlleva
únicamente un cambio de nombre, sino cambio de paradigmas en la formación y
acción profesional. Dentro del marco de la globalización, el trabajo social no
queda fuera, sino que pretende abordar sus retos de forma innovadora, partiendo
de que la globalización es una creación humana y política cuyo curso puede
cambiarse, de manera que incluya, no sólo factores económicos, sino también
sociales y humanitarios, dentro de un sistema supranacional, donde existe un solo
mundo, cada vez más interrelacionado e interdependiente, donde el comercio, la
inversión y las finanzas internacionales crecen más rápido que las economías
nacionales y donde las tecnologías han transformado las formas de comunicarnos,
un mundo donde además los seres humanos sufrimos de la contaminación que no
tiene fronteras, de las enfermedades transmisibles, la violencia y el terrorismo, son
nuevas oportunidades para que los trabajadores sociales desarrollen su potencial,
pero también significa riesgos. No podemos echar atrás la globalización, pero
necesitamos tener esperanza y crear medios que generen la inclusión, no el temor
y la inseguridad. La globalización debiera ser beneficiosa para todos y no sólo
para unos pocos.
5.3. La Función Social que desarrolla el Trabajo Social.
La Conferencia de Directores de Escuelas de Trabajo Social, tomando en
cuenta los cambios radicales del contexto europeo, reflexiona sobre la función
social que corresponde desarrollar al Trabajo Social en la Europa de hoy,
exponiendo sobre el tema textualmente lo siguiente:
“El contexto social, económico, tecnológico y cultural en el cual se inscribe
el trabajo social presenta características nuevas que plantean mayores exigencias
en la formación de los trabajadores sociales: la globalización económica plantea
nuevos escenarios en la política social. Las tecnologías de la información y
comunicación conllevan nuevas formas de exclusión y marginación social distintas
a las ya existentes. El progresivo envejecimiento de la población supone un
aumento en la atención y cuidado de la población. El creciente individualismo de
nuestra sociedad se asocia a cambos en la familia e incrementa las situaciones de
inestabilidad y convivencia. El fenómeno de la inmigración abre un debate político
sobre la integración de estos colectivos y pone a prueba la capacidad de cohesión
de nuestra sociedad. La evolución de las políticas sociales en el contexto europeo
y la emergencia de un modelo pluralista de Estado de Bienestar generan una
revisión del papel de los distintos sectores y actores implicados en la provisión de
servicios de bienestar. El avance de los derechos sociales obliga a revisar los
sistemas de protección y financiación para consolidarse como verdaderos
derechos de ciudadanía.
En este contexto, el Trabajo Social promueve el bienestar social de
individuos, grupos y comunidades, facilita la cohesión social en períodos de
cambio y apoya y protege a los miembros vulnerables de la comunidad, trabajando
en común con los usuarios de los servicios, las comunidades y otras profesiones.
Mayoritariamente los individuos son capaces de enfrentarse por sí solos, o con la
ayuda de la familia y otras redes de proximidad, a los cambios o a las dificultades
por las que atraviesa. Pero no es menos cierto que cualquier persona, en algún
momento de su vida, puede ver reducida su capacidad para actuar de forma
autónoma. En estas ocasiones, se necesita ayuda profesional, siendo éste uno de
los ámbitos donde actúa el trabajador social.
De este modo, los trabajadores sociales contribuyen de forma esencial a
promover la cohesión social, tanto mediante la prevención como luchando contra
los problemas existentes. Así pues, entendemos que el Trabajo Social es una
inversión en el bienestar futuro de Europa, como sostiene el propio Comité de
Ministros del Consejo de Europa.
5.3.1. Del perfil y las competencias del nuevo trabajador social. Las
competencias de los trabajadores sociales, por tanto, deben responder a las
nuevas exigencias del mercado de trabajo y deben, igualmente, avanzar en su
conquista, mejorando el nivel de la formación profesional para ocupar el espacio
del trabajo social que no es otro que el de la acción social.
Entendemos la competencia como una interacción dinámica entre distintos
acervos de conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y aptitudes
movilizados según la característica del contexto y desempeño en que se
encuentre el profesional del Trabajo Social.
Igualmente entendemos por perfil profesional del trabajador social el
conjunto de competencias técnicas:
•
•
•
•
Conocimientos
Metodológicas - habilidades
De relación - participativasPersonales - cualidades y actitudes
- saber- saber hacer- saber estar- y
- saber ser -
Que permiten al trabajador social acceder a una determinada organización
(donde) en la que desarrollará una función orgánica (qué) desde una perspectiva
profesional concreta (cómo)
El Trabajo Social en cuanto disciplina parte de una concepción del ser
humano como “ser en permanente interacción con su medio”, y tiene como
objetivo específico las relaciones entre los seres humanos y entre éstos y su
medio, especialmente los grupos y las instituciones sociales. De ello se derivan
varios objetivos interrelacionados:
•
Contribuir a disminuir la desigualdad e injusticia social, facilitando la
integración social de los grupos de personas marginadas, excluidas
socialmente, económicamente desfavorecidas, vulnerable y en situación
de riesgo.
•
•
•
Contribuir a que las personas, los grupos, las organizaciones y
comunidades desarrollen destrezas personales e interpersonales que
aumenten su poder para enfrentarse a las fuerzas sociales que inciden en
su marginación
Asistir y movilizar a los individuos, las familias, los grupos, las
organizaciones y las comunidades con el fin de mejorar su bienestar y su
capacidad para resolver sus problemas.
Dar a conocer las oportunidades que los grupos sociales tienen a su
disposición, motivarles para tener acceso a esas oportunidades y ayudar a
las personas, familias y grupos sociales a desarrollar las respuestas
emocionales, intelectuales y sociales necesarias para permitirles
aprovechar esas oportunidades sin que tengan que renunciar a sus rasgos
personales, culturales y de origen
Los trabajadores sociales realizan su actividad profesional en diversas
áreas profesionales ente las que podemos mencionar las siguientes:
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Asistencia. Mediante la detección y análisis de las necesidades sociales y
la facilitación del acceso a la información a todo ciudadano, los
trabajadores sociales facilitan el desarrollo de las capacidades y facultades
de las personas, familias, grupos, organizaciones y comunidades para
afrontar por sí mismos presentes o futuras situaciones de dificultad social
en que estén insertos. Asimismo, los trabajadores sociales gestionan
recursos humanos y organizativos, contribuyendo así a la administración
de las prestaciones de responsabilidad pública, su distribución y la
protección de las poblaciones más dependientes, según los derechos
reconocidos por el Estado social.
Prevención. El trabajador social, en equipo con otros profesionales, y
como uno más de los profesionales de las relaciones humanas y del
bienestar social, trata de adelantarse y prevenir la constante reproducción
de la marginalidad, de la exclusión social, de la desafiliación, de la pobreza
y de la vulnerabilidad social, fenómenos todos productos de la pobreza
estructural de los países desarrollados, fuente de desaliento, protesta,
violencia social y que afectan a la convivencia ciudadana.
Promoción y Educación. El trabajador social une a la función preventiva
una labor educacional que ayuda a las personas y grupos sociales a hacer
uso de las oportunidades y la promoción de otras oportunidades
personales y sociales.
Mediación y Arbitraje. El trabajador social trabaja en la resolución de los
conflictos que afectan a las familias y grupos sociales en el interior de sus
relaciones y con su entorno social.
Rehabilitación. El trabajador social contribuye al bienestar y posibilita la
integración social de aquellas personas y colectivos que por razones
personales o sociales se encuentran en una situación de desventaja social.
Planificación, Análisis de Procesos Sociales y Necesidades y
Evaluación. A partir del conocimiento y análisis de procesos sociales y
•
•
necesidades, el trabajador social trabaja en la planificación y evaluación en
los microsistemas mediante el diseño y ejecución de planes, programas y
proyectos sociales, así como en un nivel estratégico, contribuye a la
formulación de políticas sociales autónomas, nacionales, europeas e
internacionales.
Gerencia y Administración. El trabajador social trabaja en la gerencia y
administración de los servicios sociales, mediante la organización,
dirección y coordinación de los mismos
Investigación y Docencia. El trabajador social estará obligado no sólo a la
investigación inherente a las funciones señaladas sino a las que se
relacionan con su propio trabajo profesional para revisarlo
permanentemente y buscar nuevas formas de enfocar y afrontar los
problemas vitales a que debe dar respuesta. A su vez, esos conocimientos
acumulados y esas experiencias vividas habrá de ponerlas
permanentemente a disposición de los colegas y, particularmente, de los
futuros nuevos profesionales que aprenderán de los libros y de su trabajo
personal tanto como de la relación directa en el propio campo de trabajo.
Por otra parte, el trabajador social aumenta su conocimiento de la realidad
social mediante la investigación para tratar de modificar las prácticas
sociales que crean desigualdad e injusticia social y, por lo tanto,
condicionan el desarrollo autónomo de los sujetos.
Entendemos que el trabajador social es un profesional de la acción social
que tiene una comprensión amplia de las estructuras y procesos sociales, el
cambio social y del comportamiento humano, que le capacita para:
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•
Intervenir en las situaciones (problemas) sociales (de malestar) que viven
individuos, familias, grupos, organizaciones y comunidades, asistiendo,
manejando conflictos y ejerciendo mediación.
Participar en la formulación de Políticas Sociales y contribuir a la
ciudadanía activa mediante el empoderamiento y la garantía de los
derechos sociales.
Contribuir junto con otros profesionales de la acción social a la integración
social de personas, familias, grupos, organizaciones y comunidades, la
constitución de una sociedad cohesionada y el desarrollo de la calidad de
vida y del bienestar social.
Trabajar y valorar de manera conjunta con personas, familias, grupos,
organizaciones y comunidades sus necesidades y circunstancias.
Capacitar para planificar, implementar, revisar y evaluar la práctica del
trabajo social con personas, familias, grupos, organizaciones y
comunidades y con otros profesionales
Saber apoyar a las personas para que sean capaces de manifestar las
necesidades, puntos de vista y circunstancias.
Competencia para actuar en la resolución de las situaciones de riesgo con
los usuarios
•
•
Saber administrar y ser responsable, con supervisión y apoyo, de la propia
práctica dentro de las organizaciones donde desarrolla su actividad
profesional
Demostrar competencia profesional en la investigación, evaluación y
utilización del conocimiento actual en las mejores prácticas del trabajo
social.
La relevancia de estas competencias dentro del mercado laboral europeo
deben ser enmarcas en una forma orientada a las profesiones dentro de un
ambiente académico que garantice una formación sólida, en la que fundamentos,
técnicas, habilidades y aptitudes se adquieran en un marco temporal de 4 años y
240 créditos.
La recomendación adoptada por el Comité de Ministros del Consejo de
Europa el 17 de enero de 2001 a los países miembros sobre los trabajadores
sociales, pone de manifiesto la contribución del Trabajo Social al desarrollo
humano y a la promoción de la cohesión social, tanto mediante la prevención
como luchando contra los problemas existentes.
Esta recomendación reconoce que la naturaleza del Trabajo Social
profesional requiere el más alto nivel de responsabilidad en la toma de decisiones
y que elevados niveles de competencia requieren la formación profesional
adecuada, en la que la investigación es fundamental para el desarrollo del Trabajo
Social.
La Comisión Europea, considera que la evolución de las formas de vivir, la
transformación de las estructuras y de las relaciones familiares, el aumento de la
actividad de las mujeres, las nuevas aspiraciones de una población anciana e
incluso muy anciana, están provocando muchas necesidades que actualmente
siguen insatisfechas. Destaca, igualmente la necesidad de reparar los daños
ocasionados al medio y de rehabilitar los barrios urbanos más desfavorecidos.
Ante la envergadura de las necesidades que hay que satisfacer, en el Libro Blanco
sobre crecimiento, competitividad y empleo, la comisión Europea afirma que ir al
encuentro de estas nuevas necesidades es una de las prioridades de acción al
servicio del empleo, ya que el crecimiento no constituye toda la respuesta al
servicio del desempleo.
Ante los importantes obstáculos que existen en el mercado, tanto por el
lado de la oferta como de la demanda, para dar respuesta a las nuevas
necesidades, se destaca la protección social como uno de los pilares, entre otros,
de los sistemas nacionales de empleo. En este sentido, y si bien las posibilidades
de creación de empleo dependen en gran medida de las estructuras y servicios
que existen en cada país, de los estilos de vida, y de los regímenes fiscales en
vigor, la Comisión Europea no duda en considerar los servicios de proximidad
(ayuda a domicilio a personas mayores y con minusvalía, preparación de comidas
y tareas domésticas, guarderías, asistencia a jóvenes en dificultad,
acompañamiento de los más desfavorecidos, etc.), la mejora de las condiciones
de vida y la protección del medio ambiente, como espacios idóneos para el
desarrollo de nuevos yacimientos de empleo. El Trabajo Social, por su perfil y
competencias profesionales, se convierte en un profesional capital en el desarrollo
de estos nuevos yacimientos de empleo, generando no sólo mayores
oportunidades de empleo para todos, sino también contribuyendo a mantener el
bienestar de las poblaciones.”24
La función social del trabajador social, como se ha visto con anterioridad,
debe estar enmarcado en la Europa de hoy, dentro de los contextos político,
económico, social y cultural, desde la Unión Europea y al mismo desde cada país
de la Unión Europea, para no descontextualizar las acciones que se tomen en
beneficio de los sectores excluidos de la sociedad europea; para ello el profesional
debe reunir calidades, cualidades y competencias; y tener un perfil profesional que
le permita responder de forma eficaz y eficiente a las demandas de un mundo con
nuevas necesidades, intereses y problemas. Las respuestas a la sociedad actual
no pueden ser las mismas de las del siglo XIX, ni siquiera a las del inicio del siglo
XX, lo que significa que al ritmo que la sociedad cambia, debe cambiar la
proyección profesional, su visión, su misión, sus escenarios y los profesionales,
deberán cambiar en cuanto a su actitud, rompiendo paradigmas, orientando su
formación y actualización hacia el acompañamiento de personas, grupos,
organizaciones y comunidades que demandan nuevas soluciones a nuevos
problemas.
24
El Trabajo Social en el Espacio Europeo, con un Perfil propio y diferenciado.
www.cgtrabajosocial.es.ifsw.org
CONCLUSION
Desde tiempos antiguos, la ayuda a los más necesitados en Europa, al igual
que en el resto del mundo ha ido evolucionando al ritmo que evoluciona la
sociedad en sus diferentes etapas de la historia, la asistencia social ha venido
ocupando diferentes espacios en la organización social. De la mano de la religión,
la filosofía, la ética, las leyes y la ciencia, ha intentado siempre cooperar en el
proceso de humanización de las personas, familias, grupos, organizaciones y
comunidades en las sociedades. Ha actuado, a veces, apoyándose únicamente en
la fuerza que da el hecho de luchar por la justicia, procurando contribuir a la
eliminación de situaciones que provocan marginación, vulnerabilidad y pobreza.
En otros momentos, su quehacer ha logrado una mayor sistematización y
organización. Hoy en día el Trabajo Social ocupa un lugar reconocido por la
organización social que a menudo es confundido y asimilado por las propias
estructuras administrativas y burocráticas de los Estados modernos.
La Asistencia Social ayer, el Trabajo Social hoy, será siempre una práctica
social condicionada por situaciones contextuales, aunque éstas pueden ser
influenciadas por las prácticas sociales; la práctica social que siempre está
condicionada por una situación puede contribuir a producir cambios o
transformaciones en la sociedad, o bien puede servir para mantenerla. Estas
prácticas sociales a través de la historia no nacen del vacío, se derivan de
realidades sociales concretas que se dan en situaciones históricas específicas
Por tanto, la asistencia social como forma de ayuda al necesitado existe
desde el origen del hombre, de forma solidarista y con el objetivo de
supervivencia, continúa desarrollándose en la sociedad feudal, en medio de las
inequidades e injusticias, amparada en la religión e ideas filosóficas de esa época;
movimientos como el de los gremios fueron dando un giro distinto a la asistencia
social, ya que superada la idea de ayudar por amor a Dios y al prójimo, surge la
satisfacción de necesidades como un derecho inherente al hombre, con la
limitante que amparaba únicamente a los agremiados, más tarde y en el marco del
surgimiento del Estado, la asistencia social se institucionaliza como un derecho de
todos los ciudadanos, empezándose a ensayar diversas formas de administrarse,
sistematizándose experiencias, hasta llegar al seno de las universidades donde su
formación social - humanística se fortalece con conocimientos científicos que
respaldan su acción profesional.
El trabajador social de hoy, en cualquier parte del planeta, tendrá que
aprender a asumir la complejidad creciente del mundo en que vivimos, hay que
superar la simplificación y la unidimensionalización del modo de pensar, para ello
es necesario adquirir una nueva actitud profesional que asuma la complejidad y
multidimensionalidad de los problemas sociales. La realidad social no es
homogénea y los colectivos de trabajo social tampoco lo son, de dama de caridad
que hacía visitas de ayuda y consuelo en el período pre-profesional, se pasó a los
técnicos en hacer caridad que asistían – eran asistentes- para resolver algunos
males sociales, de ser una vocación se transformó en una ocupación y luego en
una profesión.
El Trabajo Social europeo, inmerso hoy dentro del contexto comunitario de
la Unión Europea, sigue avanzando en la búsqueda del bienestar integral de sus
ciudadanos, desde su formación profesional que le permitan desarrollar
competencias de acuerdo a las exigencias de la globalización, hasta la proyección
de los nuevos campos de intervención profesional donde su presencia profesional
es importante dado el conocimiento teórico y práctico de su contexto. Los
trabajadores sociales de la Europa de hoy por el mismo enfoque comunitario que
a nivel macro presenta la unión de los Estados, se proyectan en la consecución de
objetivos comunes a nivel local con las personas, grupos y comunidades donde
realizan su actividad profesional, dando mayor énfasis a un proyecto de vida
comunitaria, donde todos las y los ciudadanos de la Unión vivan con libertad,
dignidad, justicia y equidad.
El trabajo Social que se practica en los Estados Unidos de América, por su
parte, se caracteriza por ser una práctica profesional donde pese a que se
trabajan con los mismos métodos de Trabajo Social: Casos, Grupos y Comunidad,
pone especial énfasis al Trabajo Social de Casos o Individual, lo cual no es más
que una respuesta al enfoque político, económico y social de una de las naciones
económicamente más poderosas del mundo, provocando el desarrollo individual
de las personas especialmente, y dando menos importancia al trabajo grupal y
comunitario.
En América Latina, los mismos métodos, diferentes realidades; mientras
que Europa y los Estados Unidos velan por el desarrollo integral de sus
habitantes, cada cual a su manera, atendiendo problemas de convivencia y
solidaridad, de una vejez digna y una niñez y juventud integral, en América Latina
todavía se cuestiona quién tiene la culpa de la pobreza de la mayoría de nuestros
pueblos, mientras que los trabajadores sociales en Europa y Estados Unidos
trabajan redes de apoyo para personas con problemas de sobrepeso, o diabetes,
para que tengan calidad de vida, los trabajadores sociales en Latinoamérica tienen
que ver de frente a la pobreza, con problemas de mortalidad infantil y materna que
pueden prevenirse, pero que no se hacen, nos corresponde acompañarla y sacar
fuerzas de flaqueza para inyectar esperanza de una vida mejor, propiciando una
proyección profesional crítica, constructiva, propositiva que conlleve conocimiento
de la realidad para que ésta nos lleve a la transformación, sino de estructuras
políticas, económicas y sociales, si a la transformación de las personas y los
grupos sociales quienes aplastados por la burocracia, se sienten perdidos en un
mundo donde la prepotencia de los fuertes, la corrupción, el cinismo y el
oportunismo parecieran ser las únicas formas de triunfar.
En Guatemala, de acuerdo a lo que expone el Licenciado Felipe de Jesús
Calderón en su trabajo de investigación “Una Historia Crítica del Trabajo Social en
Guatemala” expone hechos relevantes como: la institucionalización del Trabajo
Social y comprende los años de 1949 (creación de la primera Escuela de Trabajo
Social en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social) a 1954; la
Contrarrevolución, que conlleva al cercenamiento de la orientación inicial del
Trabajo Social, 1954 a 1958; la Creación de las otras Escuelas de Trabajo Social,
años 1959 a 1967; realización de los tres primeros Congresos Nacionales de
Trabajo social, de 1968 a 1979; la época de la represión (agudización de la guerra
interna) a nivel nacional, de 1979 a 1984 (creación de la Licenciatura en Trabajo
Social); agregándole la época de la apertura democrática, desde 1985 a la fecha,
que ha representado retos profundos a la formación y ejercicio del Trabajador
Social, ante los requerimientos de los modelos políticos, económicos y sociales en
los que está inmerso, sin embargo todavía no ha podido superar la práctica
tradicional y conservadora de ajuste y adaptación que se observa en la mayoría de
los profesionales, siendo un reto para las instituciones formadoras, organizaciones
gremiales y profesionales egresados inmersos en estas interrelaciones sociales
las de encarar desde otra perspectiva el abordaje de un trabajo social de mayor
impacto en beneficio de las mayorías.
El Trabajo Social hoy, puede y debe ir más allá de la dimensión científica,
metodológica y de la misma praxis, puede contribuir a que la persona no sea
reemplazada por el número de un expediente, o que quede reducida a un o una
cliente, tiene un compromiso, no con el sistema sino con las personas, el
compromiso de creer y trabajar por la posibilidad de una más plena realización del
ser humano y de una mayor humanización de la sociedad. Hacer que la sociedad
sea más humana no es objetivo de ninguna profesión, ni de la ciencia; pero
tenemos la certeza de que podemos contribuir en ello, en la medida en que no se
olvide que por encima de todo están las personas y que nuestro quehacer
profesional se visualice en la búsqueda de su bienestar con dignidad, libertad,
justicia y equidad.
Se necesita de un Trabajo Social más técnico y científico, ejercido por
trabajadores sociales cada vez más humanos, un trabajo social concebido como
acción liberadora, en tanto que orienta a las personas a la búsqueda de sus
potencialidades para integrarse a un sistema social como una persona con valores
más humanos y humanizadores, viviendo de tal forma que su estilo de vida sea
una pre figuración de la sociedad que quiere construir; trabajar, actuar, luchar
para cambiar la sociedad con medios y formas acordes a lo que quiere edificar, o
sea, provocar un cambio a nivel individual, grupal y comunal en los patrones de
conducta, aún cuando la sociedad en su conjunto siga funcionando con formas
alienantes, opresivas, deshumanizantes, buscar una nueva forma de vida, que lo
dignifique y que lo libere de las opresiones de la sociedad en que le toque vivir.
La historia es importante, para entender el presente, pero es hoy cuando
corresponde enfrentar los retos de la historia, es hoy, cuando el pueblo nos
requiere, es hoy cuando ya no se debe de actuar para el pueblo sino estar en el
pueblo y existir con el pueblo.
El aporte de la presente investigación al proceso de desarrollo de la
educación es importante visualizándolo desde la óptica holística, que tiene sus
bases en la formación de estudiantes auténticos y felices, que sean capaces de
proponer, resolver y actuar conforme a sus valores, que su discurso sea
consecuente con su práctica, que la formación que reciban perduren durante todas
las etapas de su vida, desde la niñez hasta llegar a ser adultos mayores, que sean
responsables y solidarios no sólo de su actuación y/o problemas personales sino
también de los de su sociedad o contexto donde interactúen, que sea integral
basado en valores humanos y morales que le permitan una actuación honesta e
íntegra, que enseñen con su vida. Lo que se requiere hoy del Trabajo Social
Guatemalteco, debe enmarcarse dentro de ésta óptica, para provocar dentro del
proceso de formación del estudiante un compromiso auténtico de un profesional al
servicio de su pueblo.
Exige de los docentes, vocación, entrega, compromiso, convicción y
formación, creer en que es posible llegar a desarrollar este nuevo paradigma
educativo, necesario para llegar a tener ciudadanos felices y comprometidos con
la construcción de una sociedad justa, democrática y equitativa.
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