El Comisariato

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El Clarí-n de Chile
El Comisariato
autor Rafael Luís Gumucio Rivas
2009-04-09 17:26:54
En momentos en que la gente está indignada a causa de la colusión de las principales cadenas farmacéuticas, el
director de Sernac, José Roa, se muestra como una especie de Robin Hood o de San LuÃ-s, Rey de Francia, defensor
de los pobres y esquilmados consumidores. El cargo de director de Sernac es muy importante para ser catapultado a un
papel polÃ-tico de trascendencia, como ocurrió con Alberto Undurraga, alcalde de Maipú que, de simple plebeyo, se
convirtió en “prÃ-ncipe― de la Democracia Cristiana – ojalá José Roa siga sus pasos-.
Pocos saben que el Comisariato de Subsistencias y Precios - la Institución predecesora de Sernac – fue creado por el
ministro Juan Bautista Rossetti, en plena República Socialista, en ese entonces dirigida por Carlos Dávila. El
Comisariato contaba con muchos más poderes que el Sernac: era la época del Estado y del socialismo, donde nadie
osaba hablar del “maldito mercado― y, mucho menos, de la empresa privada; los empresarios estaban clasificados, en
verdad, como “chupasangre― e, incluso, se trataba de convertir las empresas privadas en cooperartivas. ¿Quién
pensarÃ-a que los Edwards, convertidos en socialistas, estuvieran dispuestos a aceptar una cooperativa en el diario El
Mercurio?
El Comisariato tenÃ-a entre otras, las siguientes atribuciones: fijar precios, adquirir e importar productos, expropiar y
requisar establecimientos agrÃ-colas y comerciales que no cumplÃ-an con las condiciones de producción, pero
fundamentalmente, el Comisariato tenÃ-a la función primordial de defender a los ciudadanos. Fijando precios a los
productos de primera necesidad; a nadie se ele ocurrÃ-a la estupidez afirmar que la libre competencia del mercado
favorecÃ-a a los consumidores.
En mi infancia, el Comisariato jugó un papel muy importante, pues mi padre, falangista, ocupó el cargo de Comisario
general de Subsistencias y Pecios, en el gobierno del radical Juan Antonio RÃ-os. En mi imaginación infantil, mi padre
era un “Robin Hood―, que combatÃ-a a los sinvergüenzas empresarios, comerciantes, almaceneros y boticarios quienes
pérfidamente subÃ-an los precios de los productos básicos para la subsistencia y salud de la población.
En los años cuarenta vivÃ-amos en la calle Barcelona con Pedro de Valdivia. En la esquina existÃ-a un pequeño
almacén, regentado por un italiano que, sabiendo que éramos hijos del “poderoso comisario― trató, muchas veces, de
comprar nuestra simpatÃ-a por medio de caramelos – debo confesar que semejante cohecho no dio el resultado que él
esperaba, y mi padre, incorruptible, cerró el almacén.
Los falangistas conformaban un grupúsculo, que no superaba el 2% de la votación, sin embargo, los radicales, dueños
del poder en los años cuarenta, siempre conservaron algunos cargos para los minúsculos falangistas: Frei Montalva fue
ministro de Obras Públicas, durante el gobierno de Juan Antonio RÃ-os, e Ignacio Palma lo fue del gabinete de
sensibilidad social, en el gobierno de Gabriel González Videla. Estos antiguos radicales eran menos prepotentes que el
socialista – Stalin de a peso- Camilo Escalona.
Mi padre, siendo Comisario, no sé por qué se le ocurrió, un dÃ-a, clausurar nada menos que “Gath y Chaves―, la tien
más elegante y surtida del Santiago de esa época- aún recuerdo, cuando niño cómo me maravillaba la peluquerÃ-a de
esa gran tienda- Este gran emporio habÃ-a sido fundado en el Centenario, y si buscara un equivalencia con la
actualidad, serÃ-an Falabella y Almacenes ParÃ-s – el Parque Arauco y el Alto Las Condes juntos-. Estaba bien que el
Comisario cerrara pequeños almacenes, pero de ahÃ- a enfrentar a la más grande tienda monopólica de Santiago, era
inaceptable, incluso, para los estatistas radicales. A consecuencia de esta audacia mi padre perdió su cargo pero,
posteriormente, durante el gobierno de González Videla, se hizo cargo de la SubsecretarÃ-a de Hacienda.
No sé en qué momento el mercado se convirtió en un dios, incluso le consagraron loas los antiguos socialistas, hoy
convertidos en sacristanes de esta nueva religión – tan totalitaria como el marxismo althusseriano que antes adoraron.Los mismos argumentos que antes dedicaban a la revolución socialista, ahora los transformaron en loas al mercado y,
la gente como es olvidadiza y apática, ha tratado de borrar los torpes argumentos y alabanzas al mercado, emitidas por
los hoy convertidos, algunos de ello, en grandes gerentes de empresas monopólicas, como Oscar Guillermo Garretón,
, los Correa, los Estévez y otros.
El mercado no es más que una cueva de ladrones: no puede vivir sin la colusión, razón por la cual, cualquier labor de
un tribunal de la libre competencia es un tanto absurda, pues de lo que se trata es de eliminar cualquier lucha de precios
que, por lo demás, son siempre impuestos por los oligopolios y los monopolios; por ejemplo, sólo hay tres empresas
productoras de electricidad, tres cadenas farmacéuticas, dos grandes cadenas de Diarios y, asÃ-, con otros servicios. El
Chile de hoy es monopólico, bipólico, tripólico y cuadripólico: hablar de competencia es, simplemente, una estupidez.
Como el mercado está completamente desprestigiado, y a raÃ-z de la reciente crisis económica y financiera las
empresas privadas y la banca han tenido que recurrir al Estado, para que se haga cargo de sus pérdidas, es
perfectamente posible pensar e n resucitar el Comisariato de Subsistencia y Precios y, por qué no, nacionalizar todas
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las empresas básicas, el transporte, la electricidad, las aguas y las minas.
Rafael LuÃ-s Gumucio Rivas
08/04/09Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â
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