“Yo he creído”

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Juan, el camino de la fe
“Yo he creído”
(11.1–57)
Nota del autor: Durante la semana anterior a la
presentación del siguiente material, Jamey Gowen, un
miembro de la iglesia local, de 23 años de edad, sufrió
una caída desde lo alto del Auditorio Benson de la
Harding University. Cuando subía a un nivel más alto,
sus manos se le resbalaron, y cayó quince metros a
través del delgado techo, zarandeándose todo el trayecto
hasta estrellarse en el piso. Por dicha, salió de este
accidente casi sin rasguños, y después de tres días en el
hospital, regresó a casa. Hoy se encuentra en perfectas
condiciones, pero por varios días su accidente afectó a la
congregación donde yo predico todos los domingos.
Después de esa dramática semana, la congregación tuvo
necesidad de un servicio mediante el cual darle gracias
a Dios por la vida de Jamey y cantar sus alabanzas de un
modo especial. En consecuencia, este sermón —al estilo
de devoción— fue dividido en cinco partes y salpicado
con cánticos especiales que expresan las verdades
proclamadas por este maravilloso texto de las Escrituras.
¡El amor es siempre iniciar de nuevo! Uno
puede creer que conoce el amor cuando, siendo
niño, está seguro en los brazos de su madre. Una
adolescente puede creer que halló el amor en su
primer enamorado. Un hombre puede estar seguro
de haber descubierto el amor más grande cuando
halla la mujer con la que desea casarse. El amor
puede parecer perfecto cuando los padres
sostienen en brazos a su recién nacido. Podemos
creer que por fin hemos descubierto lo que hace
verdadero el amor, cuando hemos sufrido una
terrible adversidad junto a otro. El amor, según
parece, es siempre empezar de nuevo.
LA FE ES SIEMPRE EMPEZAR (11.15)
La fe es parecida al amor en que también es
siempre empezar. Por ejemplo, en el evangelio de
Juan, los discípulos ya habían llegado a tener fe en
Jesús para cuando arribamos al capítulo once.
Andrés creyó el día que dejó a Juan el Bautista para
seguir a Jesús (1.41). Felipe creyó el día que Jesús lo
llamó (1.45), y Natanael creyó cuando Jesús le dijo
que lo había visto debajo de la higuera (1.49). Los
discípulos que estaban en las bodas de Caná,
creyeron cuando vieron a Jesús convertir el agua
en vino (2.11). Se nos dice también que Pedro y
los otros discípulos que fueron testigos de la
alimentación de los cinco mil, y oyeron el sermón
del pan de vida, igualmente creyeron (6.69). A
pesar de todas estas declaraciones de fe, Jesús les
dijo a sus discípulos que se alegraba por la
oportunidad de resucitar a Lázaro para que ellos
creyeran (11.15).
La fe es así —siempre está empezando. Muchos
de nosotros ya creemos, por lo menos hasta cierto
grado. Entonces, en algún momento de nuestras
vidas, enfrentamos algo tan poderosamente transformador que no volvemos a ver la fe de la misma
manera de nuevo. Un encuentro así podría ser una
bendición o una prueba, el nacimiento de un niño
o una caída desde una altura de quince metros. De
pronto, vemos todo de un modo diferente, y parece
que la fe empieza de nuevo.
Hoy el evangelio de Juan nos llama a creer
(20.31). Muchos escuchamos ese llamado y
decimos: “Yo ya creo”. No obstante, si
escuchamos, y buscamos, y seguimos, puede que
descubramos que la fe apenas está empezando en
nosotros.
1
Cántico sobre fe en crecimiento tal como: “Estoy
marchando por el camino que lleva arriba”.
LA FE ESTÁ LLENA DE PROMESA
(11.25–26, 40)
Cuando Marta se encontró con Jesús en las
afueras de Betania, su hermano ya llevaba cuatro
días de estar en el sepulcro. Ella se lamentaba de
que si Jesús hubiese estado allí, su hermano no
hubiese muerto. En respuesta a su dolor, Jesús le
dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree
en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel
que vive y cree en mí, no morirá eternamente.
¿Crees esto?” (11.25–26). Las palabras de Jesús
proveen una poderosa motivación para creer.
La fe es trabajo duro y una persona perezosa
simplemente no hará el esfuerzo. No creemos
simplemente porque queremos creer, pero jamás
creeremos si no queremos creer. La fe entraña
dedicación, obediencia, sacrificio, y a veces, lágrimas.
Sin embargo, es una rica promesa la que se nos
hace a todos los que creemos.
En relación a esto, la fe es como el trabajo duro
en la universidad; el estudiante lo hace por la
promesa de que obtendrá un empleo bien remunerado. El trabajo duro en nuestros estudios es
recompensado con una buena paga o un ascenso
laboral. No se equivoque con esto: La fe no hace
que se gane recompensa, pero son las promesas de
Dios las que nos motivan a continuar en el largo,
difícil y a veces atribulado camino a la fe.
Cántico acerca de la fe, tal como: “Mi fe espera en ti”.
LA FE SE CENTRA EN JESÚS (11.27, 42)
La fe de Juan nos mueve hacia la fe en Jesús. Lo
que necesitamos, no es fe en nuestros padres, ni fe
en los apóstoles, ni fe en otros cristianos, ni fe en la
iglesia, ni siquiera fe en la fe. Por el contrario, es fe
en Jesús lo que necesitamos.
En la poderosa declaración de fe que hace
Marta, ella le dice a Jesús, “... yo he creído que tú eres
el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”
(11.27; énfasis nuestro).
Cuando Jesús, sus discípulos, Marta, María, y
la multitud de dolientes estaban a la entrada de la
tumba de Lázaro, Jesús oró al Padre diciendo: “Yo
sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa
de la multitud que está alrededor, para que crean
que tú me has enviado” (11.42) Esto es consecuente
con el resto del evangelio de Juan, cuyo propósito
es producir fe en “que Jesús es el Cristo, el Hijo de
Dios” (20.31).
John Paton fue un misionero en África que
2
enseñó y bautizó a mucha gente. Dado que la Biblia
no estaba disponible en la lengua de la gente a la
que le enseñaba, Paton empezó el largo y difícil
proceso de traducir la Biblia. La labor iba bien
hasta que empezó a tratar de traducir la palabra
“creer”. Tan extraño como suena, no había palabra
en ese lenguaje que se tradujera por “creer”. ¿Cómo
podría alguien traducir la Biblia sin una palabra
para “creer”?
Entonces, un día, mientras Paton trataba con
este problema lingüístico, un cristiano de la
aldea vino a visitarlo. Este hombre había estado
trabajando todo el día y estaba exhausto. Al sentarse
mostró en su cara una expresión de gran alivio y
dijo, “se siente tan bien apoyar todo el peso de uno
sobre algo”. Paton se dio cuenta de que había
encontrado una expresión para “creer”: Creer es
“apoyar todo su peso sobre Jesús”.1 La fe se centra
en Jesús y en nada menos.
Cántico sobre la confianza, tal como: “Creo en
Jesús”.
LA FE ES DIVISIVA (11.45–46)
Mientras la gente estaba afuera del sepulcro de
Lázaro y lo veían salir vivo, se les presentó una
inevitable disyuntiva. Habían visto a Lázaro
muerto, lo habían preparado para su sepultura, lo
habían puesto en el sepulcro, y habían colocado
una piedra a la entrada de la cueva. Fueron testigos
de esos eventos. Luego, debido al milagro de Jesús,
esta misma gente fueron testigos de la resurrección
de Lázaro. ¿Creerían ahora? No podían evitar tomar
una decisión.
Juan escribió lo siguiente sobre la división que
ocurrió entre los que observaron el milagro ese día:
Entonces muchos de los judíos que habían
venido para acompañar a María, y vieron lo
que hizo Jesús, creyeron en él. Pero algunos de
ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que
Jesús había hecho (11.45–46).
Asombrosamente, toda esta gente fueron testigos
de los mismos eventos pero reaccionaron de
maneras opuestas. Algunos vieron que estaban
ante la presencia del poder de Dios, así que pusieron
su fe en Jesús ese día. Otros sólo “vieron” un
chisme bien gordo y se apresuraron a ir a Jerusalén
a contarles a los líderes judíos acerca del revuelo
causado por Jesús. La división causada entre la La
gente ese día no es una parte insignificante del
1
King Duncan, “Faith” (“Fe”), Dynamic Illustrations
(Knoxville, Tenn.: Seven Worlds Press, January / February
1995).
relato. Por el contrario, la división es la naturaleza
misma del relato sobre Jesús: Cuando la gente
escucha acerca de Jesús, se ven forzados a tomar
una decisión, de un modo u otro, acerca de quién
verdaderamente es él. No hay territorio neutral.
Jesús y el apóstol Juan nos presionan incesantemente a tomar una decisión. ¿Es Jesús el
Hijo de Dios, o fue él un fraude? O él es divino, o
fue un blasfemo que merecía morir. ¿Por cuál se va
a decidir usted?
Cántico sobre el compromiso, tal como: “He decidido
seguir a Cristo”.
LA FE ES AMENAZADORA (11.48)
Algunos de los que habían sido testigos de la
resurrección de Lázaro fueron a los principales
sacerdotes y los fariseos que estaban en
Jerusalén, para decirles sobre lo que el maestro de
Nazaret había hecho. Cuando daban su informe, se
quejaban: “Si le dejamos así, todos creerán en él; y
vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar
santo y nuestra nación” (11.48). Se daban cuenta de
que la fe en Jesús transformaría vidas, transformaría
familias e, incluso, transformaría a la nación. Se
daban cuenta —tal vez más de lo que muchos
cristianos hoy día se dan— de cuán “peligrosa” es
la fe. Una antigua canción sobre el amor dice que
éste “te inspirará, jamás te deprimirá, tomará tu
mundo y completamente te lo transformará”. Lo
mismo debe decirse acerca de la fe en Jesús.
La tendencia hoy día es a esperar lo más mínimo
en lo que concierne a la fe. Muchos cristianos han
hecho la fe muy fácil, muy suave, muy poco
exigente. Wilbur Rees expresó esta tendencia
mediante el siguiente párrafo de carácter sarcástico:
Me gustaría comprar el equivalente de tres
dólares en Dios, por favor, no lo suficiente
como para hacer estallar mi alma o perturbar
mi sueño, sino justo lo suficiente para equivaler
a una taza de leche caliente o a una siesta a la
luz del sol. No quiero lo suficiente de él como
para hacer que ame a un negro ni para hacer
que recolecte remolachas con un inmigrante.
Quiero éxtasis, no transformación; quiero el
calor del vientre, no un nuevo nacimiento.
Quiero una libra del Eterno en una bolsa de
papel. Me gustaría comprar tres dólares de
Dios, por favor.2
La fe a la cual Jesús nos invita, bien puede
transformar la totalidad de nuestras vidas. Juan
quería estar seguro de que nosotros entendiéramos los posibles costos que implicaba el
seguir a Jesús. Puede que suframos, puede que
seamos perseguidos y puede que perdamos todo
lo que poseemos. ¡En comparación con las ricas
promesas de la fe, los costos parecen raramente
insignificantes!
Cántico sobre la fe perseverante, tal como “La fe de
nuestros padres”.
■
2
Citado en: Charles Swindoll, Improving Your Serve
(Cómo mejorar su servicio) (Waco, Tex.: Word Publishing
Co., 1981), 29.
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