REPRESENTACIÓN Y COMUNICACIÓN EN EL NIÑO DEFICIENTE

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ORIGINALES
Rev. Logop. Fonoaud., vol. I, n.o 2 (94-100), 1981.
REPRESENTACIÓN Y COMUNICACIÓN EN EL NIÑO
DEFICIENTE AUDITIVO.
Reflexiones sobre el aprendizaje del lenguaje.
Por Marc Monfort
y Adoración Juárez Sánchez
Logopedas. Directores del Centro «Entender y Hablar». Madrid.
señaló magistralmente Vigostky (1962), el
lenguaje sólo es lenguaje si es a la vez instrumento de pensamiento (aspecto representativo)
y de interacción social (aspecto comunicativo). Hay
que entender bien que el lenguaje humano verbal
nace de la fusión de ambas funciones y se construye
sobre el doble eje del desarrollo del organismo y de
las operaciones de relación social con el medio.
Tradicionalmente, la enseñanza de la lengua materna en la escuela se ha centrado básicamente en
modelos de representación, quizá porque era el aspecto más estudiado por los psicolingüistas y también
porque era el aspecto de más fácil tematización. Los
modelos comunicativos no se tratan sistemáticamente,
sino que se dejan a la espontaneidad del educador
o, más bien, a la influencia del entorno social del
niño (modelos de familiares y compañeros). Este
hecho puede no tener graves consecuencias para el
niño oyente que, al fin y al cabo, posee innumerables
ocasiones de desarrollar esquemas y modos comunicativos de la forma más real y seguramente más eficaz
en la vida concreta. Para el niño deficiente auditivo
cuya elaboración del código lingüístico depende casi
exclusivamente de sus intercambios con el educador,
ese desequilibrio entre modelos representativos y comunicativos puede resultar fatal y, a mi entender,
está el origen de muchos fracasos de la enseñanza
«oralista». Un ejemplo: cuando yo pinto en la pizarra
de mi clase un señor que come una manzana y enseño
a los niños la secuencia «papá come la manzana»
(utilizando la lectura labial y/o la escritura si la
C
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OMO
edad lo permite) estoy haciendo representación, es
decir, establezco una relación entre un hecho, un referente y una conducta verbal que lo representa.
Sabemos todos que este tipo de ejercicio resulta
totalmente insuficiente para que el niño utilice estas
palabras y estructuras en situaciones reales de comunicación: para que las utilice cuando quiere comer
una manzana o para señalar a su madre que el hermano se está comiendo su manzana, hay que realizar
otra serie de ejercicios de lenguaje en situación: hay
que relacionar los datos representativos con los parámetros del contexto para que esa frase se convierta
en un enunciado personal y adaptable, perfectamente
integrado.
Interpretando pequeñas dramatizaciones y repitiendo sistemáticamente el material conocido en cada una
de las situaciones concretas que se presenten es como
habitualmente vamos integrando poco a poco unas
secuencias representativas en estructuras completas
de lenguaje de doble función.
Si no se hace de esta manera, el lenguaje oral presentado a los deficientes auditivos, lenguaje no natural para ellos, se quedará en un idioma muerto que
no comunica nada verdaderamente interesante y termina por ni siquiera representar nada.
Pero si se consigue esa integración automatizada
en esquemas representativo-comunicativos, se opera
esa transformación de las formas verbales exteriores
en formas verbales propias (que caracteriza el lenguaje interior según Vigostky), condicionadas evidentemente por los esquemas lógicos particulares a su
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situación peculiar de privación sensorial. El deficiente
auditivo empieza entonces a elaborar una comunicación verbal eficaz aunque bajo la forma típica que
conocemos y cuyo carácter principal se ha dado en
llamar agramatismo. No es realmente agramático
como tampoco es ilógico, es sólo agramático en función de la gramática del idioma correspondiente: es
gramatical en profundidad en función de los esquemas de relación establecidos lógicamente entre las
palabras. La gramática verbal espontánea de los DA
sería un estudio valiosísimo para los lingüistas
chomskianos, pero en realidad no existe apenas (por
no decir que no existe ninguno) caso puro, ya que
la enseñanza del idioma de referencia termina siempre por alterar en parte esa gramática natural.
Hecha esta introducción, se nos plantean varios
problemas. Pasaremos a exponer algunos de ellos:
PRIMER PROBLEMA
¿Es lícito presentar el lenguaje oral primero como
modo representativo y después como modo comunicativo cuando, en el caso normal, esos dos aspectos
se desarrollan paralelamente, se completan y parecen
interdependientes? En teoría, evidentemente, no.
Pero en la práctica nos enfrentamos con muchas
dificultades. Los soportes materiales acústicos del
lenguaje no son perceptibles para el DA profundo y
severo. Terminará por asimilarlos pero a través de
un proceso diferente al del oyente y bastante más
difícil porque requiere una atención mantenida a
través de la percepción y estructuración de su información visual, que constituye sin embargo una información incompleta.
La introducción de mensajes significantes requiere
la puesta en relación progresiva, lenta y voluntaria
entre un determinado referente y una emisión codificada aprendida elemento por elemento (incluyendo
corrección fonética y sintáctica). Eso, por lo menos
en los primeros años, exige hacerlo fuera justamente
de su contexto, porque dentro de él las cosas ocurren
con demasiada rapidez e inversión afectiva como para
poder asimilar estas informaciones difíciles de captar para el DA.
La introducción de métodos clarificadores de la
lectura labial como los gestos de recuerdo o las claves
del cued-speech puede facilitar la tarea, pero como
se basa igualmente en la percepción visual, requiere
una atención voluntaria pocas veces compatible con
las conductas eminentemente activas de un niño entre
2 y 6 años.
La introducción de técnicas representativas nos
permite enseñar progresivamente a los niños DA los
soportes fonéticos, semánticos y sintácticos elementales del idioma que va a hablar.
En el estado actual de nuestros conocimientos, no
veo muy bien la posibilidad de evitar esa estimulación asincrónica de las funciones del lenguaje.
SEGUNDO PROBLEMA
Aceptada la postura previa, ¿cómo vamos a plantear
los ejercicios de representación?
Si estudiamos la representación en el niño oyente,
vemos que el significado de una palabra no se aprende de una vez por todas, sino que se desarrolla, cambia, evoluciona muchísimo a lo largo del desarrollo
del niño. No sólo cambia su significado, sino también su «estructura psicológica», es decir, su aspecto
sistémico. Luria describe muy bien este proceso: «En
las etapas iniciales del desarrollo, el significado de
la palabra es todavía amorfo, no tiene una referencia
objetual firme; el significado es muy difuso y aunque
designe sólo un determinado rasgo, hace referencia
a distintos objetos que presentan ese rasgo común y
que entran en la situación correspondiente» (Luria,
1980).
Presenta el ejemplo, muy fácil de observar en niños
pequeños, del que emplea la palabra «gato» para un
gato, cualquier piel parecida a la del gato, a un arañazo, a una piedra aguda... ¿Qué pasa con nuestro
niño DA?
Nuestros métodos de enseñanza en los primeros
años de desmutización, extremadamente repetitivos,
insisten en la correspondencia fiel entre objeto-palabra, situación-palabra, etc. Evitamos sinónimos, reducimos más o menos inconscientemente nuestro
vocabulario... todo corresponde a una estimulación
punto a punto cuando en la realidad el desarrollo semántico se parece más a una red que va cerrándose
poco a poco alrededor de su presa.
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ORIGINALES
Curiosamente, y con esto se ve claro que el carácter
amorfo y generalizador es reflejo del desarrollo del
organismo, nuestros alumnos presentan también, a
pesar de todo, esas conductas. Es frecuente ver a un
niño DA de 3 o 4 años decir «lápiz» para el objeto
lápiz, el objeto papel, la acción de pintar o escribir...
o, al revés, utilizar «pinta» para los mismos referentes.
En general, nuestra reacción es intervenir rápidamente, al igual que lo hace una madre, empleando
las palabras correctas, pero con una diferencia: la
madre, siempre orgullosa de las primeras palabras
de su bebé, lo hace con una relación muy positiva.
Los educadores corregimos al niño, que en general
tiene de 3 a 6 o incluso más años, con una actitud
que por muy bien intencionada que sea se interpreta
como una reprimenda o por lo menos una valoración
negativa de su producción verbal.
¡Pero si está empleando un mecanismo generador
de lenguaje!
¿Cómo solucionar esta contradicción?
Porque además, después de varios años de enseñanza sistemáticamente dirigida a la correspondencia
única y correcta entre referente y enunciado, nos
quejamos de la rigidez verbal y mental de nuestros
adolescentes DA.
Verdaderamente, algo hay que cambiar radicalmente en los primeros años de aprendizaje del lenguaje oral.
De momento se me ocurre volver otra vez a Luria,
que dice: «Tras la palabra no hay un significado
permanente, tras la palabra siempre hay un sistema
multidimensional de enlace y... en los sujetos normales el papel predominante lo tienen los enlaces
semánticos (situacionales o conceptuales) que cambian según la tarea con que se enfrenta el sujeto»
(Luria, 1980).
Ya hemos vuelto a lo mismo: ese carácter amorfo
inicial que permite justamente la rápida adquisición
y adaptación del campo semántico, depende en gran
medida de su puesta en situación, es decir, de la inclusión del lenguaje dentro del contexto en el que
el locutor es parte del mensaje, y el entorno es, como
dice Bronckart (1977), un entorno que contesta, un
entorno activo, un entorno que sabe interpretar los
ajustes progresivos de los enunciados infantiles y
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devuelve un feed-back que permite a los niños avanzar a través de los mecanismos de imitación.
Resumiendo: dar la palabra al DA no es sólo, aunque haya que hacerlo en un principio, establecer
correspondencias entre referente y enunciado representativo en seco, sino llegar verdaderamente a determinar en el niño las palabras como enlaces semánticos flexibles que le llevan a esa selectividad que es
característica de las bases psíquicas de utilización
normal del lenguaje.
TERCER PROBLEMA
¿Es posible desarrollar una capacidad real de creación o de participación en el desarrollo, de su lenguaje
oral, capacidad que es fundamental y desempeña el
papel principal en la adquisición del lenguaje en el
niño oyente?
La opinión de muchos educadores es que no, y la
hemos compartido mucho tiempo.
Pero aclaremos un poco ese concepto de creación
o creatividad tan celebrado por los pedagogos de la
escuela «participativa».
¿En qué consiste el papel creador del niño en la
adquisición de su lenguaje? Consiste básicamente
—en nuestra opinión— en una actitud. Desde el año
hasta los 8 o 10 años, el niño oyente normal presenta
una conducta de real hostigamiento hacia su entorno
familiar y social. Se ha comprobado que en un 80 %
la iniciativa de los intercambios verbales entre niños
y padres parte de los niños.
En un principio, ese hostigamiento es básicamente
comunicativo, el niño quiere hablar y quiere que le
contesten. Después, a partir de los 3 o 4 años, quiere
saber y quiere que le expliquen.
Esa actitud, eminentemente activa, le lleva primero
a imitar y asimilar las conductas verbales y otras
que observa a su alrededor, y también a intentar
construcciones lingüísticas frente a situaciones nuevas (son los famosos neologismos).
¿Qué sucede en el niño DA?
1. No habla. Entonces su familia no le habla o le
habla poco. Y como en esta sociedad sabemos comunicarnos muy poco fuera del lenguaje oral, su entorno comunica poquísimo con él. Esa fuerza inicial se
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va poco a poco perdiendo o centrando hacia los que
le contestan, es decir los demás DA.
2. Se ha insistido mucho sobre la ausencia de formulaciones típicas (rompido...) en el desarrollo del
lenguaje del niño DA.
No es exactamente cierto. La realidad de las formulaciones, es decir de unas construcciones nuevas,
no oídas, existe en el DA pero bajo una forma algo
diferente.
Lógicamente es menos fonético ya que el soporte
fonético para el DA carece de realidad independiente:
lo tiene integrado a través de esquemas visuales y
cinestésicos.
El típico «neologismo» del niño DA es la perífrasis y la asociación por analogías, características
también de la estructura del lenguaje gestual.
Un alumno de 7 años: «Mi prima... se ha quemado en... en un círculo muy grande con una falda»
(una mesa camilla).
Otra niña de la misma edad: «Yo y papá y mamá
se va al coche para el pueblo está muy lejos. Ya ha
terminado el coche al pueblo ya. Vamos a comer y
a dormir» («ya ha llegado el coche» asociado a «ya
ha terminado el viaje»).
Evidentemente estos neologismos no reflejan, como
los neologismos habituales en niños oyentes, la integración de estructuras o leyes generativas a nivel
morfosintáctico, pero dan fe de una gran posibilidad
de participación del niño DA en la elaboración de su
lenguaje oral (¿hace falta recordar otra vez que, aunque llegue a niveles óptimos, será siempre un lenguaje
distinto al del oyente aunque sólo sea por la diferente
naturaleza de los procesos de integración y de aprendizaje?).
Hay, sin embargo, ejemplos muy aislados de neologismos más habituales. Una niña de 8 años frente
al dibujo de un señor que se dirige hacia una máquina
de escribir: «El señor va a... a maquinar».
La gran reducción de posibles variantes que tiene
el lenguaje oral del DA hace que los «aspectos» que
el oyente suele expresar a través de variaciones y
matizaciones en las marcas fonéticas y sintácticas,
los DA los expresen por yuxtaposición de rasgos
expresados semánticamente o por marcadores mímicos; pero existen en el conjunto de sus mensajes si
se tienen en cuenta todos los datos expresivos.
IMPLICACIONES DIDÁCTICAS
Estas preguntas han planteado problemas extremadamente complejos, y los enfoques teóricos de la psicolingüística moderna no nos son todavía de mucha
ayuda. En realidad, carecemos de un marco teórico
de referencia para abordarlos. Esta situación no es
infrecuente, casi es lo más normal en reeducación
donde no tenemos más remedio, muchas veces, que
avanzar intuitiva y empíricamente.
Tenemos que construir nuestra propia teoría y vamos a sugerir algunas pautas que nos han parecido
surgir de nuestra propia experiencia profesional.
1. Es necesario empezar a analizar, paralelamente
a los contenidos que proponemos al niño (progresión
en las unidades fonéticas, semánticas o sintácticas), a
través de qué tipo de situaciones le hacemos pasar.
Además de la básica diferencia señalada anteriormente entre situaciones representativas y situaciones
comunicativas, podemos analizarlas en función de
algunos parámetros del contexto, observar y buscar
las diferenciaciones que se producen en nuestra expresión, en la de los demás adultos y en la producción del niño.
Todos parten del punto concreto de un locutor determinado que llamaremos x y que de entrada aporta
toda una serie de condicionantes.
Parámetro de interlocutor: variaciones (según con
quién habla) en la comprensión de mensajes y en
la producción de lenguaje.
Parámetro del referente: individual o general a la
clase;
muy personal o neutro;
concreto o abstracto;
real o imaginario.
Parámetro del enunciado: diálogo o conversación
en grupo;
intercambios libres u ordenados;
narración, exposición o descripción.
Parámetro de tiempo: relación del contenido del
mensaje con el momento del enunciado: simultáneo, anterior o posterior.
Parámetro de información: información nueva.
Información conocida por el educador pero no
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por el grupo. Información compartida por el grupo
pero nueva para el educador.
No existen estudios sobre la influencia de estos
parámetros en la comprensión y expresión del lenguaje ni en su forma de asimilación, ni en niños oyentes ni mucho menos en DA. Es el trabajo que los
teóricos de la enunciación están desarrollando.
Pero la aplicación de esa metodología de análisis
en nuestro trabajo puede abrirnos horizontes mucho
más amplios en la valoración de las respuestas de
nuestros alumnos. Estos parámetros no son más que
proposiciones que tendremos que ir modelando en
función de los datos que nos van a proporcionar.
2. En vez de corregir los errores de aplicación,
sobre todo los errores semánticos del DA, debemos
interpretarlos como operaciones creativas, proceder
al análisis de las operaciones lógicas que le han llevado a producir ese mensaje y ver cómo aprovecharlas para llegar a una mayor producción que iremos
ordenando progresivamente, como se hace con los
oyentes.
Estudios sobre mensajes sin sentido (formación de
conceptos artificiales como los de Ach, Vigostky...)
demuestran la posibilidad de aplicar determinadas
operaciones sobre datos incluso no relevantes, aunque,
claro está, se han realizado con personas que ya tienen
un código elaborado. Ese tipo de actividad productivo
es lo que habría que intentar desarrollar más en
el DA.
Una forma de trabajar más libre, más operativa,
menos rígida, hace disminuir de hecho estos casos
tan frecuentes que nos ocurren, en los cuales pensamos que el niño ha adquirido una noción, una estructura lingüística y al poco tiempo vemos que esa
adquisición es totalmente errónea porque se ha quedado fijada en el ejemplo propuesto. Si el aprendizaje parte del niño y se construye en función de su
propia conceptualización, no ocurre lo mismo.
Evidentemente no es posible, o por lo menos no
nos lo parece aún, emplear esa vía en los primeros
años, porque esa creación debe partir de unos principios lingüísticos primarios, pero a partir de un cierto
nivel, en que las asociaciones palabra-referente se
realizan con facilidad, nos parece muy conveniente
entrar en procesos de intentos expresivos con feed98
back correctivo y posterior desarrollo sistematizado
de las dificultades expresivas en la producción verbal.
Entonces habría que escuchar un poco más a nuestros alumnos y hablar después.
Daremos un ejemplo de una actividad de ese tipo:
Presentamos a un grupo de niños DA severos y
profundos, de 7 a 9 años, un conjunto de objetos que
conocen pero cuyo nombre desconocen: un destornillador, un clip, una cinta métrica, una taladradora
de papel, una grapadora y un transportador de ángulos de plástico. Un alumno se esconde mientras
el educador toca uno de los objetos. Después, otro
de los alumnos, sin ayudarse de gestos, debe explicar
al primer alumno de qué objeto se trata. Y así por
turno:
Algunas «definiciones»:
- destornillador: para arreglar / para meter en el
coche está roto.
- clip: para poner muchos papeles / para pegar papeles.
- cinta métrica: para ver el cuerpo grande o más
pequeño o regular / tiene números.
- taladradora: para guardar papel la carpeta / para
poner agujeros.
- grapadora: para pegar papeles / para hacer un
libro.
- transportador de ángulos: para pintar bien el lápiz / para el lápiz hacer bien los círculos.
Lógicamente, las asociaciones se dirigen hacia el
uso que se puede hacer de estos objetos.
Entonces les presentamos seis objetos de plastilina,
hechos arbitrariamente (fig. l), y decimos a los niños
que no representan nada pero que tienen que adivinarlos de la misma forma, es decir hablando.
Algunas «definiciones»:
1. Se parece a un columpio / un gato se parece las
orejas.
2. Una naranja / tiene muchos agujeros.
3. Parece un da la vuelta para hacer zumo.
4. Se parece a una hoja / parece un pájaro.
5. Se parece a un pan / como una bañera.
6. Parece una nariz y una boca.
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Al carecer los objetos de un uso real se dirigen
a una descripción realista, pero sobre todo a una
extensión del concepto hacia la comparación o la
metáfora.
En ese sentido el humor y la utilización voluntariamente incorrecta de las palabras, además de constituir
uno de los juegos preferidos de los niños oyentes entre 2 y 6 años (dato muy significativo para nosotros)
y de nuestros alumnos DA de 4 a 10 años, es de una
tremenda eficacia semántica porque señala los límites
del campo semántico de cada palabra y establece enlaces lógicos no directos que constituyen todo un
remedio a la rigidez verbal y mental del DA.
FIG. 1. — Seis objetos de plastilina.
3. Insistir en el aspecto comunicativo del lenguaje
resulta poco menos que irrisorio si no se puede implicar a la familia en el proceso. La necesaria repetición sistemática y la aplicación de los conocimientos
a la realidad concreta con sus múltiples y enriquecedoras variaciones sólo puede conseguirse si se realizan eficazmente en el entorno del niño.
La presencia de educadores en situaciones muy
comunicativas como los recreos, comedores... donde
se presentan numerosas ocasiones de intercambios
espontáneos es un sistema valioso pero en absoluto
suficiente.
Pero la comunicación con el DA es una comunicación muy sui generis y los padres lógicamente la
desconocen; nuestra obligación es introducirles progresivamente en este mundo. Al cabo de unos pocos
años pueden integrar perfectamente su hijo o hija DA
en la comunicación familiar, pero ello representa el
resultado de un esfuerzo programado y no simplemente
alentado por unas pocas reuniones.
En resumen, debemos conocer mejor las operaciones
representativas y comunicativas subyacentes a las producciones lingüísticas que, en el caso del DA son
peculiares pero quizá más fáciles de estudiar porque
el volumen de esas producciones es más reducido
y crece con más lentitud.
Cada uno debe hacerlo en función de sus circunstancias y no en función de un modelo exterior que
puede ser válido pero no aplicable a cada caso.
Esto se ha hecho muchas veces de una forma
intuitiva como siempre cuando la relación con el alumno y el educador llegaba, después de tantos años, a ser
tan íntima que se producía una simbiosis profunda,
valiosa pero a su vez peligrosa si el educador, en ese
proceso, perdía la conciencia de la peculiaridad de las
operaciones que se estaban realizando entre el niño
y él mismo: eran entonces aprendizajes superficiales
en el sentido de que quedaban limitados a una situación muy privilegiada de intercambio, sin apenas
posibilidad de generalización. El aprendizaje de la
comunicación en el DA pasa por el aprendizaje de
la comunicación con su educador pero se hace para
comunicarse con todo su entorno, entorno cuyas características múltiples y variables debemos integrar
a nuestra programación didáctica.
RESUMEN
Los autores analizan los aspectos complementarios
de comunicación y representación del lenguaje en
función de su aprendizaje en el niño deficiente auditivo (DA).
Plantean tres cuestiones: ¿En qué orden presentar
ambos aspectos al DA? ¿Cómo plantear los ejercicios
de representación? ¿Es posible desarrollar una capacidad de participación en la integración de su lenguaje
oral en el caso del DA?
Después de desarrollar estos tres problemas, describen algunas orientaciones didácticas insistiendo en
la potenciación del aspecto comunicativo y en un desarrollo de la representación más operativo y generador de lenguaje personal.
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ORIGINALES
BIBLIOGRAFÍA
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VARIOS: Methods of communication currently used in the
education of deaf children. Roya1 nat. inst. for the deaf.,
Londres, 1976.
FUNDAMENTOS DE NEUROLINGÜÍSTICA
por A. R. Luria.
Prólogo del Prof. Luis Barraquer Bordas.
Versión castellana del Dr. Jordi Peña Casanova.
El libro se hace indispensable para comprender las corrientes neurolingüísticas actuales.
El psicólogo encontrará de interés sus elementos introductorios, el neurólogo sus aspectos
clínicos, el lingüista su vertiente teórica, el terapeuta su racional exposición del «defecto
fundamental» que subyace en el cuadro a rehabilitar, y todo lector hallará siempre nuevas
perspectivas, nuevas sendas a seguir, a investigar.
EXTRACTO DEL ÍNDICE
1. Análisis neuropsicológico verbal: El problema de la
comunicación verbal. Análisis neuropsicológico de la
formulación de la expresión verbal. Análisis neuropsicológico de la comprensión de la comunicación verbal.
2. Reconsideraciones sobre la afasia: Revisión de las
formas complejas de afasia. Revisión de la «afasia de
conducción. Revisión de la «afasia motora transcortical».
Revisión de la afasia amnésica (nominal).
Un volumen de 352 páginas, con 22 figuras; formato 16 × 24 cm, encuadernado en tela. 1980.
Editorial Toray-Masson, Balmes, 151 - Teléfono 217 98 54 - BARCELONA - 8
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