Tema II: El hombre como animal social

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Unidad Didáctica VIII
LA
SOCIEDAD
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1. La Evolución de la Sociedad
Las formas humanas de reunirse y formar grupos y sociedades han
cambiado a lo largo del tiempo. Las formas de las sociedades humanas no
dependen del capricho, sino que se encuentran condicionadas por una
multiplicidad de factores (culturales, demográficos, históricos, orográficos,
hidrológicos, climatológicos, religiosos, económicos y políticos).
La sociedad humana no siempre ha sido igual, ya que los factores
que la conforman no se han dado con la misma intensidad. Por ello
podemos distinguir entre diferentes formas de comunidad o sociedad
humana. Ha habido un proceso de complejificación de la estructura social.
1.1. Grupalidad Animal
Los grupos humanos, en sus inicios, eran parecidos o iguales a otros
grupos de mamíferos. Lo que comenzó a diferenciar al ser humano de los
otros mamíferos fue la utilización de un lenguaje complejo. Esta etapa de
grupalidad animal se caracteriza por:
- Finalidad reproductora: los grupos necesitaban a individuos del sexo
contrario para la reproducción. Cuando se agotaban las mujeres y
aparecer el peligro de endogamia, se acudía al intercambio o captura de
mujeres.
- Mantenimiento de las crías: dada la incapacidad del ser humano para
valerse por sí en los primeros años de su vida, es necesario que los seres
humanos adultos cubran las necesidades básicas de las crías y las
protejan de los depredadores, por un espacio de tiempo superior al que
normalmente se da en otras especies animales.
- Defensa común: además el ser humano necesitaba la vida en común, no
para cazar (era recolector de frutos), sino para no ser cazado. El ser
humano, comparado con otros seres vivos, tiene una enorme debilidad
física que le impide defenderse con eficacia. El grupo proporciona al
conjunto de los hombres una fuerza que individualmente no posee.
- Variación demográfica: el crecimiento o la disminución de la población
depende de los depredadores y del número de alimentos encontrados.
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1.2. Sociedades Primitivas
- Economía cazadora: el hombre deja la simple recolección de frutos y,
aprovechando su número, pasa a alimentarse de los animales que mata.
Esto produce un primer desarrollo tecnológico ante la carencia de
“armas” en la estructura corporal del hombre.
- Nomadismo: el ser humano comienza a desplazarse largas distancias
para buscar caza allá donde se encuentre. El nomadismo produce que
los seres humanos conozcan territorios diferentes a los que estaban
acostumbrados, así como que se tengan que adaptar a diferentes
ambientes.
- Variación demográfica: al mejorar levemente las condiciones de vida,
crece la población, pero las enfermedades y la alimentación no
asegurada causan pérdidas rápidas de población.
1.3. Sociedades Sedentarias
Posiblemente sea el sedentarismo el paso fundamental en la
configuración de la sociedad humana tal y como la conocemos hoy.
Actualmente no podemos pensar una sociedad con las características de la
grupalidad animal o la sociedad primitiva, aunque algunos grupos humanos
se encuentren en estos estadios.
- Sedentarismo: el hombre se establece de forma permanente en el mismo
espacio, componiendo pequeños grupos de población organizados en
función de las necesidades ganaderas, agrícolas y defensivas. El ser
humano ya no necesita defenderse de los animales, sino de los otros
seres humanos.
- Economía ganadera y agrícola: los seres humanos descubren que los
animales pueden ser domesticados1 y que pueden beneficiarse de sus
frutos (leche, pieles, etc) y no sólo de su carne. La ganadería implica
que el hombre se encarga de alimentar y gestionar la vida de otros seres
que hasta entonces les eran extraños y amenazadores.
Con casi toda seguridad, la actividad que más ha transformado la
existencia de la sociedad humana ha sido el descubrimiento y
explotación de la agricultura. La agricultura implica conocimiento sobre
los ciclos climáticos y de una química elemental para aportar abonos y
1
Domesticar significa, etimológicamente, “hacer de la casa”.
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cuidados a los cultivos. La agricultura de cereales permite el
almacenamiento de los excedentes y poder afrontar con una
alimentación suficiente los tiempos de carestía. El ocio nace como
consecuencia de la existencia de excedentes.
- Aparición de la artesanía: el ser humano sigue desarrollando
instrumentos que suplante sus insuficiencias corporales ante las nuevas
funciones que va desarrollando.
- Crecimiento demográfico: dada la existencia de excedentes alimentarios
y la mayor seguridad en los nacientes núcleos urbanos comienza, a
aplazarse la muerte y a conservarse el número de nacimientos.
1.4. Sociedades Urbanas
- Dinero: el dinero es la representación abstracta del valor de uso y del
valor de intercambio. Por medio del dinero se adquiere una mayor
libertad y facilidad para el traslado de productos, superando el comercio
por intercambio (trueque). Al ser la moneda muy fácilmente
transportable, permite el desplazamiento desde los centros de
producción agrícolas y ganaderos a los centros de intercambio
(ciudades comerciales) para vender los excedentes, adquirir productos
que no se producen en la comunidad de origen y cumplir con
determinadas funciones religiosas, que se suelen centralizar en las
ciudades. Estos dos aspectos, el comercial y el religioso, se mezclarán
durante mucho tiempo.
- Comercio: es una actividad basada en adquirir, transportar y vender
bienes que el comerciante no produce. El comercio se da en lugares
privilegiados por motivos geográficos (accesos fáciles), religiosos
(lugares de culto más importantes de la religión de la población
circundante) o políticos (sede de la comunidad que ejerce más poder e
influencia sobre las demás). En los lugares donde se dan el comercio,
éste se convierte en la principal actividad de ese núcleo urbano, junto a
una artesanía especializada. El comercio ocasiona que acudan más
personas y aumente la población de estos lugares sobre los demás.
1.5. Sociedades industriales y fuertemente industrializadas
 Desaparece la industria artesanal y aparece la industria moderna (la
producción en cadena).
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- Se producen desequilibrios demográficos entre el campo y la ciudad, a
favor de la ciudad. Aumenta espectacularmente el número de habitantes
de las ciudades.
- La producción económica del campo es por y para las ciudades.
- Políticamente las ciudades se convierten en el centro de decisión
política. La población de las ciudades es la principal destinataria de la
acción política de los gobernantes.
- La cultura se convierte urbana e industrial. Sólo se considera relevante
la cultura que refleja los valores de la población urbana y los productos
de la racionalidad moderna, despreciándose cualquier vestigio de la
cultura agraria y tradicional. La población agraria es sometida a una
plena inasistencia cultural.
1.6. Sociedades postindustriales
- El sector terciario (de servicios) adquiere una importancia primordial.
- Hay una gran revolución en los medios de transporte y de
comunicación. Cambia la relación del hombre con el espacio y el
tiempo. Se constituyen servicios públicos para la generalidad de los
ciudadanos, aunque el acceso a los más eficientes dependen de la
capacidad económica. Desaparecen las diferencias entre el campo y la
ciudad.
- Hay una tendencia a la cobertura universal de las necesidades básicas.
- La economía depende de la clase media, pues es la que proporciona la
mayor parte de la mano de obra y es la principal encargada de mantener
los niveles de consumo necesarios para la viabilidad del sistema
económico. La crisis de la clase media es la crisis de la economía.
- Las decisiones relevantes en todos los ámbitos dependen de élites de
expertos independientes del poder político (tecnócratas).
- La economía se internacionaliza y se agrupa en torno a grandes grupos
empresariales (las multinacionales). Tienden a desaparecer las
diferencias nacionales.
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- Se crea una cultura “modelo” para todos los sectores, con referentes en
todos los ámbitos: gastronómico, musical, cinematográfico, reflexivo,
arquitectónico, etc.
1.7. Sociedades del Tercer Mundo
- Las sociedades del Tercer Mundo se caracterizan, en líneas generales,
por fortísimos desequilibrios. Se produce un gran desplazamiento de
población a las ciudades.
- La política se encuentra en manos de élites, generalmente familiares,
que protegen los intereses de los grupos dominantes y son muy
sensibles a las indicaciones de los grandes grupos empresariales
internacionales, así como a las de los Estados más fuertes.
- Estas sociedades carecen de un verdadero sistema económico. La
agricultura que utiliza técnicas obsoletas, depende de los cambios en las
condiciones meteorológicas y carece de adecuados cauces de
distribución.
- Si la economía permite la subsistencia, estas sociedades tienen una
altísima tasa de natalidad.
- En lo cultural y en la educación existen grandes centros de alta calidad,
inaccesibles a la mayoría de la población. Las instalaciones culturales
para la mayoría de la población o bien son inexistentes o bien tienen
recursos muy deficientes. Las élites completan su formación en
prestigiosas instituciones extranjeras.
- Los medios de transporte son escasos, en cambio los medios de
comunicación, especialmente los televisivos, tienen un alto desarrollo
con la finalidad de “adormecer” a la mayoría.
- Por su falta de equipamiento, estas sociedades son extremadamente
sensibles a las catástrofes naturales.
- Incluso en las sociedades más desarrolladas pueden darse situaciones de
tercermundismo: a esto se le ha denominado “cuarto mundo”. Se da
entre grupos que se encuentran al margen (marginales): etnias
minoritarias, inmigrantes, etc.
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2. La Sociedad
2.1. Proceso de socialización
Los seres humanos cuando
nacemos tenemos que incorporarnos a la sociedad. A esa incorporación se
le denomina “proceso de socialización”. Este proceso se divide en dos
grandes partes: la socialización primaria y la socialización secundaria.
La socialización primaria suele dar en la familia o en un grupo que
tenga relaciones análogas de afectividad y consanguinidad, esencialmente
dentro de la familia. La dinámica de premios y de castigos, junto a la
imitación de lo comportamientos, constituye el modo de adquisición de
conocimientos y habilidades sociales. La socialización primaria se da
implícitamente, esto es, que no hay momentos explícitos de socialización
porque lo son todos.
Durante esta fase el individuo aprende a comportarse con los restantes
seres humanos, los elementos culturales básicos, hábitos cotidianos y las
reglas fundamentales que rigen la vida de las personas, así como un grado
suficiente de autoconciencia y de seguridad. Y sobre todo aprendemos el
principal código e instrumento que es la lengua.
Las normas no se obedecen porque sean conforme a un criterio que
tengamos por bueno o porque se les reconozca. Lo bueno es bueno y lo
malo es malo porque así lo ha determinado la autoridad familiar (con la que
hay una fuerte vinculación afectiva) y porque cuando se actúa conforme a
lo bueno se es premiado y cuando se actúa conforme a lo malo se es
castigado.
La socialización primaria es fundamental para el posterior desarrollo
de los individuos. Del éxito de la socialización primaria dependerá la
correcta y plena inserción de una persona dentro de la sociedad. Una
socialización patológica en la fase primaria implica una socialización
deficiente o patológica también en la fase secundaria. Si una persona no
comparte unos mínimos valores aprendidos en esta fase padecerá
exclusión, inadaptación o marginación.
La socialización secundaria se da en ámbitos a los que unas persona
pertenece a los que no les une relaciones familiares. En los países
modernos el principal agente de la socialización secundaria es la escuela
donde no elegimos a nuestros compañeros, ni maestros, ni los contenidos,
ni el horario.
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En la socialización primaria las normas ya no son emitidas por una
autoridad familiar, sino por una entidad anónima a la que Berger y
Luckmann denominan “el otro generalizado”. Ahora el individuo no se
tiene que adaptar a un conjunto elemental de contenidos culturales y
normativos, ocupando un lugar determinado, sino que pasa a ser un
elemento más y a desarrollar una función social, primando lo que se hace,
la función que desarrolla, sobre lo que se es.
La socialización secundaria se presenta como “artificial” frente a la
naturalidad de la primaria y se experimenta como formal y distanciada ante
lo emocional de la socialización primaria.
El individuo no tiene una socialización secundaria válida para todas
las circunstancias, sino que el proceso de socialización secundaria se va
abriendo y cerrando según a los diferentes ámbitos sociales que el
individuo tenga que adaptarse. Esto no quiere decir que siempre
empecemos de nuevo, sino que esta fase del proceso no termina como sí lo
hace la primaria, aunque no siempre tiene la misma intensidad.
Los agentes de la socialización secundaria suelen ser la escuela, el
centro de trabajo, los grupos de iguales, los medios de comunicación y
otros grupos con los que se interactúan aunque no tengan como primera
función la socializar individuos.
La socialización no exitosa o patológica el individuo, como hemos
indicado, provoca desviaciones sociales. En determinadas ocasiones la
desviación solamente puede ser corregida por medio de una resocialización
primaria y secundaria que es sumamente difícil que sea exitosa.
Socialización Primaria
Agentes
Consecuencias
La familia
Se establecen lazos
Los primeros años en afectivos
en
la
la escuela
relación de la persona
Los amigos, que son con el mundo.
los amigos de la
familia
Socialización Secundaria
Agentes
Consecuencias
Grupos de amigos, Se
establecen
que no tienen que ser relaciones por lazos de
necesariamente
interés, en función de
amigos de la familia. los fines que se
Medios
de quieran obtener.
comunicación social. Se intentan cubrir
Universidad.
intereses lúdicos y
Trabajo.
afectivos.
2.2. La Familia
Dentro de las sociedades nos encontramos con “instituciones
sociales”. Las instituciones sociales son un sistema estático en el presente,
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pero dinámico en la historia. Éstas transmiten pautas y cosmovisiones de
generación en generación.
La institución social prototípica es la familia, pero en la actualidad ha
cambiado tanto el concepto como las funciones de la familia dentro de la
sociedad. Actualmente se tiende a reducir a la familia a la “familia nuclear”
(padres e hijos), desapareciendo la conciencia de familia que integre grupos
más amplios; ello se ha reforzado con el establecimiento de los grupos
familiares en lugares distantes, la entrada de los dos cónyuges en el
mercado laboral y la bajada de la natalidad.
Las familias han dejado de ser actores sociales para convertirse
únicamente en agente de socialización primaria y en gestores de la
intimidad y de la cobertura afectivo-emocional del individuo. En España
además suponen la principal red de solidaridad social entre los individuos.
2.3. Las normas sociales
Cualquier sociedad tiene una serie de criterios que considera
importantes. Esos criterios son bastante estables en el tiempo, están
jerarquizados y sirven para enjuiciar lo beneficioso o perjudicial que resulta
determinado comportamiento para la sociedad. A estos criterios estables,
jerarquizados y que sirven para enjuiciar los llamamos valores sociales.
Naturalmente estos valores sociales no son establecidos previamente
a la vida social, sino que nacen de las costumbres sociales, de los elementos
que den cohesión y estabilidad a la sociedad y, sobre todo, de los intereses
de los sectores socialmente dominantes.
Las normas sociales son pautas de comportamiento que suelen
transmitirse dentro del proceso de socialización. No hay ninguna instancia
o institución que establezca esas normas sociales, pero sí hay agentes que
tienen cierto control sobre ellas. Las personas realizan actos y la sociedad,
comenzando por los grupos sociales, aceptan determinados acto por ser
convenientes para con los valores que tienen, de modo que le otorgan su
respaldo y capacidad punitiva.
Las normas sociales no tienen un sistema sancionador explícito sino
que es implícito. Las dos grandes sanciones sociales son la estigmatización
y el ostracismo. A pesar de que estas sanciones no son explícitas y tampoco
hay instituciones que se encarguen de ellas, son muy efectivas para el
control de los miembros de la sociedad y para la represión de los elementos
desviados.
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No hay que pensar que los valores sociales y las normas que los
sostienen son formulaciones que todos conocen. Todo lo contrario. Las
normas sociales se hacen explícitas cuando hay conductas contrarias a ellas
y los valores sociales cuando son cuestionados. Mientras tanto, normas y
valores, se confunden con normalidad y naturalidad, esto es, como son las
cosas y como deben ser.
La norma social no debe confundirse con la norma ética o moral ni
con la norma jurídica. Tiene en común que son normas, esto es, mandatos
de hacer o no hacer algo, pero la norma moral se orienta a la bondad o
maldad de nuestras acciones y no tiene ni premio ni sanción, mientras que
la norma jurídica es un mandato establecido o respaldado por el Estado con
instituciones para reprimir el incumplimiento del mandato.
Una norma en cuanto su contenido o norma material puede ser
simultáneamente norma moral, social y jurídica, o ser de estos de estos
tipos o de uno solo.
2.4. Estratificación social
La noción “clase social” aparece en el siglo XIX como opuesta a la
noción de estamento, que era un grupo social vinculado a una actividad
concreta, con normas propias y al cual se entraba por nacimiento.
2.4.1. Sistema estamental
Señalaremos la existencia de varios de estos estamentos:
- El estamento de monarquía o de gobierno se regulaba según sus propias
-
-
tradiciones dinásticas y determinadas normas procedentes del Derecho
religioso, ya que pertenecían a este estamento por concesión de Dios.
El estamento de la nobleza estaba compuesto por determinadas
personas, que desempeñaban concretas posiciones económicas y
políticas, y se regulaban por sus tradiciones familiares y las normas que
pactaban con el rey.
El estamento de los ciudadanos se gobernaba por él mismo según
algunos privilegios concedidos por el rey, la nobleza o según sus usos
tradicionales. El mero hecho de vivir en una ciudad no otorgaba la
pertenencia a ese “estado”, sino que había que pertenecer a
determinadas familias. Se caracterizaba por el autogobierno, en general
en manos de las familias de “más rancio abolengo”.
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- El estamento de los comerciantes nació por la concesión a los
comerciantes del derecho para regular sus relaciones mercantiles según
sus propias costumbres. Entrar en el estamento comercial también
dependía del ejercicio del comercio por la familia. El poder dentro del
estamento se centralizaba en las casas de contratación de cada ciudad,
las cuales monopolizaban la creación de normas, los tribunales
mercantiles y la matrícula (inscripción) de comerciantes.
- El estamento de los campesinos lo formaban personas con propiedades
rústicas. También se entraba por raigambre familiar y se daban normas
propias para la regulación de sus relaciones.
- El estamento de minoría era el de los pocos estamentos en el que no se
ingresaba por nacimiento y el único que se podía abandonar. Era un
estamento que no tenía normas propias puesto que sus miembros se
encontraban gobernados por otras personas. Es el estado actual de los
menores de edad y enajenados mentales, pero no sólo estaban los
menores, sino también las mujeres y los pobres. Los indios americanos
también fueron incluidos en este estamento (encomiendas y
reducciones).
Es discutible si existía el estamento clerical, pues sus miembros no
perdían la condición del estamento al que pertenecieran. Les eran
aplicables las normas de su estamento, excepto en lo que fuese de
aplicación las normas canónicas. Tanta era la pertenencia a su estamento de
origen que los trabajos que desempeñaban dependían de su estamento de
origen.
Las órdenes religiosas, especialmente las mendicantes, rompieron en
su seno parte de la estructura estamental. Fueron las órdenes religiosas,
especialmente los franciscanos, dominicos y jesuitas los que crearon un
sistema dentro de sus organizaciones en las que no se reflejaban los
estamentos.
2.4.2. Factores de la clase social
Cuando se rompió, con ocasión de la Revolución Francesa, el
sistema estamental, aparecieron nuevas nociones de organización social. La
noción principal fue la de “clase social”. A la clase social no se ingresa por
nacimiento, aunque éste ayude, sino por capacidad económica, siendo en
consecuencia estructuras flexibles. Cada clase social tiene unas normas, no
jurídicas, sino morales, que regulan la vida y actividad de sus miembros.
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Fue Karl Marx quien le dio una importancia crucial a la noción de
clase social, pues hizo depender de una de esas clases, el proletariado, el
avance de la historia y su conflicto con la clase burguesa “la lucha de
clases”, el motor del progreso. A partir de entonces numerosos pensadores
comenzaron a reflexionar, en concordancia o en discordancia respecto de
Marx, sobre la noción de clase social.
Como ya hemos indicado, el principal factor que tradicionalmente se
consideraba decisivo para la inclusión en una determinada clase social era
la capacidad económica. Actualmente se incluyen factores diferentes,
incluso cercanos al “estamentalismo”.
Sucintamente estos factores son:
- Poder adquisitivo: es la capacidad de adquirir bienes y servicios en
beneficio propio.
- Confianza económica: capacidad de una persona que ser considerada
fiable en el cumplimiento de sus obligaciones económicas. Depende de
las retribuciones que se tengan (nómina o rentas), de la posesión de
bienes inmuebles (casas, edificaciones, terrenos), bienes muebles
(acciones bursátiles, objetos valiosos, etc) y expectativas de beneficios.
- Relaciones con el poder: familiares que desempeñen puestos
destacados, o amistad con personas que lo hagan.
- Tradición económica: se simboliza en los bienes recibidos “mortis
causa”, esto es, la herencia. Implica ser miembro de una familia de
determinada posición, y no una persona que acaba de llegar: un snob o
un nuevo rico. Se refleja en la educación, pues es una señal de tradición
estudiar en determinados centros escolarees.
- Prestigio social o económico: está relacionado con la tradición
económica, pero también puede ser adquirido por la persona.
- Signos de status: son bienes externos que indican una determinada
posición social.
- Estabilidad en la posición: no tener altibajos pronunciados en la
situación económica.
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- Características culturales y étnicas: pertenecer a una etnia dominante o
tener una cultura determinada son también requisitos necesarios para la
inclusión en cada clase social, y a veces son determinantes.
2.4.3. Movilidad social
La movilidad social es la capacidad que tiene una persona de
modificar su posición o clase social. Puede ser horizontal, que es cambiar
de función social sin cambiar de clase, o vertical que es cambiar de clase.
2.5. Las élites
El término “élite” es un sustantivo del verbo francés elire, que
significa escoger, por lo que élite significa “los escogidos o “los elegidos”.
La excelencia es, por lo general, sólo accesible a unos pocos, consecuencia
de lo cual es que toda élite es minoritaria.
¿En función de qué criterios se elige a los elegidos? Dependerá de
que tipo de élite estemos hablando. Podemos establecer diferentes tipos de
élites, que si son verdaderas élites, forman un grupo más amplio, pese a que
puedan tener intereses encontrados, y éstas muestran cierto grado de
solidaridad entre ellas.
Todos los sectores de la sociedad se encuentran liderados por un
grupo de personas excelentes que lo controlan, si no tienen contrapesos en
sus poderes o si su poder es muy fuerte estamos ante el sistema de
“elitismo”. De todas formas no siempre las élites son las que ejercen el
poder, muchas veces pueden ser simples medios o instrumentos para
realizar las órdenes de los grupos dirigentes.
Acceder a la élite conlleva reunir una serie de requisitos sumamente
rigurosos, pues no sólo se exigen los mejores conocimientos en la materia
de la que se trate, sino también una serie de elementos relativos al
comportamiento social y a los méritos para con el grupo en el que desea
integrarse (una especie de rito de iniciación). La élite no es democrática,
sino cooptativa, esto es, sus miembros eligen a las nuevas personas que
deben integrarse en el grupo, y no todos los miembros de las élites
participan en la elección, sino que son los líderes de la élite (“la élite de la
élite”) los que controlan y dirigen el grupo selecto.
Como hemos dicho la condición necesaria para la integración en la
élite es una fuerte preparación en la materia en la que la élite sea excelente.
Una lectura simple nos llevaría a pensar que la excelente preparación lleva
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a pertenecer a este grupo, pero hemos de señalar que la adquisición de esta
preparación necesite unos medios económicos y personales que exigen
cierto status social. Cuando esto se intenta cubrir por medio de ayudas
públicas (becas), la preparación que exige la élite es mayor que la que antes
de las ayudas se exigía.
Podemos distinguir entre élites políticas, económicas, intelectuales o
científicas. En general las élites son conservadoras del sistema existente,
pero en los procesos revolucionarios, estos no son guiados por las personas
más interesadas en el triunfo del proceso, sino por una élite de personas, las
cuales proceden normalmente de la élite contra la que se lucha.
La permanencia de la élite en su posición depende de su prestigio
social y de la capacidad que tenga de crear confianza en las personas que
no la forman. La élite no escatima medios en “apabullar” a las personas que
se encuentran fuera, para consolidar su distancia y la conciencia de
inferioridad de los no elegidos. Antropológicamente la idea de la “élite” se
basa en la presuposición de la superioridad intelectual y moral de unas
personas sobre otras.
Las élites que ejercen efectivamente su papel social (élites reales)
intentan cerrar el paso a nuevos grupos (élites emergentes), que intentan
tomar su posición y colapsan la “circulación de las élites”. Para que una
élite emergente sustituya a la élite real, la élite real debe descomponerse
interiormente, perder su prestigio social o que la élite emergente encabece
un proceso revolucionario que, tras triunfar, elimine a la élite real.
2.6. La masa
2.6.1. La perspectiva irracional de Ortega y Gasset
El diccionario de la Real Academia define, en su octava acepción, a
la “masa” como un “gran conjunto de gente que por su número puede
influir en los acontecimientos”. La masa, como vemos en la definición, no
es sólo un número de persona muy grande o descomunal (aspecto
cuantitativo), sino que su número le convierte en un agente que influye y
cambia la sociedad y hasta la historia.
El pensador que más se ha ocupado de la importancia actual de la
“masa” fue el filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955). Ortega
considera que la masa tiene una serie de características propias y
específicas; la masa es sensible y no racional, la masa lo ocupa todo y todo
se hace a la medida de las masas (gigantismo), y finalmente la masa sólo se
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preocupa de sí, no de los individuos, que pierden su singularidad y se
convierten en hombres-masa, los cuales adoptan la psicología de la masa.
La masa tiene una fuerza inmensa, porque dado su tamaño lo puede
todo, no hay ningún poder que se le pueda resistir. Para Ortega la masa se
convierte en el motor del cambio en la historia del mundo contemporáneo.
2.6.2. La perspectiva racional de Canetti, Tilly y Giddens
Las personas que conformarán la masa obviamente preexisten a
constituirse como tales. Canetti denomina “chispa” al hecho que hace que
esas personas, en principio dispersas y sin organización, se focalicen en la
consecución de un objetivo.
Tilly y Giddens sostienen que las masas se comportan de una forma
racional y los propios incidentes que provocan sus acciones están
minuciosamente decididos. El estudio empírico de las acciones de las
masas ha determinado que la masa tiene clara sus objetivos, sus métodos y
la dirección interna dentro de ella, por más que tenga una apariencia
informal.
2.7. Conflicto social
Toda la sociedad tiene mecanismos y recursos para mantener la
llamada “paz social”, esto es, el equilibrio que la estructura social necesita
para mantenerse. Toda sociedad genera resortes propios para no
desequilibrarse, pero hay determinadas circunstancias en las que los medios
para mantener el equilibrio son insuficientes. Consideraremos al conflicto
social como un momento de quiebra del equilibrio de la sociedad, en el que
se muestran las contradicciones de la propia estructura social. Para ello
analizaremos un conflicto parcial y laboral como es la huelga, y en un
conflicto general como es la revolución.
2.7.1. Revolución
Entendemos por “revolución general” el cambio absoluto (radical) de
principios, procedimientos y estructuras que conforman una sociedad en un
periodo de tiempo relativamente corto.
En cambio, una “revolución parcial” supone el mismo cambio radical
que la “general”, pero no se da en toda la sociedad, sino sólo en un sector
de ella misma. Por ello hablamos de revolución científica y tecnológica,
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revolución literaria de la generación del 27, arquitecto revolucionario,
revolución en la música o revolución pedagógica.
Las revoluciones no sólo son reacción contra un determinado sistema
social, sino que también intentan llevar a la práctica una idea alternativa en
toda la sociedad o en parte de la sociedad. Si la reacción no tiene una idea y
es sólo una mera oposición será una revuelta que en nada afectarán a las
estructuras sociales profundas y terminará con “reformas”. Por lo general
toda revolución conlleva el intento de materialización de una utopía, de un
perfeccionamiento de la sociedad, mientras que el reformismo no toca a los
principios y estructuras sociales profundas, sino que sólo afecta a
determinados comportamientos y apariencias externas, volviendo a tapar el
conflicto bajo la apariencia.
Como ya hemos indicado en la definición, la “revolución” se
desarrolla en un corto espacio de tiempo, y si tiene éxito acaba por
instaurar un modelo nuevo de sociedad que trata de poner en práctica la
idea por la que se ha luchado. Las prácticas de revolución no pueden ser
permanentes, ya que consumen rápidamente los recursos de cualquier
sociedad; por ello las revoluciones construyen estructuras sociales para que
permanezcan en el tiempo, creando mecanismos que diluyan los conflictos
que la nueva forma social genera. De esta forma lo que nació para superar
los desequilibrios y crisis de la sociedad anterior, se ve enfrentada a nuevas
contradicciones, incluso a las mismas contra las que luchó, y genera en el
seno de su sociedad nuevas expresiones de conflicto y de superación,
incluso revolucionaria, de la sociedad que fue originariamente
revolucionaria.
Anthony Giddens caracteriza las revoluciones son las siguientes notas:
1. Es un movimiento social de masas que implica el cambio del
gobierno, de modo que no es revolución un cambio de gobierno tras
un proceso electoral o por un golpe de un grupo reducido aunque
poderoso.
2. Ha de conducir a grandes cambios o a profundos procesos de
reforma. El gobierno emergido de la revolución debe conseguir sus
objetivos y tener verdadero poder y no solamente los símbolos del
poder.
3. Las revoluciones implican el uso de la fuerza o al menos la amenaza
de usarlo. Las revoluciones se hacen porque el gobierno anterior no
ha querido renunciar al poder utilizando otros cauces.
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2.8. Utopía
El término “utopía” apareció como título de una obra de TOMÁS
MORO (1478-1535) en la que un viajero describía una sociedad que ha
conocido en la se han resuelto, por sus instituciones, leyes y costumbres,
los problemas de la sociedad inglesa del siglo XVI. “Utopía” es una palabra
griega compuesta, creada por Moro, que significa “ningún sitio” (oûk
topós: no lugar, ningún lugar).
Ya en el pensamiento de Platón nos encontramos, en su diálogo La
República, con la formulación de una sociedad ideal. No será hasta el siglo
XVI cuando nazca toda una corriente de pensamiento utópico que intente,
mediante la formulación de sociedades ideales, solucionar con los
problemas de la sociedad en la que vive. Estas utopías no tendrán un papel
efectivo, con la única excepción de las utopías cristianas, hasta que las
consecuencias de la revolución industrial hagan muy patentes las
diferencias sociales.
2.8.1. Algunos modelos de utopías
Cuando se manifestaron, a finales del siglo XVIII, las primeras
consecuencias de la revolución industrial produjeron la aparición de un
programa de utopía que se conoce como con el nombre de “socialismo
utópico”. Fourier y Saint-Simon elaboraron propuestas de crear pequeños
núcleos de población autosuficientes y en los que no hubiese diferencias
sociales entre sus miembros, siendo todos igualmente responsables del
mantenimiento de la comunidad, así como igualmente acreedores de los
beneficios que la comunidad produzca. Determinados grupos sionistas
aceptaron las propuestas de los socialistas utópicos y crearon en Palestina,
a lo largo del siglo XX, pequeñas comunidades agrícolas e igualitarias
conocidas como Kibbutz.
Ya en pleno siglo XIX la industrialización había creado enormes
masas de desprotegidos a los que Karl Marx y Friedrich Engels prestaron
atención y les otorgaron el protagonismo en el desarrollo de la historia.
Marx y Engels proponen que sean los proletarios, los que sólo tenían a los
hijos como patrimonio, los que se hagan con el poder en la sociedad y la
modifiquen para evitar su postración. Consideran que el motor de la
historia es la economía y por ello la clase proletaria, para hacer efectiva su
dignidad, debe cambiar el sistema económico, sustituyendo la economía
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basada en la propiedad cerrada por la propiedad pública evitando así toda
nueva división entre clases sociales.
Hemos tratado dos utopías del siglo XIX, una de ellas con una puesta
en práctica pequeña y otra que ha tenido fuertes consecuencias históricas
(los llamados países comunistas). Vamos a tratar ahora un modelo utópico
que fue traído por el Cristianismo.
A principios del siglo VI, Benito de Nursia (480-547)
institucionalizó en Occidente las comunidades monásticas cristianas, que
pretendían hacer efectivo en el mundo el ideal cristiano de sociedad. Las
comunidades monásticas se fundaban en el principio de la fraternidad, de la
ausencia de propiedad privada entre los miembros de la comunidad y la
primacía de Dios, al cual el “abad” representa en el calidad de padre (abbas
proviene del arameo abbá, que significa “papá”) y que gobierna, elegido
por los monjes, pues la comunidad representa a la Iglesia y ésta a la
humanidad.
A principios del siglo XIII, Francisco de Asís (1182-1226) avanzó en
la idea utópica cristiana con la idea de comunión con la naturaleza y con la
de pobreza de la comunidad, y no sólo de sus individuos. Hasta entonces el
Cristianismo había luchado por la transformación de la sociedad mediante
las actividades litúrgicas de la imagen de la Iglesia verdadera y de la
humanidad perfecta. Con el movimiento franciscano la transformación se
hará mediante la predicación.
El final del siglo XX y el inicio del siglo XXI han sido denominados
como la “Postmodernidad”. Francis Lyotard fue el primero de los autores
en formular la “época postmoderna” como aquélla en la que no tienen
validez los metarrelatos, que son las explicaciones que dan sentido a toda la
realidad.
Si no hay metarrelatos tampoco hay utopías, pues la utopía es un
metarrelato. Paradójicamente la postmodernidad ha generado una utopía,
pero que funciona sobre la base de microrrelatos, es decir, de explicaciones
que le dan sentido sólo a una parte de la realidad. Así ha nacido la “casiutopía de la nueva era” (new age) que se caracteriza por la huida del mundo
y de la sociedad y por la conformación del espacio utópico en el seno de la
intimidad, con determinados elementos degradados de las tradiciones
orientales. La utopía new age no lucha por transformar la sociedad, sino
que construye muros de protección que no ataquen el proyecto de
intimidad. Es una utopía fragmentada para un mundo fragmentado.
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2.8.2. Distopía y los problemas de las utopías
Si con la utopía se pretende alcanzar una sociedad ideal y perfecta, la
“distopía” es la negación absoluta de esa sociedad, pero que se ha llegado a
ella por el deseo de llevar a la práctica un ideal utópico.
Casi todos los pensamientos utópicos acaban proponiendo sistemas
políticos autoritarios, según el estudio del Badillo O’Farrell. La práctica de
la idea utópica requiere claridad de pensamiento y de acción, lo cual
provoca el nacimiento de una ortodoxia y de una fuerte jerarquía que evite
cualquier desviación del proyecto que se quiere llevar a cabo.
Si al intento de llevar a la práctica un ideal utópico añadimos un
proceso revolucionario, vemos como la utopía requiere eliminar a los
oponentes y conservarse de las inercias anteriores, lo cual ha tenido por
consecuencia la transformación de las utopías en dictaduras, que se sitúan
sobre las personas, pues la materialización del ideal es más importante que
el individuo. A esto podemos llamarlo “el precio de la utopía”.
También se ha llamado “distopía” a aquellas utopías cuyos ideales
son, desde sus fundamentos, moralmente inaceptables.
El nacionalsocialismo alemán ciertamente tenía un ideal que llevar a
la realidad, pero este ideal, la supremacía de la raza aria, no podemos
aceptarlo en cuanto tal, y mucho menos podemos asumir los medios que
pretendía utilizar y efectivamente utilizó para llevarlo a cabo.
2.8.3. Función social e intelectual de la utopía
La historia del pensamiento utópico nos muestra sus problemas, pero
a la vez tenemos que decir que la utopía ha servido como catalizador de los
movimientos sociales que pretenden eliminar los desequilibrios y las
injusticias en la sociedad. Los crímenes que las utopías hayan podido
perpetrar no justifican los crímenes de los sistemas contra los que lucharon.
Si no tenemos ningún ideal al que dirigirnos como sociedad y como
personas, la sociedad se estancará y se le dejará el campo abierto a todas las
injusticias, ya que no habrá modelo de sociedad con el que comparar a la
sociedad presente.
Recordemos por un momento el concepto de Kant de la verdad como
ideal regulativo, que era aquella noción de verdad que consideraba que ésta
no era alcanzable pero que todo conocimiento se dirigía a ella. Franz
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Hinkelammert propone comprender la utopía como ideal regulativo, esto
es, un concepto que no es alcanzable, pero que nos orienta a alcanzar una
sociedad más justa.
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