La conversión: un proceso para toda la vida

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M1, Mistagogía
La conversión: un proceso para toda la vida
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¡BIENVENMID
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Biblia
NOS DA
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DE NUESTR
IGLESIA .
El alma de una persona
que sirve a Dios
siempre nada en la
alegría, siempre está
de fiesta y siempre está
dispuesta a cantar.
SAN JUAN DE LA CRUZ
L
a Vigilia Pascual
no marca el final
Ahora que pertenezco de lleno a la
del proceso de
Iglesia no comprendo por qué todavía
formación sino el
tengo que asistir a reuniones con mi
principio de un
grupo. Me gusta el grupo, pero tengo
otras cosas que hacer.
compromiso que dura
toda la vida para descubrir y
vivir el mensaje cristiano. Nos comprometemos
a crecer todavía más en nuestra fe y en nuestra
habilidad de vivir como Cristo quiere que vivamos. La
Vigilia Pascual no es el final de nuestra jornada de fe, sino
que más bien marca un punto culminante en esa jornada.
¡Nosotros seguimos adelante!
Mistagogía, una palabra griega que significa misterio, es el período de los cincuenta
días después de la Pascua hasta el día de Pentecostés. En la Iglesia naciente, la
comunidad usaba este período de tiempo para explicar el misterio de los sacramentos que los catecúmenos acababan de experimentar. El tiempo litúrgico de la Pascua
(las semanas después de la Pascua de Resurrección hasta el día de Pentecostés)
sirven para que los neófitos(las personas que acaban de convertirse al catolicismo) alcancen un entendimiento más profundo de la palabra de Dios, de los sacramentos y del significado de su nuevo compromiso en sus vidas. Los neófitos continúan reuniéndose para rezar y explorar maneras de vivir mejor su nueva fe.
Durante este período de mistagogía, nuestro enfoque cambia del aprender acerca
de la fe al vivir la fe. Se invita a los nuevos católicos a que participen de lleno en la
vida de la parroquia.
De colores,
de colores se
visten
n
los campos e
…
a
la primaver
Puede que sientas lo que San Juan de
la Cruz describió y también puede que
experimentes otras cosas:
“Tuve una sensación muy espiritual
durante la Vigilia de la Pascua. Ahora
todo parece tan … ordinario”.
“Siento como si me hubiera graduado.
Supongo que ya no tengo que seguir
viniendo a estas reuniones”.
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“Me sentí un poco confundido. Pasé
tanto tiempo y gasté tanta energía
preparándome para la iniciación, y
ahora, ¿qué hago?”
“Mis amistades no se sienten tan
animadas como yo en cuanto a mi nueva
fe. Algunas veces eso me deprime”.
“Yo de verdad amo mi nueva fe, pero
todavía tengo dudas. Quizá debí haber
esperado más”.
Puede que todavía sientas que andas
“por las nubes” en cuanto a lo espiritual
o que quizás estés un poco confundido o
confundida. Es natural experimentar
dudas y cuestionar tu decisión. La
mayoría de los católicos dudan de vez
en cuando y se hacen preguntas acerca
de su fe. De hecho, el cuestionamiento
es algo sano porque ayuda en el desarrollo de una fe verdadera y duradera y así
empieza el proceso del crecimiento y del
entendimiento. La clave para continuar
tu jornada de la fe es la conversión.
¿Qué es la conversión?
El significado de la palabra converso
tiene varios niveles. La raíz significa
cambiar o dar la vuelta. Se usa más a
menudo para describir el proceso del
cambio de una religión a otra.
Mientras que esto es verdad, el
significado de la palabra conversión no
se debe limitar sólo a un cambio de
religión. La conversión es el llamado
continuo que el cristiano ya comprometido recibe a crecer en la fe y en la
práctica de esa fe. Incluye una profundización de nuestra relación con Dios y
con las personas que nos rodean. La
verdadera conversión tiene más que ver
con un cambio de corazón que con un
cambio de religión.
El primer paso que damos en el
proceso de la conversión es acudir a
Jesucristo, aceptarlo como Señor y
Salvador y decidir que vamos a vivir la
vida de la fe en la comunidad del pueblo
de Dios — la Iglesia. Esta primera vuelta
es la conversión inicial. Puede que sea
una experiencia conmovedora o un
momento dramático que le da una
vuelta total a alguien. Pero para la
mayoría de nosotros, la conversión
inicial es nuestra verdadera aceptación
de algo que hemos oído desde que
nacimos — que Jesús nos ama profundamente y sin condiciones.
La conversión inicial puede ser cosa
de un instante, pero se va a necesitar
muchísimo tiempo para que una vida de
fe madure y desarrolle.
Cometemos un error muy grande
cuando consideramos que la conversión
es algo que sólo ocurre una vez en la
vida cuando le damos la espalda al
pecado y escogemos la santidad. La
conversión también requiere la perseverancia, el compromiso y el esfuerzo
gradual y continuo de nutrir nuestra fe.
Es como el botón que le da los toques
finales a la imagen de la televisión que
la lleva de buena a mejor. La conversión
continua significa que poco a poco
llevamos nuestra vida por el camino que
nos lleva hacia Dios.
¡QUÉ
CHÉVERE!
¡ES MÍO,
TODO MÍO!
Los apóstoles de Jesús nos dan un
ejemplo excelente de la conversión
inicial seguida por la necesidad del
cambio y del desarrollo. Cuando los
apóstoles primero se convirtieron y
empezaron a seguir a Jesús, ellos
tuvieron unas ideas muy equivocadas de
quién era él. Ellos esperaban un Mesías
diferente de lo que Jesús era. Los
apóstoles se imaginaban a un rey
guerrero, como David, que iba a unir a
las personas, a reunir a un ejército y a
expulsar a los odiados romanos de su
tierra. El rechazo, el sufrimiento y en
especial la muerte en la cruz no formaban parte de su plan. Pero, contrario a
lo que ellos esperaban, Jesús era el
siervo sufriente, el que “no vino para ser
servido sino para servir” (Mateo 20,28;
Marcos 10,45). El les lavaría los pies y
les diría que hicieran lo mismo.
En otras palabras, a pesar de su
conversión inicial, los apóstoles de
Jesús tendrían que pasar por unos
cambios dramáticos si iban a seguir
siendo discípulos fieles. Al convertirse
en amigos íntimos y compañeros de
Jesús, ellos empezaron a descubrir su
verdadera identidad. ¡Jesús era mucho
más de lo que se habían imaginado! Pero
este descubrimiento, esta conversión
más profunda, tomó tiempo.
BUENO,
EN REALIDAD
NO LO NECESITO
TODO…
¿TE GUSTARÍA
COMPARTIR
EL HELADO
CONMIGO?
¿Cómo afectará mi vida
la conversión continua?
Empecemos a contestar esta pregunta
usando un ejemplo.
En el siglo dieciocho, Alfonso Liguori,
un joven y ambicioso abogado estaba
trabajando en
un caso
complicado
entre dos
duques italianos. Cuando
Alfonso perdió
el caso porque
cometió un
error, su mundo
se le vino
abajo. El salió furioso del tribunal.
Unas semanas más tarde, después que
tuvo una disputa con su padre que era
muy dominante, entró en una iglesia y
oyó una voz que le dijo, “Alfonso,
entrégate a mí”. El se fue a la iglesia de
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Nuestra Señora de la Redención y puso
su espada, el símbolo de su nobleza,
sobre uno de los altares menores, como
símbolo de su decisión de entregarle su
vida a Dios. Esta dramática conversión
inicial de Alfonso sucedió en el año
1723, pero esto sólo marcó el comienzo
del proceso de su conversión.
Tres años más tarde Alfonso dió el
próximo paso en su jornada de fe
cuando se ordenó como sacerdote.
Entonces, cuando estaba pasando unas
vacaciones con cuatro sacerdotes en la
costa de Amalfi, una tormenta repentina hizo que regresaran a la costa y se
refugiaron en una ermita llamada Santa
María de la Montaña. Alfonso quedó
asombrado con la pobreza de los
pastores que cuidaban sus cabras cerca
de allí. Ellos no sabían casi nada acerca
de la fe y su vida moral era un desastre.
Su proceso de conversión continuó
cuando dedicó su vida a servir a los
pobres del campo.
Pero San Alfonso todavía no había
acabado con su conversión. La muerte
de su amigo y maestro, el obispo
Falcoia, hizo que Alfonso se convirtiera
en un líder. Su experiencia de oír las
confesiones de los pobres hizo que se
convirtiera en un líder compasivo y
humilde.
El proceso de la conversión fue algo
que duró toda su vida. Y así también
pasa con nosotros. Puede que Dios no
nos llame a ser misioneros y sacerdotes,
pero sí nos llama a usar nuestros
talentos para llevar el amor y la verdad
al mundo entero.
Ya hemos tenido nuestras conversiones iniciales. Ya hemos empezado
nuestras jornadas de fe. Hemos aceptado
a Jesucristo como el Camino, la Verdad y
la Vida, pero ahora continúa el proceso
de la verdadera conversión que dura
toda la vida.
Para que nuestra fe eche raíces,
tenemos que alimentarla a diario.
Esto significa que todos los días
pasamos tiempo rezando. La oración
incluye oraciones con la comunidad de
fe en la Misa, igual que la oración
personal. Algunas veces la oración no es
más que pasar tiempo solos y en silencio
para poder oír la voz de Dios y estar más
abiertos a la presencia de Dios en
nuestras vidas.
También alimentamos nuestra fe
cuando compartimos el trabajo de la
comunidad de fe a la que pertenecemos.
Servimos al pueblo de Dios cuando nos
unimos a los coros o a los grupos
musicales, cuando somos ministros de la
Palabra o de la hospitalidad.
“Tuve una sensación muy
espiritual durante la Vigilia
de la Pascua.
Ahora todo parece tan …
ordinario”.
Cereal
Leche
Puede que algunos de nosotros
tengamos talentos o dones únicos que
nos dejan servir en áreas especiales. Los
que son buenos en los deportes pueden
ser entrenadores que comparten la fe al
enseñar acerca del respeto, la honradez
en el deporte y el compromiso a los
jóvenes a quienes sirven. A los que les
gusta enseñar pueden ser tutores que
ayudan después de las clases. Los que
quieren servir a la comunidad en su
totalidad pueden trabajar un día al mes
en un comedor para los pobres o un
lugar donde cuidan a niños para ayudar
a las madres solteras o a familias pobres.
El proceso de conversión continúa en
medio de las situaciones ordinarias de la
vida diaria. Maduramos como discípulos
de Cristo cuando no nos enfadamos con
un hermano o una hermana que se
siente frustrado o frustrada, cuando
respetamos los consejos de nuestros
padres, cuando incluimos a un compañero de clase que se siente rechazado y
cuando pasamos tiempo consolando a
una amiga que
está triste. Las
raíces de nuestra
fe crecen cuando
decimos que “no”
a las cosas que
van a dañar
nuestros cuerpos
y nuestras mentes
y cuando nos esforzamos por proteger
las mentes y los cuerpos de los demás.
La conversión continúa cada vez que
decidimos actuar para demostrar el
amor, la verdad y el amor a Cristo.
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Las experiencias ordinarias pueden
ser decisivas o momentos cruciales en
nuestras vidas. Todos nosotros fallamos
a veces. Igual que San Pedro, negaremos
a Cristo debido al miedo o al estrés. Pero
esto no significa que nuestra conversión
no es sincera. Cristo nos perdona de muy
buena gana y con mucho amor y entonces nos pide que continuemos nuestra
jornada. A menudo esto requiere que
cambiemos algunas cosas y entonces
cambiaremos de acuerdo a la manera en
que respondemos a nuestro llamado a la
conversión. Podemos ignorar el llamado
o podemos responder totalmente a él.
El verdadero compromiso y la perseverancia son las cosas que distinguen
una experiencia religiosa pasajera de un
punto decisivo en la vida. El poder de
Dios y su gracia empiezan el proceso de
nuestra conversión. Nuestro compromiso
y perseverancia hacen que continúe.
Pídele a Dios que te ayude.
Examina tu vida. Has recibido la
gracia de la conversión y te llevará más
adelante todavía. Igual que les pasa a
todos los cristianos, tu vida en Dios es
una de una conversión continua.
Responde con todo tu corazón.
Si puedes, describe tus dudas y preguntas tan detalladamente como te
sea posible. (Recuerda que tus dudas acerca de las cuestiones de la fe no
son malas. Es peor ignorar las dudas y los sentimientos de inseguridad.)
Después de describir o escribir tus preguntas, ¡haz algo al respecto!
Para encontrar respuestas, hazles preguntas a personas maduras a
quienes respetas y en quienes confías. Lee. Investiga. Reza. Asegúrate de
pasar unos momentos en silencio todos los días. Sé receptivo al misterio
de la fe. Puede que no siempre puedas explicar todo lo que crees. Confía
en Dios. Sé paciente contigo mismo. Puede que no siempre te des cuenta
de esto, pero ¡el proceso de tu conversión va a continuar!
Pentecostés
mistagogía
neófitos
converso
ISBN 978-0-7648-1300-9
ISBN 978-0-7648-1300-9
Adaptado del original Journey of Faith. Contenido original escrito por Debbie Repp. Arte y diseño: Wendy Barnes y
Christine Kraus. © 2005 Libros Liguori, Liguori, MO 63057-9999. Publicado con aprobación eclesiástica. Impreso en los
EE.UU. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin el permiso por escrito de
Libros Liguori. Las citas bíblicas se tomaron de la Nueva Biblia Latinoamérica © 1972. Con permiso de reproducción.
Derechos reservados.
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