Pensamiento económico: una reflexión oportuna

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Pensamiento económico:
una reflexión oportuna
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HOMERO URÍAS BRAMBILA
EUGENIA CORREA '
1 siglo XX ha sido el escenario de enormes transformaciones en todos los órdenes de la
vida del hombre. Es el siglo del surgimiento del sistema socialista, con su ca uda de esperanza para una parte significativa de los inquilinos del planeta y es también el intervalo en que se presenció su estrepitoso derrumbe, con el cual se consolida la hegemonía
de la concepción capitalista del mundo. Esta centuria registra, asimismo, el descenso vertical de la economía rural y del campesinado y el acelerado proceso de urbanización; la extraordinaria revolución científico-tecnológica, que enterró tradiciones y costumbres y que
incluso permitió al hombre posar su pie en la luna; los cambios en las fronteras del orbe,
que en unos pocos años han tomado obsoletos los mapas conocidos en las clases de geografía,
y la inusitada irrupción de las comunicaciones y de los flujos de información en todos los
ámbitos de la cotidianidad. Han sido cien años en los cuales la humanidad testificó, como
nunca antes, el impresionante crecimiento de la producción y la productividad, así como una
movilidad sin precedente de las mercancías y de los factores capital y trabajo. En particular, la nueva economía electrónica global ha dado lugar a impresionantes transferencias de
flujos financieros de un lado del mundo a otro poniendo a prueba la estabilidad de las aparentemente economías más sólidas.
Otros cambios notables, también con repercusiones universales, se refieren al auge de
las profesiones, resultado de la creciente exigencia de la economía por trabajo especializado; a la irrupción masiva de las mujeres en el mercado laboral, con sus consecuentes efectos
económicos, sociales, culturales e incluso domésticos, y al surgimiento de una nueva cultura crecientemente global cuyos iconos se relacionan con el cine, la televisión, la intemet
y en general con el consumo. Pero en el siglo XX la humanidad también conoció la brutal
capacidad de destrucción del hombre: vivió dos guerras mundiales, la segunda de las cuales concluyó con el uso de la bomba nuclear, arma implacablemente letal y apocalíptica e
hija también de este siglo; presenció múltiples conflictos regionales, así como la barbarie
E
*Director de Comercio Exterior <[email protected]> y profesora-investigadora de la Facultad
de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México <[email protected]>.
de las guerras y las "limpiezas" étnicas, producto de odios ancestrales, e incluso contempló imperturbable, como una mera imagen escenográfica en una pantalla de televisión, la
tragedia de las víctimas de los conflictos en diversos rincones del mundo.
Es así que ni todos los extraordinarios progresos del ser humano -hay evidencias de
que se niega a serlo-, ni mucho menos todas las guerras, con sus millones de víctimas, han
contribuido a detener la ampliación constante de la brecha socioeconómica, el crecimiento del desempleo y la marginación -en muchos casos explícita, al no constituir "mercado"-, la profundización de las carencias básicas -alimentación, salud, educación, vivienda-, la resurrección de males propios del oscurantismo -las llagas de la pobreza-, la
injusticia y la impunidad del poderoso, la irracional explotación de los recursos naturales
y el deterioro ambiental, en algunos casos irreversible. Pareciera, más bien, que el progreso ha tenido como propósito alimentar el egoísmo del hombre y su desdén por lo colectivo. Al final del siglo, cual dogma, el renovado culto al in di vi dualismo erosiona de manera
profunda el concepto de lo social y vulnera por tanto la eficacia de las acciones de ese carácter.
¿Por qué el extraordinario progreso del hombre en el siglo XX coloca a la humanidad en
un entorno de incertidumbre en el amanecer de una nueva centuria? ¿Acaso las ideas y su
praxis se tornaron obsoletas, sólo respondieron a la lógica del capital, o quienes se encargaron de ponerlas en práctica soslayaron o malinterpretaron la esencia del saber? La historia del pensamiento científico enseña que el interés y la preocupación fundamentales de
éste se refieren al hombre. Sin embargo, ¿por qué priva nuevamente y con fortalecido ímpetu la máxima de Aristóteles sobre un supuesto orden natural de las cosas? "Desde el
momento mismo de nacer unos están destinados a servir y otros a mandar". Junto con ello,
el pasado ha dejado de ser una referencia esencial para prever el futuro. ¿Por qué negar la
historia cuando de su aprendizaje y comprensión es posible construir historia?
Está fuera de nuestro alcance e intención dar respuesta a esas interrogantes. Aquí sólo
se invita a los lectores de Comercio Exterior a repasar las aportaciones de algunos connotados economistas de la vigésima centuria y de esa manera alentar el interés de los investigadores y académicos para orientar su pensamiento e inquietudes intelectuales hacia la
búsqueda de elementos que eventualmente contribuyan al surgimiento de una nueva doctrina que nutra el saber económico y allane el camino que conduzca a la superación de la
compleja problemática que obstruye un desarrollo global menos inestable y un poco más
equilibrado.
Creemos, así, que la vorágine de la globalización, bajo la égida de Occidente, y sus tremendos efectos en la economía mundial, en las regiones y en los vulnerables estados nacionales (lo que de ellos queda), debe animar la relectura de los planteamientos teóricos
de los pensadores de la ciencia económica, cuyas reflexiones, además de alimentar la propia teoría, condujeron a la formulación de estrategias de política económica que marcaron
el curso de la economía mundial y de las naciones en diversas etapas de la historia y cuyo
legado -con sus indudables méritos pero también con sus devastadoras interpretacionesperdurará más allá de los amaneceres del nuevo milenio. La encrucijada de la modernidad,
con progreso y mayor dominio para unos pocos, pero más pobreza y desigualdad para los
más y con una gran inestabilidad -la cual puede ejemplificarse con la irrupción de la crisis asiática- cuyas raíces son inherentes al propio funcionamiento del capitalismo global, precisa, asimismo, de la revisión de las contribuciones de los organismos vinculados
a la búsqueda del desarrollo económico, como la CEPAL y la UNCTAD, ambas de la Organización de las Naciones Unidas.
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Se trata, en fin , de recuperar y reaprehender algunos elementos fundamentales del saber
económico que permitan, sin perder de vista la evolución de las realidades sociales y económicas, ampliar el conocimiento del pensamiento actual cuya simiente se remite a la obra de
los notables economistas de los albores y el transcurso del siglo de las luces. De ese selecto
grupo brillan con intensidad las mentes del escocés Adam Smith, fundador de la llamada
escuela clásica y autor de La riqueza de las naciones (1776), el primer mapa fiel de la sociedad moderna; el reverendo Robert Malthus y sus Principios de población ( 1798); el corredor de bolsa David Ricardo y sus Principios de economía política ( 1817); los socialistas utópicos, con el filántropo Robert Owen de manera destacada; Karl Marx, quien leyó a todos
los economistas e hizo el examen más riguroso del sistema capitalista en su obra magna, El
capital; el brillantísimo J ohn Stuart Mill, el de "las su a ves inclinaciones socialistas"; el francés Leon Walras, pionero de la moderna teoría del equilibrio general, plasmada en su obra
Elementos de economía política pura ( 187 4 y 1877), y Alfred Marshall, fundador de la
Cambridge School of Economics y considerado el economista más relevante del mundo
victoriano. Su obra Principios de economía (1890) fue el tratado más importante de la época y por muchos años constituyó referencia obligada de los economistas británicos.
Éstas son acaso algunas de las fuentes fundamentales que alentaron las notables aportaciones a la teoría y a la praxis económica de pensadores como J ohn Maynard Keynes, el de la
Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero y, para muchos científicos sociales, el
economista más importante e influyente del siglo XX, pues él y Karl Marx ejercieron una
profunda influencia en la filosofía del sistema capitalista; Joseph Schumpeter, cuya Historia del análisis económico (1954) se considera una obra maestra en su género y una auténtica enciclopedia del análisis económico, y el mismo Mil ton Friedman, uno de los economistas más polémicos, ardiente defensor e, incluso, propagandista de la libre empresa y el
monetarismo, con enorme influencia en las políticas económicas contemporáneas. En uno
de los artículos que participan en este esfuerzo editorial se señala que, en el plano académico,
los tres economistas más citados en la actualidad son Keynes, Smith y Friedman, en ese orden.
Por supuesto, aquellos clásicos también inspiraron otras corrientes de pensamiento, como
la escuela austriaca con su fundador Carl Menger, el neomarxismo de Paul Baran y Paul
Sweezy y el estructuralismo cuyos orígenes se remontan al teórico y filósofo marxista Louis
Althusser y debe su enorme e importante desarrollo en el plano económico a Raúl Prebisch,
Celso Furtado, Aníbal Pinto y Osvaldo Sunkel. El desarrollo de las ideas de otros muchos
hombres, organismos e instituciones preocupados por enriquecer la teoría y su praxis, así
como por impulsar el desarrollo económico, también son fruto de la comprensión y aprehensión del conocimiento acumulado.
Con este número, el600, Comercio Exterior celebra 50 años de continuidad editorial.
En ésta y las siguientes dos entregas se publica una pequeña muestra de lecturas en tomo
al pensamiento económico del siglo XX, en las cuales prestigiosos autores reflexionan acerca
de los aportes de algunos protagonistas de las ideas económicas, en ciertos casos paradigmáticas, de la centuria hoy en ocaso. Si bien se podrá argumentar, con tino, que una gran
parte de esas enseñanzas carece ya de aplicación, también se puede señalar que tampoco
han quedado totalmente fuera de época y no es válido prescindir a priori de su lectura, se
esté o no de acuerdo, más aún cuando los economistas proporcionaron al hombre el orden
intelectual para comprender el mundo que forma parte de nuestra filosofía cotidiana. De
la sabiduría de los economistas del pasado reciente y contemporáneos habrá que cosechar
el conocimiento necesario para enfrentarse con el futuro . Por su persistente actualidad vale
la pena hacer una pausa en el camino. (j
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