COMENTARIO DE TEXTO

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COMENTARIO DE TEXTO
Hay muchas maneras de comentar un texto y esta que aquí se muestra no es más que una de
ellas. Consta de seis fases: una lectura atenta, la localización, el género del texto y la forma de
expresión literaria, el análisis del contenido, el análisis de la forma y una conclusión.
Vamos a ir por partes indicando en qué consiste cada una.
1. Lectura atenta.
La lectura del texto es una fase previa al comentario, es decir, antes de iniciar un comentario, sea
de lo que sea, es imprescindible leer atentamente el texto y comprender claramente el significado de
todas las palabras y expresiones.
2. Localización.
La segunda fase consiste en localizar el fragmento o la obra, esto es, recopilar todos los
conocimientos que ayuden a reconstruir su contexto. En este momento se debe hacer referencia
brevemente a los datos externos al texto comentado que colaboren a explicarlo y situarlo dentro de
unas coordenadas. Para ello se debe recurrir a la consulta bibliográfica. En esta reconstrucción
contextual nos interesan datos como:
La época. Si se conoce el momento de la historia en el que el texto fue escrito y el
movimiento o corriente estética a la que pertenece, conviene indicarlo, puesto que esta
información puede explicar muchos de sus rasgos.
El autor. Se debe precisar el nombre del autor y la etapa de su producción literaria a la que la
obra pertenece.
La obra. Si comentamos un fragmento, hay que señalar el lugar que ocupa en la obra.
En cualquier caso, nunca deben usarse estos conocimientos como excusa para no hablar del
texto.
3. El género del texto y la forma de expresión literaria.
En esta fase debe indicarse el género y subgénero al que pertenece la obra: lírica, narrativa,
teatro… La estructura de un texto puede ser muy variada y depende precisamente del género
escogido. Así, según el tipo de texto, debemos tener en cuenta ciertas peculiaridades:
Si el texto está en verso, se debe hacer la descripción métrica del mismo, señalando la
medida de los versos y su rima, las estrofas que lo componen o el nombre del poema que
conforma el conjunto. En el resto de los casos hay que atender a los capítulos, párrafos,
escenas o actos. Esto es lo que denominamos estructura externa.
Si el texto es de carácter lírico, debe analizarse la voz poética, para saber si corresponde o no
con la del autor y si se dirige a alguien. Asimismo, se debe atender a la incidencia de la
subjetividad de la voz poética sobre otras realidades evocadas.
Si el texto es narrativo, conviene realizar un análisis de los distintos elementos, como el
carácter del narrador, la acción desarrollada, los personajes que aparecen y el marco
narrativo (espacio y tiempo)
El narrador puede adoptar la primera persona como personaje o testigo de la acción, la tercera o
incluso, en ocasiones, la segunda. Si el narrador conoce todo sobre los personajes y el desarrollo de
la acción, se denomina omnisciente. Su actitud ente lo narrado puede ser idealista, deformante,
objetiva, subjetiva, irónica… Asimismo, la narración puede realizarse mediante una sola visión
(narrador único) o mediante las perspectivas de varias miradas (narrador múltiple).
La acción se resume en el argumento y puede presentarse, desde el punto de vista temporal, de
forma lineal o se puede romper el orden cronológico mediante varios métodos. La anticipación
(prolepsis) adelanta acontecimientos o hechos, la retrospección (analepsis o flash back) retrocede en
el tiempo y relata hechos anteriores al momento en el que se sitúa la narración de la historia.
El carácter de los personajes debe ser analizado en función de lo que piensan, dicen o hacen en el
texto. También es importante atender a lo que otros personajes opinan de ellos. Según la
importancia que adquieren los personajes, pueden ser principales o secundarios. Según su
caracterización, estos pueden ser planos (si no sufren procesos de cambio) o redondos
(individualizados y sujetos a evolución). Junto a los personajes individuales puede aparecer también
el personaje colectivo (La colmena, por ejemplo)
En los textos dramáticos, además del análisis de los personajes, la acción, el espacio y el
tiempo, debe tenerse en cuenta la información aportada por las acotaciones. Ante la ausencia
de narrador, se debe señalar la actitud del autor frente a la realidad presentada: idealista,
irónica, grotesca, etc.
4. Análisis del contenido.
En esta fase se trata de acceder al contenido con la mayor profundidad posible. Para ello es
conveniente atender a aspectos como la estructura del contenido, el tema y las ideas centrales del
texto.
La obra literaria es un todo que se compone de partes ordenadas. Estas diversas partes y el
modo en el que se hallan colocadas constituyen la estructura de la obra. Para hacer el análisis
de la estructura del contenido o estructura interna de un texto se seguirán las fases
siguientes:
−
Determinar las partes en las que puede dividirse el texto atendiendo a su significado. Las
partes de la estructura interna no siempre coinciden con las divisiones externas, como los
párrafos o las estrofas.
−
Describir qué función cumple cada una de estas partes con respecto al todo
(presentación, conclusión…)
−
Definir el tipo de estructura del texto. La obra puede ser abierta o cerrada, según se
presente la acción acabada o no; concéntrica, si regresa reiteradamente sobre un mismo
hecho; circular, si termina en el momento en el que empieza…
Determinar el tema de un texto es buscar los motivos abordados en él. Frente a la variedad
de los argumentos, los temas son más concretos (el tiempo, el amor, la muerte…). En el
comentario se deben precisar también claramente los subtemas tratados (el amor conyugal, el
amor adolescente, la vejez, la infancia…) y la relación que se establece entre los diversos
motivos presentes.
En esta parte se deben buscar las ideas centrales que el autor transmite sobre los temas. Hay
que tener precaución y ser conscientes de que el pensamiento del autor puede entrar en
contradicción aparente con las ideas expuestas por sus personajes. De esta forma, un autor
puede expresar su rechazo a la violencia presentando las ideas de un asesino para,
precisamente así, ponerlas en evidencia. Las obras pueden transmitir diversas ideas sobre un
mismo tema. Asimismo, estas ideas y temas pueden corresponderse con los tópicos
literarios, como el carpe diem, el beatus ille, etc.
5. Análisis de la forma.
Para expresar su mensaje, el autor emplea las palabras y estructuras gramaticales que ha
considerado más apropiadas, de modo que todas y cada una de ellas son inseparables del contenido.
En esta fase se debe precisar cómo el contenido tiene un reflejo en la forma. Por ejemplo, si el autor
quiere transmitir desconcierto o una sensación de caos, puede recurrir a romper la sintaxis y a
utilizar frases inconexas y cortas.
En resumen, se trata en este apartado de comentar aquellos aspectos gramaticales del texto que
resulten relevantes para entender el contenido. Para realizar esta selección es útil preguntarse ¿por
qué el autor ha utilizado esta palabra o estructura o recurso y no otro?
El análisis se hará siguiendo el orden de aparición de palabras en el texto, estructurándolo en
torno a los contenidos que dichos recursos expresan o bien según los diversos niveles o planos
lingüísticos (fónico y ortográfico, morfosintáctico y semántico).
6. Conclusión.
La conclusión es la fase final del ejercicio; en ella se deben resumir los distintos aspectos que se
han tratado en el comentario, para dar una idea unitaria y breve de lo que se ha expuesto.
La interpretación que finalmente se realice del fragmento u obra comentada tendrá validez en la
medida en la que se haya demostrado previamente en las fases anteriores. El comentario es, al fin y
al cabo, un método objetivo para analiza una obra literaria y, por lo tanto, las afirmaciones deben
argumentarse.
Por último, en la conclusión puede incorporarse la impresión personal que ha causado el texto:
apreciación del conjunto, satisfacción de la lectura, sensaciones que transmite, valoración de su
efectividad…
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