EL ABORTO, CONDENADO AL FRACASO Tardará más o menos, pero la ley del aborto, como la de la esclavitud, está condenado al fracaso. No por razones de fe, sino simplemente por razones de sentido común. “El hombre está ahora en condiciones de poder hacer hombres, de producirlos, por así decir, en el tubo de ensayo. (…) La tentación de ponerse a construir el hombre “adecuado”, (…) la tentación de experimentar con el hombre, la tentación también de considerar quizá al hombre o a hombres como basura y de dejarlos de lado como basura, ya no es ninguna quimera de moralistas hostiles al progreso”. Así escribía Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, en su Posicionamiento en la discusión sobre las bases morales del Estado liberal. ¿No es real y cierto lo que dice? Veamos. El Ministerio de Sanidad español, ha hecho públicas las estadísticas del número de abortos en España en 2010, año en cuyo mes de julio entró en vigor la ley del aborto libre que, incluso, se consideraba como un nuevo “derecho” de la mujer. 113.131 abortos se produjeron el año pasado en nuestra nación, un 1,3% más que en 2009. “Para tomar conciencia siquiera de la magnitud de la citada y nauseabunda cifra del número de abortos baste saber, por ejemplo, que ésta significa que en España se evitó el nacimiento –se aniquiló, se cercenó, se mató la vida inocente- de un total de personas similar a una capital española de tamaño medio o al total provincial de algunas de nuestras provincias de menor población”. Así comentaba la triste estadística el editorial de la revista Ecclesia el 31 de diciembre de 2011. Juan Pablo II, en su Carta a las familias, de 1994, afirmó: “Nos encontramos ante una enorme amenaza contra la vida: no sólo la de cada individuo, sino también la de toda la civilización”. Aunque sea el Papa quien lo diga, ¿no está cargado de razón? “Algunos intentan justificar el aborto sosteniendo que el fruto de la concepción, al menos hasta un cierto número de días, no puede ser todavía considerado una vida humana personal”. Así escribía el mismo Papa en su encíclica Evangelium vitae, de 1995, y para replicar con la sana razón asume lo que ya quedó bien claro con Pablo VI, en la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de 1974, sobre el aborto provocado: “En realidad, desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano, si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre (…), la genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: una persona, un individuo con sus características ya bien determinadas. Con la fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar”. Si esto es así, y lo afirma la ciencia, escuchemos ahora la enseñanza de El Corán, AlMaida, 32: “Quien matare a una persona que no haya cometido ni crimen ni grave pecado a la faz de la tierra, será como si hubiese matado a la humanidad entera”. Concluyamos con unos versos de Yunus Emre, poeta popular turco del siglo XIII: “Escuchad, amigos, el amor es como el sol. El corazón que no tiene su parte de amor es como una piedra. ¿Qué puede crecer en el corazón de una piedra? El que lo tiene, tiene veneno en su lengua; todas las palabras dulces que intente pronunciar sonarán como el estrépito de la batalla. Los corazones llenos de amor reciben el calor de un fuego y se hacen blandos como la cera. Mas los corazones de piedra son como un invierno duro, despiadado y sombrío”. En definitiva, quien tratare al hombre como basura siempre estará condenado al fracaso. Florentino Gutiérrez. Sacerdote Salamanca, 21 de enero de 2012 www.semillacristiana.com