En los antiguos tiempos romanos, hereditas y familia se muestran

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SUCESIONES
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En los antiguos tiempos romanos, hereditas y familia se muestran en íntima
relación. El heredero no es más que un sucesor en el ius, en la posición jurídica
unitaria que asumía el antecesor respecto de la familia.
Tal posición jurídica se cifra en una potestad, indistintamente ejercida sobre
personas y cosas, colectivamente vinculadas a relaciones patrimoniales y
extrapatrimoniales.
El patrimonio que solo se adquiere, como consecuencia de la successio, no es
allí lo relevante. En efecto, puede existir un heredero, puede darse una situación
sucesoria, en el sentido dicho, cuando el antecesor carece de activo patrimonial,
o solo tiene pasivo, o, en fin, ha donado a un tercero el patrimonio entero.
El heredero clásico, es sucesor: sucede in locum o in locum et in ius, es decir,
en una posición jurídica unitaria, vinculada al universo de la familia. A la sucesión
que confiere inmediatamente el título de heres, subsigue la adquisición mediata
de los bona, verificada de una vez y en conjunto.
Verdad es que si en la época clásica la herencia sirve a una función patrimonial,
perseveró el concepto de reemplazo del antecesor por el sucesor, de reemplazo
en la posición jurídica, es decir, in ius o in locum et in ius.
Frente a la única forma de sucesión que concibieron los clásicos, en torno a la
sucesión, universal succesio, que implica un reemplazo en la posición jurídica
del antecesor y la consiguiente adquisición del patrimonio en bloque, surge en
época postclásica la adquisición de derechos singulares –sucessio in singulas
res–, en la denominación postclásica, o sucesión a título particular en el derecho
nuevo.
A tal forma de adquisición y no de sucesión, en el castizo sentido romano fue
contrapuesta por los justinianeos la sucessio, bajo la calificación de sucessio in
universum ius.
La hereditas en cuanto a universitas, se identifica con el patrimonium, y se
concibe la responsabilidad por las deudas, como una consecuencia de la
adquisición de este.
No todas las obligaciones jurídicas que se dan en cabeza del difunto pasan al
heredero. Intransmisibles son las pertenecientes al derecho público: magistraturas,
cargos, etc. y, dentro del derecho privado, las que se vinculan a la persona, cual
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