Lección 21 Tolerancia, respeto y convicción Adrián estaba

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Lección 21 Tolerancia, respeto y convicción Adrián estaba cambiado. Empezó a ver con ojos más realistas las cosas que lo rodeaban, el mundo que le tocaba vivir. Hablaba más seguido con Juan de los <<grandes temas de la vida>>. Cuando tenían dudas muy serias, recurrían a Alfredo, que más de una vez había demostrado ser un tipo que sabía y que no sermoneaba. Un día Juan llegó un poco preocupado a casa de Adrián. Salieron a dar una vuelta y se sentaron en una esquina solitaria. –¿Conoce a Rafael? –preguntó Juan. –¿El de la vuelta de mi casa? –El mismo. ¿Qué opinas de él? –Buen tipo… –El otro día vi algo en el club de mi papá que me dejó pensando. Mi papá se ha empecinado en enseñarme tenis y me tiene los sábados en la mañana amarrado a una raqueta y una pelotita. El último sábado fuimos como siempre al club. En un momento me dio ganas de ir al baño. Entré y justo vi… es que… bueno, al cabo no tiene nada que ver conmigo. –¿Qué viste? No me dejes en suspenso. –Rafael y otro chico. Rafael estaba distraído y el otro <<aprovechó>>… –¿De qué hablas, Juan? –Digo que aprovechó la distracción de Rafael para tocarlo. –No donde estoy pensando. –Exactamente ahí. Cuando Rafael se dio cuenta casi le parte la raqueta en la cabeza. Si no los separo termina alguno en el hospital. Saqué a Rafael del baño e hice que se tranquilizara. –¿Tú piensas que Rafael…? –Mira, no sé. Me pregunto qué haría si me sucediese algo parecido. Creo que lo ‘ –Bueno… esteee… Mejor vamos a la casa de mi abuela. Cuando llegaron Alfredo estaba en la terraza de la vieja casona. Era su momento de descanso en el estudio. La terraza era el lugar que a Adrián más le gustaba. Privado, íntimo, el mejor sitio para una buena charla. Fueron al grano y le contaron todo lo de Rafael y el club. Alfredo escuchó atentamente. No discriminar no significa aceptar cualquier cosa como verdadera. –Bueno –les dijo al final. –Parece que lo primero que les preocupa es saber si Rafael, o su amigo, son homosexuales o no. Era parte de lo que querían saber. La actitud directa del tío los tomó por sorpresa pero era básica para hablar. –No necesariamente –empezó su respuesta. –La homosexualidad es una tendencia por la que una persona siente inclinación sexual por otro del mismo sexo. Los científicos no se explican todavía muy bien qué puede originarla. Lo natural es que a los chicos les gusten las chicas y viceversa. Natural por la forma de nuestros cuerpos, natural porque así nacen los hijos, natural por la forma de ser de cada sexo. A eso se llama complementariedad, porque un sexo completa de muchas maneras al otro. En la homosexualidad no se da esta verdadera complementariedad. La homosexualidad aparentemente no es de origen físico. Se debe al parecer, a distintos factores (individuales, familiares, culturales, sociales). Excepto algunos casos muy raros, que la ciencia estudia con detenimiento, la mayoría de los homosexuales han tenido problemas en su historia de crecimiento y en su relación con la familia. De hecho la inclinación homosexual podría ser un síntoma que evidencia problemas en la niñez o a lo largo del crecimiento. Hoy día los estudios estadísticos confirman eso sin dejar lugar a dudas. Por ejemplo, en los hombres puede ser la presencia de un padre hostil o distante en la infancia, padres sobreprotectores. La pérdida de ambos padres o que un miembro de la familia modele al niño como mujer, entre otros. El tío hablaba con toda propiedad mientras acariciaba un libro. Luego Adrián pudo ver muchos estudios concentrados en ese libro que avalaban lo que decía Alfredo. –Pero hay que hacer algunas distinciones. Primero: una cosa es sentir la inclinación y otra es actuar movidos por ella. Un homosexual puede sentir la inclinación pero no tener relaciones (lo que sería actuar contra su propia naturaleza). Lo que puede hacer es buscar ayuda. Muchas personas que han sentido la inclinación la han cambiado por medio de actividades y ayuda de otras personas. Segundo: no todo aquél que tiene un amaneramiento es por eso un homosexual. Hay personas que fueron criadas con demasiada <<delicadeza>> y se comportan con ciertas formas más propias de las mujeres, pero no por ello son homosexuales. Tercero: que en algún momento nos pase por la cabeza alguna inquietud hacia personas del mismo sexo o incluso tengamos algún <<jueguito tonto>> no significa que tengamos tendencias homosexual. A muchos de nosotros, especialmente cuando vamos creciendo, nos puede pasar que pensamos <<demasiado>> en algún amigo y nos entran inquietudes (incluso pueden darse cosas como la que viste en el baño con Rafael) sin que eso represente un problema serio. La admiración excesiva o la devoción a un <<héroe>> tampoco son señales de tendencias homosexuales. Cuarto: tampoco se debe considerar <<homosexual>> a una persona que, por la falta de patrón masculino (sobre todo desde niño), tiene dificultades para acercarse a las mujeres. Ninguna de estas últimas opciones es homosexualidad y se puede superar perfectamente si se entienden cómo son las cosas. Los problemas se presentan cuando una persona con la inclinación homosexual o simplemente confundida, por querer <<expresarse sexualmente>> empieza con juegos obscenos con otros muchachos, como la masturbación entre ellos o mutua. Así se van creando hábitos que los aíslan más todavía de las muchachas hasta que terminan con una marcada preferencia por los juegos homosexuales, vacíos del compromiso más profundo que exige la relación heterosexual. –Es lo mismo para varones que para mujeres, ¿no? –interrumpió Juan. –Sí, se da tanto en hombres como en mujeres. La homosexualidad femenina se llama lesbianismo (en alusión a la isla de Lesbos, que según la mitología estaba habitada solamente por mujeres). Como es lógico, algunos patrones cambian, pero en esencia es lo mismo. Por ejemplo, entre los factores que predisponen debemos agregar: problemas de depresión en las madres durante los primeros años después del parto, padres que querían hijos hombres, madres víctimas de violencia o preferencias hacia el hermano hombre (sobre todo de parte del padre). –¿Qué hacemos entonces, Alfredo? –se impacientó Adrián. –Ante todo tener suma calma. Una parte de crecer es aprender a ser lo que somos. O sea, las mujeres, viendo otras mujeres, afirman sus rasgos femeninos, y los hombres lo mismo con hombres. En este proceso puede ser que nos <<encariñemos>> o nos sintamos identificados con otros que pasan más o menos las mismas cosas que nosotros. Como recién estamos empezando a recibir afecto de alguien distinto de nuestros padres y familiares, puede que eso nos ponga incómodos o con dudas. Es pasajero. No hay que restarle importancia, pero se le debe dar lo justo. Lo importante es no perder de vista hacia dónde apunta la naturaleza y siempre respetarla. Algunos se desbocan y pierden el control, pero luego sufren las consecuencias de sus <<desmanes>> viviendo desordenadamente su vida afectiva. El problema es que el plano inclinado los puede llevar a conductas que pueden terminar en enfermedades graves como el SIDA. Es importante que sepan todo esto porque esa la edad de ustedes que los chicos empiezan a confundirse y a buscar con intensidad aquello que es placentero y gratificante. La mayor cantidad de seropositivos se contagiaron alrededor de los 19 años, con lo cual te das cuenta que la cuesta abajo comenzó años antes. Por eso lo importante es que ustedes sepan bien lo que es el impulso sexual natural y se orienten hacia él para lograr su felicidad. –¿Y qué pasa si un amigo tuyo es homosexual o sospechas que lo es? –preguntó Juan. –Imagino que te refieres a alguien que tiene el impulso y se deja llevar por él. Pues bien, lo primero es no discriminarlo. Es un ser humano, tan humano como tú o como yo. Por eso habrá cosas que no podrá hacer. Algunos creen que esto es discriminarlos. Ustedes ya saben algo de lo que es la verdadera discriminación, por lo que pasó a Joaquín el otro día. Pues bien, no permitir a los homosexuales que hagan lo que su condición les impide no es discriminar. Simplemente es darse cuenta de que existen personas que no están capacitadas para cumplir algunas funciones en la sociedad. Algunos homosexuales sostienen que no tiene limitaciones. Ése es un autoengaño lamentable. No discriminar no significa aceptar cualquier cosa como verdadera. Un homosexual puede ser tu amigo, pero no es muy conveniente confiarles la tuición de niños por la confusión en los modelos de identificación que podría generarse en ellos. Lógicamente no todos entienden esto y pueden llamarme antiguo. Éste no es un problema de antigüedad sino de naturaleza y de salud. La verdadera tolerancia es llamar a las cosas por su nombre y aceptar la naturaleza y el verdadero significado y fin de la sexualidad humana. Los amigos estaban bastante asombrados. Alfredo les había resuelto sus dudas y más. Ahora tenían más que pensar. En el mundo hay cosas que están bien y otras que están mal. No discriminar no significa aceptar todo por igual, sino ponerse a pensar y defender siempre lo verdadero, para lo cual hay que estar atentos. Finalmente Juan estaba, tranquilo. 
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