La exigencia académica

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La exigencia académica
Programa de Formación de Académicos
Mtra. Ma. Ofelia Béjar López Peniche
Julio 2013
¿Has escuchado alguna vez las conversaciones de los estudiantes?
“Mira si quieres “pasarla tranquila”, inscríbete con este profesor, es un gran barco,
pero si quieres aprender y aprovechar tu tiempo mejor inscríbete con este otro, él es
muy organizado y sabe muchísimo, si te pones las pilas desde el principio no se te
hace tan pesado y de verdad, aunque si trabajas durante todo el semestre, al final te
sientes muy satisfecho”.
¿Qué significa ser un profesor exigente?
El profesor exigente es aquel que pone en movimiento al estudiante desde el inicio del
curso teniendo como meta que alcance un aprendizaje profundo y significativo. Para
lograr lo anterior es necesario tomar en cuenta varios elementos:
El primero es planear y organizar el curso de manera que se incluyan actividades y tareas
dirigidas al logro del aprendizaje. Es muy importante que como profesores mostremos
desde esta planeación que confiamos plenamente en que nuestros estudiantes lograrán
resultados de calidad (Flores, 2008:4) y responderán a las altas expectativas que como
profesores tengamos de ellos. Si comenzamos poniendo metas medianas, corremos el
riesgo de lograr resultados pobres y apenas suficientes.
Segundo, es muy importante establecer un sistema de evaluación claro y coherente con
los objetivos de aprendizaje; esto implica, que como profesores asumamos el compromiso
de cumplir con lo acordado en cuanto a fechas y otros requisitos y que sobre todo
retroalimentemos al estudiante sobre el resultado de cada actividad, examen o tarea
(Flores, 2008:2). Es necesario estar pendientes del alumno a lo largo de todo el semestre
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y hacerle notar oportunamente aquellos aspectos en los que puede mejorar su
desempeño.
Tercero, lo anterior ha de llevarse a cabo en un clima en el que predomine el respeto y la
convivencia armónica entre el profesor y los estudiantes. Para esto es conveniente
establecer con claridad las normas del curso y las consecuencias que se seguirán de no
respetarlas. Es importante no confundir a un profesor autoritario con uno exigente. El
profesor autoritario es el que está centrado en hacer que los alumnos lo obedezcan,
independientemente de si se logran o no las finalidades del curso, mientras que el
profesor exigente es el que sabe retar, motivar y llevar a sus alumnos a los mejores
resultados en un clima de empatía, de respeto y de comunicación.
¿Qué significa ser un profesor barco?
Aquel profesor que desde el inicio del curso se muestra “improvisado”, poco organizado y
da la imagen de que con él se pueden obtener buenas calificaciones sin esforzarse
demasiado, puede ser identificado por los alumnos como “un maestro barco”. Si hay esta
percepción es muy probable que al final los estudiantes logren sólo los resultados
mínimos requeridos para aprobar el curso.
El profesor barco es el que supone que los estudiantes no tienen la capacidad suficiente
para aprender y por lo tanto, promueve un aprendizaje superficial en el que predomina la
memoria a corto plazo, limitándose a tratar de que el estudiante estudie para pasar el
examen y dejando de lado el aprendizaje significativo.
El profesor barco suele estar centrado en la “buena relación con el estudiante” y por lo
tanto, trata de evitar conflictos dejando pocas tareas a los estudiantes y no haciendo
sugerencias ni comentarios sobre las mismas. También suelen ser profesores que dejan al
alumno hacer lo que quiera en la clase sin respetar las normas de convivencia mínimas
que facilitan el proceso del aprendizaje. Generalmente son profesores que no aprovechan
al máximo su tiempo de clase con un trabajo consistente que lleve al alumno a obtener
aprendizajes de calidad.
¿Quién logra mayores aprendizajes, un profesor barco o un profesor exigente?
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La respuesta resulta evidente, el profesor exigente es el que ayuda a que los estudiantes
den lo mejor de sí mismos, a través de la realización de actividades con sentido que
conducen al aprendizaje profundo.
Al final los estudiantes recuerdan y aprecian más al profesor que los retó, que los llevó a
esforzarse y a lograr resultados de aprendizaje significativos que a aquél que incluso llegó
a “regalarles” una calificación.
A veces los profesores creemos que si “somos barcos” los estudiantes nos van a evaluar
mejor; sin embargo, no es así porque al final de cuentas lo que los estudiantes valoran es
lo que han aprendido en el curso y se sienten satisfechos con ellos mismos por el esfuerzo
realizado y la meta alcanzada.
En resumen
La exigencia académica es el camino para alcanzar la calidad educativa que la Ibero
promueve en sus programas. Por ello quiere tener profesores que eduquen e impulsen en
sus estudiantes el máximo desarrollo de sus talentos. La exigencia académica implica que
los estudiantes y profesores demos lo mejor de nosotros mismos y que nos esforcemos
por una mejora continua.
Para que nuestros estudiantes logren aprendizajes profundos y significativos, debemos
planear mejor nuestras clases, definir con claridad las reglas del curso y aplicarlas
consistentemente, motivar a los estudiantes, evaluarlos y retroalimentarlos
constantemente, estar atentos a lo que el estudiante requiere exigiéndole que haga bien
lo que hace. Los estudiantes, entonces se darán cuenta de que estamos comprometidos
con su formación y a su vez se sentirán motivados para responder ante cada reto
planteado.
Debemos estar dispuestos a asumir la tarea de ser profesores más preparados, más
comprometidos con nuestra práctica docente y con el aprendizaje de nuestros alumnos.
Dando lo mejor como profesores lograremos obtener lo mejor de nuestros estudiantes.
FUENTES:
Flores Juárez, José Benito (2008) Exigencia académica en el aula universitaria. Un ensayo sobre
Rigor y Exigencia en universidades mexicanas. Recuperado:
www.fimpes.org.mx/phocadownload/Premios/1Ensayo2008.pdf (1° julio 2013).
Ramírez, Juan Carlos (2013) Manual del profesorado Ibero. México: UIA
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Vásquez, Alberto (1998) Reflexiones para un modelo educativo universitario ignaciano. México:
ITESO, colección pedagógica ignaciana No. 5
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