La agesividad – La violencia

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La agresividad – La violencia
Desde “el malestar en la cultura”, intentos para un cierto bienestar a
partir del pensamiento psicoanalítico
Lic. Catalina Martino
En Viena aparecieron en 1927 dos publicaciones que dan cuenta de lo que es capaz el
hombre. De producciones sublimes y hasta de las más nefandas. Una de ellas era la
tristemente célebre "Mein Kampf" de Hitler. La otra "El porvenir de una ilusión"
firmada por Sigmund Freud, quién se encontraba ya muy enfermo y enfrentaba el pesar
del fallecimiento de una de sus queridas hijas. Sumado a ello sus hijos y un yerno
estaban en el frente de guerra. Poco tiempo después publicó "El malestar en la cultura",
cuyo primer título fue "La infelicidad".
Tres cuartos de siglo después, en el siglo XXI lo parafraseamos en la búsqueda de un
cierto bienestar. Él se preguntó por qué es tan difícil conseguir la dicha para los seres
humanos. Hoy nos preguntamos lo mismo.
Hay tres fuentes universales de las que proviene nuestro penar:
- La hiperpotencia de la naturaleza
- La fragilidad de nuestro cuerpo
- La insuficiencia de las normas para regular los vínculos entre los hombres, en la
familia, en la sociedad
Ante las dos primeras, poco podemos efectivamente hacer. La sofisticada maquinaria
puede predecir en horas la aparición del tifón, la erupción volcánica o el terremoto; pero
no los puede impedir. No hay forma de dominar completamente la naturaleza.
Nuestro organismo forma parte de ella, y con relación a su fragilidad, en tanto seres
vivos sabemos que el ciclo vital se cumple ineluctablemente en él. Es bueno aceptarlo
así. Lo que debería importar es qué hacemos en el trayecto que se cubre entre el
nacimiento y la muerte, única posesión segura que tenemos los humanos y a la cual
intentamos desmentir. Baste a modo de ilustración de lo precedente, este tradicional
relato medieval: "Un viajero que atravesaba un bosque es interceptado por un ladrón
quien le dice: "La bolsa o la vida". El viajero responde: "La vida, la bolsa la conservo
para la vejez" De ninguna manera esta descripción de realidad es pesimista. El conocer
nos da la ventaja de elegir y decidir cómo queremos vivir la única vida que poseemos. 1
La felicidad por su propia naturaleza es un fenómeno episódico dado que es la
satisfacción de necesidades con alto grado de estasis. Solo se puede gozar con la
intensidad del contraste y muy poco con el estado. Algo que fue bien comprendido por
los precursores de los restaurantes de "tenedor libre" 2 y que podemos comprobar sólo
Catalina Martino
Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional API.
Miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina APA.
Prof. Univ. CAECE Maestría de Psicosomática.
Prof. Univ. de Bs. As. Postgrado en Psiquiatría. Fac. Medicina Bs. As.
Ex Prof. 2da Cátedra de Pediatría. Fac. de Medicina Univ. De Bs. As.
Dirección Guise 1678 P 5to C.P. 1425 Bs. As. Argentina. Te: 54-11-48218699
1
Imperativo latino Aude sapere: ten la audacia de conocer. Horacio, Epístolas
Tenedor Libre: En Argentina sistema de casas de comida de autoservicio y precio fijo sin límite de
cantidad
2
con mencionar que nadie puede estar en permanente orgasmo, en esa petit mort. La
felicidad no tiene parámetros universales, cada uno sabe que lo hace sentir feliz. Es un
producto de la más alta subjetividad.
Hasta aquí se ha hecho referencia a las dos primeras fuentes de nuestro penar, ambas
son fácilmente objetivables. Pero hemos de pasar a la tercera fuente del sufrimiento
humano: La insuficiencia de las normas para regular los vínculos entre los hombres, en
la familia, en la sociedad. Ella no es un producto de la naturaleza sino un decantado de
las formas de organización social, por lo cuál su intelección se vuelve más dificultosa.
Estas criaturas que tuvieron como supuesto fin protegernos y beneficiarnos, han
mostrado su verdadero rostro. Los cuervos que críamos nos han arrancado los ojos.
Resumiendo: Gran parte de nuestro padecer proviene de aquello que llamamos cultura.
Alguien podría decir: Seríamos más felices retornando a nuestra condición primitiva,
sostenido en el mito del salvaje feliz.
En rigor de verdad, las historias de los exploradores dan cuenta que la feliz vida del
lugareño resulta inasequible para el visitante que pertenece a una cultura diversa.
¿Cuánto tiempo sobreviviría uno de nosotros en la hermosa selva amazónica sin
repelente de insectos?.
La humanidad ha llegado a un punto de desarrollo tecnológico sin precedentes, se ha
logrado conquistar espacio, tiempo, velocidad. La luna ya no tiene una cara oculta,
vemos las dos, amartizamos y sin embargo, a la vez que miramos impávidos las
matanzas realizadas por las llamadas armas inteligentes en tiempo real continúan os de
prisa deglutiendo nuestro sándwich.
La aniquilación tiempo espacio, y los dueños de la mass media, favorecen masivamente
la vanalización del mal. Este cinetismo fast food cultural busca favorecer la caída del
horror que estos sucesos deberían provocar. La muestra fugaz acelerada tienen como fin
la anulación de la reflexión. Se podría afirmar con Virilio que los gobiernos se valen de
los productos mediáticos para hacer la guerra.
La tecnociencia ha logrado domeñar parcialmente a la naturaleza creando vergeles en el
desierto, prolongando la vida cambiando órganos dañados, pero también ha creado la
falsa ilusión de tener un millón de amigos en el cyberespacio y hasta la falacia de una
sexualidad virtual, a la que llamo cyberonanismo. Este progreso científico-tecnológico
poco ha logrado contribuir a la felicidad humana.
Agresividad – Violencia
La agresión puede adoptar diversas modalidades. Se puede decir que no hay conducta
positiva o negativa, simbólica o efectivamente realizada, que no pueda funcionar como
agresión. Entre ellas existen manifestaciones sutiles, solapadas, como la ironía y la
hipocresía, que aparecen en El Tartufo de Molière; como la impostura, del Hipócrita, de
La Bruyere. El resentimiento de Ricardo III o el de Lady Macbeth. Campeones de la
crítica, la queja, la protesta y el oposicionismo que operan con técnicas de
sobrevaloración, desprecio y venganza (sus orígenes son los conflictos preedípicos,
teñidos de odio y hostilidad). También la envidia, aquel "dragón de los ojos verdes que
aborrece el alimento que lo nutre", de acuerdo a una magnífica descripción de
Shakespeare; la deshonestidad, que abarca desde la llamada "viveza criolla" a la mala
fe. Esta breve enumeración advierte que la agresividad es inherente a todo ser humano.
Desde la óptica psicoanalítica, lo que supone discriminarla de los factores jurídicos,
biológicos e ideológicos, hablar de la agresividad implica hablar de lo pulsional.
Agresión consiste en la mezcla de Eros con la pulsión de muerte: "La pulsión de muerte
del organismo vivo se defiende de la imbricación de lo pulsional de diversas maneras,
deflexionándola, utilizando la musculatura, agrediendo, transformándola en pulsión de
destrucción o agresión..." (Freud, S.).
La agresividad siempre actúa mezclada con la pulsión sexual, así entendemos sadismo,
masoquismo, en sus diversas formas. Establece una relación con lo imaginario, con el
narcisismo.
En El malestar en la cultura y en Moisés y la religión monoteísta, Freud explica la
tendencia natural a la maldad, la agresión, la crueldad que proviene del odio primordial
y que tiene incidencias sociales desastrosas. El hombre satisface sus aspiraciones
eludiendo interdicciones. Explota sin resarcir, humilla, martiriza, mata, se apropia de los
bienes de otros; pero como debe renunciar a satisfacer plenamente esta agresividad en la
sociedad, encuentra un exutorio en los conflictos tribales o nacionales. Todo ello vuelve
a Freud pesimista y poco inclinado a creer en el progreso de la humanidad.
Para hacer trabajar las ideas, presentaré una breve síntesis de las conceptualizaciones de
Jacques Lacan, al respecto. Se presenta concordante con las ideas freudianas cuando, en
1960, presenta la Ética del Psicoanálisis. Expresa que la voluntad de hacer el bien desde
el punto de vista moral, político o religioso enmascara siempre una insondable
agresividad. Es la causa del mal. Se empeña en este escrito en evidenciar la dimensión
imaginaria del odio. Ya en 1936 en el Congreso de Marienbad, Lacan habla por primera
vez del estadio del espejo y define el término complejo. A lo largo de sus enseñanzas,
va desarrollando esta temática, pero para elaborar teóricamente el yo, el yo ideal y las
identificaciones. Así es como el estadio del espejo puede ser entendido como una
encrucijada estructural que comanda: 1) El formalismo del yo, es decir, la
identificación del niño con una imagen que lo forma, pero que principalmente lo aliena,
lo hace otro del que es en un transitivismo identificatorio sobre los otros. 2) La
agresividad del ser humano, que debe ganar por sobre el otro e imponérsele bajo pena
de ser sino aniquilado a su vez. 3) El establecimiento de los objetos del deseo, cuya
elección siempre se refiere al “objeto del deseo del otro”.
Por lo tanto, la agresividad, al formar parte de la encrucijada estructural, es connatural
al sujeto humano.
Otra cosa es la violencia. Al hablar de violencia me refiero, como ejemplo
paradigmático, a la tortura. Hay una presencia simbólica específica que permite una
agresividad con una cierta finalidad. Hay una licencia del super-yo para ejercer una
acción que es un hecho perverso en sí. Es un fenómeno individual y también culturalgrupal. La culpa en el parricidio llevó a instaurar normas. Es la estructura de
normatividad la que permite deslindar la agresividad de la violencia.
Cuando la ley- estructura de normatividad- se transgrede, hay violencia.
Etimológicamente violencia tiene su origen en violare, que significa violentar la ley, la
norma. Violentar es aplicar medios agresivos para vencer la resistencia del otro en una
situación- en la mayoría de los casos- de abuso de poder,. H. Harendt dice que, como la
violencia está tan presente en la sociedad humana, ha merecido poca atención de los
estudiosos de la política y la historia, porque se la "da por sentada". (Sobre la violencia;
Ed. J. Mortiz, 1970, México).
Como relacioné violencia y poder, creo importante puntualizar algunas disquisiciones
sobre el tema, dado que violencia suele confundirse con autoridad, agresividad, temor,
poderío y sobre todo, poder. Hay una diferencia sustancial entre el carácter instrumental
de la violencia, su ligazón a la acción individual, la naturaleza grupal y, por lo tanto
consensual, del poder. Se puede pensar que a mayor capacidad de violencia, mayor
poder. Y también se puede pensar que la ausencia de poder desata la violencia; o que a
mayor violencia, menor poder.
La violencia está en el origen del poder, pero no es su determinante. En la prehistoria
dominaba el más fuerte, pero a poco andar el poder nace del conjunto, de la unión de los
más débiles que cooperan entre sí para superar la desigualdad propuesta por el
dominante. Los ejemplos van desde la horda primitiva hasta la sublevación de los
esclavos, entre tantos otros.
Harendt dice que el poder "corresponde a la capacidad humana no sólo de actuar sino de
actuar en concierto, el poder no es nunca propiedad de un individuo, pertenece al grupo
y existe sólo mientras éste no se desintegra". (Op. cit.). Se desprende de lo antedicho
que no existe poder individual; si un individuo aparece con poder es porque la sociedad
se lo delega. En esencia, el poder es colectivo, se basa en el consenso, en la delegación
voluntaria que la sociedad hace de ese poder en una persona o grupo. "El poder brota
donde la gente se una y actúe de concierto. Deriva su legitimidad de la unión inicial más
que de cualquier acción que lo siga...". "Asociada y confundida con el poder, se halla la
violencia, que se distingue por su carácter instrumental". (Op.cit). En términos
fenomenológicos, se aproxima más al poderío ya que los implementos de la violencia,
como las demás herramientas, se diseñan y emplean a fin de multiplicar la fuerza
natural hasta llegar a sustituirla.
La violencia puede ser justificable, pero nunca es legítima. La violencia puede destruir
al poder, pero no lo puede sustituir; si esto sucede, aparecen las dictaduras y el terror y,
cuando esto ocurre, la violencia se vuelve no sólo contra sus enemigos sino también
contra sus amigos, pues teme al poder.
"El terror es la forma de gobierno que nace cuando la violencia tras destruir todo poder,
en vez de abdicar, mantiene el control absoluto. Debe desaparecer toda oposición
organizada antes de desatar el terror en toda su fuerza". (Op.cit.).
Lo expuesto nos conduce a repensar en la proporción de intrincación pulsional. Freud,
al teorizar sobre la pulsión de muerte, la describía del siguiente modo: "...es muda, actúa
silenciosamente y se exteriorizaría (...) como pulsión de destrucción dirigida al mundo
exterior y a otros seres vivos...". (1923).
Caracterizados los conceptos generales, me interesa señalar cuáles son las diversas
formas de violencia, especialmente aquella a la que llamo "muda", pero destructiva, que
reina hoy en nuestra sociedad. Enuncio así la violencia social que toma diversos modos
de manifestación. Desde que la historia da cuenta, la violencia quedó evidenciada en
guerras, genocidios, revoluciones, dictaduras, matanzas, desapariciones, etc. El
autoritarismo facilita las posibilidades para el desarrollo de trágicas atrocidades. Los
conflictos actuales de enfrentamientos étnicos, religiosos, culturales tienen un origen
político – económico. El no soportar la pequeña diferencia, denegando la castración. Es
así como la sexualidad sucumbe frente a la completud narcisista, cae la alteridad, el
respeto y el amor por el otro. La violencia se manifiesta así plenamente, no solo
quitando la vida, sino la dignidad.
En tanto psicoanalistas, sabemos del peligro de la desmentida. El analista por su propio
trabajo analítico (me refiero a su análisis personal, reanálisis, supervisiones) tiene la
ventaja de haber enfrentado sus propias vivencias siniestras y por esto mismo es
esperable que pueda implementar los recursos adecuados para enfrentar la conflictiva
realidad externa. Aristóteles asigna al hombre la condición de "animal político".
Filósofos y teóricos de la política intentaron descubrir leyes objetivas del
funcionamiento social. La política, al ser un invento, puede representar la realidad o
falsearla, puede estar guiada por el altruismo, como también por el deseo de poder,
dominio, egoísmo u omnipotencia. Responde a intereses vinculados al poder, trata de
mimetizarse siempre con las diferentes áreas de la realidad social. Posee así una
dimensión de omnipresencia y ominosidad. El psicoanálisis en este sentido posee un
instrumento, que es poder advertir la relación entre lo manifiesto y lo latente. Puede
develar, con su ejercicio, la verdad del discurso político y la política en sí. En El
porvenir de una ilusión, Freud afirma: "En realidad, el psicoanálisis es un método de
investigación, un instrumento neutral, como lo es el cálculo infinitesimal". (1927)
La pasividad frente al amo, el deterioro de la capacidad de juzgar, la perturbación en la
génesis de ideales y creencias han padecido en estos últimos tiempos alteraciones que
exigen nuestra atención. La causalidad es multifactorial, por lo que no es fácil plantear
puntuaciones psicoanalíticas sobre la violencia social. Este es sólo un mínimo intento
para poder pensar.
Uno de los fenómenos útiles para reflexionar sobre la violencia es la marginalidad, es
decir, la exclusión, originada por diversos factores. Uno de ellos es la corrupción, que
conlleva una mala acción encubierta, de la cual sabemos que dificulta siempre el
proceso de representabilidad. Su develación- al ser incluida en un relato- abrirá la
metaforización, el desplazamiento, y finalmente, la implementación de los recursos para
acotarla.
La comprensión de la violencia en la situación y el contexto concretos de su
emergencia, y la definición de la perspectiva y el lugar del observador son siempre
decisivos. Bleger expresaba que la conducta es comprensible en situaciones, definiendo
el ámbito y contexto donde se produce. En este sentido incluyo también el concepto de
dispositivo panóptico de Foucault.
Entonces, yendo a las cosas, los medios de comunicación cotidianamente presentan
noticias e imágenes tan conmovedoras como aquellas esperables luego de grandes
catástrofes: familias enteras viviendo a la intemperie, legiones de hombres, mujeres y
niños comiendo lo eyectado por otros: la basura; la mentirosa creación del
eufemísticamente llamado trabajo de cartonero- correspondiente a lo que en años
anteriores se denominaba cirugeo-. Como si no supiéramos qué es el trabajo y cómo
este contribuye a la autoestima y cómo las palabras engañosas lo único que hacen es
socavar la dignidad de la persona humana. Prestemos atención a la forma en que
sutilmente la línea se adelgaza llegando a veces a la desmentida. Muchos de nosotros
hemos visto cómo este supuesto trabajo es franca explotación de menores, cómo a la
madrugada pasan camiones en los que se sube a los cartoneros de todas las edades, que
van apretujándose de pie, los unos a los otros en el mismo receptáculo en el que poco
antes se había transportado basura. ¿Y los derechos humanos? ¿Y las leyes laborales?
¿Y la declaración de los derechos del niño? Esta realidad produce arrasamiento salvaje
de la subjetividad.
La inoperancia de los estamentos gubernamentales y la corrupción en los mismos han
producido las noticias de las últimas semanas. Un ejemplo de ellas son: las muertes por
desnutrición. Recuerdo que hace diez años aparecía en el diario La Nación el siguiente
anuncio: "No en África: En la Argentina, cada mes fallecen 559 niños menores de un
año con problemas relacionados con la desnutrición. ¡Atención! Muere un niño por
hora". ¿Qué sucedió que no oímos estos clamores agónicos a tiempo? Reitero lo dicho
por mí en otro trabajo: en psicoanálisis, el silencio no es salud.
Cuando la subjetividad es arrasada por la indiferencia y la insensibilidad de los
políticos, que además hacen ostentación perversa de la riqueza, es imprescindible que
alcemos la voz revelándonos contra la violencia del que ignora al otro como otro
semejante, ya sea por esta noticia o por otras, como lo son la brutal represión policial,
que mata con balas o golpes u ordena arrojarse al Riachuelo. ¿Estaremos, como lo
nominó H. Harendt, hace ya 40 años, en "la banalidad del mal"? Formulémonos estas
interrogaciones con toda la frecuencia que nos sea necesaria a fin de hallar respuestas
provisorias y no abonar, con la carencia de reflexión, la banalización del mal.
Pienso la desmentida como mecanismo de defensa que consiste en el rechazo a
reconocer la realidad de una percepción traumática. Esto socialmente trajo las
consecuencias que aún hoy padecemos: el no cumplimiento de las leyes, el no castigo a
los culpables; todo ello conlleva a la pérdida de la protección social, a la inseguridad, a
la desesperanza colectiva.
Había mencionado la marginalidad como uno de los ejes a pensar, el cual está
fuertemente enlazado a los factores ya mencionados, especialmente a las malas políticas
económicas y a la corrupción. La desocupación generada por la destrucción de las
grandes y medianas empresas provocó unas de las más grandes tasas de desocupación
en el país, contribuyendo a ampliar la pobreza, el hacinamiento, el hambre, el
analfabetismo, la carencia de cobertura social de salud, que a su vez provoca sobrecarga
en los hospitales- supuestamente públicos- cada vez más carentes de recurso. Todo
favorece a que las empresas aún existentes exacerben su fin, que es la ganancia en un
país depauperizado, donde el hombre queda reducido a un simple medio para conseguir
más ingresos. Violencia es “el fin justifica los medios”, y también los contratos
laborales basura. Frente al alto desempleo, y el miedo a la pérdida de trabajo, aumenta
la competitividad y la banalización. En el ámbito laboral se repitan frases como las
siguientes: “Al que le toca, le toca”; “Todo es cuestión de buena o mala suerte, de nada
vale la idoneidad o la experiencia”; “Hoy me tocó a mí, mañana a vos”...La amenaza
constante y la incertidumbre creciente generan un clima que se asemeja a la vivencia de
campo de concentración en los que no se vivía, se sobrevivía. Vivir es un trabajo.
Sobrevivir es la amenaza inminente frente a la pérdida. Todo ello va construyendo un
modelo de terror y desconfianza. Son conocidas por todos las diferencias entre miedo y
terror: éste paraliza, porque el ser humano no sabe cómo protegerse. La pregunta que
insiste en la calle, pasillos de hospitales, consultorios es: ¿Cómo hago? ¿Qué se hace
frente a esto?
Sabemos que el trabajo es una actividad social por la cual el sujeto se incorpora a la
misma y recibe a cambio no sólo dinero sino reconocimiento y valoración. El
desempleo prolongado afecta individual y colectivamente. La persona que no puede
atender su subsistencia, que no puede cubrir las necesidades básicas de su familia,
tendrá un sentimiento de culpa cada vez mayor, de inermitud, de futilidad. Estos
pueden dar cabida a sentimientos de aislamiento y marginación. El estar sin trabajo no
sólo provoca marginación de la producción y el consumo sino que margina socio
culturalmente, provoca la caída de la autoestima, pudiendo el sujeto arribar a la
fragmentación social y subjetiva. Hago mías las palabras de Sartre: "Los llamados
marginados, que no son otros que los oprimidos, jamás estuvieron fuera de. Siempre
estuvieron dentro de. Su solución pues, no está en el hecho de integrarse, incorporarse a
esta estructura que los oprime, sino en transformarla para que puedan convertirse en
seres para si”. (Crítica de la razón dialéctica; Ed. Glosada, 1963).
El tiempo prolongado de desocupación agrava la problemática porque se incrementa
paralelamente la estigmatización social, se pierden vínculos amistosos, redes de
pertenencia, y esto provoca aumento del desaliento y la desesperanza. Todo esto afecta
al grupo familiar incrementando muchas veces actos de violencia. La desesperación de
sentirse víctimas impide discriminar de modo adecuado e impulsa a la acción violenta.
Reitero, la violencia no es azarosa, todos estamos comprometidos. La violencia tiene
ajuste a una situación concreta de un universo simbólico que le brinda (o no)
legitimación. Y legitimar es avalar lo políticamente correcto en desmedro de lo
humanamente correcto.
No legitimar es dar cuenta responsable de los hechos, vencer el “no te metas", recordar
que el relativismo dio pie al "por algo habrá sido", que formó parte de lo ominoso para
la memoria de los argentinos. Sostener la memoria es recordar para no repetir. Nuestro
país y nosotros, sus habitantes, venimos sufriendo de micro y politraumatismos y
muchas negaciones de las diversas formas de violencia, vinculadas con lo que podría
denominarse "trauma acumulativo social".
El modo que tenemos los trabajadores de la salud mental no es el silencio, sino la
palabra. La salud depende también de la justicia social. Justicia social inexistente no
solo en los bolsillos sino también en las ilusiones robadas a muchos.
¡Qué decir que entre colegas que conocen el valor que marcan el nomenclador nacional,
se convierten en explotadores de las necesidades laborales de sus propios colegas a los
que pagan casi una cuarta parte de lo que perciben cuando ellos facturan!
Transgrediendo toda ética y sumándose a la exigencia perversa de muchas prepagas:
atendiendo 800 pacientes por mes. Hay que creerse dios para cumplir con este requisito
o mejor dicho ser explotador de colegas. Baste este ejemplo para dar cuenta mínima de
cómo algunos humanos usan arbitrariamente lo establecido. Así es como queda en lugar
de prejuicio la afirmación cultura = perfeccionamiento humano.
Ante este estado de cosa el Psicoanálisis tiene algo que decir: "La tarea específico del
ser humano es el domeñamiento pulsional". La sublimación de las pulsiones es un rasgo
particularmente destacado del desarrollo cultural que posibilita los desarrollos
científicos artísticos e ideológicos humanizantes. Estos logros que implican una
renuncia pulsional - represión señalan el triunfo de la cultura pero también la causa de la
hostilidad y el malestar en ella.
Si pensamos en los orígenes de la convivencia humana esta tuvo un doble fundamento:
A)- La compulsión al trabajo creado por el apremio exterior y B)- El poder del amor.
Así es que el amor es una de las bases de la cultura. Para que la vida continúe Eros debe
luchar constantemente contra Tánatos. El amor de meta inhibida impulsa a las
fraternidades es así como la cultura exige el sacrificio de la satisfacción plena sexual
para que la libido insatisfecha promueva lazos amistosos y comunitarios vía
identificaciones sociales. Por algo la humanidad estableció el precepto del amor al
prójimo, lo que da cuenta de que dicho amor no es fácil de sostener. Es cierto que no
todo prójimo merece nuestro amor. Por ello Freud transformó sabiamente este
mandamiento en: ama a tu prójimo como tu prójimo te ama a ti. "La participación del
amor en la génesis de la conciencia moral y el carácter fatal e inevitable del sentimiento
de culpa que es la expresión del conflicto de ambivalencia de la lucha eterna entre el
Eros y la pulsión de destrucción o de muerte, es el conflicto que se entabla toda vez que
se plantea al ser humano la convivencia" Sea de padres e hijos, de vecinos, de
sociedades, de agrupaciones, de naciones; teniendo en cuenta que en este proceso juega
un importante papel el narcisismo al que le resulta difícil admitir la pequeña diferencia.
Sostengo que lo que vale para la psicología individual vale para la de los pueblos dado
que estos son el conjunto organizado de individuos.
Por ello expreso que uno de los modos posibles para intentar el bienestar sería el
continuar revisando cada uno su superyo, conciencia moral, a fin de que ayudados por
esa mirada y el sentimiento de responsabilidad sobre cada uno de nuestros actos
intentemos ir domeñando la propia destructividad, la propia pulsión de dominio, dando
cuenta eficaz del odio que sentimos por el otro a fin de dañarnos menos y de dañar
menos. Nadie se enferma solo y nadie se cura solo. Somos todos productores y
producidos (Bachelard) Admitir cuanto necesitamos del otro es un buen comienzo.
Tener presente que cada uno de nosotros somos parte responsable del medio ambiente
facilitador o no para el logro de un bienestar propio y social.
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