1. LOS MOVIMIENTOS NATURALES DE POBLACIÓN Por

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1. LOS MOVIMIENTOS NATURALES DE POBLACIÓN
Por movimientos naturales de población entendemos aquellos que dependen
exclusivamente de la natalidad y la mortalidad. El “crecimiento natural o vegetativo” de
la población compone, junto con el saldo migratorio, el “crecimiento real” de la
población.
1.1 LA MORTALIDAD
La Tasa de Bruta de Mortalidad es el número de fallecidos en un año cada mil
habitantes. Se considera que es baja cuando está por debajo de 10 ‰ y alta si supera
el 15 ‰.
De los datos de la tabla y la gráfica se deduce que el descenso de la mortalidad
en España comienza a principios del siglo XX. En la segunda mitad del s. XIX las
tasas españolas eran muy altas, y además las hambrunas (1868, 1879, 1887 y 1898),
las epidemias (gripe, cólera) y las guerras (civiles, carlistas, coloniales en Cuba y
Filipinas) dan lugar a períodos catastróficos, claros síntomas de encontrarnos en el
llamado “ciclo demográfico antiguo”.
El descenso de la mortalidad comenzó en España más tarde que en el resto de
los países europeos, y además fue un proceso más lento: hasta 1895 no se
encuentran cifras por debajo del 30 ‰; el período 19191-1935 tuvo un fuerte descenso,
situándonos cerca del 16 ‰; el episodio de la guerra civil se refleja en los datos, con
un aumento de la tasa de mortalidad; en 1952 se dan las primeras cifras de mortalidad
baja (por debajo del 10 ‰); a partir de 1980/81 se inicia un ligero crecimiento que se
debe al envejecimiento de la población española2, y que se frena a comienzos de
2000, con el rejuvenecimiento que trajeron consigo un cierto repunte en las tasas de
natalidad de los españoles y la llegada de inmigrantes del extranjero, con hábitos
demográficos que incluyen una mayor natalidad.
La Tasa Bruta de
Mortalidad es un índice
que presenta algunos
problemas de
interpretación cuando
queremos valorar la
mortalidad de una
sociedad, pues está
fuertemente influenciada
por la estructura de
edades de la sociedad
estudiada: una sociedad
con cifras de natalidad
bajas y un fuerte número
de viejos y, por tanto, con
cifras altas de personas en
gran edad, resalta
fuertemente la cifras de
TBM.
Un índice muy significativo
para saber el estado de la
mortalidad es la Tasa de
Mortalidad Infantil
(fallecidos menores de un
año cada mil nacidos). En
1861-65 la TMI española
era de 187 ‰, en 1983 es
menor del 10,89 ‰ y en la actualidad es del 3,77‰. Es decir, ha habido una reducción
de más del 180 ‰.
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En 1918 aún se dio en España una epidemia de gripe con fuertes índices de mortalidad.
Debido, como veremos, a un descenso de la natalidad y a un importante incremento de la
esperanza de vida.
La Esperanza de Vida al Nacer es otro índice utilizado. Se realiza mediante
operaciones matemáticas que vienen a determinar el promedio de edad al que, si la
mortalidad se mantuviese constante, fallecería el nacido, siendo hombre o mujer. De
los datos que apuntamos en el gráfico se deduce que la EVN ha aumentado
considerablemente en España (de hecho, somos uno de los países más longevos de
Europa) y, al contrario que la TBM, nos señala que nuestras expectativas siguen
aumentando después de 1980, cuando comenzaron a repuntar las cifras de TBM.
En el mapa y en el gráfico se observa como España es uno de los países con
una TBM más bajas de la UE. Si bien es cierto que esta diferencia se debe a que los
otros países tienen una población más envejecida que España, también lo es que
nuestra población, como ya hemos señalado es una de las más longevas de la Unión.
Las causas de este descenso de la mortalidad3 se pueden clasificar en tres
grandes grupos:
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No sólo ha disminuido la mortalidad, sino que han cambiado las causas más comunes de los
fallecimientos. Antes estos tenían que ver con enfermedades vinculadas con la escasa
*La disponibilidad de mayores recursos, que se traducen en una mayor y mejor
alimentación, que evita las hambrunas y las situaciones de desnutrición que posibilitan
las pandemias4.
*La aplicación generalizada de los progresos médicos, de especial importancia
para la disminución de la mortalidad infantil.
*El establecimiento de medidas de higiene públicas, como el suministro de
agua potable, las redes de alcantarillado, el sistema de recogida de basuras, etc...
La mortalidad no afecta a toda la población con la misma intensidad. Se
pueden establecer las siguientes diferencias:
nutrición y la falta de higiene, como las enfermedades infecciosas o las relacionadas con el
aparato respiratorio. Hoy predominan los fallecimientos por fallos del sistema circulatorio
(cardiacos, por ejemplo), pero tienen importancia el cáncer y las muertes ocasionadas por
tumores, o las que tienen que ver con el aparato respiratorio o digestivo.
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Epidemias generalizadas.
1. Diferencias por sexos. La mortalidad es mayor entre los hombres que entre las
mujeres, que cuentan con una mayor esperanza de vida. Las causas hay que
buscarlas en:
a. Factores biológicos que hacen que la mujer sea más longeva que el
hombre.
b. La división del trabajo que encomienda a los hombres tareas más duras
y de mayor desgaste y con un porcentaje de accidentes más alto.
c. El consumo de productos nocivos (tabaco, alcohol...) que es mayor
entre los hombres.
d. Los hábitos alimentarios más desordenados del hombre.
No obstante, es preciso señalar que el proceso de igualación del hombre y la
mujer en todos los ámbitos antes señalados está provocando un acercamiento en las
cifras de esperanza de vida.
2. Diferencias en función de la profesión ejercida. Las profesiones que requieren
una menor cualificación y que se dedican a actividades directamente
relacionadas con la producción presentan una mortalidad mayor que las
suponen un mayor nivel técnico. Así, el grupo de “trabajadores industriales,
conductores de equipos de transporte y peones no agrarios” aporta más de un
35 % de las defunciones sufridas por el conjunto de la población activa, y el
grupo de profesionales de las actividades agrarias y pesqueras sufre un 26,8%
de las mismas. En total, de esta manera, supone que un poco más del 30% de
la población activa tiene más del 50% de las defunciones sufridas por el
conjunto de esa población. Por el contrario, el grueso de la población que se
ocupa en el sector terciario presenta porcentajes ligeramente superiores al
20%, y el personal directivo de las empresas o de la administración, tan apenas
un 3%. En resumidas cuentas, la peligrosidad del trabajo, tanto por la
siniestralidad (accidentes) como por la exposición a condiciones que afectan
negativamente a la salud, incide netamente en la tasa de mortalidad.
3. Diferencias geográficas:
Las diferencias son cada vez menores entre las distintas zonas de España,
pero aun subsisten. Como norma general podemos señalar que la TBM depende del
grado de envejecimiento de las diferentes sociedades, siendo más alta en los lugares
donde ha habido una fuerte emigración5, más bajas en las zonas que han recibido
abundantes inmigrantes o que mantienen unas elevadas tasas de natalidad, aunque
tengan emigración.
Así, regionalmente observamos que las TBM son más altas en el interior que
en el litoral, destacando, por encima del 10‰, las provincias del interior gallego,
Asturias, el occidente de Castilla y León, Soria (en el Sistema Ibérico y alejada
geográficamente de Madrid), y Aragón. Las primeras provincias tienen una larga
tradición emigratoria, mientras que el caso aragonés se explica por el hecho de que
más del 72% de su población reside en el área metropolitana de Zaragoza, que
continúa siendo un foco de atracción para el resto del territorio, que presenta elevadas
tasas de envejecimiento.
Las provincias con tasas más bajas, por debajo del 8,5‰ son aquellas que
atraen inmigración (interior y exterior) o que lo han hecho hasta fechas muy recientes,
dando como resultado una población relativamente poco envejecida. Así, observamos
el caso de Madrid y de las provincias que la limitan. La primera alberga la capital de
España, que hasta hace unas décadas ha sido un lugar que ha recibido población
emigrante, y que ahora está deslocalizando población hacia las localidades que se
encuentran próximas o bien comunicadas con ella, ya sea en su misma provincia o en
las que la limitan, Algunas de estas provincias, como Guadalajara o Toledo, han sido
emisoras de población hasta hace unos años lo que les supuso un notable grado de
envejecimiento que ahora, al convertirse en lugares de inmigración, está
retrocediendo, el resultado esta siendo un clero retroceso en sus tasas de mortalidad.
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Por tanto, faltan hombres y mujeres en edad de trabajar y de procrear, por lo que la
sociedad se envejece.
Otros lugares con la TBM relativamente baja son el litoral mediterráneo desde
Girona hasta Almería, donde, junto a una estructura industrial diversificada y moderna,
se localizan pujantes focos de las actividades agrarias, turísticas y de las actividades
del sector de la construcción. El resultado es su persistencia como focos inmigratorios
que da lugar a un grado relativamente bajo de envejecimiento y, por lo tanto de TBM.
Los archipiélagos presentan un panorama similar.
En general, como veremos luego, se puede señalar que la natalidad es mayor
en el sur que en el norte, lo que se refleja en que las cifras de TBM son mayores en el
Norte que en el Sur.
También podemos señalar que la jerarquía urbana española supone
diferencias: la TBM es más alta en las zonas rurales regresivas del interior que en las
urbanas, y dentro de estas áreas es más baja en las zonas submetropolitanas6 de las
grandes ciudades, que en los municipios centrales de las mismas, donde la población
está más envejecida.
La Tasa de Mortalidad Infantil, que no está influenciada por el envejecimiento
de la sociedad, presenta tasas más altas en Canarias, Madrid, Aragón, Murcia y
Andalucía, y las más bajas en Navarra, Cantabria, La Rioja y Castilla y León.
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Son las zonas periféricas de las grandes ciudades: barrios de las afueras, pueblos y
municipios cercanos y dependientes de la gran ciudad. Son las zonas que han recibido una
mayor inmigración en los últimos años, tanto desde las zonas rurales como desde la propia
ciudad. Inmigrantes que llegan para establecerse y buscar trabajo o que, provenientes de la
ciudad, buscan viviendas más asequibles, un entorno más sano, etc.
Los mismos criterios que hemos utilizado para explicar la distribución de la
TBM por la geografía española podemos utilizar para explicar la que se da en europea.
Se observa que los países “avanzados” de Europa presentan índices
importantes de envejecimiento, que suponen tasas de mortalidad elevadas, pero las
mayores tasas las presentan los países con un menor grado de desarrollo económico
(por lo tanto, tienen peores condiciones de vida) que están enviando emigración hacia
los focos de desarrollo comunitarios, que, con esa población envejecida, necesitan de
mano de obra extranjera para seguir desarrollándose. Estas corrientes migratorias
suponen un progresivo envejecimiento de las poblaciones de los países emisores y un
rejuvenecimiento de los receptores. En este sentido, resulta significativo observar
como los países tradicionalmente más envejecidos de Europa no son los que
presentan una mayor TBM, manteniéndose por debajo del diez por mil; por el
contrario, las repúblicas bálticas y los países balcánicos, con fuertes salidas de
emigrantes están sufriendo un proceso acelerado de envejecimiento y presentan unas
tasas de mortalidad muy elevadas.
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