Sobre la crisis de la "Realidad". Fleck, Ludwik (REIS Nº 67. TEXTOS

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SOBRE LA CRISIS DE LA «REALIDAD»
Ludwik Fleck
Al explorar las fuentes de la cognición (Erkenntnis), frecuentemente cometemos el error de observarlas como si fueran demasiado simples.
Olvidamos la simple verdad de que con lo que estamos familiarizados
(Kenntnisse) consiste más bien en lo que conseguimos por el aprendizaje (Erlernten) que en lo que llegamos a conocer (Erkannten). Así, éste es un hecho
momentáneo, en tanto que el breve intervalo que va desde los labios del profesor
al oído del alumno, el contenido del conocimiento que se transmite está siempre
ligeramente distorsionado. De esta guisa, en el curso de décadas, o incluso de
siglos y milenios, las divergencias se han desarrollado en un ámbito que algunas
veces llega a ser muy dudoso que se haya preservado algo del original.
En determinadas circunstancias, el contenido del conocimiento se evalúa
ampliamente como una creación libre de la cultura. Esto parece ser un mito
tradicional.
Desafortunadamente, sin embargo, observamos de manera característica las
viejas y habituales tendencias del pensamiento como particularmente auto-evidentes, así que no se requiere ninguna prueba, incluso no es ni admisible para
éstas. Las primeras constituyen las firmes fundaciones sobre las cuales se permite la construcción posterior.
Unido a esto, la fisiología de nuestra cognición (Erkenntnisphysiologie)
tiene una característica secundaria e importante, por virtud de la cual toda
nueva actividad cognitiva depende de la cantidad previamente acumulada de
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conocimiento, en tanto que el peso de lo que ya se conoce cambia las condiciones internas y externas de la cognición adquirida de nuevo.
De esta manera, los tres sistemas de factores vienen a ser, en tanto que contribución, interrelación e interactuación en cada proceso de cognición (Erkennen): la carga de la tradición, el peso de la educación, y el efecto de la secuencia de los actos de la cognición.
Estos son factores sociales, y toda nueva epistemología debe, por lo tanto,
introducirse en un contexto social e histórico-cultural, proviendo la seria contradicción de la historia de la cognición y de la experiencia cotidiana del profesor y del estudiante.
En ningún momento nos parece una página en blanco, ni estamos en un
estado de tabula rasa tal como lo es la pantalla antes de que se proyecte una
película sobre ella. La cognición no tiene un inicio discernible, no al menos en
el momento del nacimiento o incluso en el útero, porque las capacidades para
el sentimiento, y el sentir como tal, se originan de una manera paralela y sincrónica a través de la interacción. Es igualmente imposible establecer los inicios filogenéticos de la cognición.
En la vida individual toman lugar no uno, sino numerosos nacimientos
epistemológicos y desarrollos embrionarios. Experimentamos el renacimiento
en cada nueva situación y nos produce más o menos una sensación completa
de nacimiento y de predisposiciones más o menos listas para realizarse que son
decisivas para nuestras reacciones y para los contenidos de nuestra cognición.
Cualquiera que sea lo que tocamos y cuando sea que lo hacemos, estamos
siempre en el mismo núcleo y nunca en el inicio de la cognición. Por tanto,
estoy dudando en ver cómo alguien podría construir posiblemente la epistemología fuera de las sensaciones como la de construir bloques.
Un profesor experimentado ha encontrado que sólo una pequeña minoría
de estudiantes, independientemente de dar cuenta de algo nuevo sin tener su
atención explícitamente puesta en esto, y que incluso entonces, sólo se puede
ver un poco inmediatamente tal como se les muestra. Primero tienen que
aprender a verlo. Incluso el adulto, encarando algo nuevo por primera vez
—quizá, una pintura abstracta, un paisaje extraño, o mirar a través del microscopio—, «no conoce lo que supuestamente ve». Está buscando similitudes con
algo familiar; de esta manera no ve adecuadamente lo nuevo, que es incomparable y específico. Debe, también, aprender a ver primero. ¡Cuántos ejemplos
se podrían aducir desde la historia de la ciencia! Y, es más, este «ver» es lo que
uno tiene que aprender en primer lugar, lo cual establece el progreso de cualquier ciencia, el progreso que recibe una y otra vez la impronta social.
Si uno quisiera resolver el problema de la génesis (Entstehung) de la cognición por el método tradicional, según el cual el interés individual es el de un
«ser humano» simbólico, uno tendría que suscribirse no sólo a la proposición
«nihilest in intellectu, quod non fuerit in sensu», sino también a su forma reversa: «nihil est in sensu, quod non fuerit in intellectu». Y, más allá de esto, uno
puede establecer cualquier tipo de progreso. Consecuentemente, no conozco
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por qué y dónde debería yo establecer una diferencia entre una primera y una
segunda realidad, tal como Riezler, entre otros, la describen.
De esta manera, el factor social en la génesis de la cognición no debe ser
ignorado.
Asimismo, todo pensamiento individual, siendo miembro de alguna sociedad, tiene su propia realidad en la cual y de acuerdo con la cual vive. Todos
tienen muchas, y algunas veces, realidades contradictorias: la realidad de la
vida cotidiana, una pequeña realidad científica, profesional, religiosa y política;
secretamente también se tiene una realidad personal supersticiosamente más
importante de la realidad personal que proporciona al yo excepcionalmente
real.
Cada cognición, cada sistema de cogniciones, cada entrada dentro del
ámbito social tiene su propia realidad correspondiente. Esta es la única posición correcta.
De otra manera, ¿cómo podría comprender, esto es, que una persona con
una educación humanista nunca comprenderá completamente la ciencia de los
naturalistas? ¿O incluso el teólogo? ¿Debería observar a los otros como locos,
como tan a menudo ocurre, desgraciadamente?
Ellos encuentran la mayor de las dificultades no en las soluciones de los
problemas, sino en comprehender los orígenes y el significado del problema
como tal; no los conceptos, sino su evolución y función.
Cada conocer (Wissen) tiene su propio estilo de pensamiento con su tradición y educación específica. Fuera de casi toda la multitud infinita de posibilidades, cada forma de conocer selecciona diferentes cuestiones, las conecta de
acuerdo con diferentes reglas y con diferentes propuestas. Los miembros de las
distintas comunidades científicas viven en su propia realidad científica y también profesional. En sus vidas diarias, estas personas pueden permanecer junto
con las otras personas en perfecta armonía, porque pueden poseer una realidad
cotidiana común. Existen culturas, como, por ejemplo, la cultura china, la cual
en campos importantes, tales como la medicina, alcanzó realidades distintas de
las occidentales. ¿Les castigaremos por esto con compasión? Ellos poseían una
historia diferente, aspiraciones y exigencias diferentes que son decisivas para su
cognición.
La cognición no es ni la contemplación pasiva, ni la adquisición de la única
introspección posible de algo dado. Es una interrelacionalidad viva y activa, un
reformar y ser reformado; en suma, un acto de creación. Ni el «sujeto» ni el «objeto» reciben su propia realidad; toda la existencia se basa en la interacción y es
relativa.
Como todas las cosas que están socialmente condicionadas, esto se percibe
como si tuviera propia vida, independiente del individuo particular; por tanto,
tiene sus características especiales, su estilo en el tiempo y en el espacio y, consecuentemente, su propio destino.
Incluso el esquizofrénico desde cuya realidad momentánea asocial surgen
afirmaciones como «1-2-3 esta es farmacia, esto es un seto, Bucks, Río de
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Janeiro» emplea conceptos de origen social. Así su realidad permanece inaccesible a los otros —y probablemente en el próximo instante también a sí
mismo—. Esto posiblemente no tenga ninguna importancia duradera para
alguien.
Sin embargo, existen realidades con estilo (stilvoll) que se encuentran en el
trabajo serio y continuo de amplios grupos y de grandes hombres, en el espíritu
del cual la gente vive (o por cuya causa mueren). Desarrollan, florecen, duran,
se consumen —conducen sus propias vidas, tales como las formas de gobierno
o de acuerdos sociales—. La independencia relativa de lo conocido, de lo individual, se ilustra bien en el hecho de que los diferentes individuos normalmente
hacen el mismo descubrimiento o invención simultáneamente, pero de forma
independiente de los otros. Las cogniciones se forman por los seres humanos,
pero también, por contra, ellas forman a sus seres humanos. Sería simplemente
enloquecedor preguntarse aquí cuál es la «causa» y cuál el «efecto».
Erase una vez que existió una Gran Ciencia que se relacionaba con casi
todas las ramas del conocimiento en ese período, se basaba en unos sólidos
fundamentos teórico-filosóficos, y tenía una gran influencia en la vida económico-política y personal. No creo que tal ciencia universalmente predominante
haya existido antes o después; y en todas las áreas haya explicado el pasado,
definido el presente y predicho el futuro. Esta ciencia fue denominada astrología. Hoy en día esto conduce tan sólo a una lastimera existencia en el pensamiento de algunos anormales ineducados, no comparables con su anterior
grandeza, de una forma similar a nuestros lagartos y a los dinosaurios. Esto fue
reemplazado por un sistema de pensamiento construido de manera diferente
por la sociedad, a saber, las ciencias naturales. Seguramente, siempre había existido el típico pensamiento de las ciencias naturales. Se encontraba entre los
artesanos, los marineros, los matasanos (Wundärzte), los curtidores y guarnicioneros, los jardineros y, probablemente también, entre los niños jugando.
Donde sea que el trabajo serio o divertido se hace por muchos, donde los intereses comunes opuestos se encuentran repetidamente, esta única manera de
pensar democráticamente fue indispensable.
Me estoy refiriendo al pensamiento típico de las ciencias naturales democráticas, porque se basa en la organización y control en todo momento, rechaza
el privilegio del origen divino y pretende ser accesible y útil a todos. Todavía
aprendemos de la experiencia que cada democracia contiene sus pequeñas
mentiras, en tanto que lo que se quiere es un gobierno impresionante y mayestático —no tan sólo ilustrado y útil—. Esto es porque hay medallas, títulos,
banderas y presidentes. Por lo tanto, las ciencias naturales tienen su propia
filosofía natural y su Weltanschauung.
Cuando se habla de las ciencias naturales, a menudo uno olvida que existe
una práctica científica viva y, paralelamente a esto, una Gestalt oficial de la
Ciencia sobre el papel.
Estos dos mundos, sin embargo, generalmente son tan diferentes entre sí
como lo son la práctica del gobierno democrático y su teoría oficial. Cierta254
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mente, esto no tiene solución, pero esta desarmonía natural da lugar a serios
malentendidos. Uno confunde cómo son las ciencias naturales con cómo deberían ser, o con cómo le gustaría que fueran. Sin embargo, la práctica de las
ciencias naturales no se puede aprender de ningún libro, el silencio mantiene
sus medios y maneras. Esto contiene las pequeñas «divergencias» que no pueden ser tomadas en cuenta, las «excepciones» que deberían confirmar sólo la
regla, lo «accidental», lo «inesencial», «los errores inevitables». Estas son las
figuras del habla que están siempre disponibles cuando uno quiere y tiene que
preservar las regularidades.
Estas frases son indispensables, incluso a pesar que uno atrapa la rica y
libre corriente de posibilidades a través del pasaje estrecho de los instrumentales y materiales conceptuales (basados en la responsabilidad de los padres).
Todo esto da ocasión para un distinto, aunque ligero, cambio en comparación con lo que se exige oficialmente. Los cambios ligeros se integran y de la
forma en que llegan a ser mayores no son caóticos, sino que están investidos
por la tradición, del momento científico y del estilo de pensamiento personal
del investigador —tal como lo conocen todos en la práctica, pero que olvidan
en la teoría—. Para la próxima generación llegarán a ser realizados.
Cada práctica también nos enseña que incluso la actividad más simple (por
ejemplo, la más simple de hoy), tal como medir y pesar, es un arte que se tiene
que enseñar y que algunas veces no se aprende nunca. Incluso la reacción de
Wassermann, tan claramente producida y aplicada normalmente, es en último
extremo un arte cuyo valor depende mucho más del practicante que del método por el cual se realiza —tal como ha afirmado recientemente uno de los
serólogos más importantes (Eisenberg).
No sólo las maneras y los medios de las soluciones son sujeto del estilo
científico, sino también la elección de los problemas, y esto incluso en un
mayor grado. Sin embargo, el que el curso de la ciencia esté inmensamente
influenciado por la secuencia de las sesiones, determina el desarrollo de las
posibilidades técnicas, la educación de los investigadores del futuro y la formación de los conceptos y de las comparaciones científicas.
Aquí no hace falta aducir ejemplos, puesto que todos conocemos miles y
podrían mencionar series completas de cogniciones (Erkenntnisreihen) moldeadoras del sello de la época y de la impronta de la personalidad del científico
sobre el método y el estilo de sus soluciones. Si el individuo era lo suficientemente fuerte, y sus cualidades no eran sólo las de un pionero, sino las de un
líder, entonces su estilo llegaría a ser aceptado universalmente en el corpus de la
ciencia. De esta forma, el estilo científico y las prácticas científicas reconocidas
se convertirían en agentes codeterminantes de la formación de la realidad científica. Cuánta convencionalidad, tacto, intuición se contienen en esta agencia
seguida de la simple verdad para que pueda existir esa consistencia, lo que conduce a una parcialidad y a demasiada crítica causante de esterilidad. Uno debe
practicar la moderación; la meta de la investigación determina esto. Incluso el
pesar y el medir se hacen de diferentes formas, de acuerdo con la propuesta a la
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que sirven. Y a pesar de que la «gran exactitud» hoy parece aplicable (aunque
no económico) a todas las propuestas, todavía creo que unas pocas leyes, tales
como, por ejemplo, la ley de Boyle y Mariott, la ley de la conservación de la
materia, o las leyes de la mecánica clásica, nunca habrían sido descubiertas,
tendrían la inexactitud de la observación necesaria para el descubrimiento y la
medida habría sido imposible. Pero esto no es indiferente si una ley no se
hubiese formulado en su totalidad, o si se «suplementa» o se «restringe» después de que ha sido influenciada durante muchos años la formación de la realidad y de los hombres.
Incluso más chocante es la propuesta de dependencia de las verdades científicas en las áreas en las cuales hoy en día uno llega a verdades divergentes y
no intercambiables, dependientes de la propuesta de investigación: por ejemplo, en bacteriología, donde existe un aspecto botánico-genético y otro médico-epidemiológico. Como ilustración del punto de vista epidemiológico mencionaré el artículo del profesor Friedemann sobre el problema de la fiebre
escarlata. [Klin. Wschr. (1928), núm. 48, 2280.] En opinión del autor, los convalecientes ya no son infecciosos después de tres tests bacteriológicos negativos
consecutivos.
Ha habido también, sin embargo, algunos fragmentos divergentes de
evidencia. En el congreso de Königsberg sobre la fiebre escarlata, Elkeles
informó de tres de siete casos provenientes de pacientes que habían sido
descartados después de tres tests negativos. Yo me aventuraría a conjeturar que la explicación de este resultado, el cual varía con nuestras experiencias y con otras, descansa en el método aplicado por Elkeles. Por esto
parece chocar que Elkeles encuentre streptococci haemolytic sólo en el 84
por 100 de los casos recientes de fiebre escarlata, mientras que casi todos
los demás autores eran capaces de probar la presencia de streptococci haemolytic en casi el cien por cien de los casos.
Elkeles indica que él observó como haemolytic sólo aquellos streptococci que mostraban un anillo haemolytic absolutamente indiscutible en
la platina del microscopio. En vista de la propuesta práctica de estos exámenes, en los casos dudosos parece ser más correcto diagnosticar antes la
presencia de streptococci haemolytic que su ausencia. Por si no los percibimos, cualquier error es factible de tener serias consecuencias y éste me
parece, probablemente, resultado de este rechazo riguroso de todas las
culturas dudosas, Elkeles, sin duda, no observó que la scarlatina streptococci estaba realmente presente.
Así, la posición claramente rigurosa y, por tanto, unívoca es inútil para la
epidemiología práctica. Aquí el «error inevitable» se compensa propuesta y
conociblemente por otro.
Además de esta dependencia a la propuesta especial de una investigación
que tiene un efecto contribuyente sobre la realidad científica (como sobre cual256
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quier otra), también existe un efecto general de observación y de investigación
tal como que:
El postulado quantum significa que cada observación del fenómeno
atómico constituye una interacción no-despreciable con el instrumento
de medida y ninguna realidad física independiente en el sentido ordinario puede ser adscrita bien al fenómeno, o a los medios de observación.
Hablando en general, el concepto de observación tiene un elemento de
arbitrariedad, del cual depende, esencialmente, el hecho de que los objetos tengan que ser incluidos en el sistema que está siendo observado
[Bohr, Naturwiss. (1928), núm. 15].
Esta afirmación se aplica a todas las observaciones de cualquier fenómeno,
pero la mutua relación con los medios de observación es relativamente despreciable en muchos casos. Aun así, si el «tratamiento» del fenómeno, con cualquiera de los instrumentos, continúa durante siglos, ¿no llegará a ser significante el efecto? Observar, Conocer (erkennen) es siempre testar y así, literalmente,
cambiar el objeto de investigación.
Esta es la praxis diaria de la ciencia. Aquí el elemento social e histórico-tradicional es predominante. En momentos de gran creatividad, sin embargo, la ciencia nueva emergente es simplemente una creación artística que uno sólo puede
admirar, pero nunca «probar» ni determinar «objetivamente». Por ello nunca
existió ni existe una exigencia científica para los cambios fundamentales, porque
cada momento ya tiene una superabundancia de contenido fundamental. Y en
un momento concreto, nunca se encuentra una medida para la grandeza.
Estoy pensando, por ejemplo, en la idea de Vesalius para prescindir de una
ciencia completamente elaborada, cien por cien consistente y altamente respetada, y construir consistentemente una nueva desde grupos de principiantes
confundidos, inestables, alterables y entrelazados, tal como los científicos de
esa época habrían considerado como una indignidad hacerlo.
Para una correcta apreciación de esto, deberíamos tener en mente el
momento en el que por primera vez estuvimos ante un cadáver. ¿No nos parecía entonces el examinador médico como un escultor que modelaba la estructura supuesta del cuerpo, creándolo fuera del cadáver, desechando kilogramos
de materia «no importante» para producir delgadas fibras difícilmente visibles
de tejido que afirmaba ser de importancia única, dotándolo de nombres altisonantes y así trayéndolo a la existencia por primera vez? ¿No éramos en ese
momento mucho más conocedores de nuestra pequeña fracción del aprendizaje del libro de anatomía que de este práctico arte de la disección?
El patólogo de hoy es un imitador de su profesor. Pero Vesalius no tuvo
profesor. El tuvo que llevar a cabo su modelamiento de acuerdo con su propia
intuición, luchando en contra del conocimiento más obvio de los poderosos
científicos de su tiempo, en contra de su propio temor místico al cadáver que
es todavía discernible en el agrupamiento de sus figuras y en contra de su pro257
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funda y arraigada veneración por Galeno y la tradición, que algunas veces
oscurece su juicio1.
Así, él hizo su forma y obvió todo lo que no era esencial durante un largo
tiempo: el tejido graso y conector —y los viejos contextos emocionales que
siente como «superstición» gracias a su trabajo—. De esta forma, él formó la
estructura del cuerpo y de los conceptos científicos.
Este fue un acto creativo, no probado por silogismos académicos o por el
razonamiento intelectual. La ciencia reinante no tenía exigencias de este tipo,
puesto que quería persistir en la riqueza del pensamiento de su Anatomía imaginabilis. Así, por ejemplo, Bartholomaeus Eustachius escribió en 1516 que él
prefería cometer errores con Galeno antes que aceptar la verdad de los innovadores. Johann Phil. Ingressias (alrededor de 1600) quería «in quibus omnibus
veteres defendere interpretando, elucidare atque excusare...». Y los antiguos fueron defendidos por miles de sistemas astutos. Bauhin, por ejemplo, atribuyó a
Galeno su propio descubrimiento de la Válvula —sólo para evitar tener que
adoptar una posición en su contra.
Esta no era una lucha sobre los detalles, sobre los «hechos»; lo que estaba
en cuestión era la realidad familiar misma, la fe sagrada que necesitaba ser
defendida, no probada. Entonces aparece un innovador, blasfemosamente
dependiente de sus propios poderes, y a través de una simple tarea construye,
controla y desarrolla una ciencia en lugar de la doctrina inmutable del maestro
inspirado divinamente, el cual tenía profundas conexiones con la totalidad del
conocimiento. En contra de esto, ¡cuán pobre era la anatomía de Vesalius!
Esta fue una batalla por los valores democráticos y Vesalius había creado
para ella el método, el estilo de pensamiento, y así había dejado a un lado las
fundaciones de la realidad general democrática que estaba libre del misticismo
profundo, de la poesía sentimental, de una gran afectación.
La ciencia natural es el arte de conformar una realidad democrática y de estar
dirigida por ella —así, se reforma por ella—. Esta es una tarea eterna y sintética
antes que analítica e interminable —eterna porque se parece a un río que está
labrando su propio lecho2.
1
Cf. M. rectus abdominis and Mm. scaleni, en tablas núms. 3 y 6 de su Anatomía.
El ejemplo de Vesalius es muy simple. Comparemos esto con los tortuosos caminos del
nacimiento de la química (¡flogisto!), de su desarrollo en la edad materialista y en la actualidad.
¿Cuánta podría haber sido la diferencia, si sólo los descubrimientos hubiesen sido hechos en otra
secuencia? Seguramente uno podría haber formulado completamente los distintos conceptos; por
ejemplo, el concepto del elemento podría haberlo conectado de otra manera, esto es, podría
haber construido una realidad diferente sin entrar en conflicto con cualquier «hecho».
El peso —tan importante durante tanto tiempo— fue introducido por Lavoisier como algo
autoevidente, sin ninguna «prueba» o sustanciación, a pesar del hecho de que en tiempos de
Spielmann (1763) fue fechazado al extraer conclusiones de una pérdida o incremento de peso,
«pues hasta ahora la causa del peso es todavía desconocida para los físicos». También Sage estaba
en lo cierto, de acuerdo con el estado de la ciencia en aquellos tiempos, en la cual observó la teoría de Lavoisier de la composición del agua como insostenible, porque «entonces el aire inflamable debe ser observado simultáneamente como el hijo y el padre del agua».
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Esta es la verdadera ciencia natural viva. Uno no debe olvidar sus elementos sintético-creativos e histórico-sociales.
Su imagen oficial e ideal es diferente: es ingenua y bella. Lo absoluto, la
tercera realidad de Riezler, pertenece a este contexto. El primero es la vida y el
trabajo del investigador, el segundo es su religión.
Es bello si un artista en el curso de su trabajo tiene una visión de su propia
creación en su irrealizable perfección. Pero es ingenuo no conocer que esta
visión no es algo absoluto, sino que principalmente depende del sujeto y del
momento. Uno no debe olvidar que no existe una ciencia completamente realizada, sino sólo una que está llegando a serlo. Toda solución constituye un
problema nuevo, al contrario que toda formulación de un problema ya contiene una parte de su propia solución. Varios campos de la ciencia natural permanecen en barbecho después de años de desarrollo intensivo, tal como la anatomía hoy en día, o la astronomía que estaba tan viva en los tiempos de Kepler y
de Tycho Brahe. Parecen tener que ver con la muerte. Pero un día revivirán,
iluminadas desde un ángulo distinto debido a nuevos requisitos —y entonces
estarán tan vivas y serán «tan maravillosas como el primer día».
Nos aproximamos a la realidad ideal, «absoluta», no asintóticamente puesto que cambia incesantemente, se renueva a sí misma y escapa de nosotros al
mismo paso al que avanzamos. Este es un ideal imaginario cuyo contenido está
determinado únicamente por la negación y por desear algo más. ¿No posee
esto tan poca o tanta realidad como los ideales de belleza o de bondad? ¿No es
tan dependiente del tiempo, lugar, cultura y persona? Desde hace unos pocos
siglos se vio algo más como bueno así como verdadero antes de lo que nosotros
consideramos como bueno y verdadero hoy en día. ¿Hemos llegado en la
actualidad al punto terminal de la evolución? Seguramente, no. Afortunadamente, no. Pero incluso si éste fuera el caso, nuestros ideales estarían condicionados por su desarrollo histórico, por lo tanto nunca sería absoluto.
El esfuerzo por conocer, por ganar conocimiento (Erkennen) de lo absoluto, se basa en una rara mala comprensión: ¿no es esto lo mismo que si uno quisiera abrir una prístina jungla, sin cambiar su condición?
Es imposible deducir una realidad absoluta de las leyes de la ciencia natural
cuyos contenidos no se pueden derivar de la mera inteligencia formada filosóficamente en la Europa contemporánea. Después de todo, también existen
leyes éticas, costumbres comerciales, abusos políticos3 que no son derivables de
cualquier intelecto contemporáneo. ¿Debería creer también en una «existencia
absoluta», en un deus ex machina cuya imagen se refleja en dichas leyes y regulaciones? No veo principal diferencia, porque no hay ley sin excepciones, todas
condicionadas por la cultura, por lo tanto dependiente del desarrollo y reemLavoisier creó simplemente su propio concepto de un elemento —no todo del único posible— y su propio concepto de la composición. Subsecuentemente, ambos se probaron en general
como aceptables y han permanecido así hasta este día.
3
Esto es, descriptiva, no leyes normativas de la realidad comercial o política.
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plazable por otras; son sensibles o no tiene sentido, de acuerdo con el punto de
vista crítico.
¿De qué debería ser independiente la realidad absoluta? Si uno desease esto
para ser independiente del hombre, uno debería considerar que este evento
tampoco tiene utilidad para el hombre.
Si uno desease ser independiente del individuo, uno debería construirlo
socialmente condicionado y, por lo tanto, dependiente de la colaboración y de
la comunicación de muchos individuos tanto como sea posible. Uno debería
construirlo democráticamente, tomando en cuenta que entonces esto llegaría a
ser mucho menos dependiente del tiempo, porque el colectivo (die Masse) se
desarrolla mucho más lentamente, pero también más consistentemente. Esta es
la manera de las ciencias naturales.
Si uno quisiera establecerlo independiente de las denominadas «apariencias», uno debería considerar que todas las «apariencias» no son nada sino la
expresión de las interrelaciones entre un número de elementos de la cognición.
La misma expresión, cuando se magnifica, se denomina como «ley de hierro».
No existe ninguna diferencia fundamental entre «apariencia» y «verdad»; la
diferencia depende del desarrollo (Entwicklungsunterschied).
Si un objeto parece pequeño desde una gran distancia y grande cuando nos
acercamos a él, generalmente, uno no debería preguntarse cómo es «en realidad». Las ciencias naturales deducen esta percepción de las apariencias de las
leyes de la perspectiva y resuelven la cuestión a través de la comparación con
una medida a la misma distancia que la medida del objeto. Esta no es, por
supuesto, la solución esperada; por ahora, uno podría preguntarse ¿cuán grande es realmente un metro, cómo de grande lo veo en la distancia o cómo aparece cerca de mí? Y esto, como toda insistencia sobre «las esencias y las cosas»,
como toda búsqueda de la «cosa en sí» (Dinge an sich), no sería la ciencia natural en su totalidad, porque puede no haber una respuesta democrática a esto,
generalmente aplicable y no influenciada (affektfrei). Esta cuestión exige el
milagro de la fe, la experiencia, relacionada con la persona singular (Als-IchErleben); pero el pensamiento científico no provee esto, pues de esta manera
no sería democrático y no tendría utilización en la vida cotidiana.
Por último, si uno quisiera comprender la «realidad absoluta» como la más
aprehensiva suma-total de realidad (Sammelwirklichkeit) desde la cual cada una
de las otras realidades se podría evitar, entonces uno tendría bien que renunciar a ley de contradicción o bien admitir un principio general de «incertidumbre recíproca». Nuestra lógica tendría que ser revisada y el futuro tendrá que
decidir sobre esto.
Por tanto, creo que uno debería estimar bastante, incluso amar, el ideal de
una realidad absoluta como una visión del próximo día de trabajo, pero esto
no debe nunca ser aplicado como una medida para el día previo. Por esto,
necesitamos una «imagen del conocimiento» (Wissensanschauung) antes que
una Weltanschauung.
En el momento presente, nosotros también somos afortunados como testi260
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SOBRE LA CRISIS DE LA «REALIDAD»
gos del espectáculo del nacimiento, de la creación, de un nuevo estilo de pensamiento. ¡Demos rienda suelta a los creadores, a los expertos!
Más tarde o más temprano, cambiará mucho: la ley de la causalidad, los
conceptos de objetividad y de subjetividad. Algo más se exigirá desde las soluciones científicas y diferentes problemas se observarán como importantes. Esto
que tiene que probarse, se encontrará sin probar y mucho de lo que nunca se
probó se dejará a un lado como superfluo.
La educación para la vida será diferente; la vida y el arte tendrán una
forma diferente. Se creará una realidad nueva y actualizada.
¿Cuál es el uso de la difícil metafísica, si la física de hoy trascenderá toda
fantasía?
¡Demos carta blanca a los expertos y reservemos un lugar en nuestro pensamiento para el futuro!
Traducción: J. ATIENZA, R. BLANCO y J. M. IRANZO
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CRITICA DE LIBROS
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