La inteligencia humana.

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Tema 7: La inteligencia humana. MAPA DE CONTENIDOS INTELIGENCIA
TEORÍAS
Una
DESARROLLO
Piaget
Múltiples
ORIGEN
Innatismo
MEDIDA
Cociente
intelectual
Ambientalismo
Concepto de inteligencia Aunque tiene múltiples definiciones, podríamos decir que la Inteligencia es el conjunto de aptitudes (aprendizaje, memoria, lenguaje, razonamiento, habilidades sociales) que permite al ser humano adaptarse al mundo que le rodea y solucionar sus problemas con eficacia. A lo largo de la historia de la Psicología no hay un acuerdo para dar una definición unánime a este concepto. Curiosamente, paralelo a esta discusión, surge el hecho de poder medirla de manera que no es importante lo que sea sino cómo podemos medir tal capacidad. Fue el estadounidense Edwin G. Boring, primer historiador de la Psicología experimental, que en 1921 tras el primer Simposio acerca de la inteligencia y el fracaso para definirla, aseguró que “la inteligencia es los que miden los test de inteligencia”. No es de extrañar que la historia de este concepto corra junto al desarrollo de instrumentos para medirla. Y en este sentido han surgido distintas teorías que entienden por inteligencia una capacidad única o múltiple, un rasgo hereditario o una aptitud que puede desarrollarse, una entidad cuantificable o un concepto abstracto difícilmente medible, etc. En este tema vamos a ver las teorías más importantes en torno a las capacidades que conforman la inteligencia, el desarrollo cognitivo de la inteligencia, la discusión acerca de si es heredada o aprendida y finalmente la posibilidad de medir y los instrumentos para ello. Teorías A finales del siglo XIX, aparecen las primeras investigaciones en este campo aplicando las teorías biológicas de Darwin al desarrollo y evolución de las sociedades humanas, entendiendo la inteligencia como la capacidad de adaptación del ser humano a su medio, así, los más inteligentes se adaptarán mejor que los poco inteligentes, explicando las diferencias intelectuales entre las personas, y justificando el orden social imperante, donde los ricos y poderosos eran superiores a las clases pobres por su nivel de inteligencia y no por la explotación económica existente (darwinismo social). Estas teorías influyeron en los franceses Alfred Binet y Théodore Simon que idearon test mentales que buscaban una explicación de las diferencias individuales. Su aceptación, sobre todo en la predicción del éxito educativo o laboral, provocó que la investigación se decantara por el perfeccionamiento de los test abandonando el estudio de los procesos mentales involucrados en la conducta inteligente. Las teorías acerca de la inteligencia varían desde las teorías que determinaban una inteligencia general e innata al análisis factorial que intentaba analizar los componentes implicados en la actividad intelectual, determinando el número y la naturaleza de los factores actuantes en el rendimiento intelectual de las personas. Finalmente las últimas teorías tienden a distinguir distintos tipos de inteligencia. Teoría bifactorial El psicólogo británico Charles Edward Spearman expuso en 1927 su “teoría bifactorial”, según la cual existe una inteligencia general (g), presente en todos los procesos intelectuales y que es innata e invariable, y otro factor específico (s), adquirido, aunque se puede mejorar, influido por el factor general y responsable de la habilidad necesaria para la realización de una tarea concreta. Teorías multifactoriales El ingeniero y psicólogo estadounidense Louis Leon Thurstone se decantó en 1938 por las teoría multifactorial, donde la inteligencia no es considerada de un modo general sino que se compone de numerosas aptitudes diferenciadas e independientes entre sí, aislando ocho factores que denominó habilidades primarias: Comprensión verbal (habilidad para definir palabras). fluidez verbal (habilidad para recordar palabras rápidamente). rapidez perceptiva (habilidad para detectar semejanzas y diferencias entre distintos dibujos) capacidad espacial (habilidad para reconocer una figura cuya posición en el espacio había cambiado). aptitud numérica (habilidad para realizar operaciones con números). memoria (habilidad para el recuerdo). razonamiento deductivo (pensamiento lógico que obtiene verdades necesarias). razonamiento inductivo (generalizaciones a partir de observaciones particulares). Tras él, aparecieron modelos intermedios como los del psicólogo inglés Philip Anthony Vernon (inteligencia mecánico‐espacial, que es innata, e inteligencia verbal‐educativa, que es aprendida, ambas dependientes del factor G) y del psicólogo estadounidense Raymond Cattell (inteligencia fluida o natural, que es heredada, e inteligencia cristalizada, que es aprendida), cuyos test de inteligencia sólo miden las habilidades propias de la inteligencia natural. Teoría estructural de la inteligencia En 1958 el psicólogo estadounidense Joy Paul Guilford propuso un modelo morfológico tridimensional de la inteligencia que intentaba superar la visión restringida de las aptitudes que mostraban los modelos factoriales. Supone una clasificación cruzada de fenómenos que se interconectan. Se puede describir como una matriz matemática en tres dimensiones: Operaciones: son los procesos mentales implicados en una tarea, lo que el individuo hace con la información Contenidos: Tipo de información con el cual se trabaja (visual, auditivo, simbólico, semántico, conductual). Productos: Forma que adopta la información en el procesamiento que el individuo hace de ella (unidades, clases, relaciones, sistemas, transformaciones, implicaciones). Este modelo daba lugar a 120 factores diferentes, sin ningún factor general de la inteligencia. A partir del los años ochenta se empezaron a desarrollar teorías que distinguen diferentes tipos de inteligencia alejándose de los modelos establecidos en torno a los factores académicos e introduciendo nuevos elementos como la creatividad o el conocimiento de uno mismo y de los demás. Destacarían las tres siguientes: Teoría triárquica Fue el psicólogo estadounidense Robert Jeffrey Sternberg quien ideó la “teoría triárquica” de la inteligencia. La teoría triádica describe la relación de la inteligencia con tres dimensiones de la persona. Analítica o componencial: Establece relaciones con el mundo interno del sujeto mediante componentes globales (todos los comportamientos), de clase (sólo en un tipo de comportamiento) y específicos (un solo comportamiento), que capacitan al sujeto para el procesamiento adecuado de la información. Según Sternberg, los test factoriales sólo miden este tipo de inteligencia, olvidando las demás capacidades. Creativa: explica su relación con el mundo externo, la forma en que maneja su experiencia en las situaciones cotidianas, su pensamiento creativo. Busca originalidad e innovación. Contextual: hace referencia a la forma en que el individuo se mueve en su entorno, al pensamiento práctico, adaptativo y exitoso. Implica la solución de problemas. Teoría de las inteligencias múltiples El estadounidense Howard Gardner en 1983 en su obra “Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences” realizó una fuerte crítica al enfoque de la inteligencia general derivada del empleo de tests psicológicos estableciendo la teoría de las llamadas inteligencias múltiples. Sus investigaciones sobre desarrollo cognitivo y lesiones cerebrales lo llevaron al convencimiento de que esa perspectiva general del intelecto no era sostenible, postulando que los individuos poseen diversas fortalezas y debilidades y que un indicador simple como el cociente intelectual es insuficiente para explicar la variabilidad del comportamiento inteligente. Gardner expresó que las inteligencias son un conjunto de computadores relativamente independientes, que operan con el lenguaje, la información espacial o la información sobre otras personas, por ejemplo. En la última formulación de su teoría describió ocho inteligencias que cumplimentan una serie de criterios de selección tales como, regiones cerebrales implicadas en cada inteligencia, habilidades valoradas en diferentes culturas a través de la historia, historia evolucionaría y existencia de poblaciones especiales (prodigios, savants), entre otros. Estas ocho inteligencias son: lingüístico‐verbal lógico‐matemática viso‐espacial musical corpóreo‐cinestésica intrapersonal interpersonal naturalista. Actualmente está en proceso de configuración una novena, la inteligencia existencial. Inteligencia Emocional. Término usado por primera vez en 1990 por los estadounidenses Peter Salovey y John Mayer, y basado en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner. Se emplea para describir las cualidades emocionales que parecen tener importancia para el éxito, como la empatía, la expresión y comprensión de los sentimientos, el autocontrol, etc. Tener un alto cociente emocional es tan importante como tener un cociente intelectual elevado. El principal difusor de esta teoría es el californiano Daniel Goleman, quien en 1995 es su obra “Emotional Intelligence” afirmó que todas las emociones, cada una con su valor y significado, son impulsos a la acción, que facilitan y guían nuestra conducta. Asimismo, divide el conocimiento en mente racional, que domina la coherencia y la reflexión, y mente emocional, presente en las intuiciones, y cuyo temperamento es modificable por la experiencia, mediante el conocimiento de uno mismo. La toma de conciencia y expresión de las propias emociones es la capacidad de reconocer una emoción en el mismo momento de su aparición, lo cual permite el control sobre estas para mantener el equilibrio mental. Distingue cinco habilidades básicas: conciencia de sí mismo y de las propias emociones y su expresión. autorregulación, controlar los impulsos, de la ansiedad, diferir las gratificaciones, regular nuestros estado de ánimo. motivarnos y perseverar a pesar de las frustraciones (optimismo). empatía y confianza en los demás. Control de las relaciones sociales. Anatómicamente hablando, la inteligencia intelectual y la emocional se desarrollan en regiones diferentes del sistema nervioso: el intelecto en el neocórtex cerebral, y las emociones en un lugar inferior al nivel cortical, siendo pues más antiguas filogenéticamente hablando. Desarrollo de la inteligencia Inspirándose en los estudios del desarrollo de la inteligencia en los niños del psicólogo suizo Jean Piaget y en las investigaciones sobre procesamiento de la información, los enfoques cognitivos han propuesto nuevos modelos de inteligencia. Piaget en la primera mitad del S.XX estudió el desarrollo cognoscitivo, descubriendo que a edades similares, los niños responden de forma parecida a determinadas cuestiones, dependiendo del grado de desarrollo de sus esquemas mentales, e identificó 4 etapas: Sensorio motor (hasta 2 años): Conocimiento del mundo a través de los sentidos e interacciones motoras (oler, agitar, chupar…), permanencia del objeto (sigue existiendo aunque ya no lo vea), ansiedad ante los extraños y autoidentificación. La "constancia o permanencia del objeto" es vital en la teoría piagetiana. El término hace referencia al conocimiento que tenemos de que los objetos tienen una existencia que es independiente de nuestra percepción. Así un juguete no deja de existir porque ya no podamos sentirlo, un sonajero porque no podamos oírlo, o la mamá porque ya no la vemos. La investigación de Piaget sugiere que, al principio, los niños no comprenden la permanencia del objeto y que esta comprensión se desarrollaría gradualmente a lo largo de toda la infancia. Preoperatoria (2 a 7 años): Desarrollo de la capacidad de representación y del lenguaje animista (todo tiene vida), artificialista (todo está creado por alguien), rígido (unido a la apariencia de las cosas) y egocéntrico. Operaciones concretas (7 a 12 años): Desarrollo de la reversibilidad (invertir mentalmente las operaciones), superación del egocentrismo, uso de esquemas más amplios y deducción, y realización de operaciones concretas (ordenar, empatizar, clasificar…). Operaciones formales (desde 12 años): Realización de operaciones abstractas, teniendo en cuenta lo posible además de lo real, y formulación y combinación de hipótesis. Apoyándose en estos estudios y más recientemente, los psicólogos cognitivos han interpretado la inteligencia como la capacidad de comprender y solucionar problemas prácticos, puesto que la inteligencia participa en áreas que no están directamente relacionadas con las habilidades académicas. Genetismo o ambientalismo. El británico Francis Galton en la segunda mitad el S.XIX, influido por el darwinismo social, defendió el carácter hereditario del comportamiento inteligente, considerando que la inteligencia es básicamente una capacidad psíquica del individuo, relacionada con su facilidad para la resolución de todo tipo de problemas, y afirmando que las influencias sociales afectan muy poco a las habilidades intelectuales puesto que no pueden modificar sustancialmente las capacidades genéticas del individuo. Lógicamente, niega la posibilidad de aumentar la inteligencia mediante programas de intervención, y defiende la eficacia de los test de inteligencia para medir las aptitudes y destrezas relativas a la inteligencia. Galton apoyó estas afirmaciones estudiando las relaciones de parentesco entre hombres célebres: de casi mil ejemplos estudiados, un 31% tenían padres también célebres, un 41 % hermanos, un 25% abuelos, tíos, etc. Sir Francis Galton propuso que se podía evaluar la inteligencia midiendo atributos físicos, como el tamaño del cráneo (frenología) o la fuerza con que se aprieta al cerrar el puño. Por ello, fue impulsor el método biométrico. Por otra parte, afirmar que un individuo está determinado genéticamente a poseer mayor o menor inteligencia, no quiere decir que no pueda desarrollar de forma íntegra sus potencias intelectuales, por tanto, las influencias ambientales también cuentan sólo que en menor medida que las hereditarias. En el extremo opuesto, las tesis ambientalistas argumentan que son precisamente las circunstancias sociales y económicas las que determinan las diferencias intelectuales entre individuos y grupos, partiendo del razonamiento previo de que, cuando el niño nace, sus capacidades mentales superiores no están desarrolladas y para que lo hagan, debe interactuar con el medio. Por tanto, si la evolución de la inteligencia depende de las primeras estimulaciones que recibe, es posible planificar su inteligencia futura. Esta postura es apoyada por cognitivitas (estructuras cerebrales a partir de estimulación) y conductistas (tabula rasa). Por ello es necesaria la existencia de un medio social adecuado que proporcione al individuo las actitudes, motivaciones, destrezas y estrategias gracias a las cuales será capaz de llevar a cabo conductas inteligentes. Por tanto, la inteligencia podrá ser modificada a través de programas educativos que incorporen aprendizajes adecuados en los primeros años de la infancia, que es donde culmina el desarrollo básico del Sistema Nervioso Central. También se utilizan como argumentos de esta postura las diferencias observadas en el rendimiento escolar según la procedencia económica del sujeto, hablando de diferencia mental sociocultural. Medición de la inteligencia. Un test de inteligencia es una prueba diseñada específicamente para medir aptitudes, conocimientos y capacidades del individuo, y consta de un conjunto de ejercicios, comunes para todos los sujetos, llamados ítems, cuya función es determinar cuantitativamente los conocimientos o destrezas, así, si un individuo no es capaz de resolver un ítem de cierto grado de dificultad, diremos que ése es su límite intelectual para tal aptitud. Este test evalúa comparando al individuo con el grupo, así, los psicólogos afirman que, si pasamos una prueba a un número elevado de individuos, sus puntuaciones se distribuirán según la ley estadística de la campana de Gauss, donde el 70% de los sujetos se agruparán en torno a la media. Para que un test sea calificado de eficaz, debe poseer fiabilidad, más fiable cuanto menos factores deje al azar; validez, midiendo exactamente los factores para cuya medida fue elaborado; consistencia interna, los ítems deben estar relacionados entre sí constituyendo algo homogéneo; y estabilidad, el mismo sujeto debe obtener una puntuación similar al realizar un test por segunda vez tras un período de tiempo. La inteligencia pues, se mide mediante el cociente intelectual, que establece una relación entre la edad cronológica y la edad mental, que es un supuesto teórico basado en una hipótesis del psicólogo francés Alfred Binet, creador del primer test de inteligencia que más tarde se modificó en la Universidad de Stanford, según la cual las personas poseen un nivel mental específico para cada edad cronológica. Alfred Binet fue encargado por el gobierno francés crear alguna forma mecánica de identificar alumnos que necesitarían una educación especial ya que en esa época, el se había promulgado una ley que ordenaba la escolarización obligatoria de todos los niños entre los 6 y los 14 años. Los niños llegaban con unos niveles de formación ampliamente dispares, por lo que la clasificación de los mismos según su edad resultaba demasiado ineficaz. Binet propuso un nuevo método de ejecución en el cual la inteligencia se calcularía sobre la base de la correcta ejecución de tareas que exigían comprensión, capacidad aritmética y dominio del vocabulario. En 1903, Binet publicó “L'Etude experimentale de l'intelligence” (Estudios Experimentales sobre la Inteligencia), donde explicaba los problemas que presentaba establecer las diferencias entre los niños aventajados y los retrasados y los métodos empleados para evaluar sus diferencias. Esta publicación no tardó en dar paso a nuevas investigaciones y a la aparición de más test, esta vez contando con la colaboración de su antiguo alumno, el joven psiquiatra francés Theodore Simon. Juntos, trabajaron en la elaboración de test para medir la edad mental, hasta que en 1905 publican su primera escala Binet‐Simon, La escala era resultado de treinta tareas de complejidad creciente. Las más fáciles podían ser resueltas por todos los niños, incluso aquellos que presentaban un retraso severo. Consistían en tareas sencillas como seguir una luz con los ojos o mover las manos siguiendo las instrucciones del examinador. Las tareas un poco más difíciles requerían que los niños señalasen partes del cuerpo que el examinador fuese nombrando a la mayor brevedad, hacer cuentas atrás de 3 en 3 dígitos, repetir frases y definir palabras comunes como casa, tenedor o madre. Tareas más complicadas eran pedir a los niños establecer las diferencias entre dos objetos, reproducir dibujos de memoria, o construir frases a partir de grupos de tres palabras, como "París, río y fortuna". Las más complicadas de la prueba consistían en hacer repetir a los niños secuencias aleatorias de 7 dígitos al revés o encontrar tres rimas para una palabra. Tras contrastar los resultados de las pruebas, la puntuación llevada a la escala Binet‐Simon revelaría la edad mental del niño, un concepto utilizado para determinar de forma práctica el lugar que debía ocupar en el sistema educativo. En 1916 el psicólogo estadounidense de la Universidad de Stanford, Lewis Terman, publicó la “Revisión Stanford de la escala Binet‐Simon”, conocido coloquialmente como Stanford‐Binet, como herramienta de ayuda en la clasificación de niños con deficiencias. Hoy día aún se emplea dicha prueba, en su quinta revisión, como examen de inteligencia general para adultos y niños. Además de en el sistema educativo este test se utilizó con los soldados americanos durante la primera guerra mundial para asignarles tareas adecuadas. Es en este test donde aparece por primera vez el concepto de cociente intelectual. Para hallar el cociente intelectual se divide la edad mental entre la edad cronológica y su resultado se multiplica por 100. Hoy en día han proliferado distintos tipos de test entre los que destacan el test de matrices progresivas o de Raven, los test de inteligencia Weschler creados para niños (WISC) o para adultos (WAIS), o los test de Cattell en sus tres versiones (niños, adolescentes, adultos). Algunos términos fundamentales Cociente intelectual: Resultado de dividir la edad mental (test de inteligencia) por la edad cronológica, multiplicando el resultado por 100, para calcular en nivel de inteligencia de las personas respecto a la media de un grupo. Abstracto: Resultado de la operación mental destinada a aislar una propiedad del objeto y reflexionar sobre ésta sin tener en cuenta las demás, pasando de lo particular a lo universal. Capacidad de abstracción: Capacidad de los humanos para evocar objetos conceptualmente, se hallen o no presentes ante nosotros. Test: Prueba diseñada específicamente para medir cualquier aspecto psíquico. Inducción: Razonamiento en el que se pasa de observaciones particulares a una generalización Deducción: Razonamiento en el que se pasa de premisas universales a una conclusión particular o menos universal de manera necesaria. 
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