Resulta bastante curioso que, a diferencia del resto de fundadores

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Resulta bastante curioso que, a diferencia del resto de fundadores de la arquitectura moderna,
Wright haya pasado a la historia como un arquitecto esencialmente residencial. Aunque también
diseñó famosos edificios públicos como el Museo Guggenheim, la sede de Johnson Wax
Company o Unity Temple, Wright es conocido principalmente por su contribución al desarrollo
de la casa moderna como respuesta a los nuevos patrones sociales y los sistemas estructurales
contemporáneos: la Casa Robie, la Casa Hollyhock, la Casa de la Cascada, las casas usonianas,
etc.
Sin embargo, Wright siempre tuvo en mente la ciudad. De hecho, era un tema que fue
acaparando su interés con el paso del tiempo y podemos seguir la evolución de sus ideas sobre la
ciudad como un problema de diseño, en sus revelaciones, sus soluciones clarividentes y la
construcción de sus diseños iconoclastas, discordantes y tan influyentes en medio de la plaza
pública. Diseñó y construyó bancos, iglesias, oficinas, moteles, universidades, tiendas, fábricas,
centros cívicos, teatros, clínicas, escuelas y hasta concesionarios de coches y gasolineras. Y por
supuesto, todos los diseños conceptuales que quedaron sin construir para cines, atracciones
turísticas, rascacielos, centros turísticos, lavanderías, casas funerarias, capitolios estatales, óperas
y un sinfín de clases de arquitectura distintas. Todos ellos, unidos a sus proyectos residenciales,
dan cuerpo a su idea de una ciudad.
Wright pensaba en la ciudad de una manera tan imaginativa como la mayoría de los arquitectos
modernos pero, en cierto modo, más concreta. Después de todo, él fue el primer gran arquitecto
moderno en plantearse los suburbios, esa extensión multicéntrica de la ciudad centralizada
preexistente, de manera seria y creativa. Ahora bien, no sólo pensó en edificios individuales para
los suburbios, sino en una forma de ponerlos en relación entre sí para con ello crear una vida
metropolitana sana y próspera.
Ya diseñase una casa o una ciudad, Wright entendía la arquitectura como un arte social.
Aunque utilizó sistemas estructurales y constructivos modernos siempre que pudo, para él la
función principal de la arquitectura era crear espacios para que la gente se relacionara entre sí y
con la naturaleza. Sus casas son complejas y fascinantes configuraciones de elementos sociales,
estructurales y naturales. En 1907 construyó una residencia para la adinerada pareja AveryQueene Coonley consistente en una finca con una gran casa de campo, cabañas periféricas para
jardineros y sirvientes, talleres y una escuela; es decir, una comunidad en miniatura. Pero hasta
sus casas más pequeñas eran mucho más que un mero refugio de los elementos, y reflejaban
igualmente las relaciones entre sus residentes.
Uno de los principales puntos de inflexión en la carrera de Wright puede relacionarse con el
dramático cambio que experimentó la familia de clase media americana, al pasar del hogar
victoriano formal, con sirvientes, lámparas de gas y carruajes, a una mezcla no uniforme de
familias sin servicio, con una vida informal en los suburbios, electricidad y automóviles.
La arquitectura de Wright explora la expresión social de una manera única y artística. Podría
decirse que se inspiraba fundamentalmente en una rica mezcla proteica donde confluían la vida
humana, la ingeniería moderna y la naturaleza, y aplicaba esta inspiración a sus diseños, ya
fuesen para casas unifamiliares o para una ciudad entera. Por tanto, no cabe duda de que Wright
merece ser honrado por su aportación a la dimensión privada de la arquitectura residencial. Sin
embargo, esas mismas ideas le inspiraron a la hora de hacer sus edificios públicos, que fueron
igualmente innovadores.
Ninguno de sus edificios públicos es tan chocante e impactante como el Museo Guggenheim de
Nueva York. Sus curvas contraintuitivas en espiral, que doblan sus músculos, desbordan todas
las convenciones físicas y conceptuales de lo que es una ciudad. En medio de la vertical y
estática Manhattan, el Guggenheim parece girar lentamente en su propia órbita. Es la única obra
en Manhattan que posee tal afinidad con la naturaleza. El Guggenheim tiene mucho más en
común con los lagos y los bosques del diseño de Central Park que con los rascacielos de techos
apuntados o cuadrados, «prisiones de cristal» que creaban «cañones malsanos» según Wright.
Este museo es su crítica a la metrópolis descabellada y una proclamación enfática de las
cualidades de una ciudad genuina.
Conforme avanzó su carrera, Wright fue concibiendo cada casa que diseñaba como parte de un
sistema mayor de habitación y economía humanos: el espacio público. Terminaba cada casa
como una unidad completa en sí misma, pero cada vez era más consciente de su entorno civil y
de su contexto natural, y sus diseños para edificios públicos le permitieron experimentar con esas
ideas. La culminación de todo ello fue su ciudad ideal, Broadacre City, en muchos sentidos el
prototipo teórico e idealizado de las grandes metrópolis suburbanas que acabarían
construyéndose en los Estados Unidos a lo largo del siglo XX. La mayoría de los diseños de
Wright -especialmente los posteriores a 1930- pueden verse, edificio a edificio, como una
cruzada prometeica para construir Broadacre City.
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