LA FILOSOFÍA GRIEGA (Introducción)

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LA FILOSOFÍA GRIEGA
(Introducción)
Hegel
Lecciones sobre la Historia de la Filosofía Tomos I y II
2
LA FILOSOFÍA ORIENTAL
Lo primero es la llamada filosofía oriental, la cual, sin embargo, no
forma parte del cuerpo ni cae dentro de los dominios de nuestra
exposición. Es una etapa previa o provisional, de la que hablamos
solamente para dar cuenta de por qué no nos ocupamos más
ampliamente de ella y de cuál es la relación que guarda con el
pensamiento, con la verdadera filosofía.
en el cristiano, se revelan inmediatamente como plasmaciones
personales, las cuales requieren una interpretación propia como figuras
mitológicas o cristianas y deben ser traducidas primero a filosofemas.
Las religiones orientales, por el contrario, nos recuerdan mucho más
directamente las representaciones filosóficas; en efecto, como en el
Oriente no se manifiesta el momento de la subjetividad, las nociones
religiosas
no
aparecen
individualizadas,
sino
que
presentan,
preponderantemente, el carácter de nociones generales, lo que les da,
La expresión de "filosofía oriental" se aplica, principalmente, al
período en que esta gran concepción general del Oriente influye sobre
por consiguiente, la apariencia de representaciones y pensamientos
filosóficos.
los países de Occidente, países de moderación y de medida, en los que
predomina el espíritu de la subjetividad. Sobre todo en los primeros
siglos del cristianismo —una época importante— penetraron estas
grandes concepciones orientales en el Occidente y llegaron hasta Italia;
y con la filosofía gnóstica, empezaron a desequilibrar el espíritu
occidental, hasta que, con la Iglesia, éste recobró la primacía, trazando
con toda firmeza los rumbos de lo divino.
Es cierto que también las religiones orientales tienen figuras de
carácter individual, como Brahma, Vishnú y Siva; pero, como no existe
aquí la libertad, la individualidad carece de firmeza, es puramente
superficial: a tal punto, que cuando se cree que se tiene delante a
figuras humanas, éstas se esfuman de nuevo y cobran desmesuradas
proporciones. Así como entre los griegos se habla de Urano, de Cronos
—es decir, del Tiempo, pero ya individualizado—, entre los persas
Lo que nosotros llamamos filosofía oriental es, sobre todo, el
conjunto de representaciones religiosas y la concepción del mundo de
los orientales, que fácilmente se confunde con la filosofía. La razón
principal de por qué es tan fácil confundir con una filosofía religiosa esta
concepción religiosa del Oriente, es lo que nos proponemos exponer
existe una deidad llamada Zervana Acarena, pero es el Tiempo
ilimitado.
Y
Ormuz
y
Ahrimán
son
modalidades
y
nociones
completamente generales; aparecen bajo la forma de principios
generales que, de este modo, parecen presentar cierta afinidad con la
filosofía y revestir incluso la forma de filosofemas.
aquí.
El contenido de las religiones orientales, Dios, el Ser en y para sí, lo
No concedemos, sin más, el carácter de una filosofía a la religión
romana, a la religión griega ni a la religión cristiana; no se prestan, en
verdad, para ello, ya que los dioses griegos y romanos, lo mismo que
Cristo y el Dios de los judíos, gracias al principio de libertad de la
individualidad, tal como se manifiesta en el elemento griego y, más aún,
eterno, es concebido más bien con el carácter de lo universal; pues
bien, lo mismo ocurre con la actitud de los individuos ante ello. En las
religiones orientales, la actitud fundamental consiste en que sólo la
sustancia una sea, como tal, lo verdadero, sin que el individuo tenga ni
pueda adquirir de suyo ningún valor, en cuanto que se mantiene frente
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al Ser en y para sí; por el contrario, sólo puede adquirir un valor
de determinaciones, una lógica al modo de la vieja lógica wolffiana.
verdadero mediante la identificación con esta sustancia, en la que deja
Ocurre como en su culto, que es un sumirse en la oración y una
de existir como sujeto y desaparece en lo inconsciente.
cantidad interminable de ceremonias y ritos religiosos; y, de otra parte,
Es lo contrario de lo que ocurre en la religión griega y en la cristiana,
donde el sujeto tiene la conciencia de ser libre y debe mantenerse así;
claro está que, en tanto el individuo se establece de este modo para sí,
es mucho más difícil que el pensamiento se libere de esta individualidad
y se constituya para sí. El punto de vista, en sí superior, de la libertad
griega del individuo, esta vida más gozosa y fina, entorpece el trabajo
del pensamiento, que consiste en hacer valer la universalidad.
En el Oriente, por el contrario, lo sustancial es ya por sí mismo lo
fundamental en la religión, lo esencial (lo que lleva directamente
aparejada la privación de derechos y la inconciencia de los individuos);
y esta sustancia es, evidentemente, una idea filosófica. También nos
encontramos en la religión oriental con la negación de lo finito, pero de
tal modo que el individuo sólo en esta unidad con lo sustancial cobra
conciencia de su libertad. En tanto que, en el espíritu oriental, la
reflexión, la conciencia, llega a través del pensamiento a la
diferenciación y a la determinación de principios, tenemos que estas
categorías, estas nociones determinadas no aparecen unificadas con lo
sustancial. O bien existe la destrucción de todo lo particular, algo
desmesurado, la sublimidad oriental, o bien, en la medida en que se
reconoce también lo establecido como determinado para sí, se lo
reconoce como algo seco, intelectivo, carente de espíritu, como algo
que no puede asimilarse el concepto especulativo. Este algo finito sólo
puede llegar a ser lo verdadero si se sume en la sustancia; separado de
ella, sigue siendo menesteroso. De aquí que, en los orientales, no
encontremos más que un entendimiento seco, una simple enumeración
la sublimidad de lo desmesurado, en que se hunde y se esfuma todo.
Aquí, habremos de referirnos, concretamente, a dos pueblos
orientales: el pueblo chino y el pueblo indio.
INTRODUCCIÓN A LA- FILOSOFÍA GRIEGA
El nombre de Grecia tiene para el europeo culto, sobre todo para el
alemán, una resonancia familiar. Los europeos han recibido su religión,
las concepciones del más allá, de lo remoto, no de Grecia, sino de más
lejos, del Oriente y, concretamente, de Siria. Pero las concepciones del
más acá, de lo presente, la ciencia y el arte, lo que satisface, dignifica y
adorna nuestra vida espiritual, tuvo como punto de partida a Grecia,
bien directamente, bien indirectamente, a través de los romanos.
Pero lo que nos familiariza con los griegos es la conciencia de que
supieron hacer de su mundo una verdadera patria; el espíritu común
hacia la patria en que se vive es lo que nos hace sentirnos unidos a
ellos. Así como en la vida corriente ocurre que nos sintamos a gusto
entre las gentes y las familias que viven contentas y satisfechas en su
casa, sin querer salir de ella y buscar nuevos horizontes, así nos
sentimos a gusto con los griegos. Es cierto que tomaron los rudimentos
sustanciales de su religión, de su cultura, de su convivencia social, en
mayor o menor medida, del Asia, de Siria y de Egipto; pero supieron
Este último camino, el de Roma, fue la primera forma en que esta
cultura llegó a nosotros, por parte también de la Iglesia, en otro tiempo
universal, cuyo origen debe buscarse en la misma Roma y que todavía
hoy conserva la lengua de los romanos. Las fuentes de la enseñanza
eran el Evangelio latino y los Padres de la Iglesia. También nuestro
anular de tal modo lo que había de extraño en estos orígenes, lo
transformaron, elaboraron e invirtieron, haciendo de ello algo distinto a
lo que era, de tal modo, que lo que nosotros, al igual que ellos mismos,
apreciamos, reconocemos y amamos en eso es, esencialmente, lo suyo
propio.
Derecho se jacta de haber recibido su orientación más perfecta del
derecho romano. La densidad germánica necesitó pasar, para
disciplinarse, por la dura escuela de la Iglesia y el derecho romanos;
sólo de este modo se ablandó el carácter europeo y se capacitó para la
libertad.
Por eso, en la historia de la vida griega, por mucho que en ella nos
remontemos
y debamos
remontarnos,
podríamos
perfectamente
prescindir de esta marcha hacia atrás para descubrir dentro de su
propio mundo y modo de ser y de vivir los comienzos, los gérmenes y la
trayectoria de la ciencia y el arte hasta llegar a su florecimiento, lo
Por consiguiente, después que la humanidad europea se instaló
dentro de sí como en su propia casa, mirando a su presente, abandonó
lo histórico, lo recibido de fuera. A partir de entonces, el hombre
empezó a encontrarse en su propia patria; y, para poder disfrutar de
ella, volvió los ojos a los griegos. Dejemos a la Iglesia y a la
jurisprudencia su latín y su romanismo. Nuestra ciencia superior, libre y
filosófica, como nuestro arte libre y bello, y el gusto y el amor por una y
mismo que las fuentes de su decadencia, sin salir para nada de su
órbita propia. En efecto, su desarrollo espiritual sólo utiliza lo recibido, lo
extraño, a manera de materia y de impulso; los griegos jamás pierden la
conciencia de actuar, en ello, como hombres libres. La forma que saben
imprimir al fundamento ajeno es ese peculiar aliento espiritual que da el
espíritu de la libertad y la belleza, el cual, si bien de una parte puede ser
tomado como forma, de otra parte es, de hecho, lo sustancial supremo.
por otro, sabemos que tienen sus raíces en la vida griega y que derivan
de ella su espíritu. Y si nos fuese lícito sentir alguna nostalgia, sería la
de haber vivido en aquella tierra y en aquel tiempo.
Pero los griegos no sólo supieron crearse, así, lo sustancial de su
cultura y acomodarse a gusto en su existencia, sino que supieron,
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además, honrar su renacimiento espiritual, que fue su verdadero
carácter de la libre y bella historicidad, según la cual lo que los griegos
nacimiento. Relegaron al fondo, como por ingratitud, el origen extranjero
son existe también en ellos como Mnemosine, reside también el germen
de su cultura propia, lo sepultaron tal vez entre las sombras de los
de la libertad pensante y, con ello, la necesidad de que naciera en el
misterios que mantenían en secreto ante ellos mismos.
No sólo
seno de este pueblo la filosofía. Así como los griegos viven a gusto en
supieron ser ellos mismos, usar y disfrutar lo que hicieron por sí mismos
su mundo, la filosofía es, precisamente, esto mismo, pues no consiste
de lo recibido de otros, sino que hicieron de esta intimidad de toda su
sino en que el hombre viva a gusto en su espíritu, se sienta en él como
existencia la base y el origen de lo que llegaron a ser, y lo hicieron así
en la intimidad. Y, del mismo modo que nosotros-nos encontramos, en
de un modo consciente, con gratitud y alegría y no sólo para llegar a ser
general, a gusto entre los griegos, tenemos necesariamente que
eso y para usar y disfrutar de este modo de ser. Pues su espíritu, como
sentirnos a gusto, especialmente, en su filosofía, pero no como entre
nacido de un renacimiento espiritual, consiste precisamente en ser lo
ellos, pues la filosofía se siente precisamente en ella misma como en su
que son, lo suyo, y en vivir dentro de ello como dentro de sí. Conciben
casa, y de lo que aquí se trata es del pensamiento, de lo que tenemos
su propia existencia como algo aparte, como un objeto que se engendra
de más propio, de más nuestro y libre de toda particularidad. La
como un ser para si y que adquiere en ello su bondad y su razón de ser;
trayectoria y el despliegue del pensamiento se manifiestan en los
y, de este modo, se hacen una historia de todo lo que han sido y han
griegos partiendo de sus elementos protoriginarios; y, para comprender
poseído.
su filosofía, podemos permanecer dentro de ellos mismos, sin
Los griegos no se representan a su modo solamente el nacimiento
necesidad de buscar ninguna otra clase de motivos externos.
del mundo, es decir, de los dioses y de los hombres, de la tierra, del
Pero es necesario que nos detengamos a puntualizar su carácter y
cielo, de los vientos, de las montañas y los ríos, sino el de todos y cada
su punto de vista. Los griegos parten de una premisa histórica, por la
uno de los aspectos de su propia existencia, cómo adquirieron el fuego
misma razón por la que han brotado de sí mismos; y esta premisa
y los sacrificios que ello les costó, la siembra, la agricultura, el olivo, él
histórica, concebida a través del pensamiento, es la de la sustancialidad
caballo, el matrimonio, la propiedad, las leyes, las artes, el culto
oriental de la unidad natural del espíritu y la naturaleza. Lo que ocurre
religioso, las ciencias, las ciudades, los linajes de los príncipes, etc.; de
es que el brotar de sí mismo es el extremo opuesto de la subjetividad
todo ello se representan imaginativamente el origen en graciosas
abstracta, cuando ésta es todavía una fórmula vacua o, mejor dicho,
historias, de cómo se convirtió históricamente en obra y mérito suyo,
convertida en vacua; es el formalismo puro, el principio abstracto del
según este aspecto externo.
mundo moderno. Los griegos ocupan el bello punto intermedio entre
En esta misma intimidad existente y, más precisamente, en el
espíritu de la intimjdad, en este espíritu de una vida representada cabe,
con arreglo a su existencia física, civil, jurídica, moral y política, en este
ambas posiciones extremas, que es el centro de la belleza por ser, al
mismo tiempo, algo natural y algo espiritual, pero de tal modo que la
espiritualidad es y sigue siendo, en él, el sujeto dominante,
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determinante. El espíritu, sumido en la naturaleza, forma una unidad
como el momento de la naturaleza no es aún ajeno a ello, la moralidad
sustancial
es
del Estado lleva todavía consigo cierto carácter natural; los Estados son
subjetiva,
pequeños individuos naturales, que no es posible unir en un gran todo.
con
ella
predominantemente
y
—siendo
intuición:
como
como
es
conciencia—
conciencia
indudablemente, formadora, pero desmedida. ,
Los griegos tenían como base, como esencia, la unidad sustancial
de naturaleza y espíritu; y, teniendo y sabiendo esto como objeto, pero
sin desaparecer en él, sino penetrando dentro de sí mismos, no
llegaron a caer, volviendo atrás, en el extremo de la subjetividad
formal, sino que formaban una unidad consigo mismos: por tanto,
como sujeto libre que, teniendo todavía por contenido, esencia y
sustrato aquella primera unidad, constituía su objeto de la belleza.
La fase de la conciencia griega es la fase de la belleza. La belleza
es, en efecto, el ideal, el pensamiento que brota del espíritu; pero de tal
modo que la individualidad espiritual no es aún para sí, como
subjetividad abstracta llamada a desarrollar en sí misma su existencia
hacia el mundo del pensamiento. Esta subjetividad tiene todavía, en
ella misma, su modo de ser natural, sensorial; a pesar de lo cual este
modo natural de ser no ocupa el mismo rango ni ostenta la misma
dignidad que en el Oriente, donde es lo predominante. Ahora, es el
principio de lo espiritual el que aparece en primer plano, y el ser natural
no rige ya por sí mismo, en sus formas existentes, sino que es,
simplemente, la expresión del espíritu que a través de él se manifiesta,
viéndose degradado a simple medio y modalidad de existencia de éste.
Pero el espíritu no se tiene todavía a sí mismo como medio para
representarse dentro de sí y construir sobre esta base su mundo.
En cuanto que lo general no existe libremente para sí, lo espiritual vive
todavía limitado. En el mundo griego, lo eterno, que existe como algo.en
y para sí, es desarrollado por el pensamiento, cobra conciencia a través
de él, pero de tal modo que la subjetividad se enfrenta todavía a ello en
una determinación contingente, por hallarse aún en una relación
esencial con la naturalidad; y en esto precisamente reside la razón, que
más arriba prometíamos dar, de por qué, en Grecia, sólo son libres
algunos, y no todos.
La desmedida fuerza oriental de la sustancia cobra medida y es
encauzada por el espíritu griego; este espíritu es claridad, meta,
limitación de las formas, reducción de lo inmenso, de lo infinitamente
fastuoso y rico a determinabilidad y a individualidad. La riqueza del
mundo griego consiste solamente en una muchedumbre infinita de
detalles bellos, agradables y graciosos, en esta alegría de todo lo que
sea
existencia;
lo
más
grande,
entre
los
griegos,
son
las
individualidades, estos virtuosos del arte, de la poesía, de la canción, de
la ciencia, de la honestidad, de la virtud. Es posible que, comparadas
con el esplendor y la majestuosidad, con las proporciones gigantescas
de las fantasías orientales, con los monumentos egipcios, con los reinos
del Oriente, etc., las alegrías de los griegos (los hermosos dioses
helénicos, sus templos, sus estatuas) y las manifestaciones de su
seriedad (las instituciones y las hazañas) puedan parecer algo así como
juegos de niños; sin embargo, el pensamiento que brilla en ellas da vida
Por tanto, en un pueblo como el griego en que la sustancia espiritual
de la libertad era la base de las costumbres, de las leyes y de las
constituciones, podía y debía existir también una moralidad libre. Pero,
a esta riqueza de detalle y encauza lo desmesurado de la grandeza
oriental, reduciéndolo a las proporciones de un alma sencilla, la cual se
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convierte de suyo en fuente de riqueza, en manantial de un mundo ideal
superior, del mundo del pensamiento.
época, diremos que los comienzos de la filosofía griega caen en el
"De tus pasiones has sacado, ¡oh hombre! la materia para tus
dioses", dice un antiguo; los orientales, en cambio, principalmente los
indios, los sacaron de los elementos naturales, de las fuerzas y las
formas de la naturaleza; "del pensamiento —podríamos añadir
nosotros, refiriéndonos al hombre griego— has sacado el elemento y la
materia para crear la idea de Dios". El pensamiento es, aquí, el suelo
del que brota la divinidad; pero no es el pensamiento inicial el que
constituye la base partiendo de la cual hay que comprender y se puede
comprender toda esta formación. Por el contrario. En un principio, el
pensamiento
aparece
como
Por lo que se refiere al estado histórico externo de Grecia en esta
algo
completamente
siglo vi antes del nacimiento de Cristo, en tiempo de Giró, en la época
del ocaso de los estados jónicos libres del Asia Menor. En el momento
en que desaparece este hermoso mundo, que había logrado
conquistar por sí mismo un elevado nivel de cultura, surge la filosofía.
Creso y los lidios fueron los primeros que pusieron en peligro la
libertad de los jonios; pero fue, más tarde, la dominación persa la que
la destruyó totalmente, obligando a la mayoría de los habitantes a
abandonar aquellas tierras y a fundar colonias, sobre todo en la parte
occidental.
pobre,
Y, al mismo tiempo que se hundían las ciudades jónicas, la otra
extraordinariamente abstracto y de escaso contenido, si se lo compara
Grecia dejaba de ser gobernada por las dinastías de los antiguos
con el contenido que el oriental da a su objeto, pues como algo
príncipes; habían desaparecido los Pelópidas y los otros linajes regios,
inmediato el comienzo mismo se revela bajo la forma de lo natural,
extranjeros en su mayoría. Grecia había establecido, en parte, múltiples
compartiendo esta característica con el pensamiento de los orientales.
contactos con el exterior y, en parte, esforzábase por encontrar un
Y como, además, reduce el contenido del Oriente a criterios
vínculo social dentro de sí misma; la vida patriarcal había pasado a la
completamente pobres, estos pensamientos apenas merecen ser
historia, y en muchos estados sentíase la necesidad de constituirse
tenidos en cuenta por nosotros, ya que no existen todavía como tales
libremente, con arreglo a normas e instituciones legales. Vemos
pensamientos y bajo la forma y la determinación propias del
aparecer muchos individuos que no gobiernan ya a sus conciudadanos
pensamiento, sino bajo las de lo natural. Por tanto, lo absoluto es aquí,
por virtud de su linaje, de su nacimiento, sino que son honrados y
ya, pensamiento, pero no en cuanto tal. Tenemos que distinguir
enaltecidos por los méritos de su talento, de su imaginación, de su
siempre, en efecto, la realidad de este algo general, ya que lo que
ciencia. Estos individuos ocupan diferentes puestos de superioridad con
importa es saber si la realidad misma es concepto o es más bien algo
respecto a sus conciudadanos. Unas veces, son consejeros, aunque
natural. Ahora bien, en cuanto que la realidad reviste todavía la forma
sus buenos consejos no siempre sean seguidos por los demás; otras
de lo inmediato y sólo el pensamiento es en sí, queda explicado con ello
veces, se ven odiados y despreciados por sus conciudadanos y
por qué, al estudiar la filosofía griega, empezamos por la filosofía de la
obligados a retirarse de la actuación pública; otras veces, se erigen en
naturaleza de la escuela jónica.
violentos, aunque no crueles, dominadores de sus conciudadanos, y
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otras, finalmente, en legisladores de la libertad.
estos hombres supieron comprender lo práctico-esencial de la
A esta categoría de hombres que acabamos de caracterizar
pertenecen los llamados siete sabios, a quienes en estos últimos
tiempos se tiende a excluir de la historia de la filosofía. Trátase, sin
embargo, de monumentos muy concretos de la historia de la filosofía, y
por ello no hay más remedio que señalar de cerca, aunque sólo sea
conciencia, es decir, la conciencia de la moralidad general en y para sí,
proclamándola en forma de sentencias morales y, en parte, en forma de
leyes civiles, a las que infundieron vigor y realidad en diversos Estados,
y, de otra parte, a que acertaron a expresar diversos pensamientos
teóricos en frases llenas de sentido. Algunas de estas frases o
sentencias podían ser consideradas, no sólo como pensamientos
brevemente, lo que su carácter representa en los inicios de la filosofía.
acertados o profundos, sino incluso como pensamientos filosóficos y
Estas figuras se ven encuadradas dentro de aquella situación a que
nos referíamos, unas veces participando en las luchas de las ciudades
jonias,
otras
veces
emigrando
de
ellas,
otras
veces
especulativos, en la medida en que es posible atribuirles un amplio
sentido general, aunque éste no resplandezca directamente en ellas.
como
Estos hombres no se proponían, esencialmente, servir a la ciencia, a
personalidades prestigiosas dentro de Grecia.
la filosofía; y de Tales se nos dice expresamente que no se consagró a
Los nombres de los siete sabios varían, según los casos;
generalmente, se indican los de Tales, Solón, Periandro, Cleóbulo,
Quilón, Bías y Pitaco. Hermipo, en Diógenes Laercio (I, 42) señala
diecisiete, entre los cuales seleccionan otros autores siete, de diversos
modos, según sus preferencias. Según el propio Diógenes Laercio (I,
42), ya un autor antiguo, Dicearco, mencionaba solamente cuatro a
quienes los antiguos incluían unánimemente entre los siete: Tales, Bías,
Pitaco y Solón. Otros nombres que también aparecen, de vez en
cuando, son los de Misón, Anacarsis, Acusilao, Epiménides, Ferécides,
etc.
era la actuación política; eran hombres prácticos, pero no en el sentido
en que esta palabra suele interpretarse entre nosotros, que tendemos a
considerar la actividad práctica como una rama especial de la
administración del Estado, de la industria, de la economía, etc.; ellos
vivían en estados democráticos y compartían, por ello, los cuidados
referentes a la administración pública general y al gobierno. No eran,
sin embargo, estadistas al modo de las grandes personalidades griegas
de que nos habla la historia, un Milcíades, un Temistocles, un Péneles,
un Demóstenes, sino estadistas de una época en que se trataba de la
Dicearco, en Diógenes (I, 40), dice de ellos que no fueron ni sabios
(σοφούς)
la filosofía hasta la última época de su vida. Lo más frecuente en ellos
ni
filósofos,
sino
hombres
inteligentes
(συνετούς)
y
legisladores; y este juicio, que llegó a generalizarse, debe ser aceptado
como el verdadero. Estas figuras corresponden al período de transición
del régimen patriarcal de los reyes a un régimen gobernado por la ley o
por la violencia. La fama de su sabiduría debíase, de una parte, a que
salvación y el establecimiento, de la ordenación y la organización y
hasta diríamos que de la instauración de la vida del Estado, o, por lo
menos, de la instauración de situaciones regidas por la ley.
Así es cómo se nos presentan, sobre todo, las figuras de Tales y de
Bíos, en lo tocante a las ciudades jónicas. Herodoto (I, 169-171) habla
de ambos y dice, refiriéndose a Tales, que ya antes de la sumisión de
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los jonios (bajo Creso, a lo que parece) les había aconsejado crear una
antiguo, y lo poco que los legisladores y las asambleas legislativas
suprema asamblea consultiva (έν βουλευτήριον) en Teos, centro
pueden hacer es, si acaso, ampliar algún que otro detalle o promulgar
territorial de los pueblos jonios, es decir, un Estado federativo, con su
normas complementarias muy poco importantes. Se trata, simplemente,
propia capital federal, sin perder por ello su independencia como
de compilar, redactar y desarrollar una serie de detalles sueltos.
pueblos (δήµοι). Este consejo no fue seguido, y su aislamiento, su
debilidad, los llevó a la derrota. A los griegos les costó siempre gran
trabajo sobreponerse a su idiosincrasia individualista.
Y, sin embargo, tampoco Solón ni Licurgo hicieron otra cosa que
reducir a la forma de la conciencia, uno el espíritu jónico y otro el
carácter dórico que tenían ante sí y que no eran sino algo existente en
Tampoco más tarde, cuando Harpago, el general de Ciro, que llevó
sí, contrarrestando por medio de leyes reales los desastrosos males de
a término su sojuzgamiento, los obligó a pelear, acertaron los jonios a
la desintegración. Solón no fue, ni mucho menos, un estadista perfecto,
seguir el consejo extraordinariamente saludable de Bías de Priene, que
como lo demuestra el curso mismo de su historia: una constitución
éste les dio en el momento decisivo en que se hallaban todos ellos
como la que permitió a Pisístrato erigirse en tirano en vida del propio
reunidos: "marchar todos juntos a Cerdeña, en una flota común, para
Solón, lo que quiere decir que era, de suyo, tan poco vigorosa y tan
crear allí un Estado jonio. De este modo, se sustraerían a la
poco orgánica que no tenía fuerzas para oponerse a su propio
servidumbre, vivirían felices y, después de haber poblado la isla mas
derrocamiento (¿con qué poderes?), adolecía, evidentemente, de un
importante, someterían a su dominio las otras; en cambio, si
defecto intrínseco. Puede aparecemos esto un tanto extraño, pues toda
permanecían en Jonia, no veía ninguna esperanza para su libertad".
constitución debe estar dotada de la fuerza necesaria para poder hacer
Este consejo es aprobado por Herodoto: "De haberlo seguido, habrían
frente a semejantes ataques. Pero, ¿qué fue, concretamente, lo que
sido los más felices de los griegos"; pero consejos de éstos sólo son
hizo Pisístrato?
acatados por la fuerza, nunca voluntariamente.
Nada ilustra mejor la conducta de los llamados tiranos que las
Lo mismo, sobre poco más o menos, ocurre con los demás sabios
relaciones entre Solón 31 Pisístrato. Cuando se planteó, entre los
de este grupo. Solón era legislador de Atenas y a ello debe,
griegos, la necesidad de constituciones y leyes normales, vemos surgir
principalmente, su fama: pocos hombres llegaron a gozar de tan alto
los legisladores y regentes de los Estados que imponen al pueblo leyes
predicamento como legisladores; la fama de Solón, en este respecto,
y lo gobiernan con arreglo a éstas. La ley, como norma general, se le
sólo es compartida por la de un Moisés, un Licurgo, un Zaleuco, un
antojaba al individuo, y se le sigue antojando hoy, como una violencia,
Numa, etc. En los pueblos germánicos no encontramos ninguna figura
sobre todo cuando no ve la ley o no la comprende; se le antojaba así al
que llegara a disfrutar de esta fama, como legislador de su pueblo. Y,
pueblo todo, primero, y luego solamente al individuo; y fue, como sigue
en nuestros días, ya no puede haber legisladores; las instituciones
siendo hoy, necesario empezar haciendo violencia al individuo hasta
legales y las condiciones jurídicas de vida han sido establecidas ya de
que llega a comprender, hasta que ve en la ley su propia ley y deja de
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ver en ella algo extraño e impuesto desde fuera.
La mayoría de los legisladores y organizadores de los Estados
asumieron la obra de hacer a los pueblos, por sí mismos, esta violencia,
convirtiéndose en tiranos. Y cuando no lo eran ellos mismos, tenían que
encargarse de hacerlo otros individuos, realizando esa obra dentro de
sus Estados, por tratarse de algo necesario, inevitable. Según las
noticias de Diógenes Laercio (I, 48-50), vemos a Solón, a quien sus
amigos aconsejaban que se adueñase del poder, ya que el pueblo se
agrupaba en torno a él (προσήιχον) y habría visto de buen grado que se
hiciese cargo de la tiranía, rechazar esta misión y evitar, además, que
otro la asumiera, cuando Pisístrato empezó a serle sospechoso por ello.
En efecto, cuando se dio cuenta de cuáles eran las intenciones de
Pisístrato, se presentó en la asamblea del pueblo armado de escudo y
lanza, lo que ya por aquel entonces era algo extraordinario (pues
Tucídides, I, 6, indica que los griegos y los bárbaros se distinguían,
entre otras cosas, en que los griegos, y sobre todo los atenienses,
jamás tomaban las armas en tiempo de paz), y anunció al pueblo lo que
Pisístrato se proponía.
más que rescatar para mí lo que los atenienses habían jurado
conservar a Codro y a sus descendientes, arrebatándoselo después.
Por lo demás, no cometo ninguna injusticia contra los dioses ni contra
los hombres, sino que, ateniéndome a las leyes que tú has dado a los
atenienses, procuro (επιτροπώ) que se mantengan dentro de las
normas de una vida civil (πολιτέυειν)". Lo mismo hace, agrega, su hijo
Hipias. "Y estas condiciones de vida se conservan mejor que bajo un
gobierno del pueblo, pues a nadie consiento que obre mal (ύβριξειν) y
yo, como tirano, no reclamo para mí. (πλειόν τι φέροµαι) otra cosa que
el prestigio, los honores y los tributos establecidos (τά ρήτα φέροµαι)
que se otorgaban a los antiguos reyes. Cada ateniense entrega el
diezmo de sus ingresos, pero no para mí, -sino para contribuir a las
costas de los banquetes rituales públicos, al sostenimiento de la
comunidad y para el caso de una guerra. No te guardo rencor por haber
descubierto mis designios, pues sé que lo hiciste movido más bien por
amor al pueblo que por odio contra mí, y porque no sabías tampoco
cómo había de regentar yo el gobierno; pues si lo hubieses sabido, te
habrías avenido a ello y no habrías huido...". Solón, en la respuesta que
Diógenes (I, 66-67) recoge, dice que "no abriga ningún resentimiento
He aquí las palabras de Solón: "¡Hombres de Atenas! Soy más sabio
que algunos y más valiente que otros. Soy más sabio que quienes no
se dan cuenta del fraude de Pisístrato y más valiente que quienes,
dándose cuenta de él, callan por miedo". Al no lograr nada, abandonó
Atenas. • Se dice que Pisístrato llegó incluso a escribir a Solón, durante
personal contra Pisístrato, a quien tendría que llamar el mejor de los
tiranos; pero que no cree que deba regresar (a Atenas). Habiendo
estatuido la igualdad de derechos como la esencia de la constitución de
los atenienses y rechazado personalmente la tiranía, su regreso podría
ser considerado como una aprobación del gobierno de Pisístrato".
su ausencia, una honrosa carta, cuyo texto nos transmite Diógenes (I,
53-54), invitándolo a regresar a Atenas ya vivir junto a él como
ciudadano libre: "Ni soy el único que entre los griegos se haya
apoderado de la tiranía ni, al hacerlo, me he adueñado de algo que no
me pertenezca, pues pertenezco al linaje de Codro. No he hecho, pues,
El gobierno de Pisístrato, sin embargo, acostumbró a los atenienses
a las leyes de Solón y convirtió estas leyes en costumbres; de tal modo
que este hábito, una vez impuesto, hizo su-perflua la tiranía y los hijos
de Pisístrato fueron expulsados de la ciudad, y a partir de entonces la
11
Constitución solónica rigió por su propia virtud, sin la ayuda de la fuerza.
completamente vulgar de vida y de prudencia; pero los escépticos dan a
Así, pues, si Solón dio las leyes, fue otro el que convirtió estas
esta frase un sentido mucho más profundo y general, que sin duda no
instituciones legales en costumbres, el que habituó al pueblo a vivir con
era ajeno al propósito de Quilón. Este sentido es el siguiente: "No
arreglo a ellas. Y lo que aparece desdoblado en las figuras de Solón y
vincules tu yo a nada concreto, si no quieres caer en la desgracia." Los
Pisístrato lo vemos reunido, en Corinto, en la figura de Periandro y en
escépticos citaban esta sentencia por sí misma, como si en ella
Mitilene en la de Pitaco.
estuviese implícito el principio del escepticismo, a saber: que nada finito
Lo anterior creemos que basta, por lo que se refiere a las vicisitudes
externas de la vida de los Siete Sabios. Éstos son también famosos por
la sabiduría de las sentencias que de ellos se han conservado, a pesar
de que a nosotros nos parezcan, en parte, muy superficiales y trilladas.
Ello se debe a que nuestra reflexión se halla ya familiarizada con las
tesis generales, del mismo modo que en las sentencias de Salomón hay
mucho que se nos antoja hoy superficial y hasta vulgar. Pero no
debemos perder de vista lo que significa el haber exteriorizado por vez
primera estas tesis generales bajo una forma general.
En ellos se expresan, en forma gnómica, los deberes absolutamente
generales del hombre hacia los dioses, la familia y la patria. Diógenes
(I, 58) atribuye a Solón las siguientes sentencias: "Las leyes son como
las telas de araña, que aprisionan a los pequeños, pero son
desgarradas por los grandes; el lenguaje es la imagen de la acción",
etc. Estas frases no encierran ninguna filosofía, sino simplemente
reflexiones generales, expresiones de deberes morales, máximas,
normas esenciales de vida. Y el mismo carácter presentan las
sentencias en que se exterioriza su sabiduría; algunas carecen de
importancia; otras, en cambio, parecen más insignificantes de lo que en
realidad son. Así, por ejemplo, dice Quilón: "Si te comprometes, te
daños".
En
estas
palabras
se
condene
mudable y no permanente. Cleóbulo dice µέτρον άριστον otrro, µηδέν
άγαν, y también esto tiene un sentido general: significa la medida, el
πέρας de Platón frente al άπειρον, lo que se determina a sí mismo
frente a lo indeterminado, considerando que lo primero es siempre lo
mejor, del mismo modo que la medida en el ser constituye la suprema
determinación.
Una de las más famosas sentencias de los Siete Sabios es la que se
atribuye a Solón en su plática con Creso, que Hero-doto (I, 30-33)
A Solón se le atribuyen muchos dísticos que todavía se conservan.
esperan
y concreto es en y para sí, sino solamente una apariencia, algo
una
regla
relata, según su estilo propio, muy prolijamente y que puede resumirse
así: "Que nadie puede considerarse feliz antes de su muerte." Pero lo
interesante de este relato es que nos permite conocer de cerca el punto
de vista de la reflexión griega en tiempo de Solón. Vemos por él que se
reconoce la felicidad como la meta suprema apetecible, como el destino
del hombre; antes de la filosofía kantiana, la ética tenía como base, en
efecto, el eudemonismo, la aspiración a la felicidad. En las palabras de
Solón se adopta un punto de vista superior al goce de los sentidos, a lo
puramente agradable para el sentimiento. Si nos preguntamos qué es la
felicidad y qué significa ésta para la reflexión, vemos que representa,
desde luego, una satisfacción del individuo, del modo que sea, por
medio del goce físico o espiritual, para lo que el hombre tiene los
medios en su mano. Pero, al mismo tiempo, significa que no debe
12
buscarse todo goce sensible, directo; la felicidad entraña, por el
feliz es necesario aguardar a la hora de su muerte, ya que para saber si
contrario, una reflexión proyectada sobre el .estado en su conjunto,
existe dicha en una vida hay que juzgarla en su conjunto, al llegar al
como una totalidad, como el principio frente al cual debe pasar a
final de ella, e incluso hace falta que el hombre sepa morir
segundo plano el del placer aislado.
piadosamente y como corresponde a su alto destino; y como la vida de
El eudemonismo implica la felicidad como un estado para toda la
vida y representa una totalidad de disfrute que es algo general y da una
norma para los goces sueltos, que no se entrega al placer momentáneo,
sino que sabe tener a raya los apetitos y no pierde nunca de vista la
pauta general. Comparado con la filosofía india, el eudemonismo es,
cabalmente, lo contrario a ésta. En ella, el destino del hombre es la
liberación del alma de lo corporal, la abstracción perfecta, el alma como
Creso aún no ha expirado, Solón no puede decir si realmente es feliz. Y,
en efecto, la historia misma de Creso, considerada en su conjunto,
viene a demostrar que ningún estado momentáneo merece, en justicia,
el nombre de felicidad. Esta edificante historia caracteriza bastante bien,
en su conjunto, el punto de vista que la reflexión de aquella época
adoptaba.
En
el
estudio
de
la
filosofía
griega,
debemos
distinguir,
algo que vive exclusivamente cabe sí. Entre los griegos, nos
concretamente, tres períodos principales: el primero va de Tales de
encontramos con lo contrario de esto; la felicidad, para ellos, es también
Mileto a Aristóteles; el segundo comprende la filosofía griega en el
la satisfacción del alma, pero no por medio de la evasión, de la
mundo romano; el tercero es el de la filosofía neo-platónica.
abstracción, del retraimiento dentro de sí misma, sino por medio de la
satisfacción en el presente, por medio de la satisfacción concreta en
relación con todo lo que la rodea.
1. Comenzamos por el pensamiento, pero por el pensamiento
totalmente abstracto, bajo su forma natural o sensible, para llegar hasta
la idea determinada. Ese .primer período representa el comienzo del
La fase de la reflexión que nos revela la felicidad ocupa un lugar
pensamiento filosófico hasta su evolución y plasmación como la
intermedio entre los simples apetitos y todo lo que puede considerarse
totalidad de la ciencia en sí misma, representada por Aristóteles, como
como derecho en cuanto derecho y como deber en cuanto deber. En la
unificación de todo lo anterior. Esta unificación de lo anterior se da ya
felicidad desaparece el goce aislado y concreto, en ella va ya implícita
en Platón, pero todavía no desarrollada, pues Platón es simplemente la
la forma de lo general, pero sin que esto se revele todavía por sí mismo.
Idea. Se ha dicho que los neoplatónicos son eclécticos, que ya Platón
Y esto es precisamente lo que se destaca como interesante para
es un unificador; pero no son, en realidad, eclécticos, sino que tienen
nosotros en la plática de Creso con Solón. El hombre como ser
una visión consciente de la necesidad de llegar a esta unidad de las
pensante no se preocupa solamente del goce presente, sino también de
filosofías.
los medios para procurarse el goce futuro; Creso muestra a Solón estos
medios, pero el sabio se niega, no obstante, a dar una respuesta
afirmativa a la pregunta del rey. Para poder afirmar que alguien ha sido
2. Después de llegar a la idea concreta, ésta se manifiesta como si
se desarrollase y llevase a cabo por medio de antagonismos; el
segundo período es el de esta división de la ciencia en sistemas
13
especiales. A través de la totalidad de la concepción del mundo se
desarrolla un principio unilateral; cada lado se desarrolla como un
extremo contra el otro y de suyo en su totalidad. Aparecen, así, los
sistemas filosóficos del estoicismo y el epicureismo, frente a los cuales
el dogmatismo y el escepticismo representan lo negativo, mientras que
las otras filosofías desaparecen.
3. El tercer período es, frente a esto, lo afirmativo; el antagonismo se
retrotrae a un mundo ideal o del pensamiento, a un mundo divino; es la
abstracto y en parte como subjetividad contingente.
El capítulo tercero es el de Platón y Aristóteles, el de la ciencia
griega, donde el pensamiento objetivo, la idea, se plasma en totalidad.
El pensamiento concreto, que se determina a sí mismo, es, en Platón,
la idea todavía abstracta, presentada todavía bajo la forma de lo
general, mientras que en Aristóteles se presenta ya como un
determinarse a sí mismo, concebida en la determinación de su
efectividad o de su actividad.
Idea desarrollada como totalidad, pero a la que le falta la subjetividad
como el infinito ser para sí.
[…]
PRIMER PERIODO: DE TALES A ARISTÓTELES
CAPÍTULO I: DE TALES A ANAXÁGORAS
Dentro de este primer período establecemos, a su vez, tres
subdivisiones:
El capítulo primero abarca de Tales hasta Anaxágoras, desde el
pensamiento abstracto en su determinabilidad inmediata hasta el
pensamiento del pensamiento que se determina a sí mismo. Aquí,
comenzamos por lo simple absoluto, en lo que se revelan luego las
primeras modalidades de la determinación como otros tantos intentos,
hasta llegar a Anaxágoras, quien determina lo verdadero como el νούς,
como el pensamiento motor, que no se halla ya sujeto a una
determinabilidad, sino que se determina a sí mismo.
A) LA FILOSOFÍA DE LOS JONIOS.
[La] expondremos con toda la brevedad posible, lo cual es tanto más
difícil de conseguir cuanto que los pensamientos de esta filosofía son
muy abstractos y pobres. Fuera de Tales, Anaximandro y Anaxímenes,
las demás figuras de este grupo sólo ofrecen un interés literario. De la
filosofía jónica antigua, sólo ha llegado a nosotros una media docena de
pasajes; es éste, por tanto, un estudio fácil. Y, sin embargo, es
precisamente en estos filósofos antiguos donde más a sus anchas se
extiende la erudición; cosa muy natural, por otra parte, pues cuanto
menos se sabe de una cosamayor erudición se puede desplegar acerca
El capítulo segundo comprende los sofistas, Sócrates y los
de ella.
socráticos. El pensamiento que se determina a sí mismo se concibe,
aquí, como presente, como concreto en mí: es éste el principio de la
subjetividad, aunque se trate de una subjetividad infinita, pues el
pensamiento sólo aparece aquí, primeramente, en parte como principio
[…]
14
pureza y el movimiento del pensamiento se plasma en conceptos.
B) PITÁGORAS Y LOS PITAGÓRICOS
[…]
En la filosofía física, vimos al movimiento representado como un
movimiento objetivo, como un nacer y un morir. Los pitagóricos no se
paraban tampoco a reflexionar acerca de los conceptos, sino que para
La filosofía pitagórica representa la transición de la filosofía realista
a la filosofía intelectual. Los jonios buscaban la esencia, el principio, en
algo materialmente determinado. La determinación siguiente es: α) que
lo absoluto no se conciba bajo una forma natural, sino en una
determinación del pensamiento; β) para ello, deberán establecerse
ahora las determinaciones, mientras que lo primero era lo totalmente
indeterminado. Estas dos cosas son las que hace la filosofía pitagórica.
ellos su esencia, el número, era también algo fluido. Ahora, al
concebirse el cambio en su suprema abstracción como la nada, este
movimiento objetivo se transforma en un movimiento subjetivo, pasa a
estar al lado de la conciencia y la esencia se convierte en lo inmóvil.
Encontramos aquí el punto de arranque de la dialéctica, o sea de lo que
constituye precisamente el movimiento puro del pensamiento en
conceptos: y, con ello, el comienzo de la contraposición del
pensamiento frente al fenómeno o al ser sensible, de lo que es en sí
[…]
frente al ser para otro de este en sí: y en la esencia objetiva, la
contradicción que en sí mismo entraña y que es la verdadera dialéctica.
Si nos paramos a reflexionar de antemano cómo debe desarrollarse el
C) LA ESCUELA ELEÁTICA
pensamiento puro, vemos lo siguiente:
La filosofía pitagórica no había sabido encontrar aún la forma
α) que el pensamiento puro (el ser puro, lo uno) se establece
especulativa de expresión propia del concepto; los números no son el
inmediatamente a sí mismo en su rígida sencillez e identidad consigo
concepto puro, sino el concepto en la modalidad de la representación o
mismo y que todo lo demás es, para él, la nada; β) que el pensamiento,
de la intuición, es decir, una mezcla de ambas cosas. La expresión de
primeramente tan tímido —el cual, después de sentirse fortalecido,
la Esencia absoluta en un algo que es un concepto puro, un algo
reconoce la existencia de lo otro y se atiene a ello—, declara que luego
pensado, y el movimiento propio del concepto o del pensamiento
reconoce también a lo otro en su propia sencillez y muestra en ello
constituye la etapa siguiente en la historia de la filosofía, etapa que se
mismo su nulidad; γ) finalmente, el pensamiento establece lo otro en la
produce por modo necesario y con la que nos encontramos en la
diversidad de sus determinaciones en general.
escuela de los eléatas.
Al llegar aquí, vemos ya al pensamiento convertirse en un
pensamiento libre y para sí: en lo que los eléatas expresan como la
Esencia absoluta, el pensamiento se capta a sí mismo en toda su
Es así cómo veremos la evolución de los eléatas en la historia. Por
eso, los principios eleáticos interesan todavía hoy a la filosofía y
constituyen momentos necesarios que deben darse en ella.
15
Figuran en esta escuela Jenófanes, Parménides, Meliso y Zenón.
pensar, lo afirmó como algo inmutable". Los sofistas llegaron, partiendo
Jenófanes debe ser considerado como el fundador de ella; Parménides
de aquí, a la siguiente conclusión: "Todo es verdad, no existe el error,
figura en la historia como su discípulo, y Meliso y principalmente Zenón
pues el error es el no ser, el cual no puede pensarse."
son discípulos de Parménides. Estas cuatro figuras deben agruparse,
en realidad, como una verdadera escuela, la escuela de los eléatas;
más tarde, pierde su nombre, los pertenecientes a ella son llamados
sofistas y su sede se traslada a la verdadera Grecia.
Aquí es donde ha de buscarse la exaltación al reino de lo ideal; por
eso, la verdadera filosofía comienza, en rigor, con Parménides. Aparece
un hombre que se libera de todas las opiniones y representaciones, que
les niega todo valor de verdad y nfirma que sólo la necesidad, el ser, es
La obra iniciada por Jenófanes fue desarrollada después por
lo verdadero. Cierto que se trata todavía de un comienzo turbio y vago,
l'nrménides y Meliso, del mismo modo que Zenón llevó adelante y
sin que sea posible explicar qué es, más concretamente, lo que lleva
perfeccionó las enseñanzas de aquellos dos.
dentro; pero en esta explicación reside precisamente el desarrollo de la
filosofía misma, que aún no se da aquí. A.esto va unida la dialéctica de
que lo mudable no encierra ninguna verdad, pues aceptando estas
[…]
determinaciones tal y como rigen, se llega siempre a contradicciones.
Parménides
“Lo mismo es el pensar y aquello por lo que "es" el pensamiento;
[…]
que sin él ente en quien se expresa
no hallarás el Pensar;
que cosa alguna es algo o lo será
a no ser que ente sea.”
D) Heráclito
1. EL PRINCIPIO LÓGICO
Por lo que se refiere al principio general, este intrépido espíritu fue,
Las palabras anteriores encierran el pensamiento fundamental de
según Aristóteles (Metaf. IV, 3 y 7), el primero que pronunció estas
Parménides. El pensamiento se produce; y lo que se produce es un
profundas palabras: "El ser y el no ser es uno y lo mismo; todo es y no
pensamiento. El pensamiento es, pues, idéntico a su ser, pues nada es
es." La verdad no es sino la unidad de lo contrapuesto, y,
fuera del ser, de esta gran afirmación. Plotino, al citar este último
concretamente, de la pura contraposición del ser y el no ser; entre los
fragmento (V. Ennead.. I, 8), dice que "Parménides captó este en sí al
eléatas, por el contrario, nos encontrábamos con la concepción
no poner el ser en las cosas sensibles, pues, identificando el ser con el
abstracta de que sólo el ser es la verdad.
La frase de Heráclito la
16
interpretamos nosotros así: lo absoluto es la unidad del ser y del no ser.
nuestra Lógica al comienzo, inmediatamente después del ser y de la
Cuando escuchamos aquella proposición heracliteana: "el ser es y no
nada. Es una gran conciencia la que se adquiere al comprender que el
es", parece que estas palabras no encerrasen un gran sentido, sino
ser y el no ser son, simplemente, abstracciones carentes de verdad y
solamente un contrasentido, una ausencia total de pensamiento. Pero,
que lo primordial verdadero está solamente en el devenir. El
ha llegado a nosotros, además, otra expresión, que precisa más el
entendimiento aísla tanto al ser como al no ser como verdaderos y
sentido de este principio.
Heráclito dice, en efecto: "Todo fluye, nada
válidos; la razón, por el contrario, conoce al uno en el otro, ve al otro
permanece ni persiste nunca lo mismo." Y Platón dice, por su parte,
contenido en el uno. Si no tomamos la representación del ente lleno,
refiriéndose a Heráclito: este pensador "compara las cosas a la
vemos que el ser puro es el pensamiento simple, en el que se niega
corriente de un río, en cuya corriente no es posible entrar dos veces";
todo lo determinado, lo absolutamente negativo; la nada, en cambio, es
cada vez que entramos en ella, son otras las aguas.
Y sus sucesores
lo mismo, precisamente este algo igual a sí mismo. Estamos ante el
llegaron incluso a decir, según Aristóteles (Metaf. IV, 5): "no es posible
tránsito absoluto a lo opuesto, al que Zenón no llegó, puesto que se
entrar en ella ni siquiera una vez", ya que cambia instantáneamente; lo
detuvo en la tesis de que "de la nada no se genera nada"; en cambio,
que es es también, inmediatamente, otra cosa, Aristóteles (De cáelo, III,
en Heráclito el momento de la negatividad es inmanente, y en torno a
1), dice, además, que Heráclito había afirmado lo siguiente: "sólo
ello gira el concepto de toda la filosofía.
permanece lo uno, y de ello sale por transformación todo lo demás; todo
lo demás, fuera de este uno, es algo no permanente".
[…]
La determinación más precisa de este principio general es el
devenir, la verdad del ser; en cuánto que todo es y no es, Heráclito ha
expresado, al mismo tiempo, que el todo es el devenir. De él forma
parte no sólo la generación, sino también la destrucción; ambas son, no
simplemente para sí, sino idénticas. Gran pensamiento este de pasar
del ser al devenir, aun cuando, por ser la primera unidad de
E) EMPÉDOCLES, LEUCIPO Y DEMÓCRITO
A la par con Empédocles, estudiaremos las figuras de Leucipo y
Demócrito, en las que se revelaja idealidad de lo sensible y, al mismo
tiempo, la determinabilidad general o la transición a lo general.
determinaciones opuestas, sea todavía un pensamiento abstracto. Aquí,
estas determinaciones aparecen como algo inquieto y llevan consigo,
Empédocles es un Ítalo pitagórico, que se inclina a los jonios; más
por tanto, el principio de la vida, con lo cual queda superada la falta de
interesantes que él son Leucipo y Demócrito, quienes se inclinan a los
movimiento que Aristóteles ponía de relieve en las filosofías anteriores,
Ítalos, continuando la escuela de los eléatas. Estos dos filósofos
y el movimiento mismo se eleva a principio. Por tanto, esta filosofía no
pertenecen al mismo sistema filosófico; por sus pensamientos
se proyecta sobre el pasado, su principio es esencial y por eso figura en
filosóficos, deben figurar y ser estudiados juntos. Leucipo es anterior a
Demócrito, y éste no hace sino continuar y perfeccionar la obra iniciada
17
por aquél, pero sin que sea fácil discernir históricamente su parte
comparación de quienes antes habían hablado en la ceguera". Los
original dentro de ella. Las fuentes nos dicen, ciertamente, que se limitó
filósofos anteriores pueden compararse, según dice Aristóteles (Etica I,
a desarrollar los pensamientos de Leucipo, y algo se ha conservado de
4), "a los púgiles a quienes llamamos naturalistas. Del mismo modo que
su obra, pero sin que nos sea posible hacer ninguna cita literal o precisa
éstos descargan con frecuencia buenos golpes al buen tuntún, pero no
de pasajes suyos.
conforme a las reglas del arte, tampoco estos filósofos parecen tener
En Empédocles vemos manifestarse la determinabilidad y la
separación de los principios. El que la distinción se revele a la
conciencia es un momento esencial; pero los principios presentan aquí,
en parte, el carácter del ser físico y, en parte, el carácter del ser ideal,
ciertamente, pero de tal modo que esta forma no es todavía la forma
conciencia de lo que dicen". Ahora bien, aunque Anaxágoras,
apareciendo como un hombre sobrio entre borrachos, tenga por vez
primera esta conciencia al decir que el pensamiento puro es lo general
y lo verdadero que es en y para sí, tampoco su golpe puede decirse que
dé en el blanco.
propia del pensamiento. En cambio, en Leucipo y Demócrito vemos ya
El nexo entre su filosofía y la de los pensadores que lo preceden es
principios más ideales, el del átomo y el de la nada, y una penetración
el siguiente. En la idea de Heráclito como movimiento todos los
más a fondo de la determinación del pensamiento en lo objetivo, es
momentos tienden a desaparecer en absoluto; la idea de Empédocles
decir, el comienzo de una metafísica de los cuerpos; o, dicho en otros
es la condensación de este movimiento en la unidad, pero una
términos, vemos a los conceptos puros conservar el sentido de la
condensación sintética, lo mismo que la de Leucipo y Demócrito, pero
corporeidad y, con ello, al pensamiento pasar a su forma objetiva; sin
de tal modo que mientras en Empédocles los momentos de esta unidad
embargo, esta teoría aparece todavía, en su conjunto, sin desarrollar y
son los elementos que existen, el fuego, el agua, etc., en estos otros
sin que, por tanto, pueda satisfacer.
dos filósofos son puras abstracciones, esencias que son en sí,
pensamientos. Ahora bien, con ello se establece inmediatamente la
generalidad, pues los contrarios, aquí, no tienen ya ningún punto de
[…]
apoyo sensible. Hemos visto aparecer como principios el ser, el devenir,
lo uno; son, todos ellos, pensamientos generales, nada sensible, ni
F) ANAXÁGORAS
tampoco representaciones de la fantasía; sin embargo, el contenido y
las partes de estos conceptos están tomadas de lo sensible, son
Con Anaxágoras empieza a brillar, aunque sea débilmente, una luz,
pensamientos que están sujetos a una u otra determinación.
al reconocerse como principio el entendimiento. Aristóteles (Metaf. I, 3)
dice de Anaxágoras: "Pero el que dijo que la razón (νούς) es la causa
del universo y de todo el orden establecido, lo mismo en la naturaleza
que entre los seres vivientes, aparece como un hombre sobrio en
Pues bien, Anaxágoras nos dice ahora que lo general no son dioses,
ni principios sensibles, ni elementos, ni pensamientos, todos ellos,
esencialmente determinaciones nacidas de la reflexión, sino que el
18
pensamiento mismo, el pensamiento en y para sí, sin contraposición,
En el pensamiento de yo soy yo o yo = yo, es evidente que distingo
abarcándolo todo, es la sustancia o el principio. La unidad retorna a sí
también algo de mí, pero permanece la misma unidad pura; no se trata
misma, como algo general, de la contraposición; al contrario de lo que
de un movimiento, sino de una diferencia no diferenciada, o del ser para
ocurre en la síntesis de Empédocles, en que lo contrapuesto todavía
mí. Y en todo lo que yo pienso, si el pensamiento tiene un determinado
separado y para sí, y no el pensamiento mismo, es el ser; aquí, en
contenido, es siempre mi pensamiento; en este objeto tengo, al mismo
cambio, el pensamiento es, como proceso puro y libre de suyo, lo
tiempo, la conciencia de mí mismo. Pero este algo general, que es para
general que se determina a sí mismo, sin distinguirse del pensamiento
sí, se enfrenta también, de un modo determinado, al individuo, o el
consciente. De este modo, se abre con Anaxágoras un reino
pensamiento se enfrenta al ser. En este punto, habría que investigar la
completamente distinto y nuevo.
unidad especulativa de este algo general con lo individual, cómo se
Anaxágoras pone fin a este período y con él se abre otro nuevo.
establece esta unidad como unidad absoluta; pero esto no lo
encontraremos jamás entre los antiguos, quienes no llegaron a
comprender el concepto mismo. No debemos esperar de ellos este
concepto puro que consiste en que el entendimiento se plasme y realice
[…]
en un sistema, se organice como universo.
1. EL PRINCIPIO GENERAL DEL PENSAMIENTO
El principio lógico de Anaxágoras estriba en el reconocimiento del
[…]
νούς como la esencia simple y absoluta del universo. La simplicidad del
νούς; no es un ser, sino una generalidad distinta de sí misma; pero de
tal
modo
que
la
distinción
es
levantada
inmediatamente,
estableciéndose con ello la identidad para sí. Esta generalidad para sí,
separada, sólo existe en su pureza como pensamiento; existe también
en la naturaleza, cierto es, como esencia objetiva, pero no de un modo
puro y para sí, sino llevando consigo como inmediato un algo particular.
El espacio y el tiempo son, por ejemplo, lo más ideal, lo más general de
la naturaleza como tal; pero no existe un espacio puro, ni un tiempo y
un movimiento puros, del mismo modo que no existe una materia pura,
pues este algo general es siempre, directamente, un espacio, un aire,
una tierra, etc., determinados.
Hasta aquí llegaron, propiamente, los pensadores antiguos; lo cual
no parece, en verdad, ser gran cosa. Lo "general" es una determinación
bien pobre, por cierto; todo el mundo sabe de lo general; pero no sabe
de ello en cuanto esencia. Hasta la invisibilidad de lo sensible llega,
evidentemente, el pensamiento, pero no hasta la determinabilidad
positiva que consiste en pensarlo como algo general, sino solamente
hasta lo absoluto carente de predicados, como lo puramente negativo;
es hasta aquí y solamente hasta aquí hasta donde llega la concepción
común de nuestros días. Con este descubrimiento del pensamiento
ponemos fin a la sección primera de nuestra historia, y entramos en el
19
segundo período de ella.
contrapuesto, lo no individual, lo general. Es conocido, sin duda; pero lo
Los resultados del primer período no son muy grandes, como se ve.
Algunos opinan, ciertamente, que estos resultados encierran una
sabiduría especial; pero el pensamiento, en esta época, es todavía
joven, por lo cual las determinaciones son aún pobres, abstractas,
incipientes.
El
pensamiento
ha
descubierto
todavía
pocas
determinaciones, tales como el agua, el ser, el número, etc., las cuales
que es solamente es en el conocimiento, lo que vale tanto como decir
que no existe más ser que el del conocimiento de la conciencia. Esta
evolución de lo general, en la que la esencia se pasa por entero al lado
de la conciencia, la encontraremos en la tan. denostada filosofía de los
sofistas; podemos enfocar esto en el sentido de que es aquí donde se
desarrolla la naturaleza negativa de lo general.
no pueden resistir al examen; es necesario que lo general se destaque
por sí mismo, como acabamos de ver en Anaxágoras, el único en quien,
[…]
hasta ahora, lo encontramos como actividad que se determina a sí
misma.
CAPÍTULO II: DE LOS SOFISTAS A LOS SOCRÁTICOS
[…]
En este segundo capítulo trataremos primero de los sofistas,
segundo, de Sócrates y, tercero, de los socráticos en sentido estricto,
separando de ellos a Platón, para tratar de él, juntamente con
Claro está que por este camino no es posible llegar muy lejos. Sin
embargo, arranca de aquí una evolución más clara de la relación entre
la conciencia y el ser, la evolución de la naturaleza del conocer como un
conocimiento de la verdad. El espíritu da un paso más hacia adelante al
proclamar la esencia como pensamiento; de este modo, la esencia,
como algo que es, se halla en la conciencia en cuanto tal: es en sí, pero
también en la conciencia. Es, simplemente, el ser en cuanto la
conciencia lo conoce, y la esencia es solamente el conocimiento de él.
El espíritu no tiene ya por qué buscar la esencia fuera de él, sino dentro
de sí mismo, pues lo que parecía algo extraño se revela ahora como
Aristóteles, en el tercer capítulo.
El νούς, que -es concebido primeramente de un modo muy subjetivo
como fin, es decir, como lo que es fin. para el hombre, a saber, como lo
bueno, es concebido por Platón y Aristóteles, de un modo objetivo y
general, como género o idea. El pensamiento se proclama ahora como
el principio, que tiene, por lo pronto, una manifestación subjetiva, en
cuanto actividad subjetiva del pensamiento: se abre así, al establecerse
lo absoluto como sujeto, una época de reflexión subjetiva; es decir, se
inicia en este período, que coincide con la desintegración de Grecia en
la guerra del Peloponeso, el principio de los tiempos modernos.
pensamiento, es decir, la conciencia tiene esta esencia en sí misma.
Pero esta conciencia contrapuesta es un algo individual, con lo cual se
levanta, en realidad, el ser en sí; pues el ser en sí es lo no
Como en el νούς de Anaxágoras, considerado como la actividad
todavía puramente formal que se determina a sí misma, la
20
determinabilidad es todavía totalmente indeterminada, general y
mismo y a sus intereses, o bien el contenido se determina como la
abstracta y, por tanto, totalmente carente de contenido, el punto de vista
generalidad en su conjunto.
general es el de la necesidad inmediata de pasar a un contenido, del
que arranca la determinación real.
Se nos ofrecen pues, según esto, dos puntos de vista: el de cómo
ha de concebirse la determinación de lo que es en y para sí y el de
Ahora bien, ¿cuál es este contenido general absoluto que se da el
cómo ha de ponerse esto en relación directa con el yo como lo
pensamiento abstracto, como actividad que se determina a sí misma?
pensante. Lo fundamental, en la filosofía, es siempre esto: que, aunque
Tal es, aquí, el problema esencial. Frente al pensamiento espontáneo
el que establece sea el yo, el con' tenido establecido de lo pensado
de los filósofos antiguos, cuyos pensamientos generales hemos
debe ser el objeto en y para sí. Si nos atenemos exclusivamente al
examinado, aparece ahora la coNciencia.
hecho de que el yo es el que establece, tendremos el mal idealismo de
Mientras que, hasta ahora, el sujeto, cuando reflexionaba sobre lo
absoluto, sólo producía pensamientos y tenía ante si este contenido,
ahora, dando un paso más, nos encontramos con que esto no es la
los tiempos modernos; en cambio, en los tiempos antiguos los
pensadores no se aferraban a que lo pensado fuese malo por el hecho
de que yo lo estableciera.
totalidad de lo que aquí existe, sino que el sujeto pensante forma
Ahora bien, en los sofistas el contenido es solamente lo mío, es
también parte esencial de la totalidad de lo objetivo. Pero esta
decir, algo subjetivo; fue Sócrates quien captó el contenido como lo que
subjetividad del pensamiento tiene, a su vez, vista de cerca, una doble
es en y para sí, y los socráticos precisaron luego este contenido en
determinación: de una parte, la determinación infinita de ser una forma
conexión directa con él.
que se refiere a sí misma que, como esta actividad pura de lo general,
ob-tiene determinaciones de contenido; de otra parte, en tanto que la
conciencia reflexiona sobre el hecho de que el sujeto pensante es el
que establece esto, el retorno del espíritu de la objetividad a sí mismo.
Así, pues, si primeramente el pensamiento, al entregarse al objeto,
no tenía aún como tal, en el νούς de Anaxágoras, contenido alguno, ya
que éste se hallaba del otro lado, ahora, con el retorno del pensamiento
como la conciencia de que el sujeto es lo pensante, va vinculado
también el otro lado, a saber: el de que tiene que procurar darse un
contenido esencial absoluto. Este contenido, visto de un modo
abstracto, puede, a su vez, ser de dos clases: o bien lo esencial es el yo
con respecto a la determinación, cuando se toma por contenido a sí
A) LOS SOFISTAS
El concepto que la razón había descubierto en Anaxágoras como la
esencia
es
lo
simple
negativo,
en
lo
que
se
hunde
toda
determinabilidad, todo lo que es y todo lo individual. Nada puede
mantenerse ante el concepto, ya que el concepto es lo absoluto exento
de todo predicado, para el que todo es pura y simplemente un
momento; para él no existe, por tanto, digámoslo así, nada firme ni fijo.
El concepto es, cabalmente, esta transitoriedad fluyente de Heráclito,
este movimiento, esta causticidad a la que nada puede resistirse. Por
tanto, el concepto, que se encuentra a sí mismo, se encuentra como el
21
poder absoluto ante el cual todo desaparece; y, con ello, se tornan
absoluta y única, empleando celosamente su poder y su fuerza contra
fluidas todas las cosas, se fluidifica todo lo existente, todo lo que se
cuanto, no siendo pensamiento, pretenda hacerse valer como algo
tenía por sólido y firme. Lo que se reputaba firme —ya se trate de la
determinado. El pensamiento idéntico consigo mismo endereza, pues,
firmeza del ser natural o de la firmeza de determinados conceptos,
su fuerza negativa contra la múltiple deterniinabilidad de lo teórico y lo
principios, costumbres y leyes— vacila y pierde su estabilidad. Como
práctico, contra las verdades de la conciencia natural y contra las leyes
algo general, estos principios, etc., son también, indudablemente, parte
y los principios dotados de validez inmediata; y lo que para la
del concepto, pero su generalidad no es más que su forma; su
representación es más firme se disuelve en él, abandonando por una
contenido se pone, empero, como algo determinado, en. movimiento.
parte a la subjetividad especial el convertirse en lo primero y lo más
Este movimiento lo vemos manifestarse en los llamados sofistas,
con los que aquí nos encontramos por vez primera.
firme y el referir a sí todo lo demás.
Este concepto, al manifestarse así, se convierte ahora en filosofía
general, y no solamente en una filosofía, sino también en una cultura
general, en la cultura que procura adquirir y tiene que adquirir
[…]
necesariamente todo hombre que no pertenezca al pueblo situado al
margen
Es cierto que la sofistería es una palabra mal famada; y fue
principalmente la oposición de Sócrates y Platón la que rodeó a los
sofistas de esta mala fama, según la cual esta expresión significa,
generalmente, que se trata de refutar o hacer vacilar arbitrariamente y
por medio de falsas razones algo que se tiene por verdad o de probar y
hacer plausible algo que se reputa falso. Debemos dejar a un lado y
olvidar este sentido negativo de la palabra. En cambio, queremos
examinar, desde el punto de vista positivo y verdaderamente científico
cuál era la posición de los sofistas en Grecia.
de
todo
pensamiento.
Llamamos
cultura,
en
efecto,
precisamente al concepto aplicado en la realidad, en tanto no se
manifieste puramente en su abstracción, sino en unidad con el
contenido múltiple de todas las representaciones. Ahora bien, el
concepto es el factor dominante y él motor de la cultura, pues en ambos
se reconoce lo que hay de determinado en su límite, en su tránsito a
otra cosa. La cultura, así entendida, se convierte en la finalidad general
de la enseñanza; por eso surgió por doquier multitud de maestros de
sofística. Más aún, los sofistas son los maestros de Grecia, gracias a
los cuales, en realidad, pudo surgir en ésta una cultura; en tal sentido,
vinieron a sustituir a los poetas y a los rapsodas, que habían sido
Son los sofistas quienes aplican el concepto simple, como
anteriormente los verdaderos maestros.
pensamiento (que ya en la escuela de los eléatas, con Zenón, empieza
a volverse contra su reverso puro, el movimiento), a los objetos del
mundo y quienes penetran con él en todos los asuntos humanos, al
adquirir el pensamiento conciencia de sí mismo como la esencia
[…]
22
aspectos fundamentales de su cultura fue la generalización del modo de
La religión no fue maestra ni vehículo de cultura, pues no contenía
enseñanza alguna. Es cierto que los sacerdotes sacrificaban a los
dioses, emitían profecías e interpretaban los oráculos, pero el enseñar
pensar de los eléatas y la extensión de este modo de pensar a todo el
contenido del saber y del obrar; lo que en ello hay de positivo se revela
como lo útil, y lo es, en realidad.
es algo muy distinto de todo esto. Los sofistas, por su parte, iniciaban a
los hombres en la sabiduría, en las ciencias en general, en la música, la
[…]
matemática, etc.; y en ello consistía, ademas, su primordial misión. La
necesidad de educarse por medio del pensamiento, de la reflexión,
habíase sentido en Grecia antes de Feríeles: comprendíase que era
necesario formar a los hombres en sus ideas, enseñarlos a orientarse
en las relaciones de la vida por medio del pensamiento y no solamente
por oráculos o por la fuerza de la costumbre, de la pasión o del
sentimiento momentáneo; no en vano el fin del Estado es siempre lo
general, dentro de lo que queda encerrado lo particular. Los sofistas, al
aspirar a este tipo de cultura y a su difusión, se convierten en una clase
especial dedicada a la enseñanza como negocio o como oficio, es decir,
como una misión, en vez de confiar ésta a las escuelas; recorren para
ello, en incesante peregrinar, las ciudades de Grecia y toman en sus
B) SÓCRATES
A este punto había llegado la conciencia en Grecia, cuando surgió
en Atenas la gran figura de Sócrates, en quien la subjetividad del
pensamiento se pone de relieve de un modo mucho más claro y más
profundo. Pero Sócrates no brota como un hongo de la tierra, sino que
se halla unido a su época por un determinado nexo de continuidad: no
es, pues, únicamente una figura de extraordinaria importancia en la
historia de la filosofía, tal vez la más interesante de cuantas forman el
panorama de la filosofía antigua, sino que es, además, una
personalidad que pertenece a la historia universal.
manos la educación y la instrucción de la juventud.
Sócrates personifica, en efecto, uno de los momentos críneos
fundamentales del espíritu que vuelve sobre sí mismo, bajo la forma del
[…]
pensamiento filosófico. Recapitulando brevemente el ciclo recorrido
hasta aquí, vemos que los antiguos jonios pensaron, es cierto, pero sin
reflexionar sobre el pensamiento o definir como pensamiento su
Los sofistas, por su cultura formal, se mueven dentro del campo de
la filosofía; en cambio, por su reflexión se. hallan, en realidad, al
margen de él. El vínculo que los une a la filosofía es el hecho de que no
se detienen en el razonamiento concreto, sino que se remontan, por lo
menos en parte, hasta las últimas determinaciones. Uno de los
producto. Los atomistas convierten ya la esencia objetiva en
pensamientos, pero éstos, en ellos, son todavía simples abstracciones,
entidades puras. Anaxágoras es el primero que eleva el pensamiento
como tal a principio, que se manifiesta, así, como el concepto
todopoderoso, como el poder negativo sobre todo lo determinado y
23
existente. Finalmente, Protágoras proclama el pensamiento como la
mismo en que se levanta todo lo determinado, no debe perderse de
esencia, pero tomándolo precisamente en su movimiento, que no es
vista que Sócrates encuentra en el pensamiento, a la par, el punto fijo y
sino la conciencia en que todo se disuelve, la inquietud del concepto.
quieto. Esta sustancia en y para sí y que no hace sino conservarse,
Sin embargo, esta inquietud es también, en sí misma, algo quieto y fijo.
aparece determinada como el fin y, más concretamente, como lo
Ahora bien, lo que hay de fijo en el movimiento como tal es el yo, ya
verdadero, como lo bueno.
que los momentos del movimiento se hallan al margen de él: el yo,
como lo que se conserva a sí mismo y levanta todo lo otro, es una
unidad negativa, pero, precisamente por ello, individual; no es aún algo
general que reflexione sobre sí mismo. En esto estriba, en efecto, el
doble sentido de la dialéctica y la sofística: en que, al desaparecer lo
objetivo, el significado de lo fijamente subjetivo pasa a ser o bien lo
individual opuesto a lo objetivo, y con ello la arbitrariedad fortuita y
sustraída a toda ley, o bien lo que hay en ello mismo de objetivo y
general.
Pues bien, Sócrates proclama la esencia como el yo general, como
la conciencia que descansa en sí misma; esto no es otra cosa que lo
bueno como tal, libre de la realidad existente, libre de la conciencia
sensible concreta de los sentimientos y las inclinaciones, libre,
finalmente, del pensamiento dedicado a especular teóricamente en
torno a la naturaleza, el cual, aun siendo pensamiento, conserva aún la
forma del ser, en el cual yo no puedo, por tanto, estar seguro de mí
mismo.
Con esto, Sócrates acepta, en primer lugar, la doctrina de
Anaxágoras según la cual el pensamiento, la inteligencia, es lo que
A este criterio de lo general viene a añadirse, en segundo lugar, el
de que este algo bueno que debo considerar como fin sustancial debe
ser reconocido por sí mismo: aparece así, con Sócrates, la subjetividad
infinita, la libertad de la conciencia de sí mismo. Esta libertad, que se
cifra en el postulado de que la conciencia, en todo lo que piense, debe
hallarse sencillamente presente y cabe sí, es postulada en nuestro
tiempo en términos infinitos y de un modo puro y simple: lo sustancial,
aunque eterno y en y para sí, debe ser producido también por mí; ahora
bien, este algo mío no es otra cosa que la actividad formal.
El principio de Sócrates consiste, pues, en que el hombre descubra
a partir de sí mismo tanto el fin de sus actos como el fin último del
universo, en que llegue a través de sí mismo a la verdad. El
pensamiento verdadero piensa de tal modo que su contenido no es
subjetivo, sino objetivó. Pero objetividad, aquí, quiere decir generalidad
en y para sí, no objetividad puramente externa. La verdad se postula,
así, como un producto elaborado por medio del pensamiento, mientras
que la moralidad libre y espontánea es, como hace decir Sófocles a
Antígona (vs. 454-457), "la ley eterna de los dioses",
Sin que nadie pueda saber de dónde viene.
gobierna, lo general que se determina a sí mismo, pero sin que este
principio revista ya, como en los sofistas, el aspecto de una cultura
formal o de un filosofar abstracto. Por tanto, si también en Sócrates,
como en Protágoras, la esencia es el pensamiento consciente de sí
En los tiempos modernos se habla mucho del saber inmediato y de
la fe, pero no debe creerse que su contenido, es decir, Dios, el bien, la
justicia, etc., tenga como fuente exclusivamente los sentimientos y la
24
imaginación, pues es, en realidad, algo puramente espiritual, es decir,
un contenido procedente del pensamiento. Los animales no tienen
religión, sencillamente porque sienten y no piensan; lo espiritual tiene
siempre por instrumento el pensamiento y es privativo del hombre.
no es sino un fenómeno, que no es objetivo en sí mismo.
En tercer lugar, Sócrates sólo concibe lo bueno, primordialmente, en
el sentido especial de lo práctico, lo que, sin embargo, no es sino uno
de los modos de la idea sustancial; lo general no es solamente para mí,
Sócrates da, pues, un paso extraordinariamente importante al
sino que es también, como fin en y para sí, el principio de la filosofía de
atribuir la verdad de lo objetivo al pensamiento del sujeto, en el mismo
la naturaleza; en este elevado sentido lo entendieron, en efecto, Platón
sentido en que Protágoras dice que lo objetivo sólo existe a través de la
y Aristóteles. Por eso, las historias antiguas de la filosofía destacan
relación con nosotros. Por eso, la guerra declarada por Sócrates y
como uno de los grandes méritos de Sócrates el haber introducido la
Platón contra los sofistas no podía obedecer, en modo alguno, a que
ética como un nuevo concepto de la filosofía, que, hasta entonces, sólo
aquéllos defendieran contra éstos, como creyentes de viejo cuño, la
se preocupaba de investigar la naturaleza: así, Diógenes Laercio (III,
religión griega y las costumbres antiguas, por atentar contra las cuales
56) dice que los jonios descubrieron la filosofía de la naturaleza, a la
había sido condenado ya Anaxágoras. Por el contrario. La reflexión y la
que Sócrates añadió la ética y Platón la dialéctica. Ahora bien, como la
tendencia a buscar en la conciencia la instancia de apelación de todas
ética, precisando su contenido, es, en parte, moralidad y, en parte,
las decisiones son comunes a Sócrates y a los sofistas.
ethos* tenemos que la teoría socrática es, en rigor, una teoría ética, ya
La contraposición que necesariamente tenía que plantearse entre la
filosofía de Sócrates y Platón y los sofistas, que eran el exponente de la
cultura filosófica general de su tiempo, era ésta: la de que lo objetivo
producido por el pensamiento es, al mismo tiempo, algo en y para sí, es
decir, algo colocado por encima de todo particularismo de intereses e
inclinaciones y que representa un poder sobre ellos. Por tanto, mientras
que, de una parte, el momento de la libertad subjetiva, tal como la
conciben Sócrates y Platón, consiste en llevar la conciencia dentro de
sí, este retorno, por otra parte, se determina asimismo como un salir
fuera de la subjetividad especial; lo cual lleva consigo, precisamente, el
que se destierre el carácter contingente, casual, de las ocurrencias y el
que en ella predomina el lado subjetivo, el lado de las intenciones, de
los criterios personales, aunque se levante también en ella esta
determinación del postular partiendo de sí mismo y el bien sea, en ella,
lo eterno, lo que es en y para sí. La moralidad es, por el contrario, algo
exento de preocupación, pues lo decisivo, en ello, es que lo bueno en y
para sí se conozca y se practique. Los atenienses anteriores a Sócrates
eran hombres morales, pero no éticos, pues practicaban lo que había
de racional en sus relaciones sin saber que eran, en verdad, hombres
buenos. El ethos combina la reflexión con esta moralidad, el que este
modo de conducirse, y no el otro, es el bueno; esta diferencia ha vuelto
a cobrar vida, modernamente, con la filosofía kantiana, que es ética.
que el hombre tenga este "salir fuera" en el interior como lo espiritual
Sócrates creó e hizo nacer, de este modo, la ética; por eso, todas
general. Esto es, en efecto, lo verdadero, la unidad de lo subjetivo y lo
las chacharas éticas y la filosofía popular de la posteridad ven en él su
objetivo en la terminología moderna; a diferencia del ideal kantiano, que
patrono y su santo tutelar, haciendo de Sócrates el manto para cubrir y
25
justificar toda su falta de filosofía. El método empleado por Sócrates
idea de un todo científico. Así, pues, mientras que Sócrates sólo
para filosofar tenía, necesariamente, que popularizar su figura, a lo que
concebía el pensamiento que es en y para sí como fin para la voluntad
contribuyó, además, notablemente, su muerte, al rodear a este
consciente de sí misma, Platón abandona este estrecho punto de vista
pensador con el halo del interés emotivo-popular que suelen dar los
y amplía el. derecho puramente abstracto del pensamiento consciente
sufrimientos de los inocentes.
de sí mismo, que Sócrates elevara a principio, llevándolo al terreno de
la ciencia; con lo cual hace posible una construcción y una derivación a
base del principio, aunque su exposición no tenga todavía carácter
[…]
científico.
Platón es una de las figuras histórico-universales y su filosofía una
CAPÍTULO III: PLATÓN Y ARISTÓTELES
La ciencia filosófica empieza a desarrollarse como tal y el punto de
vista socrático empieza a adquirir rasgos de cientificidad a partir de
Platón, y la trayectoria que éste inicia llega a su remate con Aristóteles.
Nadie tiene más derecho que estos dos pensadores a llamarse
maestros del género humano.
de esas existencias de la historia universal que, desde su rrismo
nacimiento, ejercen la más importante influencia sobre todos los
tiempos venideros, en cuanto a la formación y al desarrollo del espíritu.
En efecto, lo característico de la filosofía platónica es, precisamente,
esa orientación hacia el mundo intelectual y suprasensible, la exaltación
de la conciencia al reino espiritual; de tal modo que lo espiritual, lo que
pertenece al mundo del pensamiento, cobra importancia, bajo esta
forma, para la conciencia y encuentra el camino hacia ella, y, a la
A) PLATÓN
Platón tiene también su puesto entre los filósofos socráticos; es el
más famoso de los amigos y oyentes de Sócrates y concibió en toda su
verdad el principio de su maestro según el cual la esencia reside en la
conciencia, ya que de acuerdo con él lo absoluto ha de buscarse en el
pensamiento y toda realidad es pensamiento: no el pensamiento
unilateral o el pensamiento concebido en el sentido del idealismo malo,
según el cual el pensamiento reaparece en uno de los lados, se concibe
como pensamiento consciente y se enfrenta a la realidad, sino el
inversa, la conciencia empieza a pisar firme en este terreno. También la
religión cristiana eleva a principio general este alto principio según el
cual la esencia espiritual interior del hombre es su verdadera esencia,
aunque sea de un modo propio y peculiar, es decir, viendo en -ello el
destino del hombre a la bienaventuranza: y así, bien podemos afirmar
que Platón y su filosofía contribuyeron en una parte importantísima a
que aquel modo de concebir se convirtiese en esta organización de lo
racional, en este reino de lo suprasensible, pues no en vano fue Platón
quien dio el primer paso por este camino.
pensamiento que abarca en una unidad tanto la realidad como el
pensar, el concepto y su realidad en el movimiento de la ciencia, y la
[…]
26
Por lo que se refiere al concepto general de la filosofía en Platón, lo
Por tanto, la filosofía es, para Platón, la ciencia de lo general en sí,
primero es saber cuál era la noción que Platón se formaba acerca del
al que este pensador retorna constantemente y se remite una y otra
valor ¿Le la filosofía en general. Lo veremos completamente penetrado
vez, por oposición a lo particular y a lo concreto. "Como Platón hablase
de la altísima importancia del conocimiento filosófico; su entusiasmo en
de la 'mesalidad' y la 'vasalidad', Diógenes el cínico le interrumpió, para
lo tocante al pensamiento de lo que es en y para sí, es muy grande. Así
decirle: sí veo mesas y vasos, pero no veo por ninguna parte eso que tú
como los cirenaicos enfocaban la proyección del ser sobre la conciencia
llamas 'mesalidad' o 'vasalidad'. Cierto, replicó Platón, pues tienes ojos
individual, buscando en ella la esencia, y los cínicos la buscaban en la
para ver las mesas y los vasos, pero careces de espíritu para ver la
libertad inmediata, Platón investiga, por el contrario, la unidad
'mesalidad' y la 'vasalidad'."
mediadora consigo misma de la conciencia y la esencia, o sea el
conocimiento. Expresa continuamente las más sublimes nociones
acerca de la dignidad de la filosofía, así como el más profundo
sentimiento y la más decidida conciencia de considerar todo lo demás
como secundario, al lado de esto. Habla de la filosofía y de su elevado
rango con el mayor convencimiento, con toda energía, con el gran
orgullo de la ciencia, como no nos atreveríamos a hacerlo hoy. No
encontraremos en él ni rastro de la llamada actitud de modestia de la
ciencia ante otras esferas o del hombre ante Dios; Platón abriga la
plena conciencia de cuán próxima se halla a Dios y de hasta qué punto
forma la razón humana una unidad con Él.
La obra iniciada por Sócrates fue llevada a cabo por Platón, quien
sólo reconoce como esencial lo general, la idea, lo bueno. Mediante la
exposición de sus ideas, Platón puso al descubierto el mundo
intelectual, pero sin ver en él un mundo situado más allá de la realidad,
en el cielo, en un lugar distinto, sino el mundo real, del mismo modo que
Leucipo había acercado lo ideal a la realidad, sin colocarlo —
metafísicamente— detrás de la naturaleza. La esencia de la teoría de
las ideas ha de buscarse, por tanto, en la concepción de que lo
verdadero no es lo que existe para nuestros sentidos, sino que el
verdadero y único ser del mundo está en lo determinado de suyo, en lo
general en y para sí: el mundo intelectual es, por tanto, lo verdadero, lo
Soportamos la lectura de esto en Platón, es decir, en un autor de la
digno de ser conocido, lo eterno, lo divino en y para sí. Las diferencias
antigüedad, porque no se trata ya de algo presente; si un filósofo
no son esenciales, sino simplemente transitorias; sin embargo, lo que
moderno se atreviera a expresarse así, se lo tomaríamos muy a mal. La
Platón llama absoluto es, al mismo tiempo, como algo único e idéntico
filosofía es, para Platón, el supremo bien, la esencia del hombre, todo lo
consigo mismo, algo concreto de suyo, en cuanto que es un movimiento
que el hombre tiene que buscar.
que retorna a sí mismo y que permanece eternamente cabe sí. Y el
amor por las ideas es lo que Platón llama entusiasmo.
[…]
27
[…]
cosas habremos de encontrarnos más adelante, en el curso de nuestra
exposición.
Con lo dicho, queda expuesto el contenido fundamental de la
filosofía platónica. El punto de vista de Platón es éste: en primer lugar,
aparece la forma fortuita del diálogo, en el que aparecen hablando unos
cuantos hombres nobles y libres, sin otro interés que el de la vida
espiritual de la teoría; en segundo lugar, a medida que van ahondando
en el contenido, descubren los más profundos conceptos y los más
bellos pensamientos, como piedras preciosas con que se tropezase, no
digamos en un desierto, pero sí, desde luego, en un camino seco y
pedregoso; en tercer lugar, no encontraremos aquí ninguna conexión
sistemática, aunque todo emane y fluya de un solo interés; en cuarto
lugar, falta toda subjetividad del concepto; y, en quinto lugar, la base de
todo es la idea sustancial.
B) ARISTÓTELES
Nos separamos, con esto, de Platón, a quien abandona uno, en
verdad, de mala gana. Al pasar a su discípulo Aristóteles nos gana aún
más la preocupación de tener que ser demasiado prolijos, pues no en
vano se trata de uno de los más ricos y profundos genios científicos que
jamás hayan existido: un hombre que nunca ha podido ser igualado.
Disponemos, por fortuna, de un gran número de sus obras, y esto hace
que la materia sea todavía más extensa; sin embargo, no podemos,
desgraciadamente, conceder aquí a Aristóteles la extensión que
merece. Tendremos, por fuerza, que limitarnos a dar una noción
general de su filosofía y señalar solamente, de un modo especial, hasta
Ahora bien, la filosofía platónica pasó por dos fases, con arreglo a
qué punto su filosofía desarrolló y llevó adelante la obra iniciada por el
las cuales tenía necesariamente que desarrollarse y remontarse a un
principio platónico, tanto en lo tocante a la profundidad de las ideas
principio superior. Lo general, que reside en la razón, tenía, en primer
como en lo que se refiere a su extensión; pues Aristóteles es un espíritu
lugar, que desdoblarse en la más acusada antítesis infinita, en la
tan vasto y especulativo como ningún otro, aunque no proceda
sustantividad de la conciencia personal, que es para sí: y así, vemos
sistemáticamente.
cómo en la Nueva Academia la conciencia de sí mismo se repliega
sobre sí misma y se convierte en una especie de escepticismo; la razón
negativa, que se vuelve contra todo lo general y no sabe encontrar la
unidad de la conciencia de sí mismo y de lo general, razón por la cual
se aferra a aquella. Pero, en segundo lugar, los neoplatónicos, dando
media vuelta, llevan de nuevo a cabo esta unidad de la conciencia de sí
Por lo que se refiere al carácter general de Aristóteles, vemos que
éste abarca todo el horizonte de las ideas humanas, penetra en todos y
cada uno de los aspectos del universo real y somete al poder del
concepto la riqueza y la dispersión de todos ellos: no en vano la
mayoría de las ciencias filosóficas le deben a Aristóteles sus
distinciones y sus orígenes.
mismo y la esencia absoluta: para ellos, Dios está presente
directamente en la razón; el conocer racional mismo es el espíritu divino
y el contenido de este conocimiento la esencia de Dios. Con ambas
Pero, aunque la ciencia se descomponga, por esta vía, toda ella en
una serie de determinaciones intelectivas de determinados conceptos,
28
no por ello deja la filosofía aristotélica de estar dominada, al mismo
estos últimos tiempos, pero no así a sus ideas filosóficas. Es, por
tiempo, por los más profundos conceptos especulativos, Aristóteles
ejemplo, una opinión muy generalizada la de que la filosofía aristotélica
procede en conjunto del mismo modo que en cuanto al detalle. Sin
y la platónica se enfrentan y oponen la una a la otra, concibiéndose ésta
embargo, la concepción general de su filosofía no aparece como un
como basada en el idealismo y aquélla, por el contrario, como
todo que se sistematice por medio de la construcción y cuya ordenación
construida sobre el realismo, el realismo más trillado y trivial. Platón, se
y cohesión pertenezcan también a los conceptos, sino que las partes
dice, tomó por principio el ideal, de tal modo que, en él, la idea interior
están tomadas de la experiencia y colocadas las unas al lado de las
crea de sí misma; en Aristóteles, por el contrario, el alma es —siempre
otras, de tal modo que cada parte se reconoce por sí misma como un
según este modo de pensar— una tabula rasa, que recibe pasivamente
concepto determinado, sin necesidad de incorporarse al movimiento
sus determinaciones del mundo exterior: la filosofía aristotélica es, por
coherente de la ciencia. A la filosofía de aquel tiempo y al punto de vista
tanto, empirismo, un lockeanismo de la peor especie, etc.
en que se situaba no se les podía exigir que pusieran de manifiesto la
necesidad. Sin embargo, aunque el sistema de Aristóteles no aparezca
como desarrollado en sus partes partiendo del concepto mismo, sino
que las partes se presentan las unas al lado de las otras, no cabe duda
de que forman una totalidad de filosofía esencialmente especulativa.
Pero pronto veremos cuan falsa es esta manera de pensar. En
realidad, Aristóteles supera a Platón en cuanto a profundidad
especulativa, ya que conoció la más profunda de las especulaciones, el
idealismo, del que no se aparta, por muy vasto que sea su campo
empírico.
Una razón para ser prolijo, tratándose de Aristóteles, la tenemos en
que ningún otro filósofo ha sido objeto de tanta injusticia por parte de
las
tradiciones
totalmente
huérfanas
de
pensamiento
que
se
[…]
mantuvieron al margen de su filosofía y que todavía se hallan a la orden
del día hoy, a pesar de haber sido este pensador, durante largos siglos,
el maestro de todos los filósofos. Todavía es hoy el día en que se le
atribuyen, como lo más natural del mundo, ideas y doctrinas que son,
cabalmente, el reverso de su filosofía. Y, mientras que a Platón se le lee
mucho, el tesoro de la obra aristotélica permaneció poco menos que
ignorado a lo largo de los siglos, hasta llegar a los tiempos más
recientes, reinando en torno a él los más falsos prejuicios. Las obras
especulativas, lógicas de Aristóteles apenas son conocidas por nadie; a
las que versan sobre historia natural se les ha hecho más justicia, en
Es difícil señalar con toda precisión lo que es la filosofía aristotélica,
indicar los diversos momentos fundamentales de la idea general, pues
Aristóteles es mucho menos fácil de comprender que Platón. Éste se
vale de mitos y siempre cabe saltar por alto lo dialéctico y decir, sin
embargo, que se ha leído a Platón; Aristóteles, por el contrario, entra
directamente en lo especulativo. Parece como si éste se limitase a
filosofar sobre lo concreto, sobre lo particular, sin destacar qué es lo
absoluto, lo general, qué es Dios, pues pasa siempre de unos detalles a
otros. Su tarea cotidiana versa sobre lo que es, lo mismo que la labor
29
de un profesor es su curso semestral; y aunque para ello recorra toda la
conciencia y este aislamiento en la determinación por el concepto, por
masa del mundo de las representaciones, sólo parece buscar lo
ser asimismo necesario, contiene en todas y cada una de esas esferas
verdadero en lo particular, sólo parece reconocer una serie de verdades
los más profundos pensamientos certeros, tenemos que Aristóteles,
particulares.
para adelantarnos aquí, en general, a la historia extema de su filosofía,
Este modo de proceder no presenta brillantez alguna, ya que no
parece elevarse hasta la idea (como Platón, que habla de la excelsitud
de las ideas) ni reducir a ella lo concreto y detallado. Pero, si bien
Aristóteles, de una parte, no destaca lógicamente la idea general (pues
de otro modo su llamada lógica, que es algo distinto, podría
estaba llamado a ser, sin interrupción, durante largos siglos el
exponente de la formación del pensamiento. Al desaparecer la ciencia
entre los cristianos, en el Occidente, su prestigio brilló también con igual
fuerza entre los árabes, quienes, andando el tiempo, se encargaron de
transmitir su filosofía a la posteridad, en los países de Occidente.
reconocerse en todo como el concepto uno, en cuanto al método), no
es menos cierto que, por otra parte, en Aristóteles aparece también lo
[…]
uno absoluto, la idea de Dios, como algo particular, ocupando su lugar
al lado de los demás, aunque sea toda la verdad. Es algo así como si
se dijera: "Existen las plantas, los animales, los hombres, pero existe
también Dios, lo más excelente de todo."
Ponemos fin, así, a la primera sección de la filosofía griega para
pasar en seguida al segundo período de ella. El primer período de la
filosofía griega llega hasta Aristóteles, hasta esta plasmación de la
ciencia en que el conocimiento se erige sobre este terreno del
[…]
pensamiento libre. El resultado a que se llega, en Platón y Aristóteles,
es como hemos visto la idea; sin embargo, en Platón veíamos cómo lo
Y con lo dicho ponemos fin a nuestro resumen de la filosofía
aristotélica, de la que no es fácil por cierto desprenderse, pues cuanto
más entra uno en detalles de ella, más interesante resulta y más
cohesión encuentra uno en los temas.
general se hacía valer de un modo más bien abstracto como la idea
inmóvil, mientras que en Aristóteles el pensamiento se torna totalmente
concreto en la efectividad como el pensamiento que se piensa a sí
mismo. La necesidad inmediata, lo inmediatamente necesario, tiene que
contenerse en aquello que la filosofía había llegado a ser con Platón y
Aristóteles. Esta necesidad no es otra sino la de que lo general se
[…]
destaque ahora, libremente por sí mismo, como la generalidad del
principio, de tal modo que lo particular sea reconocido por este algo
general: o, dicho en otros términos, se manifiesta de modo inmediato la
Como el concepto de Aristóteles penetró en todas las esferas de la
30
necesidad de una filosofía sistemática, encaminada hacia lo que antes
por encima de los cuales no se destaca un principio que se imponga a
llamábamos la unidad del concepto.
lo particular. Por eso en Aristóteles la idea suprema ocupa, a su vez, el
Cabe hablar del sistema platónico y del sistema aristotélico, pero no
hay que buscarlos en la forma del sistema, pues para ello es necesario
que se establezca un principio y se lo desarrolle de un modo
consecuente a través de lo particular. Dentro del complejo total de la
comprensión del universo por Aristóteles, en que todo se reduce a lo
especulativo en el supremo modo de la ciencia, por muy empíricamente
que este pensador aborde los problemas, se contiene indudablemente
lugar que le corresponde como algo particular, sin llegar a ser el
principio de toda su filosofía. De aquí qué la necesidad inmediatamente
sentida por la filosofía sea, ahora, el que el volumen de lo conocido se
manifieste también como una organización del concepto, para que de
este modo la multiforme realidad pueda referirse a aquella idea como a
lo general y determinarse por ella. Tal es, en efecto, el resultado a que
se llegará en este segundo período de la historia de la filosofía.
un principio, que es además un principio especulativo, pero sin que
Esta filosofía sistemática se convierte, en una primera fase, en
llegue a destacarse como una unidad; la naturaleza de lo especulativo
dogmatismo, que trae en seguida como reacción, por razón de su
no llega a cobrar conciencia de sí, como concepto para sí, como lo que
unilateralidad, el escepticismo: así también, los franceses llaman a lo
encierra dentro de sí mismo la evolución de la multiplicidad del universo
dogmático systématique y dan el nombre de systéme a aquel conjunto
natural y espiritual: por consiguiente, no se proclama como lo general, a
de
base de lo cual se desarrolle lo particular. La lógica aristotélica es más
consecuentemente
bien lo contrario de eso. Recorre la serie de los vivos y los muertos, se
systématique es, para ellos, sinónimo de unilateral. Y, en efecto, las
enfrenta a su pensamiento objetivo, es decir, comprensivo, y lo capta al
filosofías de una época posterior toman un giro unilateral, ya que en
comprenderlo; todo objeto es, para ella, un concepto desintegrado en
ellas sólo se reconoce la necesidad de un principio, pero sin desarrollar
sus determinaciones, aunque luego se encarga de articular y hacer
la idea a partir de sí misma como algo real y general, cosa que
coherentes estos pensamientos, convirtiéndose así en especulativa.
perfectamente habrían podido hacer en y para sí, ni llegar, por tanto, a
Y si bien es cierto que ya Platón procedía, en conjunto, de un modo
empírico, al hacerse cargo de ésta y de la otra representación y
recorrerlas y analizarlas, esta manera vaga se manifiesta con mayor
fuerza aún en Aristóteles. En la ciencia aristotélica, por tanto, la idea del
pensamiento que se piensa a sí mismo se concibe ya, es cierto, como
representaciones
de
en
una
el
que
todas
determinación;
tienen
que
emanar
y
eso
también
por
conocer el mundo de tal modo que el contenido sólo se conciba como
determinación del pensamiento que se piensa a sí mismo. Y esto hace
precisamente que este principio aparezca como algo formal y abstracto
y que lo particular no se deduzca todavía de ello, sino que lo general se
limite a aplicarse a lo particular, buscando la regla de esta aplicación.
la verdad suprema; pero la realización de ese pensamiento, la
En Aristóteles, la idea es, por lo menos, concreta en sí, como
conciencia del universo natural y espiritual, recorre al margen de
conciencia de la unidad de lo subjetivo y lo objetivo, y por tanto no es
aquella idea una larga y desarticulada serie de conceptos especiales,
unilateral. Para que la idea fuese verdaderamente concreta, sería
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necesario que a base de ella se desarrollase lo particular. La otra
través de la necesidad interior del espíritu: no al exterior, sino a tono
relación sería simplemente la de la subsun-ción de lo particular bajo lo
con el concepto. Esta necesidad será la que dará vida a las filosofías
general, de tal modo que ambas cosas se diferenciasen entre sí; en
estoica, epicúrea, neoacadémica y escéptica, que a continuación
este caso, lo general es solamente un principio formal, lo que hace que
habremos de estudiar. Y si en el estudio de este primer período nos
esta filosofía sea por fuerza una filosofía unilateral.
hemos detenido demasiado, podremos recobrar el espacio en el
Ahora bien, el verdadero problema consiste en conseguir que
converjan ambas direcciones: la de la evolución de lo particular a base
examen'del segundo, en el que ya no tenemos para qué extendernos
tanto.
de la idea y la de la subsunción de lo particular bajo lo general. Los
fenómenos del mundo físico y del mundo espiritual deben prepararse y
SEGUNDO PERIODO: EL DOGMATISMO Y EL ESCEPTICISMO
elaborarse desde su campo con vistas al concepto, para que las otras
ciencias puedan formar, a partir de ellos, leyes y principios generales;
sólo así puede la razón especulativa llegar a plasmarse en los
pensamientos determinados y cobrar clara y plena conciencia de la
cohesión existente entre ellos, que es una cohesión interior.
En este segundo período, que precede a la filosofía alejandrina,
habremos de estudiar las corrientes del dogmatismo y el escepticismo.
El dogmatismo es adoptado por dos filosofías, la estoica y la epicúrea;
la otra corriente —compartida por ambas filosofías y que es, sin
embargo, la reacción contra aquélla—, el escepticismo, aparece
Como dogmáticas, aquellas filosofías son también, vistas de cerca,
filosofías afirmativas, ya que por este camino el principio no hace más
que afirmar, sin llegar a demostrarse de un modo verdadero. Pues lo
representada por la nueva Academia, entregada por entero a él,
mientras que en la Academia antigua se mantenía todavía en su pureza
la filosofía de Platón.
que se hace es postular un principio bajo el que se subsuma todo y que,
por tanto, se da por supuesto como lo primero. Ya antes habíamos
tenido principios abstractos de éstos, como, por ejemplo, el del ser
puro; lo que ocurre es que en ellos lo particular, por lo que comienza la
distinción de otras cosas, se establecía como algo puramente negativo.
Aquella necesidad, en cambio, tiende a lo general, que al mismo tiempo
debe darse en lo particular; de tal modo que eso no quede a un lado, al
margen, sino que rija como determinado por lo general.
Veíamos, al final del período anterior, la conciencia de la idea o de lo
general, que es de suyo fin: un principio evidentemente general, pero al
mismo tiempo determinado de suyo, capaz por ello mismo de subsurnir
lo particular y de ser aplicado a ello. Este ángulo de la aplicación de lo
general a lo particular es aquí lo predominante, pues el pensamiento de
que la particulariza-ción de la totalidad se desarrolle a partir de lo
general mismo, no existe aún. Esta relación lleva siempre implícita la
necesidad del sistema y de lo sistemático; en efecto, un determinado
Esta necesidad de un principio general, aunque todavía no
demostrado, existe a partir de ahora para el conocimiento. Lo
correspondiente a esta necesidad se manifiesta ahora en el mundo a
principio debe ser aplicado de, un modo consecuente a lo particular, de
tal modo que la verdad de todo lo particular sea determinada y, al
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propio tiempo, conocida con arreglo a este principio abstracto. Y como
satisfacción en lo concreto opuesto al este formalismo, en el
en esto precisamente consiste el llamado dogmatismo, tenemos que es
sentimiento y la fe interiores. La naturaleza y el mundo político son
un filosofar del entendimiento, en el que no se da ya la grandeza
también indudablemente concretos, pero externamente concretos; lo
especulativa de un Platón ni de un Aristóteles.
propiamente concreto, por el contrario, no reside en la idea general
Con vistas a aquella relación, la misión de la filosofía se determina
ahora como el doble problema fundamental que conocemos ya de
determinada, sino solamente en la conciencia de sí mismo y como lo
suyo.
antes: el que tiende hacia un criterio de verdad y el que busca el del
Por tanto, la segunda determinación predominante es la del sufrió.
sabio. La necesidad de este fenómeno puede ser explicada ahora más
No sólo la razón, todo debe ser algo pensado, es decir, en cuanto algo
de cerca y además desde otro punto de vista. .Sabiendo ya, en efecto,
subjetivo, mi pensamiento; lo pensado, a su vez, sólo es en sí, es decir,
que lo verdadero estriba en la coincidencia entre, el pensamiento y la
sólo es objetivo de suyo, en tanto aparece bajo la forma de la identidad
realidad o ha sido concebido, más bien, como la identidad del concepto
formal del pensamiento consigo mismo. El pensamiento del criterio,
entre lo subjetivo y lo objetivo, cabe preguntar, ante todo, euál es el
como de un principio, es en su realidad inmediata el sujeto mismo; por
principio general para poder juzgar esta coincidencia, el principio con
tanto, el pensamiento y lo pensante forman una unidad directamente. Y
arreglo al cual lo verdadero puede juzgarse como verdadero: tal es justo
como el principio de esta filosofía no es objetivo sino dogmático y
el criterio.
descansa sobre la tendencia de la conciencia de sí mismo a encontrar
Sin embargo, como este problema sólo pudo resolverse de un modo
formal y dogmático, trajo aparejada, al mismo tiempo, la dialéctica del
escepticismo o la conciencia de la unilateralidad de este principio, en
general, como un principio dogmático. Otra consecuencia de esta
filosofía es la de que el principio, enl cuanto formal, era un principio
subjetivo; y por serlo cobraba la esencial significación de la subjetividad
de la conciencia, de sí mismo. Por razón de la asimilación externa de la
multiplicidad en general, es la conciencia de sí mismo el punto supremo
en que el pensamiento se encuentra en su modalidad más determinada.
satisfacción, tenemos que el sujeto es aquello por lo que debe velarse.
El sujeto busca para sí un principio de su libertad, la firmeza
inconmovible de suyo; debe ser conforme al criterio, es decir, a este
principio
completamente
general,
para
poder
elevarse
a
esta
independencia abstracta. La conciencia de sí mismo vive en la soledad
de su pensamiento y encuentra en ella su satisfacción. Tales son, en
efecto, las determinaciones fundamentales de las filosofías que
entramos
a
exponer:
lo
primero
será
exponer
los
principios
fundamentales sobre que descansan; no entraremos, sin embargo, en
detalles por considerarlo innecesario.
Por eso todas estas filosofías tienen como principio la relación pura
de la conciencia de sí mismo consigo misma, ya que sólo en este
principio encuentra satisfacción la idea: del mismo modo que el
formalismo del entendimiento de la llamada filosofía actual encuentra su
Ahora bien, aunque por su origen estas filosofías pertenecen todavía
al mundo helénico y sus grandes maestros fueron todos ellos griegos,
habrían de verse trasplantadas al mundo romano. La filosofía se
33
desplaza así a esta esfera, y estos sistemas en especial se convierten,
principio abstracto, que sólo podía traer consigo una reconciliación
bajo la dominación de los romanos, en la filosofía del mundo wmano,
formal, subjetiva.
frente al cual, como un mundo no conforme a la conciencia de sí mismo
práctica y racional, había de revelarse esta filosofía retraída hacia sí
misma partiendo de la realidad exterior, que sólo buscaba lo racional
dentro de sí y sólo podía velar por su individualidad, lo mismo que los
cristianos, de un modo abstracto, sólo podían preocuparse de la
salvación de su alma.
Por eso, al espíritu romano sólo podía satisfacerle un dogmatismo
basado sobre un principio que se hiciese valer mediante la forma del
entendimiento. Éstas filosofías de la época son, pues, las que mejor
cuadran al espíritu del mundo romano, y ya sabemos que la filosofía se
halla siempre en estrecha armonía con la concepción general del
mundo. No cabe duda de que el mundo romano dio vida a un
En el luminoso mundo griego, el individuo sentíase más unido a su
patriotismo formal y a sus virtudes correspondientes, así como a un
Estado, a su mundo, y hallábase más presente en él. Esta moralidad
sistema de derecho muy desarrollado; pero de una muerte así no podía
concreta, esta tendencia a implantar el principio en el mundo mediante
surgir una filosofía especulativa, sino solamente buenos abogados y la
la organización del Estado, como la encontramos en Platón, esta
moral de un Tácito. Por eso estas filosofías, con excepción del
ciencia concreta, al modo de la de Aristóteles, desaparecen ahora.
estoicismo, se manifestaron entre los romanos en oposición con su
Dentro del funesto mundo romano, se borra con mano áspera todo lo
antigua fe supersticiosa; y en general la filosofía pasa a ocupar ahora el
que había de bello y de noble en la individualidad espiritual. En este
lugar de la religión.
estado de divorcio del mundo, en que el hombre se ve empujado a su
interior, esfuérzase en buscar por la vía de lo abstracto la unidad y la
satisfacción que ya no acierta a encontrar en el mundo. Por eso
precisamente el mundo romano es el mundo de la abstracción, en el
que se extiende una fría dominación sobre el mundo culto. Las
Los tres principios del estoicismo, el epicureismo y el escepticismo
son ahora necesarios: en primer lugar, el principio del pensamiento, que
es el de la generalidad misma, pero de tal modo que se halla
determinado en sí mismo; el pensamiento abstracto es aquí el criterio
determinante de la verdad.
individualidades vivas de los espíritus de los pueblos se ven reprimidas
y son asesinadas; un poder extraño viene a pesar, como lo general
abstracto, sobre el individuo.
El otro factor frente al pensamiento es, en segundo lugar, lo
determinado como tal, el principio de la individualidad, la sensación en
general, la intuición, la percepción.
En tal estado de desintegración, hacíase necesario refugiarse en
esta abstracción como en el pensamiento de un sujeto existente, es
decir, en esta libertad interior del sujeto como tal. Del mismo modo que
lo antes válido era la voluntad abstracta de un individuo dueño y señor
del universo, así el principio interior del pensamiento tuvo que ser un
Tales son los principios de la
filosofía estoica y de la epicúrea. Estos dos principios son unilaterales y
dan nacimiento, como principios positivos que son, a ciencias
intelectivas: en efecto, como este pensamiento no es concreto en sí
mismo, sino abstracto, la determinabilidad queda aquí al margen del
pensamiento y tiene que erigirse por sí misma en principio, pues tiene
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un derecho absoluto frente al pensamiento abstracto.
Al lado del estoicismo y el epicureismo aparece como tercer factor,
el escepticismo, la negación de aquellas dos corrientes unilaterales que
nada de tales plasmaciones, sino que, por el contrario, acaba con ellas,
y que enfoca el objeto como un concepto absoluto, como un todo
indiviso en su diferencia.
necesariamente habían de ser reconocidas como tales. El principio del.
Por eso, lo mismo entre los estoicos que entre los epicúreos, nos
escepticismo es, por tanto, la negación activa de todo criterio, de todos
encontramos, en realidad, en vez de verdadera especulación,
los principios determinados, de cualquier clase que sean: saber basado
simplemente con una aplicación del principio unilateral y limitado, razón
en los sentidos, representaciones reflexivas o conocimiento pensante;
por la cual sólo tenemos por qué entrar a examinar, en ambas filosofías,
cuyo resultado inmediato es que no puede llegar a conocerse nada. Sin
lo general de su principio. Ahora bien, mientras que el cinismo
embargo, la imperturbabilidad y la igualdad del espíritu consigo mismo,
consideraba como lo esencial de la conciencia el existir directamente
al que nada hace sufrir, ni la alegría ni el dolor, y que no se halla
como algo natural, siendo la naturalidad inmediata la sencillez de lo
determinado por ningún otro nexo, es el pumo de vista común y la meta
individual, de tal modo que esto existía para sí y cobraba,
común de todas estas filosofías; por eso, aunque nos parezca que el
esencialmente, su simple vida externa en los múltiples movimientos de
escepticismo era una actitud desconsoladora y que el epicureismo
los apetitos, del disfrute, de la consideración de muchas cosas como
representaba una actitud muy baja, también estas tendencias llegaron a
esenciales y de la acción con vistas a ellas, la elevación estoica de esta
ser, de este modo, verdaderas filosofías.
sencillez al plano del pensamiento consiste en que no sea la naturalidad
inmediata el contenido ni la forma del verdadero ser de la conciencia,
sino en que la racionalidad de la naturaleza sea aceptada por el
A) LA FILOSOFÍA ESTOICA
Por lo que se refiere al estoicismo hay que hacer notar ante todo, en
pensamiento, de tal modo que todo sea verdadero o bueno en la
sencillez del pensamiento.
general, lo mismo que acerca del epicureismo: que ambas corrientes
filosóficas surgieron en el lugar de la filosofía cínica y cirenaica.y como,
reacción contra ella (del mismo modo qué el escepticismo'vino, a
[…]
ocupar el lugar de la Academia); pero, habiéndose asimilado sus
principios, los perfeccionaron al mismo tiempo y los elevaron más a la
B) LA FILOSOFÍA DE EPICURO
forma del pensamiento científico. Pero como en ellos, al igual que en
éste, el contenido adquiere caracteres más fijos y determinados y la
conciencia de sí mismo se coloca aquí de uno de los lados, esta
circunstancia mata propiamente la especulación, que no quiere saber
Tan extendida como el estoicismo, o tal vez más aún, estaba la
filosofía epicúrea que viene a representar la antítesis o la contrapartida
de la filosofía estoica, pues mientras que ésta postula el ser en cuanto
pensado
—o
sea el concepto
general— como lo
verdadero,
35
ateniéndose a este principio, Epicuro, el fundador de esa otra filosofía,
significa nada. Los dos pensadores citados guardan una estrecha
en contraste con esto, no postula el ser como ser en general, sino como
relación con el escepticismo; y los escépticos tropiezan, a veces, con
algo sentido; es decir, lo esencial para él es la conciencia bajo la forma
grandes dificultades para distinguir su punto de vista del principio
de lo individual inmediato. Así como los estoicos no centraban en las
neoacadémico. El escepticismo incluye a aquellas dos figuras entre los
necesidades sino en la razón general el principio de los cínicos, según
filósofos escépticos, pero llamándolos los académicos, con lo cual
el cual el hombre debía limitarse a la simple naturaleza, Epicuro eleva
hacen resaltar una distinción con respecto a la pureza del escepticismo
también al plano del pensamiento el principio de que el placer
que en realidad es puramente formal y quiere decir poco, pero que los
constituye un fin, buscando lo placentero en un algo general,
sutiles escépticos no dejan, sin embargo, de captar. Con frecuencia, la
determinado por el pensamiento. Ahora bien, aunque con ello se asimile
distinción gira solamente en torno a determinaciones de palabra, a
la doctrina de los cirenaicos, llevándola a un alto grado de cientificidad,
diferencias puramente externas.
ya de suyo se comprende, desde el momento en que el ser sentido rige
como lo verdadero, que con ello se supera de un modo general la
necesidad del concepto, todo se dispersa sin ningún interés
especulativo y, en realidad, las cosas se degradan hasta el punto de
vista del sano sentido común.
[…]
C) LA NUEVA ACADEMIA
Frente al dogmatismo estoico y epicúreo, aparece en primer lugar la
Nueva. Academia, continuación de la Academia platónica, ya que los
sucesores de Platón suelen clasificarse en tres grupos: la Academia
antigua, la media y la nueva; algunos autores admiten además una
cuarta Academia e incluso una quinta. Las figuras más notables, entre
los neoacadémicos, son Arcesííao y Caméades. La fundación de la
Academia media se atribuye a Arcesilao, mientras que la nueva gira en
torno a los pensamientos de Carnéades; pero esta distinción no
La nota general de los académicos está en que proclaman la verdad
como una convicción subjetiva de la conciencia de sí mismo, en lo que
coincide con el idealismo subjetivo de los tiempos modernos. La verdad,
en
cuanto
simple
convicción
subjetiva,
es
llamada
por
los
neoacadémicos, consecuentemente, verosimilitud.
[…]
D) EL ESCEPTICISMO
El escepticismo corona la concepción de la subjetividad de todo
saber, al sustituir en términos generales el ser del saber por la
expresión de la apariencia. No obstante, este escepticismo se presenta
ante nosotros como algo imponente y que infunde gran respeto a los
hombres. En todos los tiempos, y todavía hoy, ha sido considerado
como el más temible adversario de la filosofía, teniéndolo incluso por
invencible, en cuanto el arte que consiste en disolver todo lo
determinado, demostrando su nulidad; tal parece, en efecto, como si se
36
lo reputase incontrovertible y como si la diferencia entre las
positivo no es otra cosa que lo simple; o, si el escepticismo tiende a la
convicciones estribase solamente en saber si el individuo optaba por
desaparición de todo lo general, su estado, como inmutabilidad del
esta actitud o por una filosofía positiva y dogmática. Su resultado
espíritu, es en realidad, a su vez, este algo general, simple, igual a sí
consiste ciertamente en la disolución de la verdad y, por tanto, de todo
mismo, pero una generalidad (o un ser) que es la generalidad de la
contenido; es decir, es la más completa negación.
conciencia individual. Pero la conciencia escéptica de sí mismo es esta
conciencia desdoblada para la que, de una parte, el movimiento es un
extravío de su contenido: es justo este movimiento en el que todo se
[…]
anula y en el que es completamente indiferente y contingente para ella
lo que se le ofrece; obra con arreglo a leyes que no considera
Con esto, creemos haber dicho ya bastante acerca de la esencia
científica del escepticismo y con ello hemos puesto fin a la sección
segunda de la historia de la filosofía griega. El punto de vista general de
la conciencia de sí mismo en este segundo período, o sea la conquista
de la libertad de la conciencia de sí mismo por el pensamiento, es
verdaderas y es una existencia absolutamente empírica. Y, de otra
parte, su pensamiento simple es la inmutabilidad del convertirse en algo
igual a sí misma; pero su realidad, su unidad consigo misma, es algo
perfectamente vacío, que puede llenarse de un modo real con un
contenido cualquiera.
común a todos estos filósofos. En el escepticismo, la razón ha
Considerado como esta sencillez y, al mismo tiempo, como esta
avanzado ya tanto que todo lo objetivo, ya sea del ser o de lo general,
confusión pura, el escepticismo es en realidad la contradicción que se
desaparece para la conciencia de sí mismo. La sima de la conciencia
levanta íntegramente. Y como en él el espíritu logra ahondar en sí
de sí mismo del pensamiento puro lo ha tragado todo, el solar del
mismo como lo pensante, concibiéndose en la conciencia de su infinitud
pensamiento ha quedado completamente limpio: no sólo ha captado el
como lo último, es natural que el escepticismo florezca en el mundo
pensamiento y, fuera de él, un universo lleno, sino que el resultado
romano, ya que en esta abstracción externa y muerta del principio
obtenido, expresado positivamente, es el de que la conciencia de sí
romano
mismo constituye su propia esencia. La objetividad externa no existe
emperadores) el espíritu se repliega de una existencia en que no podía
como un ser objetivo, ni como un algo pensado general, sino que el
encontrar satisfacción alguna a la pura intelectualidad. Y en cuanto que
único ser es él de la conciencia individual y el ser general de ésta. Pero,
el espíritu, aquí, sólo interiormente, por medio del pensamiento
aunque para nosotros sea un objeto, para ella misma no es su objeto;
desarrollado, podía encontrar la paz consigo mismo y la eudemonía, y
es así como presenta la manera de la objetividad.
por cuanto que todo el fin del universo tiende solamente a la
El escepticismo no llega a ningún resultado o, dicho en otros
términos, no expresa su negación como algo positivo. Sin embargo, lo
(tanto
del
republicano
como
del
despotismo
de
los
satisfacción del individuo, se llega al resultado de que el bien sólo
puede manifestarse como una acción individual en cada caso concreto.
37
Entre los emperadores romanos encontramos indudablemente hombres
por ejemplo, que el alma es simple, sino que ésta es lo negativo simple
famosos, principalmente estoicos, como Marco Aurelio y otros; pero
que retorna a sí mismo del movimiento, de la alteridad, como lo general.
estos hombres consideraban su obra como la satisfacción de su
Y, en segundo lugar, este poder general que proclama: "Soy conmigo
individualidad, sin que se les ocurriera infundir racionalidad a la realidad
mismo" encierra asimismo la significación del ser, que como esencia
por medio de instituciones, leyes o constituciones políticas. Esta
objetivada permanece para la conciencia y no tiende simplemente a
soledad del espíritu replegado dentro de sí mismo es evidentemente
desaparecer, como es el caso entre los escépticos, sino que la razón
filosofía
sabe tenerse y encontrarse solamente en él.
al
mismo
tiempo;
pero
el
pensamiento
es
cabe
sí
abstractamente algo paralizado y muerto, y hacia el exterior se
mantiene pasivo; y cuando se mueve dentro de sí, es siempre
despreciando todas las diferencias. El escepticismo pertenece, por
tanto, al período de decadencia de la filosofía y del mundo.
Esta interioridad del espíritu consigo mismo sabe construirse dentro
de sí un mundo ideal, echar los cimientos del mundo intelectual, de un
reino de Dios que desciende a la realidad y forma una unidad con ella:
he aquí el punto de vista en que se sitúa la filosofía, alejandrina.
La fase siguiente alcanzada por la conciencia de sí mismo consiste
en adquirir la conciencia de lo que ha llegado a ser o, dicho de otro
modo, en que su esencia se convierta en objeto suyo. La conciencia de
[…]
sí mismo es, para ella misma, la esencia simple; no hay para ella
ninguna otra esencia que ésta que es su conciencia de sí. En el
TERCER PERIODO: LOS NEOPLATÓNICOS
escepticismo, ésta no es aún su objeto, sino que su objeto sólo es aquí
confusión. En cuanto es conciencia, es algo para ella; en esta
El escepticismo representa la destrucción de las contradicciones con
contraposición, sólo existe para la conciencia escéptica el contenido
que nos encontramos en el estoicismo y el epicureismo como los
llamado a desaparecer, sin que se vea condensado en su permanencia
principios generales y de las que brotaban todos los demás
simple. Pero la verdad de este contenido es el hundimiento del mismo
antagonismos: es, por tanto, la unidad que abarca aquellas dos
en la conciencia de sí mismo y el hacer de sí misma un objeto de la
corrientes filosóficas como determinaciones ideales, por lo cual la idea
conciencia de sí, de tal modo que, aunque la esencia presente la forma
tiene que cobrar allí conciencia como una idea concreta de suyo. Con
de un algo general ente o pensado, dentro de este algo general su
esta tercera corriente, que es el resultado concreto de todo lo que la
conciencia de sí misma no es algo extraño para ella, como ocurre en el
precede, se abre una época totalmente nueva. Se entra con ella en un
escepticismo.
terreno completamente distinto, ya que al desecharse el criterio del
conocimiento subjetivo desaparecen al mismo tiempo, en general, los
No es para sí misma, en primer lugar, un algo simple que es sólo
inmediatamente un algo completamente distinto, como cuando decimos,
principios finitos, pues es a éstos a los que tiende el interés del criterio.
38
Tal es la fisonomía que toma la filosofía en los neoplatánicos,
[…]
corriente que va íntimamente unida a la revolución operada en el
mundo por- el cristianismo. La última fase con que nos habíamos
encontrado —la que representaba el abandono de todo lo firme y
objetivo, la huida a la abstracción pura e infinita de suyo, la absoluta
pobreza de contenido determinado, con la consiguiente satisfacción
subjetiva y el retorno a sí misma de la conciencia de sí— había
encontrado su coronación y remate en el escepticismo, aunque ya el
sistema estoico y el epicúreo marchasen hacia la misma meta.
Es, pues, la necesidad la que ahora hace que el espíritu sapiente,
que de este modo retorna a sí desde la objetividad y se recuerda, se
reconcilie con el universo que ha abandonado; por donde su objetividad
viene a ser un mundo distinto del espíritu, pero adecuado a él. Este
punto de vista concreto según el cual tal y como se sitúa ante el mundo
se sitúa también ante la filosofía, es la manifestación del espíritu; pues
el espíritu consiste, precisamente, en no ser solamente pensamiento
Pero con este perfecto recuerdo y esta perfecta interiorización de la
subjetividad infinita, la filosofía había llegado al punto en que la
conciencia de sí se sabía en su pensamiento como lo absoluto. Y al
rechazar ahora su posición y su diferencia subjetivas y finitas frente a
un objeto externo nulo, captaba dentro de sí misma la diferencia y
plasmaba la verdad como un mundo inteligible. La conciencia de ello,
expresada en el Espíritu del Mundo, es lo que forma ahora el objeto de
la filosofía; y se llega a este resultado utilizando y tomando como base,
principalmente, conceptos y expresiones de Platón, pero también de
Aristóteles y Pitágoras.
Esta idea inculcada en el hombre de que la esencia absoluta no es
nada extraño para la conciencia de sí, de que para él no significa nada
la esencia en que no vive su conciencia de sí inmediata, este principio
se revela ahora como el principio general del Espíritu del Mundo, como
la creencia y el saber generales de todos los hombres; con él se
transforma de golpe todo el aspecto del universo, se destruye todo lo
anterior y se produce un renacimiento del mundo.
puro, sino pensamiento que se objetiva y que, en esta objetivación, se
halla
y
permanece
consigo.
Las
anteriores
objetivaciones
del
pensamiento sólo hacían que éste se manifestase en la determinación,
en la finitud, pero no en un mundo objetivo adecuado el propic ente en y
para sí. El punto de vista general de la filosofía neoplatónica o
alejandrina consiste, por tanto, en crearse a base de la pérdida del
universo un universo que sea, dentro de su exterioridad, un mundo
interior y, por tanto, un mundo reconciliado; y este mundo es el de la
espiritualidad, que comienza aquí. La idea fundamental de esta filosofía
es, por tanto, el pensamiento que se piensa a sí mismo, que por tanto
se identifica con su objeto, con lo pensado; así pues, tenemos lo uno y
lo otro y la unidad de ambos.
Esta idea concreta surge de nuevo, y en el proceso de desarrollo del
cristianismo cobra conciencia de sí como la Trinidad, al brotar también
en él el pensamiento; y esta idea es la esencia en y para sí. Esta idea
no se desarrolla directamente partiendo de Platón y Aristóteles, sino
dando un rodeo a través del dogmatismo. Es cierto que en aquellos
pensadores se manifiesta de un modo inmediato como lo supremo;
pero, al lado de ella y además de ella, aparece y es concebido así el
39
otro contenido, la riqueza de los pensamientos del espíritu y de la
distinto. El objeto es ahora Dios, el espíritu puro y absoluto en y para sí,
naturaleza. Aristóteles supo captar, como veíamos, el reino de lo
y su actividad. Pero Dios no es sabido ahora ya como lo abstracto, sino
natural, y en Platón vemos cómo lo desarrollado se representa
como lo concreto de suyo, y este algo concreto es precisamente el
solamente en una multiplicidad suelta. Pero, para que la idea se
espíritu. Dios vive y es lo uno y lo otro y la unidad de las
manifestara como lo único verdadero que lo abarca y contiene todo, era
determinaciones distintas, pues lo abstracto es solamente lo simple,
necesario que este algo infinito, este contenido ulterior y total de
pero lo vivo lleva la diferencia dentro de sí y, sin embargo, se halla en
determinaciones, fuese concebido también en su modo finito, es decir,
ello cabe sí [bei sich].
reducido a la forma finita de una contraposición general.
Justo en esto consistió la función del dogmatismo, sustituido luego
[…]
por el escepticismo. La disolución de todo lo particular y lo finito que
constituye la esencia de esta última filosofía, no fue llevada a cabo por
Platón y Aristóteles; razón por la cual no llegan a establecer la idea
como lo que lo contiene todo.
Ahora se disuelve la contradicción y el espíritu cobra su paz
negativa. Lo afirmativo es, por el contrario, la quietud del espíritu dentro
de sí mismo; y hacia esta libertad de todo lo particular es hacia lo que
ahora se encamina el espíritu. Es el conocimiento de lo que el espíritu
[En la filosofía neoplatónica] se consolida, en cierto modo, el mundo
del pensamiento, no porque los filósofos neoplatónicos hubiesen
concebido también pensamientos al lado de un mundo sensible, sino
porque, al llegar a ellos, desaparece este mundo sensible, para ser
elevado todo al plano del espíritu, recibiendo este todo el nombre de
Dios y de su vida en Él.
es en sí, después de haberse reconciliado consigo mismo mediante la
Asistimos ahora- a un gran viraje; y con ello se cierra el primer
disolución de toda fini-tud. Esta quietud eterna del espíritu dentro de sí
período de la historia de la filosofía, el que versa sobre la filosofía de los
mismo pasa a formar ahora su objeto; el espíritu lo sabe, y aspira a
griegos. El principio griego es la libertad como belleza, la reconciliación
determinarla y desarrollarla por medio del pensamiento. En ello va
en la fantasía, el ser reconciliado natural y libre inmediatamente
implícito también el principio de la evolución, del libre desarrollo; todo lo
realizado y que representa, por tanto, una idea en forma sensible. Pero,
demás, fuera del espíritu, es simplemente algo finito y que se disuelve.
a través de la filosofía, el pensamiento trata precisamente de huir de lo
Si luego el espíritu avanza hacia lo particular, este algo particular se
sensible, pues la filosofía es el desarrollo del pensamiento hasta
determina como algo que se contiene simplemente en esta idealidad y
remontarse a la totalidad más allá de lo sensible y de la fantasía. Dentro
que el espíritu conoce como algo subordinado.
de ella se condene este proceso de desarrollo simple; y los puntos de
Tal es el resultado afirmativo de la filosofía escéptica. Es evidente
que, desde este punto de vista, se habla ya de un modo completamente
vista en que nos hemos situado pueden resumirse brevemente así.
En primer lugar, nos encontramos con lo abstracto bajo una forma
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natural; en seguida, con el pensamiento abstracto en su inmediatividad:
En tercer lugar, lo absoluto cobra conciencia como algo concreto, y
ya lo uno, el ser. Son éstos pensamientos puros, pero el pensamiento
hasta ahí llegó la filosofía griega. En efecto, mientras que en el sistema
no aparece concebido aún como tal pensamiento; estos pensamientos
de los estoicos la relación de la diferencia con la unidad sólo se daba
sólo son, para nosotros, pensamientos generales, pero a los que les
como un deber, como un postulado interior, sin que se produjese la
falta todavía la conciencia del pensamiento.
identidad, al llegar a la última fase, a la escuela neoplatónica, nos
La segunda etapa en el camino la representa Sócrates, con quien el
pensamiento aparece como el "sí mismo" en quien lo absoluto es el
pensamiento mismo: el contenido, aquí, no sólo es un contenido
determinado, por ejemplo el ser, el átomo, sino que es un pensamiento
subjetivo concreto, determinado de suyo. El "sí mismo",es la forma más
simple de lo concreto, pero carece todavía de contenido; al
determinarse, se convierte en algo concreto, como la idea platónica.
Pero este contenido sólo es concreto en sí, no se tiene aún conciencia
de él como algo concreto; Platón, partiendo de lo dado, toma el
contenido más determinado de la intuición. Aristóteles afirma la idea
suprema, el pensamiento del pensamiento ocupa en él la más alta
cúspide; pero el contenido del universo se halla aún fuera de aquella
idea.
Ahora bien, en la medida en que este algo múltiple y concreto ha de
retornar al "sí mismo" como a la última unidad simple de lo concreto o, a
la inversa, en la medida en que el principio abstracto ha de cobrar
contenido, veíamos surgir los sistemas del dogmatismo. Aquel
pensamiento del pensamiento es, en el estoicismo, el principio de todo
el universo, y en esta filosofía nos encontramos con el intento de
concebir el universo como pensamiento. El escepticismo destruye, por
el contrario, todo contenido, pues es conciencia de sí, pensamiento en
su soledad pura consigo mismo y, por tanto, la reflexión sobre aquel
comienzo o punto de partida de las premisas.
encontramos ya con lo absoluto en su determinación totalmente
concreta, nos encontramos con la idea como trinidad, como una trinidad
de trinidades, lo que hace que éstas sigan emanando constantemente.
Cada esfera es una trinidad de suyo, por donde los momentos
abstractos de esta tríada se conciben también, a su vez, como totalidad.
Sólo se considera como verdad aquello que se manifiesta y se
mantiene dentro de ello como lo uno.
Los filósofos alejandrinos
representan, por tanto, la totalidad concreta en sí y penetran en el
conocimiento de la naturaleza del espíritu; pero no parten de la
profundidad de la subjetividad absoluta y de su absoluta ruptura, ni
conciben tampoco la libertad absoluta o, si se quiere, la libertad
abstracta del yo como el valor infinito del sujeto.
Por consiguiente, este punto de vista de los neoplatónicos no es
tanto una ocurrencia de la filosofía misma como una sacudida del
espíritu humano, del universo, del Espíritu del Mundo. La revelación de
Dios no es, aquí, la manifestación de un algo extraño. Lo que aquí
contemplamos de un modo tan seco, tan abstracto, es algo concreto.
Se ha dicho: "lo que tenemos entre nosotros cuando, en nuestro
gabinete, vemos cómo los filósofos disputan y se van a las manos,
llegando a tales o cuales soluciones, no son más que abstracciones
hechas de palabras". Pero esto es falso; completamente falso. No son
tales abstracciones, sino hechos del Espíritu del Mundo y, por tanto, del
destino. Los filósofos se hallan, en esto, más cerca del Señor que
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quienes se alimentan de las migajas del espíritu; leen y redactan las
órdenes de gabinete directamente en el original; y están llamados a
participar en su redacción. Los filósofos son los iniciados que penetran
en lo más íntimo del santuario; los demás persiguen intereses
particulares: este poder, esta riqueza, esta mujer. Aquello para lo que el
Espíritu del Mundo necesita cientos y miles de años lo llevamos a cabo
nosotros en muy poco tiempo, puesto que tenemos la ventaja de
encontrarnos ante un pasado y de operar en el plano de la abstracción.
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