DECRETO DE LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

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DECRETO DE LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA
Indulgencia con ocasión de los dos mil años del
nacimiento del apóstol san Pablo
En la inminencia de la solemnidad litúrgica de los Príncipes de los Apóstoles, el Sumo
Pontífice, impulsado por su solicitud pastoral, quiere proveer oportunamente a los tesoros
espirituales que se han de conceder a los fieles para su santificación, de modo que puedan
renovar y fortalecer, con mayor fervor aún en esta piadosa y feliz ocasión, propósitos de
salvación sobrenatural ya a partir de las primeras Vísperas de la recordada solemnidad,
principalmente en honor del Apóstol de los gentiles, de cuyo nacimiento terreno están a
punto
de
cumplirse
dos
mil
años.
En verdad, el don de las indulgencias, que el Romano Pontífice ofrece a la Iglesia
universal, allana el camino para alcanzar en sumo grado la purificación interior que,
rindiendo honor al bienaventurado apóstol san Pablo, exalta la vida sobrenatural en el
corazón de los fieles y los estimula a dar frutos de buenas obras.
Por tanto, esta Penitenciaría apostólica, a la que el Santo Padre ha encomendado la tarea
de preparar y redactar el Decreto de concesión y obtención de las indulgencias, que
valdrán durante todo el Año paulino, con el presente Decreto, promulgado en
conformidad con la voluntad del Sumo Pontífice, benévolamente concede las gracias que
se
enumeran
a
continuación:
I. A todos y cada uno de los fieles cristianos verdaderamente arrepentidos que,
debidamente purificados mediante el sacramento de la Penitencia y alimentados con la
sagrada Comunión, visiten piadosamente en forma de peregrinación la basílica papal de
San Pablo en la vía Ostiense y oren según las intenciones del Sumo Pontífice, se les
concede e imparte la indulgencia plenaria de la pena temporal por sus pecados, una vez que
hayan obtenido la remisión sacramental y el perdón de sus faltas.
Los fieles cristianos podrán lucrar la indulgencia plenaria para sí mismos o aplicarla por
los difuntos, cuantas veces se realicen las obras indicadas, respetando la norma según la
cual solamente se puede obtener la indulgencia plenaria una vez al día.
Asimismo, para que las oraciones que se eleven durante estas visitas sagradas lleven y
estimulen más intensamente el corazón de los fieles a la veneración de la memoria de san
Pablo, se establece y dispone cuanto sigue: los fieles, además de elevar sus súplicas ante el
altar del santísimo Sacramento, cada uno según su piedad, deberán acercarse al altar de la
Confesión y rezar devotamente el padrenuestro y el Credo, añadiendo invocaciones
piadosas en honor de la santísima Virgen María y de san Pablo. Dicha devoción debe estar
siempre estrechamente unida a la memoria de san Pedro, el Príncipe de los Apóstoles.
II. Los fieles cristianos de las diversas Iglesias locales, una vez cumplidas las condiciones
habituales (confesión sacramental, Comunión eucarística y oración según las intenciones
del Sumo Pontífice), excluido cualquier apego al pecado, podrán lucrar la indulgencia
plenaria si participan devotamente en una función sagrada o en un ejercicio piadoso
realizados públicamente en honor del Apóstol de los gentiles: los días de la inauguración
solemne y la clausura del Año paulino, en todos los lugares sagrados; en otros días
determinados por el Ordinario del lugar, en los lugares sagrados dedicados a san Pablo y,
para utilidad de los fieles, en otros designados por el mismo Ordinario.
III. Por último, los fieles impedidos por la enfermedad o por otra causa legítima y
relevante, siempre con el corazón desapegado de cualquier pecado y con el propósito de
cumplir las condiciones habituales apenas sea posible, podrán lucrar también la
indulgencia plenaria, con tal que se unan espiritualmente a una celebración jubilar en honor
de san Pablo, ofreciendo a Dios sus oraciones y sus sufrimientos por la unidad de los
cristianos.
Con el fin de que los fieles puedan participar más fácilmente de estos beneficios celestiales,
los sacerdotes aprobados por la autoridad eclesiástica competente para escuchar
confesiones
muéstrense
dispuestos
con
generosidad
para
acogerlas.
Este decreto sólo tiene validez durante el Año paulino. No obstante cualquier disposición
contraria.
Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 10 de mayo, año de la
Encarnación del Señor 2008, víspera de Pentecostés.
Cardenal James Francis STAFFORD
Penitenciario mayor
@ Gianfranco GIROTTI, o.f.m.conv.
Obispo titular de Meta, Regente
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