¿Por qué las mujeres inteligentes no se casan? /Natalia Lomelí

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¿Por qué las mujeres inteligentes no se casan? /Natalia Lomelí /Cultura Colectiva
Al parecer, la soltería no tiene que ver con no creer en el amor y es simplemente una cuestión
de inteligencia, según reveló un estudio publicado por el Sunday Times, realizado en la
Universidad de Nottingham, Inglaterra, donde se estudió a un grupo de 900 mujeres y hombres
por 40 años, concluyendo que las mujeres tienen un 40 por ciento menos de probabilidad de
casarse si son exitosas laboralmente y han cursado una licenciatura o posgrado.
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En caso inverso, se descubrió que los hombres, mientras mayor coeficiente intelectual y
estudios tienen, aumenta en un 35 por ciento la probabilidad de que se casen y busquen a la
mujer ideal para ser la madre de sus hijos, una mujer que se quede en casa mientras ellos
salen a trabajar. Por lo general, se casan con una mujer de menor coeficiente intelectual, lo
que descalifica a una enorme cantidad de mujeres que no están dispuestas a conformarse con
las labores domésticas y por lo tanto no son el tipo de mujer que la mayoría de los hombres
buscan por no encajar en el estigma de la esposa ideal. Pero el aumento de las mujeres solteras no es sólo cuestión del coeficiente intelectual, pues el
psicólogo y profesor de la Universidad de Nottingham asegura que todos buscamos relaciones
amorosas gratificantes. El dilema de las mujeres actuales se identifica más con la búsqueda de
una pareja que les apoye a alcanzar sus metas personales sin sacrificar su vida amorosa. Al
tener un alto grado de estudios, aumentan también las expectativas en cuestiones románticas y
las mujeres se embarcan en la búsqueda de un hombre que represente para ellas un reto, con
quien se pueda llevar a cabo una conversación madura y de acuerdo al nivel intelectual de
ambos.
La fertilidad y el reloj biológico ya no son la mayor preocupación de las mujeres, gracias a los
avances tecnológicos y a causa de la búsqueda de un nivel superior de estudios, tienden a
postergar más el matrimonio y continuar con sus estudios más años, cursando maestrías y
doctorados.
No es ningún secreto en la cultura tradicional la idea de que una mujer solía casarse por
seguridad financiera y económica, pero en la actualidad una mujer con mayor preparación y
estudios es capaz de mantenerse por sí misma y alcanzar la independencia es parte de la
autorrealización de las mujeres post- feministas que ya no ven el matrimonio como una meta
en su vida. Los horizontes se han ampliado y ya no se casan a edades prematuras,
actualmente el 53 por ciento de las mujeres mayores de dieciocho años están solteras,
disfrutando la posibilidad de elegir y construir una vida por sí mismas sin permitir que alguien
más decida por ellas, siendo las únicas dueñas de su vida sin rendirle cuentas a una pareja
formal. Tampoco son un mito las discusiones maritales en las parejas donde la mujer gana más que el
hombre, por lo que aprovechar las oportunidades ambiciosas y profesionales puede verse
como una dificultad al tener un esposo que no comparta los mismos planes de vida; es difícil
encontrar un hombre que esté en sintonía con los objetivos que la mujer se plantea a sí misma.
Tan sólo durante la década pasada, en América Latina la cifra de mujeres trabajadoras
aumentó entre un 35 y un 50 por ciento, y las mujeres sin compromisos amorosos son quienes
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se dedican más a las cuestiones laborales.
Las mujeres “voluntariamente solteras” se encuentran más preocupadas por hallar un trabajo
bien pagado que por tener citas, y es un hecho que las mujeres activas en el mundo laboral le
dedican menor tiempo a sus relaciones amorosas.
La presión empresarial también es un factor decisivo para descartar la idea del matrimonio,
pues las empresas prefieren contratar personas solteras, no embarazadas, y de preferencia sin
hijos. Esos datos impactan directamente en la mentalidad de las mujeres que aspiran a ser
competitivas en el mundo laboral. No se trata de un individualismo, el problema radica en que
las mujeres ansían encontrar un hombre dispuesto a compartir las tareas domésticas, e incluso
a que sea él quien sacrifique sus metas por quedarse en casa con sus hijos. No aceptaran el
matrimonio a cualquier precio, considerando además el incremento reciente del número de
divorcios.
Actualmente nos encontramos ante una generación de mujeres en espera del hombre perfecto,
pero que se detiene a pensar muchas veces en todas las consecuencias y posibles conflictos
de casarse, ya no se dirigirán al altar por las mismas razones que sus madres o abuelas.
Pueden convivir muchos años con una pareja y no casarse porque los planes han cambiado,
se valoran a sí mismas y esperan un hombre que las merezca y se valore de la misma manera,
si ese hombre no aparece, prefieren esperar que casarse con alguien que no las complace del
todo. ¡Ya no existe el miedo a la soltería!
Somos testigos de una sociedad en transformación cuyos roles tradicionales se están
volviendo obsoletos, y ahora gracias a este estudio se han terminado las preguntas incómodas
en las reuniones familiares porque cada vez que alguien decida cuestionarte sobre tu estado
civil bastará con que les cuentes un poco sobre tu alto coeficiente intelectual y tus objetivos
como mujer emprendedora y plena.
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