higiene y medicina domésticas

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EL MUNDO ILUSTRADO.
también elegancia exquisita, riqueza en los pormenores,
abundancia sin ostentación, sin estrépito, sin el aparatoso boato del siglo xviri/ Este estilo presta ocasión al
artista de talento para acomodarlo á las exigencias de
las modernas costumbres. Los motivos de decoración
que en él se emplean pueden con relativa facilidad
armonizarse con los sentimientos y los gustos del dia y
con los sentimientos y gustos del dueño de la estancia
y de la casa. Cabe en los estilos del Renacimiento imprimirles toda suerte de aspectos sin falsear su carácter
distintivo. Los artesonados, verbigracia, pueden trazarse
con mayor ó menor variedad de líneas, mayor ó menor
juego de plafones, molduras, pinjantes, mayor ó menor
variedad en el decorado por medio del oro y de los colores, con lo cual se obtiene á la vez que el salón ó gabinete presente un aire más ó menos severo, más ó menos
regocijado según fuere el uso á que haya de dedicarse ó
según fueren las aficiones de quien ó de quienes deben
ocuparlos. Lo que se dice de los artesonados se aplica
igualmente á las paredes, arrimaderos, chimeneas, muebles, etc. En otro lugar dimos el trasunto de una habitación alemana del siglo xvi á que al principio hemos
hecho referencia y ahora lo incluimos de una sala
del Renacimiento en Bélgica, según el estilo dominante en los últimos años de la mencionada centuria. El Renacimiento en la Flandes y en España presenta muchos puntos de semejanza y se comprende
fácilmente que así sea por las relaciones que existían
entre ambos países. La sala, pues, cuya vista copiamos
(figura 29), tiene diversos trozos, idénticos á los muchos
que se ven todavía en la península española en antiguos
palacios y moradas señoriales. El techo dividido en
grandes compartimientos, el arrimadero de madera enfeamblada con resabios de alfarjía, la chimenea lindamente esculturada y el cuerpo superior que la enriquece
y que enriquece asimismo la pieza prestando ocasión
para que en los intercolumnios se pongan los retratos
de los dueños ó de ilustres antepasados suyos, parecen
otros tantos elementos decorativos arrancados de algunos de los aristocráticos palacios de Guadalajara, Toledo,
Valladolid, Burgos, Salamanca y de otras monumentales
ciudades de España. Contemplando alguno de esos verdaderos restos del arte decorativo de los siglos xvi y xvii
no se le ocurre duda alguna á la persona dotada de
mediano talento que pueda ser venero riquísimo de
donde sacar motivos á propósito para la decoración
de habitaicioncs del siglo xix, siempre y cuando, como
hemos dicho y repetiremos, el artista sepa apropiarlos
bien 4 las necesidades de hoy sin quitarles tampoco su
carácfter genuino. '
singularísimo talento. Mas aquí, como al hablar del
estilo del Renacimiento, se ocurre la misma dificultad.
Es cierto, muy cierto que la arquitectura ojival se amolda perfectamente á los sentimientos de los pueblos nacidos al calor del cristianismo, pero hoy su estilo viene
á ser como lengua muerta para nuestros artistas. Cuando
tratan de emplearlo en sus obras pecan siempre por dos
extremos contrarios: ó por afán de darle severidad lo
hacen pesado é insulso, ó por deseo de imprimirle esbeltez y riqueza lo adelgazan ridiculamente ó lo recargan
de adornos sin pies ni cabeza, ni razón de existencia.
De aquí ese gótico que se ha motejado con el nombre de
gótico de quinquillería, estilo que pondría los pelos de
punta á un arquitecto ó artífice de los siglos xiv y xv
si por malos de sus pecados hubiese de contemplarlo
puesto en obra. La distancia que nos separa de los siglos
medios, no sólo en número de años sino también, y
como dato de mayor importancia, en disparidad de opiniones y de sentimientos, hace más difícil la asimilación á nuestras moradas del estilo ojival tal como se
entendió y se practicó en sus buenas épocas. Arquitectos hay que sabrán trazar con celebrable acierto una
iglesia ó una capilla gótica y no alcanzarán igual fortuna al proyectar un palacio ó una modesta casa de idéntico estilo. Por este motivo sin desdeñarlo nunca, se ha
de ir con muchísimo tiento al emplearlo. Este tiento ha
de tenerse también tratándose del estilo decorativo
románico, si bien algunos de sus temas aprovechados
con buen criterio Se prestan quizás más á ser modernizados como también se prestan á ello los estilos hispanoarábigo y mudejar, con cuyo estudio y uso algunos
arquitectos y pintores contemporáneos han logrado
lisonjeros resultados.
F. MiQUEL T BADÍA.
(OOHauttari),
HIGIENE Y MEDICINA DOMÉSTICAS,
FOB KL OOCIOB
D. JOSÉ COROMINAS- Y SABATER.
(aOSTINDAOlOB}.
IV.
LACTANCIA MATERNA.
Según vimos en el artículo anterior, la leche no sólo
.. Astinto fuera ahora de pasar al siglo xviii y examinar es el mejor, sino que debe ser el exclusivo alimento del
qué estilos, entre los que brillaron entonces, son apro- niño durante sus primeros meses. A este modo de alivechables en el dia. Antes de hacerlo hemos de recoger mentación se le da el nombrede lactancia.
Pero la leche puede proceder de orígenes diversos: de
alguaos. cabos sueltos que se nos han escapado en el
curso de estas brevas observaciones. Nada hemos dicho la madre, de una nodriza ó de un animal, y el niño puede
de ios estilos de la Edad Media, entre los cuales ocupa tomarla de diferentes modos: mamando, con el biberón
lugar señalado el ojival, é,importa que apuntemos algo ó acucharadas, ó de ambos modos á la vez, y de aquí
acerca de ellos. En Iiíglateíra y en Alemania se han que la lactancia se apellide respectivamente: materna,
constfüido. casas de'estilo gótico,\ajuatando rigurosa- por nodriza Ó animal; natural, artificial ó mixta.
métite asa'traza, el decoíaáo ta^ior, niobiliario, etc.
¿Cuál de esos géneros de lactancia es más conveniente
Fugin, famoso crítico inglés, en sus acabados estudios al niño? La materna.
sobre el Arte gótico ú ojival, que con ambos nombres
Ante la armónica relación que hay entre la existencia
fe designaremoá indistintamente, afirma que en aquel del niño dentro y fuera de la madre y el establecimiento
estilo deben inspirarse los arquitectos cristianos, ya y desarrollo respectivamente de la secreción láctea, es
traten de levantar la Casa del Señor, ya se limiten & tan natural la contestación, que al sentido común le
étiyic^i.C^yM de Concejo, palacios y habitaciones de han de parecer superfinos todos los razonamientos desmodestos ciudadanos. Ningún estilo, dice Pugin, res- tinados á demostrar tan palmaria verdad. No obstante,
ponde mejor que el ojival á los sentimientos del hombre ó este sentido tiene muy poco del adjetivo que lleva ó
cristiano, aserto que prueba con numerosos datos y con hay poderosísimas causas que facilitan la contravención
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